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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.114 Ciudad de México ago. 2024  Epub 10-Dic-2024

https://doi.org/10.14350/rig.60927 

Reseñas

Fernández Christlieb, F. (2023). Hacer Geografía. Un razonamiento histórico para el mundo que viene

Lourdes de Ita* 

*Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

Fernández Christlieb, F.. 2023. Hacer Geografía. Un razonamiento histórico para el mundo que viene. México: Instituto de Geografía, UNAM, 186p. ISBN: 978-607-30-8097-2.


El libro de Federico Fernández Christlieb tiene en su portada uno de los cuadros más apreciados del espléndido pintor de la vida cotidiana flamenca del XVII, Johannes Vermeer; una de las pocas obras en las que no retrata a una mujer, pero sí una de varias en las que, sobre el armario o colgado en la pared, hay algún artefacto cartográfico. En este caso no podía ser de otra manera, pues se trata nada menos que de El geógrafo (1669), que forma una dupla con El astrónomo, trazando un mapa, quizás a pequeña escala, como los que se producían en los talleres de Amberes, Lovaina o la Haya, en aquellos años del auge mercantilista neerlandés. Pero El geógrafo deja por un momento la tinta y el pergamino para mirar por la ventana y observar el mundo que le rodea a escala 1:1, como apunta Fernández, “a escala del vecindario” (p. 14).

Es una buena portada para el contenido de un libro que surge de las entrañas de ciertas preguntas existenciales del autor, quien desde las primeras líneas nos confiesa con nostalgia cómo las opciones y certezas que parecían existir cuando estudiaba la carrera de geografía, se derrumbaron poco después ante los ojos de su generación (pp. 5, 6) No solo en el prefacio advierte Fernández que “el mundo que conocimos se cae a pedazos” y que “nadie sabe para dónde hacerse” (p. 6), pues a lo largo del libro nos salpica con reflexiones que de pronto podrían parecer nihilistas, pero que en realidad son existencialistas y lo llevan a plantearse qué sentido tiene hacer geografía en un mundo como el actual. En cierto modo nos recuerda a Marc Bloch durante sus últimos meses, cuando participa en la resistencia contra el régimen nazi, y que, ante la pregunta de su hijo: “papá, ¿para qué sirve la historia?”, se dedicará a poner en tinta y papel todas sus ideas y justificaciones al respecto (Bloch, 2001, p. 41).

Como el de Bloch, en algunos apartados del libro de Fernández podría parecer una apología de la geografía, siendo el objetivo de su libro el de “discutir si el razonamiento geográfico puede orientar iniciativas que son necesarias para atenuar la crisis ambiental y social del siglo XXI”. En esto, en un ejercicio de deconstrucción y reconstrucción, articula su presentación en cinco ejes/capítulos que lo guíen en la práctica geográfica: i) la importancia de caminar con los cinco sentidos dispuestos; ii) la necesidad de observar “a la escala del vecindario”; iii) el preguntar y preguntarse todo tipo de cuestionamientos que, como en cualquier ciencia, son la pauta para investigar; iv) la trascendencia y sustancia del (d)escribir el mundo como uno de los objetos primarios de la geografía, y hacerlo en diferentes formatos y soportes, y conscientes del problema de la representación (Fonseca y Pérez, 2022, p. 27) y, finalmente, v) el intervenir el territorio con la conciencia de que los cambios deben venir desde adentro, desde las necesidades y decisiones de la población que lo habita.

Los cuatro primeros capítulos constituyen un recorrido general y enciclopédico sobre la historia de la geografía y su lugar en nuestra sociedad, considerando algunas pautas, como la corografía, la cartografía y la cosmografía, en relación con diferentes escalas de descripción: lo local, lo global y lo universal.

Ya geográfica o cartográficamente, Fernández hace una breve revisión, desde Eratóstenes, del perdurable modelo ptolemaico y de un par de ejemplos medievales: el de Al-Ildrisi en Sicilia, que recupera a Ptolomeo para una Europa medieval que ha entrado en un impasse cartográfico con los modelos tipo “O-T”, y un ejemplo propio de estos mismos, el encontrado en la catedral de Hereford. De entre los muchos mapas renacentistas del siglo XVI que sobreviven, Fernández menciona al icónico elaborado en 1507 por Martin Waldseemüller y Mathias Ringman en la pequeña comuna de Saint-Dié, en las faldas de los Vosgos, al noreste de Francia, que si bien no es el primero en representar a América como un continente separado de Asia, pues ya lo hacía su antecesor Caverio en 1505 y sobre el que se basó, el de Waldseemüller es el primero en asentar el topónimo “América” justamente por las latitudes de Brasil, además de representar en un mapa el océano Pacífico cuando todavía no había sido visto ni navegado por europeo alguno.

Desde el título, el libro promete un acercamiento histórico a su objetivo que, por la temporalidad con la que se trabaja, obliga a ser de una larga duración enorme. En este sentido, y dado el impacto que tuvieron los siglos coloniales en la organización espacial de nuestro territorio y en la formación de estructuras sociales, económicas y culturales que han dejado huellas profundas hasta nuestros días, extrañamos una mayor elaboración en torno a los siglos XVI al XVIII, fundadores de nuestra historia moderna. Los siglos XIX y XX resultan más concurridos y trabajados en estas páginas y se incorporan viajeros decimonónicos, personajes recurrentes como el científico Humboldt y el zoólogo Federico Ratzel, de quien queda aún pendiente revisar con detenimiento y contexto, sus descripciones y apreciaciones deterministas y prejuiciosas (por no decir racistas), hacia la población mexicana. Recordemos que Ratzel llegó a México desde los Estados Unidos a una estancia de ocho meses, en 1874, enviado por un periódico alemán. En sus comentarios tiende a la comparación entre su fascinación por el país del norte y por su gente y su desprecio por México y los mexicanos:

En tanto que a los Estados Unidos de Norteamérica los observamos con el entusiasmo que despierta un hombre vigoroso, que despliega toda su energía para alcanzar determinadas metas que nosotros también ambicionamos, frente a la confusión y falta de perspectivas mexicanas, al igual que a un enfermo con fiebre que en su delirio se retuerce inútilmente de un lado a otro de la cama, a veces sentimos el deseo de apartar nuestra vista de tan desagradable espectáculo. Tal vez seamos demasiado exigentes, debido a que estamos acostumbrados a un entorno nacional más vigoroso y con mayores resultados. Y probablemente sería más justo hacer descender a niveles españoles o portugueses el rasero con que se miden la vida del Estado y el pueblo mexicanos… en lugar de ver directamente hacia México desde Europa Occidental y Central, o desde Norteamérica… Es una escala de vida inferior, un vegetar que sirve para mantenerse, pero no para avanzar…estos entusiasmos tienen demasiadas llamas y muy poco ardor, estas proezas degeneran muy fácilmente en barbarie (Ratzel, 2009, pp. 48-49).

Esta cita, para reflexionar, nos recuerda que no todas las preguntas y cavilaciones de quienes se asumen geógrafos tendrán una visión centrada, contextualizada e inalienada de los territorios y de los pueblos que visitan y describen.

El quinto capítulo de Fernández Christlieb se presenta como el más sustancioso de este interesante ejercicio, y lo percibimos ligado a esa reflexión y sensación existencial que se traslucía desde los inicios del libro. Aquí la geografía es asumida como una herramienta de restauración. En este capítulo, el autor despliega y procura sistematizar todas las posibilidades que se le ocurren para intervenir constructivamente el espacio y elaborar una “agenda geográfica para el siglo XXI”. Propone medidas, partiendo siempre de la escala local y apuesta porque estas se repliquen, para producir alimentos, cuidar y abastecer el agua, generar energía, dotar de servicios a la población, y dos cuestiones de suma importancia: la creación de espacios que permitan sociabilizar e intercambiar bienes, servicios y actividades, y por otro lado, potencializar la educación para la tolerancia, la resiliencia y la restauración del tejido social. Todo esto en un contexto sumamente complejizado que demanda constantemente nuestra atención y tiene una cuota emocional. (Valenzuela, 2016).

Concluye el autor con una reflexión y con un esfuerzo más de síntesis, que consiste en un decálogo de trece puntos (¿un ‘tredecálogo’?) de lo que considera el razonamiento geográfico. Llama nuestra atención el punto siete, en el que aboga por la larga duración (concepto braudeliano), y afirma que “hablar de ‘geografía histórica’ es un pleonasmo” pues “la historia siempre se toma en cuenta en el análisis espacial” (p. 177). Ya lo había afirmado Whitllesey: “Toda geografía es histórica” (Gregory, 1997, p. 113). Todo evento histórico se da indefectiblemente en algún punto del espacio geográfico, así como cualquier proceso o fenómeno espacial se da en algún momento determinado de la historia.

Aunque el momento que nos ha tocado vivir y “los retos que enfrentan las y los geógrafos del siglo XXI son muy grandes, no porque sean nuevos, sino porque son los mismos viejos problemas… que no han quedado resueltos” y “tienen profundas raíces culturales ligadas al colonialismo y al desprecio por la educación” (p. 166), el libro tiene una nota optimista, porque los desafíos se van detectando y los rumbos se van ajustando. Aún es tiempo de generar soluciones que provendrán de la organización comunitaria, de la sociedad civil, de la re-visión y apropiación de nuestra historia, y en este proceso, la geografía tendrá lugar para generar impulso en esas direcciones, en compañía de otros actores y otras disciplinas.

Referencias

Bloch, M. (2001). Apología para la historia o el oficio del historiador (versión anotada por É. Bloch). Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Fonseca, C. y Pérez Herrero, P. (2022). El poder de la imagen: iconografía, representaciones e imaginarios en América (siglos XVI-XX). Silex Ultramar. [ Links ]

Gregory, D, (1997). La acción y la estructura de la Geografía Histórica. En C. Cortés (Comp.), Geografía Histórica (pp. 103-113). Instituto Mora. [ Links ]

Ratzel, F., (2009). Desde México. Apuntes de viaje de los años 1874-1875. Herder. [ Links ]

Valenzuela Aguilera, A., (2016), La construcción espacial del miedo. Juan Pablos, Universidad Autónoma del Estado de México. [ Links ]

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