Desde el 2002 hasta la actualidad, Cristina Rivera Garza mantiene activo su blog, No hay tal lugar. Utópicos contemporáneos. A lo largo de los años, el blog se fue conformado como un espacio para la experimentación literaria multimodal, el desarrollo de reflexiones y de análisis sobre su propia poética, la militancia feminista, política y social, además de ser el canal de difusión de sus presentaciones, seminarios y talleres. El blog de Rivera Garza es, al mismo tiempo, un laboratorio de escrituras y un archivo de ese mismo laboratorio, de los procesos y de los productos que se originan en y a partir de él, porque, a su vez, los textos que ejecutan y son ejecutados por esa máquina archivante que es el blog se constituyen como puntos de partida para más textos: escrituras que son archivadas, para luego de un tiempo ser (re)utilizadas, para generar más escrituras. La configuración predeterminada del blog establece un sistema de archivo de los posteos que recopila no sólo el día de la semana, la fecha y el año, sino también el horario de su publicación. Rivera Garza explica que, al indicar la hora y la fecha de producción, el post evidencia que “la escritura es un oficio […] cuyo objetivo es producir lenguaje”. Los posteos muestran lo que la novela impresa oculta: “que la escritura siempre está a punto de ser otra cosa” (Rivera Garza 2007a). El blog como máquina archivante que consigna hasta los minutos de la producción textual le sirve a la autora como argumento de un planteo de su poética: el cuestionamiento de la “convención del final” (Rivera Garza 2005). La pulsión archivística del blog muestra que la escritura nunca termina, que siempre hay reescritura, que está en proceso de ser escritura constantemente. La escritura digital, que ensancha el archivo con cada interacción, evidencia que el final es “algo, de cualquier modo, prescindible” (Rivera Garza 2005). El blog es “desmesurado”, tal como lo es el archivo para Arlette Farge. Lo digital, promesa engañosa de un espacio ilimitado, habilita y promueve el exceso de textos, de datos, que deriva en un “exceso de sentido” (Farge: 28). El archivo no es simple, por lo tanto, su lectura es contradictoria (34). El blog, en su exceso, crea una carencia; los miles de posteos del archivo lo abultan más, pero como todo registro, como toda escritura (digital), marca la falta.
Una parte importante de la producción de Rivera Garza se centra en la reflexión sobre su propia poética y es el blog el espacio en donde dichos textos ven la luz por primera vez. De hecho, en artículos y en libros de ensayos propios publicados de manera impresa entre 2004 y 2019, Rivera Garza reformula muchos de los posteos aparecidos en su bitácora digital. El blog, de esta manera, comienza a constituirse como un archivo de textualidades, una compilación literaria propia a partir de la cual se producen nuevos textos.
En agosto de 2021, Rivera Garza publica Lo roto precede a lo entero. 125 infraensayos, que compila ciento veinticinco posteos de No hay tal lugar. Rivera Garza ejecuta una serie de operaciones literarias sobre y a partir de un archivo digital y público. En la transposición de un medio a otro, los posteos abandonan los elementos más ligados a la estética digital: la fecha y la hora de publicación, la firma (crg) de la bloguera y el orden de aparición del texto más reciente al más antiguo. Las publicaciones digitales se traducen a “infraensayos”, tal como los denomina la escritora mexicana: textos ensayísticos que pueden parecer banales, mínimos, a veces con rasgos propios de los aforismos, pero que en su sintética argumentación postulan cómo Rivera Garza entiende el trabajo material de la escritura y la poética que despliega en sus textos. Porque esa es otra transformación que se deriva de lo digital a lo impreso: de los más de dos mil cuatrocientos posteos de los más variados temas se seleccionan ciento veinticinco que se vinculan entre sí, porque la mayoría reflexionan sobre la práctica literaria de Rivera Garza. A su vez, dicha selección origina que el horizonte temporal sobre el que el libro trabaja se reduzca de dieciocho años a dos, ya que los posteos sobre la poética de Rivera Garza se publicaron en el blog sobre todo durante los años 2004 y 2005.
El término “infraensayos” se deriva de la idea de “lo infraordinario”, que expone Georges Perec en su libro L’Infra ordinaire (1989). Lo aparentemente banal, lo ordinario, los restos, lo evidente está lejos de no poseer valor alguno, antes bien Perec lo postula como una tentativa para vivir con la curiosidad crítica, festiva, feroz, de lo nuevo y de lo trivial. Lo roto precede a lo entero es una perspectiva de lectura posible sobre ese archivo digital, sobre las presencias y ausencias que se articulan en él. La lectura de Rivera Garza sobre su propio archivo es, a su vez, una reescritura de esos documentos, los cual van más allá de su esfera de pertenencia y especificidad, ejecutando en el pasaje una traducción de regímenes de expresión. En su paso del blog al libro, los ensayos conservan su título original, pero se les da una numeración correlativa del 1 al 125, con lo cual adquieren un
orden nuevo: se separan del eje temporal “inverso” del blog y se inscribe un orden numeral ascendente.
La transposición entre medios cambia la lectura que hacemos de los textos, y aquí se hace evidente a partir del epígrafe de Lo roto precede a lo entero. El epígrafe es una cita de Heterografías de la violencia, de Sergio Villalobos-Ruminott, la cual dice: “Es necesario intersectar la época de la desaparición generalizada con la pregunta por los restos y los desperdicios que la misma producción de mercancías va generando en su despliegue, pues la historia natural de la destrucción no ha cesado en su infinita producción de muerte”. Villalobos-Ruminott propone “una geología general para pensar las diversas estratificaciones de la violencia contemporánea y sus registros” y para “traer a la superficie las dinámicas propias de la violencia contemporánea en América Latina, sin reivindicar ninguna excepcionalidad geográfica o cultural” (199). La “contigüidad geológica” establece una relación “entre los crímenes y la violencia inherente a los procesos dictatoriales del Cono Sur latinoamericano de los años 1970, y la serie de crímenes ‘recientes’ en México”. La genealogía general muestra que “el giro neoliberal que instauraron las dictaduras latinoamericanas en los setenta sigue configurándose en la actualidad centroamericana y en el territorio mexicano” a través de los femicidios, la narcoviolencia, y la migración como desplazamiento forzado (203). Villalobos-Ruminott también recupera la idea de la “ciencia de la ceniza” que postula Derrida. La pregunta por la ceniza molesta “la cómoda armonía del sentido de la vida y la muerte, es una pregunta por el resto donde la ceniza testimonia al ser desde una ontología no atributiva, categorial o jerárquica”. La “ceniza, el resto y el espectro son formas anacrónicas de la presencia que interrumpen la identificación y alteran el engranaje maquínico constituido por la tensión entre soberanía y acumulación” (201).
El epígrafe de Villalobos-Ruminott está lejos de ser gratuito. Los ensayos del blog seleccionados fueron publicados en el 2004 y el 2005, cuando son evidentes las horrorosas consecuencias de las necropolíticas llevadas a cabo por el neoliberalismo y la “guerra contra el terrorismo”, consecuencias que, en México, adquirirán niveles de horrorismo extremo a partir de la llamada “guerra contra el Narco” que el presidente Felipe Calderón iniciará en el 2006. Esta lectura es habilitada por la transposición al libro impreso: seleccionados, reescritos y vueltos a publicar en 2021, los infraensayos establecen una conexión con los inicios del año 2000 a partir de los estratos de la violencia. Las formas y las dinámicas de la violencia estatal y paraestatal de inicios de los 2000, que son la continuación de aquéllas de la década del setenta, configuran los sedimentos de las necropolíticas del 2021.Lo roto precede a lo entero abre con “Mantra en infinitivo”. El ensayo es recuperado de los fondos archivísticos del blog y propone una poética de los restos (digitales). La escritura (digital) se basa en recordar la materialidad y la corporalidad del mismo proceso de producción textual, en asumir que es una práctica que conecta cuerpo, tecnología y forma compositiva (Rivera Garza 2021: 17). En otro ensayo, “La escritura solamente”, Rivera Garza propone: “El acto de escribir. Ahí empieza y ahí acaba todo -en la escritura que es, lo he dicho antes, el acto físico de pensar: esa serie de movimientos tanto internos como externos que encarnan un cierto y singular proceso de pensamiento” (2006: 78). Desde el 2021, Rivera Garza recuerda y actualiza esos restos del blog del 2000 para componer, pero también para no obliterar que la escritura siempre es una práctica con el lenguaje, que debe evitar la transparencia, para centrarse en la discordancia, en el desequilibrio, en la materialidad misma de ese medio, en sus posibilidades y limitaciones literarias. Y luego de que los despojos sean recordados se debe olvidarlos, para no anclarse a ese pasado: porque es en ese deambulatoria entre recordar y olvidar, olvidar y recordar, en donde se activan la potencialidad estética de esas cenizas.
En “Postear”, por ejemplo, leemos: “Escritura con (a)hora. Escritura con aquí. No la contextualización del texto sino la textualización del contexto” (2021: 119). La expansión, potenciada por el ingreso de lo digital a la escritura, habilita que lo que se encuentra más allá de los límites del texto, que el entorno también pueda textualizarse y transformarse, en definitiva, en literatura. “Lo roto precede a lo entero”, por ejemplo, es el último de los ensayos. Leemos: “Dic Robe Juarr qu, cua de na ha serv hab co pal enter, ha q habl co pedaz d palab--reconq e olvi balbu y dej q lo pedaz s pegu des pues sol os co sueld l s hue y la rui s. Dic q lo troz os d alg sn anter a alg. // y, co puen lee, toy d acuer” (2021: 273).
Lejos de ser indubitable, coherente, unívoco, el archivo, fragmentario, se organiza alrededor de su exceso de sentido, por lo tanto, es inútil buscar en él algo que pueda conciliar los contrarios. En gran medida, el archivo replica lo que Rivera Garza entiende por narración, ya que para ella la narración es provocación, cuyo objetivo no es comunicar ni decir, sino producir una sospecha de la realidad. Luego de 124 fragmentos, la escritura asume la fragmentariedad como forma y, en un juego que evita cierres (de palabras, de sentidos), propone que antes de la unidad, de lo entero, están los pedazos, los restos que acaso pueden olvidarse por un tiempo, pero que van a volver a ser reescritos y releídos. Así como el archivo “escapa de esa convención, ya sea ordenada o desordenada, que lleva el nombre de narrativa”, para Rivera Garza lo único que vale la pena narrar es aquello que “sucede fuera del lenguaje” (2021: 91), tal como expone en el infraensayo “Narrar es una exageración. Francamente”. En este contexto, que es uno múltiple, que mínimamente engloba tres décadas (setenta, dos mil y dos mil veinte) Rivera Garza trabaja con restos textuales, con escritos que, en su momento, poseían gran difusión, en pleno auge de los blogs de escritores/as, pero tal vez no tanto reconocimiento como medio para una poética. Rivera Garza recolecta los materiales archivados de y en No hay tal lugar, para reescribirlos y transponerlos al libro impreso. Con la apertura del blog, la literatura de Rivera Garza “sale de sí” (Garramuño 2015), para dirigirse hacia los entornos digitales, donde, además de los medios impresos (libros y periódicos), se despliega desde hace veintidós años. Como una muestra más de que la práctica literaria de Rivera Garza deambula de manera constante entre medios y géneros, los textos del blog, a su vez, se expanden hacia el libro impreso.
Desde finales de los noventa, varios/as escritores/as componen con sobrantes, restos mediáticos y digitales, como los que deja el neoliberalismo en América Latina a medida que se dan sus sucesivas crisis. Muchas escrituras latinoamericanas hacen ingresar en sus textos impresos fragmentos, imágenes, capturas de pantallas, frames, reproducciones con distintos grados de fidelidad de discursividades y estéticas de las tecnologías y los medios, acaso porque ese continuo audiovisual multipantallas en red estaba impactando de lleno por su constancia y ampliación en los entornos de los/as escritores; acaso porque esos restos de conversaciones de chats, mails, de publicaciones de Facebook, de fotocopias subrayadas, materiales alejados de “lo literario”, pero de fácil composición y difusión, eran restos, como los que habían quedado luego de las sucesivas crisis en América Latina finisecular.
Para pensar la relación entre la literatura y los restos, Isabel Alicia Quintana (2020) toma las propuestas de Derrida, quien entiende al resto como lo que impide “toda clausura dentro de un determinado sistema de pensamiento político y social”, y de Mónica Cragnolini, para quien el resto es “restancia”, lo que a la vez es y no es constitutivo del texto. Sobre estas consideraciones, Quintana sostiene que los restos son “dispositivos anticlausura de sentido” (137), que se juegan en lo indecible, que no admiten una determinación identitaria. De esta manera, los restos de correos electrónicos, chats, blogs, publicaciones digitales varias que predominan en ciertos textos del siglo XXI impiden que la totalidad textual se cierre. Así como el orden cronológico se invierte en el blog, en Lo roto precede a lo entero los fragmentos digitales son el origen de una poética. En Rivera Garza, la unidad de sentido se compone a partir del potencial literario de la discordancia, de la restancia: “Un libro hecho de líneas rotas” (2007b: 341), leemos en y de La muerte me da, pero bien puede aplicarse a toda la producción literaria de Rivera Garza.










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