Introducción
Uno de los principales objetivos de la investigación que aquí reportamos es demostrar de manera fehaciente una de las modalidades en que las producciones de televisión más populares en México son partícipes de las prácticas del racismo. Para ello analizamos 27 telenovelas en función de un modelo comparativo de carácter interseccional enfocado principalmente en analizar la etnorracialidad denotada por las tonalidades de piel de los elencos actorales de los contenidos analizados.2 Diversas fuentes han señalado lo que a simple vista resulta evidente: que la tendencia dominante de las producciones televisivas en México privilegia tipos físicos de actores y actrices convencionalmente identificados como blancos, en detrimento de la diversidad fenotípica existente en nuestro país (Caballero Ávila, 2013; Dorcé Ramos, 2005; Hecht, 2007; Navarrete, 2016; Paxman, 2021; Tipa, 2019; We are mitú, 2017). En la más reciente edición a su libro sobre “El Tigre”, Emilio Azcárraga Milmo, el historiador Andrew Paxman (2021) señala:
El racismo se manifestaba en la marginación de la mayoría de la población mexicana y su tez morena … Hasta las heroínas de las novelas -ya fueran maestras de primaria, huérfanas, o hasta pepenadoras- eran mujeres de tez blanca y a menudo rubias. Muchos extranjeros recién llegados a México prendían el televisor y se preguntaban por qué los programas mexicanos representaban un país que extrañamente parecía Suecia, [incluso] Azcárraga Milmo llegó a expresar: “Lo que necesita Televisa son dos canales blancos y dos canales … para negros (p. 12).
Para quienes llevamos analizando el audiovisual por varias décadas, una aseveración de este tipo no nos resulta extraña, a pesar de que nos ha costado trabajo explicar y dimensionar el fenómeno de manera satisfactoria. Hemos podido atestiguar cómo la conformación de elencos, tanto en la cinematografía nacional como en la producción televisiva, se caracteriza por emplear a intérpretes protagónicos de tez blanca, pues se les considera -en la discursividad sociotextual- portadores de rasgos de “normalidad”, belleza y virtud inherentes a esa condición fenotípica. De forma contrastante, actores y actrices morenos o negras cuyo fenotipo no coincide con los estándares de la belleza hegemónica y heteronormada son relegados a roles marginales, las más de las veces estereotipados o exotizados en su caracterización de clase, género o etnia al vinculárseles a oficios o prácticas culturales infravaloradas o incluso estigmatizadas. Lo que aquí nombraremos como etnofenotipificación3 refiere justo a esas prácticas sociales que en su afán clasificatorio categorizan y diferencian valorativamente a las personas en función del sentido grupalmente compartido (etno) que le otorgan al aspecto corporal (fenotipo) en su arbitraria y singular relación con atributos biológicos, conductuales o morales que se aducen a individuos o grupos humanos. En otras palabras, los fenotipos se construyen, se circulan y se apropian posicionalmente. Sostenemos que la estratificación social es un fenómeno complejo que produce efectos identitarios particulares en distintos contextos geohistóricos (Hall, 2019). Por lo tanto, la articulación de categorías de clase, género, etnicidad y racialización se manifiesta a través de experiencias singulares de interseccionalidad que organizan y disputan las formaciones sociales de alteridad (Briones, 2005).
En nuestro contexto regional, el mestizaje, en tanto formación ideológica, elabora una gramática y estética particular en la visualización mediatizada de los etnofenotipos en la esfera pública, que, entre otras cosas, celebra la mezcla y la indeterminación racial (color blindness) al tiempo que naturaliza formas subrepticias o ambiguas de discriminación étnica y racial que, sin embargo, tienen efectos perniciosos muy nítidos en el eje político de las relaciones de género (Ortega Domínguez, 2022). Es decir, en ciertos entornos, la racialización determina aspectos perentorios del género y la clase, de ahí que nos cuestionemos cómo, en el espectro audiovisual, la racialización opera furtivamente como criterio estratificador en la conformación de los elencos televisivos, en específico mediante una marcación significativa del color de piel (etnofenotipo dérmico).
Las mediaciones sociales involucradas en la generación de etnofenotipos son de carácter epistémico, sensorial y afectivo. Dejan su impronta en los usos que hacemos de las tecnologías audiovisuales para actuar, percibir, representar y distinguir aquello que nos es familiar (lo doméstico / heimlich)4 de lo que nos es ajeno (alteridad), en virtud de las tensiones y contradicciones que este binarismo produce en el ámbito de la experiencia cotidiana mediatizada. Como sabemos, el melodrama y las telenovelas han sido el género y el formato más populares en América Latina en la medida en que sus relatos expresan estructuras de sentimiento que en su densidad simbólica narran de formas carnavalescas la conflictiva conformación afectiva de las comunidades nacionales y sus continuos dramas fundacionales en el contexto de la desigual modernización de las relaciones sociales (Dorcé Ramos, 2005; Herlinghaus, 2002; Mattelart & Mattelart, 1987).
En ese sentido habría que preguntarse por qué hasta la fecha, si durante décadas hemos tenido la certeza empírica de que las telenovelas han sido discriminatorias en el diseño de sus repartos y en la confección de sus relatos, ningún estudio académico ha documentado sistemáticamente estas formas específicas de exclusión racista. La respuesta a esta formulación es demasiado extendida como para plantearse aquí. Sin embargo, podemos avanzar algunas hipótesis al respecto en la siguiente sección, en la que revisamos de forma general el estado de la cuestión. Las contribuciones más significativas que ahí reconocemos nos sirven también para enmarcar teóricamente las modalidades en que las telenovelas se posicionan como actores de la reproducción social -que operan de formas complejas y contradictorias frente a los desafíos políticos- de la desigualdad y la injusticia.
Las ciencias sociales y la investigación sobre racismo en México
El racismo en México es un problema serio que tiene implicaciones múltiples que apenas estamos comenzando a comprender. A pesar de que en las últimas dos décadas los estudios científicos sobre la producción, circulación y consumo de ficción audiovisual se han venido consolidando en México, hasta la fecha son muy pocas las investigaciones en este rubro que analizan cómo estas prácticas sociales inciden en la reproducción del racismo en nuestro país. En parte, esta omisión responde a las lógicas teórico-conceptuales dominantes del campo de las ciencias sociales y humanidades que han tendido a priorizar enfoques sobre los antagonismos y solidaridades sociales centrados en la clase social, la etnia, el género, o la relación entre estas, en distintos procesos sociopolíticos. Buena parte del trabajo derivado de estas múltiples tradiciones y compromisos intelectuales ha sido fundamental en el diseño de políticas públicas, normativas y marcos jurídicos destinados a garantizar los derechos humanos en México.
Si bien un área estratégica de dichos estudios se ha centrado correctamente en identificar prácticas y procesos histórico-estructurales que perpetúan variadas formas de discriminación -desde la colonialidad, el proyecto eugenista del mestizaje, la disparidad de género, hasta las críticas al indigenismo- el racismo sistémico sigue siendo un fenómeno marginalmente estudiado por las ciencias en México (Castellanos Guerrero, 1991, 2009; Gall, 1999; Moreno Figueroa, 2008; Navarrete, 2016; Velázquez, 2011).
A pesar de la persistencia de lo que podríamos llamar la articulación negacionista en torno al racismo a nivel nacional, esta línea de investigación ha presentado un significativo crecimiento, especialmente en el ámbito de la historiografía, la sociología y la antropología (Estudios Sociológicos, 2022; Islas & Ang, 2024). Es alentador observar, por ejemplo, cómo iniciativas impulsadas por investigadoras pioneras en esta línea desde los años noventa se han potenciado en la Universidad Autónoma Metropolitana (línea de investigación Racismo y Autonomía), la Universidad Nacional Autónoma de México (INTEGRA-CEIICH), el Colegio de México (PRODER), el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación, o incluso el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
El levantamiento zapatista de 1994 puso en claro entonces que el racismo antiindígena estaba en el centro de la formación social y de políticas estatales que legitimaron la exclusión, la precariedad, e incluso el asesinato de comunidades indígenas, así como otras poblaciones marginalizadas. Las formas de organización zapatista, herederas del legado de luchas campesinas y obreras, interpelaron fuertemente a una multiplicidad de actores sociales del llamado tercer sector que han abonado en la integración de colectivos con un amplio abanico de reivindicaciones, entre otras, la lucha antirracista que ha tomado una notoria visibilidad pública en las redes sociodigitales y en los medios de comunicación masiva (Dorcé Ramos, 2022; Gómez Izquierdo, 2002; Iturriaga Acevedo, 2016). Todo esto ha producido un entorno propicio en el que la agenda de investigación académica sobre racismo y su relación con desigualdad socioeconómica está ampliando su espectro de operación.
Los estudios culturales y comunicacionales sobre racismo
En consonancia con las tendencias arriba señaladas, el área de estudios científicos sobre comunicación aún presenta un rezago muy considerable en la materia. La revisión de literatura especializada pone de manifiesto que, si bien existen esfuerzos loables que están abriendo brecha en el tema, el racismo no es un fenómeno reconocido estructuralmente en el campo (Tipa, 2021). Es significativo, por ello, que una parte sustantiva de los trabajos existentes sobre el rol que han jugado la discursividad del racismo y la representación mediática de las alteridades en México hayan sido planteadas desde la antropología, la historiografía o los estudios culturales.
Podríamos suponer que a lo largo del tiempo la antropología mexicana ha tenido una relación mucho más fructífera con la historiografía, lo cual les ha permitido -a ambas disciplinas- reconocer (dis)continuidades en procesos sociales complejos y su relación con prácticas sociales mediadas por la prensa, la radio, el cine o la TV. La incorporación de la etnografía como una práctica epistémica central en esa disciplina favorece el despliegue de perspectivas que no solo dan “densidad” al trabajo empírico, sino que posibilitan identificar y describir de forma pragmática las conexiones entre las prácticas, las instituciones, los territorios, las comunidades y las mediaciones tecnológicas. El trabajo historiográfico de archivo, por su parte, ha dotado de un conjunto de herramientas que, con base en evidencia documental, desafía lecturas sesgadas respecto al pasado y ciertas interpretaciones ingenuas sobre la memoria.
La fértil imbricación de miradas transdisciplinares histórico-antropológicas en los estudios de la visualidad cinematográfica la podemos encontrar en las obras de Pérez Montfort (2007), Tuñón (2009), Tierney (2012), Arroyo (2011), Pulido Llano (2010) y García (2022), por citar algunos ejemplos. Su trabajo ha venido desentrañando el carácter intertextual -que condensa discursos de la literatura, las artes, la prensa y la academia- con el que el cine mexicano devino también en matriz de sentido para normalizar representaciones de lo indígena por medio de un blanqueamiento que, como buscamos comprobar con este estudio, se mantiene dominante en la ficción televisiva. Esta operación instituyó estereotipos problemáticos sobre las personas indígenas y otras etnicidades en la medida en que esa filmografía actuó el gesto simbólico de inclusión/reparación histórica -respecto a la colonización y la formación del México moderno- narrando relatos protagonizados por personajes indígenas que fueron interpretados por actores blancos y caracterizados de manera condescendiente desde el discurso del mestizaje. Esta línea de investigación ha sido importante, entre otras cosas, porque ha venido estructurando una perspectiva transdisciplinar sobre la construcción social de las identidades, las alteridades y las identificaciones culturales que se germinan en el ámbito de la producción y consumo de la cinematografía de la época de oro y la constitución de su estatus como patrimonio nacional.
La intermedialidad de estos discursos tiene a la comunicación escrita e impresa como uno de los referentes originarios más fuertes en tanto inscripción histórica de las lógicas y prácticas discriminatorias en México. Así lo constata la riqueza de trabajos de carácter historiográfico, que en su escrutinio archivístico han analizado documentos administrativos, diarios, memorias, tratados científicos y, por supuesto, periódicos, folletines u otras fuentes literarias para comprender las discontinuidades y persistencias de los campos de antagonismo social de carácter estamental a lo largo del tiempo (Aguirre Beltrán, 1994; Alberro & Aizpuru, 2013; Althouse, 2005; Vinson, 2018). En ese plano, las investigaciones sobre el rol que han jugado la prensa, los libros de texto y las revistas populares en la reproducción del racismo destacan densos entramados políticos en los que el Estado, la sociedad civil y la iniciativa privada son agentes relevantes en la orientación ideológica de la educación formal y el entretenimiento con profundos sesgos xenófobos y racistas (Corona & Le Mûr, 2017; Gutiérrez, como se cita en Tipa, 2021; Masferrer León, 2016). De manera sostenida, las ancestralidades indígena, negra, judía, china o japonesa sirven de referencia para deshumanizar, caricaturizar y estigmatizar a dichas poblaciones al tiempo que se ensalza una visión etnocéntrica de la modernidad mestiza (Domínguez Pérez, 2019; Iturriaga Acevedo, 2016; Navarro Granados, 2015; Pineda, 2003).
En lo referente al análisis de los contenidos televisivos y la representación de las alteridades nacionales, en Nuevo León se han realizado estudios innovadores que buscan documentar cómo contenidos televisivos -tanto de ficción como factuales- movilizan representaciones estereotípicas y cómo estas son valoradas de forma diversa en el proceso de recepción (Marañón Lazcano & Muñiz, 2012). El foco de atención de estos trabajos se centró en comprender la estratificación de las representaciones de lo indígena en la televisión local y nacional analizando cómo la etnicidad se denotaba estereotípicamente mediante la caracterización de ciertos fenotipos, y se encontró que la presencia de “personajes indígenas” es muy reducida y con roles secundarios, representados como trabajadores del campo, pescadores, empleadas del servicio doméstico, curanderas o parteras. Asimismo, el “indígena” en la televisión mexicana es una persona de tez blanca, con ojos y cabello negros, con apariencia física “estándar” o tendente a la gordura y de estatura baja o promedio, vestido de ropa “tradicional mexicana” y hablando con un “acento peculiar” (Muñiz et al., como se cita en Tipa, 2021, p. 155).
Si bien estas investigaciones no conceptualizan sus hallazgos desde las teorías críticas de la raza, sí reconocen patrones discriminatorios en esas prácticas de producción y consumo cultural que pueden ser leídas como expresiones racistas que cobran sentido al vincular la etnicidad, la clase y la racialización en términos estigmatizantes.
De manera concomitante, el trabajo de Durin y Vásquez (2013) desarrolla un sofisticado modelo para documentar la discursividad machista, clasista y racista sobre las trabajadoras domésticas que se aglutina en diversos formatos mediáticos y que culmina en títulos clásicos de la historia de la telenovela como María Isabel, Simplemente María, etc. La pesquisa en cuestión -cuyos resultados convergen con el trabajo de Silveira Saravia (2009)- explora, por medio de entrevistas a un grupo de telespectadoras, cómo ellas valoran de forma polivalente la representación de las “sirvientas” que se produce en dichos melodramas, pues, así como se plantea el estereotipo de la mujer indígena, campesina y migrante como ingenua o incluso incivilizada, se le atribuye también un carácter noble, fuerte y que siempre busca “superarse” por medio de la movilidad social.
Ya sea con análisis textual, de contenido u otras técnicas cualitativas, estas investigaciones han podido avanzar nuestro conocimiento sobre la forma en que contenidos en distintos formatos y géneros expresan y reproducen esquemas racistas en los medios de comunicación en México. Es en función de lo aquí expuesto que para nuestra investigación nos hemos planteado complementar estas líneas de indagación revisando en qué medida la producción de telenovelas hoy día continúa alentando prácticas discriminatorias, no solo en el nivel de las historias que cuentan, sino también en la forma que las cuentan a través de la disposición de sus elencos actorales. En particular, nos preguntamos cómo sería posible dar cuenta formalmente que la blancura de los elencos protagónicos de las telenovelas no es incidental, sino más bien sistemática. Diseñamos el siguiente protocolo de investigación con la finalidad de enmarcar esa pregunta con consideraciones teórico-metodológicas que complejizan tal cuestionamiento.
Etnofenotipo: preguntas y supuestos de investigación
Un supuesto inicial para desarrollar nuestro trabajo es que el racismo opera de forma constitutiva entrelazando y dando sentido a experiencias sociales de clase, género y etnicidad de forma interseccional (Combahee River Collective, 1977/1983; Crenshaw Williams, 1989; Hall, 1988; Viveros Vigoya, 2016). Por lo tanto, un análisis que pretenda dar cuenta de la dimensión interseccional del fenómeno no debería reducirse a una descripción unidimensional de tipologías sociales -tales como el color de la piel, la sexualidad, el género, etc.- para inferir las connotaciones que se movilizan a lo largo del proceso de producción social de sentido de las telenovelas.5
En el proyecto de investigación6 del que se deriva el presente artículo, identificamos el conjunto de las tipologías fenotípicas de los elencos, en función del carácter asociativo que adquieren en el performance de personajes interpretados por actrices y actores. Su etnofenotipo es potenciado o alterado en el proceso de producción con fines dramatúrgicos para incidir en el plano denotativo del relato. De esta forma se dota de contenido a las caracterizaciones que les adjudican a los personajes un nivel socioeconómico concreto, una orientación sexo-genérica, etnorracialidad y otras características conductuales sustantivas, que al ponerse en relación entre sí, no solo producen el pathos dramático, sino también connotaciones identitarias de carácter intra y extradiegético. La constitución de arquetipos y estereotipos socialmente reconocibles en los melodramas televisivos es mediada por el uso de los etnofenotipos. La densidad simbólica de estas tipologías sociales (arquetipos y estereotipos) se debe en parte a que se tienden a personificar empleando a personas con fenotipos (color de piel, ojos, cabello, complexión, altura, etc.) jerarquizados y normalizados.7
Sostenemos que la racialización opera como lógica homogeneizante y reduccionista mediante dispositivos discursivos que simbolizan atributos visuales, como el color de la piel (etnofenotipo dérmico), de forma sistémica en el campo de la producción cultural hegemónica (Jablonski, 2021). Este patrón es verificable, en una escala de observación macro, independientemente de las singularidades narrativas que cada telenovela expone. De tal suerte que, para poder comprender la dimensión interseccional de cada título analizado (cómo se representan las relaciones sexo-genéricas y socioeconómicas en clave racista), fue necesario, en primer lugar, revisar cómo se usa el atributo emblemático de la racialización (la tonalidad de la piel) en el plano extradiegético de una muestra amplia de programas televisivos. Es desde este enmarcamiento que consideramos posible comprender cómo la especificidad de las prácticas racistas en la producción televisiva se articula con la representación de la etnicidad, el género y la clase en los contextos de la ficcionalidad melodramática. Por razones de espacio y conveniencia heurística, en este artículo prioritariamente daremos cuenta de los indicios relativos a la tonalidad de la piel (Índices de colorimetría), bajo el entendido de que los resultados aquí expuestos pretenden enfatizar la dimensión visual del racismo, enunciando de forma muy general los indicios cuantitativos sobre interseccionalidad.
Con estos objetivos en mente, decidimos analizar las telenovelas producidas por TelevisaUnivision, empresa hegemónica en el mercado mexicano y estadounidense de habla hispana, que ha generado estas ficciones de manera sostenida y con los más altos índices de rating en los últimos tres años (Vasallo de Lopes et al., 2024).8 En la Tabla 1 enumeramos los títulos de las telenovelas que el conglomerado ha producido en el periodo seleccionado.
Bajo esas consideraciones documentamos las categorías derivadas de los perfiles etnofenotípicos (tonalidad de piel, identidad de género, clase y etnorracialidad), en función de la distribución jerarquizada del elenco (desde las actrices protagónicas, hasta los actores figurantes).9
Tabla 1 Telenovelas analizadas
| Vencer la culpa (2023) | Mi secreto (2022) | Mi fortuna es amarte (2021-2022) |
| Tierra de esperanza (2023) | La madrastra (2022) | Contigo sí (2021-2022) |
| Pienso en ti (2023) | Vencer la ausencia (2022) | SOS Me estoy enamorando (2021-2022) |
| Eternamente amándonos (2023) | Mujer de nadie (2022) | Vencer el pasado (2021) |
| El amor invencible (2023) | La herencia (2022) | La desalmada (2021) |
| Perdona nuestros pecados (2023) | Corazón guerrero (2022) | Si nos dejan (2021) |
| Mi camino es amarte (2022) | El último rey (2022) | Diseñando tu amor (2021) |
| Cabo (2022) | Los ricos también lloran (2022) | ¿Qué le pasa a mi familia? (2021) |
| Corona de lágrimas 2 (2022) | Amor dividido (2022) | Fuego ardiente (2021) |
Fuente: Elaboración propia.
Examinamos cuántas personas del elenco son hombres o mujeres; cuál es su orientación sexual, su etnorracialidad y qué correspondencia existe entre esas variables y la tonalidad de piel vinculadas con otros referentes complementarios alusivos a la complexión y esquemas de belleza dominantes. En el apartado de metodología explicamos con más detalle la lógica con la que ponderamos los criterios de validez para el análisis de variables, cuya observación podría estar sujeta a sesgos o apreciaciones subjetivas por parte del equipo de analistas. En lo referente a las tonalidades de piel de los elencos optamos por usar el esquema Monk Skin Tone Scale (MSTS) (Monk, 2019).10
De estos cuestionamientos y supuestos derivamos preguntas específicas divididas en dos módulos que corresponden a dos planos metodológicos distintos, aunque complementarios. El primero se atendió con un análisis de contenido y el segundo con un análisis textual más detallado.11 Nos enfocamos en identificar si existe una correlación entre la tonalidad de la piel y el rol protagónico o relativamente marginal que se le asigna a quienes integran el conjunto total de intérpretes de cada telenovela. Así, se pretende responder las siguientes preguntas de investigación:
¿Cuántos actores y actrices (elenco) aparecen de forma significativa a lo largo de la telenovela?
¿Cómo se configura el elenco completo en función de los distintos niveles en los índices de colorimetría (IC)?
¿Cuál es el rango de índices de colorimetría (IC) de todo el elenco?
¿Cuántos actores y actrices participan de los núcleos protagónicos?
¿Cómo se distribuye la variación de índices de colorimetría (IC) respecto a las jerarquías de los elencos (protagonistas, elenco secundario, elenco de reparto, etc.)?
En función de los índices de colorimetría, ¿cuál es el promedio tonal de los núcleos protagónicos?
¿Cuántos personajes LGBTQ+ aparecen en el corpus?
¿Cuántos personajes explícitamente marcados etnorracialmente aparecen en el corpus?
Metodología
La captura, sistematización y análisis de datos necesarios para esta investigación fueron posibles gracias al diseño de una base de datos que permitió la gestión de información cualitativa y de archivos de imágenes con metadatos. Una vez completado el diseño de la base de datos, fue necesario identificar y consultar diversas fuentes documentales (materiales videográficos, bibliográficos y biográficos disponibles en línea y otros archivos) para obtener registros básicos sobre cada una de las producciones televisivas analizadas.
Para poder realizar la labor de análisis del material se precisó contar con un equipo de seis analistas: un coordinador general, un coordinador técnico y cuatro analistas con formación en estudios comunicacionales. Las personas que participaron del estudio acreditaron un taller de 10 horas de formación en análisis representacional crítico y análisis de contenido orientado hacia temas de interseccionalidad. Se diseñó un esquema de trabajo para mantener la consistencia en el proceso de captura de información y análisis preliminares en la base de datos usando una libreta de codificación para dar seguimiento a la producción de datos, así como identificar discrepancias sustantivas o posibles errores en los criterios de categorización.
Acceso y sistematización del análisis
El acceso al material videográfico se realizó por medio de varias suscripciones al SVOD de ViX y a través de varios canales de YouTube especializados en telenovelas. Para poder realizar el análisis de contenido y textual fue necesario revisar al menos nueve episodios de cada producción. Se tomaron al menos tres episodios del inicio, tres de la mitad y tres del trayecto final del relato. De acuerdo con las especificidades de la producción analizada, hubo casos en los que fue necesario analizar más episodios. Esta lógica de selección permitió: 1) identificar qué actores y actrices conforman el elenco que tiene mayor protagonismo en pantalla; 2) identificar los roles profesionales de los personajes y otras caracterizaciones sociodemográficas, y 3) identificar la trama de la narrativa, los arcos dramáticos de los personajes y la forma en que se representan las relaciones de género y de clase en función de patrones etnofenotípicos. En lo referente a la indagación correspondiente al primer módulo, el conjunto de variables imbricadas entre sí y que son empíricamente identificables se muestran en la Tabla 2:
Tabla 2 Variables para identificar y analizar
| Tonalidad de piel | Rol profesional |
| Identidad de género | Complexión |
| Orientación sexual | Adscripción a modelos de belleza hegemónic |
| Edad social | En su caso, la etnicidad |
| Nivel socioeconómico |
Fuente: Elaboración propia.
Para poder atender específicamente la tipificación, los índices de colorimetría y otros atributos visibles en los elencos estudiados, se compilaron carpetas tanto con imágenes individuales de cada actor y actriz, así como imágenes de los elencos interactuando en secuencias específicas de las producciones analizadas. Luego de realizar una prueba piloto para determinar el número promedio de actores y actrices que llegan a participar del elenco sustantivo, se estableció que incluir a 30 personas sería suficiente para dar cuenta de los personajes más emblemáticos. En este grupo de objetos de análisis se incluyen imágenes de actores y actrices de reparto, figurantes o “bits” que consideramos significativos por las características etnofenotípicas asociadas a su personaje. Se analizaron 6 200 imágenes que corresponden a 870 personajes y un aproximado de 280 episodios que suman más de 200 horas de material videográfico.
Uno de los criterios para seleccionar imágenes fue que las fotografías contaran con una resolución y calidad suficiente para poder discernir -por aproximación- el color y tonalidad de la piel usando la escala MSTS.12 En la primera fase del procedimiento, los analistas usamos el MSTS en contraposición a las imágenes seleccionadas para establecer qué tonalidades se aproximaban más a cada uno de los valores.13 Usando dicho procedimiento pudimos establecer los grados de similitud tonal entre los referentes de medición y las imágenes analizadas para caracterizar el Índice de Colorimetría de todos los elencos seleccionados.14 De esta forma pudimos ubicar las tonalidades de la piel de los intérpretes homologando a la escala MSTS, de tal suerte que tuviéramos rangos comparativos para poder responder a las preguntas de investigación. En este esquema, el rango de tonalidades de la más clara a la más oscura está representado por 10 conjuntos de gamas tonales a las que les corresponden un número del 1 al 10 de forma ascendente (ver Figura 1). Como veremos en la siguiente sección, este modelo nos permite sistematizar el análisis de los elencos en los términos ya definidos y poder reconocer patrones en el corpus de análisis.
Resultados
Para facilitar la interpretación de los resultados, hemos dispuesto dos tablas que aglutinan el total de los datos relevantes de los 27 programas del corpus (ver Tablas 3 y 4). En esta presentación no detallamos los resultados caso por caso, pues nos interesa generar un visión panorámica del universo total del contenido analizado. En la Tabla 3, en la columna A, mostramos el promedio del total de integrantes que conforman los elencos generales de las 27 telenovelas. En la columna B mostramos el promedio de las gamas de tonalidades correspondientes al índice de colorimetría (MSTS) de todos los actores y actrices. Para caracterizar las jerarquías actorales existentes en la asignación de roles protagónicos primarios y secundarios, agrupamos a los actores y actrices que aparecen con mayor prominencia en pantalla en la categoría de Núcleo Protagónico (NP). El número total de participantes en tal núcleo está registrado en la columna C. Optamos por promediar los índices de colorimetría de ese NP y reportarlo en la columna D.
Tabla 3 Resultados globales de análisis de Índice de Colorimetría (IC) de todo el corpus
| A | B | C | D |
|---|---|---|---|
| Promedio de actores analizados en elenco general | Promedio de Índice de Colorimetría elenco general | Promedio de actores analizados en núcleo protagónico | Promedio de etnofenotipo epidérmico (EFE) en núcleo protagónico |
| 31.9629 | 2.5595 | 4.5925 | 2.1711 |
Fuente: Elaboración propia.
Para la Tabla 4 ordenamos los datos generales referentes a las variables de género, clase y etnorracialidad que nos permitan establecer, de forma preliminar, el grado de correspondencia que estas guardan con las variables del IC.15
Tabla 4 Resultados globales de análisis de variables de género, clase y etnorracialidad de todo el corpus
| I | II | III | VI | V | VI |
|---|---|---|---|---|---|
| Porcentaje de hombres CIS | Porcentaje de mujeres CIS | Porcentaje de personajes LGTBQ+ | Porcentaje de personajes por nivel socioeconómico | Etnofenotipo de belleza hegemónica | Porcentaje MERE* Mestizo |
| 49.1 % | 50.6 % | 1.85 % | Alto: 35 % Medio alto: 10 % Medio: 33 % Medio bajo: 9 % Bajo: 12 % |
70 % | 99 % |
* MERE es el acrónimo de Marcación Etno Racial Explícita, esto es que los personajes son caracterizados haciendo menciones explícitas de su origen étnico, su nacionalidad o racialidad.
Fuente: Elaboración propia.
El análisis del conjunto de los datos nos permitió realizar las siguientes apreciaciones. En lo referente al análisis del Índice de Colorimetría (IC), el promedio general de tonalidades del conjunto de la muestra es de 2.55 en la escala MSTS (ver Figura 1), es decir, que la pigmentación de los elencos en estas ficciones tiende a estar registrada en las primeras tres gamas de colores más claros de MSTS. La diversidad sexo-genérica y de clase es representada siguiendo esa misma lógica que manifiesta una estética blanqueadora en la que, independientemente del nivel socioeconómico, la orientación sexual o la identidad de género de los personajes, estos son caracterizados por personas con un IC blanco. De hecho, la inclusión de personajes LGTBQ+ es ínfima (1.8 %) y tiende fuertemente a operar dentro del esquema dominante de blancura.
El espectro socioeconómico, desde la clase alta a la baja, tiende a ser interpretado por actores blancos; no obstante, observamos que la gama socioeconómica alta tiende marcadamente a no ser interpretada por personas de tez más oscura en el IC. Es decir, las personas morenas no interpretan a personajes con poder económico. Actores y actrices con fenotipo epidérmico más oscuro, de la gama 4 en adelante, prácticamente no participan de roles significativos en términos de prominencia protagónica o dramática. Excepcionalmente, los integrantes del elenco de NP más morenos son mayoritariamente hombres (CIS), lo que implica que en ese esquema de producción, las mujeres (CIS o trans) muy morenas, no son integrantes del NP. Los actores y actrices con ese atributo epidérmico son relegadas a roles marginales que implican menor tiempo en pantalla y, la mayoría de las veces, la adopción de profesiones estereotipadas moral y etnorracialmente (trabajadoras domésticas, personal de servicio, criminales y policías).
El correlato de esta propensión es que en la constitución de los núcleos protagónicos (NP) son favorecidas las primeras dos gamas más claras de MSTS (promedio de 2.17, ver Figura 1). En otras palabras, los integrantes del NP presentan una tez aún más clara que el resto del elenco. Una correlación significativa en ese sentido es la correspondencia que encontramos entre la blancura de los NP y la dominancia de etnofenotipos de belleza hegemónica. En el corpus analizado, la noción de belleza hegemónica está constituida de forma muy notoria por el esquema de la blancura dominante. En el conjunto de telenovelas analizadas no aparecieron personajes significativos indígenas, afromexicanos o de otras etnorracialidaes en ninguno de los elencos (Gómez & Méndez, 2023).
Discusión y conclusiones
Los resultados que aquí presentamos corroboran y complementan distintos señalamientos -que no habían sido verificados a esta escala- que han denunciado las modalidades en que las telenovelas expresan e incitan formas singulares de racismo y discriminación en México. Los datos producidos por esta investigación muestran con claridad que las producciones analizadas excluyen de manera sistemática a actores y actrices con etnofenotipos morenos (≥4 en MSTS) en la conformación de los elencos protagónicos. La diversidad sociocultural y étnica del país es excluida y reducida a un conjunto de tropos identitarios estereotípicos que requiere del blanqueamiento para conciliar dramáticamente las alteridades sociales: la mezquina “inclusión” de personajes LGTBQ+ en las tramas analizadas opera con la condición de que esta solo ocurra con un grado “aceptable” de blancura, mismo canon que por definición no admite la existencia de personajes indígenas o afromexicanos. Hemos podido documentar la tendencia existente de que los roles más marginales -en términos de presencia en pantalla y relevancia dramática- son asignados a intérpretes con atributos etnofenotípicos más morenos y con rasgos distintos a los de la belleza hegemónica blanca (Doncel de la Colina & Miranda Villanueva, 2017; Ortiz Piedrahíta, 2013; Krozer & Gómez, 2023). En ese sentido, nuestros resultados son consistentes con otros estudios sobre racismo que nos permiten esbozar la complejidad del fenómeno más allá de la pantalla televisiva.
Por ejemplo, el proyecto sociodemográfico PRODER, desarrollado por el Colegio de México, produjo evidencia muy convincente que establece que la tonalidad de piel de la gran mayoría de las personas en México fluctúa entre las gamas 4 y 7 de MSTM, y que los registros de las gamas 1 a 3 representan menos del 1 % de la población del país (comunicación personal con Patricio Solís, referencia basada en la estimación de la encuesta PRODER analizada en Solís et al., 2025). No obstante esa condición, los elencos protagónicos blancos acaparan más del 98 % de las posiciones prominentes de las telenovelas aquí estudiadas. El mismo estudio del COLMEX ha demostrado relaciones sustantivas entre las percepciones de etnorracialidad y las prácticas sociales de estratificación socioeconómica que inciden en la percepción negativa que tienen las personas de su entorno social y de sí mismos (Reyes-Martínez et al., 2022). Esto hace eco de los testimonios recabados por Moreno Figueroa (2012) en el estudio en que identificó que, para muchas mujeres, “el color de la piel [morena] y la belleza resultaron también claramente ligados a una serie de emociones como la vergüenza, el dolor, el desaire y el deseo de ser ‘normales’ y no ser ‘insignificantes’” (p. 2).
Analizados en ese contexto, los datos que aquí publicamos son indicios inequívocos de un tipo de discriminación de carácter racista que excluye y estigmatiza a personas con rasgos corporales distintos a los de una norma arbitraria, injusta y degradante que moviliza una violencia estética que es especialmente nociva contra las mujeres (Pineda, 2021). Estas prácticas discriminatorias no solo repercuten negativamente en el proceso de la democratización de la representación y consumo social de las ficciones televisivas en México. También expresan de forma transversal el habitus racista en el mercado del trabajo audiovisual. Un ámbito de por sí cada vez más precarizado por la lógica del capitalismo de corporaciones plataformizadas (Belmont Cortés & Calónico Lucio, 2024). Es ahí donde se ejerce una exclusión sistémica de la fuerza de trabajo de actores y actrices cuyos etnofenotipos morenos, prietos o negros no conforman la corporalidad ideal de la blancura y blanquitud dominantes.
Los artículos 1º y 6º de la Constitución Mexicana establecen explícitamente la prohibición de toda forma de discriminación, tanto para el ámbito laboral como para el de la radiodifusión, respectivamente. Diversas ONG y colectivos antirracistas como COPERA, Poder Prieto o Racismo MX han sido fundamentales para visibilizar estas prácticas, específicamente en los medios de comunicación (Rodríguez, 2021). En lo referente a los derechos de las audiencias -establecidos en el artículo 256 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión- consideramos que esta investigación aporta elementos que demuestran cómo las prerrogativas y obligaciones propias de la materia son contravenidas por parte de los concesionarios. A reserva de que se consideren las salvedades del caso, lo que aquí presentamos bien podría, de igual manera, ser evidencia de incumplimiento legal o ético de normas antidiscriminatorias en Estados Unidos, territorio en el que los contenidos revisados en este estudio son también televisados por su coproductora, Univisión.16
Los resultados de nuestro trabajo aportan insumos para la discusión pública sobre la función que estos estudios deberán adoptar en el diseño de esquemas de medición de calidad para las políticas de inclusión e igualdad adoptadas por actores culturales privados y públicos en la producción audiovisual. Para lograr la mejor incidencia posible en tales ámbitos, resulta necesario ampliar los criterios de interseccionalidad usados en nuestro modelo analítico para que, en próximas iteraciones, se incorporen variables no incluidas en este estudio, como aquellas relativas a la representación e inclusión de personas con diversas formas de discapacidad en variados formatos audiovisuales.
Si bien con este trabajo hemos podido avanzar aspectos metodológicos relevantes para la línea de investigación sobre discriminación y racismo, aún es necesario seguir afinándola con muestras más amplias que sean representativas de otros ámbitos de la producción audiovisual (por ejemplo, plataformas de streaming como Netflix, Amazon Prime Video, Disney+, etc.). También es necesario contrastar tales procedimientos con ejercicios análogos realizados en contextos internacionales y someterlos a una discusión teórica más detallada. La noción de etnofenotipo requiere aún ser conceptualizada de manera robusta y puede ser potenciada con estudios de audiencia que indaguen sistemáticamente cómo en la recepción intermedial fenómenos como el aquí estudiado estructuran la visualidad de alteridades produciendo sesgos particulares. Sesgos que son proyectados en sistemas algorítmicos y mecanismos de inteligencia artificial asociados con la identificación y categorización de personas en modelos informacionales diseñados para la toma de decisiones estratégicas en todos los ámbitos de la vida.










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