Introducción
Panorama de la migración centroamericana indocumentada en la frontera sur
En las últimas décadas los flujos migratorios en México y Centroamérica se han incrementado. Los migrantes en su ir y venir llevan expectativas, objetivos y habilidades para moverse en diferentes espacios geográficos y sociales generando a su vez estrategias de adaptación y habilidades para trasladarse al interior del país o a Estados Unidos. La mayoría de los movimientos poblacionales obedecen a situaciones vinculadas a la búsqueda de mejores condiciones de vida.
Los flujos de migración de centroamericanos en su paso por México son procesos de corta o larga duración, ya que el tiempo de permanencia depende de su adaptación y de la estabilidad encontrada en el espacio geográfico en que se asientan, tal es el caso de los migrantes en tránsito que temporalmente se establecen en las regiones agrícolas de Chiapas. En esta dinámica los flujos centroamericanos continuarán interrelacionándose con la sociedad mexicana y provocando patrones de cambio en la migración como un proceso social.
Desde principios de los noventa, muchos trabajadores procedentes de Centroamérica que arribaban a las regiones fronterizas de Chiapas empezaron a asociar los campos agrícolas del norte con los “campos del sur”. El sureste mexicano se convirtió entonces en un destino laboral transitorio para muchos de los migrantes centroamericanos -familiares, hijos, hermanos, primos, amigos y paisanos recurrieron a la migración-, y pasar por México como una puerta de entrada y salida era el destino anhelado para llegar al vecino país del norte (Castillo, 1992, 995).
Hablar del norte ha sido sinónimo de Estados Unidos. “En el norte se gana mejor”, expresaban, “en Estados Unidos nos ira mejor económicamente”, “la familia vivirá mejor y saldrá adelante”, tales ideas provocaron la iniciativa de irse a Estados Unidos. Es a partir de la década de los noventa que comienzan los flujos de migración hacia el vecino país del norte, entre ellos chiapanecos aliados a la experiencia de los centroamericanos. Los municipios de Tzimol y Jocotenango figuran como receptores y expulsores de migrantes hacia Estados Unidos, algunos de retorno y otros de permanencia, a pesar del riesgo que implica ser indocumentados.
Como respuesta a los flujos migratorios hacia Estados Unidos, se han estado construyendo relaciones sociales entre la población centroamericana y chiapaneca, las cuales facilitan la inserción de la población migrante, así como la adaptación e interacción, creándose de esta manera redes sociales migratorias que devienen en el tiempo y en el espacio. A partir de esas redes que se crean en el territorio se configuran los corredores migratorios, que a su vez representan un lugar transitorio para los migrantes, en este caso de quienes proceden de Centroamérica y transitan por México, que sin ningún documento pretenden llegar a Estados Unidos.
En el punto de tránsito migrante se ubican las regiones Meseta Comiteco Tojolabal y Los Llanos de Chiapas, como un territorio del que no sólo salen migrantes mexicanos que se dirigen a Estados Unidos, sino también aquellos que cruzan la frontera de manera ilegal y se establecen de manera esporádica, temporal o definitiva de acuerdo a las condiciones y oportunidades que ofrecen los lugares por donde transitan en estas zonas de Chiapas.
En la geografía de estas regiones se enmarcan los municipios Tzimol y Jocotenango, en los que desde finales de la década de 1980 y comienzos de la de 1990 han llegado migrantes con carácter de indocumentados procedentes de los vecinos países Guatemala, Honduras y El Salvador, flujos que forman parte de los procesos de migración internacional históricamente estructurados. El primer proceso migratorio se caracterizó por una población de trabajadores agrícolas que cotidianamente cruzaban la frontera de manera regulada para trabajar en las fincas cafetaleras, en los campos agrícolas, situación que se viene registrando desde hace más de un siglo, e inició prácticamente desde la delimitación fronteriza entre México y Guatemala, situándose en las zonas de más larga tradición migratoria: la región Costa y la región Soconusco del estado de Chiapas (Villafuerte y García, 2014; Castillo, 1990, 1995; Casillas y Castillo, 1994).
El segundo proceso de llegada de población migrante se registró a partir de 1990-2000 y continúa hasta la actualidad; se ha caracterizados por flujos numerosos de migrantes. Las oleadas compuestas por gran cantidad de familias han diversificado los lugares de paso por la entrada entre los límites de Guatemala. Particularmente en los límites fronterizos que no tienen muros, vallas, con poca vigilancia migratoria, y llegan por la franja fronteriza de La Mesilla, La Trinitaria, Las Margaritas, La Independencia, Comitán de Domínguez y Tzimol, en la región de Meseta Comiteco Tojolabal, el municipio de Jocotenango y Venustiano Carranza en la Región de Los Llanos (De la Torre, 2018; Nájera, 2016).
Cabe destacar que el tránsito por México plantea para los migrantes centroamericanos muchos retos y peligros en su camino hacia el “sueño americano” debido a que se ven obligados a recorrer el territorio mexicano usualmente de manera indocumentada, esto ha provocado que en su paso por el interior de las regiones fronterizas enfrenten constantes situaciones que ponen en riesgo su seguridad e integridad como personas en su carácter de migrantes indocumentados (Foca, A.C., 2018).
En las características de cada flujo de personas migrantes se ubican aquellas que han ingresado al país de manera documentada y hasta quienes que lo han hecho de forma irregular, observándose también los solicitantes de asilo, refugiados, víctimas de trata, entre otros (Franco y González, 2022).
Por otra parte, las condiciones económicas y sociales, así como la accesibilidad de los caminos de veredas, montañas y la cercanía de las carreteras que unen parte de la geografía chiapaneca con la frontera guatemalteca, han facilitado el paso del migrante indocumentado y su ingreso al territorio mexicano, principalmente en regiones con menos tradición migratoria como son la Meseta Comiteco Tojolabal y Los Llanos de Chiapas.
En este contexto, se presenta en este trabajo un estudio enfocado en la migración en tránsito que atraviesa el corredor migratorio Meseta Comiteco Tojolabal-Los Llanos de Chiapas. El análisis se centra en dos municipios, Jocotenango y Tzimol, que comparten no sólo límites del territorio, sino que también con el transcurso del tiempo han configurado un territorio de paso de migrantes internacionales y locales que se dirigen hacia Estados Unidos.
Desde la escala municipio, éstos configuran una dinámica regional particular que obedece a relaciones sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas, teniendo como principal conector la producción e industrialización de la caña de azúcar, actividad económica enclavada en una microrregión denominada “región cañera”.
Desde una escala territorial, estos municipios, por su cercanía a las zonas fronterizas del sureste mexicano, se han constituido como parte de una de las vertientes del extenso corredor migratorio Centroamérica-México-Estados Unidos. Convergen aquí, entre otros, actores que activan la dinámica regional: la población local, el Ingenio Pujilí y las instituciones sociales, que forman parte del entramado de las distintas relaciones sociales, pero que como actores transversales son consideran secundarios o “transversales” para el análisis de esta investigación.
Las redes sociales adquieren importancia como el capital social que se constituye por los recursos potenciales que los migrantes adquieren a su paso por el territorio. Hipotéticamente se plantean dos razones para la constitución de las redes sociales: la primera es que grupos de migrantes centroamericanos, principalmente de Guatemala, Honduras y el Salvador que trabajan estacionalmente en los “campos cañeros” en los municipios de Tzimol y Jocotenango, y en la medida que conocen la región, crean redes locales de amistad con los oriundos; por ejemplo, se ha documentado que desde la década de 1990, de manera colectiva iniciaron una cultura de la migración desde la cual se creaban estrategias para trasladarse al norte de México y cruzar la frontera con Estados Unidos. La segunda posible explicación es que cierto número de migrantes reconoce no tener condiciones para continuar la ruta trazada en su plan inicial y encuentra en estos lugares condiciones económicas y sociales favorables y deciden asentarse, en algunos casos se observan vínculos parentales, es decir, hogares compuestos por población local y centroamericana.
La relación entre migrante y oriundo local no es unidireccional, la información vía narración de las expectativas y aspiraciones que el migrante comunica a los oriundos contribuye a que estos últimos han considerado la opción de migrar como una alternativa de superación económica. Por su parte, la movilidad del migrante centroamericano, desde su lugar de origen hasta la región de tránsito, se piensa en una persona que recorre territorio mexicano siguiendo una ruta y avanzando de manera continua hacia un punto geográfico de la frontera norte.
Sin embargo, la condición del migrante irregular o “sin papeles” provoca que no exista una trayectoria preestablecida, y que la movilidad del migrante se desenvuelva en condiciones de incertidumbre y de potenciales cambios, que van desde modificar la ruta, la temporalidad del viaje, hasta decidir asentarse temporal o definitivamente en una región del territorio mexicano.
Metodología de la investigación
La investigación se inscribe en el marco de la investigación sobre migración internacional contemporánea. La dimensión de análisis es de carácter cualitativo, sin embargo, se hace uso de herramientas como la cartografía para el estudio de la dimensión territorial. Desde las técnicas cualitativas se presta especial interés por la exploración de los procesos de migración a partir de las narrativas y experiencias migratorias de los distintos actores que protagonizan esta investigación. Se distinguen dos tipos de actores centrales: migrantes centroamericanos en tránsito y migrantes locales-potenciales chiapanecos, ambos situados en los lugares de estudio: Tzimol y Jocotenango. En este contexto, las narrativas expresadas por los distintos actores insertos en un proceso específico de migración internacional, migración en tránsito, permiten comprender la complejidad de las experiencias que se tejen en un campo social en un territorio determinado, creado de manera simultánea por los emigrantes.
El análisis de los resultados que se presentan en este artículo se nutre a partir de los datos etnográficos recogidos durante el trabajo de campo situado en los lugares de estudio. El trabajo de campo se ha realizado de manera permanente en distintas etapas -2010-2012, 2015-2019, 2022 a la fecha-, lo que ha posibilitado seguir el proceso de migración de manera continua y entender las dinámicas de cambio socioculturales que presenta este fenómeno.
Recorrer y caminar a lo largo y ancho del territorio de la franja fronteriza entre México y Guatemala, observar las dinámicas sociales de las ciudades, de los pueblos, así como los campos agrícolas aledaños, me ha permitido no sólo identificar un proceso histórico de la migración internacional en el territorio, sino también interactuar con la población involucrada en este fenómeno social y conocer las prácticas cotidianas reflejadas en las experiencias y expectativas que las personas migrantes tienen de los lugares de llegada y de destino.
Teóricamente, esta investigación se fundamenta en bibliografía basada en estudios que refieren a la temática de las migraciones internacionales, que van desde aquellos que integran una dimensión de la teoría económica -clásica- hasta los análisis enfocados en las migraciones internacionales contemporáneas.2 Desde una perspectiva socioespacial, se presenta una cartografía social de la migración de origen-tránsito-destino. En este marco, la importancia de incluir la categoría de cartografía social para el análisis de los resultados, se retoman las propuestas de Santos (1996) y Kastrup y Passos (2020) que sugieren un enfoque integrador entre la sociedad y el espacio geográfico, visto desde un territorio plural articulado en la relación física/natural-social/humana. Este enfoque metodológico orienta a adentrarse a una comprensión más amplia de la realidad estudiada y a la interpretación de los significados y las representaciones sociales relacionados con la participación del/los sujeto/s en los territorios, como actores creadores de las experiencias y como transformadores de los lugares (Santos, 1996; Kastrup y Passos, 2020).
Desde esta dimensión de análisis se estudia un proceso que implica diversos momentos de estrategias migratorias, puesto que se habla de dos tipos de migrantes: el migrante centroamericano “indocumentado” que en su transitar se establece de manera temporal o indefinida en el territorio de estos municipios, y el migrante chiapaneco local con alguna posibilidad de “migrar hacia el norte”. El migrante potencial local se identifica como un actor principal, ya que es a través de él que el migrante centroamericano redefine sus estrategias para migrar, además de que es con quien se establece la dinámica de la creación y la articulación de las distintas relaciones sociales que se establecen entre ambos tipos de migrantes.
En este sentido, los migrantes centroamericanos son aquellos procedentes de Guatemala, El Salvador y Honduras, y que se encuentran establecidos de manera temporal, definida o en tránsito en los municipios de Tzimol y Jocotenango; para este trabajo sólo se toman en consideración algunos de los casos más reveladores, descartando otros grupos de migrantes internacionales puesto que su presencia en esta parte del corredor migratorio no se estima significativa.
En este sentido, se confiere un papel importante y crucial a las redes sociales como un organizador social de dicho proceso y como elemento que facilite la explicación de los flujos migratorios en estas regiones de Chiapas hasta Estados Unidos (Zenteno, 2000).
A continuación, como parte de los resultados, se analizan las relaciones entre migrantes centroamericanos y mexicanos cuyo objetivo es dirigirse e ingresar a Estados Unidos de manera no documentada.
De los resultados
Las regiones de estudio
Las regiones Meseta Comiteco Tojolabal y Los Llanos de Chiapas se localizan en el sureste del estado de Chiapas (ver mapa 1). La Meseta Comiteco Tojolabal comparte límites territoriales con otras regiones chiapanecas: al oeste con Los Llanos y Altos Tzotzil Tseltal, al norte-este con la Selva Lacandona, y al sur con la República de Guatemala. Está conformada por siete municipios: Comitán de Domínguez, La Independencia, La Trinitaria, Las Margaritas, Las Rosas, Maravilla Tenejapa y Tzimol.3
En cuanto a la composición sociodemográfica de la Meseta Comiteco Tojolobal, según datos del Censo General de Población y Vivienda, la población de esta región, para el 2020, presenta un total de 467,999 habitantes, el 48.39% son hombres y el 51.61% son mujeres (Inegi, 2020).
Tabla 1 Porcentaje de población de los municipios de la Región Meseta Comiteco Tojolabal, 2020
| Municipios Región Meseta Comiteco Tojolabal | Población total | Porcentaje población hombres | Porcentaje población mujeres |
|---|---|---|---|
| Comitán de Domínguez | 166,178 | 47.80 | 52.20 |
| La Independencia | 46,409 | 48.65 | 51.35 |
| Las Rosas | 28,824 | 49.03 | 50.97 |
| Las Margaritas | 141,027 | 48.85 | 51.15 |
| La Trinitaria | 83,111 | 48.26 | 51.74 |
| Tzimol | 16,560 | 49.02 | 50.98 |
| Maravilla Tenejapa | 14,714 | 49.83 | 50.17 |
| Total regional | 496,828 | 48.43 | 51.57 |
Fuente: Inegi, 2020.
La región socioeconómica IV de Los Llanos de Chiapas, en sus características territoriales, tiene una superficie de 2,815.27 km2 y está integrada por ocho municipios localizados en la parte central del estado. Colinda al norte con la Región V Altos, al este con la Región XV Meseta Comiteca Tojolabal, al sur con las Regiones VI Frailesca y XI Sierra Mariscal, y al oeste con la Región I Metropolitana.4 En su composición sociodemográfica y de población, esta región presenta un total de población de 144,009 habitantes, el 47.77% son hombres y el 50.23% son mujeres (ver tabla 2).
Tabla 2 Porcentaje de población de los municipios de la Región Los Llanos de Chiapas, 2020
| Municipios Región Los Llanos de Chiapas | Población total | Porcentaje población hombres | Porcentaje población mujeres |
|---|---|---|---|
| Acala | 21,187 | 49.15 | 50.85 |
| Chiapilla | 6,153 | 50.48 | 49.57 |
| Nicolás Ruiz | 4,765 | 51.21 | 48.79 |
| Socoltenango | 19,092 | 49.30 | 50.70 |
| Totolapa | 7,211 | 50.48 | 49.52 |
| Venustiano Carranza | 67,292 | 49.78 | 50.22 |
| San Lucas | 7,526 | 50.39 | 49.61 |
| Emiliano Zapata | 10,783 | 49.81 | 50.19 |
| Total regional | 144,009 | 49.77 | 50.23 |
Fuente: Inegi, 2020.
Respecto a los lugares que son parte del centro de este estudio, los municipios de Tzimol y Socoltenango se encuentran situados de la depresión central de Chiapas. El paisaje natural de esta región está formado en las terrazas, llanuras y valles de suelos de distintas calidades. El clima es cálido-húmedo, muy lluvioso en temporada de lluvias. Sus tierras planas y de lomeríos se extienden a lo largo y ancho de su geografía, hasta el borde del río Grande “El Grijalva”. Estos dos municipios de Tzimol y Socoltenango son similares en cuanto a la conformación del total de su población, en Tzimol el 50.98% son mujeres y el 49.02% son hombres, mientras que en Socoltenango el 50.70% son mujeres y el 49.30% son hombres (Inegi, 2020).
Procesos de migración internacional en las regiones Meseta Comiteca Tojolobal - Los Llanos de Chiapas
En el sureste mexicano, las causas y los factores que provocan la migración internación México-Estados Unidos no están alejados de los vecinos países centroamericanos. En algunas de las regiones fronterizas de Chiapas los movimientos migratorios también han sido impulsados por la falta de empleo, la pobreza, la crisis económica derivada de la caída de los precios del café, la caña de azúcar, además de desastres naturales como el huracán Mitch en 1998 y Stan en 2005, situaciones que han afectado a las familias y sus economías (Villafuerte y García, 2014; Castillo, 1992).
Cada uno de los países entre la frontera México-Centroamérica enfrentan la migración de diversas maneras, si en el pasado el desplazamiento de personas de su lugar de origen se debía en gran medida a la situación conflictiva imperante, en la actualidad está condicionada por aspectos socioeconómicos y ambientales que no permiten que las necesidades de las poblaciones de dichos países puedan ser solventadas de manera integral (Argueta et al., 2011).
A estos problemas se han sumado los intereses propios y las motivaciones de las personas que se insertan en los procesos migratorios, tales como la búsqueda de mejores condiciones de vida, vivir el “sueño americano”, “ganar más dinero”, entre otras inquietudes que cada persona construye en su imaginario del viaje a Estados Unidos. Algunas veces los migrantes se mueven y emigran a través de la consolidación de las comunidades migrantes que se encuentran establecidas en Estados Unidos y el fortalecimiento de sus redes transnacionales, entre familiares, amigos y conocidos en los lugares de llegada (Nájera, 2016; Varela, Ocegueda y Castillo, 2014; Villafuerte y García 2014).
En otros casos, muchas personas han abandonado sus lugares de origen de manera forzada, para protegerse de los conflictos bélicos o de las consecuencias generadas por los desastres naturales. Hay quienes emigran por la persecución que sufren debido a sus creencias religiosas y políticas o por ser y actuar de manera diferente dentro de los estándares de comportamiento establecidos en una sociedad determinada; otros emigran de manera voluntaria, como una decisión libre (personal o colectiva), motivados por múltiples intereses, como el poder aprender de otras culturas, el enriquecer sus saberes y conocimientos o simplemente para descubrir nuevos horizontes.
Los distintos procesos históricos de migración internacional puntean que a partir de la década de 1970, en las regiones Meseta Comiteca Tojolobal y Los Llanos de Chiapas transita por sus brechas, veredas y carreteras población migrante compuesta por varones, mujeres, niños y niñas con la intención de dirigirse hacia Estados Unidos (Cruz y Robledo, 2003).
Las regiones, las ciudades y los pueblos situados en los límites fronterizos entre Chiapas y Guatemala constituyen un lugar de tránsito o de estancia temporal para los migrantes centroamericanos, se ha observado que en los flujos que pasan por esta región predominan quienes llegan de Guatemala, El Salvador y Honduras. Recientemente se ha registrado en las zonas urbanas de la ciudad de Comitán de Domínguez la presencia de diversos grupos de migrantes internacionales que proceden de países como Venezuela, Ecuador y Haití, lo cual significa que actualmente en estas regiones fronterizas se han diversificado los patrones de movilidad humana, generando nuevos flujos migratorios. Derivado de la composición de los flujos migratorios y de las rutas trazadas con el paso de los migrantes, en la geografía del estado de Chiapas se han configurado “nuevos corredores migratorios”, definidos por la diversificación de los lugares de cruce en el territorio del sureste mexicano, ya que el migrante redefine sus estrategias para migrar sorteando las condiciones y situaciones que conlleva pasar de manera indocumentada --autoridades migratorias, crimen organizado-, además de las condiciones económicas, sociales, los riesgos y el conocimiento de las rutas de cruce y de tránsito (ver mapa 2).

Fuente: Elaboración propia.
Mapa 2 Puntos de cruce de población migrante. Corredor migratorio Huehuetenango-Región Meseta Comiteca Tojolabal - Los Llanos de Chiapas
Históricamente, en la zona fronteriza del estado de Chiapas y los lugares que colindan con los departamentos guatemaltecos de San Marcos y Huehuetenango se presenta una de las interacciones y movilidad humana más intensas relacionadas con las fronteras sur-norte de México. Este fenómeno de movilidad de la población migrante ha provocado cambios importantes en los desplazamientos transfronterizos, han surgido con ello nuevas rutas de entrada hacia los centros urbanos cercanos y se han modificado los patrones tradicionales en las migraciones hacia Estados Unidos (Nájera, 2016; Rojas, Luz y Winton, 2018; Martínez, 2014; Casillas y Castillo, 1994).
Rutas trazadas, un corredor migratorio
En la frontera Chiapas-Guatemala se encuentran regiones en las que grupos de migrantes centroamericanos se asientan temporalmente e inician una convivencia con residentes mexicanos, ocupan un mismo territorio. Aun cuando la nacionalidad distingue a centroamericanos y mexicanos, hay rasgos generales que los unen: ser originarios de comunidades agrarias, tener ingresos monetarios bajos, vivir en ambientes económicos con limitadas opciones de empleo. Además, en la segunda década del siglo XXI los migrantes centroamericanos que se asientan temporalmente en regiones fronterizas de Chiapas encuentran a pares que también tienen la expectativa o la práctica migratoria de un destino internacional común: Estados Unidos.
Los corredores migratorios son pequeños trayectos por los que se desplazan con cierta regularidad los migrantes en una región en la que se han asentado temporalmente. Vivir por un tiempo corto en una región implica moverse por razones de trabajo y de residencia. Esa movilidad hace que el migrante conozca el lugar, los medios de transporte, las opciones de empleo y tenga un “domicilio” temporal desde donde puede comunicarse con familiares y amigos de su lugar de origen y de destino.
El corredor migratorio Meseta Comiteca Tojolabal-Los Llanos de Chiapas es algo más que una ruta migratoria, es un área de tránsito y de residencia temporal de un agregado de migrantes centroamericanos y mexicanos. Incluye un territorio, a actores locales tales como empresas, pequeños negocios, familias e instituciones, así como una infraestructura física de caminos y carreteras.
Por su parte, los circuitos migratorios son recorridos de migrantes individuales o colectivos en una doble dirección, pero con un mismo punto de partida y de llegada. Migrantes mexicanos y centroamericanos van a, y vienen de Estados Unidos, en temporalidades variadas. Este fenómeno se observa más entre los migrantes que ya han obtenido la residencia en Estados Unidos. Menos en los no documentados.
Tanto los corredores como los circuitos migratorios existen porque hay un territorio en el cual residen temporalmente agregados de migrantes nacionales y centroamericanos, en los que construyen nodos territoriales y redes sociales que se consideran dos soportes estratégicos utilizados por centroamericanos y mexicanos que emigran hacia Estados Unidos atravesando el extenso territorio mexicano.
Por el corredor Meseta Comiteca Tojolabal-Los Llanos de Chiapas, los migrantes centroamericanos para trasladarse de un lugar a otro hacen uso de las vías terrestres: carreteras que conectan las ciudades con los pueblos y los campos agrícolas.
Aquellos migrantes que posiblemente cuentan con redes sólidas en los lugares de llegada, o se integran con la población local, adquieren un conocimiento más amplio del territorio; al llegar a los centros urbanos siguen el tránsito de los transportes de pasajeros y los abordan de manera masiva hasta arribar a los lugares en donde se establecerán por tiempo determinado o indefinido. Otros que no cuentan con un conocimiento del territorio se internan por las veredas y los caminos de brechas entre las montañas.
Desde las décadas de 1980 y 1990, con el paso de la población migrante, se delimitó una ruta específica con origen en Huehuetenango, en el norte de Guatemala, pasando por la Sierra Madre de Chiapas y conectando con la región Meseta Comiteca Tojolabal: La Trinitaria, Comitán de Domínguez, Tzimol, y se dirige hacia la región de los Llanos de Chiapas: Socoltenango, Venustiano Carranza, para continuar en las regiones centrales y del norte de Chiapas. Cabe señalar que este corredor migratorio se prolonga hacia el centro y norte del país; en cuanto a los límites del territorio mexicano, la ruta migratoria finaliza en lugares de llegada en Estados Unidos (ver mapa 3).

Fuente: Elaboración propia.
Mapa 3 Trayectoria migratoria seguida por migrantes centroamericanos y chiapanecos desde las regiones Meseta Comiteca Tojolabal y Los Llanos de Chiapas
Las rutas que se consideran para fundamentar esta investigación están planteadas en algunos estudios realizados por Chávez Galindo y Landa Guevara (2011) y Kauffer (2003), quienes proporcionan las bases para la identificación de una nueva ruta a la que se hace referencia en esta investigación y que da origen a una importante ruta migratoria, a la que en esta investigación se le ha denominado ruta Tzimol-Socoltenango.
A continuación se presentan las características de algunas de las rutas de paso identificadas en las regiones fronterizas de Chiapas:
Ruta Frontera sur de Chiapas
Ruta costera que utiliza el tren y el transporte de autobuses (tijuaneros). En ella se ubica una de las más antiguas redes de polleros. Los puntos principales de paso son: i) por Talismán y Tecún Umán, en Guatemala, hacia la costa chiapaneca, sea por tren o por autobús para seguir al Istmo; ii) por Ciudad Hidalgo, Tapachula, Huixtla, Pijijiapan, Tonalá, Arriaga, para entrar por Ixtepec, Oaxaca, hasta encontrarse y unirse con el tramo de inicio de la ruta 2 (punto de enlace: Medias Aguas y Coatzacoalcos, en Veracruz, que se vinculan con la red que parte de Tabasco). De esta forma, a Ixtepec llegan guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y hondureños.
La segunda salida en importancia o paso por Chiapas es La Mesilla, Ciudad Cuauhtémoc, Comitán, San Cristóbal, Tapanatepec y el Istmo (Zanatepec, La Ventosa, Matías Romero), y de ahí se dirigen a Ixtepec o a Coatzacoalcos. Algunos que van en autobús pasan a Tierra Blanca y Acayucan para continuar por Veracruz, Puebla y Ciudad de México. Como medios de transporte se utilizan autobuses, combis y tráileres. En el caso del tráiler, hay una red internacional de polleros con muchos recursos y muy posiblemente cuentan con apoyos de funcionarios que les permiten el paso.
La tercera salida son los puntos de la frontera porosa alrededor del Tacaná (para los que llegan a Motozintla o puntos cercanos y eligen seguir por la costa al tren o por las carreteras del centro de Chiapas). Son las antiguas rutas no controladas por los agentes de migración que incluyen las comunidades indígenas del territorio Mam. El otro paso a Chiapas proviene del Petén y se dirige a Tabasco por Palenque. Son zonas selváticas que evitan el paso hacia el Ceibo y la entrada de Tenosique.
Ruta La Trinitaria-Comitán-Tzimol-Socoltenango-Venustiano Carranza
Desde 1990, una de las rutas que los migrantes centroamericanos han consolidado está situada en los valles centrales y el centro del estado Chiapas. Ha presentado un menor flujo de migrantes tanto chiapanecos como de quienes proceden de Centroamérica. A diferencia de las rutas tradicionales ubicadas en los límites de las regiones Costa-Soconusco, ésta en la actualidad representa una alternativa más para los migrantes que tienen como propósito llegar a Estados Unidos.
Esta ruta se ha identificado y definido como un reciente corredor migratorio durante el trabajo de campo que se llevó a cabo para fundamentar esta investigación. Se trazó una ruta desde un territorio de origen, tránsito y destino, lo que implicó realizar una trayectoria geográfica siguiendo el cruce por la franja fronteriza, además se continuar un recorrido y paso por el territorio de los lugares de tránsito y arribo.
Al llegar a los lugares de tránsito, los migrantes desarrollan estrategias para establecerse, ello genera incertidumbre, puesto que su permanencia está definida por el sostenimiento o no de los vínculos de contacto, de parientes o conocidos con una experiencia migratoria preestablecida. Además de las estrategias del uso de las relaciones sociales de confianza que utilizan para obtener recursos económicos y definir, preparar e implementar el viaje hacia el vecino país del norte. También es necesario el reconocimiento del territorio para construir un camino “seguro” para el viaje.
El análisis anterior no significa que las causas de la migración de centroamericanos sean el uso inadecuado que éstos hacen del territorio mexicano o el papel “cómplice” de migrantes pioneros, centroamericanos o mexicanos, que ayudan a nuevos migrantes a introducirse sin documentos a Estados Unidos, sino que el asentamiento temporal de los migrantes en territorio chiapaneco, la construcción de corredores y circuitos, constituyen únicamente estrategias de mediano y largo plazo que el migrante utiliza para alcanzar un objetivo de movilidad entre países con fines laborales. El sentido, lo que induce a migrar es la subutilización extrema de capacidades y competencias laborales de un grupo de personas dispuestas que buscan trabajo, pero no lo encuentran en los entornos sociales de los que son originarios. Esto es lo que une y da identidades similares a migrantes centroamericanos y mexicanos (chiapanecos) durante una estancia temporal en un territorio que comparten. Esta identidad compartida se concretiza en el lenguaje que utilizan, en las ideas que comparten, en las acciones y prácticas migratorias que realizan en un territorio común.
En el siguiente apartado se analiza la dinámica social y económica de una pequeña región localizada a ciento diez kilómetros de la frontera México-Guatemala, en el estado de Chiapas, en la que migrantes centroamericanos se han asentado temporal o definitivamente, y cómo éstos han contribuido a la transformación del territorio local.
Una microrregión, un territorio flexible para la migración internacional
Entre las rutas trazadas, el migrante se traslada a la ciudad de Comitán, pero justo antes de ingresar a ella dobla a la izquierda para transitar luego por los municipios de Tzimol y Socoltenango. Al llegar a este último lugar, se abren las alternativas para dirigirse a la frontera norte de México. Pero a su paso, se encuentra con dos sitios de llegada: Tzimol y Socoltenango, municipios chiapanecos en los que se localiza una pequeña región agroindustrial denominada como “La Región Cañera ”, que ofrece a la población local y a los migrantes transitorios ciertas condiciones favorables económicas, sociales y culturales, que si bien pueden ser precarias, de alguna manera les permiten desenvolverse mientras se encuentran en ese lugar.
Las condiciones en que se desenvuelve el migrante potencial local son sustancialmente mejores que las que dispone el centroamericano. Sin embargo, hay una expectativa, una intencionalidad que comparten: viajar hacia Estados Unidos. Posteriormente, al viajar juntos, se transforman en un grupo social con una estructura frágil, flexible y de corto plazo. Lo que los ha unido es una convivencia forzada, el apoyo mutuo en una actividad de alto riesgo y acciones conjuntas de protección en el trayecto por el territorio nacional y en el cruce de la frontera americana, acciones que funcionan como estrategias migratorias o factores “facilitadores” de la migración internacional.
Tzimol, Socoltenango y Venustiano Carranza, en Chiapas, se sostienen de una agricultura de regadío; el clima, los tipos de suelo y la disponibilidad de agua han favorecido el cultivo de caña de azúcar. En el periodo 1923-1950 el cimiento de la producción rural era la hacienda, fincada en la producción de algodón y la “caña morada” que servía para la elaboración de “piloncillo” o “panela”. Las familias de los pueblos poseían tierras de poca extensión y la agricultura tradicional garantizaba el sustento familiar. La población practicaba el comercio. Los pobladores iban y venían de los centros urbanos cercanos, en donde vendían y comercializaban los productos derivados de la caña de azúcar. También se trasladaban a Guatemala y Belice, con cuya población sostenían relaciones comerciales, sociales y de vecindad.5 En el municipio de Venustiano Carranza se encuentra establecida la empresa azucarera Ingenio Pujíltic (Cía. Azucarera La Fe, S.A. de C.V.) fundada en 1974, en torno a la cual se concentran las actividades agroindustriales y constituye el motor del desarrollo económico de la región. El cultivo de la caña de azúcar es una actividad que abarca miles de hectáreas de tierra (Fira, 2023), las cuales requieren sistemas de riego para garantizar el éxito de su producción. El desarrollo de los campos cañeros ha implicado la creación de una infraestructura necesaria para el regadío de parcelas. Los sistemas de riego en la región se dividen en distritos. Tanto Tzimol como Socoltenango aprovechan los cauces del río San Vicente en los límites territoriales de estos municipios.
La industria azucarera brinda oportunidades de crecimiento económico para el sustento de las familias locales. También garantiza un sistema de trabajo agrícola durante el ciclo de cultivo de la caña. Las actividades de tal cultivo (realizadas por ejidatarios locales) inician con la preparación de la tierra, la siembra, resiembra y corte de la caña. La última fase que se desarrolla en los campos cañeros corresponde a la cosecha de la caña, para ser vendida como producto final al ingenio azucarero. La etapa de industrialización (centrada en el ingenio) cubre un periodo de seis meses.
Lo anterior indica que la industria azucarera genera una serie de cambios importantes en toda la región, los cuales han modificado las prácticas laborales tradicionales, además de una aceleración de la llegada y la salida de población. La circulación de personas, bienes, dinero, ideas entre los municipios y localidades de la región, redefine de manera cotidiana las formas de interactuar y participar en la dinámica económica regional.
Las tierras destinadas a la producción de caña de azúcar requieren de una fuerza de trabajo temporal, por eso, muchos de los productores mandaban traer trabajadores de algunas regiones de la entidad, como los migrantes laborales de la región de Los Altos de Chiapas y de otras localidades aledañas, a quienes se les conoce como “cortadores” o “aparceros” en el corte de la caña.6 Cabe señalar que tanto los alteños chiapanecos como los jornaleros guatemaltecos tienen una tradición migratoria laboral hacia las fincas cafetaleras en la región Soconusco. A partir de los vínculos laborales entre alteños y guatemaltecos se ha producido un intercambio de información y conocimiento de los lugares, pues saben cuáles son las regiones con mayor posibilidad de contratación de trabajadores. También la industrialización permite activar las relaciones e interacciones sociales entre trabajadores agrícolas de los municipios participantes en esta dinámica económica.
Por otra parte, las relaciones sociales añejas y nuevas sostenidas por las familias locales y regionales se fortalecieron. Se configuró y dinamizó un nuevo mercado de trabajo local que provocó el incremento de las interacciones entre los diversos actores: productores, campesinos, líderes, contratistas y trabajadores, que hacen que el campo ya no pueda pensarse solamente en función de la actividad agrícola; la nueva realidad es la actual relación campo-ciudad con límites desdibujados por interconexiones que se multiplican y se complejizan (C. de Grammont, 2004; González y Basaldúa, 2007; Kearney, 1995).
Esta región es un ejemplo de ello, ya que localmente se dibuja como una pequeña comunidad industrial, pero cuya dinámica social y económica la vincula con actividades y actores internacionales, tal es el caso de la exportación de los derivados de la caña de azúcar, además de constituirse como un espacio regional de atracción de mano de obra local, nacional e internacional, en donde la migración ya no es un fenómeno secundario, sino que es un mecanismo fundamental en las estrategias económicas del hogar para buscar un ingreso complementario (C. de Grammont, 2004).
Así, en la década de 1990 algunos inmigrantes centroamericanos que trabajaron de manera temporal en otras regiones fronterizas de Chiapas, como Soconusco, La Costa y La Frailesca, empezaron a observarse en la región cañera de Pujíltic. Llegaron por “indagación”, “preguntando”, haciendo uso de sus vínculos y de redes sociales establecidas con otros inmigrantes centroamericanos o con población local.
Entre los centroamericanos que se han asentado en la región, su experiencia coincide con el propósito en permanecer en ella un periodo corto, emplearse y ganar dinero para continuar el viaje, solos o acompañados hacia Estados Unidos. Es de destacar que la población local ha ayudado a los centroamericanos a asentarse temporalmente en la región y éstos a su vez han contribuido a generar un ambiente social basado en las relaciones laborales y económicas. Esto no significa que todas las relaciones que se crean entre los migrantes centroamericanos y la población local sean armoniosas, sino que también prevalecen las relaciones en las que los migrantes son explotados, discriminados y víctimas de señalamientos que los hacen considerarlos como transgresores y generadores de actos delictivos y de violencia.
En palabras de un migrante: “Llegué aquí porque ya había trabajado en el otro ingenio que está en Huixtla, luego unos amigos de Chiapas me contaron de este lugar, llegaron unos señores que contrataban cortadores de caña y pues unos cuantos amigos nos venimos, llevo varios años viviendo por aquí, no sé cuánto más me quede, si me voy al norte, o regreso a mi país” (Mario, migrante procedente de El Salvador, Zona Cañera, octubre de 2021).
Por lo anterior, tener la posibilidad de asentarse en Chiapas y la opción de emplearse temporalmente en los campos agrícolas chiapanecos o en los cañaverales constituye un punto en el que surge la disyuntiva de continuar con el proyecto o asentarse definitivamente en el lugar. Víctor, originario de El Salvador y quien llegó en mayo de 2016, así lo confirma. En su tránsito se insertó en el trabajo de la zafra de la caña de azúcar con la intención de ganar dinero, ahorrar y continuar su viaje a Estados Unidos: “Yo desde que llegué a este lugar, voy y vengo de un lugar a otro, hace un año (2019) regresé de una temporada en mi país, también estuve una temporada en los Estados Unidos, con parientes por allá” (Víctor, migrante salvadoreño con residencia temporal en Tzimol, noviembre de 2020).
Los centroamericanos guardan una práctica migratoria más tradicional en relación con la población de migrantes locales; en lo que respecta a “migrar hacia el norte”, fueron fuente de información para los chiapanecos acerca de opciones de trabajo en Estados Unidos y de los riesgos en la frontera norte. Los que pasan por el lugar han contribuido a construir el imaginario de migración hacia Estados Unidos en la población local y generar el desarrollo de una cultura migratoria.
La interacción social entre ambos tipos de migrantes surge en diferentes momentos y circunstancias, se desarrolla ante la necesidad de los primeros de enfrentar condiciones desfavorables para realizar un trayecto continuo por el territorio mexicano, en ocasiones facilitando dinero, en la modalidad de préstamos o créditos, a aquellos que perdían todo lo que traían consigo en su paso por la frontera sur. Por su parte, algunos migrantes centroamericanos ya tenían la experiencia de haber emigrado y de relaciones con los primeros “coyotes”7 en la región. Esto también provocó la llega de más población de centroamericanos. Así, se trazaron las rutas migratorias que devienen desde Guatemala, Honduras y El Salvador, pasando por los municipios de Tzimol y Socoltenango, y prolongándose hasta California, Arizona y Nueva York, con redes sociales poco sólidas pero creadas con información y conocimiento de los puntos intermedios de asentamiento temporal que para ellos son “puntos de parada”, hacia y en espera para cruzar la frontera norte.
El caso de Pedro, un migrante retornado y originario del municipio de Tzimol, ahora radicado en la localidad La Mesilla, en el propio municipio de Tzimol, permite ver los elementos geográficos, sociales e institucionales que se entretejen en la región asociados al fenómeno migratorio. Pedro se dedica a transportar personas que viajan cotidianamente entre los pueblos y ciudades de la región; a pesar de que ya no es un migrante activo, participa en este corredor migratorio, y lo hace porque pertenece a una organización de transportes colectivos que llevan a la población local de un lugar a otro.
En ocasiones aprovecha la oportunidad para trasladar de forma ilegal a migrantes centroamericanos a los campos cañeros. Su estrategia consiste en el enganche en la ciudad de Comitán y los traslada a la localidad de San Francisco Pujíltic, en donde se encuentra con otros enganchadores, contratistas de mano de obra barata; ahí también están aquellos actores conocidos como “polleros”, que son quienes trasladan a los migrantes a los lugares cercanos de la frontera norte.
Autores clásicos como Massey et al. (1987) y Portes et al. (1993) argumentan que una de las características atribuidas a la formación de redes migrantes es su efecto multiplicador. Su tendencia acumulativa complejiza las relaciones, los espacios y la densidad de las propias redes, reduciendo así costos, riesgos y creando formas diversas de solidaridad, luego alentando la migración independientemente de las causas originarias que la impulsaron.
En 1995 regresé, pero estuve un año y me volví, en esa ida mandé a traer a mi hermano; él migró en 1997 con otros que también se estaban yendo, siempre estuve en comunicación con la familia para saber si todo estaba bien. Yo estaba allá cuando lo de las torres gemelas […], estuvo feo, de ahí se puso difícil la cosa, era difícil encontrar trabajo. Yo estuve seis meses sin trabajo, pero ahí con los amigos, familiares se recomendaba uno, también nos íbamos de un condado a otro buscando trabajo, le daba uno vuelta a todos los condados” (Pepe, migrante retornado; con residencia en Socoltenango, octubre de 2021).
De acuerdo con Faist (1997), el nivel de análisis de redes sociales posibilita la vinculación entre las determinantes macrosociales que generan movilidades laborales, sociales, políticas, religiosas, en general las determinantes estructurales de la migración, con el nivel micro -de las decisiones individuales- que conducen y alientan tales desplazamientos. La formación de pequeños grupos de migrantes, compatriotas o no, es una de las estrategias de socialización que los inmigrantes recientes siguen en el país de destino. “Allá en los Estados nos reuníamos con otros, no sólo con la gente del pueblo, había varios de Oaxaca, de Honduras, El Salvador, de dondequiera, hacíamos fiestas, platicábamos de cómo nos iba, cuando uno está lejos de su pueblo no queda más que buscar a la gente del pueblo que está también como nosotros allá” (José, migrante retornado; con residencia en Socoltenango, octubre de 2022).
Así, las redes sociales migratorias en su mayoría se originaron en regiones o estados mexicanos con una mayor tradición migratoria y con sus pares en los lugares de destino. En México las entidades con mayor tradición migratoria son Michoacán, Jalisco y Zacatecas. Las redes, en estos lugares, poseen estructuras que van de densas a fuertes. En Chiapas, por su inserción tardía al fenómeno migratorio, la cual data de 1990, se considera que las redes aún son incipientes, con estructuras que van de débiles a fuertes.
Al mismo tiempo, en el interior de este corredor migratorio se construyen mecanismos de apoyo grupal entre chiapanecos y centroamericanos que se traducen en opciones de empleo, y el trazo de rutas migratorias y de movilidad laboral tanto en México como en Estados Unidos.
A continuación se ilustra un caso significativo: Mario es originario de Socoltenango, se reconoce como pionero en la migración de socoltecos a Estados Unidos, migró en 1990, se unió con unos de los primeros centroamericanos que llegaban al pueblo. Junto con ellos migró por la ruta Arriaga-Altar Sonora, enfrentó los peligros del desierto y los riesgos de cruce. Se dirigieron a Arizona. El paso de Mario por Phoenix, Arizona fue corto, pues ahí conoció a otros mexicanos que lo orientaron para trasladarse a los campos agrícolas de California. “Yo migré como en 1990, me fui con unos amigos que eran de Honduras y otro de El Salvador. Yo me dije: me voy a probar suerte pa’ los Estados, me voy a conocer ese mundo, a ganar dólares. La caña ya no da aquí, me dije en ese entonces, ¿de qué vamos a trabajar?, no hay trabajo, luego somos campesinos, me voy pa’ los Estados, me dije […]” (Mario, migrante retornado, Socoltenango, 2019).
La convivencia y la comunicación entre migrantes centroamericanos y locales produce de manera indirecta pero efectiva “grupos de migrantes”, es decir, agregados de personas que en ocasiones tienen poco tiempo de conocerse -pero con un objetivo común-, los cuales pueden ser a la vez homogéneos o heterogéneos según su nacionalidad o género.
“Como en 1998 se llegaron a reunir varios grupos de migrantes, era gente de esta región y gente de Centroamérica, se hacían grupos entre unos veinte o treinta. En un principio sólo llevaba hombres, una que otra mujer de Honduras; al ver que iban mujeres, los hombres mandaron luego a traer a sus mujeres con sus hijos, mientras la gente iba de allá para acá” (Anónimo, migrante retornado y guía de migrantes, Pujíltic, febrero de 2022).
De esa manera las redes se tejieron en temporalidades largas, se extendieron por diversos espacios e interceptaron también diferentes trayectorias espaciales de migrantes. La solidaridad fue uno de los elementos centrales que posibilitó la densidad de las redes y su fortaleza, un mecanismo eficiente que logró multiplicar en un periodo corto a los transeúntes por este circuito migratorio.
Las relaciones sociales entre centroamericanos y personas originarias de los municipios señalados siguen patrones de conducta de movilidad espacial que tienen consistencia, secuencialidad y complementariedad. La persona transmigrante no transita por la región como un ser aislado, se establece temporalmente y luego continúa su viaje o decide asentarse definitivamente.
Cada momento de su historia migratoria es guiado por las posibilidades materiales de continuar su ruta o aprovechar las opciones que el medio económico y social le ofrece. Finalmente, la conducta y aspiraciones de los migrantes transitorios afectan las decisiones de los residentes locales al emular el comportamiento migratorio de los primeros. La relación social es bidireccional.
En este sentido, estos municipios constituyen un lugar de paso para la población migrante procedente de Centroamérica, aunque se tienen evidencias de que un cierto grupo de familias de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños que llegaron entre 1980 y 1990 lograron establecerse en el lugar y naturalizarse. Actualmente, por las políticas migratorias aunadas a las condiciones sociales de violencia, otros no consiguen establecerse, algunas personas son captadas y deportadas por las autoridades migratorias; o son víctimas de la violencia del crimen organizado que controla parte de los territorios regionales en la frontera sur. Lo que aquí se rescata es que de alguna manera los centroamericanos trajeron a los pueblos fronterizos el “sueño americano”. Así, la precariedad económica y de desarrollo de estos municipios, como lugar de tránsito de miles de transmigrantes centroamericanos que se dirigían a Estados Unidos, generaron un ambiente social propicio para la migración de muchos chiapanecos hacia el norte.
Pero ¿de qué manera este entramado de relaciones sociales está asociado al fenómeno de migración no documentada de centroamericanos que residen temporalmente en Chiapas y cuya intención es emigrar hacia Estados Unidos? El trabajador agrícola migrante estacional va acumulando conocimiento tácito acerca de las oportunidades de empleo, sobre el entorno geográfico y social. Observa cuáles son los periodos de mayor demanda de trabajo asalariado, cuáles son los medios de comunicación locales, y forma una red limitada, pero básica, de amistades locales que le sirve de apoyo para su supervivencia. Toda esta información es transmitida, de manera consciente o no, a amigos o conocidos residentes en su país de origen. Existe un segundo efecto de la presencia temporal de migrantes en el corredor migratorio: despierta expectativas para viajar hacia Estados Unidos con el propósito de trabajar en ese país y se materializa la relación entre migrantes centroamericanos y potenciales migrantes chiapanecos residentes en el corredor. Hipotéticamente, esta relación se concretiza al formular estrategias migratorias de manera conjunta.
Conclusión
A manera de conclusión de este trabajo se argumenta, en primer lugar, que el estudio permitió identificar en Chiapas territorios delimitados en los que por las interacciones sociales entre migrantes centroamericanos y pobladores locales se configura una dinámica regional que da lugar a la construcción de los corredores migratorios; permeada por las relaciones sociales, está la capacidad de adaptación al medio social del migrante, expresada en un proceso acelerado de socialización.
Se identificó un territorio denominado “corredor migratorio” en el que el “sueño americano” se entretejió a partir de las redes migratorias que se han venido conformando desde las décadas de 1980 y 1990, y se extendieron por diversos espacios del territorio a la par de que se interceptaron también diferentes trayectorias migrantes. La solidaridad entre los migrantes y la población local fue uno de los elementos centrales que posibilitaron el aumento y la densidad de las redes migratorias que definieron la movilidad de la población desde el interior del corredor migratorio.
Además, al observar y analizar las redes sociales que aglutinan a los migrantes centroamericanos y del lugar, se observó que son base de la circularidad del movimiento migratorio regional e internacional estudiado. Las redes constituyen un recurso social en los procesos de migración en el interior de este corredor migratorio. Son estructuradas y formadas a partir de las relaciones e interacciones que los migrantes centroamericanos establecen con la población local y con los migrantes potenciales locales, se extienden desde un espacio local hasta un ámbito internacional.
Por último, se resalta que la presente es una investigación enfocada en el tema de la migración internacional de dos regiones “no visibilizadas” de Chiapas y en las que las historias individuales y familiares de los migrantes han permitido profundizar en el conocimiento de las fases de un proceso migratorio que se viene desarrollando a lo largo del tiempo en el marco de los efectos de una globalización que genera cambios en las estructuras sociales y en los territorios.










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