La memoria es un universo de encuentros que permite replantear diferentes nociones del espacio, tiempo y sitio. A través de ella, se conservan experiencias y momentos significativos que, al paso de los años, se transforman en recuerdos. En un contexto de ciudad, la memoria se puede observar en los tejidos de calles, colonias, barrios y en otros lugares más que resguardan relatos, emociones y fragmentos de vidas que, al entrelazarse, pueden construir una identidad compartida.
En la actualidad, el mundo experimenta momentos críticos y de profunda trascendencia histórica. Hemos enfrentado una pandemia y presenciado cómo diversas naciones participan en conflictos bélicos. Si enfocamos la mirada en los procesos nacionales, las democracias han sido cuestionadas y las dinámicas electorales transcurren entre derechas y progresistas. Son etapas que requieren de un análisis desde las ciencias sociales, pero también son momentos que marcan la vida de muchas personas y ahí es donde entra en juego el papel de la memoria. ¿Qué vamos a recordar de esos eventos?, ¿qué es lo que queremos olvidar? Conocer nuestro pasado y al mismo tiempo rememorarlo nos permite cuestionar y afianzar nuestras identidades y conexiones socioterritoriales.
Pensar la memoria desde la etnografía: aproximaciones metodológicas (2023) es una obra coordinada por las antropólogas Adriana Aguayo Ayala y María Ana Portal Ariosa, de la Universidad Autónoma Metropolitana. Este es un libro que temáticamente se circunscribe a los procesos para estudiar la memoria desde una metodología social como la etnografía. La propuesta para estudiar la memoria se ubica en torno a una antropología urbana con interés en los procesos que acontecen en una megalópolis como la Ciudad de México y su zona metropolitana. En este contexto, el libro consigue abonar a la discusión sobre las formas en que la memoria individual y la colectiva permiten anclar las identidades a un lugar mediante recuerdos y narraciones dentro de los procesos de urbanización.
Esta propuesta surge del proyecto antecedente “Las memorias de lo urbano: territorio, identidades y sentido de pertenencia ante la urbanización”, financiado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, y que abre la discusión sobre cómo la memoria (entendida tanto en su dimensión individual como colectiva) intenta actuar como eje para comprender la transformación del espacio urbano.
Este trabajo colectivo se compone por ocho capítulos que invitan al lector a cuestionar y reconstruir el sentido de pertenencia mediante la experiencia del investigador en campo y los recuerdos de los interlocutores, lo que evidencia la importancia de la reflexividad metodológica en entornos marcados por la urbanización neoliberal en constante movimiento.
De manera introductoria, la memoria se plantea como un proceso dinámico y multifacético, en el que la intersección entre la experiencia de cada autor y los relatos de los interlocutores logran capturar la reconstrucción y la resignificación del pasado para alcanzar una compresión crítica, en contextos urbanos, de las reconfiguraciones de las identidades y las relaciones sociales que propician las renegociaciones en los procesos socioculturales.
En el primer capítulo del libro, “Trabajo de campo etnográfico post 2020. Una cuestión de tiempo y lugar”, la antropóloga Rosana Guber explora su experiencia de trabajar y repensar el trabajo de campo etnográfico con las particularidades de usar nuevas tecnologías y metodologías híbridas para acercar al investigador y al interlocutor, a pesar de la incertidumbre y las restricciones generadas por la pandemia de COVID-19. En este marco, Guber se cuestiona la utilidad y el rol de la antropología en la era contemporánea, exponiendo que la transformación de las condiciones de tiempo y lugar exige una actualización en la forma de dialogar entre la teoría y la experiencia de campo, para poder capturar nuevos relatos y datos que quedan relegados entre espacios efímeros y en constante transformación.
En el segundo capítulo, “El trabajo etnográfico: distancia, encuentro de memorias y de miradas”, la antropóloga María Ana Portal Ariosa presenta una mirada renovada sobre la construcción del “punto de vista” en la investigación etnográfica, y evidencia que éste es producto de las experiencias pasadas del investigador y de los relatos de los sujetos estudiados. Para ello, presenta su propuesta en cuatro ejes fundamentales: a) la distancia, planteada como una vía estratégica en dimensiones temporales, conceptuales y emocionales, mediante una necesaria separación entre el objeto de estudio y el sujeto de estudio; b) el contexto, como un reconocimiento de la importancia del marco sociohistórico y espacial que enmarca la investigación, debido a que cada realidad se construye a partir de un lugar y tiempo determinados; c) la interpretación, dimensión fundamentada con ideas de pensadores como Ricoeur y Monges, invita a descifrar las múltiples prácticas de métodos etnográficos que emergen de las experiencias cotidianas; y d) la memoria, vista como un proceso en constante movimiento y que, con la ayuda de herramientas como la entrevista, ayuda a dejar huellas discursivas y visuales que se reafirman al paso del tiempo.
Por otro lado, el capítulo tres, “Estar ¿ahí? Reflexiones sobre el trabajo de campo con habitantes indígenas de la ciudad”, de la antropóloga Adriana Aguayo Ayala, resalta cómo los pequeños momentos pueden vislumbrar un acercamiento a las experiencias más significativas en la construcción del conocimiento. Este texto explora la inserción entre la memoria y la identidad en un contexto urbano, particularmente en la Ciudad de México. Existe evidencia sobre la persistencia de las identidades y la posibilidad de reconstrucción a través de nuevas tecnologías. También, elementos como la música, la cohesión social y la adaptabilidad son manifestados como parte de la memoria colectiva. Se hace énfasis en el trabajo de campo como una recolección de momentos puntuales que otorgan identidad a cada pueblo y comunidad, para darles voz y desentrañar los complejos procesos de territorialización y construcción de identidades.
Mientras tanto, el capítulo cuatro, “Memoria y vida cotidiana. Mujeres protagonistas en la producción y defensa de su hábitat”, de la investigadora Ma. Cristina Sánchez -Mejorada Fernández, examina la influencia de los roles, procesos y significados que la memoria adquiere en la cotidianidad femenina, especialmente de las mujeres de la colonia popular Las Cruces, en la Ciudad de México, que es entendida como un territorio que se construye a partir de las experiencias compartidas. Desde su marco metodológico, Sánchez-Mejorada indaga la interrelación entre la subjetividad, la objetividad, la identidad y la realidad social, resaltando la importancia colectiva y la convergencia entre los espacios privados y públicos para la armonía en el territorio, donde recae hacia un componente afectivo y simbólico de la memoria, demostrando que se puede contribuir a la consolidación de identidades colectivas y a la reivindicación de derechos en el medio urbano.
El capítulo cinco, “Retorno al Cuadrante de la Soledad. Etnografía, memoria y olvido en un barrio bajo del Centro Histórico de la Ciudad de México”, del etnólogo Antonio Zirión Pérez, invita a reflexionar sobre la evolución del Barrio de la Soledad a lo largo de veinte años, dentro de un centro histórico en constante cambio. Basándose en una investigación previa, el autor comparte su experiencia y analiza los momentos clave que han marcado la transformación del barrio, poniendo a dialogar las dinámicas urbanas y la construcción de la memoria colectiva. En este camino, los relatos que surgen de la vida de sus habitantes quedan configurados en sus calles, en las problemáticas sociales y en los recuerdos que dan paso al tiempo, centrándose en la tensión entre la memoria y el olvido a través de las transformaciones urbanas y las dinámicas de marginalidad, que influyen en la reconstrucción del tejido social y la percepción del espacio.
En el capítulo seis, “Memoria en la lucha, lucha inscrita en la memoria. Historia colectiva y resistencias al urbanismo neoliberal en un pueblo del sur de la Ciudad de México”, la antropóloga Muna Makhlouf de la Garza muestra la íntima relación entre la memoria y la resistencia, utilizando como ejemplo el Movimiento Popular de Pueblos y Colonos del Sur de la Ciudad de México, conformado en gran parte por mujeres. Makhlouf analiza cómo la memoria articula históricamente los derechos de los habitantes, a pesar de los eventos traumáticos que han dejado huella en su vida cotidiana. De igual manera, los sentidos de lucha y resistencia de los interlocutores se van influenciando a través de la religiosidad y los simbolismos de la “memoria oficial”, elementos que configuran la trayectoria de poder, las relaciones y los conflictos que suceden en su propio espacio, resaltando la importancia de la memoria para la continuidad y la consolidación de los movimientos sociales.
Asimismo, a partir del capítulo siete, “Historial oral, memoria y comunidad: el análisis de la entrevista”, la socióloga Rocío Martínez Guzmán y el antropólogo Mario Camarena Ocampo indagan sobre el análisis de entrevistas y la forma en que los testimonios configuran la memoria colectiva, particularmente en contextos de movimientos populares liderados por mujeres, tal como el Movimiento Popular de Pueblos y Colonias del Sur. Los autores destacan el valor metodológico de la entrevista en la historia oral, no sólo por su capacidad de recopilación de datos, sino también por su potencial para articular experiencias individuales. Asimismo, proponen estrategias específicas en el diseño y desarrollo de entrevistas para facilitar que los testimonios estructuren y narren sus propias historias de vida, y simultáneamente funjan como un medio de interpretación de percepciones y sentidos que los actores sociales asignan a sus experiencias históricas. Esto es un proceso de construcción colectiva en donde la entrevista desempeña un rol fundamental para rescatar y analizar las voces de quienes han sido protagonistas de los movimientos sociales.
Por su parte, la antropóloga Claudia Álvarez Pérez nos sitúa al sur de la Ciudad de México, con el capítulo ocho “Memorias y narrativas en tierra firme… la creación del Estatuto de Gobierno de Totoltepec”. Este texto presenta de manera directa los distintos momentos del proceso de creación y redacción del Estatuto de la comunidad y los acuerdos alcanzados durante las mesas de trabajo, así como las tensiones surgidas en la comunidad de San Andrés Totoltepec (Tlalpan, Ciudad de México). La autora organiza su análisis en seis apartados que sintetizan los instantes clave de esta difusión: 1) Habitantes del pueblo. Aborda la diversidad de reconocimientos y percepciones que los propios habitantes tienen sobre su comunidad. 2) Territorio e historia. Mediante mapas y planos, reconstruye la dinámica propia del pueblo, evidenciando el choque de narrativas en la construcción y recuperación de su historia. 3) Patrimonio. Destaca cómo las narrativas se fortalecen a partir de los recuerdos cotidianos que conforman la identidad colectiva. 4) Asamblea y consejo de gobierno. Analiza el proceso de gobernanza y las nuevas reglas de organización implementadas en el pueblo. 5) Impartición de justicia. Recopila los lineamientos históricos de justicia heredados desde la época prehispánica y sujetos a transformaciones. 6) Disposiciones generales. Documenta la elaboración del Estatuto, documento claro y conciso que refleja la colaboración en su redacción. Álvarez reconoce que esta construcción constituye una reflexión profunda sobre la historia, la memoria y la narrativa del pueblo, que puede conducir al reconocimiento y a la reafirmación de las identidades indígenas en la ciudad, a pesar de las dificultades contemporáneas provocadas por la pandemia del COVID-19.
Para finalizar, la antropóloga Ana Rosas Mantecón ofrece un epílogo titulado “Colofón. La memoria como recurso etnográfico”, con el que cierra la obra mediante la recopilación de los aportes teóricos y metodológicos que ahí se presentaron. Reflexiona sobre las nuevas interrogantes de la memoria como recurso metodológico y las implicaciones que pueden surgir de los recuerdos y las resignificaciones dentro de las experiencias de campo.
En conclusión, Pensar la memoria desde la etnografía: aproximaciones metodológicas es una obra esencial para estudiantes, académicos, profesionales y público en general que estén interesados en el estudio de la memoria, la identidad y las metodologías complementarias del ámbito urbano. El libro destaca la relevancia de repensar las prácticas etnográficas tradicionales y de incorporar nuevas estrategias reflexivas que respondan a las complejidades del mundo contemporáneo. Todos los autores/as cuentan con reconocida experiencia en el campo de la etnografía general y, por lo tanto, el libro promueve una línea de investigación innovadora, crítica y metodológicamente bien cubierta.










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