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Estudios demográficos y urbanos

versión On-line ISSN 2448-6515versión impresa ISSN 0186-7210

Estud. demogr. urbanos vol.40  Ciudad de México  2025  Epub 12-Feb-2026

https://doi.org/10.24201/edu.v40.e2258 

Artículos

De la vivienda al hogar. Arreglos residenciales de la población migrante de Paraguay y Venezuela en el Gran Buenos Aires

From housing to household. Residential arrangements of migrant population from Paraguay and Venezuela in Greater Buenos Aires

1Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas / Universidad Nacional de Tres de Febrero. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. g.mera@conicet.gov.ar, mmarcos@conicet.gov.ar.


Resumen

En el marco de la pregunta por la relación entre migración, vivienda y estrategias para habitar los entornos urbanos, el artículo analiza los arreglos residenciales que despliegan los migrantes de Paraguay y Venezuela en su asentamiento territorial. Se toma como caso el Gran Buenos Aires, principal sistema de vivienda de Argentina, y se plantea un abordaje metodológico cuantitativo basado en microdatos censales. Los resultados evidencian que, mientras un colectivo histórico como el paraguayo despliega arreglos de convivencia muy similares a los de los nativos, con un importante componente familiar e intergeneracional, los arreglos venezolanos revelan mayor diversidad y están marcados por su carácter reciente y por estrategias de instalación urbana más heterogéneas. Ambos grupos muestran una alta propensión a la autonomía residencial, pero en el caso paraguayo en gran medida es un logro progresivo en el tiempo, mientras que los venezolanos la alcanzan de forma más rápida y diversificada. En las etapas iniciales del asentamiento se observan mayores similitudes entre los dos colectivos, que dan cuenta de dinámicas propias de los recién llegados a un entorno urbano como el GBA, pero también diferencias que reflejan perfiles y trayectorias migratorias específicas.

Palabras clave: arreglos residenciales; migración; vivienda; tipo de hogar; Buenos Aires

Abstract

To contribute to the academic discourse on the interplay between migration, housing and urban inhabiting strategies, this article analyzes the residential arrangements adopted by migrants from Paraguay and Venezuela in their settlement processes. The study focuses on the Greater Buenos Aires area, Argentina’s main housing system, using a quantitative methodological approach based on census microdata. The findings reveal that while a long- established group like the Paraguayan population adopt residential patterns very similar to those of natives-with a strong family and intergenerational component-Venezuelan arrangements display greater diversity, shaped by their recent arrival and more heterogeneous urban settlement strategies. Both groups show a high propensity for residential autonomy; however, for Paraguayans it is largely a gradual achievement over time, while Venezuelans tend to reach it more rapidly and through more varied pathways. In the initial stages of settlement, similarities between the two groups emerge, reflecting dynamics common to newcomers in an urban setting like Greater Buenos Aires, important differences persist, revealing specific migratory profiles and trajectories.

Keywords: residential arrangements; migration; housing; household type; Buenos Aires

Introducción

El problema de la vivienda tiene múltiples aristas. La vivienda no es sólo una infraestructura física, sino que está atravesada por complejos procesos sociales. Por un lado, a su valor de uso (en tanto bien que satisface necesidades sociales) se agrega su valor de cambio y su inserción en un proceso de producción, circulación y consumo de carácter mercantil, cuyo acceso está mediado por las leyes del mercado y la lógica de valorización del capital (Topalov, 1979). Por otro lado, a su singularidad (en tanto vivienda-recinto de alojamiento) se agrega su localización relativa y su inserción en una configuración socioespacial urbana (Yujnovsky, 1984), que la coloca en íntima relación con el proceso de urbanización y como condición de acceso a la ciudad. Finalmente, a su materialidad (en tanto vivienda-infraestructura) se agregan sus aspectos sociales y simbólicos, su relación con la estructura social, su papel en la reproducción social y su rol como uno de los componentes fundamentales del bienestar.

La cuestión de la vivienda -con todos estos elementos que configuran su acceso, uso y disfrute- adquiere nuevas aristas cuando remite a subpoblaciones específicas como los migrantes internacionales. El asentamiento residencial de los grupos migratorios es un proceso complejo en el que convergen las características de los actores, las desigualdades del proceso migratorio y las condiciones que impone la sociedad de recepción, donde la lógica mercantil de acceso al suelo tiende a establecer horizontes de difícil alcance para numerosos migrantes insertos en empleos inestables o precarios, que acceden a formas restringidas de ciudadanía y son objeto de racismo, discriminación y xenofobia. Como consecuencia de ello, numerosos trabajos han constatado que los migrantes tienden a residir en áreas relegadas, empobrecidas, informales y/o tugurizadas (Colectivo IOÉ, 2005; Contreras Gatica, Ala-Louko y Labbé, 2015; López-Morales, Flores y Orozco, 2018), a recurrir al alquiler y subalquiler de habitaciones en situaciones de sobreocupación (Leal y Alguacil, 2012; Módenes et al., 2013; Orozco-Martínez et al., 2023), a padecer con especial crudeza el déficit habitacional urbano (Marcos y Mera, 2018; Mera, 2020) y a participar en procesos de producción social del hábitat para garantizar el derecho a la vivienda en condiciones urbanas excluyentes (Baeza, 2015; Magliano y Perissinotti, 2020; Matossian, 2010; Vaccotti, 2017).

Un componente ineludible de la relación entre migración y vivienda se relaciona con el hogar, es decir, con la pregunta por los arreglos de corresidencia de los migrantes y la conformación de unidades domésticas con estructuras particulares en el marco de sus procesos de inserción habitacional. Sobre esta cuestión existe una prolífica producción académica en España (Bayona, 2007, 2008; Bueno y Valk, 2016; Domingo et al., 2002; Domingo y Bayona, 2010; Domingo y Parnau, 2006; Leal y Alguacil, 2012), el norte de Europa (De Valk et al., 2004; Zorlu y Mulder, 2011) y Estados Unidos (Blank, 1998; Blank y Torrecilha, 1998; Burr y Mutchler, 1993; Chavez, 1990; Glick et al., 1997; Tienda, 1980; Van Hook y Glick, 2007); estos últimos en particular están muy orientados a explicar la prevalencia de los arreglos residenciales extensos entre los migrantes desde un contrapunto entre costumbres culturales asociadas al origen, condicionamientos socioeconómicos y cambios relacionados a los eventos del curso de vida. En el caso argentino hay numerosos estudios sobre la relación entre migración y familia -como reconfiguraciones familiares a raíz de los movimientos migratorios, cambios en los roles de género, conformación de familias trasnacionales, etc. (Cassanello, 2009; Sassone et al., 2014; Soto et al., 2012, entre otros)-, pero los trabajos sobre la estructura de los hogares de los migrantes desde perspectivas sociodemográficas tienen muy escaso desarrollo.

En el marco de esta área de vacancia, el presente artículo se propone como objetivo realizar una exploración comparativa de los arreglos residenciales que despliegan las poblaciones migrantes en sus procesos de asentamiento en el Gran Buenos Aires (GBA). Para ello se toman dos colectivos distintivos en términos sociodemográficos: los nacidos en Paraguay, que constituyen el principal grupo migratorio del país, de carácter histórico y alta renovación, con el perfil más clásico de la migración laboral regional de nivel socioeconómico bajo; y los provenientes de Venezuela, un flujo reciente que experimentó un crecimiento inusitado en la última década, integrado en su mayoría por población de clase media con estudios superiores.

La pregunta por los arreglos residenciales de estas poblaciones se aborda desde tres aristas. Por un lado, se estudia la composición por tipo de los hogares que integran estos grupos, indagando en los diferenciales existentes en términos de intensidad y de calendario. Por otro lado, se analiza la composición de los hogares que conforman en relación con algunas variables sociodemográficas básicas, como edad, sexo y relación de parentesco / situación conyugal. Y, finalmente, se indaga en la posición que ocupan los migrantes en el entramado de las relaciones de parentesco del hogar. Dado que la inserción urbana de los migrantes -y los arreglos residenciales que despliegan en ese marco- es un proceso dinámico muy afectado por el tiempo de llegada, al estudiar a ambos colectivos se distingue a quienes son migrantes antiguos (aquellos que hace cinco años residían en el país) de quienes arribaron dentro de ese lapso.

Vivienda, hogar y arreglos de residencia migrantes: algunas claves conceptuales

El hogar y la vivienda, como señala Kemeny (1992), no son entidades independientes -el primero en tanto ente social, y la segunda como ente físico-espacial-, sino que constituyen un hecho socioespacial integrado que se condensa justamente en el fenómeno residencial, en el hecho social de residir. Las necesidades, intereses y expectativas habitacionales de los hogares, su capacidad para movilizar recursos y los condicionamientos estructurales que los atraviesan configuran un escenario en el que se despliegan estrategias residenciales concretas (Bonvalet y Dureau, 2000). Este concepto de estrategia, por un lado, pone el acento en la capacidad de agencia de los actores, en sus acciones y decisiones; y, por otro lado, supone una perspectiva temporal larga, que ubica estas decisiones dentro de una trayectoria migratoria, residencial y familiar (Bonvalet y Gotman, 1993).

En el marco de las estrategias residenciales -que abarcan un amplio abanico de decisiones referidas al acceso y uso de la vivienda, sus características, dimensiones, modo de ocupación y localización-, como sostiene García-García (2019), un aspecto fundamental se vincula con los arreglos residenciales, es decir, cómo se organizan las personas para vivir, con quiénes van a compartir la vivienda y conformar un hogar. La estructura y composición de las unidades domésticas es entendida así como expresión de una red de relaciones y decisiones, “como el reflejo de prácticas de convivencia e independencia en tensión, que constituyen el sistema de bienestar de lo más próximo y cercano, sea familiar o no” (García-García, 2019, p. 124).

En el caso de las poblaciones migrantes, los arreglos residenciales adquieren especificidades como resultado del entramado de factores que atraviesan sus proyectos migratorios y su asentamiento urbano. Estos desplazamientos suelen acarrear reconfiguraciones familiares, pues los migrantes no siempre se trasladan con todo su grupo familiar, por lo que es probable que desarrollen relaciones de corresidencia más variadas que los nativos (Glick, Bean y Van Hook, 1997). Las trayectorias suelen involucrar arreglos temporales, formación de nuevas familias, conformación de familias transnacionales, procesos de reagrupación familiar, etc., que se reflejan en las estructuras de los hogares. Asimismo, los arreglos residenciales con frecuencia manifiestan el rol de las redes sociales en los procesos de adaptación -y de parentescos latentes que muchas veces se activan en la conformación de dichas redes (Domingo, Brancós y Bayona, 2002)- que pueden proveer de alojamiento a los recién llegados mediante estrategias de allegamiento u otro tipo de arreglos no familiares (Palloni et al., 2001; Tienda, 1980).

Como señala Chavez (1990), los migrantes crean capas de recursos y estrategias basados en el individuo, la familia y la red de parientes, paisanos, amigos y vecinos. Pero también los arreglos residenciales responden a motivos económicos y, a través de ciertas formas de convivencia, buscan reducir los costos de la migración y del establecimiento de un hogar propio dentro de la lógica de una economía de escala, en especial en contextos socioeconómicos adversos (Bueno y Valk, 2016). Estos factores abarcan sólo parte de la multidimensionalidad que caracteriza este fenómeno, atravesado por el curso de vida (Blank y Torrecilha, 1998) y las desigualdades derivadas del propio proceso migratorio (Van Hook y Glick, 2007), además de cuestiones culturales y costumbres en torno a la familia y la convivencia (Giuliano, 2007).

Como resultado, la literatura ha destacado que los migrantes tienden a desplegar formas de convivencia heterogéneas que se manifiestan en tipos de hogares distintivos -como una mayor conformación de hogares complejos, con o sin relaciones de parentesco y/o arreglos residenciales no conyugales-, en especial en las primeras etapas del proceso migratorio (Bayona, 2007, 2008; Domingo y Bayona, 2010). Tratándose de un fenómeno dinámico, en cuya evolución influyen tanto avatares biográficos y familiares como las condiciones del contexto social, los tipos de hogar que conforman los colectivos dan cuenta “no sólo de las estrategias migratorias, sino también de los accidentes puntuales que dichas corrientes experimentan, lo cual nos ayuda a interpretar los procesos de asentamiento de la población inmigrada” (Domingo y Bayona, 2010, p. 734).

A su vez, como sucede con todos los fenómenos sociodemográficos, los arreglos residenciales están condicionados por el tiempo vital. Más allá de la capacidad de agencia, hay un sistema de expectativas y posibilidades vinculado con la edad -que varía con el tiempo y los contextos geográficos y culturales, afectando de forma diferenciada a las cohortes (Elder, Johnson y Crosnoe, 2003)- que deja huellas en la composición de los hogares y sus características. No se trata de personas que pasan por etapas consecutivas de un (único) ciclo de vida familiar, sino más bien, como sostiene el enfoque del curso de vida, de trayectorias vitales heterogéneas que se despliegan a lo largo de la biografía individual, en las que suceden transiciones o cambios de estado (Elder, 2001). En el caso de las poblaciones migrantes, la pregunta por el calendario de sus arreglos residenciales permite “poner de manifiesto la distancia que media entre una estructura que refleja casi exclusivamente el ciclo de vida y una estructura afectada por el proceso migratorio” (Bayona, 2007, p. 18), y por particularidades socioeconómicas y culturales de los grupos.

Finalmente, las características sociodemográficas de la población que conforma cada tipo de hogar y la posición relativa de los migrantes en el entramado de relaciones de parentesco revelan especificidades de las estructuras de corresidencia que quedarían ocultas en un análisis circunscrito al nivel del hogar. La literatura internacional destaca que estas características son muy dispares entre la población nativa y la extranjera, aunque la morfología del hogar sea similar (Domingo y Bayona, 2010; Domingo y Parnau, 2006), dando indicios sobre factores como los roles de género, las diferencias en el calendario emancipatorio y reproductivo -mediados, por supuesto, por los proyectos migratorios-, las estrategias de resolución de cuidados en distintas etapas del curso de vida, la posición ocupada dentro de las redes y cadenas migratorias, entre otros elementos que confluyen en las decisiones residenciales y determinan sus dinámicas de convivencia.

Estas tres aristas de los arreglos residenciales migrantes -los tipos de hogar que conforman los colectivos y sus especificidades en términos de calendario y su composición interna- adquieren innegable relevancia en la comprensión de los procesos migratorios y las estrategias de asentamiento residencial de los diferentes grupos. Pero no debe perderse de vista que analizar la estructura de los hogares, como señalan Domingo y Bayona (2010, p. 734), “nos brinda una imagen estática de lo que, por definición, es móvil”; es decir, muestra un corte transversal de lo que es un proceso dinámico y cambiante, el cual está muy afectado por la antigüedad del proyecto migratorio y el tiempo transcurrido en el destino. Diversos estudios identifican, incluso, distintas etapas en las trayectorias residenciales migrantes, que van desde los primeros momentos donde priman arreglos residenciales provisionales -la corresidencia con familiares o conocidos, dependiendo de las redes de apoyo, el alquiler de habitaciones, la residencia en el mismo lugar de trabajo-, pasando por etapas de transición, hasta el logro de cierta estabilidad residencial (Labrador y Merino, 2002; Colectivo IOÉ, 2005; Zhong y Beltrán Antolín, 2020). Si bien este proceso dista de ser lineal, la antigüedad de la llegada constituye un factor indiscutible a considerar en el análisis de cualquier dimensión del asentamiento residencial.

Migrantes de Paraguay y Venezuela en el GBA: características e inserción residencial

El GBA ha sido receptor histórico de flujos migratorios internacionales, primero ligado a la migración europea de fin del siglo XIX y comienzos del XX, para pasar, desde la segunda mitad del siglo XX, al paulatino predominio de la migración regional, constituyéndose en centro de atracción del subsistema migratorio del Cono Sur (Balan, 1992). En los albores del siglo XXI, la migración de Paraguay y, en segundo lugar, la de Bolivia, se consolidan como los colectivos mayoritarios, con el (posterior) incremento de la migración del Perú, que para el año 2010 pasó a ocupar el tercer lugar. Sin embargo, la última década ha sido testigo del crecimiento exponencial de un flujo novedoso: la migración venezolana, que en el último relevamiento censal de 2022 se posicionó como el tercer colectivo migratorio a nivel nacional.

La migración de Paraguay es un flujo económico-laboral histórico en Argentina. A lo largo del siglo XX pasó de ser una corriente fronteriza de tipo rural-rural vinculada con la demanda agrícola estacional en el norte del país, a ser un patrón predominantemente urbano, permanente y muy concentrado en el GBA (De Marco y Sassone, 1983). Su incorporación al mercado de trabajo urbano se produjo de manera segmentada y precarizada, donde la construcción entre los varones y el servicio doméstico entre las mujeres se consolidaron como los nichos laborales por excelencia (Bruno, 2008). Y, en términos simbólicos, constituye un colectivo que históricamente ha tendido a ocupar posiciones degradadas en los imaginarios locales, sufriendo procesos de estigmatización y siendo con frecuencia construidos como alteridades indeseadas en el país (Halpern, 2012).

Por su parte, la migración venezolana -el flujo intrarregional más masivo y vertiginoso de la historia reciente de América Latina- puede considerarse como una “migración en contexto de crisis”, con rasgos específicos vinculados a la compleja problemática multidimensional que le dio origen, así como a su masividad y vulnerabilidad (Martin et al., 2013). Es un flujo que combina a migrantes y refugiados, y que ha pasado de estar caracterizado en sus primeras olas por una alta selectividad -concentrando a población de alto nivel educativo y cierto capital económico y social-, a una mayor heterogeneidad y precariedad en las etapas más recientes (Gandini et al., 2020). El arribo masivo de esta población en la región devino en un desafío para las políticas migratorias y la capacidad adaptativa de los marcos jurídicos nacionales. La respuesta de los Estados ha sido diversa, desde la implementación de medidas ad hoc como permisos especiales, hasta el amparo bajo marcos de protección internacional a partir de una definición ampliada de refugio, pero la masividad de esta migración en un periodo tan breve ha generado profundos desafíos para su integración, en particular en países sin experiencia inmigratoria, como Paraguay, Bolivia, Uruguay y Perú (Gandini et al., 2020).

En el caso argentino, la presencia de este colectivo se vincula con el arribo de la tercera y la cuarta oleada migratoria, iniciadas en 2013 y 2016, e integradas en su mayor parte por población de clase media (Koechlin et al., 2018). Las condiciones de Argentina como país receptor posibilitaron su rápida inserción y regularización, primero bajo el marco garantista que establece la Ley de Migraciones 25.871, y luego -tras el giro restrictivo que se materializó en el Decreto núm. 70 de 2017- gracias a disposiciones administrativas específicas favorables al flujo venezolano. Pero éstas constituyeron medidas selectivas que favorecieron a determinados perfiles de mayor capital educativo y profesional, y que no se tradujeron en una integración plena (Linares, 2021). Además, las dificultades para convalidar títulos y reconvertir trayectorias laborales derivó en una inserción laboral en sectores informales o precarizados vinculados al trabajo en plataformas, servicios y actividades de reparto (Pedone y Mallimaci, 2019).

El censo de 2022 contabilizó 376 321 paraguayos y 123 795 venezolanos que residían en el GBA (Cuadro 1). El carácter histórico del primer colectivo se manifiesta claramente en cifras: el 95.5% puede clasificarse como “antiguo”, de acuerdo con la pregunta censal que indaga sobre su lugar de residencia hace cinco años; a diferencia de los venezolanos, con casi el 70% de sus efectivos arribados durante el lustro previo al relevamiento censal. Pero también la condición de “antiguo” es muy distinta en cada caso: mientras el año mediano de llegada de los paraguayos antiguos es 2002, entre los venezolanos antiguos es apenas 2016, es decir, hace menos de diez años. En este marco, la composición por edad de ambos grupos es muy distinta: frente a un colectivo muy concentrado en edades jóvenes (entre 20 y 39 años) como el de los venezolanos, el colectivo paraguayo es mucho más heterogéneo, con importante presencia relativa de población joven, adulta e incluso adulta mayor. En ambos casos se trata de conjuntos feminizados, pero la feminización es más marcada en el caso paraguayo, un rasgo histórico de esta población, que se ha intensificado en las últimas décadas. Y finalmente, el nivel educativo de ambos colectivos evidencia el contraste entre un flujo de perfil económico-laboral de nivel socioeconómico bajo como el paraguayo, con más del 50% de población con primaria completa / secundaria incompleta, y una migración de clase media como la venezolana, con un alto porcentaje de población (alrededor del 60%) que ha completado la secundaria o comenzado estudios superiores, y casi un 20% que cuenta con título terciario o universitario.

Cuadro 1: Población en viviendas particulares por antigüedad, edad, sexo y nivel educativo,según país de nacimiento. GBA, 2022 

Indicador País de nacimiento / antigüedad*
Argentina Paraguay Venezuela
Total Antiguos Recientes Total Antiguos Recientes
Población total 12 737 344 376 321 95.9 4.1 123 795 31.6 68.4
Año mediano de llegada** - 2003 2002 2018 2017 2016 2018
Edad
0-19 años 29.6 7.5 6.4 24.7 16.1 11.7 16.8
20-39 años 29.3 39.7 39.4 50.9 57.6 64.0 55.6
40-59 años 24.2 32.8 33.6 16.0 19.9 19.5 20.3
60 años y más 17.0 20.0 20.6 8.3 6.5 4.9 7.3
Porcentaje de mujeres 52.0 57.7 57.9 53.9 52.7 50.1 53.8
Nivel educativo***
Hasta primaria inc. 21.9 13.9 13.9 12.3 1.9 1.4 2.1
Primaria comp. / secundaria inc. 46.0 52.5 52.8 46.3 20.9 17.6 22.4
Secundaria comp. / superior inc. 22.0 29.4 29.2 36.9 58.5 60.1 57.7
Terciaria comp. 5.7 2.5 2.5 2.1 10.6 11.0 10.5
Universitaria comp. 4.3 1.6 1.6 2.5 8.1 9.9 7.3

* Antiguos: llegados hace más de 5 años; recientes: llegados en los últimos 5 años. Excluye a quienes hace 5 años aún no habían nacido.

** “Refiere al año en que llegó a la Argentina para establecer residencia definitiva. En caso de que hubiese más de un ingreso, se refiere al último a partir del cual la persona nacida en otro país llegó para establecer residencia definitiva” (INDEC, s.f.). La variable suele tener problemas de calidad, por lo que se incluye el promedio a fines ilustrativos de la antigüedad diferencial de los flujos de paraguayos y vene-zolanos.

*** Población que no asiste, pero asistió a un establecimiento educativo.Fuente: Elaboración propia con base en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2022.

En términos residenciales, estos colectivos han desplegado pautas de asentamiento muy diferentes. La población paraguaya ha tendido a asentarse en áreas históricamente relegadas, en particular en zonas periféricas de nivel socioeconómico bajo del GBA, donde el suelo urbano es más accesible, y en entornos informales del corazón de la metrópoli, históricamente restrictivo en materia inmobiliaria (Mera, 2018, 2020). Por su parte, datos estadísticos recientes revelan que la población venezolana tiende a asentarse en áreas formales centrales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bien conectadas, próximas al centro administrativo y de negocios, y al eje norte de la ciudad, con la prevalencia del alquiler formal como modo predominante de acceso a la vivienda (INDEC, 2022). En estos procesos de inserción residencial, tanto paraguayos como venezolanos fueron conformando hogares, tomando decisiones y movilizando recursos para tejer arreglos de corresidencia cuyas características dan cuenta de criterios, valores, estructuras familiares, redes sociales, momentos vitales y modos de lidiar con las condiciones (y restricciones) que atraviesan los procesos migratorios.

Datos, indicadores y métodos

Para la resolución de los objetivos del trabajo se adoptó un abordaje metodológico cuantitativo sustentado en los microdatos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022, provistos por el instituto de estadística (INDEC, 2022). El caso de estudio es el Gran Buenos Aires, el principal sistema de vivienda de Argentina. Está conformado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), centro de la metrópoli y capital del país, y por 24 municipios circundantes conocidos como “Partidos del Gran Buenos Aires”.

Se realizó la aproximación a la condición migratoria de las personas a través del lugar de nacimiento de la población en viviendas particulares, distinguiendo a los nacidos en Paraguay y en Venezuela. A su vez, se clasificó a los migrantes en función de su antigüedad a partir de la pregunta censal que indaga el lugar de residencia cinco años antes del relevamiento y permite diferenciar a los migrantes recientes (quienes presumiblemente arribaron en los últimos cinco años, pues declaran que en ese momento vivían en otro país) de los antiguos (que ya residían en este país en esa fecha). Además, se incluyó a los nacidos en Argentina como contrapunto imprescindible para identificar las especificidades de los migrantes. Se trata siempre de datos obtenidos mediante relevamiento universal, que no involucraron procedimientos de muestreo.

Las unidades de análisis son en algunos casos las personas, y en otros los hogares que integran. La condición migratoria del hogar se determinó por la presencia de al menos una persona nacida en el país extranjero de interés. Los hogares de argentinos, en cambio, se definieron como aquellos en los que todos sus integrantes nacieron en Argentina.

El principal indicador de los arreglos residenciales es el tipo de hogar. Se tomó como base la tipología del instituto de estadística argentino (INDEC) y se distinguieron: 1) hogares unipersonales; 2) pareja sola; 3) pareja con hijos; 4) hogares monoparentales (madre / padre e hijo/s); 5) familias nucleares complejas (compuestas y extensas); y 6) hogares multipersonales sin núcleo (personas no emparentadas y parientes no nucleares).

La estrategia de análisis de los datos combinó distintos recursos metodológicos. La intensidad de los diferentes arreglos residenciales se estudió mediante distribuciones porcentuales. El calendario se introdujo a partir de la exploración de las frecuencias relativas por edad. Y para profundizar en la composición interna de los hogares en los que se insertan los migrantes y la posición que ocupan los migrantes en ellos, se recurrió, en primer lugar, a pirámides de la población en cada tipo de hogar, desagregadas en su interior según relaciones de parentesco; y, en segundo lugar, a distribuciones porcentuales de los migrantes por relación de parentesco según tipo de hogar.

Composición de los hogares migrantes por tipo

Numerosos estudios han constatado que la estructura de los hogares en América Latina es sumamente diversa, donde la tendencia a la nuclearización -que acompañó la progresiva urbanización, industrialización y modernización de las sociedades (Acosta, 2003)- coexiste con una importante presencia de arreglos familiares extendidos que involucran a otras personas (parientes o no) ajenas al núcleo familiar (Arriagada, 2004; García y Rojas, 2002). Ello se vincula con diversos factores -migraciones rural-urbanas, restricciones en el acceso a la vivienda, redes intra e intergeneracionales que se activan ante situaciones como la viudez o necesidades de apoyo doméstico, entre otras- en un contexto cultural de lazos familiares fuertes (García y Rojas, 2002). Y si bien predominan especialmente entre las clases menos favorecidas (Arriagada, 1997; CEPAL, 1993), no es un fenómeno exclusivo de los sectores populares, sino que persiste aun en los sectores más instruidos como estrategia de resolución de cuidados en el seno de la familia (Marcos, García y Módenes, 2022).

Si se observan los tipos de hogar que conforman los argentinos (Gráfica 1), se confirma este panorama general, destacándose la importancia de la familia nuclear de pareja con hijos como arreglo residencial hegemónico (40.8%), pero acompañada de un significativo número de hogares producto de acuerdos de convivencia complejos (21.7%), aun en un área urbana de la magnitud del GBA.

Fuente: Elaboración propia con base en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2022.

Gráfica 1: Población en viviendas particulares por tipo de hogar, según lugar de nacimiento y antigüedad. GBA, 2022  

En el caso de las poblaciones migrantes cabría esperar arreglos más diversos, como se ha observado en otros contextos (Bayona, 2007, 2008; Domingo y Bayona, 2010). Sin embargo, los datos obtenidos (Gráfica 1) muestran que los arreglos residenciales de los paraguayos son muy similares a los de los nativos, con predominancia de familias de parejas con hijos (41.7%) y, en segundo lugar, de arreglos complejos (22%). En cambio, los venezolanos manifiestan un comportamiento distintivo, con una gama de alternativas residenciales más diversa: más hogares de parejas solas, acuerdos complejos y de tipo no conyugal.

Los arreglos residenciales dependen del tiempo de residencia, ya que éste influye en las necesidades, los recursos y los proyectos de las personas, y se refleja en distintas formas de convivencia. Por eso, es importante analizar las especificidades de los grupos considerando este factor, y diferenciando entre migrantes recientes y antiguos. Como la categoría de “antiguo” abarca tiempos de residencia muy distintos en un colectivo histórico como el paraguayo y en un flujo reciente como el venezolano, resulta más pertinente centrarse en los paraguayos y venezolanos recientes y en los arreglos residenciales que adoptan en sus primeras etapas de inserción en la ciudad. Enfocándose entonces en los migrantes recientes, cabe destacar dos cuestiones. Por un lado, que las diferencias entre ambos grupos son menores, lo que refleja la influencia de las dinámicas propias de las primeras etapas de llegada documentadas en la literatura, y que derivan en arreglos de convivencia más heterogéneos. Pero, por otro lado, que ciertas diferencias aún persisten y, mientras los paraguayos se orientan más a tipos familiares tradicionales y complejos, los venezolanos encarnan hogares más diversos, que incluyen más parejas solas, acuerdos complejos y de tipo no conyugal. Ello se vincula con los perfiles específicos de ambas corrientes migratorias: en el caso paraguayo, ancladas en redes sociales y familiares históricas -que facilitan la cohabitación con parientes, que en muchos casos ya conformaron núcleo propio (Mera, ٢٠١٢)-; mientras que los venezolanos, al no contar con esas redes consolidadas, deben desplegar estrategias residenciales más diversas.

Calendarios de los arreglos residenciales

Ahora bien, los arreglos residenciales se encuentran, además, muy influidos por el momento vital que atraviesan las personas -y en el caso de las poblaciones migrantes, por cómo éste es afectado por el proceso migratorio-, lo que abre interrogantes respecto al calendario de los arreglos residenciales de ambos colectivos (Gráfica 2).

Fuente: Elaboración propia con base en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2022.

Gráfica 2: Población en viviendas particulares por edad y tipo de hogar, según lugar de nacimientoy antigüedad. GBA, 2022 

Comenzando por los nacidos en Argentina como población de referencia, vemos que los niños y adolescentes forman parte, fundamentalmente, de hogares donde conviven con una pareja y, en menor medida, de familias complejas o monoparentales. Entre los 20 y 30 años, cuando suele producirse la emancipación de la familia de origen, aparecen otros arreglos, como hogares no nucleares, parejas solas o unipersonales -a veces temporales, como antesala de nuevos hogares familiares con hijos, o bien, definitivos-. Entre la población adulta de 30 a 50 años vuelve a ser habitual formar parte de una pareja con hijos (ahora en carácter de padres). Luego cobran progresivo peso las parejas solas -que corresponde muchas veces con la etapa nido vacío-, los arreglos unipersonales y, en menor medida, los no nucleares.

En el caso de la población extranjera, en contextos como el de España se han encontrado menos parejas con hijos, un amplio peso de hogares sin núcleo -en especial en los jóvenes, coincidentes con las primeras etapas del proceso migratorio- y mayor representación de hogares complejos a todas las edades (Bayona, 2007; Domingo y Bayona, 2010).

En el caso de la población paraguaya en Argentina, los arreglos residenciales que despliegan en sus diversos momentos vitales se asemejan en buena medida a los de los argentinos. Pueden señalarse, sin embargo, más niños en hogares complejos, así como calendarios emancipatorios y/o de formación de pareja algo más precoces1 y resueltos con arreglos más diversos. Ello puede vincularse con la mayor autonomía residencial que acompaña a los proyectos migratorios, la cual impacta en el calendario de la emancipación y deriva en arreglos más heterogéneos. Por otro lado, hay un incremento progresivo de arreglos complejos a medida que se avanza en edad. Esto se manifiesta desde la adultez tardía -donde es menor el peso de parejas solas- y, en especial, en edades avanzadas, lo que abre interrogantes sobre las pautas de convivencia y las estrategias de cuidado intergeneracional en el seno de estos hogares; a diferencia de los argentinos, que preservan la independencia residencial aun en la vejez y la viudez, conformando hogares unipersonales.

El caso venezolano, por su parte, resulta mucho más contrastante. En la juventud (20 a 30 años) los arreglos son más heterogéneos, con un alto peso de parejas solas y hogares no conyugales, en detrimento de la familia tradicional de pareja con hijos que prevalece entre los nativos, aun en este tramo de edad. Como es de esperar en un flujo tan reciente, en las edades avanzadas no se produce la segunda moda de parejas solas que reflejaba la incidencia de los nidos vacíos entre los nativos (e incluso entre los paraguayos). En cambio, esas edades están signadas por las familias complejas y los hogares sin núcleo familiar.

Centrándose nuevamente en quienes llegaron a Argentina en los últimos cinco años, en el caso paraguayo encontramos exacerbados los dos grandes rasgos resaltados previamente: por un lado, calendarios emancipatorios y/o de formación de pareja aún más precoces y que involucran arreglos complejos; y, por otro lado, adultos mayores integrando en mucho mayor medida hogares familiares complejos, lo cual puede responder a dinámicas de convivencia y cuidados de carácter intergeneracional y/o dificultades de acceder a una vivienda independiente. Este último rasgo lo comparten también los venezolanos, pero acompañado en mayor medida por la inserción de los ancianos en hogares multipersonales no conyugales.

Composición interna de los distintos tipos de hogar

Ahora bien, los distintos tipos de hogar que conforman estas poblaciones son estructuras complejas y heterogéneas en su interior, cuyas especificidades dan cuenta de las características sociodemográficas de los colectivos, así como del rol que cumplen esos tipos de hogar en los diversos momentos del proceso de asentamiento. A continuación, se indaga cómo se compone la población que conforma cada tipo de hogar respecto a algunas variables sociodemográficas básicas, como edad, sexo y relación de parentesco (Gráfica 3).2

Fuente: Elaboración con base en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022.Gráfica 3 Personas en hogares de argentinos y en hogares con al menos un migrante de Paraguay y de Venezuela: estructura por sexo, edad y parentesco, según tipo de hogar. GBA, 2022

Gráfica 3: Personas en hogares de argentinos y en hogares con al menos un migrante de Paraguay y de Venezuela: estructura por sexo, edad y parentesco, según tipo de hogar. GBA, 2022 

En términos de estructura interna, los hogares conformados por al menos un paraguayo son también muy similares a los hogares de argentinos nativos; mientras que el caso venezolano adquiere características muy distintivas y propias de su perfil como colectivo y del proceso de instalación urbana de un flujo reciente.

Las primeras dos pirámides -hogares de pareja y pareja con hijos- pueden leerse de forma conjunta bajo el lente de los tradicionales estadios del ciclo de vida familiar. En los hogares paraguayos, al igual que en los argentinos, vemos que las parejas residen solas en la juventud (20 a 30 años), cuando aún no han tenido hijos; y en la madurez (50 a 70 años), cuando los hijos han partido pero la pareja todavía está completa (nido vacío); de modo complementario, en la segunda pirámide, las parejas de personas de entre 30 y 50 años aparecen conviviendo con sus hijos menores de 20. Las únicas diferencias de los hogares paraguayos radican en que, en la primera pirámide, esas dos salientes no son tan marcadas, evidenciando que vivir en pareja es una alternativa más extendida en diversas etapas vitales; y, en la segunda, los hogares de parejas con hijos muestran indicios de calendarios emancipatorios y reproductivos algo más precoces, así como mayor intensidad de la fecundidad, que resulta en un mayor número de hijos.

En el caso de los hogares de venezolanos, estos dos tipos de hogar adquieren características distintivas: la convivencia de parejas solas deviene en una alternativa casi exclusivamente asociada a la juventud; y los hogares de parejas con hijos describen una forma más “achatada” al estar conformados por parejas más jóvenes y con niños más pequeños. Ambos rasgos se evidencian en el carácter reciente de este flujo migratorio.

Los hogares monoparentales, encabezados básicamente por madres, muestran nuevamente a las paraguayas a cargo de un mayor número de niños que las argentinas, y a las venezolanas a cargo de un número menor. No obstante, en los hogares migrantes persiste el interrogante de en qué medida representan un estadio posterior a la ruptura de una unión y la convivencia con el número total de hijos, y cuánto podrían reflejar un momento de la cadena migratoria en el que madres pioneras migran con hijos (o reagrupan a todos o algunos de ellos).

Los siguientes tipos de hogar -los hogares complejos y no nucleares- constituyen alternativas residenciales que, en un contexto migratorio, se encuentran muy ancladas a la existencia de las redes sociales (y al rol que cumplen), tanto familiares como extrafamiliares, en el asentamiento. En el caso paraguayo, con una estructura prácticamente igual a los nativos, vemos que, por un lado, los allegamientos remiten en gran medida a arreglos entre parientes, trasluciendo el carácter esencialmente familiar de sus redes. Y, por otro lado, en particular en los hogares sin núcleo familiar primario, los parientes allegados, aunque predominantemente jóvenes, pueden tener edades diversas, incluso avanzadas.

El caso venezolano, nuevamente, contrasta fuertemente con estas estructuras, con tres rasgos distintivos. Por un lado, una alta concentración de personas jóvenes en las familias complejas y los hogares multipersonales no nucleares, que refleja la importancia que adquieren estos tipos de hogar como arreglos inmediatamente posteriores a la llegada, propios de las primeras etapas del proceso migratorio de este colectivo. Por otro lado, en los hogares sin núcleo, si bien se allegan familiares del jefe/a, también es importante el peso de los no parientes. Ello puede responder a que se trata de un colectivo con componentes no familiares o, por el contrario, a que, al tratarse de un flujo reciente, dispone de menos redes familiares ya asentadas en la ciudad. También es posible que quienes fueron captados por el censo sean, en buena medida, adultos pioneros que (eventualmente) generarán procesos de reunificación familiar. Por último, las pirámides de estos tipos de hogar muestran un importante allegamiento de adultos mayores, fundamentalmente mujeres, con vínculos familiares en ambos tipos de hogar.

Finalmente, la última pirámide manifiesta que la opción de resolver la residencia en solitario entre los paraguayos -nuevamente, con una estructura muy similar a los nativos- es una alternativa que no se circunscribe a una etapa vital, sino que acompaña distintos momentos de las trayectorias residenciales, con un perfil más masculinizado en las edades jóvenes, y más feminizado entre adultos mayores. Para los venezolanos, en cambio, es una opción llevada a cabo fundamentalmente por jóvenes, presumiblemente en contexto de llegada.

Posición de los migrantes dentro del hogar

Los datos analizados remiten a hogares conformados por al menos un migrante, pero no especifican qué posición ocupan estas personas en el entramado de relaciones de parentesco de sus hogares. El Cuadro 2 aporta algunos datos respecto a cómo se insertan estos actores en las estructuras de corresidencia que tejen en sus procesos de inserción urbana. Un primer dato relevante se vincula con la propensión de los migrantes a encabezar un hogar, lo que da cuenta del grado de autonomía e independencia residencial que alcanzan estos colectivos. En el caso paraguayo, la antigüedad es un factor clave en este sentido: casi la mitad de los migrantes arribados hace más de cinco años logran constituirse como jefe/a de hogar, lo que es menos frecuente (29.7%) entre los más recientes. En este marco, los venezolanos destacan por lograr esta autonomía de forma mucho más rápida: los denominados “antiguos” -que llevan más de cinco años en Argentina, pero recuérdese que no muchos más- alcanzan niveles de jefatura tan elevados como los paraguayos antiguos, muchos de los cuales efectivamente llevan varios años en el país. Incluso entre los venezolanos recientes la propensión a encabezar un hogar es relativamente alta (38.7%), evidenciando una elevada autonomía residencial.

Cuadro 2: Población en viviendas particulares por relación de parentesco con el jefe/a de hogar, según lugar de nacimiento y antigüedad. GBA, 2022 

Parentesco Argentina Paraguay Venezuela
Antiguos Recientes Antiguos Recientes
Total 12 737 344 360 723 15 598 39 152 84 643
Jefe/a 35.1 48.1 29.7 46.0 38.7
Cónyuge 16.8 30.0 20.5 24.5 22.5
Hijo/a 37.4 11.3 22.1 17.5 19.1
Otro familiar 10.1 9.1 23.7 9.0 16.1
Yerno / nuera 1.1 1.1 2.1 0.7 0.7
Nieto/a 3.7 0.4 1.3 0.6 0.5
Padre / madre / suegro/a 1.9 3.9 4.9 2.9 7.1
Otro 3.5 3.8 15.5 4.8 7.7
No familiar 0.6 0.8 2.5 2.9 3.5
Servicio doméstico y familiares 0.1 0.7 1.6 0.1 0.2

Fuente: Elaboración con base en INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2022.

Como contrapartida, ambos colectivos aparecen en menor medida que los nativos en carácter de hijos, lo que es esperable dado que los niños nacidos luego de migrar son argentinos y los jóvenes tienen calendarios de salida del hogar de origen más precoces que los nativos. En el caso paraguayo destaca un porcentaje más elevado de hijos de migrantes recientes (22.1%, duplicando a los antiguos).

Por otro lado, cabe subrayar el relativamente alto porcentaje de migrantes recientes, tanto paraguayos (23.7%) como venezolanos (16.1%), que se incorporan a familias nucleares como “otro familiar” del jefe/a, dando cuenta de estrategias de allegamiento mediadas por redes familiares. En el caso paraguayo ellas responden en gran medida a vínculos horizontales de carácter amplio, como evidencia su alto peso en la categoría “otro” familiar (15.5%), que puede abarcar desde hermanos hasta parientes más lejanos como primos u otros.

Finalmente, en el caso venezolano adquiere cierto peso -bajo en sí, pero mucho mayor que entre los nativos- la inserción residencial en el marco de arreglos no familiares, en particular en los más recientes (3.5%), lo que constituye una estrategia esperable en los primeros estadios del asentamiento, en particular en un colectivo que no cuenta con redes familiares ya instaladas, como puede suceder con colectivos más históricos como el paraguayo.

Reflexiones finales

Un componente central de la inserción de las poblaciones migrantes en las ciudades se vincula con la dimensión residencial. Cuando se trasciende el concepto de vivienda como entidad física, y se pone el acento en su significación socioespacial y en el entramado de factores que confluyen en el hecho (social) de residir, emerge un universo de relaciones donde, como señala Bourdieu (1999), los espacios habitados devienen en una manifestación de las relaciones y tensiones que atraviesan el espacio social.

En la cuestión residencial converge un amplio abanico de decisiones vinculadas con las formas de acceso a la vivienda, sus características, localización y todo lo que atraviesa la acción social de su ocupación, donde cobran protagonismo los arreglos residenciales, es decir, cómo se organizan las personas para residir, con quién/es se decide compartir espacio doméstico y conformar un hogar. En el marco de los procesos migratorios, estos arreglos suelen adquirir características distintivas como resultado de proyectos personales y familiares, calendarios afectados por el propio evento migratorio, estrategias entretejidas con redes migratorias, distintas posibilidades de disponer de (y movilizar) recursos, así como también, por supuesto, condicionamientos estructurales.

En el GBA, los datos revelan que un colectivo histórico como el paraguayo en la actualidad tiene arreglos muy similares a los argentinos nativos, con predominancia de un fuerte componente familiar, que incluye acuerdos nucleares, pero también complejos. Estos arreglos se despliegan con calendarios también muy similares a los nativos, con leves diferencias esperables en momentos vitales como la juventud -que suele coincidir con las primeras etapas del proceso migratorio- y la vejez -en la medida en que los paraguayos resuelven el cuidado predominantemente mediante el allegamiento familiar, en lo que parecen ser formas de convivencia de carácter intergeneracional. Por otro lado, al acercar la lupa hacia el entramado de relaciones de parentesco, emergen especificidades adicionales en el colectivo paraguayo: en primer lugar, la alta propensión a encabezar un hogar, dando cuenta de una alta autonomía residencial muy mediada por la antigüedad, es decir, como un logro que se alcanza con el tiempo; y, en segundo lugar, la mayor tendencia a allegarse a hogares nucleares (presuntamente ya constituidos), que manifiesta la acción de las redes familiares de carácter amplio.

Así como los arreglos residenciales paraguayos en gran medida se amalgaman al comportamiento de los hogares de nativos, el caso venezolano adquiere características muy distintivas y asociadas a su condición de colectivo recientemente instalado -en articulación con su perfil de origen-, los recursos con que cuenta en el destino y cómo los pone en juego en estrategias residenciales para asentarse en el espacio urbano. Aquí la convivencia tiende a resolverse mediante una gama de alternativas diversa, con más hogares de parejas solas, acuerdos complejos y de tipo no conyugal. En términos de calendario, estos tipos de hogar se concentran en particular en la juventud y -en el caso de los últimos dos- en la adultez tardía y la vejez. Esto se confirma al observar la estructura etaria de los diversos tipos de hogar que conforman. La alta concentración de jóvenes en hogares de pareja sola, unipersonales, complejos y no nucleares con un importante componente no familiar, muestran su relevancia como arreglos presumiblemente posteriores a la llegada y propios de las primeras etapas del proceso migratorio de los venezolanos que llegan a Buenos Aires. Mientras que la alta presencia de parientas adultas mayores en hogares complejos y no nucleares evidencia que, también para este colectivo, el cuidado de la vejez tiende a resolverse mediante el allegamiento. Finalmente, la posición de los venezolanos en las relaciones de parentesco del hogar evidencia una elevada propensión a encabezar un hogar, pero también una tendencia a incorporarse a hogares conyugales en carácter de otro familiar e incluso en el marco de arreglos no familiares, lo que constituye una estrategia esperable en un colectivo reciente que va tejiendo redes más diversas.

Para finalizar, haciendo foco en una etapa particularmente significativa de las trayectorias residenciales de los migrantes, como son los primeros años tras su llegada, cabe destacar dos hallazgos. Por un lado, que aquí los diferenciales entre ambos grupos se reducen, evidenciando la prevalencia de dinámicas propias de los primeros estadios del asentamiento (ya señaladas por la literatura internacional) que trascienden el origen. Pero, por otro lado, que aun así persisten especificidades que dan cuenta de perfiles migratorios diversos, mayor o menor disponibilidad de recursos y redes (familiares y extrafamiliares) más o menos extensas.

Estos hallazgos abren diversas líneas de indagación de cara a estudios futuros. Por un lado, la pregunta por los arreglos residenciales difícilmente puede responderse tomando este componente aislado del entramado de dimensiones que conforman el fenómeno residencial, donde la acción (social) de habitar y conformar unidades domésticas se fusiona con las características (materiales) de la vivienda en tanto infraestructura física y con su localización (territorial) relativa dentro del conjunto urbano. En este sentido, las decisiones en torno a “con quién vivir” se entrelazan con el valor que los actores otorgan a estos otros elementos de las condiciones residenciales. En el marco de las estrategias complejas, con frecuencia se priorizan ciertos aspectos en detrimento de otros y, por ejemplo, la autonomía residencial se logra al costo de peores condiciones habitacionales o localización; o bien, se aceptan formas de convivencia menos convenientes para poder costear el acceso a una vivienda más adecuada o mejor ubicada. El abordaje de estas otras dimensiones de la cuestión residencial migrante excede los objetivos de este trabajo, pero constituye una importante línea a incorporar en estudios futuros.

Por otro lado, un viejo interrogante de los estudios especializados se vincula con cómo inciden las costumbres culturales asociadas al origen en el desarrollo de determinados arreglos residenciales entre los migrantes, como la prevalencia de familias extensas. En este sentido, una interesante línea analítica se vincula con incorporar datos sobre los arreglos residenciales de los lugares de origen, sabiendo que la selectividad de los procesos migratorios no permite hacer comparaciones directas, pero permitiendo aportar datos para problematizar esta cuestión.

En tercer lugar, este trabajo se propuso brindar un panorama general sobre este fenómeno, que abra la puerta a futuros trabajos focalizados en segmentos específicos de las poblaciones migrantes. Por ejemplo, sería relevante profundizar en ciertas etapas vitales donde se constataron comportamientos diferenciales, como la juventud -una etapa que suele concentrar (los primeros) proyectos de autonomía residencial, atravesados por (las primeras etapas de) los procesos migratorios- o la vejez, en la que se constataron formas de resolución de la convivencia (y presumiblemente de los cuidados asociados a esta etapa) mediante el allegamiento familiar, como fenómeno distintivo con respecto a los nativos.

Finalmente, un gran valor de este tipo de trabajos es promover diálogos con estudios de corte cualitativo orientados a profundizar en el entramado de expectativas, costumbres, mandatos, necesidades (tanto materiales como afectivas), deseos y posibilidades que confluyen en las estrategias residenciales que moldean la conformación de determinados tipos de hogar. La complejidad de estos procesos invita a redoblar la apuesta por abordajes metodológicos mixtos y articulaciones entre enfoques y metodologías diversas.

Agradecimientos

El presente trabajo fue realizado en el marco del proyecto PICT 2020, serie A-01446, “Presente y futuro de las necesidades habitacionales en la Región Metropolitana de Buenos Aires: un estudio desde la demografía de la vivienda” (AGENCIA I+D+i); proyecto PIP 11220210100192CO “Demografía de las necesidades habitacionales metropolitanas: entre los hogares ocultos sin vivienda en el presente y los hogares a alojar en el futuro” (Conicet); y Proyecto 80120230100017TF “Desigualdades (migratorias) urbanas: diferenciales y determinantes del acceso a la propiedad de la vivienda en el Gran Buenos Aires” (Universidad Nacional de Tres de Febrero).

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1La elevada incidencia de los hogares complejos en la juventud da indicios de que la forma-ción de pareja como evento vital no siempre es en condiciones de independencia residencial de la fa-milia de origen.

2Se desestimó en este caso la distinción por antigüedad, dado el tamaño reducido de los subuni-versos resultantes y la irregularidad que introducían en las gráficas.

Recibido: 11 de Abril de 2025; Revisado: 27 de Mayo de 2025; Aprobado: 01 de Agosto de 2025; Publicado: 08 de Diciembre de 2025

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