SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número88La construcción social de la ruta migratoria en la frontera tabasqueñaRedes sociales digitales e (in)movilidad en la frontera sur de México: Riesgos y posibilidades índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Trace (México, DF)

versión On-line ISSN 2007-2392versión impresa ISSN 0185-6286

Trace (Méx. DF)  no.88 Ciudad de México jul. 2025  Epub 09-Mar-2026

https://doi.org/10.22134/trace.88.2025.919 

Sección temática

Transformaciones y luchas por los usos de espacios fronterizos: Casos etnográficos en la ciudad de Tapachula, Chiapas

Transformations and struggles for the use of border spaces: Ethnographic cases in Tapachula city, Chiapas

* El Colegio de la Frontera Sur, México, aki.kuromiya@ecosur.mx.

** El Colegio de la Frontera Sur, México, sfuentes@ecosur.edu.mx.


Resumen:

En este artículo nos enfocamos en los espacios urbanos habitados por personas en situación de (in)movilidad con una estancia temporal en la ciudad de Tapachula, Chiapas. Examinamos los usos que se le dan a espacios y las luchas por estos entre diferentes actores. Abordamos el espacio urbano y su uso como una representación de las relaciones de poder y del orden que controla las actividades humanas. Para este análisis, partimos de la descripción etnográfica de tres casos concretos observados durante el trabajo de campo: 1) la apropiación de espacios mediante la instalación del «tianguis haitiano», 2) la remodelación del parque central y 3) la reubicación de las oficinas de una autoridad migratoria como resultado de movilizaciones vecinales. Nuestro objetivo es mostrar la experiencia de transformaciones urbanas en la ciudad fronteriza y cómo las personas en (in)movilidad participan en la construcción de la dinámica social, interactuando, contrastando y contraponiéndose con otros actores.

Palabras clave: Ciudad fronteriza; configuración urbana; espacio de vida; luchas espaciales; imágenes urbanas

Abstract:

This article focuses on urban spaces inhabited by people experiencing in/mobility during a temporary stay in Tapachula City, Chiapas. We examine the uses of these urban spaces and the struggles associated with them among various actors. We approach urban space and its use as representations of power relations and the systems that regulate human activity. Our analysis is based on the ethnographic description of three specific cases observed during fieldwork: 1) the appropriation of space through the establishment of a «Haitian market»; 2) the remodeling of the central park; and 3) the relocation of migration authority offices following neighborhood mobilizations. Our aim is to highlight the experience of urban transformations in this border city and to show how people in situations of in/mobility participate in shaping social dynamics by interacting with, contrasting, and opposing other actors.

Keywords: Border city; urban configuration; life space; spatial struggles; urban images

Résumé :

Dans cet article, nous nous concentrons sur les espaces urbains habités par des personnes en situation de mobilité ou d’immobilité, séjournant temporairement dans la ville de Tapachula, au Chiapas. Nous examinons les usages de ces espaces et les luttes qu’ils suscitent entre différents acteurs. Nous abordons l’espace urbain et son utilisation comme une représentation des rapports de pouvoir et de l’ordre qui régule les activités humaines. Pour cette analyse, nous partons de la description ethnographique de trois cas concrets observés lors du travail de terrain : 1) l’appropriation d’espaces pour l’installation d’un « tianguis haïtien » ; 2) la rénovation du parc central ; et 3) le déplacement des bureaux de l’autorité migratoire à la suite de mobilisations de quartier. Notre objectif est de mettre en lumière l’expérience des transformations urbaines dans cette ville frontalière et la manière dont les personnes en situation de (im)mobilité participent à la construction de dynamiques sociales, en interagissant, en contrastant et en s’opposant à d’autres acteurs.

Mots-clés : Ville frontalière; aménagement du territoire; espace de vie; combats spatiaux; images urbaines

Introducción

Desde finales del siglo pasado, Tapachula, una ciudad fronteriza del estado de Chiapas, ha fungido como sitio intermedio en la trayectoria de movilidad desde Centroamérica hasta los Estados Unidos para las personas migrantes llamadas «de paso». En esta ciudad se congregaban personas para tomar el tren de carga (hasta que se terminó el servicio ferrocarril) o para prepararse económicamente antes de avanzar. Su estancia, en general, era corta, pero a partir de la década de 2010, se observaron algunos cambios en las pautas de movilidad: aumentó el número de personas con estancias no tan cortas y el de las personas provenientes de otras nacionalidades que no son de Centroamérica, sino del Caribe, América del Sur y del continente africano. Estas personas en situación de movilidad se instalan temporalmente en Tapachula para realizar, o bien culminar, trámites burocráticos, como la solicitud de la condición de refugiado, siendo esta una de las pocas opciones para poder moverse en el territorio mexicano en forma segura (véase Torre Cantalapiedra, París Pombo y Gutiérrez López 2021). Como se ha reportado en otros estudios (Fassin 2015; Rosales Cervantes 2023), en su tiempo de espera, estas personas permanecen en un estado jurídicamente incierto, sin que puedan transitar libremente el territorio mexicano ni contar con derechos básicos.

En esa condición temporal y de incertidumbre, las personas en situación de movilidad buscan satisfacer sus necesidades cotidianas como vivienda, alimentación, trabajo, salud, educación, entre otras, para construir su vida diaria. Todas estas actividades, desde su condición temporal, implican «habitar» espacios urbanos. El habitar no significa simplemente ‘vivir en un espacio’, entendiendo a este como un recipiente de actividades, sino el proceso de comprender la lógica y el orden del espacio mismo para actuar de acuerdo con ello, pero, al mismo tiempo, ir creando una lógica propia de este (Giglia 2012). En otras palabras, el habitar significa interactuar con el espacio e ir reconociendo y construyendo su propio orden, en el cual se desarrollan las prácticas cotidianas.

El estudio de los espacios urbanos desde el enfoque del habitar, tal como lo definimos, nos permite analizar cómo surgen luchas entre distintos actores que buscan dar su propio orden y control a los espacios (por consiguiente, a las prácticas cotidianas), además de la estructura de poder que se reflejan en ellas. Es un proceso de imposición, negociación o rechazo de las lógicas espaciales para producir su propio espacio habitado, y busca tener control «en la toma de decisiones sobre su utilización o a las exclusiones de su disponibilidad para otros» (Martín y Larsimont 2016, 280).

Bajo este planteamiento, en el presente artículo nos enfocamos en los usos que las personas en situación de movilidad les dan a los espacios urbanos, así como en las reacciones de los habitantes locales, quienes inician los diferentes procesos de lucha por los espacios. Para ello, describimos tres casos representativos observados durante el trabajo de campo entre 2021 y 2024, que son los siguientes: 1) la apropiación de espacios con la instalación del mercado al aire libre por parte de personas haitianas, reconocido localmente como «tianguis haitiano»;1 2) el uso del parque central y la remodelación de este, y 3) las movilizaciones de habitantes tapachultecos buscando desplazar de su colonia las oficinas de Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).

Los tres casos muestran cómo se desarrolla la lucha emprendida tanto por la población en situación de movilidad para crear su espacio de vida en la ciudad -aun cuando su estancia sea temporal- como por las autoridades locales y los habitantes en general, quienes cuidan el orden y lógica de su ciudad. Estudiaremos cómo estas luchas contribuyen a resignificar los espacios urbanos en Tapachula e inciden en las transformaciones sociales ocurridas. Este proceso es estudiado desde el punto de vista de las personas tapachultecas, y analizamos cómo la población de esta ciudad, con afecto a su espacio y con sentido de arraigo, ha cambiado su percepción sobre la ciudad, y, de acuerdo con ella, cómo se han modificado o se tuvieron que modificar sus prácticas diarias. Se trata de estudiar las transformaciones de una ciudad fronteriza ante el fenómeno de la movilidad humana y la presencia de personas en situación de movilidad, y demostrar cómo estas personas, desde su condición de estancia temporal, tienen un importante papel en la configuración de los espacios urbanos, y la construcción de la dinámica social, interactuando, contrastando y contraponiéndose con otros actores.

El artículo se estructura como sigue: primero, presentamos la metodología de investigación; luego, el marco teórico conceptual que sostiene nuestra argumentación, y continuamos con la breve descripción de la situación de Tapachula durante el tiempo de investigación (2022-2024) y los tres casos que dan cuenta de cómo las personas en situación de movilidad construyen el espacio habitado en esta ciudad y cómo surgen las luchas en torno suyo. En esta última parte abordamos el espacio urbano y su uso, en tanto representación de las relaciones de poder y del orden que controla las actividades humanas, y posteriormente analizamos las modificaciones hechas en este, a partir de las prácticas cotidianas de personas en movilidad, las luchas y su incidencia en la vida urbana de personas habitantes, transformando los significados sobre sus entornos urbanos y los afectos. En el apartado de reflexiones finales, enfatizamos que estas luchas espaciales son constantes y dinámicas, y efectivamente inciden en las transformaciones sociales de la ciudad fronteriza de Tapachula, sin embargo, estamos frente a un proceso continuo, en donde se requiere un análisis a largo plazo.

Metodología de investigación

Los datos que presentamos a continuación son resultado del trabajo de campo llevado a cabo en forma continua desde la última mitad del año 2021 por los autores; en los primeros años, por Kuromiya, y a partir de octubre de 2023 también por Fuentes Malo, con su beca posdoctoral. Se inició con entrevistas semiestructuradas y charlas informales con comerciantes de la calle, en su mayoría provenientes de Haití (con el apoyo de personas traductoras, en caso necesario), por ser la mayoría de las personas que se encontraban en el centro de la ciudad en aquel momento. En estas, se buscó registrar sus experiencias en la ciudad de Tapachula: su forma de habitar, de esperar los trámites migratorios, de moverse dentro de la ciudad y de satisfacer sus necesidades básicas. Las entrevistas fueron realizadas con previo consentimiento, sobre todo por parte de quienes externaron querer participar en esta investigación. Durante 2022 y 2023, seguimos realizando entrevistas con personas en situación de movilidad de diferentes nacionalidades, de distintos sexos y de edad variada, las cuales tenían en común la búsqueda por obtener documentos migratorios para poder transitar en territorio mexicano. En total, realizamos más de veinte entrevistas semiestructuradas con personas en situación de movilidad y participamos en numerosas charlas con quienes hemos convivido en diversos espacios, como lugares de trabajo, albergues, colonias residenciales, calles, y durante actividades eventuales.2

De forma paralela, entrevistamos a residentes locales, locatarios de mercados públicos, funcionarios administrativos, empresarios y representantes de colonias, para recoger sus experiencias y opiniones sobre las transformaciones relacionadas con la presencia de las personas migrantes «de paso». Con el mismo objetivo, registramos algunas narrativas de las personas de edad estudiantil, desde el nivel de secundaria hasta el universitario, sobre sus prácticas, movilidades intraurbanas y actividades desarrolladas en algún espacio en particular, así como, en forma amplia, las percepciones de diferentes espacios urbanos.

Es importante mencionar que, en la descripción, se resaltan las prácticas de las personas haitianas, aunque, cuando hablamos de personas en situación de movilidad, no nos referimos exclusivamente a estas, sino a personas hondureñas, salvadoreñas, venezolanas, entre otras nacionalidades más. Se considera incluso a personas provenientes de otros continentes. Los datos presentan las prácticas de las personas haitianas, porque, durante 2021 y 2022, en el inicio de nuestro trabajo de campo, fue notoria su presencia en la ciudad de Tapachula, por razones que detallaremos más adelante. No obstante, nuestro análisis no se basará en la situación de las personas haitianas de manera particular, salvo en el primer caso, referido a la instalación del mercado al aire libre por las personas de esta nacionalidad.

La recopilación de datos se realizó mediante el método etnográfico. Entendemos la etnografía como una estrategia de investigación cualitativa que otorga importancia a la forma en que las personas atribuyen significado a su entorno y a sus procesos sociales (Peralta Martínez 2009). Para ello, es fundamental establecer relaciones directas con las personas en su propio contexto cultural, convivir, dialogar y tratar de comprender sus subjetividades. Este enfoque nos ayuda a interpretar las prácticas y narrativas de quienes estudiamos, permitiéndonos darle sentido al fenómeno investigado y contribuir a las teorías a través del retrato de las actividades y perspectivas de los actores (Hammersley y Atkinson 1994, 25-39).

Con este enfoque, algunos periódicos locales, principalmente El Orbe y el Diario del Sur fueron una fuente de datos importante para nosotros, sobre todo para recopilar las actividades y los discursos que desarrollan las autoridades y habitantes locales contra los usos espaciales de las personas migrantes en la ciudad de Tapachula. Aquí consideramos a los medios de comunicación como una representación social que aglutina expresiones del sentido «común» de una sociedad, es decir, lo que se dice sobre personas, instituciones o algún acontecimiento, además de representar y condensar la forma de pensamiento que impera en una sociedad. Se trata, en suma, del pensamiento colectivo que propaga normas, valores, creencias y mitos a quienes se sienten inscritos dentro de una sociedad, por lo que se puede interpretar también como un pensamiento social incorporado en cada una de las personas (Piña Osorio y Cuevas Cajiga 2004).

Habitar la ciudad: Órdenes y significado del espacio urbano

Los estudios anteriores sobre el tema del espacio urbano -particularmente en los de Low (2001), Pires do Rio Caldeira (2007), Zamorano (2013) y Giglia (2012)- han analizado las formas de habitar una vivienda o un espacio urbano y los significados depositados en ellos mediante las actividades cotidianas. Se entiende habitar como el proceso de relacionarse con el espacio urbano, reconociendo las reglas y los órdenes impresos en el espacio, y, a su vez, construir los propios a partir de las prácticas, de tal forma que los sujetos pueden situarse y actuar de manera coherente con el orden determinado del espacio (Giglia 2012, 12-15). En este sentido, se argumenta que el proceso de habitar es el proceso de domesticación de los espacios mediante las actividades diarias, así como la construcción de un orden y significado propios que, a su vez, controlan y regulan las actividades de los sujetos. Bajo esta premisa teórica, analizamos cómo es el espacio habitado en una ciudad de «estancia temporal» y cómo este entramado incide en la transformación de la ciudad.

Por otro lado, estudios como los de Álvarez Velasco (2010), Porraz Gómez (2017), Cruz Nakamura (2024) e, incluso, Mahnken (1993) -quien aborda aspectos más históricos-, han explorado el contexto de la movilidad humana en la ciudad de Tapachula, analizando los usos y significados de sus espacios urbanos. Estas investigaciones nos han ayudado a comprender los antecedentes históricos de la ciudad frente a las diversas, aunque continuas, formas de movilidad. Además, evidencian que las transformaciones que aquí analizamos representan solo una parte de la compleja dinámica de esta ciudad fronteriza. Como mencionamos al final de este trabajo, no enfrentamos a un fenómeno emergente en el sentido de ser algo totalmente novedoso y sin precedentes, sino un escenario de cambios permanentes. La importancia del presente radica en comprender que los usos de los espacios urbanos por parte de las personas en situación de movilidad no deben verse como algo temporal, secundario u oculto, que sucede en un espacio marginado, sino como elementos constitutivos y configuradores de la misma ciudad.

Partimos de la idea de que, para la población en situación de (in)movilidad que hace una parada no deseada en Tapachula, habitar el espacio urbano es el proceso de reestablecer -temporalmente- la vida cotidiana, haciendo de un escenario extraño un espacio de vida. Para ello, intentan entender el orden y la lógica existentes para actuar de acuerdo con estos, transformando también lo existente. Así, por ejemplo, no es casualidad que las personas haitianas decidieran colocar sus tiendas ambulantes afuera del mercado de la colonia Centro, una de las calles más transitadas de la ciudad. Ello da cuenta de que identificaron la lógica de la ciudad y entendieron el orden espacial: el centro es un espacio de congregación de personas y en ese sentido resulta apto para realizar actividades comerciales y obtener mayores ingresos.

Además, este proceso nos esclarece la relación de poder impresa en el espacio, en tanto existen varios actores de distintos niveles que usan los territorios de diferentes formas, con diferentes intereses, y que buscan crear su propio entorno de vida. Nos referimos principalmente a los pobladores locales, quienes han forjado su ciudad y ahora experimentan sus transformaciones, así como a las personas en movilidad que residen y usan el espacio para desarrollar las actividades necesarias para su sobrevivencia durante la espera, además de las autoridades locales que quieren mantener un orden urbano con su poder controlador, y a los grupos empresariales que buscan reactivar la economía local. Entre estos diferentes actores se emprenden luchas por el espacio, es decir, imposición, negociación o rechazos de los órdenes particulares sobre su uso.

Según el planteamiento de Lefebvre (2013) y otros autores como Lindón Villoria (1999) y Giglia (2012), el espacio representa la lógica de la dominación mediante la implementación de un orden hegemónico que controla las actividades humanas, ya que la urbanización se realiza bajo un planteamiento y un ordenamiento normativo dirigido a legitimar el orden social. Así, «contribuye a instaurar una hegemonía, una forma de vida, los comportamientos sociales aceptables, unas prácticas concretas en el espacio» (Martínez Gutiérrez 2013, 43). Los casos que describiremos a continuación muestran que el espacio representa la relación de poder entre diferentes actores y no son solo un bosquejo entre los dominantes del orden social (población local o autoridades) y los dominados (personas en [in]movilidad). Si bien existe el control y la imposición de orden por parte de las autoridades, de acuerdo con Lefebvre (2013), el orden social de la parte dominante se modifica, se interpreta y se negocia de diferentes formas en las prácticas de la vida diaria. La misma práctica cotidiana de habitar tiene la fuerza de crear su propio orden y lógica. En otras palabras, los espacios, junto con el orden y la lógica, se reconstruyen y son apropiados por las personas que hacen uso de estos, imprimiéndose así los significados que ellos les atribuyen, así como sus afectos y deseos.

Desde esta perspectiva teórica, la configuración urbana de Tapachula es un producto de la práctica de habitar por parte de varios actores, con sus diferentes órdenes yuxtapuestos e interrelacionados entre sí. La lucha en torno a los usos y órdenes de los espacios muestra el proceso de transformación urbana y la vida diaria de las personas que los ocupan. El siguiente apartado describe tres casos concretos para analizar cómo surgen las luchas y cómo se van transformando las dinámicas urbanas, abordándose también el contexto de movilidad encontrado en esta ciudad.

Usos de los espacios por parte de las personas migrantes y las luchas desarrolladas

El municipio de Tapachula tiene trescientos sesenta mil habitantes aproximadamente (INEGI 2020), de los cuales cerca del 70 % se encuentran en la cabecera municipal, a la que aquí hacemos referencia como la «ciudad de Tapachula». A pesar de ser el segundo municipio más poblado del estado de Chiapas y ser un centro económico y de servicios importante en el estado, ha tenido problemas con los servicios urbanos básicos, como alumbrado público, recolección de basura, suministro de agua potable, entre otros (notas de campo, 2022 y 2023). Aunado a esto, son escasas las fuentes de empleo formal que aseguren un medio de subsistencia digna. Esto implica que además de la falta de ingreso estable, no hay prestaciones sociales que garanticen el acceso a servicios de salud y otros servicios de seguridad social (CONEVAL 2020). De modo que la precariedad económica, la falta de empleos y de servicios urbanos son algunos de los principales aspectos que condicionan la calidad de vida de las personas en Tapachula.

Este contexto local no es ajeno a las personas en (in)movilidad que permanecen en la ciudad para realizar sus trámites migratorios o sus solicitudes de la condición de refugiados. Durante nuestro trabajo de campo -de 2021 a 2023 particularmente- se destacó, en términos de cantidad y de tiempo de estancia, la presencia de personas haitianas (véase Tabla 1), no solo debido a que ha aumentado su flujo, sino también porque la solicitud de la condición de refugiado por parte de esa población suele ser rechazada. Durante el 2021, solamente 23 % de las solicitudes lograron obtener una resolución positiva, frente a casi 90 % de las solicitudes de las personas de otras nacionalidades, como Honduras y Venezuela (véase Fig. 1). Esto implica para las personas haitianas realizar el proceso de apelación o solicitud de protección complementaria para poder regularizar su estancia y, en consecuencia, la prolongación de su estadía en la ciudad. Permanecer en la ciudad más tiempo para poder realizar otros trámites burocráticos implica mayor interacción con los espacios urbanos debido a sus actividades diarias y rutinarias, lo cual ha traído consigo un proceso de apropiación de los espacios, como se verá en el caso del tianguis haitiano.

Tabla 1 Número de solicitantes de la condición de refugiado por nacionalidad (2021-2023) 

Nacionalidad 2021 2022 2023
Haitiana 50 941 17 202 44 154
Hondureña 36 075 31 440 41 885
Cubana 8250 18 178 18 461
Venezolana 6121 14 757 5509
Salvadoreña 5945 7858 6105

Elaboración propia con base en las cifras reportadas por la COMAR correspondientes a la segunda mitad de 2024.

Elaboración propia con base en las cifras reportadas por la COMAR correspondientes a la segunda mitad de 2024.

Figura 1 Tasa de positivos al reconocimiento en relación al total de resueltos por nacionalidades. 

Hay migrantes de otras nacionalidades, por ejemplo, personas provenientes de Venezuela, Honduras, El Salvador y Cuba. Si bien es posible identificar, a pesar de su gran heterogeneidad, una tendencia en la pauta de movilidad y estancia relativa a la nacionalidad, el presente análisis no tiene ese alcance. También es importante aclarar que no tomemos a las personas en situación de movilidad como un grupo homogéneo, ignorando las situaciones específicas de cada persona; no obstante, destacar las diferencias o los conflictos entre ellos no se profundizan en este trabajo. A continuación, presentamos tres casos sobre las luchas por los espacios urbanos en la ciudad de Tapachula.

El tianguis haitiano y su apropiación del espacio

El mercado Sebastián Escobar se encuentra una cuadra al oeste del parque central de la ciudad de Tapachula, y aproximadamente a un kilómetro de distancia está el otro mercado, San Juan, que funge como central de abastos. Ambos son los mercados más grandes y céntricos de la ciudad, e históricamente han sido referencia de actividad comercial en esta «ciudad mercado» (Arriola 1995). Alrededor de estos dos, hay otro mercado especializado en la venta de especias (5 de Mayo), y pequeños locales de diferentes artículos y servicios, en los que se venden quesos, verduras, comida, jugos, celulares, artículos de belleza, etcétera, además de encontrarse puestos de comercio ambulante. A principios de 2021, ante la gran cantidad de personas haitianas que llegaron a Tapachula, los locatarios mexicanos empezaron a ver la necesidad de contratar a personas que hablaran creole y español para atender a los compradores caribeños; de modo que varias de origen haitiano comenzaron a laborar en los mercados y en los negocios que están alrededor de dichos mercados (notas de campo, 2021).

De acuerdo con las entrevistas a las personas trabajadoras de esta nacionalidad, los trabajos en el sector comercio no les convienen, ya que los dueños de los negocios «son muy explotadores», y solamente les pagan de ochenta a cien pesos diarios por un trabajo de casi doce horas; sin embargo, trabajar en los comercios les permite contactar con redes de personas locales que pueden apoyar con información útil sobre la ciudad, comer mientras trabajan y, en algunas ocasiones, contar con algún lugar de alojamiento (notas de campo, 2021). Siendo un lugar de concentración de comercios y personas, las personas haitianas empezaron a vender mercancías especializadas en las calles del centro de forma semifija. En calles aledañas al mercado Sebastián Escobar, las personas haitianas vendían aguas, frutas, zapatos de segunda mano, cremas corporales especiales para sus paisanos enviadas desde Tijuana y otros artículos de higiene personal, además de accesorios para celular, verduras especiales para su comida típica, comida hecha, arreglo de cabello, entre otros servicios y productos, algunos colocando su mercancía en el piso, mientras que otros la muestran en una carretilla o carreta para su fácil movimiento (notas de campo, 2021).

Las mercancías y los servicios especializados para personas haitianas, desde luego, llaman a estas como consumidores. Así, este lugar se convirtió en un espacio «para las personas haitianas», y se comenzó a identificar durante 2021 y 2022 con el nombre de «tianguis haitiano» o en las noches como «cenaduría haitiana», ya que ofrecían la cena típica de Haití, y las personas mexicanas se acercaban para probar la comida. Durante las noches, se escuchaba la música de su país. En una ocasión, pedimos permiso para tomar fotos del espacio, lo cual fue rechazado porque se trataba de su espacio y nadie podía tomar fotos por seguridad (nota de campo, 2022). Incluso, una zona fue identificada como «casino haitiano», ya que era ocupada por hombres haitianos para jugar un tipo de juego de apuesta. Ante esta situación, personas locales decían: «Ahora ya no es Tapachula, sino Haitichula», expresando con ello la apropiación del entorno urbano por parte de las personas haitianas y la gran cantidad de ellas que se encontraban en el centro.

Lo anterior describe el proceso de domesticación del espacio realizado por las personas haitianas, la cual parte del entendimiento de la lógica ya inscrita en el espacio. Se trata de un proceso en donde la persona logra «actuar coherentemente con las reglas de uso incorporadas en la forma y el funcionamiento del lugar y/o para introducir sus propias reglas» (Giglia 2012, 18). Este proceso de domesticación o apropiación del espacio vino a trastocar otra lógica, en este caso, la de los comerciantes mexicanos que tienen su negocio en el mercado. Según las personas locatarias, las vendimias haitianas implicaban una afectación al tránsito de automóviles y de personas, y, por consiguiente, de su negocio:

Nos afectan la venta, pues la gente hace su compra afuera del mercado y no entran hasta aquí [interior del mercado]. También impide que entren los consumidores con su carro. La verdad no es justo porque ellos ganan sin pagar el piso [derecho a ocupar el lugar] ni impuestos, y nosotros sí pagamos. Los policías no hacen su trabajo, tienen miedo a que se levanten quejas ante los derechos humanos porque los haitianos dicen que es su derecho vender en la calle. (Locatario tapachulteco, comunicación personal, 2022).

Según nuestra observación, los policías circulaban en las calles y pedían a las personas vendedoras que se quitaran del lugar para el tránsito de automóviles, explicándoles que este tipo de venta está en contra del reglamento municipal.3 Sin embargo, en entrevista, las personas haitianas nos explicaron que «cuando vienen las policías, me dicen que no puedo vender aquí, y [que] me quitara, entonces le digo “ah bueno, está bien, ahorita me quito”. Y ya. Lo quito, y cuando él se va, regreso aquí a vender» (vendedora haitiana, comunicación personal, 2022). Este fragmento muestra la apropiación de los espacios de venta, e incluso la manera de negociar con la autoridad, adquiriendo el conocimiento de cómo moverse con su vendimia, esconderse de los policías y regresar al mismo lugar para reiniciar su venta. Por parte del municipio, hubo varios intentos durante 2021 de reubicar a quienes vendían en la calle, del centro hacia otro mercado de la ciudad que se encuentra en el lado oriente, al que le dieron el nombre de «mercado migrante» (véase Fig. 2). Este mercado se ubica aproximadamente a una distancia de treinta minutos a pie del centro y no es un punto confluente.

Aunque en 2021 y 2022 en este «mercado migrante» se encontraba una de las oficinas de la COMAR y llegaban varias personas migrantes, no es un sitio concurrido para hacer compras. Con el apoyo de traductores, el personal del municipio explicaba a las personas vendedoras que la venta en la calle no está permitida en el reglamento urbano, y que sus mercancías podían ser decomisadas,4 extendiéndoles la invitación para que vendieran en el «mercado migrante», en un local seguro con instalaciones básicas, techo y servicios como sanitarios. No obstante, las personas haitianas manifestaron su rechazo a cambiar su lugar de venta, lo que da cuenta de que el centro se ha convertido en un punto de referencia, no solamente para las personas dedicadas al comercio ambulante, sino también para clientes de esa misma nacionalidad. Hacia finales de 2022, con la disminución del flujo de personas haitianas en Tapachula, el «tianguis haitiano» también fue reduciendo sus dimensiones.

Fotografía de la autora, 2021.

Figura 2 Aviso en dos idiomas en donde se explica que la venta en la vía pública está prohibida e invita a que se acuda a vender al mercado migrante. 

Finalmente, en noviembre de 2022, la autoridad local realizó un operativo para desplazar al comercio ambulante de la zona centro, haciendo uso de la fuerza pública. Como describiremos en el siguiente apartado, este operativo fue realizado para dar inicio con la obra de remodelación del Parque Miguel Hidalgo o Central, la cual representó una medida contundente para controlar tanto la presencia como la actividad de personas extranjeras en el centro de la ciudad. La disputa partió de la inconformidad de las personas mexicanas por el uso del espacio por parte de otros actores, al sentirse «amenazados» de perder el entorno en donde habían establecido su orden y lógica; de ahí que buscaran recuperar o mantener el uso que habían dispuesto y que favorecía sus intereses. En este caso, el interés de las personas locatarias mexicanas son las ventas, mientras que para el gobierno local es mantener el orden espacial, de acuerdo con el reglamento establecido. No obstante, es importante dejar claro que las opiniones de las personas locales e incluso locatarias sobre esta medida no eran homogéneas: había opiniones negativas, ya que la obra implicaba que se redujera su clientela. Y es que las ventas al por menor habían subido considerablemente por la presencia de las personas migrantes que paseaban ahí y pernoctaban en el parque (notas de campo, 2021 y 2022).

Parque Miguel Hidalgo: Luchas por la posesión espacial

El Parque Miguel Hidalgo o Central, llamado así por las personas tapachultecas, contaba anteriormente con un kiosco en su zona media, una fuente de agua que tenía una jardinera con flores y otra fuente de agua tipo cascada (véase Fig. 3). A su alrededor había árboles grandes con jardineras y bancas que servían para pasar el tiempo, aprovechando la sombra. Al norte del parque se encuentra el edificio del Ayuntamiento, y al sur un escenario con techo donde suelen realizarse actividades culturales que organiza el municipio. Al este se extienden numerosos comercios de diferente índole que abarcan varias manzanas; y al oeste, un parque pequeño llamado Benito Juárez que cuenta con una estatua de este personaje histórico, así como el emblemático Templo de San Agustín y el mercado Sebastián Escobar ya mencionado. El Parque Miguel Hidalgo y sus alrededores han sido un punto de encuentro para distintos grupos de personas, además de concentrarse ahí servicios, comercios y ofertas de entretenimiento (Arriola 1995).

A partir del 2019, según las personas mexicanas con quienes dialogamos, el centro de Tapachula pasó a ser «para las personas extranjeras y ya no para los de Tapachula» (notas de campo, 2021). También se dejaron de ver las mujeres guatemaltecas que eran en su mayoría trabajadoras del sector doméstico y solían reunirse ahí los domingos para encontrarse con sus amigas o familiares o para esperar alguna oferta de trabajo (véanse, por ejemplo, Arriola 1995; Álvarez Velasco 2010). Durante 2021 y 2022, en este parque y sus alrededores se agruparon personas de diferentes partes del mundo y en situación de movilidad para pasar días y noches. Por no contar con redes de apoyo o información detallada sobre lugares a dónde llegar en Tapachula, buscaron ese punto para iniciar su estancia en la ciudad. Ahí confluyeron personas hondureñas, salvadoreñas, venezolanas, colombianas, ecuatorianas, cubanas e, incluso, del continente africano y, en pequeña proporción, de Asia, y entre ellas compartían información sobre trámites migratorios, alojamiento -ya sea de rentas económicas o de albergues- y programas de apoyo (notas de campo, 2021 y 2022).

Archivo Histórico Municipal de Tapachula, 2024.

Figura 3 Parque Miguel Hidalgo antes de la remodelación. 

Estas personas ocupaban las jardineras y el quiosco del parque para pernoctar, instalando casas de campaña, y otros simplemente acostándose sobre cartones. Las orillas del parque contiguo fueron utilizadas para hacer las necesidades fisiológicas, ya que no se contaba con ninguna instalación sanitaria. Durante el día se encontraban más personas que en la noche: comerciantes y consumidores, así como personas que buscaban en dónde descansar, ya que no podían permanecer en su alojamiento durante el día (notas de campo, 2022). Al respecto, una locataria de la tercera edad que ha estado vendiendo en el mercado Sebastián Escobar desde hace cerca de cuarenta y cinco años recuerda su juventud alrededor de este parque y nos relata los cambios de los que ha sido testigo:

[el parque Miguel Hidalgo] era una belleza, el domingo eran las palomitas, había un señor que se vestía todo de blanco […]. Es el primer señor que empezó con las combinaciones de las palomitas. Estaba el cine Tapachula donde está [ahora] Parisina. Había un cine que le decían Tapachula, precioso ese cine […]. Afuera vendían desde cacahuates, frutas y todo aseado, ¿eh? Ya comíamos palomitas, bueno, de todas las cositas que había ahí. El cine Tapachula, el cine Maya, el cine Figueroa… Fue en los noventa [cuando] ya las Marías [trabajadoras domésticas guatemaltecas vestidas con traje étnico] se han posesionado del parque, ya puras Marías. Ya la gente de aquí nativa ya no venía al parque […], [ahora] vinieron aquí la migración y sacaron a las Marías […] Es que los haitianos se han posesionado de todos los parques. (Comunicación personal, 2021).

Expresiones como «se han posesionado» o «nos ha invadido» se escuchaban reiteradamente entre las personas tapachultecas y periódicos locales,5 lo que da cuenta del sentimiento de posesión del espacio, ligado con sus recuerdos, identidad y arraigo. La presencia de personas en (in)movilidad y su uso del parque como «espacio de vida» se confronta con el sentimiento o afecto cultivado hacia el parque por parte de las personas locales. Para las personas que nacieron en Tapachula o han vivido ahí muchos años, la presencia de gran cantidad de personas no locales se percibe como una amenaza de perder tanto el control sobre los espacios como lo que definen como su ciudad. No podemos omitir que hubo varias acciones de personas vecinas, organizaciones civiles y religiosas para apoyar a las personas en situación de calle, ofreciendo, por ejemplo, bebidas y alimentos. Sin embargo, es de destacar que son las voces negativas las que predominaban. En el periódico, se leían opiniones como «no se permita que los migrantes se apoderen de este espacio».6 Según las notas periodísticas, el sector empresarial externaba que, desde la llegada de las personas migrantes «de paso», el parque había ganado una mala imagen, por lo que los consumidores, ya sea nacionales o internacionales que visitaban Tapachula en calidad de turistas, ya no querían acercarse a esa zona a realizar sus compras.7

Frente a esta «pérdida» de control, el gobierno municipal llevó a cabo la obra de remodelación del parque central, lo que resultó en el desalojo de quienes ocupaban el lugar. Así, a finales de 2022, junto con el operativo que se realizó en torno al comercio ambulante del centro mencionado en el apartado anterior, el Ayuntamiento inició el proceso de desalojo de personas que pernoctaban ahí, cerrando el acceso al parque con un muro de lámina. Posteriormente, inició la obra de remodelación, con la que el parque se mantuvo cerrado aproximadamente nueve meses. En esta obra el gobierno federal ejerció los recursos del Programa de Inversión Municipal 2022-2023 con un monto aproximado de $34 635 775 y bajo el supuesto de beneficiar a los habitantes del municipio e impulsar el desarrollo de la región Soconusco.8 Con esta remodelación se buscó mejorar la imagen urbana para atraer consumidores hacia el centro y así estimular la economía local, además de «recuperar» para las personas locales el espacio del que se habían «apoderado los migrantes».9

Esta remodelación es un claro ejemplo de lucha por el uso, imagen o significado del entorno urbano por parte de las personas que lo habitan. El mensaje de la autoridad fue claro: imponer orden en el uso e imagen del espacio, lo cual coincidió con los intereses del sector empresarial de la ciudad, que buscaba reactivar la economía local en el centro de Tapachula. Sin embargo, entre las personas tapachultecas ha habido controversia sobre la remodelación: por una parte, manifiestan su acuerdo en que se «recuperara» su espacio y desalojaran a las personas que lo ocupaban a fin de dar una imagen urbana limpia y moderna, pero, por otra parte, expresan opiniones negativas sobre el corte de varios árboles que daban sombra en el parque (notas de campo, 2022).

El Parque Miguel Hidalgo se reinauguró en noviembre de 2023 y, de manera directa e indirecta, en su reordenamiento se expresan diferentes controles sobre el uso del espacio. Ahora el parque tiene pequeños sitios con una estructura con techo de policarbonato, pero no árboles; estos lugares están destinados únicamente para los boleadores de zapatos, y no para que las personas disfruten de su encuentro en un lugar con un poco de sombra (véase Fig. 4).

Al caminar por el parque se puede observar la falta de grandes bancas, mientras que las jardineras presentan una estructura que dificulta utilizarlas para sentarse, además de que a lo largo de estas no hay sombra y reciben directamente los rayos del sol. El kiosco y el espacio de eventos culturales permanecen, pero no hay acceso para pernoctar, ya que aumentó la vigilancia para que las personas no hagan «su espacio de vida» en este lugar. En los puntos de cruce de peatones, hay placas con el reglamento sobre el uso del espacio en tres idiomas: español, inglés y creole (véase Fig. 5). Aunque por estar en diversos idiomas este reglamento de uso pareciera estar dirigido a la inclusión de cualquier usuario, las medidas y controles reflejan la intención de darle una direccionalidad a las actividades de las personas usuarias de este espacio por parte de la autoridad. Es decir, que sea un espacio de movimiento y flujo constante de las personas, pero no permanecer ahí descansando, mucho menos pernoctando.

Fotografía de la autora, 2023.

Figura 4 El espacio con techo está destinado para los limpiadores de zapatos. 

Fotografías de la autora, 2023.

Figura 5 Reglamentos que se publica en el parque. 

Movilizaciones en una colonia residencial de Tapachula

Los dos ejemplos anteriores muestran cómo el gobierno local desplaza a las personas migrantes con el objetivo de recuperar el orden establecido en los espacios urbanos, utilizando los reglamentos urbanos y discursos de desarrollo local como razón justificante. En parte, esto responde a las exigencias de las personas locales que han experimentado una «pérdida» de su espacio e imagen urbana. No obstante, como hemos descrito, esta lucha no puede esquematizarse como una simple disputa entre personas en (in)movilidad y personas locales representadas por el gobierno local. Las medidas tomadas por este han tenido impacto no solo entre la población migrante, sino también entre las personas locales y locatarias de la zona centro, así como entre varios grupos de personas residentes que han expresado sus quejas e inconformidad. Cuando analizamos cuidadosamente las narrativas de las personas tapachultecas, su desacuerdo sobre el uso de los espacios y el desorden observado en la ciudad se dirigen hacia el gobierno: es decir, que para las personas residentes es el gobierno en sus diferentes niveles, ya sea local, estatal o nacional, con quien se tiene que negociar el uso del espacio, y no directamente con las personas migrantes.

Como muestra de esta negociación frente a la autoridad, en algunas colonias residenciales se observan carteles colgados en donde se expresa inconformidad con que las oficinas administrativas para la atención de las personas migrantes se instalen en su área. En el caso de la colonia A, se ha manifestado más directamente al movilizarse los vecinos para lograr la reubicación de la oficina de la COMAR. En dicha colonia los residentes no son de bajo perfil, en cuanto a nivel de ingreso se refiere, las calles son anchas, con banquetas en buenas condiciones, y cuenta con todos los servicios urbanos de forma aceptable, por ejemplo, alumbrado público en la calle. Es considerada una de las colonias más seguras de Tapachula y de posición económica alta, además de contar con parques con juegos infantiles, otros espacios deportivos y una vida vecinal activa.

En esta colonia se ubicaron hasta 2023 las oficinas de la COMAR dirigida al prerregistro de solicitudes de la condición de refugiado. Se utilizó el estacionamiento del mercado en el que el gobierno buscó crear el «mercado migrante», mencionado en líneas anteriores. Cabe insistir en que la cantidad de personas migrantes en busca de este trámite ha sobrepasado la capacidad administrativa e institucional de la COMAR: en este espacio, donde apenas caben unos treinta automóviles, llegaron a congregarse más de dos mil personas, haciendo largas filas que llegaban hasta afuera del mercado, ocupando vías automovilísticas. Las personas esperaban e incluso pernoctaban en las calles aledañas y en las banquetas o pequeños espacios del parque, situación de la que los residentes se quejaban. Así, por ejemplo, uno de los vecinos comentó que encontraba heces en la banqueta frente a su casa, y que las personas dormían enfrente de su portón e impedían la salida o entrada de su automóvil. Frente a esa situación, lo que hicieron los vecinos fue entregar un oficio ante el ayuntamiento para solicitar la reubicación de oficinas de la COMAR. No obstante, «no nos hicieron caso», refirió un entrevistado (comunicación personal, 2024), por lo que como medida de presión los vecinos decidieron en dos ocasiones bloquear una de las vías principales de la ciudad que pasa por la colonia para manifestar su necesidad de ser atendidos.

Como resultado, en primera instancia, se dio un diálogo directo con la alcaldesa en funciones para acordar la reubicación de oficinas de la COMAR, la cual fue finalmente instalada en el sur de la ciudad, logrando con ello eliminar la presencia de personas migrantes en dicha colonia. La estrategia de bloqueo de la avenida y los resultados obtenidos con las medidas de presión implementadas muestran claramente cómo los espacios urbanos tienen su estructura de poder, en el sentido de que no todas las calles y espacios tienen la misma importancia en las actividades cotidianas de la ciudad y en sus significados. En este caso, se trató de la movilización de personas residentes de una de las colonias céntricas con mayor poder adquisitivo de la ciudad, y del bloqueo de una de las vías más usadas para la movilidad intraurbana tanto de personas como de mercancías.

Tratándose de la lucha por los espacios, el mismo espacio se convierte en una herramienta política. Una de las vías principales de la ciudad fue bloqueada al haber sido identificada como un espacio importante, lo que permitió llamar la atención pública y presionar a la autoridad. En esta acción se materializó la estructura de poder de los espacios urbanos y el entendimiento de esta estructura y de la lógica de estos espacios por parte de un grupo de vecinos de una colonia residencial de Tapachula, cuya lucha por su espacio tuvo como resultado el cambio de ubicación de una de las oficinas más concurridas por las personas extranjeras. Este cambio significó, para las personas locales de la colonia, la recuperación del espacio «local» y de vida diaria, mientras que para las personas extranjeras que requieren realizar trámites significó la necesidad de conocer otro espacio urbano y construir de nuevo su espacio cerca de la nueva oficina, implicando por tanto un cambio en la identificación espacial de la ciudad y la forma de moverse.

Proceso de resignificación del espacio urbano

En el apartado anterior, a través de tres casos concretos sobre la lucha en torno al espacio urbano, vimos cómo distintos actores buscaban instalar sus órdenes y lógicas en un territorio particular mediante sus prácticas y tener control sobre el uso del mismo espacio. Los usos y el control del espacio inciden, a su vez, en la creación, modificación o reproducción del significado espacial e impactan en la vida urbana en general. Cuando hablamos del «significado» del espacio, nos referimos a las imágenes creadas y construidas ya sea con o sin intenciones claras, y compartidas entre los integrantes de sociedades determinadas. Esas imágenes espaciales se construyen con base en las condiciones materiales con las que se cuenta, las personas que se encuentran y las actividades que se desarrollan ahí, además de la ubicación y el acceso que se tenga al espacio en cuestión. En forma paralela, esas imágenes condicionan el uso del espacio, su acceso y las actividades a desarrollar. En este apartado examinaremos cómo los significados de los espacios arriba mencionados incidieron en la trasformación de las estructuras de la ciudad en sí, y de la vida urbana de las personas residentes.

Como vimos, el desalojo del comercio ambulante haitiano en el centro y la remodelación del Parque Miguel Hidalgo tuvieron el objetivo de instalar un nuevo orden y nuevas reglas sobre su uso. Las medidas tomadas, además, buscaron generar nuevos valores en torno al paisaje urbano, dar «un nuevo rostro, digno y que proporciona mayor seguridad y desarrollo», y establecer «un lugar para el sano esparcimiento de las familias, centro del movimiento económico».10 En suma, lo que se buscó fue hacer del parque un sitio importante dentro de la estructura urbana, convirtiéndolo incluso en el «corazón de Tapachula». Sin embargo, a pesar de la obra de remodelación, según las opiniones de las personas residentes en esta ciudad, sobre todo de las generaciones más jóvenes -como estudiantes de secundaria y preparatoria-, el centro con su parque emblemático y las numerosas tiendas comerciales de pequeña escala ya no son un punto de referencia para salir a comprar y divertirse con la familia, pareja o amigos. Ellos argumentaron que al centro ya no acuden porque lo consideran un «lugar peligroso», ya que hay muchas personas, y la mayoría son migrantes (notas de campo, 2023).

Así, muy al contrario de lo señalado por la locataria del mercado acerca del centro en su época, este espacio ya no es significativo en la construcción de la identidad local. Actualmente, los sitios principales de encuentro y para hacer compras son las plazas comerciales que se encuentran hacia la zona sur de la ciudad, a lo largo de la avenida que conecta a Tapachula con el puerto. El centro de Tapachula se convirtió en una zona considerada como peligrosa: imagen negativa que condiciona la movilidad intraurbana de las personas y la vida urbana. Desde luego, el cambio de hábitos cotidianos, como hacer las compras en los supermercados de cadena global en lugar de en los mercados tradicionales o locales especializados, no se debe únicamente a la congregación de personas en (in)movilidad en el centro y la transformación de la imagen de ese sector de la ciudad. No obstante, destacamos el hecho de que las personas locales de la generación joven relacionan su miedo a las personas migrantes como la razón por la cual no se acercan al centro. El miedo construido por los imaginarios sociales sobre personas o espacios tiene poder porque condiciona la práctica diaria. Los imaginarios o los significados del espacio determinado funcionan como una especie de muralla simbólica elaborándose así «los mapas subjetivos de la ciudad imaginada» (Reguillo 2008, 65) que controlan las prácticas de movilidad intraurbana. La presencia de personas en (in)movilidad y su desalojo, incluyendo la remodelación del parque central, condujeron a la creación de un nuevo mapa subjetivo de residentes tapachultecos y a transformar la vida urbana. Aunque es importante resaltar que, hasta el momento en que escribimos el presente artículo, no contamos con los hallazgos suficientes para analizar si la remodelación realmente logró su objetivo o no, consideramos que ha transcurrido muy poco tiempo desde su remodelación para analizar su efecto. Además, la transformación urbana, desde nuestro punto de vista, es constante y dinámica: no es un proceso que tenga un inicio y un fin. El orden espacial es cambiante, además de manipulable, y siempre está en proceso de construcción, reproducción y modificación de acuerdo con los usos y actividades de las personas que lo habitan (Lefebvre 2013; Martínez Gutiérrez 2013). Los cambios y luchas que aquí estudiamos deben ser entendidos como parte de este proceso continuo.

Reflexiones finales

A partir de la descripción y el análisis de tres casos etnográficos, hemos examinado procesos de lucha en relación a los entornos urbanos entre diferentes actores, y cómo los usos del espacio y las disputas sobre este van modificando los significados y, consecuentemente, la estructura urbana, es decir, los flujos de las personas y las actividades desarrolladas en cada espacio. Las personas modifican sus prácticas cotidianas de acuerdo con su entendimiento sobre las áreas que habitan: identifican dónde se pueden satisfacer sus necesidades diarias, dónde se sienten más seguras y adónde sienten miedo de acercarse o para desarrollar cierta actividad, entre otros aspectos. Así, el mapa «subjetivo» se va modificando y se comparte entre los actores urbanos. La lucha por el espacio es una parte de la creación, renovación y reproducción de los significados que impactan la vida cotidiana tanto de las personas que desde hace tiempo habitan la zona centro como de los recién llegados.

Hemos insistido en que, tal como otros estudios de la ciudad han reportado, esta modificación es continua y dinámica, y lo que estamos observando en las áreas urbanas en el momento presente puede ser muy diferente dentro de poco tiempo. Lo que aquí presentamos no se asume como algo reciente y emergente, sino como un escenario de la historia de la ciudad. Nuestro objetivo es, más que narrar la modificación en sí, demostrar que la presencia de la población en movilidad y las prácticas diarias que se desarrollan desde su condición de estancia temporal construye una parte importante de la dinámica urbana. Esto no implica que todas las personas en situación de movilidad constituyan un grupo homogéneo con el mismo nivel de impacto en la transformación del espacio urbano. Por el contrario, buscamos evidenciar que la estructura de lucha por el territorio es compleja y no se limita necesariamente a una confrontación entre dominantes y dominados. Cada actor, según su condición de estancia y sus subjetividades, busca su propio acceso y utilización del espacio.

Estos tres casos concretos nos han permitido esclarecer cómo interactúan y se contraponen los diversos actores que confluyen en los espacios, y la manera en que los reconfiguran, tanto en sus condiciones materiales como en los significados que depositan en ellos. Los hallazgos del presente estudio muestran que las personas en situación de movilidad son elementos constituyentes de los espacios urbanos de diferentes modos, por lo que esta población requiere una atención especial por parte del diseño político urbano y la academia. Si observamos la movilidad desde la sociedad tapachulteca, esta ciudad no es un mero «paso» para la movilidad, sino que construye la movilidad en sí y, a la vez, la ciudad es configurada tanto por la movilidad que fluye constantemente como por la inmovilidad que está atrapada en esta localidad.

Referencias

Álvarez Velasco, Soledad. 2010. «A la sombra del Miguel Hidalgo: Análisis etnográfico del parque central de Tapachula». Liminar Estudios Sociales y Humanísticos 8 (2): 129-52. doi:10.29043/liminar.V8i2.75. [ Links ]

Arriola, Aura Marina. 1995. Tapachula, «la perla del Soconusco»: Ciudad estratégica para la redefinición de las fronteras. Guatemala: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Guatemala. [ Links ]

CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social). 2020. Informe de pobreza y evaluación 2020: Chiapas. México: CONEVAL. https://www.coneval.org.mx/coordinacion/entidades/Documents/Informes_de_pobreza_y_evaluacion_2020_Documentos/Informe_Chiapas_2020.pdf. [ Links ]

Cruz Nakamura, Martín Yoshio. 2024. «Persistir en Tapachula: Comercio e integración social de personas haitianas en los mercados de Tapachula, Chiapas». Si Somos Americanos: Revista de Estudios Transfronterizo, 24: 1-28. doi:10.61303/07190948.v24i.1176. [ Links ]

Fassin, Didier. 2015. «La economía moral del asilo: Reflexiones críticas sobre la “crisis de refugiados” de 2015 en Europa». Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 70 (2): 277-90. http://dra.revistas.csic.es/index.php/dra/article/view/477/481. [ Links ]

Giglia, Ángela. 2012. El habitar y la cultura: Perspectivas teóricas y de investigación. México: Anthropos / Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. [ Links ]

Hammersley, Martyn, y Paul Atkinson. 1994. Etnografía: Métodos de investigación. Barcelona: Paidós. [ Links ]

INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía). 2020. Chiapas: Presentación de resultados. México: INEGI. https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/ccpv/2020/doc/cpv2020_pres_res_chis.pdf. [ Links ]

Lefebvre, Henri. 2013. La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing. [ Links ]

Lindón Villoria, Alicia. 1999. De la trama de la cotidianidad a los modos de vidas urbanos: El valle de Chalco. México: El Colegio de México / El Colegio Mexiquense. [ Links ]

Low, Setha. 2001. «The edge and the center: Gated communities and the discourse of urban fear». American Anthropologist 103 (1): 45-58. [ Links ]

Mahnken, Winifred. 1993. Mi vida en los cafetales: Tapachula (1882-1992). México: Gobierno del Estado de Chiapas. [ Links ]

Martín, Facundo, y Robin Larsimont. 2016. «¿Es posible una ecología cosmo-política?». Polis: Revista Latinoamericana, 45. http://journals.openedition.org/polis/12155. [ Links ]

Martínez Gutiérrez, Emilio. 2013. «Introducción: Ciudad, espacio y cotidianidad en el pensamiento de Henri Lefebvre». En La producción del espacio, de Henri Lefebvre, 31-52. Madrid: Capitán Swing . [ Links ]

Peralta Martínez, Claudina. 2009. «Etnografía y métodos etnográficos». Análisis: Revista Colombiana de Humanidades, 74: 33-52. [ Links ]

Pires do Rio Caldeira, Teresa. 2007. Ciudad de muros. Barcelona: Gedisa. [ Links ]

Piña Osorio, Juan Manuel, y Yazmín Cuevas Cajiga. 2004. «La teoría de las representaciones sociales: Su uso en la investigación educativa en México». Perfiles Educativos 26 (106): 102-24. [ Links ]

Porraz Gómez, Iván Francisco. 2017. «Entender las violencias: Los jóvenes migrantes centroamericanos en sus lugares de origen y su tránsito por el sur de México». Nueva Antropología 30 (87): 107-30. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=15956606007 107-130. [ Links ]

Reguillo, Rossana. 2008. «Sociabilidad, inseguridad y miedos: Una trilogía para pensar la ciudad contemporánea». Alteridades 18 (36): 63-74. [ Links ]

Rosales Cervantes, Guillermo. 2023. «Situación de espera, burocracia y acceso a la protección legal: El caso de las personas migrantes por la frontera sur de México». Revista Pueblos y Fronteras Digital 18: 1-26. doi:10.22201/cimsur.18704115e.2023.v18.658. [ Links ]

Torre Cantalapiedra, Eduardo, María Dolores París Pombo y Eduardo Gutiérrez López. 2021. «El sistema de refugio mexicano: Entre proteger y contener». Frontera Norte, 33: art. 7. doi:10.33679/rfn.v1i1.2103. [ Links ]

Zamorano, Claudia. 2013. Vivienda mínima obrera en el México posrevolucionario: Apropiaciones de una utopía urbana (1932-2004). México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social / Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. [ Links ]

1En el ámbito local, la palabra tianguis se refiere a un mercado al aire libre donde se instalan negocios de diversos tipos, generalmente montados en puestos improvisados. Su origen se remonta a la época prehispánica, aunque en este texto no se profundiza en ello, ya que no es el tema principal.

2Estas actividades se realizaron en el marco del Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia (PRONAII núm. 319125) «Justicia espacial para personas en in/movilidad en entidades consideradas temporales o de paso, y las comunidades que las reciben», financiado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT) de 2022 a 2024, del cual formamos parte. Además, Fuentes llevó a cabo entrevistas en los albergues como parte del proyecto posdoctoral «Memorias migrantes: Identificación en un lugar fronterizo», también financiado por el CONAHCYT, en el periodo 2023-2025.

3Según el Reglamento para la Regulación del Comercio en la Vía Pública del Municipio de Tapachula, Chiapas/ Publicación No. 195-C-2014, título tercero, «De los permisos y autorización», capítulo I, «De la solicitud de permiso y sus requisitos», artículo 13, la solicitud de permiso de uso de la vía pública como comerciante no está vetada a los vendedores extranjeros mientras se cumpla con lo que se anota a continuación: «II.- En caso de ser extranjero acreditar su estancia legal en el país, con residencia en el municipio y estar autorizado para ejercer actividades de comercio. VIII.- Presentar certificado médico, expedido por Institución Oficial de Salud, en original y copia, de encontrarse apto para ejercer el comercio, en caso de dedicarse a la venta de bebidas y alimentos. IX.- Presentar constancia de residencia en el municipio de Tapachula, Chiapas, de cuando menos seis meses de residir».

4El Reglamento para la Regulación del Comercio en la Vía Pública del Municipio de Tapachula, Chiapas/ Publicación No. 195-C-2014, título tercero, «De los permisos y autorización», capítulo IV, «Del retiro de puestos, objetos y resguardo de mercancías», dice en su artículo 69: «En caso de que el infractor se negare a retirarse voluntariamente del lugar, el inspector y/o verificador fiscal con el auxilio de la fuerza pública podrá realizar el retiro mediante inventario de las mercancías, objetos y del puesto».

5Nelson Bautista, «En plena cuarentena migrantes siguen invadiendo el centro de Tapachula», El Orbe, 21 de abril de 2020, https://elorbe.com/seccion-politica/local/2020/04/21/en-plena-cuarentena-migrantes-siguen-invadiendo-el-centro-de-tapachula.html.

6Marvin Bautista, «El parque central de Tapachula será remodelado, la inversión es de 35 millones», Diario del Sur, 10 de enero 2023, https://oem.com.mx/diariodelsur/local/el-parque-central-de-tapachula-sera-remodelado-la-inversion-es-de-35-millones-14378091.

7Ibíd.

8Ildefonso Ochoa Argüello, «Inaugurará el gobernador Rutilio Escandón remodela-ción del parque central de Tapachula este fin de semana», El Orbe, 10 de noviembre de 2023, https://elorbe.com/seccion-politica/local/2023/11/10/inaugurara-el-gobernador-rutilio-escandon-remodelacion-del-parque-central-de-tapachula-este-fin-de-semana.html.

9Marvin Bautista, «El parque central de Tapachula será remodelado, la inversión es de 35 millones», Diario del Sur, 10 de enero 2023, https://oem.com.mx/diariodelsur/local/el-parque-central-de-tapachula-sera-remodelado-la-inversion-es-de-35-millones-14378091.

10H. Ayuntamiento de Tapachula, «En Tapachula Rutilio Escandón inaugura el Parque Central Miguel Hidalgo y calles en la colonia 5 de Febrero», boletín de prensa, 11 de noviembre de 2023, https://tapachula.gob.mx/#/prensa/boletines/pcXA0E1Vjz9mf4JHsbhbKA%3D%3D.

Recibido: 14 de Febrero de 2025; Aprobado: 14 de Julio de 2025; Publicado: 12 de Agosto de 2025

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons