La agudización de las problemáticas económicas, políticas, sociales y ambientales de muchos países del llamado sur global ha propiciado que, a lo largo de las últimas décadas, además de aumentar el número de personas migrantes transitando por el corredor Centroamérica-Estados Unidos, se diversifiquen las formas y dinámicas de movilidad, así como los perfiles de las poblaciones que migran. El alargamiento de los tiempos para obtener la condición de refugiado o cualquier otra documentación migratoria, el aumento en la peligrosidad de las rutas y el reforzamiento de las medidas de contención de flujos a lo largo del corredor se han convertido en barreras que impiden que miles de personas puedan llegar de forma directa y segura a su destino. De esta forma, mientras los tránsitos para intentar arribar a EE. UU. se tornan escalonados y lentos ante las largas esperas en distintos puntos de la ruta, las posibilidades de retornar son escasas frente a las desfavorables condiciones estructurales y locales de los lugares de origen.
En este contexto es que se configuran los escenarios y procesos de las (in) movilidades contemporáneas en este corredor. Dentro de este destaca la frontera sur de México, en particular las entidades de los estados de Chiapas y Tabasco, donde cada día se concentran más poblaciones migrantes de distintas nacionalidades, ya que, ante la imposibilidad de poder continuar su trayecto, se convierten, por periodos indefinidos, en lugares de asentamiento temporal. A la población migrante de origen centroamericano que tradicional mente llegaba y transitaba por esta zona fronteriza, se le han sumado otros grupos provenientes de distintos países africanos y asiáticos, además de nacionales de Cuba, Haití y, más recientemente, de Venezuela, con un notable aumento de su población. Se ha observado un mayor número de mujeres, niños y adolescentes viajando usualmente en grupos de pares o en grupos familiares; al mismo tiempo, la población LGBTQ+ comienza a visibilizarse más.1
Así, distintos espacios fronterizos de los estados de Chiapas y Tabasco son testigos de movilidades por etapas, con tiempos de espera inciertos y estancias temporales prolongadas. Esta desaceleración de las trayectorias migratorias y los largos periodos de espera generan circunstancias particulares indispensables de conocer para comprender no solo los procesos locales, sino la situación regional que se está configurando y reconfigurando día a día en la frontera sur mexicana y el corredor migratorio en su conjunto.
Esperar en la frontera sur es cada vez más difícil debido a la gran cantidad de personas que llegan y deben permanecer ahí, con escasas posibilidades para continuar su camino. Si bien cruzar la frontera mexicana es un importante avance luego de una larga travesía, pronto se convierte en un gran obstáculo, una parada obligada, extendida indefinidamente, que no ofrece muchas posibilidades para subsistir, y donde la meta final, EE. UU., se ve aún muy lejana. Tapachula, Tenosique y otras entidades fronterizas del sur mexicano como Tuxtla Gutiérrez se han tornado espacios saturados, cada vez más hostiles, en los que hay que esperar junto con cientos de otras personas, también en condiciones de extrema precariedad. Se forjan necesidades de sobrevivencia, se resignifican las trayectorias y los lugares de destino, aparecen nuevos actores y se transforman los espacios que reciben a esta población. Mientras se espera, se construyen espacios de vida cotidiana en medio de la incertidumbre, la precariedad y la xenofobia, pero también se tejen redes de apoyo, se buscan estrategias en medio de la adversidad, se toman decisiones. Ante este escenario, las respuestas por parte de diversos actores, tales como agencias de gobierno y organismos abocados a atender a esta población, se vuelven insuficientes, generándose la necesidad de diseñar políticas específicas para hacer frente a las problemáticas emergentes.
A partir del análisis de este complejo contexto, presentamos, en dos entregas, un conjunto de artículos que documentan estas realidades en torno al corredor migratorio en el que se ubica la frontera sur de México, uno de los corredores más complejos, violentos y transitados en el mundo. Desde una mirada regional, siempre eslabonada con procesos globales, nuestro objetivo es analizar las diversas dinámicas sociales que se han ido complejizando en esta zona.
Los diversos textos surgen como resultado del proyecto «Justicia espacial para personas en in/movilidad en entidades consideradas temporales, o de paso, y las comunidades que las reciben: Iniciativas desde la Frontera Sur de México» (PRONAII [Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia] 319125), el cual, a lo largo de tres años (2022-2024), integró un sólido proceso de investigación e incidencia para desarrollar un modelo capaz de identificar, monitorear y producir información sobre las condiciones cambiantes que viven las poblaciones en (in)movilidad y locales, así como proponer soluciones a las problemáticas que enfrentan; esto con el objetivo de promover la creación de espacios fronterizos justos -tanto físicos como digitales- donde se reconozca a ambas poblaciones su derecho a habitarlos.2
Para ello, a lo largo del proyecto integramos un colectivo de investigación e incidencia formado por académicas, organizaciones de la sociedad civil locales y nacionales, además de un amplio grupo de voluntarios y colaboradores lo cales. Trabajamos en ciudades estratégicas, principalmente en Tapachula y Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas, y en Tenosique, en Tabasco. Asimismo, realizamos una investigación en grupos de interacción de población migrante en redes sociales digitales (Facebook).
Como parte de la investigación realizada para este proyecto, se llevaron a cabo como trabajo de campo: 78 entrevistas, observación participante, una encuesta en distintos momentos a lo largo de los tres años del proyecto, acercamientos con técnicas participativas, además de análisis de contenido cualitativo de redes sociales digitales. De manera articulada, se realizó trabajo de incidencia a través de módulos móviles a los que denominamos Espacios Conecta, que se constituyeron como lugares donde las personas locales y migrantes asentadas en distintas colonias identificadas previamente pudieron convivir mediante actividades y talleres, contando además con acceso a internet y otros servicios. Nuestro trabajo tuvo sustento teórico en el concepto de «justicia espacial», desarrollado principalmente por Soja (2013), quien equipara la importancia de la dimensión geográfica con la dimensión histórica, a fin de comprender y contextualizar las injusticias y justicias que tienen lugar en los distintos niveles del espacio -que van desde lo corporal hasta lo global-. Este enfoque parte de la premisa de que el espacio no es simplemente un escenario neutral donde transcurre la vida, sino un elemento activo que se construye socialmente y que, al mismo tiempo, moldea las dinámicas sociales, políticas y económicas.
Partiendo de este marco, dentro de nuestro trabajo nos interesó entender los momentos de espera como parte importante de las dinámicas de movilidad, en tanto procesos activos que, a pesar de ser pausas muchas veces obligadas, son parte de las trayectorias migratorias y están cargadas de subjetividades. Es decir, las esperas se experimentan, se viven, se significan, se sienten por quienes las protagonizan. Son situaciones encarnadas, que se palpan en los espacios cotidianos construidos por las personas en movilidad que deben pausar su trayecto.
Los artículos que se presentan tanto en esta primera entrega como en la segunda, que se publicará en un siguiente número, recogen las reflexiones de algunas de las personas que formaron parte del proyecto a lo largo de tres años (2022-2024). Estas reflexiones y análisis parten del marco de la justicia espacial, pero no se limitan a este. Se nutren también de estudios de caso e investigaciones individuales desarrolladas por las autoras a lo largo de varios años de trabajo en esta región fronteriza. En este sentido, nuestra intención es plasmar en estos textos distintas miradas y ángulos de análisis y reflexión. Aunado a ello, reconociendo la potencialidad del trabajo colectivo, los textos se proponen en coautoría con la finalidad de fomentar el diálogo e intercambio entre este amplio grupo de trabajo con distintos perfiles y áreas de experiencia.
El primer número publicado en este mes de julio de 2025 está integrado por tres artículos, mientras que la siguiente entrega será publicada en enero de 2026. Desde distintos ángulos, los artículos dan cuenta de las condiciones estructurales de movilidad humana dentro de las entidades de la frontera sur de México y los cambios que se presentan como resultado de mecánicas sociales vinculadas con los largos periodos de espera. Asimismo, estos artículos abordan la construcción social de las rutas migratorias, la capacidad de agencia de las poblaciones migrantes frente a la espera, el uso de los espacios urbanos en las localidades de estadía temporal y el uso de redes sociales digitales donde se tienden vínculos de solidaridad, apoyo y se brinda información vital para el trayecto y la aguarda, al mismo tiempo que se recrean dinámicas de discriminación, desinformación y riesgo.
Por su parte, otros textos de esta colección vinculan la labor de investigación e incidencia, incluyendo reflexiones críticas sobre la pertinencia de intervenciones que no consideren de manera aislada a las personas migrantes, sino en conjunto con la población local, generando procesos de convivencia que puedan llevar a una mejor integración a estas poblaciones en lugares específicos, como barrios o colonias. Poniendo en el centro la perspectiva de justicia espacial, resaltan también los retos que plantea la implementación de un modelo de incidencia de esta naturaleza y la construcción de estrategias para monitorear el impacto de proyectos con población en movilidad.
De manera particular, los tres artículos que se presentan en esta primera entrega son los siguientes: el primero, a cargo de Alma Rosa Lizárraga Ramos y María Dolores París Pombo, titulado «La construcción social de la ruta migratoria en la frontera tabasqueña», busca mostrar que una ruta no es tan solo una línea compuesta por puntos geográficos, sino que encarna la construcción de un espacio social en donde actores diversos -migrantes, población local, personas solidarias en el camino, albergues y organizaciones- interactúan dando vida a procesos de movilidad, espera y asentamiento, en este caso en particular, en Tenosique y las zonas rurales cercanas a la frontera con Guatemala.
El segundo artículo que compone esta propuesta está a cargo de Aki Kuromiya y Sinue Hammed Fuentes Malo y se titula «Transformaciones y luchas por los usos de espacios fronterizos: Casos etnográficos en la ciudad de Tapachula, Chiapas». En este trabajo se colocan sobre la mesa de debate los usos, luchas, negociaciones y relaciones de poder que se entretejen en la forma de habitar espacios urbanos a partir de tres ejemplos etnográficos: 1) la instalación del «tianguis haitiano», 2) la remodelación del parque central de Tapachula y 3) la reubicación de las oficinas de una autoridad migratoria como resultado de movilizaciones vecinales.
El tercero, a cargo de Jania Elizabeth Wilson González y Haydeé Lorena Cervantes Reyes, «Redes sociales digitales e (in)movilidad en la frontera sur de México: Riesgos y posibilidades», nos presenta un trabajo en el que a partir del análisis de contenido cualitativo de redes sociales digitales -específicamente de grupos públicos de Facebook donde confluyen poblaciones en (in)movilidad- se reflexiona sobre el doble papel de las redes en los procesos migratorios, siendo, sitios de interacción, información, apoyo emocional y vinculación, pero también espacios en donde el peligro de extorsiones, estafas y desinformación está latente.
Estos tres trabajos, desde sus propios marcos de referencia teórico-metodológicos, ofrecen análisis multiescalares que reflejan, a partir de casos específicos, la complejidad de una región fronteriza como lo es la frontera sur de México.
Deseamos mencionar, finalmente, que el trabajo que presentamos nos habla de la realidad vivida hasta finales de 2024, reconociendo que el regreso de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. en 2025 ha reconfigurado al corredor en general, y a la región fronteriza del sur de México en particular; las consecuencias sobre los procesos migratorios en este escenario se comienzan a vislumbrar y tendrán que ser analizadas a partir de nuevas investigaciones. Aun así, estamos convencidas de que los trabajos presentados aquí brindan análisis, reflexiones e información valiosa que dan cuenta de la realidad del fenómeno migratorio de la región, presentada de manera crítica y propositiva, brindando pautas clave para entender justamente los cambios, las reacciones y las consecuencias ante estos, no solo en esta región, sino a nivel global.










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