Antecedentes del número temático:
A partir de la publicación de la obra pionera de Gonzalo Aguirre Beltrán, La población negra de México: estudio etnohistórico (1946), los estudios afromexicanos han transitado por diferentes facetas y perspectivas de análisis. Hoy en día, los cuestionamientos y las miradas hacia esta población son otras. Esto responde no solo al cambio generacional en los historiadores, sino también a los avances de la historiografía y a la emergencia de nuevos paradigmas que se vislumbran en los artículos que conforman este número temático “Negros, mulatos y pardos en Nueva España y sus regiones”. Las contribuciones ponen de relieve la necesidad de historiar a las personas de origen africano en el virreinato novohispano desde la interacción de diferentes escalas de análisis: local, regional y global. Dicho de otro modo, la historia de los africanos y sus descendientes obliga a reflexionar sobre las dinámicas sociales en las que participaron dentro de un extenso territorio que tuvo vínculos internos regionales y complejas conexiones con un mundo marítimo novohispano ligado al Atlántico y al Pacífico.
Un ejemplo de lo anterior es el libro colectivo Africanos y afrodescendientes en la América hispánica septentrional (Castañeda y Ruiz, 2020), el cual interroga el pasado afrodescendiente considerando la extensión territorial y diversidad regional del virreinato. Con ello, se expone la pluralidad y riqueza de las historias de esta población desde los siglos XVI al XVIII, dejando claro que las experiencias de los africanos y sus descendientes fueron múltiples, así como sus lugares de origen.
El presente dossier es el tercero dedicado a las personas de origen africano en Nueva España y publicado en una revista mexicana en este siglo XXI. El primero lo coordinó Norma Angélica Castillo y apareció en el año 2000 en Signos Históricos de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa. Luego, por iniciativa de Adriana Naveda, en 2012 salió el segundo número en la revista Ulúa de la Universidad Veracruzana. El primero de ellos se conformó de cinco contribuciones, tres de la academia de Estados Unidos y dos nacionales; el segundo contó con siete artículos, apenas uno procedente de nuestro vecino del norte y seis de México. “Negros, mulatos y pardos en Nueva España y sus regiones” está integrado por seis colaboraciones, una de la academia francesa, otra estadounidense y el resto de universidades y centros de investigación mexicanos. En los tres se observan ciertas continuidades en regiones y temáticas, por ejemplo, sigue presente el interés en Veracruz, Yucatán y Ciudad de México. Como problema de investigación, las milicias, la justicia, el mundo marítimo y los tributos continúan en la agenda. Habrá que sumar a la música como un tópico que viene a refrescar los estudios, lo mismo el abordaje de las regiones de Zacatecas y la costa oaxaqueña. Creemos que son los enfoques así como el diálogo historiográfico, la mayor contribución de los artículos que conforman el presente dossier.
La revista Relaciones desde la década de los ochenta comenzó a publicar textos sobre historia demográfica de Guadalajara, Guanajuato y Colotlán en los siglos XVII y XVIII. Estos estudios representan la primera aproximación al conjunto de personas de origen africano. Luego, en los noventa, se sumaron investigaciones que abordaron la delincuencia y a los vagos, así como las visitas de obispos y un estudio más jurídico sobre la estratificación en las sociedades de antiguo régimen. En estos trabajos se hace evidente la influencia de la historia social y ocupan un lugar importante nuestros protagonistas. En la década siguiente, los artículos publicados sobre epidemias, principalmente en reales mineros, dieron cuenta de los afrodescendientes. En el año 2011, se publicó el primer número temático dedicado a esta población, intitulado “Anhelos de libertad. Del esclavo al liberto”. Sin embargo, ninguno de los textos se refiere a Nueva España. Finalmente, en años recientes, temas como las identidades, el contrabando de esclavos, el mestizaje y las relaciones interétnicas entre indios y negros son la muestra del interés y de los distintos enfoques, donde, por cierto, predomina una escala regional. Así, valoramos y agradecemos a la editora y a los colaboradores de la revista la oportunidad para publicar en este dossier sobre la población africana y sus descendientes en Nueva España.
Aportaciones
Las colaboraciones que aquí se presentan expresan diferentes visiones para cuestionar a la población africana y afrodescendiente de Nueva España y sus nexos con el espacio y otros grupos. El primero lleva por título “Negros, mulatos y morenos ibéricos en la Veracruz novohispana de la segunda mitad del siglo XVI”, de Citlalli Domínguez. Analiza las trayectorias, las experiencias socioeconómicas, las estrategias jurídicas, familiares y comerciales de un grupo de negros, mulatos y morenos libres provenientes de la península ibérica y las Canarias, conocidos en la historiografía como “afroibéricos”. Para ello consultó diferentes tipos de documentación, como las peticiones para pasar a las Indias de Castilla, denuncias por hechicería, el contrabando y un testamento. Su propuesta parte del estudio de las microhistorias sociales como herramienta para reconstruir algunos fragmentos de las historias de vida de los hombres y mujeres ibéricos de ascendencia africana y condición libre. Destaca al Atlántico como un espacio de conexiones entre Veracruz, Lisboa, Sevilla y las Canarias. En una escala regional, muestra que estos “afroibéricos” -denominados así por los historiadores- fueron actores claves en la construcción social de Veracruz. Según la autora, es un grupo poco atendido por la historiografía mexicana y que se ha analizado más en los estudios de Leo Garofalo (2009), Jane Landers (2013), David Wheat (2016) y, recientemente, Chloe Ireton (2024) como principales agentes sociales en la creación de las sociedades coloniales americanas.
Cuestionar el archivo se vuelve una necesidad imperante para explorar y rescatar las voces y sonoridades de los afrodescendientes en Nueva España. Esa es la propuesta de Sarah Finley en “Vigilar y silenciar: disciplinando voces afrodescendientes en la ciudad de México, siglo XVII”. A través de una fina aproximación a las expresiones vocales de las personas de origen africano, propone observar las posibles persistencias de las costumbres sonoras de sus culturas originarias en la capital novohispana. Para ello, insiste en que es necesario interpretar estas voces sonoras desde una perspectiva transatlántica que las vincule con las tradiciones africanas y afro-hispanas que demuestran las conexiones entre sonido y memoria cultural afrodescendiente.
La historia cultural y una mayor interdisciplinariedad son un terreno fértil para aproximarse a las improntas y aportes de los afrodescendientes en la formación de las músicas en las sociedades del mundo ibérico. En este sentido, el trabajo de Sarah Finley (2024) abona, junto al de Carmen Bernand (2020), Antonio García de León (2016), José Ramos Tinhorão (2019), Marie-Christine Delaigue (2020) Diana Berruezo (2024), Alfredo Nava (2024), Andrea Rueda y Josep Pujol (2025), a un terreno poco explorado por los historiadores en México y en América Latina, que es el de la presencia de los africanos y sus descendientes en la historia cultural de la música en la época moderna.
En lo que concierne al artículo, “Víctimas, denunciantes, culpables y testigos: mestizos y afrodescendientes en los procesos civiles y criminales del siglo XVIII en la región de Zacatecas”, de Soizic Croguennec. A partir de una exhaustiva investigación en los archivos judiciales zacatecanos del siglo XVIII, pone de relieve las evoluciones de un contexto colonial, las figuras y situaciones reveladoras de las relaciones de poder que estructuraron el mundo zacatecano en donde mestizos y afrodescendientes se encontraron en una posición de marginalidad. La autora analiza la expresión “mala vida” utilizada por las élites y sus discursos para referirse a la población “amestizada”, la cual enfatiza un prejuicio muy complejo y resultado de la combinación de varios estereotipos que dejaban a la luz un rechazo social y religioso hacia estos grupos. El caso del centro-norte de Nueva España le permite mostrar cómo, a partir de 1760, la racialización adquirió nuevos matices y significados en esta región porque se impuso la estructura socioeconómica.
Otro estudio es “La Magdalena: un proyecto fallido para congregar a mulatos y pardos en la Costa oaxaqueña, 1787-1791”, de Nahui Ollin Vázquez. Se pone a prueba los preceptos ilustrados de reactivar la economía a través de la inducción de poblaciones en el campo. Muestra los intentos sin éxito que tuvieron las autoridades novohispanas al pretender congregar a una población de milicianos mulatos y pardos libres en el curato de Huazolotitlán, provincia de Jicayán, sureste de la Nueva España. De acuerdo con el autor, la intención de hacer que estos milicianos permanecieran bajo el control civil y militar, más hacerles pagar el tributo, tenía la finalidad de garantizar la producción de grana cochinilla y algodón; sin embargo, esto resultó en una férrea negativa de esta población. Esta investigación demuestra la movilidad constante de las personas de origen africano en esta región oaxaqueña y su resistencia a ser congregados. Contribuye a un mayor conocimiento de las dinámicas sociales y económicas en las costas del Pacífico en relación a las milicias, los tributos y la formación de comunidades afrodescendientes. Se suma a los trabajos de Cameron D. Jones (2023) y Wilfrido Llanes (2015) para la antigua California y Mazatlán, respectivamente. José Rojas Galván (2016) cuenta con un texto sobre las milicias de pardos en las costas de la Nueva Galicia; en el mismo tenor, Anaximandro Pérez (2024) para Acapulco y su región. Sobre Colima ha escrito Ma. Irma López Razgado (2023), Benjamín Lorenzana para el Soconusco (2017) y, sobre Guatemala, Salvador Montoya (1987).
Al igual que el trabajo anterior, Carlos Roberto Gutiérrez retoma el estudio de las milicias de pardos libres para introducirnos en las prácticas políticas generadas por estos hombres. En su artículo “De honores, méritos y privilegios. Prácticas políticas de los milicianos pardos de Mérida, 1775-1800”, nos sumerge en la dinámica del Caribe yucateco, espacio importante para el comercio y la defensa del imperio español. Aborda los medios formales utilizados por los castrenses afrodescendientes para apelar a prerrogativas o privilegios, como los retiros anticipados, la exención tributaria y la obtención de estímulos y reconocimientos del monarca por los servicios prestados a la Corona. Vale la pena señalar que el autor trata una problemática poco abordada por los estudios de las milicias de pardos y mulatos, ya que se enfoca en analizar el rechazo que generó el pago de tributo durante el régimen borbónico entre los libres de ascendencia africana. Sobre las milicias en el Caribe novohispano se ha avanzado mucho, pero no para la región yucateca. De esta manera, el texto de Carlos R. Gutiérrez contribuye junto a las investigaciones de Cynthia García Martínez (2021) y Jairo E. Jiménez Sotero (2023) a profundizar en las estrategias de resistencia y negociación que desarrollaron los milicianos como parte de una cultura política propia de los afrodescendientes del virreinato.
En este sentido, es necesario apuntar que los más recientes estudios se dirigen hacia una historia comparativa de estos cuerpos militares integrados por los “afrodescendientes” en el Caribe y la Tierra firme americana. El trabajo de Baptiste Bonnefoy (2022) es un buen ejemplo de este tipo de propuesta historiográfica y metodológica que invita a reflexionar sobre el fenómeno de estas milicias en un contexto comparativo más amplio, es decir, entre la Nueva España y el Gran Caribe, y que, al igual que el trabajo de Gutiérrez Peraza, deja al descubierto, entre otras cosas, el poder político que los milicianos afrodescendientes adquirieron entre los siglos XVII y XVIII.
Finalmente, la propuesta de Rafael Castañeda García en su artículo “Microhistorias de negociación: el cobro del tributo a los mulatos libres en algunas regiones de la Nueva España borbónica”. Reduce su escala de observación para analizar las acciones individuales de los hombres y mujeres afrodescendientes libres que emplearon estrategias y discursos para evadir, negociar o resistirse a pagar el impuesto real. Este enfoque le permitió reconstruir los espacios biográficos de esta gente común que ha permanecido casi invisible, más aún si se movieron en los márgenes de la sociedad. El autor muestra varios ejemplos en contextos urbanos y de reales mineros, y señala una serie de dificultades que enfrentaron los funcionarios locales para cumplir con su tarea recaudatoria. Además, aporta una visión novedosa porque rescata y valora el papel que desempeñaron las mujeres en estos microrrelatos, donde buscaron por sí mismas ejercer su maternidad más allá de ser creadoras de vida; lucharon por el bienestar de su linaje, ya sea en la liberación de su descendencia de esta carga fiscal o en la vigilancia del correcto cobro y pago del tributo.
En este sentido, el estudio de Castañeda se suma a los trabajos sobre la historia de los contribuyentes y los tributos tardíos en Nueva España (Celaya y Márquez, 2018) y (Terán, 2021). Además, se inserta en el enfoque de las trayectorias o historias de vida de los africanos y sus descendientes en el virreinato novohispano, un campo relativamente reciente entre los investigadores que, sin duda, nos ayudan a mirar más de cerca las diversas realidades y procesos que vivieron los esclavizados y libres durante los siglos virreinales (Sánchez, 2015), (Baena, 2016), (Castañeda 2016), (Domínguez, 2021), (Spinoso, 2022), (Camba, 2022), (Guerrero, 2023), (Gutiérrez, 2024) e (Iturralde, 2024).
Vetas a explorar en el futuro
Consideramos que este dossier observa de manera seria a los espacios marítimos y sus costas, tanto el Atlántico y el Golfo-Caribe como del Pacífico; mediante microhistorias sociales se rescatan personajes que atravesaron el Atlántico, además de los oficios, trabajadores y milicias. En este sentido, el conjunto de artículos aquí presentados no le da la espalda al mar y se circunscribe en una historiografía marítima global que visibiliza y pone de relieve a los hoy llamados “afrodescendientes”. El ejemplo más reciente es el trabajo de Mary E. Hicks, quien aborda a los marineros de origen africano en el espacio atlántico brasileño. Aunado a las investigaciones de Fidel Rodríguez Velázquez y, por supuesto, las obras colectivas El sujeto en la historia marítima, que coordinó Nara Fuentes, y Entre Europa y América. El mar y la primera globalización, coordinada por Lilyam Padrón Reyes y María del Mar Barrientos Márquez, además de Africanos y afrodescendientes. Miradas a su presencia en la historia del puerto de Campeche, cuya coordinación estuvo a cargo de Jorge Victoria Ojeda. Esta apertura a la historia corsaria es un campo de estudios muy fértil para México; de hecho, el Caribe que ha recibido más atención por parte de la historiografía novohispana está lejos aún de profundizar a detalle en los contextos políticos y sociales que permitieron la integración de la gente de “color quebrado” en la vida marítima. En este sentido, consideramos que los estudios de los colegas brasileños y colombianos, Mariana Candido (2018), Jaime Rodrigues (2022), Cándido Domingues (2022), Ernesto Bassi (2021) y Edgardo Pérez Morales (2023) pueden servir de guía. Los trabajos de Rodrigues, Candido y Domingues muestran la incursión de los negros esclavizados como marineros y su participación como operadores en el tráfico trasatlántico entre Angola y Brasil en el siglo XVIII. En tanto que los colegas colombianos han contrastado las dinámicas propias del mar respecto a las ciudades de la Nueva Granada en los siglos XVII al XIX.
Dentro de los avances, no podemos dejar de mencionar la obra de Beatriz Carolina Peña(2024), Manuel Jala. Un afrocampechano ataca la esclavitud en la Boston colonial. La cual sienta un precedente en la historiografía marítima novohispana y afromexicana, pues aborda la historia de un marinero afrodescendiente de Campeche que, de ser un individuo libre en el virreinato novohispano, pasó a convertirse en esclavo en los territorios ingleses de América. El relato de Manuel Jala muestra la capacidad que tuvo un hombre de movilizar las leyes en una sociedad esclavista y colonial que no era la suya con la finalidad de recuperar su libertad y volver con su familia. La historia de Manuel Jala adquiere mayor relevancia y nos introduce a un juego de escalas y a la historia transimperial hasta ahora muy poco estudiada por los historiadores afromexicanistas. La historia de este marinero afrodescendiente puede entenderse también si atendemos al rol que jugó el puerto de Campeche en la historia del comercio de esclavizados. Nuestro colega, Jorge Victoria, se ha dedicado en los últimos años a estudiar el comercio intercaribeño de esclavizados en el siglo XVIII desde la península yucateca; devela la demanda que existió de esta mano de obra de Cuba en el contexto de la expulsión de los ingleses. Contribuye a entender una dinámica regional y global en la cual, según el autor, hubo una compra/venta de cientos de esclavizados (2023 y 2017).
A estas obras se suma el interés mostrado en la articulación de los circuitos del comercio ilegal de esclavizados, donde negros y mulatos libres fueron parte de un proceso de “hemisferización” entre el Atlántico africano y el Atlántico novohispano durante el siglo XVI. En el cual también se traficaba de manera ilegal con otros productos como el vino, telas y esclavizados entre Cabo Verde y Veracruz (Domínguez, 2023, pp. 151-181). Dentro de esta misma línea del contrabando se inserta la investigación de Norma Angélica Castillo (2016, pp. 153-217); la historiadora explora el papel y las redes de los tratantes portugueses que hacían comercio ilegal de esclavizados entre el puerto de San Pablo Loanda en el Reino de Angola y el de Veracruz en la primera mitad del siglo XVII. Sin duda, estos trabajos son una invitación a continuar explotando la veta del comercio ilegal de personas y otros productos que dieron origen a una conexión directa con el África occidental.
Quizá sea en la Universidad de Sevilla donde en los últimos años han estudiado un mercado de productos más complejoy variado que no se limitaba a la trata esclavista, por ejemplo, la pimienta o el azúcar; así lo han probado Rafael Pérez y Manuel F. Fernández (2022). Finalmente, los aportes a esta temática de Amândio J. M. Barros de la Escuela de Educación Superior del Politécnico Oporto son clave para entender los negocios y los comerciantes que participaron en el tráfico de esclavos en los puertos portugueses, y cómo lograron construir redes comerciales y nuevas rutas de navegación (2023). Este campo de estudios de los negocios alrededor de la trata transatlántica ha venido creciendo en los últimos años; no obstante, creemos que la historiografía novohispana tiene aportes a cuenta gotas.
Por otro lado, la atención de la historia sobre las dinámicas regionales del Pacífico ha cobrado mucha relevancia en la última década. Respecto a nuestros protagonistas, consideramos que debemos incorporar en un diálogo que busque trazar una narrativa del Pacífico americano a autores como Paul Lokken para la costa de Guatemala (2008), Rachel S. O’toole (2020) sobre los mares del sur peruano, además de la obra de Jaime Andrés Peralta que analiza las diferentes facetas de la vida cotidiana del Chocó y sus actores: “indios”, esclavizados y “libres de todos los colores” durante el siglo XVIII. Tender estos puentes permitirá comprender de manera más integral la vida económica, social y política de las personas de origen africano en las costas.
El estudio y análisis de los litigios en el que se involucraron los esclavizados y los libres de ascendencia africana como sujetos jurídicos deja ver la necesidad de seguir investigando en los archivos judiciales de carácter local. Tanto Croguennec como Castañeda han mostrado, mediante sus trabajos, la riqueza de estos repositorios para Zacatecas, Puebla y Colima. Habrá que seguir explorando en otros, tales como el Archivo Histórico Municipal de León, Guanajuato, el Archivo Municipal de Saltillo, Coahuila, y el Archivo Municipal de Mazapil, Zacatecas. Así como los Archivos Históricos del Poder Judicial del Estado de México y del Estado de Hidalgo, además del Archivo Histórico Judicial de Oaxaca. Para la región de San Luis Potosí, el Archivo Histórico del Estado “Lic. Antonio Rocha”.
En este mismo tenor, la transición de la esclavitud a la libertad y las decenas de litigios que esto generó en las personas de origen africano es un campo de estudio que aún se puede profundizar; investigaciones como las de Adriana Naveda (2007), María Elisa Velázquez (2006), Frank Proctor III (2010), Gibran Bautista (2018), José Luis Cervantes Cortés (2020) y Alfredo Delgado (2022), entre otras, han abierto brecha. Sin embargo, la producción historiográfica sobre estas temáticas se ha incrementado mucho, por lo que se requiere leer otras publicaciones para conocer los matices de los usos de la justicia por parte de los esclavizados. En este sentido, los trabajos de Charlotte de Castelnau-L’Estoile (2019), Michelle McKinley (2021), María Elena Díaz (2024) y Javier Fernández (2024) pueden abonar a ello. De hecho, la perspectiva de género en el análisis de los pleitos de esclavizados y libres en los tribunales de justicia es terreno fértil. Sobre esto, las investigaciones de Carolina González Undurraga (2024 y 2021), Sabrina Smith (2023), Claudia Gamiño (2022 y 2018), Maribel Arrelucea (2016) y el libro colectivo publicado en 2023 por la Universidad de Sevilla: Esclavas, forras y libres. Historias de mujeres en los mundos ibéricos… arrojan pistas para futuras investigaciones en México.
Uno de los temas que consideramos falta por estudiar es el del maltrato al cuerpo de los esclavizados. Al respecto, los textos de Tamara Araya (2020), Maira C. Córdova (2021) y Claudia García (2023), entre otros, resultan útiles para acercarse a una historia del “disciplinamiento” o formas de control social en el espacio doméstico, en los centros de trabajo urbano y rural. La respuesta a estas prácticas de violencia ejercida a la mano de obra cautiva no se hizo esperar; en los expedientes judiciales como en los inquisitoriales se encuentran las estrategias que emplearon las víctimas para cambiar de amo. En torno a estos casos, hay una descripción de los castigos físicos, de las enfermedades, de la tortura o sevicia que merece ser contada.
Esto nos lleva a mencionar que se ha dejado de estudiar a los propietarios de los esclavizados en las distintas regiones de Nueva España. Thomas Calvo (1997) se aproximó al origen de los propietarios de los esclavizados en la segunda mitad del siglo XVII mediante el análisis de los libros de bautismos para la ciudad de Guadalajara. Brígida von Mentz también ha ofrecido datos precisos sobre los empresarios mineros más ricos que contaron con numerosos esclavizados negros para la zona de Taxco, Zacualpan, Huautla, Sultepec y Temascaltepec; además, sugiere una relación de esta elite con los inversionistas azucareros esclavistas de los valles de Cuautla, Yautepec y Cuernavaca (2017, pp. 296-298). A estos estudios, se suma el de María Guevara sobre los “Propietarios de esclavos en Irapuato, en el siglo XVIII” (2011), el cual aborda la compra-venta de esclavizados mulatos en una zona agropecuaria que fincó una parte de su prosperidad en la explotación de esta mano de obra.
Sin duda, los ingenios azucareros es otra temática que no hemos atendido lo suficiente, el estudio ya clásico de Adriana Naveda, Esclavos negros en las haciendas azucareras de Córdoba, Veracruz, 1690-1830 (1987), el cual, tras una minuciosa investigación en los archivos locales, reveló la procedencia de los esclavizados y los principales propietarios españoles que compraron a hombres y mujeres africanos para trabajar en las haciendas cordobesas. No obstante, basta con revisar la historiografía cubana para darse cuenta de los matices y problemáticas que estamos lejos de conocer para el caso novohispano; al respecto puede verse la obra de María del Carmen Barcia (2003).
Sobre las interacciones de los africanos y descendientes con el resto de la sociedad, es interesante el trabajo de Paola Revilla (2020), quien muestra en la región de Charcas, a finales del siglo XVI y durante el XVII, a un conjunto de caciques naturales con esclavos afrodescendientes y también, en otra documentación, localizó a personas de origen africano con servidumbre indígena. Sin duda, es un aporte que invita a cuestionarnos sobre esta realidad para otros escenarios de la América española. Sabemos por el estudio de Danielle Terrazas Williams (2022) de mujeres mulatas que fueron dueñas de esclavos en Xalapa en el siglo XVII, pero hasta ahora, para el caso novohispano, relaciones similares a las que ha encontrado Revilla,parece ser una veta de estudio a considerar.
Trazar los temas pendientes en la agenda de investigación es un asunto muy subjetivo. No obstante, los artículos aquí presentados que integran el dossier podrían ayudar a plantearse problemáticas para el siglo XIX. De entrada, consideramos que un camino para incidir en los estudios decimonónicos sobre los afrodescendientes en México es el análisis de los padrones eclesiásticos de finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Ubicar a estas personas en la cartografía histórica del extenso territorio novohispano ayudaría a cambiar las percepciones que se tienen sobre los afrodescendientes en ciertas regiones del país, donde se niega su importancia demográfica. Para ello, proponemos poner atención en el trabajo de Fátima Valenzuela (2023).
La prensa es otra fuente aún por explotar. Cynthia García ha documentado cómo en la Gazeta de México los dueños y dueñas de los esclavizados dieron amplia difusión de las fugas desde finales del siglo XVIII. Con este recurso buscaban recapturar a los esclavizados; se ofrecía a los lectores una descripción física de los fugitivos, la vestimenta que portaban, el lugar de donde huyeron y, en ocasiones, se prometía una gratificación a quien diera alguna información sobre el paradero de los huidos (2016, p.126-131). La prensa como la literatura son clave para encontrar indicios de la población afrodescendiente en el México decimonónico; otro ejemplo es el artículo de Jorge Delgadillo (2019). Para otras latitudes como Uruguay, véase el estudio de Amparo Fernández (2021); sobre Colombia, Brasil y Cuba está el libro de María Alejandra Aguilar (2023) y para España, la tesis de doctorado de Regla Ismaray Cabreja Piedra (2024).
Por otro lado, si bien se ha avanzado en conocer la composición de las bases sociales de las tropas realistas e insurgentes que devinieron en el México independiente, debemos insistir en realizar investigaciones regionales y locales para rescatar y visibilizar a más personajes de origen africano. Al respecto, los trabajos de Antonio García de León (2021), Jesús Hernández Jaimes (2022), Alan Malfavon (2023) y Moisés Guzmán Pérez (2024) son una buena muestra de ello. Ahora bien, necesitamos conectar estos estudios con la historiografía latinoamericana, por ejemplo, con las publicaciones de Ana Vergara (2011), Roger Pita (2021), Luis Antonio Madrid (2022), el libro colectivo que coordinaron Silvia C. Mallo e Ignacio Telesca (2023) y Rocío Castellanos (2024).
La historia conmemorativa señala al año 2029 como el bicentenario de la abolición de la esclavitud en México. Si bien existen algunas investigaciones recientes como la de Carlos Herrejón (2015), Jorge Delgadillo (2021), Camila Díaz (2021), María Esther Hammack (2022) y María Teresa Pavía (2024). Podrían ser de apoyo las publicaciones de Imilcy Balboa (2011) para Cuba, en Argentina, Florencia Guzmán y María de Lourdes Ghidoli (2020), y en Chile, el Proyecto Afro-Coquimbo (2024), además de las obras de Magdalena Candioti (2021) y Yesenia Barragán (2023).
Finalmente, estas líneas no pretenden imponer una agenda, pero sí buscan motivar a un diálogo más cercano y duradero con las historiografías latinoamericanas, pues consideramos que los vínculos con la academia española, francesa y estadounidense están más consolidados. No así con la portuguesa, la brasileña y la africana del periodo moderno; aquí sigue habiendo una brecha que debemos comenzar a cubrir. El tema de la Iglesia y los afrodescendientes no lo hemos abordado en estas líneas, pues ningún texto de los que conforman el presente dossier lo trabaja; no obstante, Rafael Castañeda y Juan Carlos Ruiz han dado cuenta de los avances de esta temática en los últimos años (2020, pp. 29-36).










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