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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup vol.53 no.209 Ciudad de México ene./mar. 2024  Epub 24-Jun-2025

https://doi.org/10.36857/resu.2024.209.2750 

Artículos

Dilema humano para la educación superior post-Covid: entre los sentidos y las TIC´s

Human dilemma for post-Covid Higher Education: between senses and Information and Communication Technology (ICT)

Rosalía Susana Lastra Barrios* 

Óscar Comas Rodríguez** 

* Universidad de Guanajuato. Correo electrónico: lastra@ugto.mx

** Universidad Autónoma Metropolitana


Resumen

La educación presencial de las universidades públicas está siendo retada por la aceleración de microorganismos inéditos, exigente de distanciamiento social impulsor de la reconversión del servicio a digital. En este trabajo se discuten escenarios para escudriñar si el modelo tradicional de formación se ha agotado. Se inicia identificando fuerzas contextuales que empujan en tal dirección, analizando la significancia que ello adquiere en posturas antagónicas que plantean un intríngulis para los sentidos humanos en (des)activación. La conclusión avizora riesgos, en particular frente a los planes de poderosas transnacionales que promueven plataformas instruccionales hiper-utilitarias, guiadas esencialmente por criterios costo-beneficio.

Palabras clave: Universidad pública; Educación presencial; Educación en línea; Plataformas educativas digitales; Valores

Abstract

The face-to-face education of public universities is being challenged by the acceleration of unpublished microorganisms, demanding social distancing and driving the conversion of service to digital. This paper discusses scenarios to examine whether the traditional model of training has been exhausted. It begins by identifying contextual forces that push in such a direction, analyzing the significance that this acquires in antagonistic positions that pose an intricacy for the human senses in (dis)activation. The conclusion foresees risks, particularly in the face of the plans of powerful transnational corporations that promote hyper-utilitarian instructional platforms, guided essentially by cost-benefit criteria.

Keywords: Public university; Face-to-face education; Online education; Digital educational platforms; Values

Introducción

A raíz del trauma social mundial provisto por la pandemia Covid, ya declarada bajo control, se reconoce sin ambages el papel positivo desempeñado por las tecnologías de la información como núcleo central de una inédita transformación multidireccional y dimensional. De aquí lo importante de estudiar los determinantes e influencias que tal transformación impone al humano en su esencia interrelacional, por modificar hábitos y patrones de conducta, nuevas formas de pensar, trabajar, educarse e influirse a través de las “libertarias” redes sociales.

Al ser el acontecer en las universidades públicas (UP) uno de los nodos de cambio social más penetrantes, no ha de ignorarse lo que ahí se reflexiona o no, ante los retos que plantean dichos actores emergentes, provenientes de la globalización, mutando estilos de enseñanza, producción, gestión y distribución de conocimientos, con la égida del poderío inédito de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) trasnacional, con Internet como su ariete (Laines, et al., 2023), con prácticas continuas a partir de los años 80, de nuevos lenguajes, so pretexto de potenciar la enseñanza/aprendizaje, pero con la vicisitud de que todo indica que está quedando al margen la reflexión sobre cuáles contenidos y prácticas conservar para el entendimiento del futuro humano que prefiguran.

El futuro de la UP misma es una preocupación acuciante que pocos están cuidando, simplemente dejándose llevar por la creencia en los efectos positivos, minimizando o de plano ignorando los negativos. Cierto que su supervivencia fue gracias al papel fundamental que jugaron la digitalización y el uso de las TICs (Díaz, et al., 2023) adaptando a distintas velocidades los nuevos escenarios que ahora, ex-post, quedan en cuestión, reconociendo que fue positiva la prueba para quienes lograron colaborar a distintos niveles, entre organizaciones, con el gobierno, docentes y estudiantes, de desarrollar y adquirir habilidades con las que se sobrellevó la situación.

El punto es que en este momento histórico ha iniciado la etapa de consolidación de una revolución digital previamente vaticinada, de difícil control por parte de las sociedades locales y sus gobiernos. Perplejos, los científicos avanzan lento en la identificación de qué cambios seguir impulsando y cuáles frenar.

Los rasgos patentes del cambio de circunstancias ponen a prueba aquello de que es posible que lo que funciona en un tiempo puede no hacerlo en otro. La educación superior ha sido por décadas la plataforma para el desarrollo de las naciones, no sólo en áreas técnicas, científicas y humanistas, sino también en acciones relacionadas con incrementar el compromiso social, la cobertura de las políticas públicas y especialmente, sirviendo como espacio para la reflexión crítica, al parecer, por ahora, un tanto adormecida. Cabe llamar a rendir cuentas a las fórmulas educativas tradicionales; la alerta va por identificar si hay que retomarlas o si empiezan a ocasionar retraso, enmendarse o si hay que reconocer que es tiempo de abandonarlas.

Entre los principales efectos remanentes por el paso de la pandemia, la labor de las UP está teniendo que maniobrar con la intensificación de al menos cuatro fuerzas contextuales: la espacial, la temporal, la demográfica y el avance de las TIC´s educativas (Rodríguez, Cáceres y Alonso, 2018) que, aunque actúan de manera concatenada -no siempre coordinada-, suman sus magnitudes e intensidades para construir la urgencia de cambios universitarios con posibles efectos de fragmentación del ser humano/educando.

El presente trayecto evolutivo humano intervenido por las TIC´s implica una peligrosa fractura en la relación profesor-estudiante (Guerrero, 2014). Es innegable el aporte en interconectividad, flexibilidad, versatilidad e interactividad, pero lo cuestionable son los usos inducidos de códigos pan-lingüísticos, orientados a ensalzar el dar respuestas estandarizadas, que ponen a un lado el énfasis en las coordenadas pan-humanísticas cuidadas por las formas de educación tradicional. La relación “a más tecnología, menos humanismo”, es un hecho difícil de controvertir, constatado en investigaciones como, por ejemplo, el creciente “uso desadaptativo” de las TIC´s en adolescentes iberoamericanos (Díaz-López, et al., 2020).

Respecto a la docencia, es fácil encontrar espectaculares estudios científicos en favor de determinar la cualificación idónea de un profesor por áreas del conocimiento, para llevar a cabo propuestas innovadoras de educación a distancia y sus corolarios, mas no de los que cuestionan si el tiempo que queda disponible para dominar las TIC´s (por la tecno-pedagógica requerida) es un problema que riñe con el ejercicio del pensamiento crítico (López-Belmonte, et al. 2020).

Los escenarios educativos escenifican dichas fuerzas contextuales de cambio, por lo que se debaten día a día entre los antagonismos educación digital vs presencial, el sentir del ser humano pre y post pandemia y la necesidad de refuncionalizar el papel de los sentidos del estudiante, del profesorado y de elegir la oportuna pedagogía. Todo ello, integrado, apunta a la necesidad de lidiar con un reinicio forzado del proceso educativo y de modelos a desprender que requieren atención a fondo en las UP comprometidas, al ser vulneradas en su sistematicidad por los saberes digitales emergidos como legítimos en automático, que socavan al tildar de irrelevantes “ciertos” conocimientos que quedan fuera de los centros decisorios de las TIC´s.

Escasean los estudios científicos que revisen las agendas de política pública -al menos en México-, para visualizar cursos alternativos de acción, que diluciden si se requiere establecer un nuevo pacto social entre autoridades locales, estudiantes y profesores, para que se constituyan como una sola fuerza en torno a defender la vuelta a la up centrada en la reflexión de ideas y no en instrumentos que solo permiten tipos “ligeros” de enseñanza, focalizados en la practicidad técnico/virtual de distribución de información. Se trata de mediatizar la admisión automática del ariete de la insuficientemente estudiada (en sus efectos) educación a distancia, so pretexto de disminuir, por ejemplo, la deuda crónica para atender la rezagada oferta educativa (Madrid, 2021), que no tiene que recargarse ahí de bote pronto, procurando que primen las formas de favorecer la educación por encima de los sistemas de acreditación tecnológicos, confundidos entre “calidad educativa” e indicadores internacionales, vuelta al celo del carácter público estratégico autónomo del desarrollo nacional.

Fuerzas contextuales del cambio

Las fuerzas externas que determinaron la penetración de las TIC´s inició a finales de los años 80 en todo el mundo, con la adopción de políticas de los gobiernos orientados a aplicar criterios de mercado, no siendo la educación superior la excepción en experimentar tal transformación. La suma de la fuerza espacial implica que los avances científicos y tecnológicos ya no se mantienen en su lugar de origen, sino que sus financiantes los escalan, sin poder ser contenidos por lo local y nacional, conformando a modo el ámbito internacional; esto no es nuevo, pero sí su sinergia con la fuerza temporal de eventos como la pandemia, implicando un diferencial entre la generación de dichos avances y su absorción diferida en cada cultura.

Tal nuevo paradigma teórico-experimental está siendo acogido sin análisis previo y a profundidad de sus fundamentos en todas las disciplinas. Al parecer, la mayor fuerza instituyente de la educación a distancia radica en su independencia de ajuste a la enorme complejidad por heterogeneidad de circunstancias organizacionales e, incluso, ideológicas, expresada no solamente en el tipo diverso de prácticas en la formación académica, sino en la multiplicidad de tipos de programas educativos y amplios campos de formación.

La mayoría de investigaciones sobre las formas en que se está promoviendo el uso de los medios educativos a distancia no dudan en exaltar los resultados positivos que les redundan para dirigir contenidos instruccionales, pero escasean las que ensayan algún balance respecto a los efectos de la disminución en el trato humano, estimando el costo de la falta de una política pública nacional con sustento en la arista pro-humanistas y ayudar a encontrar indicios de la (in)adecuación del modelo tecnológico importado acríticamente, sino a actuar a partir de meras intuiciones y facilidades.

A vista rápida, se observa que en UP´s con distintos contexto, leyes y programas, se están produciendo resultados culturales similares, lo cual se asocia, al parecer, a otra fuerza contextual, ésta controlada por el sector público, que es la reconfiguración del nivel institucional que viene homogeneizando desde hace tres décadas el proceso de formación del profesorado, a través de los programas de evaluación externa y estímulos económicos que se les aplican, con puntajes privilegiados a quienes aceptan introyectar las TIC´s en su labor educativa.

Ya se arrastraba desde antes de la pandemia el problema de la adecuada medición del valor de la docencia, a pesar de que es la función del profesor el engranaje clave en la transmisión del conocimiento. La necesidad en México de un radical nuevo modelo de evaluación docente, sobre el aún no consolidado ni cualitativamente evaluado servicio, no pasa del discurso y los ejercicios fallidos, para la planificación y el desarrollo humanista del docente. Por el contrario, la capacitación digital tecnopedagógica de la acción docente para el uso de medios a distancia sí avanza, y se “mide” por resultados cuantitativos. Al efecto, vale revisar el artículo “Dime cómo evalúas y te diré que sociedad construyes” (Murillo e Hidalgo, 2015), para entrar en consciencia sobre el significado de introducir el uso intensivo de las TIC´s en la docencia y avizorar consecuencias en la tendencia pesada de la forma y utilidad de la conformación humana.

Los estándares docentes para consolidar y articular tanto una visión de lo que se considera es un “buen profesor” y “buen aprendizaje” están acabando por ser centrados simplistamente en desarrollar lo tecnológico. Todo lo anterior, al no ser pensado como parte de un sistema de referentes, incrementa la ya de por sí compleja carrera docente, creando incertidumbre en las decisiones sobre cómo ir conformando los trayectos profesionales y explicando -por desgracia- la reproducción de ciertas prácticas corruptas.

La consciencia fragmentada entre dirigentes de la educación superior hace cuestionar cómo salvaguardar la capacidad crítica al interior de las UP, con su autonomía académica cada vez más asediada, ahora por las modificaciones en los procesos educativos generados desde los medios tecnológicos, asimilados del exterior a tabla rasa, pretextando la necesidad de contar con recursos, pero prefigurando crisis de proporciones insospechadas.

Posturas en oposición

Regresemos al origen: las UP´s fueron concebidas para formar humanos profesionalmente competentes, con capacidad crítica para hacer investigación de vanguardia, eficaz y eficiente, para solucionar desde el respectivo bastión los problemas nacionales, definidos analíticamente desde dentro de la misma UP, en coadyuvancia con la sociedad. La importancia y credibilidad de las UP hasta ahora es tal, que cualquier intervención externa puede ser causa de inestabilidad social, por lo cual es obligación pública estar alerta contra Caballos de Troya inerciales o simplistas que, por reducir costos o atender la pérdida de competitividad en el mercado laboral que, de por sí, absorbe inadecuadamente a los egresados universitarios, puede estar claudicando un futuro libertario.

Las posturas se dividen entre quienes aceptan tal misión de las UP, si acaso con argumentos de que hay que refuncionalizarlas pero modernizarlas, y quienes la trocan con controles, como los selectos estímulos económicos al profesorado. Cada reto requiere repensar el debilitamiento de las otrora fortalezas de la presencialidad, cada vez más acotada por límites factuales, distorsionada en sus funciones, capacidades críticas y libertad de acción, aplacadas con los mecanismos de la big data y sus algoritmos. Esto explica fuertes reacciones como las de Amin, Samir (1988), que teoriza un camino hacia la desconexión de ciertos los medios de comunicación globales, como el servicio público a las TIC´s, consciente de la lucha por la hegemonía global que, sosteniendo que es un derecho humano el acceso a la comunicación, están terminando por controlar a través de las licencias de programas desde la inducción de contenidos hasta a los gobiernos.

En la recta final de la conmoción psicosocial pandémica, las posturas de la educación tradicionalista agonizan, poco confiados en que la educación presencial seguirá igual, catastrofistas al suponer no se volverá a lo presencial, pasando por las híbridas moderadas y las de quienes ven en la aparición de más virus el “irrenunciable” aceleramiento de los usos tecnológicos. La cuestión es razonar a fondo con qué posicionamientos ha de manejar cada cual los cambios y a quiénes y a qué dar el control: ¿a las empresas tecnológicas, a los gobiernos, a los estudiantes…?

a) Postura empresarial

Ante el acecho de la acelerada absorción de las TIC´s en la educación, la visión del futuro implica considerar el papel del empresariado transnacional, impulsor de la era tecnológica, que la supone el estado ideal de la humanidad.

McLuhan, Marshall, llamado “el profeta de la Era digital”, señaló desde los años 60 que la mera información digital reemplaza al espíritu de la verdadera comunicación, falsificándolo; empero, en los años 70, Bernstein, Jared, teorizaban lo lamentable de la relación negativa entre desigualdad de ingresos y desigualdad educativa, agudizadas por la falta de acceso a la tecnología. Posteriormente, empresarios como Gates, Bill, fundador de Microsoft, y Schmidt, Eric, espíritu vitalicio de Google, surgen convencidos de que no existe problema que la tecnología no pueda solucionar. Sus discursos van sin rodeos por acelerar el aprendizaje remoto aprovechando el temor colectivo de salir y que on line se esquiva el requisito de proximidad, lo que viabiliza además poder obtener instrucción de los mejores maestros, sin límite de estudiantes ni por el lugar de residencia. Su supuesto subyacente es que la virtualidad está llamada a ser un poderoso instrumento de justicia social.

En esta visión empresarial, no se conciben los cambios en marcha como amenaza ni limitante. Por el contrario, la habilidad de adaptación a las nuevas formas de interacción social viene en relación directa al desprendimiento de los anteriores esquemas y condiciones imperantes. Vivir sin escuela tradicional no implica una catástrofe; la catástrofe es aferrarse a lo conocido por miedo a transitar hacia nuevas formas de ser y hacer para el desarrollo humano. Recomiendan abrazar el cambio, ayudando a la juventud a que viva la revolución educativa digital con júbilo, pues la historia muestra que las civilizaciones, individuos y gobiernos lentos para generar las transformaciones acordes a las nuevas circunstancias pierden oportunidades de desarrollo. Aseguran que acceder pronto a la era digital y asumir el accionar autodidacta, les pone en ruta de pertenecer a una generación que dominará el mundo obligado al distanciamiento social.

En nombre de la lucha contra los virus, las grandes corporaciones de la tecnología en línea reivindican que la población mundial debería estar agradecida de que invirtieron en la construcción de los medios de comunicación que el mundo está usando para superar el aislamiento; y es cierto, pero quedando en impasse si equivale para revertir lo que hasta hace poco era rechazo a su imposición irrestricta.

Lejos de lo emocional, Schmidt afirmó en el Wall Street Journal (Rusell, 2019, 642), que el Silicon Valley aprovecha toda crisis de distanciamiento social para profundizar una transformación permanente, lo cual es consistente con sus gestiones por años dirigiendo la empresa matriz de Google, Alphabet, y su división Sidewalk Labs, en la costa de Toronto, a la cual llama su prototipo de “ciudad inteligente”.

Las inminentes alianzas con otros poderosos empresarios y altos ejecutivos de compañías como Oracle, Amazon, Microsoft, Facebook, están listas para sedimentar tal transformación, además aliados con políticos como Andrew Cuomo, gobernador de New York, quien anunció la asociación con la Fundación Bill y Melinda Gates en el desarrollo de un sistema educativo que califican de más inteligente, agradeciendo que la pandemia ha creado un momento en la historia en el que es posible incorporar y avanzar en las ideas de sociedades plenamente tecnológicas, preguntándose ¿para qué aulas físicas, con toda la tecnología que se tiene?; “hoy tenemos el laboratorio global vivo, para un futuro altamente rentable, evasivo de los contactos físicos”. (IBL News, 2020)

Otros empresarios trabajan sobre posturas académicas aún más radicales, como los integrantes de la RED Experimento Latam, de Siemens, que experimentan con Ministerios de Educación selectos para insertar sus desarrollos de paquetería con estrategias educativas que llevan a límites insospechados el valor pedagógico de la virtualidad, con poco más de 4 mil recursos educativos. (Red STEM, 2020)

b) Postura humanista

Resulta innegable que la transferencia de información y algunas destrezas educativas se eficientizan con la virtualidad. Sin embargo, ante tanto optimismo, hay que mencionar vicisitudes de reflexión obligada.

Nótese que aún quienes logran acceder a la virtualidad, enfrentan frustrantes penurias, no solo por la soluble deficiente disponibilidad de adecuadas infraestructuras, sino por los límites de acceso a los recursos tecnológicos, cobertura y espacio en casa, entre lo principal. Por ello, surgen analistas que advierten que, de seguir por la misma senda, sólo los ricos podrán acceder a la educación presencial, con espacios suficientemente amplios como para mantener la distancia social, en selectos y elitistas jardines del conocimiento (Pedro-Carañana, 2016).

El reto es de forma, pero también de fondo sobre cómo y para qué se genera qué tipo de conocimiento. La virtualidad conduce a una educación híper individualista, atomizada y orientada a una autodidaxia fragmentaria: alumnos aislados en una habitación recibiendo instrucciones remotas, leyendo correos y guías de actividades sin la posibilidad de desplegar ímpetus, obligados a autocensurarse, inhibidos ante la mirada de sus cohabitantes -privados del ambiente especial del aula-, sin existir solución tecnológica al problema de tener que aprender en entornos hogareños superpoblados e incluso hasta abusivos.

Cortado el contacto humano, la educación meramente virtual privilegia el desarrollo informativo sobre el emocional y espiritual. El parcial anonimato dificulta aprender a sostener debates sobre asuntos trascendentales, trayendo consecuencias como la creciente dificultad de aprender a construir vínculos sociales, prohijando apatía, inacción y limitación de compromisos a escala colectiva e inercia contraria al deseo transformador de la realidad. Todo esto, anima a no sentirse responsable de la realidad y la sociedad se convierte en un agregado de individualidades cuya preocupación esencial es sobrevivir, sintiendo que no es tiempo de practicar la solidaridad.

Se prefigura un desolador escenario de negación de la esencia interrelacional del humano. Obsérvese la consecuencia de trasladar la función del maestro al programa o plataforma educativa y llamar “facilitador”, “tutor” o “guía de sesión” a aquél con quien ahora se tiene el mínimo contacto directo, replegándole a asumir que es responsable de que los estudiantes permanezcan confortables, educados a pequeñas cápsulas de conocimiento (estándar de diseño de materiales no mayor a 5 minutos, o pierden la atención), distanciados de pensamientos con respuestas y de la exigencia de esfuerzos para tensar las capacidades que ensanchan la mente, a pesar de que sobrevenga dolor de cabeza.

La educación con la mayoría de TIC´s suele no distinguir entre pedagogía y andragogía, lo cual tiende a infantilizar con la premisa de que el conocimiento debe ser divertido y cargado de juegos interactivos, desdibujándose parte de la función transicional de la universidad, que ayuda a pasar de la adolescencia a la adultez, dejando de lado que lo importante son los contenidos, independientes de formatos distractores.

Presencialidad vs virtualidad y puntos intermedios

Para saber los beneficios y/o daños de las TIC´s en las aulas durante y después de la pandemia, se requiere recurrir a investigaciones sobre qué países ya estaban y siguen de lleno en la implementación de los entornos mediados y, de ellos, con qué tipos de TIC´s y cuales perduran, con el registro meticuloso de la evaluación de resultados. Lo que está fluyendo indica que los entornos de mayor absorción son los de materias como matemáticas, derecho, veterinaria, física (Reinhold, et al., 2021), las bibliotecas (Asabere, 2021) y las plataformas para el aprendizaje sincrónico como Zoom, Teams y Tik Tok (Escamilla-Fajardo, et al., 2021). También ya hay análisis de las competencias digitales tanto de docentes como de alumnos (Cabero-Almenara, et al., 2021) y otros que entran de lleno a las que llaman tecnologías disruptivas y robótica educativa (Micea, et al., 2021). La mayoría buscan percepciones y motivaciones de docentes y estudiantes sobre usos y competencias en dispositivos y plataformas, resultando base engañosa si de propuesta de planes de formación se trata.

Nadie niega que gracias a las TIC´s integradas a la educación se agrega valor pedagógico al proceso de formación académica, pero sí que resulte integral. El punto es que no todos identifican que con ninguna TIC se supera ver al sujeto que aprende como un mero recipiente de contenido programático. Los posicionamientos críticos vienen desde la concepción de que los estudiantes son más que eso.

El centro de la discusión mayéutica gira en torno a qué tan deficitarios o superiores pueden llegar a ser los aprendizajes a partir de las promesas de la virtualidad, teniendo que determinar si son simples medios transmisores de mensajes o mucho más. ¿Su uso responsable es lo que define sus resultados o son el mensaje mismo? Es irrenunciable entender a fondo lo que se sacrifica en los estudiantes al confinarlos fuera de las aulas presenciales o, dicho hacia el futuro, lo que se le está haciendo a la humanidad con la enseñanza a distancia.

El enfoque político del cambio desfavorece la misión de las UP como las conocemos. Para continuar contribuyendo a la humanización de las sociedades y ser el mejor referente de confluencia universal de todo pensamiento, por fuerza requieren de la presencia del estudiantado. Empero, como históricamente las UP han propiciado cambios contra ciertos grupos de interés, hay quienes sienten alivio en que lleguen a desaparecer y, si sobreviven, lo hagan como meras oficinas para trámites de matriculación. (Agamben, 2020).

Una encuesta de la empresa norteamericana Times Higher Education (THE, 2020), del 29 de abril al 22 de mayo del 2020, revela que el 53% de representantes de universidades líderes de 53 países (destacando USA, China, Reino Unido y Japón), declararon que la pandemia les obligó a migrar el 100% de sus cursos presenciales a la modalidad en línea, sin resultados halagüeños; la alta deserción es el principal obstáculo, suponiendo la causa en la limitada preparación para adecuarse al estudio autónomo. ¿Esto es soluble con sólo acostumbrarse?

El 40% de dichos directivos concordó en que la calidad de enseñanza que están entregando con los cursos en línea no es igual de satisfactoria que en el modo presencial. No obstante, la mitad estaban algo convencidos de que, durante los próximos 5 años, la experiencia durante la pandemia impactará en el otorgamiento de más títulos o, al menos, en modo mixto; el porcentaje restante lo afirma categóricamente, regresando el debate al añejo problema de si la cantidad de titulados es más importante que la calidad de los egresados; si la educación se privatiza, la respuesta es directa (Villafuerte, 2020).

Los indicios de que no toda educación totalmente virtual es exitosa, requiere intensificar la investigación de sus complementariedades, partiendo pragmáticamente de qué tipo de personas se tiene por misión formar, más allá de cumplir la instrucción “de cajón”: en qué carreras hay mayor o menor probabilidad de adaptación, en qué momentos, por qué así. Se trata de definir dos procesos asociados: uno, el tipo de adaptación de profesores y alumnos, y el otro, la selección de contenidos integrados con la gestión académica y administrativa.

El universitario entre la presencialidad y la virtualidad

El centro del debate arranca con la falta de unicidad al intentar responder qué educación superior se quiere y cuál se requiere en cada país; de ahí, perfilar las acciones coordinadas necesarias por la polìtica pública respetuosa de la autonomía académica, que establezca qué debe permanecer, cambiarse o reordenarse a intervalos estratégicos, manteniendo distancia con las tentativas administrativas de desatar procesos homogeneizantes y de austeridad.

La ruta reflexiva para entender las formas organizacionales emergentes en la educación superior pasa por la indispensable aproximación a los elementos humanos de “primer contacto”, es decir, para la formación transformadora de seres humanos, donde adquieren y desarrollan competencias profesionales, pero, sobre todo, para la vida, desarrollando los importantes sentidos para la comunicación, negociación, solución de conflictos, empatía y espíritu transformador.

No está a discusión que la educación confinada a la casa resulta eficiente para transmitir información, pero insuficiente para la humanización, socialización e impulso de comportamientos para el desarrollo pleno del ser y sus potencias. La eventual escisión de la impartición de información y de formación deja en impasse quién o dónde se fomentará ésta última. Desde J. J. Rousseau (2011) la educación ha sido concebida para enseñar a vivir haciendo uso de los sentidos, facultades y todo lo que da propósito a la existencia, alertando sobre confinar la educación en casa, preguntando: ¿Puede concebirse un método más insensible como el de educar a alguien como si jamás hubiese de salir de su habitación y tuviera que vivir siempre sólo rodeado de su gente? Con tal método, el estudiante tendrá serios problemas al salir al mundo real.

La respuesta vuelve a exigir la indagatoria de lo que se sacrifica al quedar privados de la percepción sensorial que acompaña al lenguaje no verbal del aula, la renuncia a relacionarse transicionalmente con otros seres sensoriales, que también están moldeando su percepción y sentido crítico.

Freinet, Celestine (2017) se pronuncia por una integralidad educativa en que la escuela tiene doble función alfabetizadora: por un lado, el conocimiento informativo y, por otro, el de las emociones, habilidades sociales, toma de decisiones y relaciones interpersonales, reaccionando incluso contra la psicología social tradicional, que enfatiza los aspectos racionalistas del aprendizaje en detrimento de los factores sensitivos. Cuando el alumno se apropia de su aula, potencia sus procesos cognitivos al generar afectos, coexistir con los desafectos, descubrir sus sensibilidades, revelar sus talentos, alimentar sus intereses, y, cuando el aprendizaje va acompañado de experiencias de inmersión social, robustece sus capacidades críticas, compasivas y solidarias.

La interrelación social se fortalece cuando cada estudiante se convierte en educador de sus coetáneos, al volverse ejemplo del manejo de sus emociones, de diálogo, de resolución de conflictos y mediación. Cuando cada participante provee en el aula herramientas a los demás para desenvolverse, se construyen conexiones que escalan hacia la transformación del medio inmediato y a largo plazo, de su entorno y su realidad, situación cercenada en la virtualidad.

Para Freire, Pablo (2018), la educación también implica concientizar el sí mismo, parte de un todo, a través de construir vínculos con los otros; no sólo de entenderse como un agregado de individualidades que coexisten a distancia, sino como una interrelación de personas conectadas perceptualmente, y ello empieza a desarrollarse y depurarse en las aulas. Cuando esta etapa no ocurre, la comunicación se asume más vertical, menos participativa y dialógica; la autonomía se convierte en aislamiento y menguan las posibilidades para mostrar respeto, aprecio, compañerismo, reciprocidad, atención y reacción.

La involución humana amenaza por la sustitución permanente de la presencia del profesor por imágenes síncronas o asíncronas, sobre todo en contextos receptivos de débil aprendizaje por falta de identificación con el emisor y la presencia de todo tipo de ruidos que reducen la capacidad de transmitir e intercambiar información y emociones, así como la poca capacidad de adaptarse a la audiencia, dando mayor cabida a malas interpretaciones. Todo ello debilita las competencias para desarrollar la práctica discursiva y sus efectos. Los límites del diálogo apuntan a una menor diversidad de ideas y dificultan la construcción intersubjetiva del conocimiento. En síntesis, en la virtualidad se debilita el estímulo del emisor y la eficacia del escucha.

Berger, Peter y Luckmann, Thomas (2003) sostienen que el gregarismo humano requiere de transitar por diferentes grados de socialización, a la familia le corresponde la primera fase y a las escuelas, la socialización secundaria, que es donde el ser humano aprende a autoregularse en la interacción con los otros. Si no se logra, se padecerán dificultades para la convivencia, pues la persona se convierte para él mismo en el centro, borrando de su aprendizaje a los demás. La educación superior es la última mejor oportunidad para equilibrar.

Rushkoff, David (2019) advierte que cuando el logro económico se convierte en el principal propósito de la educación, la humanidad entra en descomposición. Los currículos se reescriben para enseñar solo las habilidades necesarias para obtener un trabajo, pasando las universidades a entrevistadoras de las empresas para determinar cómo formarles estudiantes más “útiles”. En el límite, cabe pensar que la reducción de la educación a una función utilitaria puede realizarse mejor con las TIC´s, pero hasta de ellas se puede prescindir, pues es sabido que se aprende más aspectos técnicos en el trabajo. Sostiene que entregar la educación a entrenar sólo para un trabajo y no para la vida, hace olvidar que con ella se trata de ayudar a descubrir lo que amamos, al tiempo que se enseña a pensar, pero no sólo en tareas específicas, sino cómo pensar, cuestionar el mundo e interpretar la realidad.

Rushkoff afirma que lo más irremplazable del aula es que los humanos aprendemos imitando; el maestro actúa reforzando el proceso de aprendizaje que los estudiantes imitan…, pero si el maestro actúa mal, el argumento de la mimesis resulta bipolar. Lo cierto es que la educación presencial une a través del maestro con las grandes mentes y, por ello, el autor sostiene que la “buena educación” no debiera prescindir de los debates sobre las grandes obras filosóficas que enseñan mundos y seres mejores. Una educación tecnológica, sin humanidades y contacto humano directo, sin consideraciones morales, es una “mala educación”. La relación maestro-alumno bien lograda es un ejercicio espiritual por el contacto directo grupal de energías.

El quid de la enseñanza-aprendizaje actual compete a la gradación del híbrido existente entre la misión de socializar individuos y lo que se conciba como educación superior “de calidad”. ¿A dónde llegará la humanidad si las UP´s se dedican sólo a instruir, disociando la socialización exigente de presencialidad? ¿Acaso se llegará a requerir legislar que es inadmisible disociar?

Los sentidos y la educación a distancia

Concentrándonos en la demografía latinoamericana, obsérvese que ser joven para la gran mayoría es sinónimo de precariedad y olvido de sus emociones y vocaciones. Quienes han logrado saltar los innumerables escollos para intentar saciar su vocación en una up, contienden en contextos impregnados de desigualdades, problemas de inseguridad individual y colectiva y, por si fuera poco, problemas de persecución al atreverse a expresar orientaciones no tradicionales. También ven su aspiración afectada por desastres naturales de corta o larga duración que, si se midiesen en sus efectos, entraríamos en un mundo factorial, donde lo natural se une a todas las aristas de lo social y, en definitiva, a la caótica realidad humana, con interrelaciones complejas, en escenarios que no dejan de alterarse y modificarse, tanto en lo macro institucional como en lo micro organizacional, atenuadas únicamente por el sentido de pertenencia grupal.

A lo anterior se integra el vector transversal de la educación a distancia, que impacta con fuerza inédita los objetivos, metas y procesos humanos universitarios. Cada implicado debe tomar decisiones y actuares consecuentes, a partir de alteraciones emotivas con impacto diferenciado, en particular para los jóvenes expuestos a las redes sociales como nuevos espacios de socialización sin presencialidad ni conducción, en que recrean comportamientos de rumbo incierto en significados y alcances.

El efecto inmediato en los sentidos que quedan comprometidos en el desarrollo de la juventud con medios remotos semi presenciales, se observa al responder a simple vista si permiten a todo tipo de educando mantener igual o más intensidad de aprendizaje que con lo que se experimenta ante un profesor al comunicar contenidos con intencionalidad, no sólo a través de sus palabras, sino de sus énfasis tonales, movimientos, cadencia y signos corporales en el mágico momento áulico (Llorens-Largo, 2014).

El tacto es un recurso para construir vínculos entre seres vivos, útil para mostrar acompañamiento, protagónico al consolar y mostrar solidaridad. Las personas más quinestésicas sienten bienestar con una palmada o abrazo fraterno, transmisores de energía y fortaleza. Aún no se ha logrado crear un robot que toque o acaricie de manera convincente. Se envían (ciber) abrazos de amplia cobertura, pero que languidecen en la pantalla al no alcanzar a tocar el alma; si acaso, una expresión de solidaridad, poco íntima por lejana.

Con el sentido de la vista, los profesores aprenden -hasta sin querer- a interpretar la mirada de los estudiantes: cuando están atentos o sus mentes viajan por el más allá, se lee un “... no sé”, el asombro, la tristeza, la alegría, el cariño, la admiración, el coraje, la frustración, el aburrimiento. Los ojos son tan expresivos, que se requiere mucho entrenamiento para que mientan. La cámara de los dispositivos digitales, sin importar su nitidez, no alcanza a descifrar el significado de la luz de las pupilas que, con el acompañamiento de las expresiones faciales, son parte de un gigantesco código detector de certezas. Los ojos frente a una pantalla siguen al docente, pero poco se puede ver a los otros, obnubilados por entretenidos diseños de pantalla, ocasionando un soliloquio ausente del de “al lado”. La educación en línea “pierde de vista” que un propósito vital de educar es “mirar” cara a cara para comprender.

El sentido del oído ayuda a integrar ideas con el sonido, timbre, frecuencia y armonía. La maravilla de escuchar y procesar información producida “al natural”, reconocer énfasis y descifrar los valores del silencio, acontece en el aula y no en el artificioso, poco espontáneo y súper producido mundo virtual de las TIC´s.

El olfato en la educación mueve sentimientos y recuerdos que integran estados emocionales, llegando hasta a determinar identidades. Se agolpan los recuerdos del salón de clase en que se comparten ideas entre olor a pasto recién cortado del campus, o el perfume de algún/a compañero/a que así, hace más grato el camino al conocimiento. En el mundo educativo digital, el olfato ha quedado debilitado a solo poder oler el plástico de la computadora.

El sentido del gusto tiene un papel poco advertido, pero basta maravillarse cuando un enólogo en la cata de vinos, después de un sorbo que pasea por su paladar, comienza a interpretar a todo lo que sabe y lo que contiene. El gusto no tiene ningún rol en la educación virtual o ¿cómo enseñar por computadora a degustar?

De los cinco sentidos humanos, el proceso educativo virtual se recorta a dos principales y tres asociados. Pero, ojo, estos efectos transformadores del ser acarreados por la fascinación digital están teniendo significación en la situación educativa universitaria con independencia de la pandemia.

Papel del profesorado

La educación a distancia viene resolviendo desde tiempo atrás contingencias en países como los nórdicos, congelados por meses con grandes problemas para salir a socializar. Su sistema educativo público ha diseñado materiales que forman a estudiantes capaces de autorregularse, atendiendo primero por tv y ahora por computadora las clases y tareas sin necesidad de vigilancia continua. Tal aprendizaje se ve coronado con adultos disciplinados, siempre ocupados en resolver los retos que su agreste entorno les impone, de temperamento frío, a los que la comunicación cercana no les resulta esencial.

Las necesidades y exigencias educativas de jóvenes como los latinos implican demandas distintas, por su usual uso al unísono de todos los sentidos; al perder los profesores a distancia la captación de los sentires de los estudiantes les resulta incómodo y suelen sentirse mal con la compactación de los tiempos para compartir significados, lo cual no se remedia con la comunicación confinada a un chat, quedando impedido de estimular al estudiante con una mirada de aprobación bien dirigida o interpelarle ocularmente a atender y la misión de pulir personas puntuales y cabales.

La eficiencia de la educación a distancia no se resuelve solo por su disponibilidad, pues, aún con ella, queda por despejar todo lo que humanamente ella deja atrás. Entre profesores, incluso, se llega a escuchar que ya no hay que ir a congresos habiendo videoconferencias, en franca ignorancia de todo el capital académico adicional que se obtiene a partir de esos intercambios. Circulan posturas en todas direcciones.

Un efecto inesperado de la pandemia es que acabó sumando fuerzas con aquello que ya venía apuntando a la necesidad de revalorar la docencia, pues no ha sido menor el esfuerzo realizado por los profesores en el contexto virtual forzado. La vida después del Covid no está siendo acompañada hasta ahora por reformas normativas, lo cual significa que finalmente no hay “nueva normalidad”, sino que se retoma la marcha. Lo que no, es valorar cuáles profesores y en qué circunstancias han quedado preparados para asumir programas de enseñanza remota de llegar a acontecer nuevas contingencias. De la respuesta depende la solicitud de soportes, manuales y actividades a diseñar y financiar, además de analizar y revisar cómo incorporar a los profesores en la “sana distancia”, sin perder de vista, aunque sea a intervalos, el valor del encuentro social directo con contiguos y lejanos.

La comunicación a distancia en el nexo docencia-investigación trae sus propios dilemas, probada la efectividad de su asociación entre adultos, abriendo toda una línea de investigación sobre cómo es que cada profesor resuelve cómo activar procesos didácticos que conlleven a la fusión de los contenidos científicos, técnicos y humanísticos aplicados.

Es momento de apoyar al profesorado con directrices científicas, no como opción, sino como responsabilidad institucional, y no por el Covid, sino porque las nuevas generaciones enfrentan un mundo que lo exige y, por tanto, que se impulse centralmente el ajuste en los currículos con claridad razonada y consensuada de los tiempos, momentos y motivos de activación, dando espacio controlado a la virtualidad y no a la inversa, no asimilando cualquiera, ni para siempre, ni en todo momento, espacio y lugar. Los ajustes requieren de ser medidos en sus consecuencias, con enfoque en que el profesor no sea arrojado a claudicar su papel como desarrollador de todos los sentidos humanos.

Pedagogía fenomenológica contingentaria

La educación con las herramientas a distancia llegó para quedarse. El dilema es su dimensionamiento como complemento, analizando lo que se gana y lo que se sacrifica. Aunque sea con fórmulas híbridas (Campuzano, J. et al, 2023), la virtualidad exacerba el individualismo y ayuda poco a afianzar la educación humanizante. Entonces, urge activar la discusión sobre la traza de conocimientos que establezca lo que es compaginable en el óptimo con la virtualidad, qué no y las formas. El asunto compete a cada comunidad universitaria, según su propósito educativo teleológico, no dejando que tal guía ocurra de lo que proviene de las disposiciones de las plataformas transnacionales. De este conocimiento derivan consecuencias económico-jurídicas que vigorizarán o no la estructura universitaria futura.

En México, la Universidad Autónoma Metropolitana avanza en la educación por tecnología remota en asociación con la empresa Coursera Inc., con una de las plataformas de educación en línea más grandes a nivel mundial, en el esfuerzo para llegar a estudiantes de habla hispana en todo el mundo (sólo en 2021 sumaron más de 5 millones de nuevos registros de estudiantes y más de 8 millones de inscripciones a cursos desde América Latina), afirmando ser capaz de “transformar vidas con educación de alta calidad” (Coursera Inc., 2020). El Cinvestav estuvo ensayando durante la pandemia organizar a los estudiantes en núcleos de cuatro alumnos para tomar clases en línea, reuniéndose cada semana en casa de uno de ellos de forma rotativa (Arteta, 2020). A reserva de lo que estén perfeccionando, queda en el aire la discusión de lo confuso que resulta lo que cada cual concibe como educación de “calidad” y la asociación con la atención a la socialización.

El dilema se cierra en que es un falso debate el de tener que elegir virtualidad o presencialidad. Se trata de un asunto de complementación y no de claudicar la socialización por la digitalización o viceversa. Cada up está exigida a ingeniar fórmulas didácticas propias, cuyos procesos y resultados en los estudiantes sean evaluables por la superior aptitud profesional y actitud humana, a la par.

Con independencia de la pandemia, continúa el añoso reclamo a las UP´s de recalibrar sus métodos de enseñanza más allá del énfasis en la secuenciación de contenidos, en entredicho de tiempo atrás. Ello no sea tomado como pretexto para que revolucionen métodos de enseñanza que recortan el uso de los sentidos -salvo cuando reaparezcan condiciones que requieran distanciamiento-, ni la sustitución de la atención personalizada de los profesores en el aula a ultranza; la socialización comunitaria basada en el contacto humano y el reconocimiento del otro ha de encontrar en ellas espacios privilegiados.

Las circunstancias hacen oportuno trabajar con la fenomenología que deconstruya las partes del hecho narradas, interaccionando todas sus aristas, para desarrollar cada cual una didáctica desafiante, informada de las capacidades humanas que debe desarrollar, incluyente de la cobertura extendida que propicia el apoyo mesurado en las TIC´s, como un acto responsable al que el profesorado está llamado, demostrativo de practicar el razonamiento crítico pregonado a nivel de la enseñanza superior. El ajuste de cada profesor al educar según sean sus conclusiones de cuáles son las necesidades cognitivas de cada área y entorno, no es opcional, sino su responsabilidad toral, no por discusión de ratios de “virtualización aceptable”, sino por la defensa inalienable de todo aquello que rescate lo humano.

Siempre es tiempo de innovar con discernimiento, sin miedo, pero con cautela, sobre los medios educativos que rompan imposiciones, en la inteligencia de no volver a ser sorprendidos. El límite es la imaginación para involucrar los recursos asequibles en que los estudiantes estén tranquilos de que si vuelvea ser necesario el confinamiento, sepan que no están solos, sino que cuentan con UP´s capaces de responder ante la contingencia en el justo espacio, tiempo y magnitud.

Conclusiones

El rechazo es a asumir en automático el falso dilema “educación presencial - contingencia - instauración de virtualidad permanente”; lo razonable es concebir relaciones de complementación y no de exclusión, pero la realidad indica que se trata de relaciones de poder, donde lo que uno gana, el otro lo pierde.

Cierto que poco nuevo hay bajo el sol. Es real la posibilidad de que se desaten oleadas de virus. La humanidad siempre ha tenido que enfrentar calamidades provenientes del medio físico, cuya solución ha devenido unas ocasiones de forma natural y, otras, gracias al trabajo de los científicos que crean los remedios para seguir sobre la faz del planeta. Entonces, la novedad no es que hoy se viva en una “nueva normalidad”, sino que al final de un evento mundial traumático, se debe revisar -en nuestro caso, de la educación superior, la significancia de lo que deriva de trabajar sobre el ulterior proceso de asimilación de las tics, que ya iba en marcha. El punto de inflexión lo constituye creer o no en que volverá a suceder otro confinamiento pronto, ante lo cual procede decidir qué conservar y qué parcializar, pero por ningún motivo seguir en automático la senda contingentaria, como parece estar ocurriendo.

Vuelta a la calma, la impronta universitaria debiera dirigirse a revalorar sin dilación la significancia de la marcha ante los precipitados cambios que la pandemia impuso, frente a los propósitos de sus mayores beneficiarios -las plataformas electrónicas de comunicación- que, si bien, ayudan a potenciar ciertos aspectos educativos y sirven para lograr seguir funcionando en contingencias, tendencialmente distorsionan la creación de escenarios alternativos menos invasivos, haciendo pasar su avance como imprescindible, consecuencia de la supuesta evolución, sin marcha atrás. Esto es discutible, aún sin prejuiciar ex ante los planes trasnacionales -sea de maquiavélicos, ventajosos o no- (Klein, 2020), sino la falta de atención de los timoratos, que dan por hecho que ya hay que rendirse ante lo que muchos suponen un avance inexorable.

Sin embargo, ex post de todo lo revisado, se colige lo oportuno de detener toda marcha inercial, en particular las provenientes de cualquier intervención externa que conforme un mundo menos humano. No es nueva tampoco la falta de respuesta nacional coordinada desde cada comunidad universitaria, usualmente omisas ante los retos de gran envergadura, como el planteado, situación a concientizar.

El desarrollo de los sentidos humanos que están siendo afectados por el uso insuficientemente razonado de las TIC´s es el dilema central que, hasta el momento, cada quien está resolviendo a partir de “pareceres”, incluyentes de que cada docente está teniendo habitualmente que amoldarse a las tecnologías que su institución le permite o les obliga a utilizar. La indeseable permanencia de sistemas que -por la urgencia- surgieron desestructurados, catapultan la alerta a que el sector educativo no dilate en asumir su responsabilidad de conductor del cambio controlado, no abandonando la forja de la educación de las nuevas generaciones al arbitrio del aprovechamiento de circunstancias aleatorias aprovechadas por quien las aleje del destino libertario deseado.

A los investigadores de las UP´s toca la responsabilidad de proporcionar los diagnósticos sobre las implicaciones profundas de dejar pasar con indiferencia cada oleada digital que, si bien, llega sin aviso, es decisión local qué hacer frente a ella, partiendo de separar lo que es soluble por voluntad/consensos o por franca oposición si resultan infranqueables los riesgos implicados, como parecen ser los planteados por las empresas promotoras de las TIC´s como herramientas de enseñanza, diseñadas sin ambages para fines hiper utilitarios, guiadas por criterios costo-beneficio, que no sucumbirán ante la tendencia de transformación que propician hacia una humanidad autómata.

La cuestión es ¿cómo salvaguardar entre las autoridades y profesores la capacidad crítica? No existen garantías. Entonces ¿qué hacer de llegar a prevalecer la inconsciencia sobre las pérdidas en la formación pro humana de la enseñanza presencial si se le tamiza cada vez más con interferencias de las TIC´s?

La literatura devela clara tendencia a que en la educación superior se está asumiendo como óptimo el avance irrestricto de todas las TIC´s, vistas como un fin educativo en sí mismo, no como un medio opcional más. Con esto, paradójicamente, se está en presencia de la muerte de la prístina misión de aprender y enseñar a pensar estratégicamente; el primer sentido en quedar así fulminado es el común: primero, porque el monopolio natural de las plataformas de comunicación líderes igual que aparecieron, puede desaparecer, dejando a los multitudinarios usuarios en la orfandad, ante el descuido de desarrollar las propias; segundo, por ignorancia supina de las implicaciones tecnopolíticas, es decir no concientizar que quienes controlan las TIC´s no tienen una apreciación neutral de qué contenidos instruccionales hacer fluir y, aunque sí ayudan a la humanidad a funcionar, simultáneamente se ayudan a introyectar su ideología basada en paradigmas utilitarios de vida, excluyentes del desarrollo de sentidos humanos esenciales; tercero, porque la confusión de utilizar los medios que permiten los aprendizajes instruccionales provistos a distancia, con los verdaderos fines de la educación superior, cercena parte del aprendizaje de la socialización genuina que la presencialidad sí garantiza en el aprendizaje para interrelacionarse mejor en la vida profesional y más allá.

Una vez inmersos en la declaratoria oficial del fin de la pandemia, no debería resultar osado (o alocado) sostener lo oportuno de meditar y, de resultar positivo, proponer límites a más avance en el cotidiano para la educación a distancia. Entonces, el fiel de la balanza sea el trabajo exhaustivo para reportar los resultados educativos que alerten sobre las responsabilidades de no ir difiriendo las decisiones correspondientes, en particular desde la filosofía de la educación respecto a si lo que las TIC´s activan compensa lo que están desactivando.

Se trata de la obligada revisión de la parte del trayecto humano que a la educación superior toca, por lo cual, de concluir más peligros que potencialidades, habrá que remontar la coherencia hacia acciones que intensifiquen los modelos educativos persona a personas, aunque ello haya a quien le parezca retrógrado. La defensa desde los sentidos va por no admitir que en las UP se propicien rupturas de vínculos sociales por abandonarse al control de las fuerzas externas y rescate su valía como proveedora de educación orgánica.

Las generaciones criadas en la virtualidad quizás ignoren las maravillas que obra la aplicación de todos los sentidos humanos en la educación presencial y duden que en la presencialidad operen integralmente en realidad. La respuesta es que al menos se venía intentando, existiendo como posibilidad.

Finalmente, si el consenso favorece la practicidad y avanzar en la desconexión de la comunicación humana, aduciendo que las TIC´s permiten ya no tener que repetir una y otra vez los mismos contenidos, se concluirá pedagógicamente que más se trata de desinterés por tratar con artesanía a cada grupo, que de responder estratégicamente al diagnóstico de cada disciplina con perspectiva humana. Entonces, proceda el juicio que la historia tiene reservado a cada implicado.

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Recibido: 19 de Octubre de 2020; Aprobado: 18 de Febrero de 2023

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