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Diánoia

versión impresa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.70 no.94 Ciudad de México abr. 2025  Epub 19-Ago-2025

https://doi.org/10.22201/iifs.18704913e.2025.94.2145 

Artículos

Dosier

Asedios a Kant (1a. parte)

Kant under Siege Part 1

1Instituto de Investigaciones Filosóficas, Universidad Nacional Autónoma de México, México


Introducción | [Introduction]

2024 fue el año kantiano: casi todas las universidades organizaron encuentros para conmemorar el tricentenario del nacimiento del filósofo prusiano. Ante esto surge inevitablemente la pregunta: ¿por qué discutimos todavía sus teorías? Sin duda, hay varias razones para ello, aunque no todas son positivas. Para empezar, está el hecho de que aún estudiamos a ciertos pensadores europeos varones porque los libros de historia de la filosofía siguen un canon que, por cierto, ya es hora de cuestionar. Además, hay razones para rechazar sus teorías: en los últimos diez años se ha reavivado un debate urgente sobre ciertas expresiones racistas que aparecen en algunas de las obras de Kant y que deberían hacernos reflexionar todavía más sobre por qué sus ideas constituyen un núcleo importante y difícilmente prescindible del pensamiento filosófico.

En lo que a mí respecta, creo que Kant puede continuar siendo un filósofo fundamental para quienes se ocupan de epistemología, metafísica, ética y estética, aunque siempre será necesario utilizar su pensamiento crítico con y contra sus teorías. Esto significa que, por ejemplo, no sólo hace falta discutir y enseñar sus propuestas más originales y mejor fundamentadas, sino también poner de relieve sus limitaciones y errores. Se trata de un equilibrio difícil, casi antinómico, tanto así que muchos estudiosos de orientación kantiana a veces nos sentimos inclinados a abandonarlo y hasta nos puede llegar a enfadar. Pero después, al menos por mi parte, regreso a sus textos, casi como bajo un hechizo, porque, a pesar de que me parecen cada vez más evidentes sus límites y yerros, al mismo tiempo es precisamente allí donde encuentro las herramientas y las razones para reconocerlos.

Leer a Kant es una lucha: no sólo porque sus ambigüedades e incoherencias nos obligan a tomar una postura, a pensar bien, porque queremos interpretar ciertos pasajes de cierta manera y no de otra, sino también debido a que nunca nos podrá satisfacer. Kant no nos dice qué es el bien, no nos dice qué es verdadero: nos ofrece instrumentos que, de aceptarse, nos permitirán buscar respuestas a nuestras propias preguntas. En mi caso, Kant me permite abordar temas como la variada experiencia humana, la comunicabilidad de nuestros juicios sobre el mundo exterior y nuestro mundo interior, así como el anhelo de lo suprasensible.

Estudiar a Kant lleva toda una vida y, al hacerlo, se constituye de manera casi inevitable un vínculo de amor y odio con un pensador que nada sabe ni sabrá de nosotros, pero que sigue diciéndonos algo. Ese algo tiene diversas formas y nombres según sean nuestros intereses y sensibilidades: la revolución copernicana, el imperativo categórico, el esquematismo, la belleza, la paz... Debido a la diversidad de temas que pueden ser de interés a la hora de leer a Kant, hemos decidido conmemo­rar su nacimiento con un expediente monográfico especial de Diánoia dividido en los dos números de este año y que dará voz a especialistas que examinarán varios problemas de su obra.

La primera parte del dosier abre con el texto “La consideración teleológica de los organismos en la Crítica de la facultad de juzgar de Kant”, en el que Claudia Jáuregui discute un tema fundamental de la tercera Crítica en diálogo con Angela Breitenbach. Si bien reconoce que la propuesta kantiana sobre la importancia de la teleología en el estudio de la naturaleza orgánica es compatible con las posiciones epistemológicas contemporáneas, la autora no ve la necesidad de que haya que suponer una perspectiva teleológica como tal en la mera identificación y experiencia de lo orgánico. En cambio, afirma que esta última surge cuando queremos dar cuenta de ciertos caracteres de los organismos que, de otra forma, resultan difícilmente inteligibles.

En el segundo artículo, “Sentimiento y respeto en Kant”, Stéfano Straulino busca esclarecer por qué Kant tematiza el respeto como sentimiento. De manera sistemática y clara, el autor analiza varios textos de Kant para dilucidar cuáles son los elementos que caracterizan el sentimiento (entre ellos, su pertenencia como representación a la sensibilidad y su cualidad de placentero o displacentero) y con ellos examina esa noción. De esta manera, consigue demostrar que es posible entender el respeto como un sentimiento.

En el tercer artículo, “La ironía de Kant al enseñar prudencia”, Francisco Iracheta examina la prudencia en la pedagogía kantiana y la interpreta a la luz de su función para alcanzar el cosmopolitismo y la felicidad. De manera original, el autor utiliza la noción de ironía de Schlegel para explicar una tensión que él localiza en el pensamiento de Kant entre las condiciones sociales y la consecución de la felicidad.

Con la esperanza de que esta primera parte del dosier pueda estimular el diálogo sobre los temas que se abordan, les deseamos una buena lectura.

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