¿Cómo se da su llegada México y a la UNAM? ¿Cómo se construyó su relación académica con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y cuáles fueron sus temas de investigación y trabajos más relevantes en esa primera etapa?
Quiero comenzar agraciendo su interés por esta entrevista. Conocer a la persona que está detrás de la palabra escrita es siempre un insumo para acceder a su pensamiento. Texto, contexto y subjetivación, una triada convocante. Conocernos en nuestra individualidad nos constituye como comunidad epistémica.
La UNAM y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales han sido mi alma mater electiva. Llego aquí desde la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde realicé mi estudios de licenciatura y maestría, y me incorporo al Progarma doctoral que llevé a cabo en línea de continuidad. Comencé a dar clases en 1970 y, un año después, fui nombrada Profesora Asociada Nivel C de Medio Tiempo y adscrita como miembro fundadora al recién creado Centro de Estudios Políticos (1971-1981), espacio que contribuyó a la apertura y consolidación de la producción académica en la docencia y en la investigación en Ciencia Política. En 1975 obtuve mi definitividad por concurso de oposición y en 1982, fui nombrada Profesora Definitiva de Carrera Titular de Tiempo Completo. Este año, 2024, recibí la distinción del Emeritazgo.
A partir de 1983, me adscribí al Centro de Estudios Básicos en Teoría Social, hoy Centro de Estudios Teóricos y Multidisciplinarios en Ciencias Sociales (CETMECS).
Mi década inicial se caracterizó, en primer lugar, por la contribución a la investigación disciplinaria en ciencia política así como por el estudio de corrientes teóricas y andamiajes metodológicos, trabajo que se continuaría y diversificaría en las décadas siguientes. Destacan importantes publicaciones tanto colectivas como individuales, como coordinadora y autora de los libros: Estado Actual de la Ciencia Política (1997); Agendas de Investigación y Docencia en Ciencia Política (1999); Léxico de la Política (2000) y Las Ciencias Sociales, Universidad y Sociedad (2003). Los artículos dejan ver los acercamientos progresivos al cada vez más pertinente binomio disciplina-interacción disciplinaria. Entre ellos: “Parsons y Dahl: dos tentativas de confinar la realidad política” (1975); “Estado Actual de la Ciencia Política” (1989); “Teoría Política” (2000); “Fronteras y convergencias disciplinarias” (2009); “Ciencias Sociales y Políticas de Estado en México” (2013); “Latin American Jewish Social Studies: the Evolution of Cross-Disciplinary Field” (2014) y “Thinking ‘Multiple Modernities’ from Latin America’s Perspectives: complexity, periphery and diversity” (2015), entre otros. Esta línea de trabajos cristalizó, a su vez, en diversos proyectos de investigación institucionales a los que se incorporaron estudiantes y jóvenes investigadores. Entre ellos: “Balance y proyección de las Ciencias Sociales de frente a la sociedad del conocimiento I, II y III” (2005, 2006, 2007); “La construcción de una nueva institucionalidad para las ciencias sociales” (2008); el Seminario Internacional sobre las Ciencias Sociales (International Social Research Council (UNESCO) y el recientemente iniciado Globalization in the Social Sciences (Princeton University/Maison de Sciences de L’Homme); así como en foros académicos y consultivos nacionales tejiendo puentes entre la experiencia institucional y las tendencias desarrolladas en otros marcos. En esta primera etapa me oriento también a temáticas focalizadas en la construcción de ciudadanía, representación y grupos intermedios en México. A partir de ello, inauguré el campo de investigación focalizado en el proceso de construcción y búsqueda de la Modernidad y la identidad nacional y su encuentro con el desafío de la incorporación e integración de minorías. Este campo, en el que se conjugan la ciencia política, la sociología y el análisis histórico con los estudios de judaísmo contemporáneo recupera la óptica global de la modernidad como propuesta universalizante y sus impactos críticos y contradictorios sobre las identidades colectivas (nacionales, étnicas, religiosas).
Los años siguientes habrán de estar marcados por mi incursión en sucesivos campos temáticos; una espiral de indagaciones. Creo que vale la pena destacar que desde la ciencia política y la sociología política descubrí muy temprano mi profundo interés por estudiar, entender y poder actuar en el ámbito de los Derechos Humanos -expresión de una sociedad democrática y plural que rechaza la discriminación, la xenofobia y el antisemitismo-. Junto a mis trabajos sobre el tema he participado activamente contribuyendo a una reflexión sostenida en la Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación -en la que tuve un papel central en la elaboración de la legislación contra la discriminación, la xenofobia y el antisemitismo-, como Consejera de la Comisión de Derechos Humanos del D.F. (2002-2008) y Miembro de la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (2008-2014). En esa primera época destacan los cursos y seminarios sobre: Estado Actual de la Ciencia Política; La Sociedad Política Contemporánea; Seminarios de Investigación sobre Política, Sociedad y Cultura; Clases Sociales y Poder Político; Teoría Política y Filosofía Política; y los Seminarios de Investigación Monográfica sobre Disciplina y Transdisciplina.
Me involucré de lleno con la Facultad que me acogió generosamente. Participé en la formulación y coordinación de dos reformas de la licenciatura en Ciencia Política: 1976-1978. En la primera fue miembro de la Comisión Revisora y en la segunda también la implementé como jefa del Departamento de Ciencia Política de la fcpys (1978-1982). La docencia se abrió a importantes espacios de investigación y las dimensiones académicas y profesionalizantes encontraron un nuevo equilibrio. Mis esfuerzos se orientaron a traducir mi compromiso con el pluralismo teórico y metodológico de los planes de estudio, buscando superar fragmentaciones y alentar interacciones disciplinarias. Su estructura novedosa convocó a una formación conjunta o tronco común a todas las disciplinas en los primeros tres semestres, idea que fue retomada en los planes actuales de las licenciaturas de la Facultad, misma que ofreció una base amplia y sólida y con un importante énfasis en la historicidad de la realidad social. En la carrera de Ciencia Política destacó la ampliación de la concepción de la esfera pública, el estudio de las relaciones entre minorías, sociedad civil y Estado, la diversidad como eje analítico, y la incorporación del estudio de las transformaciones en la realidad nacional e internacional que tuvieron lugar en las décadas posteriores a los años cincuenta, en las que se había formulado el primer plan de estudios para la naciente Escuela que devendría Facultad.
Explique de manera panorámica su formación profesional, sus primeras influencias y de cómo finalmente se decidió por incursionar en la disciplina de la ciencia política.
Yo estudié simultáneamente dos carreras: Ciencia Política y Sociología. Ambas me resultaban fundamentales para acceder a una visión integral de la convivencia humana en el marco de las diversas configuraciones de lo público y lo privado, lo individual y lo colectivo. Mi formación y mi trayectoria transitan hacia la conjunción de ambas, hacia una sociología política, al tiempo que convoca a la historia y los estudios culturales. En mis formulaciones teóricas y en la investigación empírica destacaría el abordaje de la sociedad civil y el Estado en la construcción de ciudadanía y al estudio de las minorías en los procesos de integración nacional. Definiría mi trabajo como multiescalar -Estado, sociedad, comunidades e individuo-sujeto-actor-. Construyo así nuevas perspectivas acerca del Estado, la identidad nacional y las identidades colectivas como ejes que definen la diversidad en las sociedades contemporáneas.
Esta sociología política o ciencia política ampliada parte alternativamente del Estado o de la sociedad, siguiendo la lógica del foco temático en el cual tanto el ordenamiento político, el entramado cultural y el Estado, tanto a nivel local, nacional, regional y global son vistos en sus interacciones mutuas. Estos son analizados, a su vez, a la luz de los procesos históricos de cambio, los procesos de democratización hoy y su reversión, a la luz del dificíl binomio inclusión-exclusión. El alcance del poder político en el ordenamiento institucional y en el no formal así como las dinámicas cambiantes de las dos funciones políticas fundamentales, la representación y la participación, trazan un mapa de mediaciones y mediatizaciones que van de la sociedad al Estado.
Paralelamente, incorporar la historia nutriendo la teoría politica es otra dimensión a destacar que enriquece la ciencia política con la que me comprometo. Así, por ejemplo, he incursionado en las pugnas teórico-ideológicas entre la Ilustración y el Nacionalismo Romántico en Europa, y el Liberalismo y el Conservadurismo en México y América Latina, para dar cuenta comparativamente de las ambivalencias y tensiones de la concepción de Estado nacional, sociedad y población -integración, fusión y/o asimilación de identidades fundacionales-. Más aún, el análisis histórico me ha permitido ver la dinámica cambiante de la expresión de la diferencia en la esfera pública.
En este sentido, entiendo que la ciencia política abre sus fronteras en torno a sus propios ejes constitutivos que han sido de atención y estudio: sociedad, Estado; buen gobierno; identidades colectivas y ciudadanía; discriminación y derechos humanos; procesos de golobalización, desterritorialización y transnacionalismo, y el Estado y sus funciones cambiantes como agente en estos procesos. Y ello superando un “nacionalismo metodológico”, a decir de Ulrich Beck, que permita entender los procesos sociales más allá de las fronteras de la nación. Sin duda mi estudio de diásporas, específicamente la judía, ha contribuido a ello. Permítanme señalar que he sido vanguardista en atender los procesos de globalización y transnacionalismo para dar cuenta de la porosidad de fronteras y circulación en el mundo contemporáneo, así como para nuevas lecturas del pasado. Estas perspectivas las he aplicado tanto al estudio de diásporas, como mencioné, como a temáticas tales como los movimientos de 1968, la caída del Muro de Berlín y la Covid-19, como escenarios de constelaciones múltiples.
Me preguntan las influencias que he tenido. Varios has sido mis mentores, destacaré en la ciencia política a mis maestros Shlomo Avineri, el teórico político traductor de la obra de Hegel y Marx al hebreo, gran pensador y Benjamin Akzin, constructor de rutas para acceder al conocimiento del Estado. Mi maestro en Sociología ha sido Shmuel Noah Eisenstadt, en primer lugar. De allí que la mejor manera de entender al ordenamiento político estatal y la sociedad contemporánea -y de explicar su desarrollo histórico- es considerarla como una historia de continua constitución y reconstitución de una multiplicidad de programas culturales. Ello resulta esencial para explicar y comprender el complejo conjunto de trayectorias y experiencias que definieron y definen social y políticamente a América Latina.
¿Cuáles son sus líneas y temas de investigación? Usted ha tenido preocupaciones académicas muy interesantes a lo largo de su trayectoria, a partir de su reflexión sobre los vínculos de la ciencia política: la religión, las migraciones y los problemas centrales de la tolerancia y los derechos humanos, ¿qué común denominador le ha permitido unirlos?
A lo largo de cinco décadas de trabajo sostenido, mi trayectoria académica se caracteriza por la especialización y las interacciones disciplinarias, en las que se diversifica, desarrolla y consolida mi trabajo. Mi obra de docencia e investigación cubre un amplio espectro temático que se articula en un movimiento de espiral y rizomático que distingue al conocimiento social. Un entramado intelectual que distingue, relaciona, compara y conjunta en clave de complejidad la realidad sociopolítica y cultural. Definiría mis principales líneas de investigación que se convocan de este modo:
Sociedad, Estado, minorías e identidad nacional: en la que la diversidad emerge como desafío fundamental para articular el tejido sociopolítico en México y América Latina, los procesos de legitimación e integración con un metodología comparativa y longitudinal. Estos planteamientos se expresan de modo paradigmático en obras tales como Encuentro y Alteridad. La vida y la cultura judía en América Latina, con Alicia G. Backal, coord. (1999), Identities in an Era of Globalization and Multiculturalism. Latin America in the Jewish World, con Eliezer Ben-Rafael, Yosef Gorny y Raanan Rein (2008), y Pertenencia y Alteridad. Los Judíos en/de América Latina (2011); Identidad, Sociedad y Política, (2008).
El libro Imágenes de un Encuentro. La Presencia Judía en México durante la primera mitad del siglo XX (1991, 1992, 1995), producto de una investigación que conjunta la lógica de la imagen, las líneas analíticas y los testimonios de los actores, devino un referente continental como fuente de consulta documental, y su vigencia se mantiene en obras publicadas en América Latina y en Europa, abocadas a la investigación de las migraciones y el exilio.
Destacando algunos artículos y capítulos: “La Identidad Nacional: Unidad y Alteridad” (1994); “Judaísmo, Modernización y Democracia en México” (1995); “De Exilios, Migraciones y Encuentros Culturales” (1995); “Globalization and Latin American Jewish Identities: the Mexican Case in Comparative Perspective” (2008); “Identidades colectivas y esfera pública: judíos y libaneses en México” (2008); “Latin American Jews. Changing horizons and new Challenges” (2018); “Identidades colectivas y esfera pública en México. Transformaciones y recurrencias” (2009); “Identidad, cultura y diversidad como parámetros reflexivos” (2012); “Los territorios de la acción social colectiva: movimientos sociales, derechos humanos y democracia” (2020).
Identidades colectivas, ciudadadnía y democracia: en la que cuestionando concepciones mecanicistas que entendían las identidades colectivas como resultado de estructuras premodernas, contribuyo a dar cuenta de su permanencia. Abordo tanto identidades primordiales (étnicas, nacionales o religiosas) como electivas (políticas o transnacionales). Atiendo así la simultaneidad de dos procesos aparentemente contradictorios y, a la postre, complementarios: la afirmación de pertenencias colectivas y la individualización. Retomando funciones centrales de la vida política, como son la participación y representación, estudio de modo comparativo la acción colectiva en contextos democráticos y autoritarios.
En una perspectiva histórica, analizo las convergencias y divergencias entre las necesidades y expectativas de una minoría y las propias necesidades y condiciones del Estado nacional. Esto encuentra una gran claridad en momentos críticos de la historia del siglo XX, así como en coyunturas internacionales.
El ángulo de investigación del desarrollo del proyecto nacional judío como respuesta al impacto de la modernidad europea del siglo XIX, y desde la óptica de las dinámicas migratorias y transnacionales se explican las necesidades de organización del colectivo.
Dentro de esta línea, mi obra más destacada es: “Ciudadanía, Procesos de Globalización y Democracia” (2002); Identidad, Sociedad y Política (2008); “Identidad, diversidad y democracia: oportunidades y desafíos” (2009); “Identidad, cultura y diversidad como parámetros reflexivos” (2012); “El Movimiento Sionista, la Sociedad y el Gobierno de México Frente a la Partición de Palestina” (1993); “México y la partición de Palestina” (1999); “The Six Day War and its Impact in the Mexican Jewish Community” (2000); “Deslegitimación de la Presencia Judía: la Ecuación Sionismo Racismo” (2001); “Claves Conceptuales y Metodológicas para Comprender las Conexiones entre México y el Holocausto. ¿Historias independientes o interconectadas?” (2016); “América Latina en el siglo XXI: Transiciones, malestares y retos” (2017); “Democracia, transformaciones institucionales y reconfiguraciones políticas” (2019); “Identidades colectivas, subalternidad y construcción de ciudadanía” (2022).
Participé en el proyecto internacional de investigación Construcción de Ciudadanía en América Latina, en el Institute of Advanced Studies en la Universidad Hebrea de Jerusalén, del que se publicó “Being National/Being Transnational: Snapshots of Belonging and Citizenship” (2013), un trabajo que influyó los debates que se desarrollarían posteriormente en torno al transnacionalismo y que inauguraron un amplio espacio de investigación sobre América Latina.
Siguiendo el análisis de los procesos de ciudadanía y democratización y reversión democrática, destacaré iniciativas de seminarios y publicaciones tales como “América Latina en el siglo XXI: Transiciones, malestares y retos” (2017); “Democracia, transformaciones institucionales y reconfiguraciones políticas” (2019). Junto con mis alumnos del seminario de investigación doctoral hemos presentado en congresos internacionales, tales como lasa 2022 la sesión Los avatares de la democracia: el Estado frente a la trilogía sociedad civil, representación, ciudadanía.
Discriminación, antisemitismo y derechos humanos: a través del modo en el cual las identidades colectivas conjugan imaginario social y presentes institucionalizados, he estudiado en diferentes claves de inclusión y exclusión el tema de la construcción de Otredad mediada por el prejuicio. Mis estudios sobre los procesos de discriminación, el racismo y el antisemitismo, temáticas que permiten el estudio de la realidad nacional y global, los he abordado en la especificidad de cada uno de ellos y en su interacción. Estos tienen nexos de significación con la desigualdad y la conformación de la marginación, subyugación, persecución y exterminio de grupos humanos, cuyas expresiones han variado a lo largo de la historia.
He desarrollado un abordaje diferenciado de estos procesos, distinguiendo las actitudes (opiniones, estereotipos y prejuicios), las construcciones ideológicas (teorías, doctrinas, visiones de mundo) y los comportamientos o expresiones (actos, prácticas, ordenamientos institucionales). En las dos primeras, se manifiesta una categorización esencialista, que implica la reducción del individuo a un estatus de representante fijo e inamovible de su grupo de pertenencia o comunidad de origen; a su estigmatización, que conlleva a la exclusión simbólica en un marco de estereotipos negativos. Discursos y prácticas sociales son con frecuencia los canales por los cuales fluye la discriminación de modo no siempre consciente para los actores, pero desde los cuales es posible la reflexión sociopolítica. Estos discursos y prácticas aparecen entonces no solamente por parte de individuos específicos, sino que se dan también en dimensiones y niveles colectivos e incluso políticas públicas que segregan y aíslan a ciertos grupos. De hecho, se insertan en la trayectoria histórica y en la configuración social y política, económica y cultural de las sociedades en las que se desenvuelve, como fenómeno social difuso, a la vez objetivo y subjetivo, estructural y cultural, individual y colectivo. Entre mis aportes al estudio de la discriminación en México, figura mi análisis sobre las Encuestas Nacionales de Discriminación, así como mi colaboración con distintas instancias nacionales que la han diagnosticado.
A su vez, en reconocidos trabajos sobre el antisemitismo, específicamente en América Latina y en México, desarrollo a una nueva concepción de este fenómeno tanto en sus manifestaciones históricas como las contemporáneas. Analizado a través de la recurrencia de tropos negativo del judío y su cambio de funcionalidad, mis estudios sobre los avatares en clave continuidad y ruptura, han resultado innovadores.
Sobre estas temáticas, entre mis publicaciones destacan: “El Racismo Hoy”, 1997; “El Antisemitismo: recurrencias y cambios históricos” (2001); “La cuestión judía hoy: del ¿socialismo de los tontos? a la recurrencia del prejuicio” (2004); “El México de los años Treinta: Cardenismo, Inmigración Judía y Antisemitismo” (2006); “La Discriminación. Un fenómeno Difuso. Reflexiones a partir de la Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación en México” (2008); “Dinámicas de inclusión y de exclusión. Aproximaciones a la construcción identitaria judía en México” (2011); “Mexico in a Region under Change” (2011); “Antisemitism and Related Expressions of Prejudice in a Global World. A view from Latin America” (2018).
Mi trabajo en esta área se extiende también a la colaboración con la Ecole des Haute Etudes, primero, y la Masion de Sciences de L’Homme después, y a la Plataforma de Francia de Estudios Contra el Racismo y el Antisemitismo. En este marco, formé parte de las series de webinars y un grupo de estudio reunido en Arc et Senans para analizar Racismo y Antisemitismo (2022) y fui invitada a la Cátedra Extraordinaria Centro para el Estudio de Antisemitismo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, con la Conferencia Magistral Sinopia and Pentimenti: the building of a negative tropos. Esta línea de trabajo se prolongó en aportes a la comprensión del combate a la discriminación en el marco de la lucha por los Derechos Humanos.
A su vez, y en este nivel, contribuí al campo de estudios de la memoria al desarrollar una perspectiva de interacción entre historia y memoria y la dinámica entre acontecimiento y narrativa.
En esta línea, mis elaboraciones más importantes se presentan en: “Alteridad en la Historia y en la Memoria: México frente a los Refugiados Judíos en la Historia y en la Memoria” (1999); “Modernidad y Holocausto. Algunas reflexiones críticas en torno a Bauman”, con Gilda Waldman, (2002); “El Holocausto: memoria, víctimas y moralidad. Un acercamiento a Zygmunt Bauman” (2005); “Entre la historia y la memoria, la modernidad y la alteridad” (2007); “Conceptual and Methodological Clues for Approaching the Connections between Mexico and the Holocaust: Separate or Interconnected Histories?” (2016); “Sinopia and Pentimenti: The Avatars of the Negative Tropos of the Jew” (2022). Sus investigaciones se abren a un nuevo eje de indagación: las convergencias y singularidad que inciden en el binomio aceptación-rechazo. Estos estudios le merecieron el Life Award de la prestigiosa revista Studies on Antisemitism (2014) y una colaboración estrecha con el Institute for the Study of Global Antisemitism (ISGAP) en Londres, cuya actividad más reciente ha sido la serie de webinars que organicé invitada por el International Center for Global Studies of Antisemitism (ISGAP/Yale/Oxford) sobre el antisemitismo en América Latina.
De la modernidad a las múltiples modernidades: desde una perspectiva teórica e histórica, a partir de los desafíos que enfrentan las minorías en su incorporación e integración a la modernidad, desarrollé la investigación sobre la modernidad con una perspectiva histórica y de allí a la atención regional y nacional a partir de la categoría de múltiples modernidades, que contribuye al cuestionamiento de la pretensión homogeneizante de un solo modelo de modernidad, abriendo así nuevas perspectivas de comprensión de la realidad latinoamericana.
Siguiendo a S. N. Eisnestadt, he planteado que la historia global y la historia de esta época no pueden ser vistas exclusivamente en términos de continuidad y evolución, sino que deben ser analizadas en términos de discontinuidad, rupturas, tensiones y contradicciones. Así, la mejor manera de entender a la sociedad contemporánea -y de explicar su desarrollo histórico- es considerarla como una historia de continua constitución y reconstitución de una multiplicidad de programas culturales y ordenamientos sociopolíticos. Ello resultó esencial para explicar y comprender el complejo conjunto de trayectorias y experiencias que definieron a América Latina.
Esta línea se cristalizó a través de mi docencia y en los proyectos de investigación institucional (PAEP) “Los Desafíos de la Modernidad. Modernidad, Alteridad y Tolerancia I y II” (1996-1998) y en los trabajos “Thinking ‘Multiple Modernities’ from Latin America’s Perspective: complexity, periphery and diversity” (2015, traducido al chino en 2023); “Acercamientos conceptuales y sociohistóricos a Múltiples Modernidades: secularización, laicidad e identidades colectiva” (2019); “Un mundo de valores: religión e historia en el judaísmo” (2011); “Globalization, secularization and collective identities. On Encounters and dilemmas” (2021). El connotado investigador alemán de los programas de investigación sobre múltiples modernidades, Gerhard Preyer, ha publicados mis trabajos y ha contribuido a su vez con sus aportaciones a la rmcpys. Un lugar destacado en el seno de la conformación de identidades colectivas, y abordada en trabajos previos, lo constituye el lugar de la religión en la modernidad y en la configuración del complejo civilizatorio judío. Conceptualizada la religión como fundacional en la Era Axial, su entrelazamiento con etnicidad, pertenencia comunitaria, lazos de cohesión y solidaridad y memoria histórica, abren el espectro de lo universal y lo particular. Esta indagación se relaciona con los procesos de secularización que dan cuenta de la constitución de ideologías, movimientos sociales y partidos políticos.
Globalización, diáspora y transnacionalismo: las transformaciones de la realidad de fin de siglo, tal como se articulan alrededor de los procesos de globalización, plantean nuevas interrogantes a la teoría política y social y a los debates contemporáneos. Los procesos de globalización no son homogéneos ya que se dan de una manera diferenciada en tiempo y espacio, con desigualdades territoriales y sectoriales. Tienen, además, un carácter multifacético, multidimensional y contradictorio. Multifacético, en la medida que convocan lo económico, lo político y lo cultural, así como las interdependencias e influencias entre estos planos; multidimensional, porque se expresan tanto en redes de interacción entre instituciones y agentes trasnacionales, como en procesos de convergencia, armonización y estandarización organizacional, institucional, estratégica y cultural; y contradictorio, porque se trata de procesos que pueden ser intencionales y reflexivos, a la vez que no intencionales, de alcance internacional a la vez que regional, nacional o local. Todos estos planos de manifestación de los procesos de globalización someten a prueba a las formas de organización social y política tradicionales y modernas, lo que ha obligado a la teoría social a discutir las bases mismas sobre las que se han construido estos ordenamientos. El carácter diverso y contradictorio de los procesos de globalización se expresa, así mismo, en la emergencia simultánea de identidades globales y étnicas, que se desarrollan e interactúan en virtud de la desterritorialización de las relaciones sociales y la formación de espacios virtuales.
Los principales aportes han encontrado expresión en la publicación de los siguientes libros como autora y coeditora: Transnationalism (2009); Pensar la Globalización, la democracia y la diversidad (2009); Reconsidering Israel- Diaspora Relations, (2014). Destacan los artículos “Globalización, diversidad y pluralismo” (2006); “Identidad, diversidad y democracia: oportunidades y desafíos” (2009); “On Diaspora and Loyalties in Times of Globalization and Transnationalism” (2014); “Globalization, transnationalism, diasporas: facing new realities and conceptual challenges” (2015); la “Religión y espacio público en los tiempos de la globalización”, publicado en la sección de apertura, denominada Fundamentales de la revista Papeles del ceic-International Journal on Collective Identity (2022), en su número especial sobre Proyectos Morales y Nuevas Subjetividades Religiosas en el Espacio Publico; “Diásporas y transnacionalismo. Nuevas indagaciones sobre los judíos latinoamericanos hoy” (2013); “Jewish Diaspora and Transnationalism: Awkward (Dance) Partners?” (2014).
Desde este enfoque he abordado el estudio de las migraciones de latinoamericanos a los Estados Unidos. Destacan los siguientes trabajos: “Latin American Jews in the United States. Community and Belonging in Times of Transnationalism” (2013); “Transnational Expansions of Latin American Life in times of migration: A mosaic of experiences in the United States” (2015); “Expansion and Interconnectedness of Jewish life in times (and spaces) of Transnationalism. New realities, new analytical perspectives” (2017). Estos aportes han sido considerados como sustantivos y fundacionales a los estudios del área, tal como lo señala el reporte del ajc on Latin American Jews in the United States. Estas contribuciones, así como mi obra en conjunto me fueron reconocidos con el Marshall Sklare Award a la excelencia en investigación (2018). Mi discurso de recepción “Past and Present of Latin American Jewry: A Conceptual Pathway”, fue publicado en Contemporary Jewry (2018) junto a los comentarios de destacados estudiosos que enfatizaron las originalidad y relevancia de mis aportes. El reconocimiento se ha expresado también en que he sido invitada a ofrecer el discurso en las tres entregas posteriores de dicho premio (2019, 2020, 2021). En 2021 asumí la presidencia de la Association for Social Scientific Study of Jewry, basada en Estados Unidos, con membresía internacional. Es la primera vez que al frente de esta asociación se encuentra una persona no-estadounidense, y en este caso, una latinoamericana, a partir de lo cual nuestras realidades como región cobran visibilidad.
Disciplina, mutidisciplina, interdisciplina y transdisciplina: mencionaré, paralelamente, esta línea de investigación para la docencia. Mi visión de que la especialización del conocimiento hoy atraviesa las fronteras disciplinarias convoca a convergencias disciplinarias que permiten dar cuenta de la complejidad social. Junto a la diversidad disciplinaria y el pluralismo teórico que caracterizan a las ciencias sociales, formulo una doble tendencia en su desarrollo. Por una parte, la especialización y diversificación de las disciplinas que se han manifestado en una permanente depuración teórica y analítica, en una mayor especificidad en los instrumentos y técnicas de investigación y análisis y en un perfil específico más definido. Por la otra, una creciente interacción entre las disciplinas que conduce a la revisión de las fronteras del conocimiento y de los paradigmas teóricos que se van redefiniendo para enfrentar con recursos conceptuales renovados los profundos cambios de la realidad.
Si bien el conocimiento social transita con reconocido éxito en los ámbitos disciplinarios, son los encuentros en las fronteras del conocimiento los que hoy por hoy alientan los logros y aciertos de nuestras disciplinas y permiten su desarrollo. Al tiempo que la idea de un sólo universo cognoscitivo queda superada y se hace necesario pensar en una diversidad de universos que afloran, las interacciones y convergencias entre ellos se ven crecientemente alentadas. Entre mis publicaciones que ya he destacado,encontrarían nuevas expresiones en artículos editoriales in extenso y dossiers de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales en su Nueva Época: “De desafíos, saberes y convergencias” (2013); “México y América Latina: la investigación social como puente entre lo universal y lo particular” (2013); Ciencias sociales y conocimiento: intelección de opciones de cambio y cursos de acción posibles” (2019); “Las ciencias sociales de nuestro tiempo: entre sinopias y pentimenti” (2015); “60 años de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales” (2016); “Instantáneas y miradas desde las ciencias sociales” (2016); “Apuntes en torno a los avatares del conocimiento científico: filosofía, ciencias sociales y saber político” (2019); “La producción científica en un contexto de transformación social” (2019).
¿Cómo calificaría el alcance de la ciencia política en el momento actual de México y América Latina?
De un modo general, diré que la exploración del momento actual de la ciencia política y, de un modo más global, de las ciencias sociales, a la luz de su trayectoria pasada y de los desafíos que enfrentan, constituye una preocupación compartida por diferentes comunidades académicas en el mundo, con lo cual el análisis del derrotero específico de la disciplina en nuestro entorno resulta una empresa necesaria y a la vez atractiva. Este análisis, inserto en la actualidad de una reflexión mundial que visualiza problemas comunes, también permite recuperar la especificidad de su condición. Las profundas transformaciones que se experimentan en las realidades y políticas en este fin de siglo, los intensos cambios culturales y los desafíos emergentes se reflejan en el propio autocuestionamiento del saber. La acelerada redefinición de fronteras, tanto materiales como culturales, externas como internas, incide con diferentes ritmos e intensidades en la exploración de las propias fronteras del conocimiento.
En efecto, el conocimiento político y social parece enfrentarse con preocupación a cierto desfase entre su lógica de desarrollo interno y la de una realidad cambiante cuyas transformaciones tienen un alcance inusitado. Tal como afirmó David Held ya hacia fines del siglo pasado, los complejos cambios en los modos de organización colectiva, en la configuración del espacio público y en la vigencia o legitimación de nuevos relatos y visiones sobre el mundo modifican decisivamente los tradicionales focos de atención de la ciencia política y de las disciplinas sociales. Señalemos sumariamente que estos núcleos han sido enunciados como: tecnología; competitividad; un nuevo modelo de creación de riqueza; revolución de la calidad en sus dos vectores: capital humano e inteligencia agregada (léase competitividad) y tecnología institucional; nuevos ejes de articulación de identidades colectivas; revolución informática; y ciudadanía participativa. En otros términos, una nueva interacción entre mercado, sociedad y Estado. De este modo: globalización; interdependencia; regionalización; definiciones estratégicas y toma de decisiones por parte de algunos países a través de bloques económicos; la universalización de los valores y prácticas de la democracia y su reversión y la pluralización de actores son algunas de las tendencias que han abierto ejes de indagación que cuestionan, amplían y asimilan las formas de pensamiento social y político que mantuvieron una legitimidad y presencia institucionalizada en las décadas previas.
Si bien las condiciones de acceso a los mercados, al desarroIlo, y al bienestar se han globalizado debido a los impactos de los núcleos señalados, también es cierto que han generado mecanismos y procesos que tienden a excluir por diversas razones a diferentes países, regiones y personas. Exclusión que plantea enormes retos a quienes carecen de las estructuras económicas y tecnológicas para garantizar a sus poblaciones un crecimiento y desarrollo continuos. Sin embargo, este problema no es sólo una cuestión de economía sino que corresponde en un importante grado al desarrollo político y a la participación ciudadana en la discusión de lo público. Y esto resulta fundamental. Lo público como espacio de encuentro entre sociedad y Estado. Los esfuerzos por establecer la conexión entre sistema político y nivel socioeconómico han sido sostenidos: las oportunidades de que un país se desarrolle y conserve un régimen político competitivo -y aún más, una poliarquía, a decir históricamente de Robert Dahl- dependen de la amplitud con que la sociedad y la economía del país se comprometan con una ciudadanía con acceso a la educación, creen un orden social pluralista y no centralizado y que prevengan las desigualdades extremas entre los estamentos políticos más importantes del país.
La ciencia política ha podido avanzar de manera significativa en nuestro continente al abordar dichas cuestiones y al indagar sobre las nuevas formas de representación, sobre los procesos de democratización y de reversión democrática y nuevos ejercicios de concentración del poder. El populismo, resultado de fragmentaciones y causante a su vez de nuevas formas de polarización ha atraído gran atención de nuestros colegas y es abordado de manera comparativa. Es amplio el panorama de los desarrollos de nuestra disciplina y de ningún modo quisiera simplificar el panorama. El despliegue itensivo en las instituciones de representaciones, las cámaras, los procesos legislativos y su análisis comparativo; la rendición de cuentas y el compromiso con los representados; la divisón de poderes y los balances democráticos; las constelaciones regionales; liderazgos, prácticas discursivas y narrativas… en fin, un universo de cuestiones y problemáticas pertinentes. Ampliar el alcance de los ejes analíticos; buscar el balance entre la investigación empírica y la teoría tal como analicé en mi capítulo “Teoría Política” publicado en el Léxico de la Política (2000) al que ustedes refieren elogiosamente; interactuar en los márgenes disciplinarios para alcanzar la especialización cruzando fronteras disciplinarias, demarcan un giro sustantivo de un pasado en el que la política quedó subsumida en otras dimensiones deterministas de la realidad.
Quisiera agregar que, entre los desafíos que ha enfrentado nuestra disciplina en México, la dinámica política estatal, los partidos políticos, los sectores empresariales, los organismos internacionales y la propia universidad no siempre evidenciaron expectativas unívocas en torno a la disciplina y su incidencia sobre la realidad. Por el contrario, si un rasgo caracteriza el desarrollo de la ciencia política a nivel nacional es su desenvolvimiento en un marco de expectativas y demandas cambiantes y conflictivas, mismas que han incidido en desfases, altibajos y un proceso de institucionalización que ha debido desafiar y desafía en sus tensiones y contradicciones.
Una de sus actividades centrales ha sido promover la divulgación de la ciencia y la coordinación de programas académicos y revistas, ¿de qué manera los vislumbra en el marco de la necesidad actual de la ciencia política para estar a la altura de los desafíos actuales que demanda la sociedad del conocimiento y un mundo cada vez más interconectado?
Hoy, más que nunca, la produccion científica y su divulgación constituyen dos caras de la misma moneda. Fortalecer el proceso de aprendizaje en el marco universitario y extender sus frutos me parecen extrechamente ligados.
Considero que debemos continuar fomentando un ejercicio científico autoreflexivo en el que las dimensiones analítica y crítica se retroalimente, respondiendo a la necesidad de fortalecer esta perspectiva, llevé a cabo importantes proyectos de investigación institucionales (PAEP) en los que participaron decenas de alumnos. Así, a título ejemplar: “Las Ciencias Sociales frente al siglo XXI. Fronteras del Conocimiento y temáticas emergentes” (1998-1999); “Presente y Futuro de las Ciencias Sociales. Nuevas Tendencias y Perspectivas Teóricas” (2000-2001-2002); “Disciplina y Multidisciplina en las Ciencias Sociales: nuevos problemas y formulaciones” (2002-2003); “Disciplina y Multidisciplina; nexos investigación y docencia y tópicos para una nueva agenda de posgrado” (2003); “Disciplina, interdisciplina y multidisciplina en las Ciencias Sociales II: Los retos en docencia, investigación e institucionalización del posgrado” (2004); “Balance y proyección de las Ciencias Sociales de frente a la sociedad del conocimiento” (2005); “Espacios de encuentros temáticos y convergencias disciplinarias: hacia la consolidación de grupos de trabajo y redes académicas en migración, procesos de globalización y transnacionalismo” (2012-I); “Orientación para la Especialización en Gerencia Social y Ética Pública del Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales” (2012-II); “Globalización, internacionalización y fortalecimiento de las ciencias sociales” (2012). Seminarios con el International Social Research Council/unesco; con Princeton University, con la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales, la International Sociological Association y la Latin American Studies Association, entre otros.
Un aporte de valía excepcional lo constituye el alcance de la reforma del posgrado de Ciencias Políticas y Sociales a cuyo frente estuve, primero como jefa de la División de Estudios de Posgrado de 1996 al 2000, y, una vez aprobada la reforma, del 2000 al 2012 también como Coordinadora del Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales, que alcanzaría nuevos horizontes de desarrollo, tanto en sus contenidos como en su estructuración. En líneas de continuidad con el trabajo sobre disciplina e interdisciplina destaca el diálogo con Immanuel Wallerstein, al frente de la Comisión Gulbenkian para la Re-estructuración de las Ciencias Sociales con su dictum “Abrir las Ciencias Sociales”, quien participó en la etapa de diseño del posgrado, en el marco compartido de la reflexión que sostuvo Don Pablo González Casanova.
Esta reforma radical dio lugar a la investigación como pilar de una nueva docencia y formación en la que se conjuntaron gradualmente los esfuerzos de cinco entidades académicas de la unam: la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, hasta entonces único espacio; el Instituto de Investigaciones Sociales (iis), el Centro Regional de Estudios Multidisciplinarios (CRIM) de Cuernavaca, el entonces Centro de Investigaciones de América del Norte y la entonces ENEP Acatlán. El proceso de transformación logró potenciar la oferta intelectual y académica de nuestra universidad e instaló un novedoso sistema de trabajo tutoral. Su concepción cristalizó en la articulación de campos de conocimiento, coordinados por cada una de las cinco especialidades, que permitiera al alumno transitar por ellos de acuerdo con sus necesidades de formación teórico-metodológica y su temática de investigación. Disciplina e interdisciplina fueron convocadas. Desde el momento de su creación en 1967 y hasta el año 2012, el Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales graduó 2 348 científicos sociales: 1 573 maestros y 775 doctores. De este total, más de 60 % fue en el periodo 2000-2012, en el cual un total de 1 493 científicos sociales se graduaron: 1 002 maestros (con un promedio anual de 84) y 491 doctores (con un promedio superior a los 40 por año).
Con sucesivos cambios, este posgrado continúa hoy en franco desarrollo. De modo general, considero que debemos colaborar de manera interdisciplinaria e interinstitucional para deplegar las potencialidades de una ciencia política y de las ciencias sociales potenciando nuestras capacidades intelectuales e institucionales.
Paralelamente, nuestro compromiso con la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales (rmcpys), foro en el que nos encontramos hoy, ha buscado dar un impulso a investigadores consolidados y jóvenes talentos que dibujan el perfil de nuestras disciplinas. Bajo el albergue de una colaboarción institucional sólida, hemos logrado alcanzar renovadas metas.
De manera particular, nos gustaría conocer su lectura sobre la evolución y contribuciones de las mujeres en la ciencia política. ¿Cómo se puede y se debe ir más allá de los estudios de género y el feminismo para tener una mayor incidencia?
Este constituye un extenso capítulo que merece un diálogo amplio. De todos modos, y buscando constatar la importancia del mismo, diré que he manifestado en trabajos específicos: “Mujer y género en el siglo XXI. Perspectivas, implicaciones y dilemas” (2020) y “Abordajes feministas contemporáneos: reconfiguraciones de las perspectivas de género” (2023), así como en dos números de la rmcpys: Pensar mujer y género en el siglo xxi (2020) y Horizontes de nuevas expresiones feministas (2023), mi convicción de la importancia, relevancia y contribución de los estudios de género y de las mujeres a una renovación de la ciencia política y de las ciencias sociales.
La conjunción de género y nuevos saberes constituye un eje de reflexión central a las preocupaciones contemporáneas, así como a los desafíos teóricos y prácticos que emanan de las transformaciones de la propia realidad y del andamiaje conceptual para aprehenderlas. Su prolífera contribución se da a partir del cuestionamiento de todo esencialismo: del biológico y la naturalización de lo femenino, al cognitivo y la naturalización de las fronteras disciplinarias. La perspectiva de género reveló cómo se construían culturalmente características específicas atribuibles a la masculinidad y a la feminidad, en virtud de una supuesta correspondencia con sus rasgos biológicos, y así abonó a la perspectiva constructivista y crítica del conocimiento.
Sus aportes inician con el cuestionamiento de la naturalidad/normalización de la desigualdad entre el hombre y la mujer y recupera y proyecta los límites de la lógica binaria y oposicional. Así, siguiendo a Serret, lo femenino es una de las formas que adopta la simbólica de la exclusión, recurso con el cual las culturas organizan las categorías que constituyen imaginariamente al sujeto y a la sociedad. La construcción de lo femenino puede ser vista como código simbólico que encarna todo aquello que significa “otredad” ya sea del sujeto individual o colectivo, de una cultura o de la sociedad.
Las teorías esencialistas insistían en las diferencias primigenias entre hombres y mujeres. La mujer era vista desde la lógica de binomios que deslindan-separan-marginan-excluyen: hombre-mujer; cultura-naturaleza; razón-pasión; público-privado. A través de la revisión de dicha categorización fue posible reflexionar sobre cómo se había “normalizado” y “naturalizado” a lo largo de la historia la desigualdad entre hombres y mujeres. Del cuestionamiento de la supuesta naturalidad originaria, el conocimiento transitó a nuevos horizontes conceptuales y temáticos y procedió a analizar el modo como las organizaciones y las prácticas institucionalizan la diferencia en las sociedades hasta inscribirla como desigualdad. Cabe destacar que lo que ha potenciado este nivel de análisis es precisamente la relación entre la lógica de la designación excluyente y la internalización de dicha exclusión, lo que arroja luz sobre la interacción entre los procesos de construcción de las identidades colectivas definidas desde el centro y su apropiación desde (y como) la condición de marginalidad. Los estudios de género arrojan luz sobre el hecho de que, si bien la lógica de funcionamiento de todo orden simbólico no sólo es binaria, clasificatoria, sino también necesariamente jerarquizado y evaluativa, la modernidad ha permitido relativizar la fuerza de las oposiciones subjetivas y cuestionar el que la única forma de interactuar con el Otro sea por medio de su anulación o sometimiento.
Diversos son los procesos que tienen lugar y que han confluido, en clave de convergencia y divergencia, en las transformaciones y permanencias que la modernidad trajo consigo en la condición de la mujer y que los estudios en el área han analizado. Así, la desestructuración del orden vigente; el quiebre de las redes de parentesco que definen a la mujer como objeto de intercambio; el rompimiento del control social basado en los lazos comunitarios tradicionales; la ruptura del orden simbólico que organizaba la relación entre los sexos, la ‘reelaboración’ de la alteridad. La teoría y la práctica se han encontrado y desencontrado, se nutren pero también se ‘atrapan’ y pueden acortar distancias entre el conocimiento y la acción, tan necesarias. Ciertamente las interacciones no cancelan ni reducen un momento al otro; la solidez teórica no puede diluirse en el activismo, ni este último debilita al primero. Es necesario atender la especificidad de los dos momentos que, por otra parte, están relacionados.
Los debates teóricos y las luchas prácticas han estado detrás de los movimientos de las mujeres y ambos han conducido a un lento, difícil pero significativo proceso de visibilidad de la problemática de género y de igualdad de oportunidades. En este proceso se pasó de la defensa de los derechos universales a la convalidación de los derechos específicos, del debate por la igualdad entre hombres y mujeres al de la igualdad de oportunidades; del debate sobre la identidad de género a sus nexos con las múltiples identidades.
También la perspectiva de género ha logrado incorporarse a través de instituciones, mecanismos y herramientas que inciden en las leyes, en las acciones públicas y en los bienes y servicios tendientes a desmontar y eliminar las inequidades.
María Luisa Tarrés llamó a la antología que compiló La Voluntad de Ser. Recordando que, a comienzos de la década de 1920, Gabriela Mistral afirmó que las mujeres en América Latina “son una voluntad de ser”, la metáfora alude simultáneamente al valor de la libertad y a la fragilidad de las mujeres como sujetos; al exagerar la libertad como rasgo necesario y suficiente de su identidad, muestra la endeble estructura, tan destacada por las investigaciones y los estudios. Es factible considerar que el recurso poético de Mistral puede ser utilizado como metodología para rescatar la capacidad productora de la mujer e identificar los elementos que contribuyen a construir su voluntad de ser. Analizando los diferentes periodos por los que ha atravesado el pensamiento y las luchas, nos permite repensar que la identidad ciudadana podría significar la búsqueda de una síntesis entre el concepto de justicia (individual) y el de membresía (colectiva) que la teoría política desarrolló en los años setenta y ochenta, respectivamente. En gran parte de la teoría política la ciudadanía había quedado supeditada a los conceptos normativos fundamentales de la democracia, para evaluar procedimientos y de la justicia, para evaluar resultados. Conjuntar los criterios a la luz de la condición publico-privado ha abierto nuevos derroteros. Muchos de ellos los hemos analizado en las respecitvas editoriales.
Hemos comentado, así mismo, los trabajos tan novedosos de colegas como Flavia Fridenberg y Karolina Gilas. Los estudios de género se abren a convergencias teóricas y prácticas; a la construcción de un andamiaje conceptual en el cual la especificidad no significa aislamiento; a la elaboración de agendas específicas y compartidas, banderas propias y demandas que construyen el compromiso de cabal pertenencia ciudadana. Los desafíos de la democracia, de la democratización de la cultura, necesariamente inciden sobre la afirmación del pluralismo, de una cultura de los derechos humanos, de respeto a la diversidad, de reconocimiento de la alteridad.
¿Cuál sería su mensaje para las nuevas generaciones politológicas a la luz de su propia aventura y viaje personal dentro de la disciplina?
Me gusta mucho su definción de aventura y viaje personal de mi trayectoria académica y existencial. Sí, es un viaje con sucesivas estaciones de llegada que devienen punto de partida para un nuevo recorrido.
Una trayectoria conceptual está marcada por el tiempo y el contexto: la biografía y la historia se encuentran. Reunir estas dimensiones realza la conciencia de que los objetivos y proyectos académicos y existenciales han alimentado mi camino a través de un desafiante equilibrio entre pasión y rigor, verdad y relevancia.
Traducir nuestra historia en preguntas de investigación ha formado parte de mi viaje intelectual, un itinerario determinado por nuestro ser, incrustado en visiones del mundo derivadas de nuestras pertenencias e identidades sociales y, al mismo tiempo, comprometido con el canon más estricto de la conciencia científica.
Recomendaría a las nuevas generaciones pasión por la investigación y la verdad y compromiso con la sociedad. Compartir la convicción de que el conocimiento cientifico es valor; genera valor y cohesión social en la sociedad del conocimiento.
La creatividad del pensamiento crítico y autocrítico e fundamental. Saber que el conocimiento es un proceso de mediación para acceder a la realidad y no es inmediatamente concreción, y a pesar de ello, su impacto es definitorio sobre los desarrollos de la sociedad.
Saber, junto con Isaiah Berlin, que el acercamiento al ámbito de las transformaciones políticas incluye los ejes del pluralismo -los pluralismos- y de los nexos entre diversidad-fragmentación y otras dimensiones de la vida social. Así, el pluralismo de “muchos fines, valores últimos, algunos incompatibles con otros, buscados por diferentes sociedades en tiempos diferentes o por diferentes grupos (etnias, iglesias) en una sociedad o por una persona particular en ellos”. Paralelamente, sin embargo, rechazar un relativismo que conduce al hombre a ser cautivo de la historia sin la capacidad de ponderar, evaluar y juzgar, por lo que al tiempo que no aceptó las jerarquías culturales impuestas por la fuerza, estaba preocupado por la posibilidad de un igualitarismo cultural que podía derivar en una barbarie consentida.
A su vez, la visión de que las culturas nunca son unitarias, ni indivisibles u orgánicas; por el contrario, son una conjunción de ideas, elementos, patrones, conductas distintivas, conduce a plantear que mientras que sólo la inmersión en culturas específicas puede darles a los hombres acceso a lo universal, sólo estándares universales pueden proveer los medios para evaluar aspectos específicos de las culturas desde fuera del marco de su propia exclusividad. Recordar esto resulta fundamental de frente a la cuestión de la diferencia y su expresión en el ámbito de lo público.
Así, son alertas frente a corrientes que en clave de posmodernidad y deconstrucción cancelan todo canon científico. Descubrir la potencialidad de nuevas formulaciones teóricas al tiempo que tomar conciencia de los riesgos del escepticismo frente al conocimiento científico.









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