Introducción
Recientemente se ha popularizado un vocablo que sugiere que el mundo ha entrado a una etapa de regresión en términos de interdependencia e integración global, ya que -de acuerdo con cifras del Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC)- actualmente hay una retracción del comercio mundial y de la inversión bancaria internacional (Justo, 2015), aunada a la adopción de políticas proteccionistas por parte de países miembros del g20, a la salida de Reino Unido de la Unión Europea y a la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos de América.
No obstante, al término desglobalización al que se hace referencia, se le han dado connotaciones distintas; por ejemplo, algunos textos académicos que tratan este tema constituyen ensayos críticos y sugestivos, que proponen un escenario alterno al modelo económico global imperante desde la segunda mitad del siglo XX, como lo plantea Walden Bello en su obra Desglobalización: ideas para una nueva economía mundial (2004).
El presente trabajo inicia describiendo el comportamiento de los niveles de globalización en sus tres dimensiones y se examina en qué medida éstos han variado en momentos específicos recientes, a partir de la crisis financiera y económica global de 2008 (CF), la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) y la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos de América (DT), en el que se empleará el Índice de Globalización desarrollado por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (el KOF Index of Globalization). En segundo lugar, para averiguar si la desglobalización constituye un fenómeno coyuntural o tendencial, se efectúa un análisis de tendencias mediante la aplicación de métodos de extrapolación pronóstica, tomando en consideración las proyecciones de organismos internacionales y el contexto mundial actual, sin prescindir, en el análisis, de las repercusiones que ha traído (y traerá consigo) la emergencia sanitaria global de la COVID-19.
Los indicios de un nuevo orden global
Partiendo de la revisión de indicadores macroeconómicos para conocer el comportamiento de los flujos de bienes y servicios o el crecimiento de la producción mundial, veremos que -en efecto- hay un enfriamiento en materia de intercambios comerciales, lo que ha propiciado un estancamiento de la globalización de los mercados y que se ha acentuado en los países más industrializados del planeta por las repercusiones de la guerra comercial que estalló en marzo de 2018 entre las dos economías más grandes del mundo, provocando una desconfianza global y que las exportaciones se contrajeran un 5.3% en China y un 1.15% en Estados Unidos (González, 2019).
De acuerdo con el cálculo más reciente de la OCDE, difundido el 19 de septiembre de 2019 en París, “[...] la economía global se ralentizará hasta crecer sólo un 2.9% este año y 3% en 2020” (Ayuso, 2019), lo cual es bajo si se compara con el crecimiento promedio del periodo comprendido de 2012 a 2018, que fue del 3.4%.
Con base en los informes y las previsiones económicas en materia de crecimiento y flujos comerciales de organismos internacionales como la OCDE, el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), los especialistas advierten que “[...] la desaceleración global continuará y se producirá una recesión económica en la mayoría de los países occidentales, incluido México [...]” (Lugo, 2019), de modo que
[...] la economía mundial está estancada, con tendencia [negativa]. No hay esperanza de una pronta recuperación; la disminución de la tasa de interés es señal de que las finanzas están detenidas y que la rentabilidad de las empresas va a la baja [...]. (Lugo, 2019).
Como menciona Ayuso (2019) con respecto a la presentación del informe más reciente de la OCDE, en el que Laurence Boone, economista jefe de dicha organización, externó su preocupación por los serios problemas que enfrenta la economía global y sus repercusiones en el crecimiento y el empleo,
Las perspectivas globales son “cada vez más frágiles e inciertas”, [según] advierte el informe. El crecimiento se muestra “apagado” y el comercio global se está “contrayendo”. [Y] A los motivos que viene ya enumerando la OCDE desde hace tiempo -tensiones comerciales “continuadas y cada vez más profundas”, así como incertidumbre en las políticas- se une ahora un “fuerte repunte” de los precios del petróleo debido a las “crecientes tensiones geopolíticas y las disrupciones al suministro de crudo en Arabia Saudita”.
La crisis financiera y económica global de 2008, el Brexit y la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos
Entre las variables consideradas para efectos de este trabajo, que tiene por objeto conocer a detalle las recientes variaciones cuantitativas de la globalización y de cada uno de sus componentes, se encuentra la crisis financiera y económica global de 2008, la cual -con base en la literatura centrada en la discusión en torno a la desglobalización- representa un factor fundamental para el entendimiento de la retracción del comercio, el crecimiento y las inversiones mundiales de los últimos años, ya que los analistas coindicen en señalar que a partir de la crisis, producto del colapso de la burbuja inmobiliaria estadounidense, se observa una estrepitosa caída en el comercio internacional, las exportaciones y el crecimiento mundial, así como en materia de inversiones y flujos financieros.
De acuerdo con el economista Simon Evenett (2009), experto en comercio mundial y catedrático de la Universidad Saint Gallen en Suiza (HSG, por sus siglas en alemán), hay -en efecto- un indiscutible cambio de tendencia desde el estallido financiero de 2008, y aunque hay sectores que están siendo más afectados que otros, es evidente la afectación en el comercio internacional, síntoma que pone en entredicho la lógica de la globalización económica en materia de intercambios comerciales.1.
Como puede apreciarse en la Gráfica 2, desde el año 2000 a la fecha la mayor tasa de crecimiento negativo de las exportaciones a nivel mundial se registró entre 2008 y 2009, lo cual coincide con el año en que la economía estadounidense experimentó una de sus mayores crisis financieras. Si bien en ese periodo hubo una importante caída en las exportaciones de bienes y servicios (que, por cierto, ha sido la más grave en la historia mundial desde que se tiene registro), la tendencia a la baja no se mantuvo y el comercio logró recuperarse hasta alcanzar en 2012 un último punto máximo post crisis de 30.56%.

Fuente: Elaboración propia con base en datos de la OCDE (2020).
GRÁFICA 1 Crecimiento del PLB de Estados Unidos, China y a nivel mundial (2012-2020)

Fuente: Elaboración propia con base en datos del Banco Mundial (2020).
GRÁFICA 2 Exportaciones mundiales de bienes y servicios y crecimiento del PIB mundial (2000-2017)
Algo similar ocurrió en términos de crecimiento económico, ya que fue también en 2008 cuando se registró la mayor contracción económica global después de la ocurrida en la década de los setenta (1973-1974) como consecuencia de la caída de los precios internacionales del petróleo.
Como se muestra en la Gráfica 1, en la que se incluyen las previsiones de la OCDE a 2020, el crecimiento económico mundial y de las dos economías más importantes del orbe va a la baja y no hay indicios de una pronta recuperación por las condiciones en que se encuentra el panorama internacional. Por su parte, la Gráfica 2 confirma lo ya dicho por los analistas internacionales, quienes coinciden en señalar que la crisis de 2008 no fue un hecho aislado. Si bien es cierto que ésta tuvo su origen en Estados Unidos, sus implicaciones se extendieron a otros países, principalmente a los miembros de la Unión Europea (Zurita et al., 2015: 129), dando lugar claramente a un cambio de tendencia en el crecimiento económico global y en la comercialización mundial de bienes y servicios, alcanzando, respectivamente, sus últimos puntos máximos post crisis en 2010 y 2012, durante el proceso de recuperación. Después de esos años, en ambas series puede observarse una tendencia negativa con una mejora en 2017.
En lo que respecta a los flujos de inversión, la situación no difiere. De acuerdo con el Informe sobre las inversiones en el mundo 2018 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), en los últimos años los flujos mundiales de inversión extranjera directa (IED) han disminuido como nunca en la historia, concentrándose las caídas en las economías desarrolladas, pero estando presentes en todas las regiones del mundo. En 2017, por ejemplo, los flujos disminuyeron bruscamente en un 23%, pasando de 1.87 billones de dólares en 2016 a 1.43 billones. Como menciona el informe referido, y también como puede apreciarse en el gráfico expuesto líneas arriba, “[esa] caída contrasta notablemente con otras variables macroeconómicas, como el PIB y el comercio, que registraron una mejora sustancial en 2017” (UNCTAD, 2018: 1).
La Gráfica 3 muestra que entre 2008 y 2009 ocurrió la peor caída en la inversión desde que se tiene registro. En 2009, la inversión como porcentaje del PIB mundial disminuyó un 41%, al pasar de 3.78 en 2008 a 2.22, lo cual fue producto de la desconfianza propiciada por la crisis de ese periodo, cuyo clima de incertidumbre empezó a gestarse un año antes del estallido de la crisis financiera global.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del Banco Mundial (2020).
GRÁFICA 3 IED, entrada neta de capital como porcentaje del PLB (2000-2018)
El último informe del Fondo Monetario Internacional sobre la estabilidad financiera mundial, publicado en octubre de 2019, señala que
[…] las crecientes tensiones comerciales y geopolíticas han agudizado la incertidumbre que rodea el futuro del sistema de comercio mundial y la cooperación internacional, perjudicando la confianza de las empresas, las decisiones de inversión y el comercio internacional. […] (FMI, 2019: XVI),
lo que ha dado lugar a una disminución en el grado de interdependencia y abona a la tesis, al menos en lo que respecta a la globalización en su dimensión económica, que el mundo ha entrado a una etapa de regresión en términos de integración global, a la que se le ha denominado de desglobalización. No obstante, suele abusarse de lo que puede considerarse un paradigma reciente dentro del ámbito de las Relaciones Internacionales, al afirmarse que la globalización está en franco retroceso, sin considerar que ésta constituye un proceso multidimensional y no sólo económico.
Ciertamente, con base en los datos que arrojan indicadores como el del crecimiento, el comercio y las inversiones globales, es indiscutible que la interdependencia en lo que respecta a esos ámbitos ha disminuido, lo cual no significa que lo mismo ocurra en otras dimensiones y subdimensiones de la globalización, por lo que -para efectos de un análisis más detallado y preciso- también es necesario revisar las relaciones sociales y políticas globales de interdependencia mutua. Asimismo, es deseable que se haga explícito que la desglobalización a la que hoy se hace referencia en los medios de comunicación masiva se fundamenta en una perspectiva económica, al apoyarse en argumentos como los expuestos anteriormente en materia de crecimiento, de intercambios comerciales y de inversión, y profundizando poco o nada en lo político y en lo social.
Como se ha argumentado en la literatura, las repercusiones de la crisis estadounidense impactaron notoriamente en la lógica globalizadora y, de manera análoga, las del Brexit y las del gobierno de Donald Trump, propiciando un escenario internacional caracterizado por la implementación de políticas proteccionistas por parte de las economías más importantes del orbe, el endurecimiento de medidas migratorias y la existencia de tensiones políticas entre los Estados que desalientan y erosionan las posibilidades de cooperación y de concretar acuerdos multilaterales.
El Brexit, por ejemplo, constituye una evidencia más que abona a la ralentización del proceso de interdependencia e integración existente entre los países. Aunque todavía no ha concluido el proceso de ruptura entre Reino Unido y la Unión Europea, después de tres años y medio de haberse llevado a cabo un referéndum en el que la población optó por abandonar el Bloque, las prórrogas otorgadas en varias ocasiones a Reino Unido y las dimisiones de los últimos primeros ministros conservadores, David Cameron y Theresa May, han creado y proyectado un clima de incertidumbre no sólo en Reino Unido sino también en la región de Europa continental, lo que ha traído consigo implicaciones económicas inmediatas que se han traducido en la caída de la divisa británica y de las inversiones (Díaz, 2019). El Brexit es un proyecto que tiene un fundamento político y social muy importante, pero que tendrá también cruciales efectos económicos.
Las opiniones con respecto a la situación económica post Brexit están divididas; sin embargo, lo que es un hecho es que con la ruptura del Reino Unido y la Unión Europea, éste recuperará el control de sus fronteras mediante la gestión de los flujos migratorios con la que lograría reducir la inmigración, que ha sido una de las principales razones por las cuales el bando del euroescepticismo británico fuerte y moderado ha buscado separarse de la eurozona, además de que podrá negociar sus propios acuerdos en términos que le favorezcan (BBC News, 2020).
A pesar de que los debates en torno a las consecuencias del Brexit se han centrado en la economía y en la parte migratoria, las implicaciones serían igualmente graves en el ámbito de la seguridad internacional. De acuerdo con Riordan (2016: 1), al ser limitada la capacidad militar europea,
[el continente] perdería a uno de sus dos ejércitos más fuertes, además de uno de sus dos poderes nucleares y miembros permanentes del Consejo de Seguridad [de la ONU], [por lo que] sin una política común de defensa y seguridad eficaz, sería aún más dependiente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los Estados Unidos de América para afrontar desafíos como Rusia, China, el Oriente Próximo y África del Norte.
En suma, la salida de Reino Unido de la UE tendría implicaciones serias tanto cuantitativas como cualitativas para la defensa europea, en el sentido de que mermarán sus capacidades logísticas de despliegue y de inteligencia en el exterior.
El día de hoy la separación de Londres y Bruselas, sede administrativa de la UE, es un hecho consumado luego de tres años y medio de haberse iniciado el proceso. El 31 de enero de 2020, después de que los 27 socios de la UE aprobaran una tercera prórroga, fue la fecha definitoria en que se ejecutó la salida del Reino Unido del bloque que constituye no sólo el actor comercial más importante del mundo, sino un efectivo contrapeso político y diplomático frente a los demás países desarrollados (Torres, 2005: 500). Según lo acordado entre las partes, tras 10 meses de retraso2 y tres prórrogas otorgadas al Gobierno del Reino Unido, el periodo de transición concluyó el 31 de diciembre de 2020, fecha límite en que los involucrados negociaron los términos de una nueva relación comercial, así como en temas de cooperación económica, política exterior y seguridad y defensa. Durante la denominada etapa de transición del “soft Brexit”,3 la situación permaneció sin cambios para los ciudadanos, consumidores, empresas e inversores, así como para estudiantes e investigadores tanto en la UE como en Reino Unido.
El “soft Brexit”, como se le ha denominado a la forma que finalmente adoptó la salida del Reino Unido, hace referencia al proceso de separación ordenada mediante negociaciones y acuerdos, lo cual es capaz de brindar mayor certidumbre a los agentes económicos involucrados. Por el contrario, una salida abrupta y sin acuerdo (referido como “hard Brexit”4) habría tenido impactos negativos instantáneos y aún mayores sobre la economía.
Por otro lado, el gobierno de Trump, asimismo, representa un desafío a la globalización en sus diferentes aristas y la materialización de un proyecto político de altermundismo5 deformado, cuya popularidad ganó terreno entre los electores estadounidenses, logrando capitalizar discursivamente el descontento de las clases medias trabajadoras que no han visto una mejora de la situación económica desde 2008, “En especial [de] los hombres blancos de más de 50 años, de zonas postindustriales, trabajadores de sectores energéticos tradicionales que ahora se ven atacados por quienes defienden las energías limpias o renovables […]” (BBC News, 2016), lo que explica, entre otras cosas, el negacionismo del gobierno de Trump al cambio climático y la implementación de sus políticas proteccionistas en materia de tratados comerciales con otros países, así como su promesa de hacer que las empresas retornen la manufactura a Estados Unidos (BBC News, 2016).
Los niveles de (des)globalización en la historia
Tomando como referencia la definición de globalización de Norris y Clark (2000), la desglobalización hace referencia al proceso de disminución en la “creación de redes de conexión entre actores a distancias multicontinentales, mediadas a través de una variedad de flujos que incluyen personas, información e ideas, bienes y capital”, por lo que -independientemente de su magnitud- una disminución en los niveles de globalización supondría, bajo esta lógica, un fenómeno de desglobalización.
Con base en los datos del KOF Globalisation Index, a continuación se presenta una gráfica que muestra las variaciones que ha tenido la globalización desde 1970, en la cual es posible observar a priori que -desde que se ha efectuado el cálculo- ha habido cuatro periodos de desglobalización a nivel mundial, es decir, donde la globalización ha presentado variaciones negativas en su medición.
Si se parte de la concepción anterior de que la desglobalización no es otra cosa sino un decrecimiento, sea cual sea su magnitud en los niveles de globalización, concluiremos que ésta se ha presentado en varios momentos de la historia, en algunos se ha acentuado más que en otros, pero finalmente se ha presentado desde que se tienen dichas mediciones. Y debido a que el vocablo “desglobalización” es de aparición relativamente reciente, poco se ha estudiado al respecto, aunado a que -paradigmáticamente- se ha concebido a la globalización como un proceso ineludible, lineal e irreversible.
Según se observa, después de 1970, el primer periodo de desglobalización ocurrió en 1975, el segundo en 1982, el tercero (de dos años y el de mayor duración) comprende de 1986 a 1987, y el cuarto en 2015. Es de notarse que, a partir del año de 1992, el nivel de globalización presentó tasas de crecimiento superiores al 2%, lo que significa que la globalización tuvo su auge en la década de los noventa al presentar un crecimiento notable y progresivo. Lo mismo ocurrió en el año 2000, al presentar un crecimiento de 2.37%, pero que disminuyó progresivamente hasta llegar al final de la primera década del siglo XXI a un crecimiento cercano al 1%.
En la década de los años ochenta, la globalización tuvo un crecimiento promedio de .40%, lo que la convierte en el decenio en que menos ha crecido la globalización. Asimismo, cabe destacar que en esta década se presentaron dos periodos de desglobalización: uno en 1982, con un crecimiento negativo de 0.04%, y otro de 1986 a 1987, cuyo decrecimiento fue de 0.17%.
Con base en el análisis de los componentes básicos de una serie de tiempo, en primer lugar, y a partir del coeficiente de determinación (R cuadrado), es posible advertir que la tendencia de la serie del KOF Globalisation Index overall6 a nivel mundial es no lineal de tipo polinómica (o polinomial) de tercer grado, debido a que presenta un comportamiento curvilíneo con un R cuadrado igual a 0.985.7 En lo que respecta a otros de los componentes de una serie temporal, el KOFGI no muestra estacionalidad ni un comportamiento cíclico.
El nivel de globalización más bajo que se ha presentado ha sido de 38.40% en 1970, mientras que el nivel más alto de 62.10% en 2017, lo que significa que desde 1970 la globalización ha presentado un importante crecimiento con variaciones negativas menores o poco significativas, en su mayoría por debajo del 0.22%, con excepción de la ocurrida en 1975, cuando se presentó el primer periodo de desglobalización, con un crecimiento de - .70 %. No obstante, aunque pueden identificarse cuatro periodos en que el Índice de Globalización presentó decrecimiento -dando lugar, por definición, a fenómenos de desglobalización- esto no puede extrapolarse a nivel regional o a nivel país, ya que en ambos casos los índices difieren; es decir, si se revisan los niveles de globalización de países como Chile o México, es probable que presente periodos de desglobalización distintos a los de otros países y que no necesariamente coincidan con los que sucedieron a nivel mundial. Como se expondrá más adelante, lo mismo ocurre cuando se revisan los subíndices que componen el índice general y que miden cada una de las tres dimensiones de la globalización.
Para ilustrar lo anterior, en la Gráfica 5 se presentan seis casos, entre los que se incluyen tres países y tres grandes regiones, con lo que es posible advertir que, en efecto, los periodos de desglobalización tanto a nivel país como a nivel región son distintos a los ocurridos a nivel mundial, es decir, considerando los 204 países. Cuando se observan datos en esos niveles, las diferencias con respecto al KOFGI mundial son notorias y permiten estudiar de manera detallada y profunda el grado de integración o desintegración global en casos específicos y en diferentes niveles según los fines de la investigación: por continente, por región, por país o incluso por bloques económicos.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 4 KOFGL a nivel mundial (1970-2017)

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 5 KOFGL (1970-2017)
Siguiendo el caso de México, en la serie se observan 11 periodos de desglobalización anuales y dos bienios, de entre los cuales destaca el de 1984, en que se presentó un crecimiento negativo de 5.70%.
CUADRO 1 Periodos de desglobalización en México
| 1970 | 1980 | 1990 | 2000 | |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 01 | 04 | 08 | 00 | 02 | 04 | 08 - 09 | 03 | 06 - 07 | 06 | 16 |
Fuente: Elaboración propia con base en el KOF Swiss Economic Institute.
Por otra parte, resalta el caso de Europa y Asia Central, donde se ha presentado un periodo de desglobalización de seis años, que abarcó de 1986 a 1991. Asimismo, de los casos presentados, Estados Unidos muestra los niveles más altos en el Índice de Globalización, lo que lo convierte -de acuerdo con la medición más reciente (2017)- en uno de los 25 países más globalizados ubicándose en la posición número 23, con niveles similares a los de Grecia o Australia, sin embargo, se ubica muy por debajo de países como Suiza, Países Bajos, Bélgica y Suecia, que presentan índices superiores a 90. Si observamos el índice de manera desagregada, es decir, en cada una de sus dimensiones y subdimensiones, los resultados son distintos, de tal manera que el hecho de que Suiza se ubique en la primera posición como el país más globalizado del índice general (KOFGI8), no significa que también encabece la lista en los otros ámbitos. Italia, por ejemplo, se ubica en la primera posición como el país políticamente más globalizado, Singapur como el más globalizado en el ámbito económico y Luxemburgo en lo social.9
De este modo, y con base en lo anteriormente expuesto, las variaciones negativas de la globalización se han presentado en diferentes magnitudes y momentos de la historia según el continente, región o país. Si bien los acontecimientos locales, o a nivel nación, pueden tener impactos en todo el globo, las implicaciones pueden acentuarse más en ciertos países y/o regiones específicas, lo cual dependerá de la naturaleza misma de determinado acontecimiento o fenómeno social y del modo en que éste se desarrolle, así como de los actores involucrados.
La dimensión económica
En lo que respecta a la dimensión económica, a nivel mundial han ocurrido cinco periodos de desglobalización: tres anuales (1991, 2002 y 2015) y dos bienios (2008-2009 y 2012-2013), de los cuales uno coincide con el año en que colapsó la burbuja inmobiliaria estadounidense y que dio lugar a la crisis financiera y económica global de 2008. En ese año, la globalización económica presentó un crecimiento negativo que se extendió hasta 2009. En ese periodo, en el rubro de la globalización comercial se presentó una tasa de decrecimiento de 2.7%, mientras que en el de la globalización financiera un decrecimiento también de 3.4%, las mayores tasas de crecimiento negativo registradas en la historia.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 6 Globalización Económica a nivel mundial (1970-2017)
A partir de 2008 es notorio un importante cambio de tendencia en la globalización económica, que desde entonces ha presentado un crecimiento promedio de .05%. A este respecto, a pesar de que el índice general de globalización (el KOFGI), que involucra tres dimensiones, no pone en evidencia un fenómeno de desglobalización en ese año, sí se observan los datos del subíndice que mide la globalización económica (el KOFEcGI); éstos muestran lo contrario. Aunque tampoco hubo periodos de desglobalización política y/o social en 2008, sí lo hubo en el ámbito económico, tratándose así de lo que podría denominarse una desglobalización parcial, que se circunscribe a la dimensión económica.
La crisis financiera y económica global de 2008 dio lugar a un fenómeno de desglobalización económica tanto en lo comercial como en lo financiero, pero con mayores implicaciones en este último sector, puesto que la desglobalización financiera se acentuó más al llegar a una tasa de decrecimiento de casi 3.5 puntos porcentuales, lo cual -de acuerdo con las variables que el índice de globalización financiera (KOFFiGI) considera en su medición-se ha traducido en la disminución de la inversión extranjera directa global, en la concreción de acuerdos internacionales en materia de inversión y en la apertura de cuentas de capital, así como en un incremento en las restricciones de inversión.
Desde el estallido financiero de 2008, es indiscutible el cambio de tendencia y es evidente la afectación en las finanzas y en el comercio internacional. El estallido financiero de 2008 es el acontecimiento que más ha golpeado a la globalización económica y que ha frenado su crecimiento, por lo que representa un factor causal fundamental para el entendimiento de uno de los periodos de desglobalización económica más recientes, que si bien ninguno ha igualado en términos de magnitud al registrado en 199110 (cuyo crecimiento fue de -2.4%), propició el desarrollo recurrente de periodos de desglobalización económica y ralentizó la globalización económica, de modo que de los cinco identificados desde 1970, tres de ellos ocurrieron durante y después de 2008.
La estrepitosa caída en el comercio internacional, las exportaciones y el crecimiento mundial, así como en materia de inversiones y flujos financieros, producto de la crisis, se ha traducido en periodos de desglobalización económica recurrentes y en la desaceleración del proceso de integración económica global.
Desde 2016, año en que Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de su país y que se celebró el referéndum sobre si el Reino Unido debía abandonar la Unión Europea, la globalización no ha dado marcha atrás. El último periodo de desglobalización que se ha registrado es el de 2015; no obstante, esto no significa que los acontecimientos antes mencionados, indiscutiblemente de repercusiones globales, no tengan implicaciones en el mediano y largo plazo; de hecho, de acuerdo con indicadores económicos posteriores a 2017 y las previsiones de organismos internacionales sobre los países involucrados por el Brexit y las acciones implementadas por el gobierno de Donald Trump, puede vislumbrarse un decrecimiento importante en los niveles de globalización, sobre todo en lo económico y en lo social.
Al realizar una revisión a nivel país es posible advertir que en 2008 la globalización económica de Estados Unidos tuvo un decrecimiento de 3.28%, el mayor registrado en ese país, que se extendió hasta el año siguiente al presentar, de igual forma, un crecimiento negativo de 2.80%. Al observar el gráfico radial, es notoria la estrepitosa caída en el año 2008, cuyo índice descendió de 68.06 en 2007 a 63.98 en 2010, lo que representó un decrecimiento cercano al 5%.
En 2016 y 2017, durante los dos primeros años del gobierno de Trump, no se registraron decrecimientos en la dimensión económica, ni en lo comercial ni en lo financiero, por el contrario, en 2016, el índice presentó un repunte de 2.96 % en este último rubro.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 7 Globalización Económica de Estados Unidos de América (1995-2017)
En el caso de la Unión Europea, el comportamiento de sus niveles de globalización pone en evidencia la existencia de mayores periodos de desglobalización económica en esa comunidad política, que desde su entrada en vigor en 1993 ha presenciado cinco periodos de desglobalización económica (2001-2002, 2004, 2007-2009, 2011-2013 y 2015-2016) con mayores afectaciones en el sector financiero. De los 25 datos anuales disponibles desde 1993, 11 han experimentado decrecimiento, es decir, casi la mitad.
Los periodos de desglobalización en la Unión Europea han sido una constante desde 2001 pero aún más recurrentes a partir de 2007, atribuibles a la “La Euro crisis (que a su vez) es esencialmente [...] resultado de la crisis subprime que comenzó en 2007 en los Estados Unidos […]” (Weber, 2015: 1). En 2016, de manera general, ni la Unión Europea ni el Reino Unido presentaron tasas de decrecimiento en lo que respecta a la globalización económica, sino sólo una ligera disminución en la subdimensión financiera para el caso del RU.
La dimensión social
En lo social, la globalización ha llegado a niveles superiores a los registrados en lo político o en lo económico, ya que se han presentado valores máximos, respectivamente, de 62.50 en 2017 y 59.37 en 2014. En lo que respecta a la globalización social, su valor máximo de 64.94 se presentó en 2017. Si bien los valores máximos de los niveles de globalización se han registrado en la década más reciente, ésta también se ha ralentizado en los últimos años y en los tres ámbitos, especialmente en lo político y en lo económico, que han presentado las menores tasas de crecimiento registradas en la historia.
La globalización social también se ha estancado, pero en esta dimensión el menor crecimiento ocurrió en la década de los setenta, siendo el decenio en que el mundo se globalizó menos en lo referente a los ámbitos cultural, informacional e interpersonal. No obstante, la década más reciente es -junto con las de los años setenta y ochenta- la que ha presentado las menores tasas de crecimiento. En los setenta, el crecimiento promedio fue de 0.27%, en los ochenta de 0.39% y en la última década, hasta 2017,11 de 0.67%.
Como puede apreciarse en la Gráfica 9, el KOFSoGI demuestra la existencia de tres periodos (cercanos entre sí) de desglobalización social: 1975, 1980 y 1982. En 2008 y 2016, no se muestran variaciones atípicas. Desde 2012, los niveles de globalización social tuvieron un crecimiento anual inferior al 1 por ciento, hasta llegar a un crecimiento 0 en 2015. En 2016 y 2017 el crecimiento fue de 0.13 y 0.15% respectivamente. Aunque la globalización social es la que menos se ha estancado con respecto a las otras dos dimensiones, desde 2012 su crecimiento es exiguo con tendencia a la baja.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 9 Globalización Social a nivel mundial (1970-2017)
Con base en lo anterior, y revisando las variables que componen el Índice de Globalización Social, no existe -hasta 2017- evidencia vinculatoria entre la disminución que recientemente han experimentado los niveles de globalización social y acontecimientos como la crisis de 2008, el Brexit y la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos; de manera contraria a lo que muy probablemente ocurrirá con la reciente pandemia causada por el virus sars-cov-2 y responsable de la enfermedad covid19,12 cuyo impacto será significativo no sólo en lo económico sino también en lo social, fundamentalmente en lo referente a globalización interpersonal, producto de la caída del turismo internacional y la reducción del flujo migratorio (Organización Mundial del Turismo, 2020).
El comportamiento de los niveles de globalización social tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea y el Reino Unido (Gráficas 10 y 11, respectivamente) no muestra variaciones importantes que coincidan con los años en que ocurrieron los tres acontecimientos que son objeto de análisis. Pero a diferencia del promedio mundial, en los tres casos se han registrado periodos de desglobalización social, siendo éstos más recurrentes en Estados Unidos (2000, 2004, 2010 y 2012). En la UE, por su parte, se observan dos (en 2004 y 2015), el primero de ellos con una tasa superior al 2%, la mayor registrada en la historia de los tres casos analizados. Finalmente, en el RU han ocurrido 2 periodos (2008-2009 y 2013), ambos con énfasis en los ámbitos de la globalización cultural e informacional.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute
GRÁFICA 10 Globalización Social de la Unión Europea (1995-2017)

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 11 Globalización Social del Reino Unido (1995-2017)
Con el endurecimiento de las medidas migratorias, no sólo en el Reino Unido y la Unión Europea, sino también en la superpotencia americana, se prevé una disminución en los niveles de globalización social, específicamente en lo relativo al contacto interpersonal, como ha ocurrido en la UE desde 2015 y en RU desde 2014, este último experimentando un decrecimiento promedio de 0.16% en el Índice de Globalización Interpersonal (KOFIpGI).
La dimensión política
La globalización política es la dimensión en la que más se han presentado periodos de desglobalización. De acuerdo con el Índice de Globalización Política (KOFPoGI), no hay indicios de que políticamente el mundo se esté desglobalizando; lo cierto es que en los últimos 10 años, la globalización política se ha ralentizado, tal como se muestra en la Gráfica 12, teniendo, desde 2010, un crecimiento promedio de .50, el más bajo desde 1980, en que se presentó el periodo de desglobalización política de mayor duración en la historia desde que se tiene registro. Si bien el mundo está más globalizado políticamente que el resto de las dimensiones, ésta es la más volatil y las fluctuaciones negativas en su medición son más recurrentes.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 12 Globalización Política a nivel mundial (1970-2017)
Lo más destacable de esta dimensión es que de los cuatro periodos de desglobalización que se han presentado a nivel mundial (Gráfica 4), el de mayor duración, que comprende de 1986 a 1987, es atribuible a razones políticas. De hecho, la desglobalización mundial que se presentó en ese periodo de dos años fue sólo de índole política, ya que los subíndices de globalización económica y social no presentaron variaciones negativas.
A pesar de que en 2008 y 2016 no se registraron a nivel mundial variaciones negativas en la globalización política, ésta ha crecido a un ritmo muy lento, y en Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea, las fluctuaciones son aún más notorias, ya que desde 2008 su crecimiento promedio anual ha sido cercano al 0%.
En cada uno de los tres casos anteriores, entre 2008 y 2016 se han presentado tres periodos de desglobalización política. El Reino Unido y Estados Unidos se desglobalizaron políticamente, de manera respectiva, en 2008 y 2009, inmediatamente después de la crisis económica, a pesar de que fue en este último donde ésta se originó.
Ciertamente no existe evidencia suficiente que demuestre una correlación entre los niveles de globalización económica y los de globalización política, pero el análisis descriptivo de esta investigación lo sugiere, pues los hallazgos son contundentes: la globalización ha frenado su crecimiento desde la crisis económica de 2008 en todas sus dimensiones, no sólo a nivel mundial sino también a niveles específicos.
En 2016, el año en que ocurrieron dos acontecimientos políticos importantes en Estados Unidos y en el continente europeo, los datos muestran un descenso en los niveles de globalización en su dimensión política, tanto en el hegemón americano como en el Reino Unido; de hecho, en ese año, se registró uno de los niveles más bajos de globalización política en esos países. No obstante, aunque podría argumentarse que lo anterior supondría, para el caso estadounidense, la falta de concreción de tratados y acuerdos multilaterales -producto de fricciones políticas generadas por decisiones de política exterior con matices nacionalistas, unilaterales, erráticas y guiadas por intereses electorales-, en 2017 la gestión del gobierno de Trump era incipiente, por lo que para conocer sus repercusiones en la globalización, los datos existentes al día de hoy son insuficientes y lo mismo ocurre en el caso del Brexit.
Lo que es un hecho, es que globalización política es, desde 2008, la segunda dimensión que menos ha crecido a nivel mundial y la primera a nivel del Reino Unido y la Unión Europea; y en el caso de eua fue la segunda, después de la globalización económica. También puede apreciarse que, al menos desde 1995, en los tres casos revisados se observan crecimientos anuales por debajo del .1%, muy inferiores si se comparan con los crecimientos que también desde 1995 han presentado las otras dos dimensiones, no sólo en esos países sino también a nivel mundial.
Resalta que mientras países en vías de desarrollo siguen globalizándose, países como Estados Unidos y Reino Unido, considerados potencias económicas mundiales, han llegado a niveles muy superiores de la media global hasta estancarse.
¿Desglobalización total o parcial?
Con base en la revisión de los subíndices que miden cada una de las tres dimensiones de la globalización, es posible advertir que si bien el KOFGI arroja la existencia de cuatro periodos de desglobalización, al hacer la revisión individual del Índice de Globalización Política (KOFPoGI), el Índice de Globalización Económica (KOFEcGI) y el Índice de Globalización Social (KOFSoGI), es perceptible un mayor número de años en que los niveles de globalización han presentado decrecimiento, de manera que pueden identificarse más periodos de desglobalización, de tipo político, económico y/o social, así como reflejar fehacientemente el comportamiento cuantitativo, desagregado y multidimensional de la globalización; esto es, si en un periodo determinado alguno de los tres subíndices que componen el Índice KOF presenta decrecimiento, estaríamos ante una desglobalización parcial. En suma, una desglobalización de este tipo ocurre cuando las magnitudes de una o dos dimensiones disminuyen, mientras que una desglobalización de tipo total implicaría una reducción en todas las dimensiones.
Hoy en los círculos académicos y en los medios de comunicación masiva se asume que la crisis de 2008, el Brexit y/o la llegada de Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos, así como la reciente emergencia sanitaria mundial de la COVID-19,13 han dado lugar a un fenómeno de desglobalización, sin considerar que éste, al igual que la globalización, es de carácter multidimensional.
Partiendo, así, de la definición aquí desarrollada de “globalización” y mediante un análisis desagregado de sus componentes, resulta impreciso y arriesgado aseverar que cualquiera de los acontecimientos antes mencionados ha propiciado el surgimiento de un (nuevo) orden global desprovisto de las características esenciales del otrora mundo globalizado, es decir, en proceso de desglobalización. Ciertamente dichos acontecimientos han impactado en el comportamiento cuantitativo de la globalización; sin embargo, la disminución de interdependencia que se avizora entre los países no es total o absoluta, sino que se trata de una desglobalización parcial (Meireles, 2017), que puede ser de índole política, económica y/o social.
En el Cuadro 2 se muestra de manera detallada cada uno de los periodos de desglobalización que desde 1970 a 2017 se han presentado a nivel mundial, así como los años en que los niveles de globalización han disminuido en cada una de sus dimensiones. A diferencia de los datos que arroja el índice general (y que constituye el promedio de las tres dimensiones), se observa aquí que la desglobalización se ha presentado en varios momentos de la historia.
Cuadro 2 Periodos y tipos de desglobalización en el mundo
| Periodo | Año | Dimensiones | Tipo de Desglobalización | ||
|---|---|---|---|---|---|
| Económica | Social | Política | |||
| 1 | 1975 | ▲ 0.05 | ▲ 1.06 | ▼ 0.87 | Social y política |
| 2 | 1979 | ▲ 0.87 | ▲ 1.01 | ▼ 0.01 | Política |
| 1980 | ▲ 1.16 | ▼ 0.26 | ▲ 0.12 | Social | |
| 1981 | ▲ 2.19 | ▲ 0.48 | ▼ 0.16 | Política | |
| 1982 | ▲ 0.15 | ▼ 0.32 | ▲ 0.14 | Social | |
| 3 | 1984 | ▲ 0.74 | ▲ 0.68 | ▼ 0.72 | Política |
| 4 | 1986 | ▲ 0.17 | ▲ 1.01 | ▼ 0.36 | Política |
| 1987 | ▲ 0.43 | ▲ 0.26 | ▼ 1.22 | Política | |
| 1988 | ▲ 0.92 | ▲ 0.61 | ▼ 1.03 | Política | |
| 1989 | ▲ 1.70 | ▲ 0.83 | ▼ 0.10 | Política | |
| 5 | 1991 | ▼ 2.40 | ▲ 0.15 | ▲ 2.61 | Económica |
| 6 | 1996 | ▲ 0.13 | ▲ 1.85 | ▼ 0.56 | Política |
| 7 | 2002 | ▼ 1.10 | ▲ 1.56 | ▼ 0.09 | Económica y política |
| 8 | 2008 | ▼ 0.46 | ▲ 2.49 | ▲ 1.07 | Económica |
| 2009 | ▼ 1.05 | ▲ 1.44 | ▲ 0.57 | Económica | |
| 9 | 2011 | ▲ 0.64 | ▲ 1.37 | ▼ 0.14 | Política |
| 2012 | ▼ 0.09 | ▲ 0.86 | ▲ 1.03 | Económica | |
| 2013 | ▼ 0.09 | ▲ 0.99 | ▲ 0.32 | Económica | |
| 10 | 2015 | ▼ 1.18 | 0.00 | ▲ 0.74 | Económica |
Fuente: Elaboración propia. Nota: Las casillas coloreadas en gris obscuro representan los periodos y/o años de desglobalización mundial.
En el mundo, y desde 1970, se han registrado 19 mediciones anuales en que la globalización ha presentado decrecimiento en al menos una de sus dimensiones, así como 10 periodos de desglobalización, los cuales hacen referencia al conjunto de años consecutivos en que el proceso de integración global ha disminuido en alguna de sus dimensiones.
El Cuadro 2 presenta las tasas de crecimiento para cada año, tanto positivas como negativas, y se hace explícito el tipo de desglobalización según la dimensión que haya presentado decrecimiento. Cuando hay decrecimiento en una o máximo dos dimensiones de la globalización, se trata de una desglobalización parcial; por ejemplo, si la tasa de crecimiento es negativa en lo político pero positiva en las otras dos dimensiones, estaremos evidentemente ante un escenario de desglobalización política. En el caso de la globalización económica y social, al estar ambas compuestas de subdimensiones, puede hablarse de desglobalización económica con énfasis en lo comercial o en lo financiero, según la subdimensión que muestre decrecimiento. La desglobalización social, por su parte, puede ser con énfasis en los ámbitos interpersonal, en lo informacional o en lo cultural.
Es destacable que ninguna desglobalización ha sido de tipo total, ni siquiera durante o en los años posteriores en que se desarrollaron la crisis económica de 2008, el inicio del proceso de separación entre el Reino Unido y la Unión Europea y la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos.
En 2008 y 2009, la desglobalización fue económica con énfasis en lo financiero, como se menciona en el apartado relativo a la dimensión económica. En 2016, y al menos hasta 2017, no hubo fluctuaciones negativas en ninguna de las dimensiones; por el contrario, los niveles de globalización económica y social incrementaron. En lo político, en 2017 la globalización tuvo un crecimiento menor al de 2016, al pasar de .50 a .28%.
Finalmente, cabe advertir que para estudiar las repercusiones cuantitativas en los niveles de globalización de variables y/o fenómenos específicos, es imprescindible revisar los índices (o subíndices) que componen el KOFGI a nivel país y/o región según las variables o fenómenos considerados y que sean objeto de estudio. En el cuadro se muestran sólo los periodos de desglobalización a nivel mundial y no pueden extrapolarse a la realidad de ningún país, región o grupo de países.
¿Desglobalización coyuntural o globalización en franco retroceso?
Con base en los hallazgos del presente trabajo de investigación y tomando como referencia los informes más recientes del FMI y la OMC sobre el estado de la economía mundial, es altamente probable que actualmente estemos inmersos en un importante fenómeno de desglobalización económica, lo cual está por ser corroborado con los datos, aún inexistentes, de los años más recientes del KOF Globalisation Index.
Para averiguar lo anterior y conocer si la desglobalización constituye un fenómeno coyuntural o tendencial, se efectuó un análisis de tendencia mediante un modelo de regresión curvilíneo, para lo cual -primero- se hizo la descomposición de cada serie para después, a partir del mejor modelo, proceder con la generación de pronósticos.
Con la finalidadde obtener un modelo más preciso, se trabajaron las bases de datos de cada uno de los subíndices que componen el KOFGI, por lo que se generaron previsiones de seis series temporales: de los índices de globalización comercial (KOFTrGI), financiera (KOFFiGI), interpersonal (KOFIpGI), informacional (KOFInGI) y cultural (KOFCuGI). Naturalmente, en el caso de la globalización política sólo se consideró el KOFPoGI.
Para obtener el mejor arquetipo de estimación curvilínea se consideraron modelos de regresión lineal, cuadrática, cúbica y exponencial, en los cuales se obtuvieron coeficientes de determinación superiores a 0.900. No obstante, en todas las series analizadas se optó por emplear el método de suavizamiento exponencial14 de modelos no estacionales15, debido a que en éstos se presentaron coeficientes de determinación superiores a los primeros y significancias mayores a 0.05.
La elección del mejor modelo se realizó con base en el resumen estadístico de cada uno, de modo que de los cuatro tipos de modelos no estacionales (el simple, el de tendencia lineal de Holt, el de tendencia lineal de Brown y el de tendencia amortiguada) se seleccionó, para cada subíndice, el que presentó el valor R cuadrado estacionario más alto y una mayor significancia.
Después de obtener el mejor modelo para cada subíndice se hicieron proyecciones a 2025 con intervalos de confianza del 95%16 y se procedió a promediar los valores pronosticados para conseguir las estimaciones de los índices de globalización económica y social de 2018 y hasta 2025.

Fuente: Elaboración propia con base en datos del KOF Swiss Economic Institute.
GRÁFICA 13 Proyecciones a 2025
De acuerdo con las proyecciones, es inminente la ralentización de la globalización en sus tres dimensiones a nivel mundial, máxime en lo que respecta a la globalización social, que entre 2018 y 2025 experimentaría un crecimiento promedio anual de 0%, seguida de la globalización política con un crecimiento inferior al 0.2%. Por su parte, la globalización económica (hasta 2017 ceteris paribus) es la que más crecería, al presentar un crecimiento promedio anual de .6% en ese mismo periodo.
Lo anterior parece estar alejado de la realidad si consideramos el contexto internacional actual de crisis económica derivada de la pandemia por coronavirus, que ha sido denominada por el FMI como la crisis de “El Gran Confinamiento” (Fundéu BBVA, 2020) y considerada la mayor recesión en la historia después de La Gran Depresión.
Por lo anterior, y considerando las proyecciones económicas de organismos internacionales, es posible vislumbrar en el corto plazo la presencia de periodos de desglobalización recurrentes no sólo en lo económico sino también en lo social y en lo político, de modo que la ralentización de los niveles de globalización a nivel mundial seguirá acentuándose, y más aún a nivel región y país.
Conclusiones
La desglobalización no es un fenómeno nuevo. De acuerdo con la investigación desarrollada, el Índice KOF de Globalización evidencia la existencia de periodos en que la globalización, en cada una de sus dimensiones y subdimensiones, ha presentado decrecimiento, al menos desde 1970 en que se ha efectuado la medición; el vocablo “desglobalización”, por el contrario, es de aparición relativamente reciente. Sin embargo, a pesar de que ésta se ha presentado en varios momentos de la historia, poco se ha estudiado al respecto, probablemente debido a que -errónea y paradigmáticamente- se ha concebido a la globalización como un proceso ineludible, lineal e irreversible.
La noción de desglobalizaciónes (y debe ser) multidimensional, por lo que enunciar categóricamente que la desglobalización es ya un hecho total y consumado, resulta una aseveración parcialmente cierta que requiere ser precisada mediante la instrumentación de un enfoque metodológico cuantitativo. Si bien es cierto que el panorama internacional actual pone en entredicho la otrora lógica globalizadora, la desglobalización puede ser de dos tipos: a) total, cuando las variaciones negativas en los niveles de globalización ocurren en cada una de sus tres dimensiones, o b) parcial, cuando las variaciones negativas ocurren en una o máximo dos dimensiones, la cual puede ser con énfasis en lo económico, en lo político y/o en lo social.
Los indicadores de globalización pueden cumplir una doble función: medir el grado de integración e interdependencia global y, su contraparte, el de desintegración global. Si bien es cierto que no existe un indicador para medir la desglobalización, el índice desarrollado por una de las universidades pioneras en investigación en Europa y el resto del mundo, el KOF Index of Globalisation, además de ser -como todo índice- debatible, perfectible y modificable, constituye una herramienta potencial capaz de contribuir al estudio de la desglobalización desde una perspectiva integral.
La desglobalización supone una disminución en la creación de redes de conexión (políticas, económicas y sociales) entre actores diversos a distancias multicontinentales, mediadas a través de una variedad de flujos que incluyen personas, información e ideas, bienes y capital. No obstante, la literatura existente sobre el tema, en su mayoría de naturaleza periodística por su abundancia, demuestran que su entendimiento hoy en día es parcial y presenta las mismas dificultades conceptuales que en algún momento atravesó el término globalización. El tratamiento que se le ha dado al concepto, incluso en los círculos académicos, es parcial, es decir, carece de un entendimiento multidimensional.
A pesar de que el panorama internacional actual pone en entredicho la lógica de la globalización por, entre otras cosas, la retracción mundial del comercio, el enfriamiento de las inversiones, la implementación de políticas proteccionistas y el endurecimiento de medidas migratorias, enunciar categóricamente que la desglobalización es ya un hecho total y consumado, resulta una aseveración parcialmente cierta que requiere ser precisada, ya que un fenómeno de desglobalización no solamente involucra el aspecto económico o de flujo de personas. Ciertamente, lo anterior -producto de la crisis de 2008, el Brexit y la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos de América- ha impactado en el comportamiento cuantitativo de la globalización, sin embargo, la disminución anual de interdependencia entre los países no es ni ha sido total o absoluta, sino parcial, que se ha circunscrito a una o dos dimensiones.
2008 constituye un punto de inflexión en la historia de la globalización, porque desde ese año el grado de integración global se ha desacelerado, fundamentalmente en lo que respecta al ámbito económico, tanto en lo comercial como en lo financiero, de modo que -desde la crisis financiera- el proceso de integración global se ha estancado, teniendo un crecimiento promedio, en cada una de sus dimensiones, inferior al 1%, siendo que años antes de la crisis había sido superior al 2%.
La emergencia sanitaria global está trayendo consigo implicaciones económicas desglobalizadoras y constituye una evidencia más que abona a la disminución y a la ralentización del proceso de interdependencia e integración de los países. La desglobalización no es un fenómeno nuevo y el coronavirus no es la antesala de la desglobalización, como se ha argumentado mediáticamente, pero está contribuyendo a acentuarla.










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