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Estudios de cultura náhuatl

versión On-line ISSN 3061-8002versión impresa ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.67  Ciudad de México ene./jun. 2024  Epub 19-Ago-2025

https://doi.org/10.22201/iih.30618002e.2024.67.78033 

Artículos

Colhuas y mexicas: Dos historias de un mismo pasado

Colhuas and Mexicas: Two Histories of the Same Past

Erik Damián Reyes Morales* 
http://orcid.org/0000-0003-1516-377X

* Universidad Nacional Autónoma de México (México). Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, erikdamian@politicas.unam.mx


Resumen

En este artículo se analizan las dos versiones que existen en las fuentes sobre el periodo que va de la derrota y expulsión de los mexicas de Chapultepec a la llegada de Acamapichtli a Mexico-Tenochtitlan. La primera versión, la más conocida, es la que se desprende de la Crónica X, mientras que la segunda tiene como columna vertebral las fuentes vinculadas con el Códice Colhuacan y los anales mexicas, pero también aparece en un significativo grupo de documentos, tanto manuscritos como pictográficos, relacionados con las tradiciones historiográficas de distintos pueblos del valle de Anahuac. A partir de este análisis es posible sostener que la versión que se desprende de la Crónica X pudo haber sido la historia reformada en tiempos de Itzcoatl y que, a diferencia de lo comunmente aceptado, en Mexico-Tenochtitlan convivieron, principalmente, dos grupos bien diferenciados, la nobleza colhua y el pueblo mexica.

Palabras clave: Crónica X; Códice Colhuacan; mexicas; colhuas; Acamapichtli

Abstract

This paper analyzes the two existing versions in the sources on the period that extends from the Mexica defeat and the expulsion from Chapultepec, to the arrival of Acamapichtli in Mexico-Tenochtitlan. The first of them, and best known, is the one that emerges from Chronicle X, while the second has its backbone in the sources linked to the Codex Colhuacan and the Mexica annals, but it also appears in a significant group of documents, both manuscripts and pictographs, related to the historiographic traditions of different peoples of the Anahuac valley. From this analysis it is possible to conclude that the version that emerges from Chronicle X could have been the reformed history in the times of Itzcoatl and that, contrary to what is commonly accepted, in Mexico-Tenochtitlan two well-differentiated groups lived together, the Colhua nobility and the Mexica people.

Keywords: Chronicle X; Codex Colhuacan; mexicas; colhuas; Acamapichtli

Introducción

La migración de los aztecas-mexicas es, sin duda alguna, uno de los temas que más ha llamado la atención de los especialistas en el México antiguo. Generaciones de estudiosos se han ocupado de investigar tanto las distintas etapas de su periplo como las fuentes que dan cuenta de esta travesía. La multiplicidad de análisis ha traído consigo un significativo número de propuestas, particularmente centradas en el periodo que va del inicio de la migración de los originarios de Aztlan a su arribo al valle de Anahuac. Para esta etapa, diversos autores han sostenido, por ejemplo, que los documentos que dan cuenta de este periplo contienen información de carácter mítico (Seler 1985; Duverger 1983; Graulich 1974; Florescano 1990). Otros, por su parte, han señalado que en ellos se pueden encontrar periodos de la migración tanto míticos como históricos (López Austin 1973; Castañeda de la Paz 2009). Además, la similitud en la información que proporcionan las fuentes respecto a esta primera etapa de la migración ha propiciado el surgimiento de propuestas que sostienen que las fuentes, más que información histórica, contienen la representación teatral de un rito de legitimación (Boone 1991). Finalmente, el grueso de los especialistas se inclina a pensar que los documentos que se ocupan de este periodo fueron el producto de tradiciones historiográficas plenamente históricas (Ramírez 1858, 1; Radin 1920; Robertson 1959; Jiménez Moreno, Miranda y Fernández 1970; Nicholson 1971; Martínez Marín 1983; Kirchhoff 1985; Navarrete 2000; Johansson 2004).

Los postulados de los especialistas empiezan a ser menos diversos a partir del arribo de los mexicas al valle de Anahuac, ya que la aparición de topónimos que se pueden encontrar en la geografía del altiplano central, así como su interacción con otros pueblos del valle, ha propiciado que sea más difícil cuestionar la historicidad de la información que aparece en las fuentes. Sin embargo, a partir de la derrota de los mexicas en Chapultepec y su arribo a Colhuacan y hasta la llegada de Acamapichtli a Mexico-Tenochtitlan, sucede un fenómeno muy llamativo: las fuentes difieren de manera muy significativa, a tal grado que a partir de la información que en ellas aparece es posible reconstruir dos versiones completamente distintas de una misma historia. La primera de ellas, la más conocida, presenta a los mexicas como el pueblo dominante y su tránsito por Colhuacan como una etapa necesaria para su arribo a los islotes del lago. La segunda, a la que no se le ha prestado mucha atención hasta la fecha, muestra a los colhuas como los verdugos de los originarios de Aztlan, quienes reaccionaron lo mejor que pudieron ante las adversidades que se les presentaron. La existencia de estos dos relatos es relevante debido a que está directamente vinculada con la composición social y política de Mexico-Tenochtitlan, ya que, como es bien sabido, la preponderancia del relato más difundido ha traído como consecuencia que los estudiosos se inclinen a pensar que los originarios de Aztlan se apoderaron de la identidad y legitimidad política de los colhuas (Garduño 1997; Castañeda de la Paz 2009; Navarrete 2011). Sin embargo, la existencia del otro relato abre la puerta para una interpretación distinta, a través de la cual es posible sostener que en los islotes del lago habitaron, principalmente, dos grupos muy bien diferenciados entre sí: la nobleza colhua y el pueblo mexica. Además, es posible proponer que la narración más conocida pudo haber sido el producto de la reescritura de la historia en tiempos de Itzcoatl.

Como es bien sabido, el relato comúnmente aceptado que describe la estancia de los mexicas en Colhuacan y el arribo de la nobleza colhua a Mexico-Tenochtitlan se basa en un solo documento elaborado a partir de diversas fuentes: la Crónica X (Barlow 1945; Peperstraete 2010). En su famoso artículo, Robert Barlow señaló que las obras de Hernando Alvarado Tezozómoc y fray Diego Durán se desprendieron de una misma historia, distinta al Códice Ramírez, la cual habría sido escrita en náhuatl por un indígena y habría contenido pictografías (Barlow 1945, 69). Como se sabe, el texto de Durán fue la fuente de la Relación del origen de los indios del jesuita Juan de Tovar y de la Historia natural y moral de las Indias de José de Acosta. Tras la propuesta de Barlow, diversos especialistas se dieron a la tarea de indagar sobre el origen de este misterioso documento y los vínculos entre las distintas obras relacionadas con él, como lo hizo Jacques Lafaye en su estudio introductorio a la edición del Manuscrito Tovar (Lafaye 1972). Sin embargo, la generalidad de los autores se centró en comparar la Crónica mexicana de Tezozómoc con la Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme de Durán, como es el caso de Stephen Colston, quien sostuvo que el autor del manuscrito perdido debió de haber sido un descendiente de Tlacaelel y, al igual que Lafaye, mostró sus dudas respecto a la existencia de un manuscrito común en las obras de Tezozómoc y Durán (Colston 1973; 1974). En contraparte, Sylvie Peperstraete, a partir de una comparación meticulosa entre estas dos últimas fuentes, reforzó la propuesta de Barlow respecto a los vínculos entre los manuscritos de Tezozómoc y Durán (Peperstraete 2007). Otros autores, como Henry Nicholson y Rafael Tena, señalaron que el valor de la Crónica X era más etnográfico que histórico (Nicholson 1964, 1409) y resaltaron los elementos de tradición oral que habría contenido este manuscrito (Tena 1997, 163-168). Finalmente, y respecto a la autoría de este manuscrito, destacan estudiosos como José Rubén Romero Galván, quien fue el primero en sugerir que el autor de la Crónica X fue Tezozómoc, ya que sólo alguien como él, vinculado con la más rancia nobleza de Mexico-Tenochtitlan, pudo haber tenido acceso a información como la que aparece en dicha crónica (Romero 2003, 82, 105; 2007, 175-176; 2011, 194).

A pesar de los adelantos que los estudiosos han hecho sobre la autoría de la Crónica X, las evidencias más sólidas que apuntan en este sentido se encontraron en otro debate, el cual es más añejo que aquel que inició Barlow y está estrechamente relacionado con su propuesta; se trata de la autoría de la Crónica mexicáyotl. Como es bien sabido, dado que en este manuscrito aparecen tres nombres, los de Hernándo Alvarado Tezozómoc, Alonso Franco y Domingo de San Antón Muñón de Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, su autoría ha sido tema de debate entre los especialistas. El primer estudioso en abordar esta problemática fue Lorenzo Boturini, quien, probablemente debido a que identificó la letra del historiador chalca en el manuscrito, apuntó a éste como el autor de la obra (Boturini 1999, 15). Tiempo después, Antonio de León y Gama señaló a Hernando Alvarado Tezozómoc como el responsable de haberla redactado, tal vez debido a que el nombre del descendiente de la nobleza tenochca es el primero en aparecer en el texto (Jiménez 1938, 582). Más adelante, Joseph Marie Alexis Aubin hizo un análisis más minucioso, a partir del cual puntualizó que esta obra contenía fragmentos escritos tanto por Tezozómoc como por Alonso Franco, los cuales habrían sido anotados por Chimalpahin (Aubin 2009, 11). Paul Kirchhoff profundizó el estudio de Aubin y tras identificar las marcadas diferencias de estilo que se pueden encontrar en la obra propuso que, si bien es cierto que la primera parte de este manuscrito se le puede atribuir a Tezozómoc, la segunda habría sido producto del trabajo historiográfico de Chimalpahin (Kirchhoff 1951, 226-227). Posteriormente, José Rubén Romero Galván tomó distancia de la propuesta de Kirchhoff y, en armonía con Aubin, sostuvo que la autoría de esta obra debía atribuírsele a Tezozómoc, la cual incluía el relato de Alonso Franco y algunos fragmentos escritos por Chimalpahin (Romero 2003, 147). En contraparte, Susan Schroeder señaló que la Crónica mexicáyotl era en realidad una composición hecha por el historiador chalca, quien se habría basado en textos de Tezozómoc y Alonso Franco (Schroeder 1997, 10).

La investigación más reciente al respecto es de Gabriel Kendrick Kruell, quien llevó el análisis más allá de la historia textual de la Crónica mexicayotl y comparó algunos pasajes paralelos de este manuscrito con los que aparecen en la Crónica mexicana, esto con el fin de demostrar el vínculo entre la primera de estas obras y el grupo de documentos relacionados con la famosa Crónica X. A partir de este ejercicio y en un sentido similar a lo propuesto por Kirchhoff, Kruell sostiene que sólo la primera parte de esta obra, la que incluye el relato de Alonso Franco y que va del inicio de la migración de los mexicas al establecimiento de Acamapichtli como tlahtoani en Mexico-Tenochtitlan, habría sido autoría de Tezozómoc, mientras que el resto de la obra se le puede atribuir a Chimalpahin. Además, este autor propone que la Crónica X sería la primera versión de la Crónica mexicáyotl escrita por Tezozómoc, la cual llegó hasta nosotros dividida en dos crónicas, la Mexicáyotl y la Mexicana (Kruell 2013, 200, 224; 2021, 23; Peperstraete y Kruell 2014, 321-322; Peperstraete y Kruell 2021, 99).

Respecto al contenido de la Crónica X, Robert Barlow sostuvo que la única manera fidedigna en la que se podía acceder al relato original era a través de una reconstrucción basada en las obras de fray Diego Durán y de Hernando Alvarado Tezozómoc (Barlow 1945, 76). Sylvie Peperstraete realizó el ejercicio propuesto por Barlow y, entre otras cosas, concluyó que la narración de Tezozómoc es preferible a la de Durán (Peperstraete 2007). Esto se debe a que, si se analiza con detenimiento el apartado histórico del texto de Durán, se podrá constatar que el fraile dominico echó mano de documentos ajenos a la Crónica X, los cuales enriquecieron su manuscrito. Además, si se parte de la propuesta que sostiene que la Crónica X habría sido la primera versión de la obra histórica de Hernando Alvarado Tezozómoc, no es necesario llevar a cabo reconstrucción alguna, ya que la forma más adecuada de aproximarse al relato de este documento perdido es a través de la obra del descendiente de la nobleza de Mexico-Tenochtitlan. En este caso en particular y debido a la escasa información que aparece en la Crónica mexicana referente al periodo histórico que nos ocupa, no existe mejor manera de acercarse a esta versión que a través del apartado de la Crónica mexicáyotl que va del inicio de la migración de los mexicas a la llegada de Acamapichtli a Mexico-Tenochtitlan. El único ajuste que habría que hacer se refiere a la correlación de años y está vinculado con la intervención de Chimalpahin a la cronología del texto de Tezozómoc, ya que es posible afirmar que en el manuscrito original el año 2 Acatl, en el que ocurrió la derrota de los mexicas en Chapultepec, corresponde a 1247 y no a 1299, mientras que el año 2 Calli, que se refiere a su arribo a los islotes del lago, coincide con el de 1273 y no con el de 1325 (Romero y Reyes 2023).

Por su parte, la otra versión de la historia, la que se reconstruye en este trabajo, se puede rehacer a través de un gran número de fuentes, tanto manuscritas como pictográficas, vinculadas con las tradiciones historiográficas de distintos pueblos del valle de Anahuac. La columna vertebral de este relato se encuentra en dos grupos de documentos asociados con los colhuas y con los mexicas. El primero de ellos está relacionado con la tradición historiográfica de los colhuas y lo integran tres obras: la Relación de la genealogía, Origen de los mexicanos y los Anales de Cuauhtitlan. Los primeros dos manuscritos están estrechamente vinculados entre sí y tratan la historia dinástica de la nobleza colhua. Estas crónicas fueron el producto de una investigación temprana llevada a cabo en Colhuacan por frailes franciscanos a petición de Juan Cano Saavedra, quinto esposo de Isabel Motecuhzoma. La indagación tuvo la finalidad de reconstruir la genealogía de Isabel para hacerla llegar a los reyes de España con la intención de que la corona reconociera las propiedades de la hija de Motecuhzoma Xocoyotzin. Los religiosos que llevaron a cabo este trabajo tuvieron como sus principales fuentes a los habitantes del pueblo de Colhuacan, quienes, además de sus testimonios, compartieron varios códices en los que estaba consignada la historia de los colhuas. De acuerdo con los propios frailes, estos documentos contenían el mismo relato, ya que, como ellos mismos lo señalaron en sus crónicas, “los hemos cotejado unos con otros y hallamos conformidad en ellos” (Relación de la genealogía 1892, 264). Además, los religiosos dejaron asentado que contaron con el apoyo de expertos para la lectura de estos documentos, “...escritores ó letrados ó como les diremos que entienden bien esto...” (Origen de los mexicanos 1892, 283).

Respecto a estos documentos, autores como María Castañeda de la Paz han señalado que Origen de los mexicanos es “una copia apócrifa” de la Relación de la genealogía (Castañeda de la Paz 2013); sin embargo y como es bien sabido, la copia de documentos era un ejercicio cotidiano en el virreinato. De hecho, en un trabajo más reciente, la misma Castañeda de la Paz reconoció “la práctica tan común entre cronistas de copiarse unos a otros” (El Códice Mexicanus 2019, 98). Por su parte, Federico Navarrete y Hanns Prem consideran que la Relación de la genealogía trata “la historia de Colhuacan sólo en cuanto era antecedente de la historia de Mexico-Tenochtitlan” (Navarrete 2011, 41) o que su filiación es netamente mexica, ya que “muestran un profundo interés en establecer un vínculo dinástico entre los reyes de Tenochtitlan y los de Tollan a través de Colhuacan, posiblemente enfocado hacia sus propios fines” (Prem 1999, 24). Este último señalamiento es muy delicado, ya que implicaría que los religiosos que llevaron a cabo la investigación habrían estado coludidos con Juan Cano e Isabel Motecuhzoma y, por ende, cometido un acto de corrupción frente a la corona, a la que dirigieron esta crónica: “Aquesto hemos escrito porque nos fue pedido por caridad… sernos pedido nos habíamos de mover a ello; y así nos dicta la conciencia de todos los Religiosos, que sus hijos de Moctezuma sean aprovechados; que esto cumple á la conciencia de S. M.” (Relación de la genealogía 1892, 281). En contraparte, autores como Paul Kirchhoff sostuvieron que la Relación de la genealogía es “sin duda alguna una de las fuentes más importantes para la historia antigua de México, no sólo por los temas que trata sino por basarse, según afirman sus autores, en las tradiciones de los colhua” (Kirchhoff 2002, 381).

El segundo manuscrito de este grupo es el de los Anales de Cuauhtitlan, obra atribuida a Alonso Bejarano y Pedro de San Buenaventura y elaborada en el marco de las investigaciones que llevó a cabo fray Bernardino de Sahagún sobre el México prehispánico (Velázquez 1975, XI). En lo que toca al devenir de los colhuas, los autores de esta obra dejaron asentado en el texto que para su investigación tuvieron acceso a documentos vinculados con este pueblo, ya que en el manuscrito se pueden encontrar frases como: “… en sus anales lo dicen los colhuas” o “lo certifica la historia de los colhuas” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 36, 48). Es por ello, y debido a que el relato que aparece en esta fuente reproduce la misma secuencia de acontecimientos que fueron registrados en la Relación de la genealogía y Origen de los mexicanos, que Paul Kirchhoff señaló que los autores de este manuscrito se basaron en las mismas “escrituras” de los colhuas que utilizaron los frailes franciscanos para reconstruir la genealogía de Isabel (Kirchhoff 1955, 177). Sin embargo, debido a que Alonso Bejarano y Pedro de San Buenaventura elaboraron su manuscrito en Cuauhtitlan, no se puede descartar la posibilidad de que, al igual que en Colhuacan, existieran otras reproducciones del mismo códice en este y otros señoríos. Independientemente de ello, la similitud de los relatos que aparecen tanto en la Relación de la genealogía y Origen de los mexicanos como en los Anales de Cuauhtitlan confirman el hecho de que ambos manuscritos se desprendieron de reproducciones de un mismo documento, al cual se le conocerá en este trabajo como el Códice Colhuacan.

En un artículo publicado recientemente, María Castañeda de la Paz y Ricardo Valdez Vázquez sostuvieron que los Anales de Cuauhtitlan, “como su nombre lo indica, relatan la historia del antiguo señorío de Cuauhtitlan” (Castañeda de la Paz y Valdez 2020, 122). Es de llamar la atención que estos autores hayan reducido el contenido de este manuscrito al devenir de Cuauhtitlan, ya que una lectura superficial del texto basta para darse cuenta de que la historia de este señorío ocupa un lugar secundario en el relato. Tan es así que Lorenzo Boturini, quien se encontró con el Códice Chimalpopoca en la primera mitad del siglo XVIII, lo consignó en su catálogo como “Una historia de los reinos de Colhuacan y México en lengua náhuatl…” (Velázquez 1975, VII). Por su parte, Ángel María Garibay, en el texto que escribió en 1959 para el homenaje a Isidro Fabela y que fue reproducido en el número 3 de Estudios de Cultura Náhuatl, “Relaciones internacionales en los pueblos de la meseta de Anahuac”, culminó su texto al señalar con claridad el origen del título de este manuscrito y el alcance de su contenido: “Voy a cerrar mi trabajo con la indicacion de los hechos consignados en un solo documento. Es este el Ms. de 1570, redactado en Cuauhtitlan y llamado por eso, anales de esta poblacion. Es mucho mas que eso. Es el primer conato de una historia integral de la vieja cultura” (Garibay 1962, 19).

El segundo grupo de documentos está vinculado con la tradición historiográfica de los mexicas y los principales códices que lo integran son la Tira de la peregrinación y el Códice Aubin. Respecto al primero de ellos, autores como Manuel Orozco y Berra, José Fernando Ramírez y Paul Radin sostuvieron que fue elaborado antes de la época de contacto; sin embargo, otros estudiosos, como Wigberto Jiménez Moreno y más recientemente Patrick Johansson, apuntan que el documento tiene rasgos europeos, por lo que pudo haber sido confeccionado en la primera mitad del siglo XVI. En el catálogo del Museo Nacional de Antropología se registra la fecha de 1540 como el año de su elaboración (Robertson 1959, 83-86; Johansson 2004, 321). Este códice trata el devenir de los mexicas desde su salida de Aztlan hasta los primeros años de su cautiverio en Colhuacan, momento en el que la historia que narra este documento se interrumpe de manera abrupta. Patrick Johansson sostiene que el Códice Boturini es una copia de un documento prehispánico perdido que habría contenido el “prototipo del relato”, el cual, además de reproducirse parcialmente, se habría leído en un momento posterior y su contenido fijado en un texto en náhuatl, proceso del que se desprendió el Códice Aubin, cuya historia se prolonga, primero, hasta 1576 y, finalmente, hasta el año 1607, cuando fue terminado. De este mismo procedimiento surgieron también los manuscritos 40 y 85, cuya elaboración fue posterior a 1576 (Johansson 2004, 17, 175 y 191). María Castañeda de la Paz ha calificado este conjunto de documentos como “El grupo de la Tira de la peregrinación” y, en un sentido similar al propuesto por Johansson, Angela Herren Rajagopalan calificó el Códice Boturini como un “paradigma pictográfico”, el cual habría servido de base para el Códice Aubin y también para el Azcatitlan (Castañeda de la Paz 2008; Rajagopalan 2019, 13).

En este sentido, cabe señalar que María Castañeda de la Paz, en un intento por replicar la fórmula de Robert Barlow respecto a la Crónica X, propuso la existencia del “Códice X” o “Códice Y”, como alternativamente lo nombra (El Códice Mexicanus 2019, 99). La propuesta de Castañeda sostiene que hubo un códice prehispánico “sobre la peregrinación azteca cuya versión más antigua conocida es la Tira de la Peregrinación” (Castañeda de la Paz 2008, 183). De acuerdo con esta autora, su hipótesis se fundamenta en que “la Tira es un documento que por razones desconocidas nunca se terminó”, mientras que el Códice Aubin sí fue concluido, “lo que explica que existia un original donde la historia llegaba, al menos, hasta el asentamiento de los mexicas en la isla de Mexico” (Castañeda de la Paz 2008, 183). Respecto a esta propuesta, es importante señalar que existen diferencias fundamentales entre lo señalado por Barlow y lo que sostiene Castañeda de la Paz. En primer término, las obras vinculadas con la Crónica X son historias de síntesis, es decir, que como lo señaló José Rubén Romero Galván, fueron elaboradas a partir de la información proveniente “tanto de códices pictográficos, de otros anotados y de otros más ya transcritos, como de información que recibieron de boca de los ancianos de sus señoríos de origen” (Romero 2003, 16). Además, en los documentos relacionados con la Crónica X existen referencias explícitas de los autores en el sentido de que sus manuscritos se basaron en otro documento, como es particularmente claro en el caso de fray Diego Durán (1995, 1: 167). Por ello la propuesta de Barlow es relevante, ya que a pesar de que las últimas investigaciones apuntan en el sentido de que el autor de esta crónica fue Tezozómoc, en aquel entonces todo indicaba que tanto él como Durán se basaron en un mismo manuscrito para escribir sus obras y el encontrarlo o reconstruir su contenido permitirá, entre otras cosas, identificar la filiación del documento perdido así como los datos ajenos a él que quedaron consignados en los manuscritos de los cronistas que lo utilizaron como base.

Por su parte, el caso de la Tira de la peregrinación es completamente distinto, ya que en primer lugar se trata de un códice pictográfico que pudo haber sido elaborado antes de la conquista o en los primeros años del virreinato. En cualquiera de los dos casos y como ya se hizo notar líneas arriba cuando se abordó el procedimiento a partir del cual los frailes encargados de reconstruir la genealogía de Isabel Motecuhzoma elaboraron la Relación de la genealogía, en el México prehispánico existían varios documentos que contenían el mismo relato, por lo que Patrick Johannson sostiene, con razón, que el códice Códice Boturini es una copia de un códice prehispánico que contenían el “prototipo del relato” (Johannson 2004, 17). Así, independientemente de si la copia se elaboró en la época precolombina o colonial, lo que se encontraría si llegara a aparecer el “Códice X” o “Códice Y” de María Castañeda de la Paz no sería otra cosa que una Tira de la peregrinación completa, la cual, como se señalará en las conclusiones de este trabajo, se puede reconstruir a partir de la información consignada en el Códice Aubin. Finalmente, respecto a la propuesta de esta autora en el sentido de que el Códice Boturini no se terminó por razones desconocidas, es posible sostener, como también se verá en este trabajo, que este documento habría sido uno de los códices mutilados en tiempos de la reescritura de la historia de Itzcoatl o bien, una copia de uno de ellos.

Además de los documentos vinculados con los colhuas y con los mexicas, pasajes de la historia que se reconstruye en este trabajo aparecen en los Anales de Tlatelolco y la Historia de los mexicanos por sus pinturas. Estos manuscritos son muy importantes, ya que fueron elaborados en Tlatelolco en los primeros años del virreinato, por lo que es posible sostener que se basaron en los anales del pueblo con el que los mexicas compartieron su historia hasta su establecimiento en Tenochtitlan (Anales de Tlatelolco 1948, IX; Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 16, 19-20). También existen pasajes coincidentes en documentos vinculados con los chichimecas del Acolhuacan, como lo son la Historia de los señores chichimecos y la Historia de la nación chichimeca de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.

Además, se encuentra un significativo número de códices, entre los que destacan el Telleriano-Remensis y el Azcatitlan. Los especialistas han señalado que el primero de ellos fue elaborado en regiones como Puebla-Tlaxcala o lugares como Cholula y Texcoco (Quiñones 1995, 107-132); sin embargo, es posible que su origen esté vinculado con la tradición historiográfica colhua, debido a que en él aparecen escenas que están descritas en la Relación de la genealogía, Origen de los mexicanos y en los Anales de Cuauhtitlan. Por su parte, el segundo de estos documentos pictográficos también es relevante debido a que se presume que está vinculado con la tradición historiográfica de los tlatelolcas (Castañeda de la Paz 1997, 280), pueblo que, como ya se señaló, compartió con los mexicas su migración y todos los episodios de su historia hasta la llegada a Mexico-Tenochtitlan, cuando se separaron.

Para concluir, se encuentran el Códice Xolotl, la Tira de Tepechpan y el Códice Mexicanus. El primero de ellos es un documento en papel amate elaborado por manos indígenas cuya temática central es la historia de la familia real chichimeca, desde Xolotl hasta Nezahualcoyotl. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl señaló que el documento era de origen precortesiano; sin embargo, parece haber sido una copia de documentos indígenas elaborada a mediados del siglo XVI (Códice Xolotl 1980, 7-15). El segundo fue elaborado a finales del siglo XVI en el que habría sido uno de los señoríos más importantes del Acolhuacan (Noguez 1978, 13), mientras que el tercero, cuyos orígenes y vínculos no son claros (Robertson 1959, 122-125), contiene información que se relaciona con los anales de los colhuas y, de acuerdo con María Castañeda de la Paz y Michelle Oudijk, su relato se asemeja a aquel que aparece en la Historia de los mexicanos y los Anales de Tlatelolco (El Códice Mexicanus 2019, 103).

Finalmente, respecto a la metodología, este estudio se distancia de trabajos como el de María Castañeda de la Paz, que sostiene que para la migración de los aztecas-mexicas existen dos versiones “relativamente bien definidas”: la de la Crónica X y la del “Códice X” o “Códice Y” (El Códice Mexicanus 2019, 99). La diferencia entre esta propuesta y la de Castañeda se basa, principalmente, en tres aspectos. El primero de ellos está asociado al hecho de que el trabajo de esta autora se ha centrado en reconstruir “la versión original” del “Códice X” o “Códice Y” (El Códice Mexicanus 2019, 98-99), lo cual ha traído como consecuencia que, como se verá en este trabajo para el caso del Códice Mexicanus, se formulen interpretaciones forzadas de algunos pasajes contenidos en este documento, paradójicamente, a través de información que aparece en las fuentes vinculadas con la Crónica X. El segundo aspecto tiene que ver con el hecho de que Castañeda de la Paz no recurre a las fuentes relacionadas con los colhuas, pueblo con el que los mexicas establecieron sus principales lazos a partir de su derrota en Chapultepec. Finalmente, en tercer lugar, este trabajo no pretende rehacer la versión original de una fuente; lo que busca es reconstruir un relato histórico consignado en distintos documentos, cuyo origen se encuentra en diversas tradiciones historiográficas. Esto se debe a que la propuesta que aquí se presenta parte de la idea de que los acontecimientos históricos, particularmente aquellos que se dieron en la última parte de la migración de los aztecas-mexicas, fueron registrados por distintos pueblos y consignados, por ende, en distintas tradiciones historiográficas. Por esta razón y debido al gran número de fuentes a través de las cuales se puede rehacer la versión de la historia que contrasta con aquella que aparece en los documentos vinculados con la Crónica X, fue necesario identificar los patrones generales de ambos relatos para así poder distinguir los pasajes que pertenecen a cada uno de ellos, ya que existen casos, como los de algunas obras del historiador chalca, Domingo de Chimalpahin, así como en la Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme de fray Diego Durán, en los que episodios de ambas narraciones se encuentran mezclados.

A continuación, se presentan ambas versiones de la historia. En primer lugar, la más conocida, la cual se reconstruye a partir del relato que se encuentra en la Crónica mexicáyotl de Hernando de Alvarado Tezozómoc, seguida de un comentario a su contenido. Inmediatamente después se presenta una propuesta de reconstrucción del relato del Códice Colhuacan y los anales mexicas, el cual, como ya se señaló, tiene como sostén los datos vinculados con las tradiciones historiográficas colhua y mexica, pero integra información complementaria que aparece en varios documentos relacionados con distintas tradiciones.

La versión de la Crónica X

La narración que se desprende de la Crónica X se distancia de la que aparece en los documentos relacionados con la Tira de la peregrinación desde poco después del inicio del periplo de los aztecas-mexicas. El principio de las dos historias es prácticamente idéntico y es muy afín en la etapa de la peregrinación de los mexicas hasta su derrota en Chapultepec. Sin embargo, en la Crónica X aparecen un conjunto de pasajes que no figuran en los documentos del “Grupo de la Tira de la peregrinación”. Además, en esta historia hay varios discursos pronunciados por la deidad tutelar de los originarios de Aztlan, Huitzilopochtli, en los que les hace saber a los mexicas que son los elegidos para conquistar y gobernar a todos los pueblos del Anahuac. El primer pasaje que de forma evidente se separa de la historia que narran los documentos que integran el “Grupo de la Tira de la peregrinación” está relacionado con un conflicto familiar. De acuerdo con la Crónica X, durante el éxodo de los mexicas Huitzilopochtli abandonó a su hermana Malinalxochitl, quien no tuvo más remedio que asentarse en Malinalco. En aquel lugar, esta mujer se desposó con el señor de ese valle, con quien procreó un varón, de nombre Copil. El manuscrito señala que tiempo después, cuando los mexicas ya se encontraban asentados en Chapultepec, el hijo de Malinalxochitl se dirigió al valle de Anahuac con el fin de vengar la afrenta que su tío le había hecho a su madre. Sin embargo, el joven Copil murió a manos de su tío Huitzilopochtli, quien le arrancó el corazón e hizo que éste fuese arrojado a los islotes del lago en los que a la postre se fundaría Mexico-Tenochtitlan. El texto señala que después de la muerte del hijo de Malinalxochitl, en el año de 1247, sucedió la derrota de los mexicas en Chapultepec, la cual tuvo lugar en “Chapultepecuitlapilco”, lugar ubicado a las espaldas del cerro del chapulín. Ahí los mexicas fueron sitiados por los colhuas, tepanecas, xochimilcas, cuitlahuacas y chalcas y Huehue Huitzilihuitl fue capturado y llevado a Colhuacan para ser sacrificado. A partir de este acontecimiento es posible distinguir con mayor claridad las diferencias entre las dos versiones que tratan sobre las relaciones entre los colhuas y los mexicas.

La Crónica X señala que, tras ser vencidos, los originarios de Aztlan le solicitaron al señor de Colhuacan, Coxcoxtli, que los recibiera en sus dominios. Éste accedió a su petición y los envió a Tizaapa, un paraje lleno de serpientes con la esperanza de que estos reptiles atacaran a los mexicas y les provocaran la muerte. Sin embargo, de acuerdo con este texto, el plan de los colhuas no tuvo éxito, ya que los originarios de Aztlan se alegraron mucho al ver la cantidad de víboras que había en su nueva morada y las cazaron, cocieron y se alimentaron de ellas. El manuscrito apunta que tiempo después, el señor de los colhuas envió a sus mensajeros a Tizaapa para conocer la situación en la que se encontraban los mexicas, a quienes hallaron vivos y muy contentos, noticia que le hicieron llegar a su señor, quien se atemorizó mucho al saber que los originarios Aztlan habían sobrevivido a las serpientes. A partir de ese momento, esta historia sugiere que la balanza de poder entre ambos grupos cambió, ya que desde entonces los colhuas permitieron el acceso de los mexicas a su ciudad y les entregaron a sus mujeres para que éstas se casaran con ellos. Además, el texto señala que el gobierno de linaje de los colhuas, el tlahtocayotl, se interrumpió, por lo que a partir de entonces Achitometl se convirtió en el cuauhtlahtoani de Colhuacan, es decir, en un gobernante sin linaje.

Esta historia señala que tiempo después, por consejo de Huitzilopochtli y con el propósito de iniciar el conflicto que les permitiría salir de Tizaapa y llegar a su tierra prometida, los mexicas planearon una provocación que tenía como objetivo despertar la ira del señor de los colhuas. Con este fin, le solicitaron a Achitometl que les diera su hija para que ésta se asentara como su gobernante en Tizaapa. El señor colhua accedió a la solicitud y los mexicas se llevaron a la doncella a su morada, en donde, también por consejo de Huitzilopochtli, la desollaron y vistieron con su piel a un sacerdote. El texto apunta que, una vez consumado el sacrificio, los originarios de Aztlan invitaron a Achitometl a Tizaapa para que le presentara ofrendas a su dios. De acuerdo con el manuscrito, el cuauhtlahtoani colhua aceptó la invitación, se dirigió a Tizaapa y después de ofrendar a la supuesta deidad de los mexicas, se dio cuenta con horror de que en realidad se trataba de un hombre vestido con la piel de su hija. Este manuscrito señala que Achitometl, aterrado, llamó a sus guerreros para que atacaran a los originarios de Aztlan, a quienes persiguieron hasta expulsarlos de Tizaapa y de sus dominios. Tras haber tenido éxito en su provocación, los mexicas se dirigieron a su tierra prometida en 1273, Mexico-Tenochtitlan, lugar que encontraron gracias a que ahí había sido arrojado el corazón de Copil, del cual germinó el nopal en el que se posó Huitzilopochtli convertido en una majestuosa águila real.

Para concluir, esta historia señala que tiempo después, tras la división de los mexicas y cuando los tlatelolcas ya residían en los islotes ubicados al norte de Mexico-Tenochtitlan, los originarios de Aztlan decidieron volver a tener un señor. Con este fin, fueron a Colhuacan a pedirle al tlahtoani de aquel señorío, Nauhyotl, que les diera al joven Acamapichtli para que se asentara como gobernante en su ciudad. De acuerdo con esta historia, los mexicas decidieron hacer esta solicitud en Colhuacan porque Acamapichtli era hijo de Opochtli Iztahuatzin, un valeroso guerrero de los originarios de Aztlan que se casó con Atotoztli, noble de Colhuacan e hija de Coxcoxtli. El relato apunta a que Nauhyotl accedió a la petición de los mexicas y que los envió a Coatlinchan, en donde se encontraba el joven Acamapichtli, el cual fue llevado a Mexico-Tenochtitlan junto con su esposa Ilancueitl e instalado como señor de los tenochcas en el año de 1367 (Alvarado Tezozómoc 2021b, 90-187) (figura 1).

Fuente: elaboración propia a partir de la Tira de la peregrinación, el Códice Telleriano-Remensis, el Códice Mendoza y la Tira de Tepechpan

Figura 1 La versión de la historia de la Crónica X.  

Comentario a la versión de la historia de la Crónica X

Además de los episodios en los que Huitzilopochtli habría orientado a los mexicas desde antes de su llegada a Tizaapa hasta su salida de Colhuacan, la historia que se desprende de la Crónica X contiene una serie de pasajes que van en contra de la lógica social y política de los pueblos de aquella época. Se trata, en primer lugar, del cambio en el equilibrio de poder dentro de Colhuacan durante la estancia de los mexicas y, en segundo lugar, de la forma en la que se habrían establecido los lazos de parentesco entre los mexicas y los colhuas, tanto entre los macehualtin como entre los pipiltin. Respecto al primero de estos episodios, el que señala que el tlahtocayotl de los colhuas se interrumpió con la muerte de Coxcoxtli y la ascensión de Achitometl como cuauhtlahtoani, llama la atención que quienes en aquel entonces encabezaban la Excan Tlahtloyan, los colhuas, pudieran haber sido sometidos por sus súbditos, los cuales se encontraban en una situación muy disminuida después de su derrota en Chapultepec. Como lo hizo notar Nigel Davies, si bien es cierto que los mexicas se fortalecieron durante su estancia en Tizaapa, no lo pudieron haber hecho al grado de derrotar a los colhuas e imponer un gobierno militar en Colhuacan (Davies, 1977: 38).

El segundo pasaje está estrechamente vinculado con el anterior, ya que este mismo cuauhtlahtoani de los colhuas habría permitido que los mexicas entraran a su ciudad y tomaran como esposas a las mujeres de Colhuacan. Este pasaje es igualmente contradictorio que el anterior en el sentido de que sitúa a los mexicas por encima de los colhuas, razón por la cual habría sido el pueblo de los herederos de la tradición tolteca el que habría entregado a sus mujeres. Pero además de eso, este pasaje va en contra de las costumbres de los pueblos de aquella época, ya que, como lo señaló Alfredo López Austin en su análisis del Códice Florentino, los matrimonios entre personas de distintos pueblos no eran bien vistos. De acuerdo con López Austin, en este documento, cuando se trata de “la abusión de la mujer que comía de pie”, se señala que la mujer que así lo hiciere “se casaría con algún hombre de otro pueblo, y esto era visto con temor y desagrado” (López Austin 2016, 251). En tercer lugar se encuentra el episodio en el que Achitometl les habría entregado su hija a los mexicas y éstos la desollaron para vestir con su piel a un sacerdote con el fin de provocar la ira de los colhuas y salir de su cautiverio. Este pasaje es llamativo no por el hecho de que en el México antiguo no existieran sacrificios de esta naturaleza, lo que llama la atención es que el señor de los colhuas les haya entregado su hija a los mexicas, quienes en ese momento se encontraban en un estado de sumisión. Además, con la muerte de Huehue Huitzilihuitl en Colhuacan tras su derrota en Chapultepec, los mexicas perdieron su calidad de tlahtocayotl y con ello la posibilidad de participar en la alta política del Anahuac y entablar alianzas matrimoniales con otros señoríos. Así, el hecho de que el señor de los colhuas les entregara su hija a los mexicas, implicaría que, al hacerlo, el supuesto cuauhtlahtoani colhua les regresaba a sus vasallos la posibilidad de convertirse en señorío, calidad que los mismos colhuas les habían quitado menos de 30 años atrás. Finalmente, el cuarto y último pasaje también está vinculado con la posibilidad de devolverles a los mexicas la calidad de tlahtocayotl, se trata del supuesto matrimonio Opochtli Iztahuatzin y Atotoztli, del cual habría nacido Acamapichtli. El hecho de que el señor de los colhuas entregara a su hija a un guerrero mexica, por más valeroso que éste fuera, significaría también que, al hacerlo, le devolvería a los originarios de Aztlan la posibilidad de procrear linaje gobernante, cosa que como ya se hizo notar resulta contradictoria con el hecho de que fueron los mismo colhuas los que sacrificaron al primer tlahtoani de los mexicas. Ya en el siglo XVIII el padre Francisco Javier Clavijero cuestionó la supuesta unión entre Opochtli Iztahuatzin y Atotoztli, al señalar: “Es de maravillarse que Opochtli se casase con una dama tan ilustre en un tiempo en el que su nación estaba tan envilecida con esclavitud; pero este matrimonio está confirmado por las pinturas de los mexicanos y colhuas, vistas por el doctísimo Sigüenza” (Clavijero 1853, 62). A pesar de lo que señala el padre Clavijero, hasta la fecha no se conoce ninguna fuente en la que aparezca una representación pictográfica de este matrimonio.

La versión del Códice Colhuacan y los anales mexicas

Tras las diferencias que existen en la etapa de la migración de los mexicas, el primer contraste significativo entre la versión de la Crónica X y la que se reconstruye a continuación aparece antes de la derrota y expulsión de los mexicas de Chapultepec y está relacionada con Copil, el supuesto hijo de Malinalxochitl. En relación con este pasaje, los Anales de Tlatelolco no dan noticia alguna respecto a los vínculos familiares entre él y Huitzilopochtli. De hecho, este manuscrito señala que Copil era uno de los mexicas que se separó de ellos en Tzompanco y que tiempo después partió de Teticpac para alcanzarlos cuando éstos se habían instalado en Chapultepec. Esta fuente señala que Copil era sirviente de Axoquauhuitl de Colhuacan y que por sus órdenes embrujó por tres días a Tozcuecuex, quien era el líder de los mexicas en aquel momento. Por esta razón, Quauhtliquetzqui decidió matar a Copil, le arrancó la cabeza y el corazón y enterró su cuerpo en Acopilco. Este manuscrito señala que tras este episodio Quauhtliquetzqui se dirigió a Tlatempan, en donde encendió fuego y le pidió a Tenoch que enterrara la cabeza de Copil en Tlatzinco, para luego él mismo sepultar su corazón en medio de los cañaverales, donde había un nopal erecto que “tenía solamente una hoja y estaba lleno como de gis, porque el águila dejaba allá sus excrementos”. Finalmente, este manuscrito puntualiza que “de ahí proviene el nombre de Tenochtitlan” (Anales de Tlatelolco 1948, 34-35).

Por otro lado, en lo que respecta a la estancia de los originarios de Aztlan en el cerro del Chapulín, el Memorial breve… de Chimalpahin señala que apenas un año después de que los mexicas se establecieron en ese lugar, “los aborrecieron mucho las diversas gentes tepaneca. Les hicieron la guerra ahí, en el interior de la llanura; pero cuando sucedió la guerra no pudieron afectar a los mexicas” (Chimalpahin 1991, 129). Estas líneas están acordes con lo que apuntan los Anales de Cuauhtitlan, manuscrito en el que se puede leer que una vez consolidados en Chapultepec, los originarios de Aztlan empezaron a causar molestias a sus vecinos, ya que “se burlaban de los demás, arrebataban las cosas, les quitaban a la mujer y a la hija y hacían otras más burlas” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 21). Esta misma fuente señala que poco menos de veinte años más tarde, en 1240, cuando los mexicas ya eran insoportables para sus vecinos, los gobernantes de Azcapotzalco, Tlacopan y Coyoacan acudieron a los colhuas con el fin de explicarles la situación que imperaba: “Dijeron los tepanecas: ‘Sojuzguemos a los mexicanos. ¿Qué están haciendo, que vinieron a establecerse entre nosotros? Vayamos a robarlos. Y para que salga bien, importa primero sacarlos varonilmente y echarlos fuera, de modo que será inútil que peleemos en Colhuacan: primero los enviaremos a alguna parte; y cuando haya salido, probaremos a las mujeres’” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 21). Este mismo documento señala que los colhuas estuvieron de acuerdo con la propuesta de los tepanecas, por lo que “fueron a apercibir a los mexicanos para la guerra, para que primero pasaran a pelear en Colhuacan”. Les dijeron: “Primero vais vosotros a caer como espías en Colhuacan y nosotros saldremos al combate” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 21). De tal forma, mientras los guerreros mexicas eran derrotados en Colhuacan, los de Azcapotzalco, Tlacopan y Coyoacan fueron a Chapultepec sobre las mujeres mexicas a “consumirles los comestibles y a saquearlas; y después que las ahuyentaron, ya en nada las tuvieron” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 21).

Tras este episodio existen dos aparentes contradicciones entre las fuentes de filiación colhua y mexica, la primera de ellas está relacionada con el señor que gobernaba Colhuacan en aquel entonces y la segunda con el lugar en el que se habrían asentado los originarios de Aztlan después de ser derrotados y expulsados de Chapultepec. Respecto al primero de estos temas, la Relación de la genealogía señala que el señor de Colhuacan en aquel entonces era Chalchiuhtlatonac: “A este [Cuezan] subcedió Chalchiuhtlatonac , que es seteno de Colhuacan y once de Culhúa: señoreó diez y seis años. A siete años de su reinado fueron los mexicanos a habitar a Tizapá…” (Relación de la genealogía 1891, 270). Esta misma información también aparece en los Anales de Cuauhtitlan, manuscrito en el que se puede leer que “en este año sitiaron a los mexicanos en Chapoltépec, cuando ya se habían causado muchas molestias a todos. Fueron combatidos por los colhuas de Azcapotzalco y los xochimilcas y los coyohuacas. Chalchiuhtlatónac era rey de Colhuacan” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 18). Por su parte, en la Tira de la peregrinación aparece Coxcoxtli como tlahtoani de los colhuas, información que corrobora el Códice Aubin, que señala: “Y el señor de allí, de Colhuacan, su nombre era Coxcoxtli” (Historia de la nación mexicana 1963, 31). Por otro lado, y como ya se hizo notar, la Relación de la genealogía menciona Tizaapa como el lugar en el que se asentaron los mexicas tras su derrota. Sin embargo, las dos representaciones pictográficas que existen de este pasaje, la del Códice Boturini y la del Códice Azcatitlan, muestran a Contitlan como el lugar en el que se avecindaron los originarios de Aztlan, información que corrobora el Códice Aubin, el cual apunta que “se establecieron en Contitlan, alli en Tizaapan-Colhuacan” (Historia de la nación mexicana 1963, 32). Por su parte, los Anales de Cuauhtitlan puntualizan que antes de llegar a Tizaapa, los mexicas fueron asentados en Contitlan, lugar en el que permanecieron por cuatro años (Anales de Cuauhtitlan 1975, 22), dato que también aparece en otras tres fuentes (Anales de Tlatelolco 1948, 41; Historia de la nación mexicana 1963, 32; Cuenta de años de don Gabriel Ayala 1997, 225).

Esta aparente discordancia se debe a dos razones. La primera de ellas está relacionada con el hecho de que el tlahtocayotl de los colhuas estaba conformado por cuatro señoríos: Colhuacan, Teocolhuacan-Iztapalapa, Acatzintlitlan-Mexicaltzinco y Huitzilac-Huitzilopochco, los cuales eran conocidos como los nauhtecuhtli y gobernados cada uno por un tlahtoani (Alvarado Tezozómoc 2021a, 403; Durán 1995, 1: 326; Sahagún 2000, lib. XII: 833). Estos cuatro señores aparecen representados en la lámina XI del Códice Azcatitlan. La segunda razón tiene que ver con la forma en la que se desarrolló el conflicto, ya que por razones geográficas y por la jerarquía de los tlahtoque colhuas, los mexicas que fueron expulsados de Chapultepec tuvieron contacto con Coxcoxtli, quien parece haber sido el señor de Teocolhuacan-Iztapalapa en aquella época.

Como se señaló líneas arriba, los Anales de Cuauhtitlan apuntan que fue Chalchiuhtlatonac quien retó a los guerreros de los originarios de Aztlan para que fueran a combatir a su señorío. Esta misma fuente puntualiza que “los mexicanos fueron derrotados ahí donde contendieron con los colhuas” y que en el relato de su cantar señalaron: “Va llorando (el rey) Huitzilíhuitl; otros tres pendones en sus manos desmochados fueron en Colhuacan” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 21-22). Esta información la corrobora la Historia de los mexicanos por sus pinturas, manuscrito que señala que “y estando preso [Huitzilihuitl] lo mataron los de Culhuacan…” (Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 59). Si bien es cierto que el Colhuacan que señalan estas fuentes puede referirse a los dominios de los colhuas, el hecho de que las fuentes vinculadas con este pueblo señalen a Chalchiuhtlatonac como su señor principal permite proponer que Huitzilihuitl murió en Colhuacan por órdenes de aquél junto con una de sus hijas (Historia de la nación mexicana 1963, 31; Anales de Cuauhtitlan 1975, 18) (figura 2).

Museo Nacional de Antropología. D. R. © Instituto Nacional de Antropología e Historia

Figura 2 Sacrificio de Huitzilihuitl en Colhuacan y arribo de los mexicas a Contitlan. Lámina XXIV del Códice Boturini (Tira de la peregrinación).  

En relación con el otro sector de los mexicas, el que permaneció en Chapultepec durante el enfrentamiento en Colhuacan y que fue atacado por los de Azcapotzalco, Tlacopan y Coyoacan, los Anales de Tlatelolco señalan que “el pequeño número de los que quedaron”, es decir, los que no fueron capturados, se refugiaron en “Acocolco, en medio del agua” (Anales de Tlatelolco 1948, 36-37). El retiro de los originarios de Aztlan a este paraje también aparece en el Códice Aubin (Historia de la nación mexicana 1963, 31), así como en la Historia de los mexicanos por sus pinturas, fuente que puntualiza que “los que así escaparon y huyeron estuvieron 80 días metidos en los cañaverales y no comieron sino hierbas y culebras, llevaron consigo a Huitzilopochtli” (Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 59). Además, existen dos representaciones pictográficas de dicho acontecimiento, las cuales se encuentran en los códices Boturini y Azcatitlan (figura 3).

Figura 3 Mexicas en Acocolco Atzacalco. a) Fragmento de la lámina XIX del Códice Boturini (Tira de la peregrinación), Museo Nacional de Antropología. D. R. © Instituto Nacional de Antropología e Historia; b) fragmento de la lámina X del Códice Azcatitlan, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica; c) fragmento del Plano reconstructivo de la región de Tenochtitlan al comienzo de la conquista, Luis González Aparicio y Manuel Nájera Zamora, Mapoteca “Manuel Orozco y Berra”, Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera 

Respecto a la ubicación de Acocolco, el Memorial breve… señala que el nombre de este paraje era Acocolco Atzacalco, un tular “que al presente es San Cristóbal Xancopincan” (Chimalpahin 1991, 145). Víctor Castillo remite este paraje a Azcapotzalco (Chimalpahin 1991, 145), ubicación que confirma José Antonio González, quien además puntualiza que Xancopincan era una isleta en la que había un manantial (González 2004, 23, 36). Sin embargo, el mismo Víctor Castillo hace referencia al Acocolco que González Aparicio ubicó en el extremo poniente de lo que a la postre se convertiría en la parcialidad de Moyotlan de Mexico-Tenochtitlan (Chimalpahin 1991, 145). Como se puede apreciar en la figura 3, este paraje se encontraba frente a Chapultepec y coincide con las descripciones de las fuentes manuscritas y pictográficas en el sentido de que era un cañaveral que estaba en medio del agua. La ubicación de este lugar permite explicar por qué los mexicas que fueron expulsados de Chapultepec tuvieron contacto con Coxcoxtli y no con Chalchiuhtlatonac, ya que el señorío de Teocolhuacan-Iztapalapa se ubica en la ladera norte del Huixachtepetl, en la ribera del lago de Texcoco, justo frente a Acocolco Atzacalco (figura 4).

Fuente: elaboración propia a partir de la Tira de la peregrinación, el Códice Telleriano-Remensis, el Códice Mendoza y la Tira de Tepechpan

Figura 4 Derrota y expulsión de los mexicas en Chapultepec.  

Tras la estancia de los originarios de Aztlan en este lugar, los Anales de Tlatelolco señalan que “Eztlozelopan vino a rogar; cuando vinieron a suplicar los viejos mexica a los señores Acxoquauhtli, Cuxcuxtli, Chalchiuhtlatonac y Achitómetl” (Anales de Tlatelolco 1948, 37). De acuerdo con esta fuente, los caudillos de los originarios de Aztlan, Iztac Chiauhtototl, Auexotl y Tenatzin, habrían enviado a este mensajero a que fuera a “rogar a los señores de Colhuacan”, ya que habría dicho: “La gente se quedó en medio del agua, sufre y está en la miseria, permitidnos encender el fuego, permitidnos limpiar, permitidnos entrar con ellos, los señores (de Colhuacan)” (Anales de Tlatelolco 1948, 37). Este diálogo entre los mexicas y los cuatro tlahtoque de los colhuas aparece representado en la lámina XI del Códice Azcatitlan, fuente en la que se puede apreciar a los originarios de Aztlan que cargan su bulto sagrado y dialogan con Coxcoxtli. Esta escena también aparece en la Tira de Tepechpan, documento en el que se representó la derrota de los orginarios de Aztlan en Chapultepec, su estancia en Acocolco y la escena en la que Tenoch le entrega las reliquias de su deidad a Coxcoxtli en señal de sumisión.

Como ya se hizo notar, tanto las representaciones pictográficas como un significativo número de fuentes manuscritas señalan que los mexicas fueron establecidos en Contitlan, paraje que de acuerdo con la investigación de José Fernando Ezequiel de León se encontraba en Colhuacan (León 2011, 128). Fue después de la estancia de cuatro años en ese lugar cuando los originarios de Aztlan fueron reubicados en Tizaapa, paraje que también de acuerdo con de León y con el Plano de González Aparicio se ubicaba a las afueras de Teocolhuacan-Iztapalapa (figura 5).

Figura 5 Mexicas a Colhuacan. a) Fragmento de la lámina XI del Códice Azcatitlan, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica; b) fragmento de la lámina IV de la Tira de Tepechpan; c) fragmento del Plano reconstructivo de la región de Tenochtitlan al comienzo de la conquista, Luis González Aparicio y Manuel Nájera Zamora, Mapoteca “Manuel Orozco y Berra”, Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera 

El tránsito de Contitlan a Tizaapa lo señalan puntualmente los Anales de Cuauhtitlan, manuscrito en el que se puede leer que un año después de haber sido asentados con Contitlan, en 11 Acatl, que corresponde a 1243 en la cuenta cristiana, “los buscó [a los mexicas] Chalchuiuhtlatónac, rey de Colhuacan, en tiempo en el que le espantaron mucho los xochimilcas”. Líneas adelante este mismo manuscrito apunta que en 13 Calli, 1245, “fueron asentados los mexicas en Atiçapan, por orden de Chalchiuhtlatónac, rey de Colhuacan, después que guerrearon bien y vencieron en Xochimilco” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 22).

Por otro lado, a pesar de que los Anales de Cuauhtitlan señalan que durante esta batalla ocurrió el famoso episodio en el que los mexicas le cortaron las orejas a sus cautivos (Anales de Cuauhtitlan 1975, 22), las fuentes pictográficas sugieren que hubo dos enfrentamientos contra Xochimilco y que fue en el segundo de ellos en el que tuvo lugar la hazaña de los originarios de Aztlan. En primer lugar, en la lámina XXI del Códice Boturini se puede apreciar, de abajo hacia arriba, el glifo de una casa que representa a los mexicas en Contitlan, arriba de la cual aparece el glifo que simboliza la guerra entre los colhuas y los xochimilcas. Después, en la misma secuencia ascendente, se puede apreciar otra casa que sugiere la estancia de los mexicas en Tizaapa y el llamado de Coxcoxtli para un segundo enfrentamiento con los de Xochimilco. Finalmente, en la parte superior de esta lámina aparece la escena en la que el señor de Teocolhuacan-Iztapalapa se niega a darles rodelas a los originarios de Aztlan y éstos se ponen de acuerdo para cortarle las orejas a sus cautivos, episodio que aparece descrito en el Códice Aubin (Historia de la nación mexicana 1963, 33-34) (figura 6).

Por su parte, en el costado inferior izquierdo de la lámina X del Códice Azcatitlan se puede apreciar, justo frente al glifo de Contitlan, a dos guerreros, uno de ellos de Colhuacan, escena que parece representar el primer enfrentamiento contra Xochimilco. Por otro lado, en la parte superior derecha de esta misma lámina se ve una conversación entre un colhua y un xochimilca y, debajo de ellos, está representada la hazaña de los mexicas, ya que aparece un guerrero xochimilca acompañado de cuatro banderas, así como de una glosa en náhuatl que dice: “Se hicieron prisioneros xochimilcas, fueron vencidos ochenta” (maltique xochimillca inic polhuhque nauhtecpa(n)tin) (Codex Azcatitlan 1995, 88).

Tanto en la Historia de los mexicanos por sus pinturas como en el Códice Aubin existe información a través de la cual es posible dar sentido a la conversación entre los colhuas y xochimilcas que aparece representada en la parte superior izquierda de la lámina X del Códice Azcatitlan. En la primera de estas fuentes se puede leer que tras recibir el llamado de Coxcoxtli para combatir a los xochimilcas, los mexicas creyeron “que lo decían por tomarles sus mujeres [y] enviaron diez mexicanos nomás a la guerra con ellos, y los demás quedáronse en sus casas, las cuales tenían en Tizaapan” (Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 61-63). Por su parte, el Códice Aubin señala que tras la hazaña de los originarios de Aztlan, Coxcoxtli habría dicho: “Son inhumanos los mexica. ¿Cómo hicieron lo que yo les di de tarea? Pues solamente me burlé de ellos” (Historia de la nación mexicana 1963, 35) (figura 6). Estas líneas, sumadas a la negativa del señor de Teocolhuacan-Iztapalapa para darles rodelas, sugieren que el propósito de los colhuas era que los xochimilcas acabaran con los originarios de Aztlan, los cuales sospecharon que se trataba de una celada, tal como había sucedido en Chapultepec, razón por la cual sólo enviaron a algunos de sus guerreros.

Figura 6 Conflictos con los xochimilcas. a) Lámina XXI del Códice Boturini (Tira de la peregrinación), Museo Nacional de Antropología, D. R. © Instituto Nacional de Antropología e Historia; b) lámina XI del Códice Azcatitlan, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica 

Tras este episodio, los Anales de Tlatelolco sugieren que los señores de los colhuas decidieron expulsar a los mexicas de sus dominios. Este manuscrito señala que los tlahtoque de Colhuacan habrían dicho: “ ‘Que (notables) gentes son estos mexica. Que no lo oigan. ¡Oh colhuaque!, aniquilemoslos.’ Y así lo convinieron” (Anales de Tlatelolco 1948, 41).

La Relación de la genealogía indica que desde su arribo a Tizaapa los mexicas se encontraban muy oprimidos, ya que “como estaba junto á la ciudad no osaban tener en público su Dios, que traían consigo la imagen, y enterráronlo so la tierra, y aun dicen que en el lodo…” (Relación de la genealogía 1892, 273). Esto mismo apunta la Historia de los señores chichimecos… de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, manuscrito en el que se puede leer “que los traían muy oprimidos el rey de los culhua, haciendo trabajar no solamente la gente común, sino una los capitales y cabezas de ellos […] y no agradéciendose los servicios que hacían demás de haberlos liberado de los xochimilcas…” (Alva Ixtlilxochitl 1975, 310). Sin embargo, las humillaciones más grandes que los colhuas le hicieron a los originarios de Aztlan ocurrieron después del segundo enfrentamiento con los de Xochimilco. El Códice Aubin registra que, tras su gesta, los mexicas conservaron cuatro cautivos xochimilcas que no le mostraron a Coxcoxtli y levantaron un pequeño templo para su deidad en Tizaapa (Historia de la nación mexicana 1963, 35). Ésta y otras seis fuentes apuntan que al concluirlo los originarios de Aztlan le solicitaron al señor de Teocolhuacan-Iztapalapa que les diera “una cosita como corazón” para su altar (Historia de la nación mexicana 1963, 35; Anales de Tlatelolco 1948, 40; Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 63; Chimalpahin 1997, 42; Memoria yn inhualaliz Mexica Azteca 1997, 31; Historia. o chronica y con su Calendario Mexicana de los años 1997, 207; Cuenta de años de don Gabriel Ayala 1997, 225).

De acuerdo con el Códice Aubin, Coxcoxtli habría aceptado la solicitud de los mexicas y les habría pedido a sus sacerdotes que les hicieran un “corazón de estiércol y pelos, más un pájaro bobo”, el cual fue puesto durante la noche en el sagrario de los originarios de Aztlan (Historia de la nación mexicana 1963, 36). Esta información también aparece en la Historia de los mexicanos por sus pinturas, manuscrito en el que se puede leer que “los de Colhuacan echaron paja y suciedad en el templo burlando[se] de los mexicanos” (Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 63). El Códice Aubin también señala que los originarios de Aztlan se entristecieron mucho al ver el “corazón” que les habían puesto en su altar y no tuvieron más remedio que derribar este último. Sin embargo, se dieron a la tarea de levantar otro, al que, una vez concluido, le ofrendaron “huizache y ramas de abeto” (Historia de la nación mexicana 1963, 36). Esta misma fuente apunta que tras ello, los mexicas invitaron a los señores de los colhuas a una ceremonia, a la cual, de acuerdo con los Anales de Tlatelolco, “únicamente vino Coxcoxtli” (Anales de Tlatelolco 1948, 40). El Códice Aubin puntualiza que en la presencia del señor de Teocolhuacan-Iztapalapa los originarios de Aztlan sacrificaron a los cautivos que habían conservado “y encima, sacaron fuego nuevo” (Historia de la nación mexicana 1963, 36-37). La ofrenda de los xochimilcas aparece representada en la parte superior derecha de la lámina X del Códice Azcatitlan, imagen que está acompañada por una glosa en náhuatl que dice “allí murieron, se bañaron (ritualmente) los xochimilcas” (oncan mique maltique Xochimilca) (Codex Azcatitlan 1995, 90). Por su parte, la Historia de los mexicanos por sus pinturas señala que los mexicas llevaron a cabo un sacrificio más, el de una mujer; en este texto se puede leer: “Entonces los de México [tomaron una doncella] que se llamaba Ahuemtzin, y la sacrificaron a Huitzilopochtli, y con una pierna de ella ensangrentaron las paredes” (Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 63). El Códice Aubin apunta que esta ceremonia molestó a Coxcoxtli, quien en ese momento habría decidido expulsar a los mexicas de sus dominios: “Cuando así sucedió, estaba enojado Coxcoxtli. Dijo él: ‘¿Quiénes son estos inhumanos? ¡Echadlos!’” (Historia de la nación mexicana 1963, 37).

Por su parte, los Anales de Tlatelolco hacen notar que, tras este acontecimiento, Coxcoxtli envió a sus mensajeros a avisarle a los mexicas que serían atacados: “Yo os hago saber que esta noche seréis aniquilados, yo, que lo tengo en la mano (lo sé exactamente). De modo que tal vez debéis obrar de esta forma: en cuanto anochezca, idos” (Anales de Tlatelolco 1948, 42). En este sentido, en la Historia de los señores chichimecos se puede leer que los originarios de Aztlan “salieron huyendo una noche, porque les quisieron matar todos los colhuas…”, pasaje que también aparece en otras cinco fuentes (Alva Ixtlilxóchitl 1975, 310; Historia de los mexicanos por sus pinturas 2002, 63; Cuenta de años de don Gabriel Ayala 1997, 227; Memoria yn inhualaliz Mexica Azteca 1997, 31; Chimalpahin 2003a, 131; Chimalpahin 2003b, 43).

Respecto a la salida de los mexicas de los dominios de los colhuas, el Codice Aubin señala que tras ser perseguidos se dirigieron a Acatzintitlan; más tarde a Nexticpac, Iztacalco, Zoquiapan y finalmente llegaron a Mexico-Tenochtitlan, en donde se instalaron definitivamente (Historia de la nación mexicana 1963, 37-39). La primera parte de este periplo parece representada en la lámina X del Códice Azcatitlan, escena que está acompañada por un par de glosas en náhuatl que dicen: “Vinieron atravesando con escudos los mexicas, se vistieron con la planta amoxtli cuando los vinieron siguiendo” (hualchimalpanoque in mexica amoxtli quimoquentique ycuac quihualtotocaque); la segunda, muy breve, apunta: “Los culhuas siguen a la gente” (culhuque tetoca) (Codex Azcatitlan 1995, 90) (figura 7).

Figura 7 Expulsión de los mexicas de Teocolhuacan-Iztapalapa. a) Fragmento de la lámina XI del Códice Azcatitlan; b) fragmento de la lámina XI del Códice Azcatitlan, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica 

Respecto a este pasaje, Robert Barlow apuntó: “El incidente debe referirse a la expulsión de los mexicas de Colhuacan, después de que el rey de ese centro descubrió que habían sacrificado a su hija” (Codex Azcatitlan 1995, 76).1 Como es claro, esta escena fue interpretada a la luz de los datos que arroja la Crónica X, ya que ni en el Códice Azcatitlanni en ningún otro documento pictográfico existe alguna representación o referencia al supuesto sacrificio de la hija del cuauhtlahtoani colhua.

Una vez de vuelta en los islotes del lago, la Historia de los señores chichimecos señala que los originarios de Aztlan “acordaron de ir a ver a Aculhua rey de Azcapotzalco, en cuya laguna y tierras ellos estaban para darle obediencia…” (Alva Ixtlilxóchitl 1975, 310-311). Por su parte, los Anales de Cuauhtitlan apuntan que “fueron unos colhuas a prevenir a los mexicanos, que los habían de combatir; pero sólo fueron a caer en manos de éstos, que les arrancaron el corazón y nada de ellos dejaron” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 23). En esta misma línea, el Códice Aubin puntualiza que fue a Chichilquahuitl, “capitan de Colhuacan”, a quien “aún vivo, le pusieron dentro de su altar; lo hicieron como corazón [del altar]” (Historia de la nación mexicana 1963, 41). Fue así como los mexicas vengaron parte de las humillaciones sufridas durante su estancia en los dominios de los colhuas y conservaron el lugar que se convertiría en su residencia definitiva (figura 8).

Fuente: elaboración propia a partir de la Tira de la peregrinación, el Códice Telleriano-Remensis, el Códice Mendoza y la Tira de Tepechpan

Figura 8 La versión de la historia del Códice Colhuacan y los anales mexicas.  

Por otro lado, respecto a la llegada de Ilancueitl y el joven Acamapichtli a Mexico-Tenochtitlan, las fuentes que integran el “Grupo de la Tira de la peregrinación” no aportan ningún detalle sobre este acontecimiento, sólo dan noticia del arribo del noble colhua a los islotes del lago. En el Códice Aubin se puede apreciar con claridad este vacío, ya que en esta fuente se narra generosamente la llegada de los mexicas a Tenochtitlan, lo sencillas que eran sus casas y la forma en la que empezaron a pescar con red. Inmediatamente después de eso y con una distancia de más de cien años, del 2 Tecpatl que corresponde a 1260, fecha en la que habrían levantado su altar, al año 1 Tecpatl, que de acuerdo con la Tercera relación de Chimalpahin, corresponde 1376 (Chimalpahin 1997, 103), el Códice Aubin sólo señala: “Dió principio el reinado de Acamapichtli. En el año 1 Tecpatl se puso a reinar” (Historia de la nación mexicana 1963, 41-42). En contraste, las fuentes vinculadas con el Códice Colhuacan proporcionan información detallada sobre este suceso, el cual también figura en documentos de distintas tradiciones historiográficas, tanto manuscritos como pictográficos.

De acuerdo con estas fuentes, la llegada de Acamapichtli a Mexico-Tenochtitlan ocurrió en el marco de una lucha interna entre dos sectores de la nobleza colhua que culminó en el año 1336 con el asesinato del señor de Colhuacan, Huehue Acamapichtli. La Relación de la genealogía señala al respecto: “El treceno y diez y sieteno de Culhúa se decía Acamapichi: vivió doce años. Este fué el último que señoreó de los de Culhúa legítimamente, estando el pueblo de Culhuacán en su prosperidad, el cual fué muerto de los suyos á traición; y se hizo Señor, sin venirle el señorío, uno llamado Achitomete el segundo de este nombre” (Relación de la genealogía 1892, 271). Esta misma información aparece en los Anales de Cuauhtitlan, fuente en la que se puede leer: “En este año Achitómetl dio muerte al rey de Colhuacan, que era llamado Acamapichtli. Después que le dio muerte, se asentó Achitómetl” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 29). Los documentos indican que el conflicto entre los pipiltin colhua giró en torno a la sucesión del señorío, debido a que del matrimonio entre Acamapichtli e Ilancueitl no hubo hijos (Relación de la genealogía 1892, 273), ya que la cihuapilli colhua era “estéril e infecunda” (Durán 1995, 99). En estas circunstancias, la Relación de la genealogía señala que Ilancueitl y Huehue Acamapichtli adoptaron a un niño, el cual “era hijo de un principal de su linaje á quien venía el señorío, llamado Xilechoz: aqueste por ser pariente propinco le tenía y criaba por su hijo para heredar el señorío después de su muerte, y llamáronle Acamapichilitli como á su padre adotivo” (Relación de la genealogía 1892, 273-274). Las fuentes vinculadas con el Códice Colhuacan sugieren que esto no fue bien visto por otro sector de la nobleza colhua, aquél encabezado por Achitometl, que, de acuerdo con la lámina III del Códice Xolotl, era el padre de Ilancueitl (figura 9).

Figura 9 Linaje de Ilancueitl y Atotoztli. Fragmento de la lámina III del Códice Xolotl, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica 

Es posible que Achitometl fuera el gobernante de alguno de los cuatro señoríos de los colhuas y que, debido a que uno de sus descendientes no iba a heredar el tlahtocayotl, organizara una rebelión en el año 13 Tecpatl, 1336, la cual culminó con el asesinato de Huehue Acamapichtli. Los Anales de Cuauhtitlan sugieren que el usurpador del señorío de Colhuacan recurrió a los mexicas como mercenarios, ya que en esta fuente se puede leer que el mismo año en el que organizó la revuelta “llamó cautelosamente a los mexicanos” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 29).

Una vez consumado el magnicidio, la Relación de la genealogía señala que “dicho Achitometl segundo de este nombre, quiso matar también á su mujer llamada Ilancueyte. Sintiendo ella aquesto salióse una noche de su palacio con cuatro mujeres, y fuése en una canoa á manera de barca á Coatlychá, tres leguas de ahí, y llevó consigo un niño que ella y su marido habían prohijado” (Relación de la genealogía 1892, 273). Líneas adelante, esta misma fuente apunta que “llegados á Cuatlichán pasados cuatro días viniéronse á México: fueron bien recebidos de los mexicanos, que ya eran alguna copia de gente, y holgáronse con el niño por ser de linaje” (Relación de la genealogía 1892, 274). En relación con el periodo que habrían pasado Ilancueitl y el joven Acamapichtli en Coatlinchan antes de su arribo a Mexico-Tenochtitlan, el manuscrito Origen de los mexicanos puntualiza: “Fué después de doce años que había que era muerto el primero Acamachogci, el viejo, y a la sazón era Acamapici el mancebo en México amado de todos, é casóse con la dicha Ilancuythl é no ovo hijos” (Origen de los mexicanos 1892, 295). Este periodo lo confirma la cronología de los Anales de Cuauhtitlan, fuente que señala que el asesinato de Huehue Acamapichtli se dio en el año 13 Tecpatl, mientras que el arribo del joven Acamapichtli ocurrió en 13 Calli, fecha en la que “fue traído Acamapichtli a Tenochtitlan” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 29, 31).

El pasaje que se acaba de reconstruir aparece representado en las láminas 29v y 30r del Códice Telleriano-Remensis. Como se puede apreciar en la figura 10, en la parte inferior izquierda de la lámina 29v se puede identificar con claridad a los dos Acamapichtli, cuyo nombre significa “puñado de cañas”. La escena muestra la muerte de Huehue Acamapichtli, el cual reposa totalmente cubierto por una sábana mortuoria sobre su icpalli; frente a él se encuentra el joven Acamapichtli representado en su infancia. Una línea negra enlaza a Huehue Acamapichtli con Ilancueitl, cuyo nombre significa “falda vieja” o “falda de anciana” y cuyo glifo está representado junto al de Colhuacan. Una línea más enlaza a Ilancueitl con Atotoztli, que a su vez está conectada con el glifo de Coatlinchan. Como ya se hizo notar, la lámina II del Códice Xolotl señala que Atotoztli era la hermana de Ilancueitl y que contrajo matrimonio con Huetzin en Coatlinchan, por lo que se entiende por qué Ilancueitl y el joven Acamapichtli se refugiaron en ese señorío. El pasaje se completa con el andar del joven Acamapichtli, que primero se dirige a Coatlinchan en donde es representado con mayor edad y en una escena que simboliza una unión matrimonial, la cual debe representar el vínculo con Ilancueitl, ya que la Relación de la genealogía indica que el joven Acamapichtli “casóse con la dicha Ilanqueyte, mujer de Acamapich el viejo” (Relación de la genealogía 1892, 275). Por último, Ilancueitl y Acamapichtli se dirigen a Tenochtitlan, en el centro y a la izquierda de la lámina 30r, cuyo símbolo se puede distinguir con claridad: un nopal sobre una roca. Aquí Acamapichtli aparece unido con una línea punteada con una mujer que lleva una escoba, vínculo que representa la unión matrimonial entre él y una mujer mexica.

Figura 10 Arribo de la nobleza colhua a Mexico-Tenochtitlan. a) Lámina 29v del Códice Telleriano-Remensis; b) lámina 30r del Códice Telleriano-Remensis, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica 

De acuerdo con la Séptima relación y el manuscrito titulado Various Tenochca-Culhuaque Lineages, la esposa mexica de Acamapichtli fue Xocatlamihuatzin, hija de Acacihtli, uno de los fundadores de Tenochtitlan (Chimalpahin 2003b, 69-71; Various Tenochca-Culhuaque Lineages 1997, 82-85). En este sentido, la Relación de la genealogía señala que “su mujer principal de aqueste Acamapichi dicen que era de los mexicanos: debió de ser concierto ó capitulación entre él y los mexicanos por emparentar y por hacer Señor al hijo de aquesta, como lo hicieron después” (Relación de la genealogía 1892, 276).

El manuscrito Origen de los mexicanos sugiere que esta alianza matrimonial entre el sector de la nobleza colhua derrocado y los originarios de Aztlan tenía el propósito de que estos últimos apoyaran militarmente a los primeros para derrocar a Achitometl, ya que en esta fuente se puede leer: “Otros dicen que los mexicanos, viéndole desfavorecido [a Achitometl] é que no tenía espaldas en los chichimecas, fueron sobre él, y entonces se fue huyendo á la ciudad é destruyéronla” (Origen de los mexicanos 1892, 295).

Figura 11 Diáspora de los colhuas y derrota de Achitometl. a) Lámina 47 del Códice Mexicanus; b) lámina 48 del Códice Mexicanus, Biblioteca Nacional de Francia, tomado de Gallica 

Los Anales de Cuauhtitlan señalan que esta ofensiva aconteció en 11 Acatl, 1347, ya que en esa fecha “murió Achitómetl, que era rey de Colhuacan” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 29). Además de que los acolhuas de Coatlinchan se situaron del lado del joven Acamapichtli y del sector de la nobleza colhua derrocado, por lo que no respaldaron a Achitometl, los Anales de Cuautitlan insinúan que la ofensiva de los mexicas contra Colhuacan no encontró gran resistencia, debido a que el asesinato de Huehue Acamapichtli y la ascensión de un tlahtoani ilegítimo en Colhuacan provocaron una dispersión progresiva de sus habitantes, quienes se mudaron a los señoríos más importantes del valle, principalmente a Cuauhtitlan. En este manuscrito se puede leer: “La causa porque se desbarataron los colhuas, no fue porque hubieran sido vencidos, sino porque se alborotaron y por eso se destruyeron. Por este tiempo vinieron aquí a Cuautitlan los colhuas y los mexicatzincas. Se ha dicho que así que murió Achitómetl, se despobló la ciudad de Colhuacan” (Anales de Cuauhtitlan 1975, 29).

Estos dos acontecimientos, la diáspora de los colhuas y la derrota de Achitometl, aparecen ilustrados en el Códice Mexicanus. En la lámina 47 de este documento se puede ver en el año 6 Tochtli, 1342, el símbolo de Colhuacan, tres cabezas de personas, así como unos pies que salen de ahí, lo cual parece ser una referencia a la diáspora de los colhuas de sus ciudades. Además, en la lámina 48, exactamente en el mismo año en el que los Anales de Cuauhtitlan registran que se perdió Colhuacan, es decir, en el año en el que se organizó la ofensiva contra Achitometl, se encuentra señalado, debajo del glifo 11 Acatl, que corresponde al año 1347, un macuahuitl y un escudo, imágenes que simbolizan una conquista, ello encima de un cero torcido, símbolo de Colhuacan (figura 11).

Finalmente, como se señaló líneas arriba, dos años después de la derrota de Achitometl, Acamapichtli arribó a los islotes del lago, para un año más tarde, en 1350, ser asentado como señor de los colhuas en Mexico-Tenochtitlan (Anales de Cuauhtitlan 1975, 31) (figura 12).

Fuente: elaboración propia a partir de la Tira de la peregrinación, el Códice Telleriano-Remensis, el Códice Mendoza y el Códice Xolotl

Figura 12 La caída de Colhuacan y el arribo de la nobleza colhua a Mexico-Tenochtitlan.  

Conclusiones

Como ha quedado claro en este trabajo, la versión de la historia que tiene como columna vertebral al Códice Colhuacan y los anales mexicas, además de ser congruente entre sí, encuentra respaldo en los documentos vinculados con las tradiciones historiográficas de otros pueblos, como la de los tlatelolcas y la de los chichimecas del Acolhuacan. Esta historia presenta una trama compleja que involucra elementos característicos de las sociedades antiguas, como lo son las disputas palaciegas por el poder, las alianzas matrimoniales y la forma en la que se establecían las relaciones entre pueblos gobernados por nobles y aquellos liderados por caudillos. Por su parte, la narración de la Crónica X, además de provenir de un solo documento y no encontrar respaldo en ningún manuscrito o códice, contiene una serie de contradicciones respecto a las costumbres sociales y políticas de los pueblos de aquella época. Las características de estas dos versiones, sumadas al hecho de que el relato que se desprende del Códice Colhuacan señala que a Mexico-Tenochtitlan arribó el sector de la nobleza colhua derrocado tras la rebelión de Achitometl, son indicios significativos que apuntan en el sentido de que la narración de la Crónica X pudo haber sido la historia reformada en tiempos de Itzcoatl. Este nuevo relato pudo haber tenido el propósito de lograr la unidad en el interior de Mexico-Tenochtitlan, razón por la cual la nobleza colhua trató de eliminar los pasajes más penosos de la historia mexica, en particular las humillaciones que sufrieron tras su estancia en Teocolhuacan-Iztapalapa. Además, la nueva historia habría integrado una serie de elementos orientados a fortalecer los vínculos entre los dos pueblos, como es el caso del parentesco entre colhuas y mexicas, tanto en el nivel del pueblo como en el de la nobleza.

Por otro lado, es posible sugerir que el Códice Boturini es un documento prehispánico o una reproducción de uno de los códices mutilados en tiempos de Itzcoatl, ya que su relato termina de forma abrupta justo cuando inician los pasajes más dolorosos acontecidos en el tránsito de los mexicas por los dominios de los colhuas. Además, es posible proponer que la primera parte del Códice Aubin, la que va del inicio de la migración de los aztecas-mexicas a su arribo a Mexico-Tenochtitlan, es una transcripción de un libro histórico mexica que sobrevivió a la quema de códices, pues contiene el registro de los penosos episodios que sufrieron los originarios de Aztlan en su paso por Teocolhuacan-Iztapalapa, los mismos que figuran en los Anales de Tlatelolco. Además, como se hizo notar en este trabajo, el Códice Aubin tiene un vacío de más de cien años, lo cual es un indicio que apunta en el sentido de que el relato prototípico de la Tira de la peregrinación se extendía hasta el arribo de los mexicas a Mexico-Tenochtitlan. A partir de ello, es posible sigerir que el documento completo habría tenido una o dos láminas más, en las cuales se habría registrado el resto de la estancia de los mexicas en Colhuacan y su arribo a los islotes del lago. Este sería el “Códice X” o “Códice Y” propuesto por María Castañeda de la Paz.

Finalmente, es posible sostener que la versión más apegada a la historia oficial de Mexico-Tenochtitlan, la cual incluiría la reescritura del devenir de los mexicas elaborado en tiempos de Itzcoatl, se encuentra en las obras que se le pueden atribuir a Hernando Alvarado Tezozomoc, en particular en la primera parte de la Crónica mexicáyotl y en la Crónica mexicana. Sin embargo, esto no quiere decir que las obras atribuidas a Tezozomoc no sean historias de síntesis ni que contengan únicamente el relato oficial del devenir de los tenochcas: si bien es cierto que en estos manuscritos aparece la reelaboración de la historia de los originarios de Aztlan, también hay episodios que conciernen a la historia de la nobleza colhua, como aquellos ocurridos tras el arribo de Ilancueitl y Acamapichtli a los islotes del lago. Por esta misma razón es posible sumarse a quienes sugieren que el autor de la Crónica X no es otro que el mismo Hernando Alvarado Tezozomoc, ya que el manuscrito que se cree perdido es una historia de síntesis y la información que contiene, la misma que aparece en la obra de Tezozomoc, apunta a ser la historia oficial del Mexico-Tenochtitlan, la cual sólo pudo haber sido recogida por alguien como el descendiente de la nobleza tenochca, quien habría tenido acceso a los documentos y a los relatos que le permitieron reconstruir la narración que aparece en sus obras.

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1Las cursivas son mías.

Recibido: 12 de Mayo de 2021; Aprobado: 02 de Junio de 2022; Publicado: 06 de Febrero de 2024

SOBRE EL AUTOR: Erik Damián Reyes Morales es doctor en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la misma universidad. Su principal línea de investigación se centra en el empleo de las herramientas de análisis de las relaciones internacionales en el mundo antiguo, en particular en el México prehispánico. Sus publicaciones más recientes son: “The Great Flood of the Eleventh Century and the Migration of the Aztec-Mexica and the Anahuac Peoples”, Ethnohistory (2023) y “Diplomacia: del mundo antiguo a la Paz de Westfalia”, Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales (2023).

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