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Revista de la Facultad de Medicina (México)

Print version ISSN 0026-1742

Online version ISSN 2448-4865

Rev. Fac. Med. (Méx.)  vol. 68n. 1

Artículos de revisión

Influencia del mindfulness en la regulación del estrés crónico para un desarrollo integral del ser humano

The Influence of Mindfulness on Chronic Stress Regulation for the Comprehensive Development of the Human Being

Velázquez-Paniagua, Mireyaa*
http://orcid.org/0000-0002-7614-7637
Gómez-Chavarín, Blanca Margaritaa
http://orcid.org/0000-0002-2038-668X
Sampieri-Cabrera, Raúla
http://orcid.org/0000-0001-7733-1105

Resumen

El estrés crónico en el ser humano es un padecimiento silencioso que interviene en el desarrollo de alteraciones fisiológicas y de enfermedades. Entre las patologías asociadas al estrés crónico se encuentran las enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, trastornos metabólicos e inflamatorios. Estas, a su vez, están vinculadas con el desarrollo de síndrome metabólico, obesidad, hígado graso y diabetes tipo 2. También se ha identificado su relación con algunos trastornos psicóticos, neurodegenerativos y ciertos tipos de cáncer. Debido a la relevancia clínica, social y mental del estrés crónico, existen diversas intervenciones para mitigarlo, entre las cuales los programas basados en atención plena (mindfulness) han demostrado ser eficaces en la reducción del estrés crónico en diferentes poblaciones. El objetivo de esta revisión narrativa es ofrecer un panorama general sobre la fisiología del estrés y del estrés crónico, y explicar cómo este último afecta al ser humano, desde alteraciones sistémicas hasta desajustes centrales (como en la memoria, el aprendizaje y la desregulación emocional). Asimismo, se pretende profundizar en los orígenes y fundamentos de la práctica de mindfulness y su contribución como intervención para la salud.

Palabras clave::
Mindfulness, regulación, estrés crónico, cerebro, fisiología humana

INTRODUCCIÓN

La evolución humana se ha tejido en una profunda conexión con la naturaleza, donde actividades como la caza, la recolección y la agricultura eran necesarias para la supervivencia. El estrés surgía como respuesta a la necesidad de alcanzar objetivos comunes dentro de marcos temporales y espaciales específicos, como las temporadas de invierno o los períodos de sequía. Aunque los ancestros enfrentaban episodios de estrés intermitente, disfrutaban también de momentos de contemplación y descanso. Con el advenimiento de la revolución industrial, las dinámicas de subsistencia sufrieron una transformación acelerada, lo que dio paso a una sociedad global orientada hacia el consumo, en la cual prevalece el valor de poseer sobre el de ser. En este escenario, caracterizado por la promoción de la inmediatez, los entornos laborales exigen altos niveles de productividad que demandan grandes esfuerzos y mantienen a las personas en un estado de estrés crónico1. Este estado de estrés crónico es un precursor de inflamación2, enfermedades cardiovasculares (como la hipertensión y la aterosclerosis), trastornos metabólicos (diabetes y enfermedad del hígado graso no alcohólico [NAFLD]), así como trastornos psicóticos, neurodegenerativos (depresión, enfermedad de Alzheimer [EA], y enfermedad de Parkinson [EP]) y cáncer, entre otros3.

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						Foto: Thiago Silva en Pexels

Foto: Thiago Silva en Pexels

Dentro de los esfuerzos terapéuticos y de estilo de vida para mitigar el estrés, la práctica de mindfulness o atención plena es una forma no invasiva, autodirigida y de bajo costo para gestionar el estrés. El mindfulness implica prestar atención de forma consciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación4. Las intervenciones basadas en mindfulness buscan fomentar el bienestar mental y físico, y potenciar la toma de decisiones, la productividad, la resiliencia, la comunicación interpersonal, las relaciones organizacionales, la perspectiva y el autocuidado5. El interés científico en el mindfulness creció a partir de los trabajos de Jon Kabat-Zinn, doctor en biología celular y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, quien en los años 70 desarrolló el programa de Reducción de Estrés Basado en Mindfulness (MBSR). Desde entonces, según la base de datos Pubmed, se han publicado aproximadamente 29,000 artículos científicos relacionados con los beneficios del mindfulness, y se han creado diversos programas para su aplicación en distintos padecimientos y entornos. Desde un enfoque clínico encontramos intervenciones para el manejo del dolor crónico (MBIs)6,7, terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT)8, y programas de alimentación9,10, entre otros. Asimismo, la práctica del mindfulness se aplica en entornos académicos y laborales para mitigar el estrés crónico del personal y estudiantes11.

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						Foto: Alicia Zinn en Pexels

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Antes de abordar en profundidad el mindfulness y sus beneficios para la salud, resulta pertinente ofrecer una breve descripción del estrés y sus mecanismos fisiológicos, con el propósito de comprender cómo su persistencia crónica induce diversos trastornos en el ser humano y deriva en el desarrollo de múltiples enfermedades.

ESTRÉS

El eustrés y el distrés

El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, se manifiesta mediante mecanismos de defensa del organismo ante situaciones percibidas como amenazantes. Hans Seyle lo define como la reacción inespecífica del cuerpo ante cualquier demanda impuesta, que resulta en un desequilibrio físico provocado por el estresor12. El estrés se clasifica en eustrés, un tipo positio que proporciona la activación necesaria para afrontar con éxito desafíos complejos y contribuye al desarrollo del potencial humano, como al hablar en público; y distrés, una forma perjudicial que surge de un esfuerzo excesivo en relación con la carga, lo cual genera una activación psicofisiológica inadecuada, desgaste y sufrimiento. Este último puede desencadenar un deterioro progresivo en el individuo, al incrementar la percepción de estar sometido a una presión constante sin escape, lo que afecta negativamente la armonía entre mente y cuerpo, eleva el estrés crónico y aumenta la probabilidad de desarrollar crisis de ansiedad, insomnio, deterioro cognitivo y diversas enfermedades13.

Bases fisiológicas del estrés

La respuesta al estrés se activa ante la presencia de estímulos estresantes (factores estresantes), estos provocan que el hipotálamo libere la hormona liberadora de corticotropina (CRH). Esta hormona, al unirse a sus receptores en la glándula pituitaria, estimula la secreción de hormona adrenocorticotrópica (ACTH), la cual activa las glándulas suprarrenales para producir y liberar cortisol, adrenalina y noradrenalina14. El cortisol ejerce un efecto de retroalimentación negativa sobre el núcleo paraventricular del hipotálamo, e inhibe la secreción de CRH (figura 1).

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							Fisiología del estrés
Figura 1
Fisiología del estrés

En individuos con ciclos estables de sueño-vigilia, el cortisol se secreta conforme a un ritmo circadiano, con episodios de liberación distribuidos a lo largo de las 24 horas del día. La concentración plasmática de cortisol alcanza su pico máximo al momento de despertar y disminuye progresivamente durante el día, hasta registrar su nivel más bajo en las primeras dos horas de sueño15. El cortisol tiene un papel fisiológico, y entre sus funciones más relevantes se encuentran: participación en el metabolismo de proteínas, grasas y carbohidratos; el incremento de los niveles de glucosa en sangre mediante la gluconeogénesis; el aumento del estado de alerta; la promoción de la excreción de agua y el mantenimiento de la presión arterial; la degradación de proteínas intracelulares; el aumento de la liberación de calcio y fosfatos por los riñones, así como de lípidos; la inhibición del sistema reproductivo y de la hormona del crecimiento, y la supresión del sistema inmunitario, entre otras15. En el estrés crónico, los niveles de cortisol incrementan y se mantienen elevados en comparación con individuos sanos, como resultado de este incremento se manifiestan numerosas alteraciones fisiológicas16,3 (figura 2).

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							Síndrome general de adaptación
Figura 2
Síndrome general de adaptación

Por ejemplo, a nivel central, el estrés crónico se asocia con atrofia y piroptosis, una forma de muerte celular programada no apoptótica, caracterizada por la formación de inflamasomas en neuronas y astrocitos de la corteza prefrontal (CPF)17 esto en modelos animales. Sin embargo, de manera similar, en humanos los niveles elevados de cortisol ocasionan atrofia en regiones prefrontales y límbicas del cerebro, como en el hipocampo18.

Etapas del estrés

La respuesta humana al estrés puede ser inmediata o prolongada. De manera inmediata, el estresor activa una reacción de alerta que provoca la liberación de cortisol, adrenalina y noradrenalina. Aquí el individuo percibe una sensación de amenaza y responde mediante huida, defensa o parálisis. Por otro lado, el estrés prolongado, denominado por Hans Selye como el Síndrome general de adaptación19 se desarrolla en tres etapas. La primera, conocida como etapa de reacción de alarma, se caracteriza por la aparición de síntomas como taquicardia, dilatación de pupilas, palidez, aumento de la capacidad respiratoria y tensión muscular en respuesta al estresante. La segunda etapa, de resistencia o adaptación, implica que el organismo intenta superar o adaptarse a los factores estresantes, normalizando los niveles de corticoesteroides y atenuando los síntomas iniciales. Finalmente, en la fase de agotamiento, que surge cuando el estresante persiste o se acumulan múltiples factores estresantes, los mecanismos de adaptación del individuo resultan insuficientes, y conduce a una alteración tisular y al desarrollo de enfermedades psicosomáticas19 (figura 2).

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							Foto: Kelvin Valerio en Pexels

Foto: Kelvin Valerio en Pexels

CORTISOL Y CEREBRO

El cerebro detecta amenazas potenciales y regula las respuestas conductuales y fisiológicas ante los estresores. Aunque estas respuestas promueven inicialmente la alostasis o adaptación, un estresor crónico o la acumulación de múltiples estresores pueden generar un exceso de cortisol, lo que desencadena diversas patologías. Tanto en la adultez como en las etapas de desarrollo, el cerebro exhibe una notable plasticidad estructural y funcional en respuesta al estrés, reflejada en fenómenos como la neurogénesis, remodelación dendrítica y recambio sináptico. El estrés puede modificar los circuitos neuronales asociados con la cognición, la toma de decisiones, la ansiedad y los estados de ánimo, modulando la expresión de comportamientos y estados conductuales20. Además, en la amígdala medial basolateral (BlA) los estresores agudos aumentan la densidad de espinas dendríticas y el estrés crónico induce la expansión dendrítica21,22. Estas modificaciones están implicadas en el aumento de ansiedad y comportamientos asociados al trastorno por estrés postraumático (TEPT). En la corteza prefrontal (CPF), el estrés crónico provoca desorganización y contracción dendrítica en la CPF medial, mientras que en las neuronas corticales orbitofrontales se observa una expansión dendrítica, asociada a un incremento en la vigilancia y rigidez cognitiva23,24.

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						Foto: Artem Podrez en Pexels

Foto: Artem Podrez en Pexels

¿QUÉ ES EL MINDFULNESS?

El término mindfulness, traducido del idioma pali sati por el académico inglés Rhys Davids en 1881, aparece en textos budistas y se refiere a ‘memoria, recuerdo, llamada a la mente, ser consciente de ciertos hechos específicos25. La meditación de atención plena implica prestar atención al momento presente con curiosidad, apertura, aceptación, no reactividad y sin juicio26. Jon Kabat-Zinn define el mindfulness como la conciencia que emerge al prestar atención, en el momento presente, de manera intencionada y sin juicios6. El mindfulness abarca tanto prácticas formales de meditación, como la atención al cuerpo o caminar conscientemente, así como prácticas informales que integran la conciencia plena en actividades cotidianas, que promueven el bienestar mental y físico mediante el cultivo de la atención, compasión, ecuanimidad, alegría, paz, tolerancia y paciencia26,27.

MINDFULNESS Y ESTRÉS

El enfoque de reducción de estrés basado en mindfulness ha captado la atención de investigadores por su origen en las prácticas budistas y su enfoque en la conciencia plena y la atención intencionada al momento presente sin prejuicios28,4. Los programas estructurados como Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR) imparten meditación, técnicas de escaneo corporal y ejercicios físicos suaves en un formato de 8 semanas, con sesiones de hasta 3.5 horas, orientados a la gestión del estrés mediante prácticas formales e informales diarias29,30. La práctica regular de mindfulness induce cambios conductuales y fisiológicos positivos, activa el sistema parasimpático y favorece estados de bienestar y relajación. Además, facilita el control de emociones, pensamientos y sensaciones, lo que reduce los síntomas de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, trastornos alimentarios y dolor crónico31-36. La práctica de mindfulness fomenta una actitud de apertura y compasión hacia experiencias desagradables, fortalece la resiliencia y mejora la capacidad para enfrentar el estrés de manera consciente, ética y asertiva1,6,26,10.

EFECTOS DEL MINDFULNESS SOBRE EL CEREBRO Y EL CORTISOL

Las prácticas de mindfulness repercuten en diversas regiones cerebrales, como la corteza cingulada anterior y el estriado, vinculados al control de la atención. Asimismo, involucran las áreas prefrontales y límbicas, que, junto con el estriado, desempeñan un papel esencial en la regulación emocional. Finalmente, en regiones como la ínsula, la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada posterior y el precúneo, que están asociadas con la autoconciencia37.

El programa MBSR demostró efectos beneficiosos en el bienestar psicológico y en la reducción de síntomas de distintos trastornos. Hotzel y colaboradores observaron cambios en la materia gris de participantes sanos, sin experiencia previa en meditación, antes y después de completar el programa MBSR de 8 semanas. Mediante resonancia magnética, investigaron la concentración de materia gris a través de morfometría basada en vóxeles y encontraron aumentos en el hipocampo izquierdo, la corteza cingulada posterior, la unión temporoparietal y el cerebelo, en comparación con un grupo de control. Estos cambios sugieren una asociación entre la participación en MBSR y modificaciones en áreas cerebrales vinculadas al aprendizaje, la memoria, la regulación emocional, el procesamiento autorreferencial y la toma de perspectiva36.

Además, el entrenamiento en meditación de atención plena incrementa la función y la densidad de materia gris en el hipocampo, donde esta densidad se correlaciona con los años de práctica meditativa38,39. La práctica contemplativa también se asocia con una disminución en los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y un incremento en la densidad neuronal de ciertas áreas cerebrales36.

La relación entre la disposición hacia el mindfulness y la regulación de los niveles de cortisol en vigilia podría explicarse por las estructuras neurales involucradas en la atención plena y la función neuroendocrina. Se plantea que la primera muestra de cortisol en vigilia, un indicador de la secreción de cortisol previa al despertar se encuentra regulada por el hipocampo y otras regiones cerebrales. Así, pacientes con alteraciones en el hipocampo presentan niveles elevados de cortisol salival en vigilia40. Garland y colaboradores observaron que los sobrevivientes de cáncer con una buena disposición hacia el entrenamiento en mindfulness presentaron niveles más bajos de cortisol salival en comparación con aquellos sin dicha disposición40. Yao y colaboradores identificaron en personal médico afectado por el síndrome de desgaste profesional niveles bajos de neurotransmisores, como la 5-hidroxitriptamina, la norepinefrina, el glutamato, la acetilcolina y la dopamina, en la corteza cerebral41. Aunque no se han reportado datos específicos sobre la producción de neurotransmisores vinculada al mindfulness, en la práctica de meditación trascendental, que también incrementa la materia gris cortical, se ha observado un aumento en los niveles de neurotransmisores como la melatonina y la serotonina, lo cual se correlaciona con estados de ánimo más positivos y un mayor bienestar personal42,43.

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						Foto: Ron Lach en Pexels

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						Foto: Cottonbro Studio en Pexels

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COMPORTAMIENTO DE LAS ONDAS CEREBRALES DURANTE EL ESTRÉS Y EL ENTRENAMIENTO DE MINDFULNESS

Las investigaciones revelan que las intervenciones basadas en mindfulness mejoran la salud mental tanto en individuos sanos, al reducir el estrés, como en personas con enfermedades mentales crónicas, tales como la depresión severa o la ansiedad. Las modificaciones estructurales cerebrales observadas mediante resonancia magnética en practicantes de mindfulness podrían reflejarse también en cambios electrofisiológicos cerebrales. El cerebro humano genera ondas como las alfa, beta, theta, delta y gamma, registradas a través de electroencefalograma (EEG), una técnica no invasiva que mide fenómenos ondulatorios de 0.1 a 80 Hz. Las ondas alfa se asocian con estados de relajación y concentración; las beta, con la activación cerebral y el estrés; las theta, con el aprendizaje, la memoria y la meditación; las delta, con el sueño profundo; y las gamma, con el procesamiento cognitivo avanzado y estados de felicidad. Diversos estudios indican que la práctica de mindfulness influye en el comportamiento de estas ondas, lo que contribuye a la gestión del estrés y promueve el bienestar mental44,45 (figura 3).

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						Prevalencia de ondas cerebrales
Figura 3
Prevalencia de ondas cerebrales

Las imágenes muestran que en individuos con entrenamiento en mindfulness predominan ondas cerebrales de baja frecuencia (theta y alfa), mientras que en personas con altos niveles de estrés, insomnio y ansiedad predominan ondas de alta frecuencia (beta y gamma)44.

EVIDENCIA CLÍNICA DE MINDFULNESS

Los estudios actuales en psicología y neurociencia evidencian el potencial del mindfulness como herramienta terapéutica, y muestran beneficios importantes en diversas condiciones de salud mental y física. Por ejemplo, incrementa la sincronía intercerebral entre adolescentes durante experiencias emocionales compartidas, lo que mejora la comunicación interpersonal46. Además, el mindfulness modula la conducta de comer bajo estrés y sus correlatos neuronales, lo cual sugiere que este tipo de meditación podría mitigar conductas alimentarias problemáticas inducidas por el estrés a través de modificaciones en la conectividad cerebral47. También, Javadzade y colaboradores48 abordan los beneficios de la reducción de estrés basada en mindfulness en personas mayores con depresión, con mejoras en la regulación emocional y la calidad del sueño. Asimismo, la terapia de apoyo basada en mindfulness reduce el sufrimiento en pacientes con cáncer avanzado, con mejoras en aspectos psicológicos como la ansiedad y la depresión, lo que resalta la importancia del mindfulness en el tratamiento paliativo49. Finalmente, Norouzi y colaboradres50 destacan que la combinación de mindfulness y actividad física reduce la desregulación emocional y la gravedad del insomnio en personas con depresión mayor.

Estos hallazgos refuerzan la validez del mindfulness como intervención psicológica efectiva, con aplicaciones amplias en la salud mental y física, respaldada por evidencia empírica que demuestra su impacto positivo en la neuroplasticidad y la regulación emocional. Sin embargo, aún existe una gran variabilidad en los resultados del mindfulness en diversos grupos etarios, por lo que aún se debe de seguir investigando para dilucidar su efectividad y los mecanismos que participan en ella.

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						Foto: Yan Krukau en Pexels

Foto: Yan Krukau en Pexels

CONCLUSIÓN

El mindfulness, práctica contemplativa con raíces milenarias, fomenta el bienestar y la salud mental. Su integración en la vida cotidiana reduce el ruido mental, favorece la claridad y facilita decisiones asertivas. Según Kabat-Zinn, permite al individuo ser consciente del momento presente de forma no crítica y sin control, desarrollando virtudes éticas y compasivas. Estudios en personas con estrés crónico destacan que el mindfulness reduce el cortisol mediante la activación del sistema parasimpático y fortalece la corteza prefrontal, optimizando la toma de decisiones y promoviendo un estado cerebral sereno. En el ámbito educativo, su incorporación fomenta entornos respetuosos y saludables, apoyando el desarrollo humano integral.

AGRADECIMIENTOS

Los autores desean expresar agradecimiento a Azucena Brito López por el apoyo en el rediseño de las figuras de este manuscrito. Agradezco a Blanca Margarita Gómez Chavarín y Raúl Sampieri-Cabrera, quienes han contribuido de manera importante y de igual forma a la realización de este trabajo y deben ser considerados como coprimeros autores. Este estudio fue realizado gracias a la Cátedra Especial “Doctor Bernardo Sepúlveda Gutiérrez” otorgada por el Consejo Técnico de la Facultad de Medicina a partir de agosto del 2023 al 2024.

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