Con mucha atención he leído el artículo «Contribuciones de la farmacogenética al tratamiento de precisión de la diabetes y la hipercolesterolemia».1 Los resultados obtenidos asociados a las características fenotípicas y genotípicas que pueden optimizar la respuesta al tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 y de la hipercolesterolemia me parecen de vital importancia y resultan novedosos.
Concuerdo en que existen muy pocos estudios que resalten la importancia de la farmacogenética en el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, aun cuando se sabe que solo el 5.9% de la población diabética responde adecuadamente a los antidiabéticos,1 por lo que es válida esa consideración. Siguiendo esta línea, el artículo no solo relaciona la farmacogenética con la diabetes, sino también con el tratamiento de la hipercolesterolemia (atorvastatina). La diabetes y la hipercolesterolemia son dos enfermedades que combinadas duplican el riesgo de cardiopatía en las personas.2 En ese sentido, el artículo da un aporte significativo y relevante.
Realmente resalto la importancia de que se lleguen a considerar aspectos genéticos para el tratamiento de otras enfermedades, como el cáncer. En un estudio se encontró que, de 76,805 individuos, el 62.7% tenían variantes genéticas en los genes DPYD, NUDT15, TPMT y UGT1A1,3 por lo que una proporción considerable de la población podría beneficiarse de ajustes en las dosis o de la selección de fármacos basados en ese perfil.
A partir de la valiosa investigación que he mencionado al inicio1 y los estudios de farmacogenética asociados a enfermedades de alta prevalencia como el cáncer, la diabetes mellitus tipo 2 y la hipercolesterolemia,2,3 se deben realizar más estudios que consideren los aspectos genéticos y fenotípicos para una mejor respuesta al tratamiento de las diversas patologías que afectan a la población.










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