Introducción
Según el Diccionario de la Real Academia Española, el término «responsabilidad» hace alusión a la «obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de otra causa legal».1 Esponda,2 desde la óptica aristotélica, la define incluyendo la obligación de todo individuo a responder por sus acciones, las cuales pueden estar sujetas a elogios o críticas. Sin embargo, aunque la responsabilidad está relacionada con la idea de lo voluntario, según Aristóteles, en la Ética Nicomaquea, podemos distinguir dos formas de responsabilidad, la causal y la moral, dependiendo del contexto y la intención del agente.2
Que un agente sea moralmente responsable de una acción en este sentido, es que esta sea suya y merecería culparse si entendiera que fue moralmente incorrecto, y merecería elogiarse si entendiera que fue moralmente ejemplar. El merecimiento en cuestión aquí es básico en el sentido de que el agente merecería ser culpado o elogiado solo porque realizó la acción, en virtud de una comprensión de su estatus moral y no a causa de consideraciones consecuencialistas o contractualistas.3
La noción de responsabilidad abarca tres dimensiones; primeramente, la de situación, la de capacidad y finalmente la de obligación, en donde la responsabilidad incluye la disposición a responsabilizar a los demás por sus acciones, en interés del bien común. Dado que los compromisos morales sustantivos son necesarios para la existencia y el bienestar humanos, debemos responsabilizarnos unos a otros de esos compromisos.4
La intención del presente artículo es explorar, a la luz de la bioética, cómo la responsabilidad social y el ejercicio de la agencia moral pueden transformar la relación médico-paciente, fomentando un entorno de confianza, respeto mutuo y colaboración activa ante la toma de decisiones en la práctica asistencial, y una mejor toma de decisiones con la finalidad de disminuir los problemas bioéticos.
Responsabilidad social
La Organización Mundial de la Salud define la responsabilidad social como la obligación de dirigir actividades educativas, de investigación y de servicio a atender las necesidades prioritarias de la comunidad, región o nación.5 La responsabilidad social funciona en las organizaciones para mejorar su rentabilidad y otros intereses económicos, incluso sin que tengan como prioridad el establecer objetivos y acciones basadas en fundamentos éticos.6
Actualmente, los acuerdos internacionales, como por ejemplo los plasmados en la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos adoptada por la UNESCO,7 son de utilidad como marco ético para orientar a los Estados miembros en la toma de decisiones y para el desarrollo de políticas públicas relacionadas con las ciencias de la vida, la medicina y el área de la salud. Aunque no son de carácter normativo de obligatoriedad, establecen principios fundamentales que permiten servir como una guía para fomentar la responsabilidad social y la defensa de los derechos humanos en estos ámbitos. Esta gestión se solidifica con la adhesión de las empresas al Pacto Mundial de las Naciones Unidas, ya que el respeto a los derechos humanos, las prácticas éticas empresariales y el compromiso con las buenas acciones en la sociedad se convierten en la estrategia más efectiva para lograr sostenibilidad y solidez en las empresas.8
La responsabilidad social, aunque no obligatoria, implica acuerdos de comportamiento responsable entre los miembros de una sociedad con el fin de evitar daños a los demás. Al transcurso del tiempo, las percepciones sobre lo socialmente aceptado cambian y las normas de conducta son definidas por las entidades con poder en cada momento histórico, ya sea por órdenes religiosas o por parte del Estado, o de las empresas, con la finalidad de lograr ajustes a las circunstancias vigentes.9
Un estudio realizado por Urdaneta y Villalobos10 analizó desde un enfoque bioético la responsabilidad social de los hospitales como organizaciones públicas pertenecientes a un sistema de salud. Su objetivo fue conocer si estas instituciones públicas cuentan con lineamientos bioéticos que permitan favorecer la práctica de la responsabilidad social para brindar una atención humanizada y de calidad a los pacientes que allí acuden. Al abordar la dimensión interna de la responsabilidad social en la gestión de los recursos humanos, la salud, la seguridad laboral y la gestión y el impacto ambiental son considerados con poca prioridad. Sin embargo, para la dimensión externa se demuestra que los socios comerciales tienen prioridad sobre los clientes y las comunidades locales.10
La responsabilidad social está intrínsecamente ligada a la acción voluntaria y debe adaptarse al cambio constante. En el entorno actual, lograr los resultados esperados requiere una gestión adecuada. Debido a las limitaciones reconocidas de las leyes existentes para abordar los derechos sociales, ambientales y laborales, muchos sectores requieren una regulación específica, ya sea a través de pautas voluntarias, marcos regulatorios o legislación específica.11
Los principios y reglas dejan de resultar útiles como guías para el juicio moral; especialmente importantes son los casos en los que es probable que surjan valores y desvalores conflictivos como resultado de cualquier curso de acción concebible, como el tratamiento de enfermos terminales o los experimentos con procedimientos médicos prometedores que invariablemente tienen efectos secundarios negativos. La casuística ubica el juicio moral en el estudio comparativo de clases reconocibles de casos que requieren decisión y acción humana.12
Responsabilidad social en salud
La responsabilidad social en salud inicialmente está relacionada con el nivel empresarial, como deberes morales de las empresas ante la sociedad en la que se encuentren inmersas. La noción de responsabilidad social en salud se podría definir como un deber moral de la comunidad y sus instituciones relacionado con la salud individual y colectiva, lo cual se ve influenciado por factores determinantes de la salud (factores biológicos, estilos de vida, entorno físico y social, y sistemas de salud).13
Las estrategias de la responsabilidad social empresarial aplicadas a los servicios asistenciales deberán estar focalizadas en las necesidades y el contexto de los pacientes. Por lo tanto, los funcionarios en salud desempeñan un papel importante por la gestión derivada de las acciones y decisiones que deben tomarse a favor de los usuarios de los servicios de salud, considerando las implicaciones de esto en la salud colectiva.14
Introducir el concepto de responsabilidad social en salud es un proceso lógico, porque las entidades que operan en este sector ya tienen una visión de brindar servicios responsables a la sociedad. Esto incluye aspectos bioéticos como el compromiso, la empatía, la justicia y la igualdad, lo cual supone un gran desafío en la creación y la implementación de políticas nacionales innovadoras que satisfagan las expectativas y las necesidades de todos los participantes del sistema, incluidos profesionales, pacientes, gerentes y otras personas que trabajan en los sistemas de comunicación.15
La salud es considerada un componente esencial del derecho a la vida, y su promoción, protección y administración se convierten en una responsabilidad compartida. Por consiguiente, se debe contribuir a crear políticas públicas en salud que respeten los derechos de los ciudadanos y busquen mejorar su calidad de vida y bienestar, garantizando el acceso a los servicios sanitarios.16
En el debate sobre la ética de la responsabilidad social en salud es importante considerar cómo se definen las prioridades de inversión en salud por parte del Estado. Esto incluye la evaluación de cómo se asignan, distribuyen y monitorizan los fondos destinados a la salud. Las naciones menos desarrolladas enfrentan desafíos únicos, como la continua prevalencia de enfermedades asociadas a la pobreza, y también sufren enfermedades comunes de países desarrollados.17
El comportamiento ético tiene su fundamento en la responsabilidad social individual de cada profesional de la salud hacia el paciente y la capacidad de ambos para encontrar la manera más adecuada y correcta de la satisfacción en cubrir las necesidades de salud. Los principios médicos universales y el código de conducta ética son globales y representan el lenguaje común aplicado en la práctica de la salud, a pesar de que cada país tenga sus propias regulaciones y normativas que moldean la conducta del personal de salud.18
La responsabilidad social en salud implica que las instituciones sanitarias y las personas interactúen en comunidad, ofertando oportunidades de desarrollo y capacitándolas para mejorar su calidad de vida, pero hay que diferenciarla del asistencialismo, ya que esto simplemente proporciona medios para aliviar necesidades, mientras que la responsabilidad social en salud tiene el objetivo de que socialmente se reconozca que los diferentes actores institucionales también pueden realizar acciones para mejorar su entorno.19
En Latinoamérica existe una pobre evidencia en estudios detallados sobre responsabilidad social en salud, especialmente sobre los beneficios de su implementación. Los profesionales de la salud deben involucrarse de una manera más activa en la responsabilidad social en salud, asegurando que la ética y la bioética sean pilares centrales, y deberán enfocarse en mejorar la salud y el bienestar de las comunidades vulnerables.20
La responsabilidad social en salud y la agencia moral en la relación médico-paciente
La integración de principios como la responsabilidad ha sido descrita como un resurgimiento de la virtud en la bioética, para alcanzar la perfección y la abundancia. Destacamos la importancia de la experiencia, la motivación y la acción de un individuo, porque en acción encarna y fortalece sus propias cualidades.21 La bioética, a través de la ética y el principio de protección, permite priorizar el bien común sobre el individual, lo cual se convierte en esencial para garantizar que se respeten los derechos humanos fundamentales, que se pondere la vida, la integridad, la autonomía y el bienestar desde la visión individual, y converger en lo colectivo.22
Aunque la moral y la ética están intrínsecamente conectadas, se distinguen por su esencia y aplicación. La moral se basa en normas sociales, culturales o religiosas que guían el comportamiento sin requerir un análisis crítico. En cambio, la ética implica una reflexión más profunda y un juicio independiente acerca de los principios que orientan nuestras acciones. Desde la perspectiva de Kant, la moral es heterónoma, ya que se adhiere a reglas externas, mientras que la ética se considera autónoma, puesto que se fundamenta en la razón y en la responsabilidad personal. Esta diferenciación es especialmente relevante en el ámbito médico: los profesionales de la salud no solo deben seguir normativas (moral institucional), sino también desarrollar un juicio ético que asegure que sus decisiones estén alineadas con la dignidad y el bienestar del paciente.
Bernard William23 expone dos elementos esenciales para la asignación de responsabilidades; el primero es la causa, que hace referencia al individuo que causa daño o transgrede a otro, y el segundo es la respuesta, que lleva a que el transgresor esté dispuesto a reparar el daño causado o al menos que exprese emociones que denoten una disculpa genuina. Por lo tanto, la responsabilidad no termina simplemente en reconocer el error, sino en tener la disposición de ratificarlo o repararlo. Además, la responsabilidad se relaciona con las excusas y las justificaciones, que son dos conceptos distintos; las excusas se usan para evitar la responsabilidad, mientras que las justificaciones involucran aceptarla, pero ofrecen razones morales para la acción.23 Por otro lado, Mark Platss menciona que en un momento reflexivo pareciera ser más agradable hablar de libertades que de responsabilidades, pues en la práctica se utiliza el término «responsabilidad moral», que hace alusión a los agentes morales responsables de sus acciones y los casos que no lo son.24
Según Vercellone25, analizando un texto de Hannah Arendt, la voluntad y las intenciones son fundamentales para comprender las acciones y su causalidad, lo cual permite atribuir responsabilidad a las personas por sus actos u omisiones. Estos principios de imputación dan explicación a cómo las comunidades colectivas pueden ser responsables de daños globales, usando metáforas como la del engranaje para ilustrar actividades conjuntas que persiguen objetivos comunes e incluso cuando se pueden identificar agentes individuales detrás de dichas acciones colectivas.25
González et al.26 realizaron la validación de un instrumento que mide el respeto a la autonomía en pacientes terminales en la toma de decisiones al final de la vida. Concluyen que la relación médico-paciente es de alta complejidad y determinante en la influencia ante la toma de decisiones médicas en todo el proceso de atención médica, la cual impacta de gran manera en el proyecto de vida personal, la calidad de vida y el tiempo de sobrevida del paciente. Mencionan que este instrumento puede contribuir a mejorar las prácticas asistenciales en salud, de tal manera que pueda evidenciar áreas de oportunidad para elaborar proyectos de intervención que fortalezcan los conocimientos y las competencias en el área de la bioética y los derechos humanos para los médicos.26
La agencia moral se refiere a la capacidad de los individuos para dirigir sus acciones con libertad y de manera responsable, tomando decisiones informadas y asumiendo las consecuencias de sus actos u omisiones. En el contexto de la relación médico-paciente, la agencia moral adquiere un papel fundamental al influir en la toma de decisiones clínicas, la comunicación efectiva y el respeto mutuo. Desde una perspectiva kantiana, la moral se asocia a la heteronomía, es decir, la obediencia a normas externas sin un juicio crítico. En contraste, la ética es autónoma, ya que implica la deliberación racional y la construcción de principios propios dentro de un marco de responsabilidad. Este contraste es clave en la relación médico-paciente, donde no se trata únicamente de hacer cumplir normas preestablecidas, sino de ejercer un juicio ético que contemple el bienestar del paciente, su autonomía y la dignidad humana.27
Para que la agencia moral se desarrolle en forma completa es esencial un entorno que fomente la autoconciencia y el reconocimiento mutuo entre el médico y el paciente como seres racionales, capaces de cuestionar, deliberar y evaluar su comportamiento dentro de estándares sociales y profesionales. En este sentido, la agencia moral no solo implica la capacidad de toma de decisiones, sino también asumir la responsabilidad de los actos y sus consecuencias, incluso cuando los resultados no sean los esperados. En la práctica médica, la agencia mortal se manifiesta en tres dimensiones: 1) las acciones del agente moral, que incluyen todas las decisiones y conductas del médico y del paciente en el proceso de atención, desde la formulación de un diagnóstico hasta la adhesión a un tratamiento, y cada acción debe estar guiada por principios éticos; 2) la responsabilidad moral, más allá de las acciones intencionadas, pues la responsabilidad del médico abarca tanto los resultados previstos como las consecuencias no deseadas, lo que exige un análisis ético continuo y una actitud reflexiva en la toma de decisiones; y 3) las relaciones sociales y el entorno, donde es claro que la agencia moral no se ejerce en el vacío, sino dentro de un entramado social que incluye instituciones de salud, normas bioéticas y la interacción con otros profesionales y pacientes. La construcción de un espacio de confianza y un diálogo ético fortalece la relación médico-paciente, promoviendo decisiones más justas y humanizadas.28
Conclusiones
A manera de conclusiones podemos mencionar que la agencia moral hace referencia a la capacidad de las personas para la toma de decisiones éticas, acciones u omisiones sobre lo que está bien y lo que está mal, además de asumir la responsabilidad de estas, lo que obliga a responder por las consecuencias de las mismas. La agencia moral en la relación médico-paciente es compleja por la lucha para poder despojarse del paternalismo asistencial. Por otro lado, el estado de vulnerabilidad que presenta el paciente con una enfermedad le arrastra a cierto grado de sumisión y de permisibilidad, en donde evidentemente el paternalismo se invisibiliza. La relación médico-paciente es un pilar esencial en la práctica de la medicina, que tiene sus cimientos en la interdependencia y la agencia moral de ambos actores (médico y paciente), y en este contexto la agencia moral es un mecanismo clave para mejorar la relación médico-paciente, ya que permite una comunicación más ética, una toma de decisiones más informada y una mayor corresponsabilidad en la atención médica. No se trata solo de seguir normas, sino de fomentar una ética del cuidado basada en la deliberación, la autonomía y el respeto mutuo.










nueva página del texto (beta)


