Con sumo interés hemos estudiado el artículo de Aguiñaga et al.1 titulado Prescripción de antiinflamatorios y antirreumáticos no esteroideos en pacientes hipertensos ambulatorios, que tuvo por objetivo analizar el patrón de prescripción de AINE y sus variables asociadas en pacientes ambulatorios diagnosticados con hipertensión arterial; en él se hace énfasis en la urgencia de dar cumplimiento a la reducción del riesgo potencial de los pacientes que tienen amenaza de presentar una complicación a partir del uso inadecuado de los fármacos por parte de los médicos.
La telemedicina es una herramienta que forma parte del abanico de tecnologías de la información y la comunicación; en nuestros días se ha utilizado para el diagnóstico y seguimiento remoto de pacientes, quienes pueden enfrentar dificultades inherentes a la discapacidad y ubicación en zonas rurales.2 Aguiñaga et al.1 realizan un seguimiento ambulatorio de sus pacientes de manera transversal, pero no mencionan demográficamente a los pacientes que podrían haber sido beneficiarios de su estudio, dado que al estar alejados de los centros hospitalarios podrían tener síntomas que ocultan su verdadera naturaleza y ser sometidos a esquemas farmacológicos inapropiados.
Cortés et al.3 realizaron un estudio a pacientes mayores de 18 años con diagnóstico de artritis reumatoide que recibieron atención por telemedicina en más de una oportunidad, en el cual se evidenció que 92.2 % de los pacientes se sintió satisfecho con la atención y 49 % muy satisfecho. Adicionalmente, hacen hincapié en el incremento del número de consultas realizadas, lo que reveló una masiva participación de pacientes que viven en zonas rurales.
Según Lanas et al.,4 los AINE deben ser prescritos a pacientes con enfermedades reumatológicas en una dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible, por lo tanto, la telemedicina podría facilitar un seguimiento más estrecho y un ajuste de dosis cuando sea necesario, de manera que el tratamiento pueda ser optimizado. Asimismo, esta metodología permitiría un mayor acceso a los medicamentos antirreumáticos y antiinflamatorios en los pacientes que presenten dificultades para acudir a consultas presenciales.
A manera de conclusión, la telemedicina podría ser una gran solución para los pacientes con enfermedades reumáticas y otras comorbilidades como la hipertensión, en el contexto de los individuos que viven en zonas alejadas de los centros hospitalarios y en los que las implicaciones de la enfermedad, como el dolor, significan un obstáculo. Dado así, se debe incentivar la realización de estudios que permitan caracterizar a los pacientes según su ubicación geográfica y otros aspectos demográficos, puesto que es menester y mandatorio acoplarnos a la realidad social de los pacientes, para así repercutir en la morbimortalidad y en mejores planes en materia de salud pública.










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