Introducción
En el proceso de expansión transcontinental, en el cual el mar Caribe interconectó los espacios insulares y continentales, el movimiento y flujo de animales vivos y sus derivados hacia y desde la isla de Cuba fue determinante, y constituye, bajo el contexto de la conquista de Tenochtitlan, el objeto del presente estudio. Estos animales fueron embarcados tanto desde la península ibérica como del archipiélago canario, donde las armadas hacían escala en su travesía hacia América1. En una fase inicial, La Española fue el principal y único punto de destino donde se introdujo la fauna europea y canaria, junto con los productos y subproductos derivados de la misma. El marco cronológico comprendido en la investigación se úbica entre 1517 y 1519, años correspondientes a las expediciones al territorio mesoamericano, se presta especial atención a Cuba, al ser la última plataforma desde la cual se proyectó la ocupación de dicho espacio. Proceso que no puede entenderse sin considerar la interrelación entre el cerdo (Sus Scrofa) y los derivados de consumo que alimentaron las expediciones a Mesoamérica. Desde un enfoque disciplinario, esta investigación aborda aspectos esenciales de la alimentación del europeo durante las primeras campañas de exploración a Mesoamérica. En este contexto, es crucial el análisis de las primeras villas ibéricas fundadas en la isla de Cuba y las granjas ganaderas que se establecieron con el objetivo de identificar los núcleos de producción que sustentaron estos procesos de expansión. Además, se recurrirá a la arqueología, mediante la identificación de sitios de ocupación temprana en el contacto, lo que permitirá examinar las primeras interacciones coloniales que modificaron el espacio. Para lo anterior, se llevará a cabo un análisis detallado de la cronística temprana, que, en ocasiones, incluye referencias de los animales embarcados, a partir de la revisión de listas de suministros e inventarios. En este sentido, la Historia de las Indias de fray Bartolomé de Las Casas, ofrece una visión de las relaciones bélicas, sociales y de intercambio de bienes en las primeras etapas del contacto y establecimiento de los primeros pobladores de las islas del Caribe, particularmente de Cuba. Es relevante destacar la compilación documental dirigida por Juan Pérez de Tudela, que incluye relaciones de viajes, cédulas, cartas y fragmentos de textos, que contienen referencias sobre el cerdo y sus derivados que formaron parte de las travesías por las islas del Caribe. Respecto a las fuentes asociadas específicamente a Cuba y la conquista de México-Tenochtitlan en el territorio mesoamericano, la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, ofrece datos significativos sobre la ocupación de la isla de Cuba y, principalmente, sobre las conquistas lideradas por Hernán Cortés. La Historia de la conquista de México de Francisco López de Gómara, constituye una fuente que ratifica varias premisas sobre Cuba y los elementos de intercambio. Las Cartas de Relación de Hernán Cortés, particularmente la primera, fechada en 1519, ofrece detalles de la campaña de conquista, incluyendo información relevante sobre los preparativos de la armada, como el aprovisionamiento de bienes de consumo. En cuanto a los estudios críticos que analizan los procesos históricos, especialmente las exploraciones y conquistas del espacio antillano, destaca Hortensia Pichardo Viñals con La Fundación de las Primeras Villas de la isla de Cuba, que ofrece detalles cruciales sobre los primeros asentamientos europeos en Cuba. Por su parte, Alfredo Bueno Jiménez analiza los pertrechos y la cultura material que fletaron desde Cuba las primeras armadas que exploraron el territorio mesoamericano entre 1517 y 1519. Además, analiza la importancia de áreas subsidiarias, tales como pueblos de indios, que, aunque no se habían constituido como villas o ciudades, funcionaron como espacios auxiliares que suministraban recursos esenciales para las expediciones. En cuanto a los animales que pudieron embarcarse, resultan relevantes los trabajos de Justo L. del Río y Antonio Tejera Gaspar, este último enfocado en el papel del archipiélago canario en el proyecto colombino, principalmente de las islas de La Gomera y Gran Canaria dentro del proceso de colonización. En cuanto a las investigaciones desde el campo de la arqueología histórica, la obra coordinada por Roger Arrazcaeta Delgado, La Habana. Dimensión Arqueológica de un espacio habitado, tiene valiosas contribuciones que permiten visibilizar el espacio habitado de la ciudad de La Habana y las problemáticas relacionadas con la villa de San Cristóbal de La Habana, villa desde donde se pertrechó Hernán Cortés. Resultan destacables los apuntes arqueológicos de Iosvany Hernández Mora, Antonio Barroso Betancourt, Manuel García Palomino, y Osvaldo Jiménez Vázquez, sobre Pueblo Viejo de Nuevitas, en la provincia de Camagüey, que probablemente corresponde con la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, desde donde se pertrecharon recursos.
De este modo, es primordial identificar la importancia del cerdo y sus derivados que formaron parte del proceso colonizador en la isla de Cuba. Para alcanzar el objetivo, es crucial identificar los nichos o centros de abastecimiento, la micro localización de hatos ganaderos y espacios destinados para animales de corral que, funcionaron como puntos clave para el aprovisionamiento de recursos vitales, tanto para los colonos como para los proyectos de conquista en el continente, jugando un papel clave en los objetivos de la conquista de México-Tenochtitlan.
El cerdo en la cultura europea
El cerdo (Sus Scrofa) ocupó un lugar central en la dieta de los campesinos de los antiguos reinos de España, desde la Edad Media es una de las especies más apreciadas, constituyendo una fuente fundamental de carne. Según Jean- Louis Flandrin, los campesinos, al imaginar una vida en la nobleza, soñaban con “comer hasta la saciedad buen tocino amarillo o tocino rancio”, un sabor aborrecido por las clases altas, pero apreciado en los guisos campesinos.2 Aunque los campesinos criaban aves, también se dedicaban a la producción del cerdo. En contraste, la alimentación de la nobleza estaba marcada por profundas diferencias jerárquicas, ya fuera por el simbolismo de la guerra y la caza o por el estatus asociado a estos alimentos,3 las aves de bosque se convirtieron en el plato predilecto en los círculos señoriales.4 La caza, concebida como una metáfora de la guerra, implicaba perseguir presas, enfrentarlas y capturarlas en el bosque, un acto que generaba un placer particular para la nobleza, que consideraba estos alimentos más gratificantes que cualquier otro. La crianza del cerdo requería cuidados mínimos, alcanzando su madurez en un tiempo relativamente corto, lo que facilitaba su sacrificio y consumo. Los registros históricos indican que, hacia mediados del siglo ii a.c., el ganado porcino ya era criado y vigilado en Europa, lo que sugiere un tipo de manejo del animal, como lo confirma el historiador griego, Ovidio.5 En un contexto posterior, Sébastien Le Prestre de Vauban afirmaba en su Traité de la cochonnerie: “este animal [cerdo] es de tan fácil alimentación que cualquiera puede criarlo, no existe ningún campesino, por muy pobre que sea, que no pueda criar un cerdo al año en su tierra”.6 En el contexto castellano, aparecieron profesionales cuya función consistía en trocear y salar la carne, así como extraer y salar el tocino, esta actividad se asoció al oficio de la charcutería.7 Asimismo, se construyeron establecimientos destinados al control de los cerdos, como las zahurdas que, en su mayoría, fueron edificadas directamente en las viviendas de los residentes. En otros casos, se erigieron instalaciones aisladas a gran escala, como el centro de exploración porcina que Hernán Cortés encargó a Diego de Ordás, en Veracruz.8 Este centro se convirtió en la primera zahurda a gran escala en el actual territorio mesoamericano, y fue responsable del suministro de carne de cerdo a las huestes conquistadoras durante el sito de Tenochtitlan.
Respecto a los primeros contactos en territorio mesoamericano, los intercambios entre castellanos y mexicas estuvieron integrados por alimentos, para el caso de los castellanos, se tiene registro de que se ofrecieron bizcocho blanco, tocino, tasajo y vino, la reacción del tlatoani fue con maravilla y espanto a la vista de esos alimentos. La dureza y el sabor dulce y ahumado del bizcocho convencieron al dignatario de que se trataba de una comida divina, “del infierno”, y que no podía ser consumida. El bizcocho y el vino fueron puestos en el cuauhxicalli frente al templo de Huitzilopochtli, se incensaron y llevaron con una gran procesión a Tollan/Tula, para ser enterrados en el templo de Quetzalcóatl, “cuyos hijos eran los que habían venido”.9 Fray Bernardino de Sahagún refiere que, europeos y mesoamericanos, intercambiaron vino y comidas. Los alimentos que se dieron pudieron estar integrados por tocino, tasajo, carne de cerdo, casabe y vino.10
Desde una perspectiva cultural, existe una conexión significativa entre los europeos y el cerdo, una relación que también se refleja en aspectos religiosos y sociales. Un ejemplo de ello es San Antonio Abad, conocido en España como San Antón, cuya iconografía lo representa acompañado de un cerdo, como se puede observar en la Casa-Museo de Eugenio Hermoso de Fregenal.11 No es casualidad que uno de los platillos más populares en las áreas rurales de Murcia y Andalucía Oriental sean las ‘habas de San Antón’ u ‘olla de San Antón’, un cocido tradicional en el que se emplean habas secas y abundante carne de cerdo, especialmente tocino. La relación beneficiosa de este animal al ser humano, así como su vínculo con este santo en particular, se remonta al siglo xi, cuando una epidemia de ergotismo en Francia, provocada por el consumo de centeno contaminado con el hongo Claviceps purpurea, asoló la región. Como método curativo, se utilizó la grasa de cerdo aplicada sobre la piel de los enfermos, lo que popularizó la crianza de cerdos y consolidó la conexión de San Antonio con estos animales.12
Por tal motivo, no extraña la fuerte conexión entre los castellanos y el cerdo desde el primer viaje de Colón. Las huestes transportaban piaras de cerdos a través de las rutas de exploración y conquista, integrando esta especie en los campamentos, donde servía como sustento para los expedicionarios.13 El cerdo canario, al igual que el ibérico, se adaptó con éxito al nuevo hábitat en la isla La Española, desde donde se expandió al resto de islas de las Antillas Mayores, entre ellas la isla de Cuba, precisamente última plataforma hacia Mesoamérica. En las villas cubanas se criaban hatos de diversos animales, entre ellos, el cerdo,14 o bien, se importaban directamente desde Las Canarias, debido a que eran más económicos, al encontrarse más cerca del Caribe,15 o desde la isla de Jamaica, que se volvió un importante productor de animales, especialmente de cerdos.16
Durante el último cuarto del siglo xv y los primeros años siglo xvi, la producción porcina en las regiones conquistadas fue variable, una vez aclimatado y reproducido en los nuevos espacios, el procesamiento del cerdo en derivados pasaba por diferentes etapas, siendo la conservación de la carne la más importante, pues requería de todo un conocimiento y técnica específica, que se mantuvo en la tradición a lo largo de los siglos. La sangre se recolectaba y conservaba para elaborar diferentes productos alimenticios como salchichas o diversos tipos de morcilla.17 La preparación de la carne implicaba un cuidadoso desollado, así como realizar cortes adecuados para obtener diferentes piezas, muchas de las cuales debían consumirse rápidamente debido a la dificultad de conservación.18
Prácticamente toda la carne y huesos del cerdo eran aprovechados, generando diversos derivados de uso cotidiano. Así, sus dientes eran utilizados por libreros y papeleros para la limpieza del papel; su pelo, en la fabricación de pinceles; y su piel, aprovechada para la creación de diversos recipientes, como los utilizados por los molineros para almacenar granos. Además, el hueso del cerdo tenía aplicaciones en la cultura popular, particularmente en actividades de esparcimiento, como la elaboración de dados.19 La manteca desempeñó un papel crucial en el contexto caribeño, como lo atestiguan los inventarios y listas de suministros.20 Aunque no detalla su origen, es decir, si se trataba de manteca de cerdo, vaca u otros animales, se sabe que la grasa del cerdo, una vez derretida, se utilizaba para obtener sebo, que servía para la producción de velas, jabones y otros usos; uno de los usos más comunes fue para el calafateo de los barcos.
La producción de carne fresca y tocino
La carne y productos derivados del cerdo son múltiples, destacando especialmente el aprovechamiento cárnico y producción de derivados alimenticios, como el tocino, que resultaron cruciales para el desarrollo poblacional en América. Tras el sacrificio del cerdo, la carne se dejaba secar durante toda una noche, seguido de la limpieza de los órganos internos y el despiece. La carne tenía múltiples destinos, que incluían tanto el consumo directo como la elaboración de embutidos para su consumo en los días siguientes. El despiece del cerdo se realizaba habitualmente en tres partes: los perniles (jamones), el espaldar y el resto, conocido también como el témpano.21 Aunque el pernil era la parte más preciada del animal en el ámbito castellano, los menudos también eran aprovechados.
En cuanto al tocino, las menciones y usos relacionados con la empresa castellana en América, demuestran una gran demanda, gracias a sus características de conservación y duración, lo que lo convertían en la opción favorable para las largas travesías. El tocino, definido como una acumulación grasa que se deposita en la parte subcutánea de la piel del cerdo, se conservaba mediante un proceso de salación. Los cortes se realizaban en hojas del cúmulo graso, y luego, se mantenían en sal durante ocho o diez días en un lugar sin iluminación y sin contacto con otras especies. Los tipos más comunes eran el tocino de lomo, espinazo y papada.22
Desde el primer viaje colombino, se intuye su aprovisionamiento, cuando Bartolomé de Las Casas indica que entre los avituallamientos se encontraba ‘carnaje’, término que probablemente hacía referencia al tocino.23 Francisco López de Gómara, también hace referencia a la inclusión del cerdo y sus derivados alimenticios como fundamentales en los preparativos para el segundo viaje.24 Diversos documentos confirman el uso y consumo de este derivado en el contexto de conquista y colonización de La Española, tal es el caso del Memorial para don Juan de Fonseca de las cosas que han de llevar a las Indias, para mantenimiento de mil personas durante un año, fechado el primero de julio de 1494,25 el cual menciona la inclusión de 15 tonales de tocinos. En una lista similar, de abril de 1495, sobre los suministros enviados a las Indias, también se mencionan 650 tocinos.26 En años posteriores, el tocino se incluyó en las regulaciones emitidas por los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, como lo refleja el documento Instrucción de los Reyes a Colón acerca de la gobernación y mantenimiento de la gente que estaba en las Indias, así como de la que allá iba, emitido el 15 de junio de 1497, en el que se establecía un precio de ocho maravedíes por la venta de una pieza de tocino,27 lo que evidencia su alta circulación y consumo. Es en Cuba donde el tocino se consolidó no solo como un alimento esencial para los ibéricos fundadores de las primeras villas en la isla, sino también como un componente primordial en los matalotajes destinados para las expediciones de reconocimiento y conquista al territorio mesoamericano.
En relación con las granjas productoras de cerdos, se refieren en algunos casos, como sucede con Guaniguanico, al extremo occidental de Cuba, por Bernal Díaz del Castillo, cuyo origen era un “pueblo de indios” que se orientó a la producción abundante de casabe y reproducción del puerco, donde Diego de Ordás actuaba como mayordomo.28 Cerca del puerto de Matanzas, situado el extremo norte de Cuba, se albergaban estancias dedicadas a la crianza de cerdos y, por lo tanto, producían derivados.29 En la franja sur de la isla, las granjas reproductoras de animales son identificadas en las crónicas. Un ejemplo es el sitio de Macaca, aunque comúnmente no se incluye en los estudios sobre las villas principales de Cuba, tuvo una granja y se dedicaba a la cría de cerdos y actividades agrícolas.30 La villa de Santísima Trinidad, experimentó un importante desarrollo durante la ocupación hispana, Bernal Díaz del Castillo, señala que los vecinos de la villa mantenían estancias de pan casabe y manadas de cerdos, cercanos al asentamiento.31
La grasa del cerdo y sus diversas utilidades
Uno de los subproductos más relevantes del cerdo es la manteca, extraída de diversas secciones adiposas del animal, las cuales se categorizan según su origen. La manteca de mejor calidad proviene de la ‘pella’ -la sección que cubre los riñones- seguida por la ‘tela de la barriga’ o epiplón -un pliegue extenso adherido al estómago y otras vísceras-, y finalmente, el ‘entresijo’ -una membrana situada en los alrededores del intestino del cerdo.32 Su uso principal ha sido como derivado fundido para la cocción de alimentos, proceso que implica calentarla, colarla y envasarla líquida en orzas, o incluso en la vejiga del propio cerdo. Una vez solidificada al enfriarse, la manteca podía ser utilizada y distribuida para su consumo. Además, la manteca fue valorada por su capacidad de conservación, siendo utilizada para preservar otros productos de la matanza, así como en la elaboración de dulces y postres, tales como tortas de chicharrones, mantecados y hojaldres.
La manteca de cerdo también fue utilizada con fines medicinales, en el documento Medicinas y conservas que se llevaron a las Indias en la expedición que partió, de agosto de 1495, figuraba la manteca de cerdo para el tratamiento de enfermedades.33 Respecto al sebo, uno de sus usos más frecuentes fue como material de reparación en la industria naval; en la lista de materiales básicos para la construcción de naves, destaca el sebo entre los componentes indispensables.34 Este uso se confirma con la práctica del carenado de las embarcaciones, que consistía en el mantenimiento y reparación del casco de las naves. El proceso implicaba poner la nave en tierra, exponiéndola al aire libre, rascar y limpiar la superficie, realizar los trabajos de carpintería y calafateado necesarios y, finalmente, aplicar un recubrimiento en la estructura, que incluía sebo del cerdo. Este recubrimiento, además de proteger la madera contra el deterioro causado por el gusano Teredo Navalis, que perforaba la estructura de las embarcaciones, servía como una capa protectora para su conservación.35
En el contexto de la exploración de Cuba, destaca la referencia de Puerto Carenas, cuyo nombre fue registrado en 1506, cuando Sebastián de Ocampo utilizó la bahía para el carenado de las embarcaciones empleadas en las avanzadas de exploración.36 Bartolomé de Las Casas refiere que ”uno de los navíos o ambos tuvieron necesidad de darse carena, que es renovalles o remendalles las partes que andan debajo del agua, y ponelles pez y sebo, entraron en el puerto que ahora decimos de la Habana, y allí se la dieron, por lo cual se llamó aquel puerto el Puerto de Carenas”.37
Otro uso relevante de la grasa del cerdo fue la fabricación de jabón. Para su elaboración, se utilizaban además, mantecas y en general, grasas de diversas procedencias, a las que se añadían algunos aceites. Estas sustancias se mezclaban y se hervía durante horas, en donde el jabón subía a la superficie mientras el agua quedaba en el fondo. Un claro ejemplo de la importancia económica de este producto es la Provisión dada por Colón en nombre de los Reyes, concediendo a perpetuidad a Pedro de Salcedo, la exclusiva de vender jabón en La Española (3 de agosto de 1499), que otorgó a Salcedo el monopolio de la venta de jabón en La Española.38 Relevante, también, fue la fabricación de velas, un recurso esencial para la iluminación diaria.39 La producción de velas a partir de la grasa de cerdo se destaca en varios documentos, como las provisiones de abril de 1495.40 Este aprovechamiento subraya la importancia de la inclusión del ganado porcino desde los primeros viajes al Caribe, dado que era un animal indispensable para la vida civil y económica, cuya crianza y distribución serían reglamentadas de manera extensa en las sociedades coloniales posteriores, en donde se encuentra la de la isla de Cuba.
La isla de Cuba en el marco de la ocupación hispana
En 1509, Diego Colón, virrey de la isla La Española, fue designado para investigar qué recursos existían en la isla de Cuba, con especial interés en la presencia de oro. La cédula emitida por el rey, el 14 de noviembre de 1509, lo ratifica: “Miguel Pasamonte me escrivio como havia platicado con vos (Diego Colón) que sería bien enviar a la ysla de Cuba a tentar sy en ella ay oro…”.41 La importante travesía fue asignada a Diego Velázquez Cuéllar, antiguo vecino de La Española, quien ya gozaba con cierta riqueza y había desempeñado puestos importantes como gobernador de algunas villas.42 Velázquez Cuéllar había llegado a la isla La Española en 1493, junto a Cristóbal Colón.43
En 1510, posiblemente antes del 11 de junio, como afirma Hortensia Pichardo Viñals, fecha en la que Diego Colón informa al rey que Diego Velázquez partió desde Salvatierra de la Sabana, villa de la isla La Española, con el objetivo de conquistar y poblar Cuba.44 Velázquez Cuéllar fundó la primera villa en la costa nororiental, nombrándola Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, que se describe en las crónicas como una comarca de la provincia de Maycí.45 Respecto al año de la fundación, y considerando la llegada de Velázquez Cuéllar a la isla de Cuba en 1510, es posible que este suceso ocurriera entre finales de 1510 y principios de 1511.
Durante el período comprendido entre 1513 y 1515, se produjo un incremento significativo en el poblamiento y la conquista castellana en Cuba. En este intervalo, se establecieron varias villas en la costa sur de la isla, como San Salvador de Bayamo (1513), Santísima Trinidad (1514), Sancti Spíritus (1514), San Cristóbal (1514) y Santiago de Cuba (1515). En contraste, en la costa septentrional, solo se fundaron Baracoa y Santa María del Puerto del Príncipe (actual Camagüey) en 1515. Las fundaciones situadas en la costa sur facilitaron las comunicaciones con La Española, Jamaica y Puerto Rico, sirviendo principalmente como centros logísticos para la constitución de armadas y el abastecimiento de alimentos y otros víveres. (Figura 1).
La armada de Francisco Hernández de Córdoba y el abastecimiento en Cuba, 1517
Con la culminación de la conquista de Cuba, la reproducción de diversas especies animales se convirtió en un objetivo fundamental para el establecimiento y poblamiento de la región. El cerdo (Sus scrofa) desempeñó un papel central en la alimentación, y se aprovechó integralmente esta especie, incluyendo carne, que, conservada en salazón y ahumada, así como en tocino proveniente de diferentes partes del animal (lomo, almilla y espinazo), se estima que podía conservarse hasta un año.
En 1517, según el relato de Bernal Díaz del Castillo, se conformó una armada compuesta por españoles residentes, la cual lideró Francisco Hernández de Córdova.46 La expedición aprobada por el gobernador Diego de Velázquez Cuéllar, consideró tres puntos estratégicos en la isla de Cuba como lugares de abastecimiento antes de dirigir su rumbo hacia el continente: Santiago de Cuba, Santa María del Puerto Príncipe (actual Camagüey), y Jaruco.
El aprovisionamiento que inició en Santiago de Cuba, consistió en ciento diez hombres, dos navíos y un bergantín, los cuales fueron aprovisionados con carnes tratadas, tales como tocino de puerco, carne salada y leña.47 Las descripciones indican que se trataba de una tierra fresca y templada, saludable, con puertos admirables y resguardados, ideales para la seguridad de las embarcaciones; así como abundantes y diversos árboles frutales, lo que denota una tierra fértil.48 La avanzada partió de Santiago en febrero de 1517, bajo la dirección de marineros experimentados, incluidos Antón de Alaminos, Juan Álvarez el Manquillo, Pedro Camacho de Triana, Ginés Nortes Gonzalo de Umbría y Francisco Gallegos. Bernardino Íñiguez de la Calzada actuó como veedor, y fray Alonso González desempeñó el rol de capellán. Bernal Díaz del Castillo, quien participó en las dos expediciones de exploración, así como en la armada de Hernán Cortés, menciona que se embarcaron animales vivos, específicamente puercos,49 los cuales jugaron un papel crucial en el mantenimiento de carne fresca durante el viaje.
La ruta de la expedición los llevó desde Santiago de Cuba por la costa norte, realizando una escala en Santa María de Puerto Príncipe.50 Investigaciones arqueológicas e históricas han asociado este sitio con Pueblo Viejo, en la bahía de Nuevitas,51 donde el análisis dietario muestra la presencia de cerdo (Sus scrofa).52 Bartolomé de Las Casas confirma que en este lugar se abastecieron de carne, agua y leña.53 Pueblo Viejo fue el primer asentamiento de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, actualmente conocida como Camagüey.54
Más allá de los motivos fundacionales de la villa, es importante destacar las observaciones de Bartolomé de Las Casas, quien describe al puerto como una región de gran fertilidad, rica en opciones para la caza y con abundancia de pescado. Estas características hacían de la región un lugar de alta atracción para los colonizadores castellanos.55 Las Casas menciona que algunos participantes de la exploración poseían haciendas en la región, desde las cuales se podía obtener los insumos referidos.56 Si se considera que estas haciendas proporcionaron carne, es plausible que se tratara de granjas dedicadas a la manutención y reproducción de los primeros animales introducidos por los europeos.
La expedición continuó su trayectoria hasta alcanzar el puerto de Jaruco, situados en las proximidades de Puerto Carenas. La extensión y ubicación de Jaruco, favorecieron la concentración y desarrollo de grupos humanos, considerando la relevancia del río Jaruco, que desemboca en la Boca del mismo nombre, en el límite costero de la región. Una de las evidencias más tempranas de la bonanza de la región es la solicitud de merced de tierras para la crianza de ganado en la sabana de Bainoa, realizada por Diego de Soto el 4 de marzo de 1559.57 Aunque la solicitud es posterior a la exploración de Hernández de Córdoba, muestra el interés en la región en términos de explotación y aprovechamiento de los recursos naturales (Figura 2). La expedición permaneció en el sitio hasta el 8 de febrero de 1517, fecha en que zarpó con el objetivo de descubrir nuevas tierras.58 Después de veintiún días de navegación, la expedición avistó en el horizonte tierra firme, que, según Bernal Díaz del Castillo “jamás había sido descubierta no se había tenido noticia de ella hasta entonces”59 La impresión fue notable no sólo entre los castellanos, sino también entre las comunidades locales, a quienes la tripulación llamó el “Gran Cairo”,60 siendo estas las primeras en presenciar los animales vivos que transportaron los europeos.
La exploración de Juan de Grijalva y el abastecimiento en la isla de Cuba, 1518
La información proporcionada por Francisco Hernández de Córdoba tras su travesía, incentivó al gobernador Diego Velázquez Cuéllar a organizar una nueva expedición. Este plan se divulgó en varias regiones de Cuba y se designó a Juan de Grijalva, sobrino del gobernador, como capitán de dicha empresa.61 Según Bernal Díaz del Castillo, la nueva armada contaba con cerca de 240 hombres, capitaneados por figuras históricas como Antón de Alaminos, piloto mayor que había participado en la exploración de 1517 y poseía cierto conocimiento del espacio.62 Además, se incorporaron individuos que jugarían un papel crucial en la futura conquista de México-Tenochtitlán, tales como Pedro de Alvarado, Francisco de Montejo y Alonso de Ávila, quienes también se encargaron de asegurar los recursos necesarios para los objetivos planeados. Incluyeron en su contingente a los intérpretes indígenas capturados en la expedición previa, Julianillo y Melchorejo, que habían aprendido algo de castellano.63 Los suministros, que incluían casabe y tocino como alimentos principales,64 fueron complementados con cerdos vivos que, por sus características y su potencial para la reproducción en la región, fue considerada una especie adecuada para la ocupación, según afirma Bartolomé de Las Casas.65 La armada zarpó de Santiago el 25 de enero de 1518, tomaron rumbo por la costa norte, haciendo escala en el puerto de Matanzas. Se estima que algunos vecinos de esta área, que tenían estancias de casabe y piaras, contribuyeron al abastecimiento.66 El cerdo resultó fundamental, además de casabe y otros bastimentos. La villa de Matanzas, según la descripción de Bernal Díaz del Castillo, era un puerto cercano a La Habana Vieja, donde los pobladores castellanos tenían estancias; esto sugiere que la región se especializaba en la producción de casabe y en la crianza de cerdos.67 Las características geográficas de Matanzas debieron ser muy parecidas a las del puerto Carenas, dada la corta distancia entre ambos puertos, que es de poco más de cien kilómetros. Su excelente ubicación de la bahía, la cual funcionaba como un puerto adecuado para los navíos, estaba respaldada por el cauce de los ríos Yumurí, San Juan y Canímar, que se ubican al norte, centro y sur de la bahía, respectivamente. Estas características geográficas, combinadas con las extensiones de tierra a lo largo de la bahía, crearon un entorno propicio para los primeros asentamientos castellanos productores dedicados a la producción.
La expedición se dirigió a Puerto de Carenas para obtener más provisiones, Las Casas indica que en este lugar se embarcaron cerdos y sus derivados.68 Puerto Carenas recibió su nombre en 1506, cuando Sebastián de Ocampo estuvo allí carenando sus embarcaciones.69 Los hallazgos arqueológicos del período colonial temprano incluyen el uso y consumo del ostión de mangle, moluscos y otros recursos marinos abundantes, principalmente pescado, que constituía una parte significativa de la dieta local70 (Figura 3).

Figura 3 Itinerario de la armada de Juan de Grijalva, enclaves en Cuba para el abastecimiento de animales vivos y productos derivados, posteriormente su traslado a territorio mesoamericano (1518). Diseño digital de Enrique Gómez Velázquez, 2025.
La integración de la interpretación histórica con los aportes arqueológicos, demuestra que, en 1517, Puerto Carenas albergaba un número considerable de colonos que poseían animales vivos, Las Casas refiere que en esa escala se embarcaron animales vivos como ovejas, puercos y yeguas.71 Finalmente, el día 8 de abril de 1518, la flota zarpó, dejando atrás la isla de Cuba, alrededor del 18 del mismo mes, después de cruzar el Cabo de San Antón, también conocido en la época por su nombre nativo, Guaniguanico, hasta hacer escala en la isla de Cozumel.72
Hernán Cortés y los enclaves de abastecimiento cubanos en la armada de conquista, 1519
Los viajes anteriores habían proporcionado pruebas contundentes, no sólo materiales de hallazgos y obsequios como el oro,73 sino también especulativas sobre una región de gran riqueza, evidenciada por las “señales que vieron”.74 Hernán Cortés, al saber del regreso de Juan de Grijalva, se dirigió personalmente a Trinidad para obtener información valiosa que confirmara la riqueza de la tierra.75 Con las licencias necesarias y el nombramiento como capitán general de la armada,76 Hernán Cortés lideró la tercera expedición, la más grande hasta entonces, compuesta por once buques.77
El capitán extremeño comenzó a planificar la expedición en la villa de Nuestra Señora de Asunción de Baracoa, después de capitular con Diego Velázquez y acordar las instrucciones para la travesía.78 Como parte de la estrategia, Cortés envió mensajes a varias villas buscando sumar apoyos; Bernal Díaz del Castillo refiere que varios vendieron sus haciendas para obtener provisiones, armas y caballos, que se invertirían en la exploración.79 De forma apresurada, la armada de Cortés partió el 18 de noviembre de 1518 desde el puerto de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.80 Considerando las descripciones de la región, la combinación de tierra fértil y el aprovechamiento de los ríos, arroyos, cañadas, y en general, las características típicas de la región, junto con el complejo relieve, facilitó la vida cotidiana y el abastecimiento necesario para la crianza y reproducción de las especies de animales vivos recién introducidos.
En cuanto a las provisiones iniciales, estas incluían puercos y carneros adquiridos por Fernando de Alonso a cambio de una cadena de oro, como afirma Bartolomé de Las Casas;81 además, se cargaron suministros como casabe, tocino, vino, aceite, habas y garbanzos,82 acompañados por trescientos españoles.83 En contexto, los siguientes cuatro meses fueron cruciales para la recolección del resto de las provisiones necesarias para la armada. Antes de partir del puerto de Baracoa, Cortés envió a Jamaica una carabela en busca de bastimentos, a cargo de Pedro Suárez Gallinato de Porra, con la consigna de adquirir bastimentos y encontrarse en el poniente de la isla de Cuba, específicamente en el cabo de Corrientes, también conocido punta de San Antón.84
El siguiente punto de aprovisionamiento fue el puerto de Macaca, de acuerdo con Las Casas, Cortés aseguró que el costo de estas provisiones correría a cargo del rey, describiendo esto, el dominico como “el robo que Cortés hizo de la hacienda del rey”.85 Igualmente, el dominico menciona que, al partir de Macaca, se recolectaron provisiones adicionales en pueblos y puertos a lo largo de la ruta,86 aunque no se disponen de detalles específicos sobre los nombres o ubicaciones exactas, debieron situarse entre Macaca y el siguiente punto de parada, la villa de Santísima Trinidad.
El área en cuestión tuvo que haber sido aprovechada por los grupos humanos debido a sus recursos naturales. Se aprovechó la red fluvial existente, con ríos, arroyos y lagunas cercanas, destacando el río Macaca como un recurso acuífero valioso, además de los manantiales próximos a la costa, la combinación de estas características y la evidencia de las haciendas mencionadas en la crónica, sugieren que se trató de una región propicia para el asentamiento castellano, facilitando la colonización y proporcionando recursos para la crianza de ganado porcino.
Antes de llegar a la villa de Santísima Trinidad, Cortés tuvo conocimiento de un navío procedente de Jamaica con dirección a Cuba, destinado a abastecer la zona minera. El extremeño confiscó el navío y su carga de puercos, tocino y casabe, integrándola a las provisiones de su armada.87 En Trinidad, Cortés recibió información sobre otro cargamento en dirección a las minas de Xagua, lo que supuso un incremento significativo en las provisiones disponibles; este cargamento incluía casabe, tocinos y maíz. Cortés envió a Diego de Ordás para apoderarse de la nave y dirigirla al cabo de San Antón en la punta occidental de la isla.88 Durante los doce días que permanecieron en la villa de Santísima Trinidad,89 Cortes engrosó aún más las provisiones mediante coacciones o negociación, adquiriendo más puercos, casabe, maíz, y algunos caballos, sumando entre cien y doscientos hombres que habían participado en la expedición de Juan de Grijalva.90
El itinerario planificado continuó hacia San Cristóbal de La Habana, Cortés negoció con Cristóbal de Quesada, responsable de la recaudación de los diezmos del obispo de la villa y receptor de bulas, la adquisición de dos mil tocinos y cargas de maíz y yuca.91 Como parte de su estrategia, el extremeño envió nuevamente a Diego de Ordás, desde Trinidad a San Cristóbal de La Habana, con el objetivo de llegar a la punta de Guaniguanico (San Antón), en el extremo occidental de Cuba. Allí, Diego Velázquez tenía una estancia con indígenas que producían casabe, tocinos y, principalmente, puercos en criaderos. Una vez cargado el navío con estas provisiones, esperarían la llegada de Cortés.92 Según Francisco López de Gómara, una vez completado el alistamiento en San Antón, donde se contabilizaron aproximadamente quinientos cincuenta efectivos españoles, Hernán Cortés designó a sus capitanes y nombró a Antón de Alaminos como piloto mayor, reconocido por su experiencia en las dos exploraciones anteriores. El 18 de febrero de 1519, zarparon con rumbo al territorio mesoamericano y este sería el inicio de conquista de Tenochtitlan (Figura 4).

Figura 4 Itinerario de la armada de Hernán Cortés, enclaves en Cuba para el abastecimiento de animales vivos y productos derivados, posteriormente su traslado a territorio mesoamericano (1519). Fuente: Diseño digital de Enrique Gómez Velázquez, 2025.
Con relación a los animales de mayor utilidad para Hernán Cortés y las huestes conquistadoras en Mesoamérica, el cerdo tuvo un lugar predominante, como ejemplo, en junio de 1520 fue capturada por los habitantes de Zultépec, lugar situado en el actual Estado de Tlaxcala, una caravana de castellanos que se dirigían a Tenochtitlan, se trató de un grupo rezagado conformado por hombres, mujeres y animales, propiedad de Cortés, después del enfrentamiento con Pánfilo de Narváez. Permanecieron prisioneros y gradualmente sacrificados en el lugar. Respecto a los animales, fueron sacrificados y colocados en contexto ceremonial, entre ellos se reconocieron vacas, caballos, cabras, perros y cerdos en trabajos arqueológicos, mismos que fueron parte de los bastimentos traídos de Cuba y protegidos por los castellanos. El cerdo destaca por el tratamiento ritual, siendo inhumado después del sacrificio, acompañado de ofrendas de vasijas y alimentos.93
Conclusión
El Caribe se presenta como un espacio heterogéneo en el que diversos intereses, tanto individuales como colectivos, buscaron consolidarse en el marco de la empresa colonial de la Corona de Castilla, orientada a la dominación de los territorios recién ‘descubiertos’. En este contexto, la isla de Cuba y el transporte de animales vivos, principalmente el cerdo y sus derivados, jugó un papel esencial, no sólo en la vida cotidiana de los colonos, sino también en la consolidación de una red mercantil.
Las crónicas destacan la importancia que Hernán Cortés le asignaba a la selección de las provisiones adecuadas, fundamentales para alcanzar el objetivo de poblar y conquistar el territorio mesoamericano. De modo que, durante los cuatros meses comprendidos entre la instrucción y la salida de Cuba, se estructuró una selección variada de víveres para la manutención de la tripulación por varios meses. A pesar del limitado número de villas, poblaciones y asentamientos en la isla de Cuba, esta resultó ser un territorio estratégico para la logística de la conquista de México-Tenochtitlán, perfectamente aprovechado por Hernán Cortes. Los animales vivos jugaron un papel crucial como principal fuente de proteína cárnica en sus diversas formas; mientras que otros elementos comestibles, contribuyeron al logro de los objetivos de la expedición.
En definitiva, la relevancia de la ocupación de las villas cubanas como centros de abastecimiento de animales vivos y productos derivados en el contexto de las expediciones de exploración y conquista hacia Mesoamérica, fue trascendental. En ese contexto, el conocimiento de las características geográficas de estos lugares a nivel micro y macro espacial, así como la relación del hombre con la fauna local, permitió establecer una red de abastecimiento efectiva para las expediciones castellanas al continente.
La llegada del cerdo europeo y canario a América, produjo una revolución en diversos ámbitos, para el caso de la ocupación del Caribe y de Mesoamérica, resultaron ser además de un factor de ocupación por estancieros y ganaderos, la aceleración y la acentuación de la propiedad privada, directamente relacionadas con aspectos mercantiles. La puesta en práctica de la sistematización, tras la experiencia de 25 años en el Caribe (1492-1517), de una rápida colonización, así como, la generación de estrategias de control, resultaron en importantes acciones para consolidar las bases políticas y sociales inicialmente en el Caribe antillano, para posteriormente permear al grueso del continente.
El estudio deja la posibilidad no solo de acercarnos las prácticas iniciales de la ganadería en las primeras colonias en América, sino también profundizar en los procesos de adaptación variedades de animales, los cuales, en algunos casos, han perdurado hasta nuestros días. La propuesta abre áreas de investigación con relación a la ocupación y el traslado de otros animales y sus derivados de consumo al resto de las ínsulas del Caribe que, posteriormente fueron introducidas en el continente, con un uso y aprovechamiento similar, que se integraron gradualmente a una nueva cultura sincrética.
Fuentes impresas
Bernardo y Estrada, Rodrigo, Prontuario de Mercedes, o sea índice por orden alfabético de las mercedes concedidas por el Ayuntamiento de la Habana en cuanto a las haciendas de crianza de animales. Establecimiento tipográfico La Cubana, Mercaderes, Habana, Establecimiento tipográfico La Habana, 1857.
Chacón y Calvo, José María, Cedulario cubano los orígenes de la colonización I (1492- 1512), vol. 6, núm. 1, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1929.

















