Introducción
La historia colonial del sur de Chile se ha centrado, en gran medida, en la frontera del Biobío como el límite demarcatorio entre la administración española y las tierras habitadas por los indígenas.1 Esta frontera, establecida alrededor de 1612,2 ha sido objeto de numerosos estudios que destacan la resistencia indígena y los múltiples intentos de conquista por parte de las autoridades coloniales.3 No obstante, a la sombra de esta reconocida división, exploraremos la relevancia del Valle del Itata4 desde una perspectiva que supere el determinismo geográfico y las críticas sobre su carácter colonialista y económico requiere una reinterpretación fundamentada en la geografía cultural.5 Este enfoque permite abordar el espacio no solo como un elemento físico, sino como una construcción social y simbólica que resulta de interacciones históricas y culturales. Desde esta perspectiva, el Valle del Itata no debe ser entendido únicamente como un territorio explotado por los colonos españoles, sino como un espacio previamente habitado y transformado por comunidades indígenas que dejaron huella en su configuración territorial.
Siguiendo las ideas de Paul Claval, el espacio es un producto dinámico de procesos históricos, representaciones simbólicas e interacciones sociales6. En este sentido, el Valle del Itata fue más que un recurso explotable para los españoles: representaba un paisaje cultural configurado por prácticas indígenas. Los picunches, chiquillanes y pehuenches desempeñaron un rol activo en la construcción del territorio mediante actividades como la agricultura, el manejo del agua y la movilidad estacional. Estas prácticas no solo adaptaron el entorno a sus necesidades, también crearon un sistema de organización social y territorial que antecedió y dio formas a las intervenciones coloniales.
La llegada de los españoles al Valle del Itata introdujo nuevas formas de organización territorial. La fundación de San Bartolomé de Chillán en 1580 marcó un hito en la transformación del paisaje, inicialmente como una fortaleza defensiva y, más tarde, como un núcleo de desarrollo económico.7 A partir de 1612, las estancias, el sistema de encomienda8 y los jesuitas realizaron incursiones misioneras,9 estrecharon lazos con las comunidades locales,10 lo cual contribuyó a redefinir el espacio, integrando elementos indígenas en un modelo territorial basado en el control y la explotación económica. No obstante, estas intervenciones también funcionaron como espacios de interacción y adaptación mutua entre indígenas y colonos.11
En términos geográficos, el Valle del Itata debe analizarse como un espacio socialmente construido, donde las prácticas y representaciones de diversos grupos -indígenas e hispanos-, convergieron en un proceso continuo de negociación y conflicto. Por ejemplo, después del desastre de Curalaba de 1598, los colonos españoles desarrollaron actividades agrícolas, ganaderas y vitivinícolas al norte del río Biobío; los jesuitas, al establecer misiones y estancias no solo consolidaron el dominio colonial, sino que también participaron en procesos de intercambio cultural con las comunidades indígenas. Este intercambio dio lugar a paisajes híbridos que combinaban elementos naturales reinterpretados desde perspectivas indígenas y coloniales,12 dando lugar a nuevos significados culturales y religiosos.
La fundación de Chillán en 1580 y el desarrollo del Valle del Itata no pueden ser explicados por factores naturales como la fertilidad del suelo o la ubicación estratégica. Desde la perspectiva de la geografía cultural propuesta por Paul claval, es necesario considerar el espacio geográfico como una construcción social y simbólica, producto de las interacciones humanas, los significados culturales y las transformaciones históricas. En este sentido, la elección del Valle del Itata para la fundación de Chillán en 1580 y su posterior desarrollo como refugio y núcleo económico de los colonos españoles debe analizarse dentro de un marco que integre tanto las dinámicas culturales indígenas, así como a las intervenciones coloniales.
En lugar de atribuir la fundación de Chillán únicamente a elementos naturales, esta investigación propone que el Valle del Itata fue configurado por procesos culturales e históricos13 que involucraron la interacción entre comunidades indígenas y colonos españoles. Nuestra hipótesis sostiene que el espacio intrínseco del valle, en combinación con factores históricos como la llegada de soldados y encomenderos desde 1550, desempeñó un papel crucial en la transformación del territorio en un núcleo de defensa y producción tras el desastre de Curalaba en 1598. Desde esta perspectiva, el objetivo es analizar el poblamiento español en el Valle del Itata, entendiendo el espacio como un escenario dinámico de significados sociales y culturales en constante cambio.
Esta investigación se enmarca alrededor de los estudios de frontera, contribuyendo al entendimiento de la expansión territorial español y su relación con el medio desde una perspectiva que trasciende el determinismo geográfico. A diferencia de enfoques tradicionales que explican los procesos históricos exclusivamente a partir de las condiciones físicas del entorno. Este estudio adopta una mirada de la geografía cultural, considerando el espacio como una construcción social y simbólica, producto de las interacciones históricas y culturales entre los actores involucrados. El análisis se centró en la literatura relacionada con la geografía del Valle del Itata y la fundación de Chillán, incorporando fuentes primarias como el acta fundacional de Chillán, crónicas, la Colección de Historiadores de Chile, cartografía y cartas, que documentan la situación del Valle del Itata, la llegada de soldados, encomenderos y la fundación de Chillán. Estas fuentes, permiten reconstruir una visión compleja del período, destacando la interacción entre las comunidades indígenas y los colonizadores en la configuración del espacio. Desde este enfoque, se identificaron categorías relevantes, tales como: a) la geografía física del Valle del Itata, b) los factores que influyeron en el asentamiento español en el valle, c) la fundación de una ciudad-fuerte fronteriza, y (d) los problemas tras la fundación de Chillán, proporcionando una comprensión integral de los procesos históricos que dieron forma al territorio.
La geografía física del Valle del Itata
Las crónicas coloniales sobre América, y particularmente sobre el territorio chileno, revelan cómo el territorio fue conceptualizado y transformado para responder a las necesidades y objetivos de la colonización.14 Este paisaje geográfico americano, que estaba ante los ojos del español, era la expresión visible del territorio, el cual poseía características que lo hacían claramente diferente en cuanto a extensión y proporción.15
En el caso de Chile, desde el norte hasta el sur, presentaba paisajes naturales únicos, como desiertos, bosques inaccesibles, campos de hielo y planicies costeras; estas particularidades en la diversidad en cuanto a los paisajes fueron consideradas por los españoles como un lugar irrepetible y único.16 Por ejemplo, en la región central, comprendida entre los ríos Aconcagua y Biobío, se observan claramente las cuatro macroformas del relieve chileno. Jerónimo de Quiroga realizó una descripción de la geografía de la Cordillera de la Costa y de los Andes, destacando tanto su belleza, como su potencial económico en términos de recursos alimenticios. En la Figura 1 se evidencia, lo descrito por Quiroga, la majestuosidad y singularidad de las alturas, la abundancia de los ríos y las características volcánicas que la zona posee.

Fuente: Qualle, P. Alfonsi de. Tabvla geographica regni Chile, 1645.
Figura 1 Tabla geográfica reino de Chile, 1645.
Quiroga enfatiza que la Cordillera de los Andes está cubierta de nieve durante todo el año. Hay una cordillera menos alta que se extiende a lo largo de la costa de Chile, conocida como la tierra doblada. En ella se encuentra el fértil Valle de Copiapó, considerado la entrada a estas provincias desde Perú. Sin embargo, más adelante, en los llanos de Osorno y Villarrica, la cordillera alta y baja se estrecha hasta unirse, marcando el fin del valle y el comienzo del Estrecho de Magallanes.17
Las referencias de Jerónimo de Quiroga a la ausencia de animales ponzoñosos y a la seguridad del entorno destacan un ideal de orden y control sobre la naturaleza, acorde con los intereses de los colonizadores.18 Asimismo, la explotación de recursos marinos y forestales, así como la valoración de las características climáticas y geográficas reflejan la integración de la naturaleza en un modelo de producción y dominio que buscaba consolidar el poder español. Por ejemplo, la mención de los valles fértiles y la disponibilidad de manera útil para la construcción refleja una mirada técnica que busca integrar estos recursos en la infraestructura colonial. Al mismo tiempo, las referencias al paisaje como un lugar de pureza y abundancia natural proyectan una imagen simbólica que refuerza la idea de un territorio idealizado y prometedor.
Juan Ignacio Molina está de acuerdo con las características descritas por Quiroga, ya que también resalta la majestuosidad de las cumbres, la extensión de la cadena montañosa de aproximadamente cuarenta leguas y la presencia abundante de ríos y cascadas a lo largo del territorio. Además, menciona la gran cantidad de volcanes que representan las alturas máximas en la zona. En relación con la cordillera de la Costa, Molina menciona que ésta presenta variaciones en altura a medida que se extiende hacia el sur, incluso dividiéndose en dos brazos en algunos sectores, lo cual favorece a la formación de valles fértiles en el interior.19
El paisaje descrito por Quiroga y Molina no es solo un escenario físico, sino una proyección de las aspiraciones coloniales, los sueños de riqueza y poder, y las utopías que los españoles asociaban con este nuevo mundo. La descripción de fertilísimos valles, ríos cristalinos y cielos puros no es una simple observación, sino una narrativa legítima de la apropiación del territorio que refuerza su valor estratégico, económico y cultural. Esto último es evidenciado por Pedro de Valdivia, quien quedó impresionado por la extensión y profundidad del Río Biobío, las condiciones climáticas favorables, la disponibilidad de agua dulce y la fertilidad de la tierra. El primer gobernador, consideró las tierras al norte del Biobío como un lugar para satisfacer las necesidades económicas y alimenticias de los colonos.20 En este contexto, la elección de la cuenca del Itata adquirió una importancia para la sobrevivencia de los españoles, abarcando las subcuencas de los ríos Itata, Ñuble21 y Diguillín. Esta región se caracteriza por tener una topografía de colinas redondeadas, pendientes suaves y cimas planas que se alternan con valles de fondo plano y vegas de considerable amplitud.22
En la Figura 2 se observa la extensión del Valle del Itata y su conexión con las zonas circundantes. Esto revela la importancia estratégica del valle para los españoles, ya que sirve como un paso obligado que conecta las regiones Norte y Sur. Es un espacio histórico construido a través de las relaciones sociales entre individuos, grupos e instituciones.

Fuente: López, Mapa de una parte de Chile, que comprende el terreno donde pasaron los famosos hechos entre españoles y araucanos, 1777.
Figura 2 Valle del Itata.
El clima mediterráneo del Valle del Itata permitió la subsistencia de pueblos originarios agro-alfareros como los picunches23 chiquillanes24 y pehuenches.25 Estas comunidades se establecieron en pequeños asentamientos familiares en los alrededores del valle, donde pudieron practicar la agricultura y cultivar “maíz y papas y una hierba a manera de avena”,26 cazar y pescar en abundancia, favoreciendo su subsistencia.27 Este modo de vida refleja una relación simbiótica entre los grupos indígenas y el espacio, en el que los recursos naturales no solo eran explotados, sino que también formaban parte de una cosmovisión que integraba lo sagrado y lo práctico.
La llegada de los españoles supuso una reconfiguración del paisaje y de las prácticas culturales asociadas al valle. La introducción de nuevas especies vegetales y animales, como el trigo, las legumbres, los árboles frutales, el ganado vacuno, ovino, porcino y equino, transformó las dinámicas productivas del territorio. Estos elementos, aunque inicialmente foráneos, fueron asimilados y resignificados por las comunidades indígenas, integrándose en sus prácticas agrícolas y alimenticias. El caballo, por ejemplo, no solo se convirtió en un medio fundamental de transporte y combate, sino que también adquirió un valor simbólico como elemento de poder y prestigio.28
El paisaje del valle también se define por su flora y fauna autóctonas, como los canelos, avellanos, boldos, robles, palmas y quillayes, junto con especies animales como zorros, pumas y una gran diversidad de aves e insectos. Estos elementos naturales no eran simplemente recursos explotables, sino que estaban cargados de significados culturales para los indígenas los cursos de agua, como el Río Cholguán, que fluye a través de Yungay, constituían no solo una fuente vital para la subsistencia de indígenas y españoles, sino también un eje en torno al cual se estructuraban las prácticas sociales que fueron cambiando con el tiempo.
Factores del poblamiento español en el valle de Itata
El territorio es un factor primordial para la organización espacial y social. Luis Sánchez Ayala se refiere al territorio como el lugar donde el individuo y la comunidad arraigan y afirman sus valores, es decir, como una forma en que el ser humano se identifica y se apropia de un lugar.29 Este arraigo territorial se evidencia en los orígenes del poblamiento español en el Valle del Itata entre los años 1550 y 1580, donde se observan factores que impulsaron el crecimiento demográfico y urbano,30 como la fundación de Chillán en 1580.
En este sentido, el territorio fue configurado por factores físicos, como el clima mediterráneo y la topografía favorable, y por interacciones sociales, económicas y políticas entre indígenas y colonizadores.31 Este proceso incluyó la asignación de encomiendas y mercedes de tierras, incorporando tanto elementos indígenas como europeos, creando un hibrido del uso del territorio que incluyó técnicas agrícolas y organización espacial. Según Stweart, Urbina y Adán el papel de los encomenderos y caciques, a través del sistema de encomiendas, permitió la interacción y negociación entre las comunidades indígenas y los colonos.32 Esta dinámica se observa en las transaccones territoriales registradas en el Valle del Itata, como se muestra en la Tabla 1.
Tabla 1 Encomiendas en el Valle del Itata hacia 1552
| Nombre del encomendero | Ubicación actual |
| Juan Valiente | Quirihue |
| Hernando de Huelva | Chillán San Carlos Coihueco |
| Ortuño Jiménez | Bulnes Yungay Quillón |
| Gerardo Jil | Ninhue |
| Antonio Lozano | Coelemu |
Fuente: Reyes Coca, Algunos elementos catalizadores, p. 70.
En las cartas de Pedro de Valdivia, la fertilidad del suelo fue una razón para otorgar encomiendas a vecinos de Concepción. Estas concesiones no solo buscaban garantizar la explotación económica del territorio, sino también afirmar un orden social y cultural mediante la evangelización y el control de la población indígena. Ejemplo de ello, es la encomienda otorgada a Juan Valiente, que incluía al cacique Gabipillanga y su comunidad, bajo la condición de adoctrinar a los indígenas en la religión cristiana.33
El sistema de encomiendas fue esencial para articular las relaciones entre los colonizadores y las comunidades indígenas. Hernando de Huelva, Gerardo Jil y otros encomenderos desempeñaron un papel en la construcción de caminos y puentes. Estas obras evidencian la manera en que los colonizadores transformaron el espacio, adaptándolo a las necesidades de un modelo colonial, pero también integrando conocimiento y prácticas indígenas.
Otra importante encomienda tuvo lugar en octubre de 1550, cuando se entregaron indios al conquistador Lope de Landa en reconocimiento a sus servicios durante la conquista de Chile. Los caciques Guaripanga y Guarolanque, junto con sus herederos y mil quinientos indios de visita de la región del Río Nivequeten (Río Laja), fueron entregados a Landa para ser instruidos en la fe católica.34
Pedro de Valdivia también concedió una encomienda al capitán Pedro León cerca de Chillán, pero este la abandonó rápidamente por otra en Imperial. Luego, Valdivia otorgó la encomienda a Hernando de Huelva, de lo que serían las zonas actuales de Coihueco, Itihue y Chillán.35
En julio de 1551, se concedió otra encomienda a Ortuño Jiménez de Vertendona en el área que hoy corresponde a Bulnes. A Gerardo Jil se le entregó una encomienda entre Ñuble y Maule, y luego fue traspasada a Antonio Lozano.36
Estas concesiones de encomiendas demuestran que el territorio comenzaba a tener una estructura física y social. Los encomenderos utilizarían las extensas tierras para la agricultura y la cría de ganado. Además, el virreinato peruano ofrecía un mercado potencial para productos como el sebo, el vino, el maíz y el trigo.
La configuración del territorio en el Valle del Itata fue el resultado de un proceso de negociación, conflicto y adaptación entre culturas. Este proceso de colonización tuvo un impacto en las comunidades indígenas, que sufrieron la pérdida de sus tierras, la explotación laboral y la imposición de una nueva forma de vida. La resistencia y la lucha por la preservación de su cultura y territorio fueron constantes a lo largo de la historia colonial.
El avance de las encomiendas sirvió para reafirmar la conquista y solucionar el problema del abastecimiento del ejército y de los vecinos de Concepción. En ocasiones, estos tuvieron que “recurrir en situación de crisis a Santiago y Valdivia de bastimentos especialmente de trigo y vino”.37
Otro factor en la configuración del territorio en el Valle del Itata, antes de la llegada de los conquistadores, es que dicha zona era parte de un sistema territorial mapuche que priorizaba la adaptación al entorno natural. Como destaca Hugo Capellà Miternique, este modelo de organización espacial estaba vinculado a los elementos naturales, con los ríos como ejes de comunicación social. El leuvu, o río en lengua mapuche, no solo estructuraba las redes comerciales hacia el este, sino también representaba una cosmovisión espiritual centrada en la naturaleza y su relación con la comunidad.
Con la llegada de los españoles, el territorio comenzó a experimentar una transformación radical. La encomienda otorgada a Ortuño Jiménez de Vertendona ayudó a construir las primeras formas de estructuración del espacio a partir de la construcción de puentes y caminos38 para mejorar la conectividad territorial.39 Estas obras, aunque esenciales para la colonización, también se convirtieron en un símbolo de imposición española sobre las estructuras preexistentes.
El choque entre el modelo territorial mapuche y el europeo se manifestó en múltiples ámbitos. Mientras que los indígenas priorizaban la armonía con el medio ambiente y las relaciones horizontes dentro de sus comunidades, los españoles buscaban imponer una organización jerárquica basada en la explotación económica. Este conflicto se evidenció en la creación de caminos que rompieron las estructuras territoriales locales y facilitaron el dominio colonial.
A pesar de las tensiones, el encuentro entre estas dos culturas también generó espacios de transición que pueden ser entendidos como fronteras dinámicas. Estos espacios, como señala Hugo Capellà Miternique, no eran simples límites, sino áreas de intercambio y contacto, donde se negociaban nuevas formas de organización y convivencia. La interacción entre encomenderos e indígenas en el Valle del Itata es un ejemplo de cómo estas fronteras dieron lugar a una hibridación cultural y territorial.40
Así lo demuestran los estudios de Marco Reyes Coca, quien enfatiza que la conectividad al norte del Biobío era un espacio infinito
como el inmenso hinterland penquista entre Punta Lavapié y el río Maule, la costa y el valle interior, donde no existía ningún foco humano que controlara ese espacio. Toda la atención se centraba en lo que acontecía al sur del Biobío”.41
La escasa seguridad de los incipientes caminos entre Concepción y los centros poblados y productivos ubicados al sur, así como la peligrosidad debido a la larga distancia entre Concepción y Santiago, eran un problema que la administración no podía solucionar a corto plazo.
La seguridad fue otro factor que influyó en el poblamiento del Valle del Itata. En este sentido, Arnoldo Pacheco, reveló que la seguridad se basaba en la fundación de un conjunto de fuertes-ciudades que servían como centros donde se ejercía el dominio militar sobre el territorio. La ciudad de Concepción estaba constantemente expuesta a los ataques de los aborígenes.42 Por ejemplo, en 1564, el ejército de Lorenzo Bernal se enfrentó al toqui Antiguenu cerca de los ríos Biobío y Vergara, resultando en la muerte del último. Uno de los subalternos de Antiguenu, llamado Lillemu, luchó en los partidos de Itata y Chillán, donde derrotó a un destacamento de 80 españoles al mando de Pedro Balsa provenientes de Concepción. Sin embargo, Lillemu fue derrotado posteriormente y perdió la vida junto con sus valerosos compañeros.43
Tras la muerte de los toquis Antiguenu y Lillemu, en el año 1574, los indígenas hicieron alianza con un mestizo. Según el padre Molina, los indígenas buscaban beneficiarse de esta alianza al hacerles creer que eran considerados como parte del grupo nativo. Así, nombraron a uno de los llamados Alonso Díaz como Toqui, quien adoptó el nombre de Paynenancu, quien había estado sirviendo en sus tropas durante diez años, destacándose por su valentía y habilidad.44 Era una persona audaz y temeraria que atacaba casi siempre a los españoles con tropas inferiores en número; a pesar de ello, sus incursiones fueron relativamente exitosas. Se enfrentó en Concepción y Villarrica, donde fue derrotado por el Maestre de Campo Bernal y el comandante Rodrigo Bastidas. En el año 1576, Paynenancu continuó realizando correrías en las cercanías del Biobío e Itata, pero fue nuevamente derrotado por las fuerzas españolas. Desde 1580 hasta 1583, Martín Ruíz de Gamboa tuvo que enfrentar los intentos de Paynenancu y las incursiones de los pehuenches y chiquillanes.
Estos constantes ataques de los pehuenches, picunches y chiquillanes a las encomiendas impulsaron la idea de establecer una fuerza militar para defender el Valle del Itata. La situación de inseguridad entre españoles e indígenas requería una solución urgente. Esta falta de seguridad amenazaba una de las fuentes de producción minera en el territorio aurífero, que se extendía a las zonas de Arauco, Tucapel y Angol. De haberse perdido estas áreas, habría tenido graves consecuencias para el dominio español.
Además de la resistencia y formación de alianzas indígenas, se sumó la escasez en la producción de oro. A mediados del siglo xvi, la administración paulatinamente desplazó sus intereses hacia la ribera norte del Biobío, debido a la riqueza agrícola y climática del Valle. Esto sentó las bases para dos sociedades que se acostumbraron a la negociación fronteriza o al pacto colonial. Estas razones llevaron a las autoridades a proponer la fundación de un fuerte y, posteriormente, de una ciudad.45
La fundación de un fuerte en el Valle del Itata cumplió funciones de protección para el extenso espacio geográfico entre Maule y Concepción. Contribuyó a la seguridad de las estancias, los caminos y el incipiente comercio en desarrollo entre las ciudades del sur y del norte. Además, facilitó el paso de las tropas peninsulares ante posibles “accidentes [...] y proporcionó mayor seguridad al reino”.46 La urgencia de establecer fortalezas entre los ríos Itata y Ñuble implicó la necesidad de organizar un nuevo orden geopolítico que sirviera como corredor defensivo y de comunicación entre Concepción y las ciudades ubicadas al norte.
Probablemente, esta necesidad surgió como consecuencia de la creciente influencia de los vecinos de Concepción, que administraban sus repartimientos y encomiendas desde el año 1550 y, en un período de treinta años se continuó poblando con encomenderos,47 además, también influyó la donación de mercedes de tierras entregadas a los pobladores de Chillán entre 1579 y 1597 como se evidencia en la Tabla 2.48
Tabla 2 Mercedes de tierras entregadas a los pobladores de Chillán, 1579-1597
| Gobernador | Fecha | Dueño | Ubicación | N° cuadras |
| Rodrigo Quiroga | 16 de noviembre 1579 | Francisco Ortiz de Atenas | Río Ñuble | 676 |
| Martín Ruíz de Gamboa | 4 de enero de 1580 | Cristóbal Gangas | Río Chillán | 600 |
| 27 de junio de 1583 | Estaban Lagos | Los Guindos | 15000 | |
| Alonso Sotomayor | 6 de enero de 1585 | Melchor Alejos | Río Ñuble | 200 |
| 6 de julio 1586 | Gabriel de Gaona | Yaguelma | 2405 | |
| 1586 | Juan Ocampo | Rentocura | 1000 | |
| 10 de enero 1589 | Juan Ramírez de Vidal | Estero Lajuela | 3000 | |
| 17 de abril 1589 | Cristóbal Luis | Chacailemu | 1500 | |
| 1590 | Rodrigo Verdugo | Ríos Cato y Ñuble | 500 | |
| 1590 | Luis Contreras | Curamavida | 400 | |
| 18 de mayo 1592 | Alonso García de Ramon | Culiumavida | 500 | |
| 1596 | Juan de Guzmán | Perquilauquen | 2000 | |
| Martín García de Loyola | 1596 | Cristóbal Salvador | Salto de Laja | 800 |
| 1597 | Nicolas Urra Castilo | Larque | 7500 |
Fuente: Stewart, Urbina, Adán, Entrega de tierras en la jurisdicción, p. 11.
La fundación de un fuerte representó, entonces, la necesidad de protección y conectividad, factores fundamentales para el poblamiento del valle. Así lo ha destacado Marco Reyes Coca, quien se refiere a los matices y características de la conquista. La lejanía y el aislamiento territorial, los terremotos y maremotos, junto con la inquebrantable resistencia indígena en la frontera, determinaron que los fuertes desempeñaran un papel como centros de irradiación. Muchos de los fuertes fundados se convirtieron en núcleos alrededor de los cuales se estableció una población formal, como fue el caso de San Bartolomé de Chillán.49
Otro factor es la posición estratégica del fuerte, pues, debía servir como punto de partida para la expansión territorial, puesto que había una clara necesidad de implementar un espacio de colonización que asegurara la sucesión territorial entre el conquistador y el indígena, afirmando el predominio del pacto colonial que permitiera la distribución de la riqueza. Era imprescindible mantener la disponibilidad de mano de obra para la incipiente estructura económica, y su infraestructura debía instalarse en Chillán y garantizar la producción agropecuaria en la inestable frontera del Biobío.50
El primer proyecto de fundación en el Valle del Itata estuvo a cargo de Lorenzo Bernal del Mercado, conocido como el fuerte de San Ildefonso. No está claro cuándo fue construido, pero muy probablemente fue entre 1565 y 1575.51 Todo indica que los factores estratégico-militares influyeron en la fundación del fuerte, tanto en su ubicación como en su desarrollo y trazado.52 En cuanto a su propósito, se puede asumir la doctrina general para todos los fuertes, como lo señaló el gobernador Rodrigo de Quiroga López de Ulloa, quien entendía que, si bien la conquista debía realizarse mediante la fuerza militar para controlar las alianzas indígenas, los fuertes también debían brindar protección a lo que en esa época se consideraba civilización. Y actuando en consecuencia con esa convicción, trabajó con empeño y suerte para asegurar la tranquilidad de los territorios libres de guerra, promoviendo la agricultura, las industrias y la minería.
El gobernador también creía firmemente que se podría resolver el problema de abastecimiento y seguridad mediante la fundación de un fuerte cerca de Concepción. Este fuerte estaría ubicado aproximadamente a:
veinte leguas de La Concepción, un poco más hacia el trópico y a unos treinta y seis grados de latitud, casi en el punto intermedio del reino. Estaría situado en una especie de península formada por los caudalosos ríos Ñuble y Chillán, donde hay una llanura de notable extensión, tan fértil y hermosa que parece que la naturaleza se esforzó o se deleitó en crear un paraíso condensado con todos los atractivos que el deseo puede anhelar.53
Este fuerte sería un foco para la región circundante
centrifugo [...] de desarrollo civilizador. Como las ondas concéntricas que se forman al lanzar una piedra al agua, sus alrededores sentirían sus beneficios en proporción a la distancia que los acerca o separa de ese centro vivificante. A medida que los campos vecinos se incorporaran al desarrollo agrícola, la influencia de la ciudad se expandiría en un radio cada vez mayor a lo largo de los años, siguiendo un ritmo constante”.54
En 1579, Rodrigo de Quiroga ordenó a Martín Ruíz de Gamboa establecer la fortaleza de San Bartolomé. Es probable que esta nueva fortaleza se construyera sobre la base del primitivo fuerte de San Ildefonso, cuyas características se describen a continuación:
Había un pequeño fuerte de empalizada con su foso, diseñado de tal manera que, quedando con poca gente, se mantuviera seguro frente al ataque enemigo y para que la gente que permaneciera dentro pudiera aprovechar al máximo su capacidad al contar con refuerzos adicionales para salir y enfrentar al enemigo. Así se aprovechaba al máximo la capacidad defensiva, dejando solamente a los enfermos y ancianos en el interior del fuerte, sin correr riesgos. Por lo general, durante todo el año, el fuerte se mantuvo en guerra con los indígenas, impidiéndoles descansar ni un solo momento.55
Una vez fundada la fortaleza, esta fue protegida por una guarnición de soldados que impedía que los indígenas del otro lado del Biobío llegaran en sus incursiones hasta Concepción. Esta protección era “vitalmente necesaria para un territorio donde la mayoría de su población permanecía armada”.56 Su principal responsabilidad era controlar las incursiones indígenas y proporcionar cereales, legumbres, vino, carne de cordero y de res al ejército de la frontera.
Fundación de una ciudad-fuerte fronteriza
El peligro representado por la resistencia y la formación de alianzas se vio agravado por la amenaza pirata. En 1578, Francis Drake saqueó Valparaíso, demostrando la vulnerabilidad y la posible conquista del Estrecho de Magallanes por parte de potencias extranjeras, cuyas consecuencias podrían afectar la seguridad de Chile y del Virreinato. En respuesta, las autoridades chilenas enfatizaron la urgente necesidad de tropas y recursos, así como la legalización de la esclavitud para ganar la Guerra de Arauco y detener las amenazas extranjeras.
La incertidumbre en torno a la seguridad interna y la amenaza extranjera en Chile contribuyó a la decisión de establecer un centro urbano en el Valle del Itata. En este sentido, la urgencia de fundar una ciudad-fuerte que colaborara con la defensa del territorio “contra los ataques de los Pehuenches”,57 las amenazas extranjeras, el abastecimiento del ejército, la seguridad de los caminos reales y la comunicación interna fue una de las tareas que Rodrigo de Quiroga dejó a su sucesor.
La muerte del gobernador, en febrero de 1580,58 resultó en el nombramiento de Martín Ruíz de Gamboa como gobernador interino. Una de sus primeras acciones fue movilizarse con el ejército para enfrentar a los indígenas que ingresaban y salían de las tierras al norte del Río Laja a través de los pasos y brechas en la cordillera que se extendían a lo largo de la isla de La Laja. Ruíz de Gamboa “recorrió esas llanuras, despejándolas de los bárbaros que las hostilizaban, y fundó la ciudad de Chillán”.59
Esta ciudad-fuerte asumió un papel estratégico y militar “en el territorio comprendido entre los ríos Itata y Laja, que era el límite del hábitat de los Picunches, Pehuenches y Mapuches, y servía como frontera contra los ataques indígenas”.60 Estos enfrentamientos bélicos y la compleja organización indígena en el espacio situado entre los ríos Itata-Ñuble-Biobío61 explican la fundación de Chillán, ya que sirve como baluarte contra los indígenas de las llanuras y las montañas, a partir de un fuerte que ya se había construido en 1579.
En el caso de Chillán, el gobernador ordenó la construcción de una iglesia, erigió el rollo tradicional en la plaza como símbolo de jurisdicción urbana, estableció el cabildo y repartió solares a aproximadamente cien vecinos.62 Sin embargo, no existen registros de algún plano que evidencie su primera estructura urbana, aunque las fuentes indican que estaba rodeada por una empalizada que albergaba la plaza central, el almacén, las casas de los soldados y el cuerpo de guardia. Se supone que la cantidad de tierra que cada vecino recibía y su proximidad a la plaza correspondían a su estatus. Alrededor de la fortaleza se construyeron la Iglesia Mayor, la casa del cura y las casas de los vecinos que tenían cultivos en las afueras del fuerte. Figura 3 63

Fuente: Este plano fue dibujado por Patricio Brownell (téc. Cartógrafo). Con base en los antecedentes proporcionados por el acta de Chillán (1580) y usándose como modelo el plano de la población de Los Ángeles por no encontrarse en los archivos el original de la primera fundación de Chillán, citado en Gutiérrez. 80 años. Iglesia Evangélica pentecostal Chillán.
Figura 3 Plano de demostración del fuerte de San Bartolomé de Chillán.
La ciudad-fuerte quedó instituida con el nombre de San Bartolomé de Chillán y Gamboa, con fecha de fundación correspondiente al 26 de junio de 1580,64 pero se siguió llamando con la denominación indígena de Chillán. El gobernador nombró a las primeras autoridades, quienes de inmediato se preocuparon de que la nueva ciudad-fuerte cumpliera su papel como punto intermedio en la guerra y como base de sustentación para los conquistadores españoles. Tabla 3.
Tabla 3 Primeras autoridades de Chillán
| Cargos | Nombre |
| Corregidor | Fernando de Alvarado |
| Cabildo | Francisco Jufré José de Castro |
| Regidores | Francisco Ortiz de Atenas Francisco Tapia Vallejos Fernando Vallejos Estaban Alfonso Gómez Alonso de Valladolid |
| Procurador | Diego de Barahona |
Fuente: ANCh, Real Audiencia, vol. 1206, pieza 4, fojas 202-207.
La delimitación inicial de la jurisdicción de Chillán, establecida en el acta de fundación de la ciudad, queda definida de la siguiente manera:
El mariscal Martín Ruíz de Gamboa […] dio y señaló por términos y jurisdicción de la dicha ciudad de San Bartolomé todas las tierras de los repartimientos de indios de los encomenderos que señaló por vecinos de dicha ciudad de San Bartolomé […] mandando que el río Itata sirve de límite por la parte sur y las encomiendas de los vecinos de Chillán sean el límite por el norte.65
El acta de la fundación refleja la intención de consolidar un espacio geográfico delimitado que facilitará la administración civil como el control eclesiástico de la ciudad en el contexto de los desafíos territoriales y políticos de la época.66 El gobernador Ruiz de Gamboa otorgó encomiendas y mercedes de tierras, que incluían un solar y un predio agrícola,67 a los primeros “cincuenta españoles que llevaba y otros sesenta que allí encontró con el capitán Hernando Maldonado”.68 Además, el gobernador ordenó al capitán Andrés Ibáñez trasladar a “veinte y dos”69 vecinos de Concepción70 con el propósito de cultivar las tierras y defender Chillán en caso de un ataque indígena.71
Al realizar un análisis del acta fundacional de Chillán, se pueden identificar las razones tanto estratégicas como administrativas para su fundación. Entre las motivaciones destacan las contenidas en la Tabla 4.
Tabla 4 Razones para la fundación de San Bartolomé de Chillán
| Razones | Argumentos |
| Seguridad y defensa | La necesidad de asegurar los caminos reales y garantizar la comunicación y el comercio entre las ciudades del reino. Proteger a las ciudades de Concepción y sus alrededores de los continuos ataques de los pueblos indígenas de la región, quienes se encontraban en estado de rebelión y resistencia frente a la conquista española. |
| Problemas en la ciudad de Concepción | Concepción enfrentaba dificultades debido a su ubicación desfavorable y la falta de recursos en su comarca, lo que debilitaba su capacidad para sustentarse y defenderse. |
| Asegurar la administración colonial | Garantizar la organización territorial y el control sobre las comunidades indígenas en la región. Crear un nuevo núcleo poblaciones que fortaleciera la presencia española en una zona vulnerable. |
| Facilitar el desarrollo económico | Establecer un punto de conexión que promoviera la producción agrícola y la ganadera en la región. Asegurar que las actividades, como la recolección de diezmos, contribuyeran a las necesidades tanto de Chillán como de las instituciones eclesiásticas. |
Fuente: ANCh, Real Audiencia, vol. 1206, pieza 4, fojas 202-207.
La fundación de Chillán no solo puede ser entendida como una acción estratégica para consolidar el dominio territorial, sino también como un proceso de interacción entre el entorno natural y las prácticas culturales de los colonizadores. La elección del emplazamiento de Chillán refleja la búsqueda española de lugares fértiles y ricos en recursos naturales, elementos esenciales para garantizar la sostenibilidad de la ciudad. Según el acta fundacional, el lugar debía contar con tierras adecuadas para la agricultura, pastizales para la ganadería, bosques para obtener materiales de construcción y leña, así como fuentes de agua para el consumo humano y el riego. Estos criterios no solo tenían un propósito económico, sino que también simbolizaban la aspiración colonial de transformar el territorio en un espacio ordenado y productivo, adaptado a las necesidades y visiones europeas.72
La descripción de Miguel de Olivares enfatiza esa relación entre naturaleza y cultura al referirse al valle como un lugar que parecía un abreviado paraíso. Este lenguaje no solo destaca la fertilidad y belleza del entorno, sino que también subraya cómo los colonizadores reinterpretaron el paisaje en función de su cosmovisión, otorgándole un valor casi mítico como un espacio ideal para la expansión colonial.73
Además, la fundación de Chillán implicaba la delimitación de un territorio que debía ser controlado y ordenado.74 Este proceso de trazado, como señala María Muñoz Rebolledo, fue una acción sistemática que respondía a la necesidad de establecer límites físicos y culturales en un espacio percibido como vasto y diverso. Los españoles utilizaron el entorno natural, como los ríos Ñuble y Chillán, no solo como recursos, sino también como referentes geográficos y simbólicos para estructurar el territorio y legitimar su posesión.75
El acta también resalta la importancia estratégica de Chillán como ciudad-fuerte. La decisión de fundarla en un lugar fértil y bien posicionado respondió a la necesidad de garantizar la sustentabilidad económica y de consolidar un frente de defensa contras las comunidades indígenas, cuya resistencia ponía en riesgos los asentamientos coloniales. Esto se evidencia con los repartimientos de indios que fueron adjudicados a los encomenderos, lo cual implicaba una redistribución forzosa de las comunidades indígenas, reflejando una estrategia de control territorial, donde las comunidades indígenas fueron desvinculas de sus espacios tradicionales para adaptarlas a la necesidad del sistema colonial.76
La redistribución forzada de los indígenas tuvo profundas implicaciones en sus formas de vida. Al perder el acceso a sus territorios ancestrales, las comunidades también se vieron obligadas a adaptarse a nuevas dinámicas económicas, sociales y religiosas impuestas, esto alteró su identidad cultural y su relación con el entorno natural.
Problemas tras la fundación de Chillán
El Cabildo de Santiago envió una carta al virrey del Perú denunciando las acciones del gobernador Ruiz de Gamboa en relación con Concepción. El Cabildo menciona los peligros que podrían surgir debido al descuido de la ciudad y los posibles ataques holandeses a las costas chilenas e indígenas. Expresan su escándalo por las intenciones de Gamboa de alterar y cambiar los límites y la ciudad de Concepción, algo que ningún gobernador ni la Real Audiencia habían considerado cambiar.77 Alegan que los cambios solo generarán más alteraciones debido a la incapacidad de los administradores y corregidores.
Otro vecino de Santiago, Alonso Campofrío Carvajal, manifestaba su preocupación por la inestabilidad del territorio debido a la larga y continua guerra, criticando al gobernador Gamboa por haber ordenado despoblar la ciudad de Concepción a pesar de los informes enviados por los habitantes y solicitando un nuevo gobernador. Martín Ruíz confiscó los escritos y pobló Chillán como castigo. Esto resulta preocupante ya que Concepción era uno de los principales puertos del reino y su sustento era de gran importancia. El vecino de Santiago temía que la situación no pudiera ser remedida a tiempo y que el pueblo hubiera sido destruido.
A pesar de las críticas y preocupaciones sobre la seguridad y el traslado de los habitantes de Concepción a Chillán, los vecinos y militares de Santiago consideraron innecesario dicho desplazamiento.78 Argumentaron que la pacificación de los nativos del valle solo requería de una pequeña fuerza militar. El gobernador Ruiz de Gamboa defendió la importancia de Chillán como una posición fronteriza estratégica entre Santiago, Concepción y Angol, que permitía la comunicación y protección mutua de las ciudades del reino. Además, mencionó las acciones que había tomado para pacificar la región, incluyendo la construcción de un fuerte y el castigo a los nativos rebeldes. El testimonio de Juan Ruiz de León señala que el objetivo principal del gobernador era proteger el Valle del Itata y la isla de La Laja, además de compensar los gastos realizados en Santiago para ayudar a las ciudades en guerra.79
Martín Ruíz de Gamboa resaltó en un documento la fertilidad de las tierras y la abundancia de ganado en Chillán, destacando sus recursos agrícolas y ganaderos. Sin embargo, expresó preocupación por la oposición de Alonso de Sotomayor a la fundación de Chillán e incluso consideró despoblarla. Ruíz de Gamboa mencionó el desprecio mostrado por Sotomayor al ordenar el traslado de los vecinos que residían en San Bartolomé. Esto provocó que los vecinos descuidaran las labores agrícolas y de protección, lo que resultó en la necesidad de comprar alimentos para la ciudad y las tropas. A pesar de los intentos de trasladar la población de Chillán a Concepción, esta medida no tuvo éxito debido a las consecuencias negativas que implicaba, como un mayor riesgo en los caminos, ataques indígenas a las estancias y la falta de suministros para el ejército y Concepción.80
Después de un año, Ruíz de Gamboa ordenó que todos los vecinos regresaran a Chillán, ya que era lo más conveniente para el reino debido a su ubicación estratégica en la zona de conflicto. Aunque no se proporciona una cifra exacta, se estima que alrededor de un tercio de los vecinos regresaron a Chillán, mientras que otros permanecieron cerca de Concepción. Ruíz de Gamboa señaló que la convivencia entre los habitantes del Valle del Itata y los indígenas era delicada debido a la pérdida de tierras en manos de los españoles.81 A pesar de la incertidumbre y las posibles confrontaciones, el poblamiento del Valle del Itata continuó, con un aumento en las solicitudes de concesiones de tierras. Esto permitió el desarrollo de actividades productivas como la agricultura, la ganadería y la viticultura, abarcando un área desde el Itata hasta el Biobío. El gobernador Alonso de Sotomayor incluso solicitó concesiones para él y su hermano, lo que indica un cambio de actitud de las autoridades hacia el Valle del Itata.82
Como consecuencia de la ocupación del valle, los indígenas quedaron limitados a pequeñas porciones de tierra donde continuaron con sus cultivos tradicionales y a aquellos introducidos por los españoles. Hacia 1590, había misioneros de diferentes órdenes religiosas en territorio araucano, quienes promovían la evangelización y buscaban proteger a los indígenas de abusos y maltratos por parte de los españoles. Estos misioneros también se convirtieron en mediadores entre las autoridades locales y los indígenas. En 1593, el gobernador Martín García Oñez de Loyola emitió una ordenanza para velar por el bienestar de los pueblos indígenas, promoviendo su desarrollo espiritual. Esta ordenanza establecía la reunión de los indígenas en la doctrina los domingos y días festivos, la recitación de la doctrina cristiana los miércoles y viernes, y la provisión de alimentos y ganado por parte de los indígenas para abastecer a los centros urbanos como Santiago, Concepción, Angol y Valdivia. Los indígenas también desempeñaban roles como transportistas, guías y proveedores de servicios, y se les pagaba y proporcionaba comida y ganado de la comunidad de manera equitativa.
Hacia 1594, el gobernador de Chile solicitó ayuda para enfrentar a los piratas que amenazaban las costas chilenas, especialmente Richard Hawkins, quien representaba una amenaza para el puerto de Valparaíso y las autoridades locales. En respuesta, el virrey Luis de Velasco estableció milicias locales para la defensa de la colonia, pero Hawkins demostró que esta estrategia era ineficaz. A pesar de esto, el virrey consideraba que el Estrecho de Magallanes era una barrera natural que ayudaría en la defensa.83
Por otro lado, el gobernador Oñez de Loyola buscó regular los abusos contra los esclavos indígenas y enfrentar a los indígenas rebeldes, lo que contribuyó a disminuir las tensiones entre las sociedades. Según el testimonio del gobernador en 1594, Chillán experimentaba cierta tranquilidad, ya que los indígenas se habían desplazado a otras áreas. Además, mencionó que no era necesario tener una guarnición o presidio en la ciudad, a diferencia de otras áreas. Algunos vecinos se encontraban en el campo y la nueva población que se estaba estableciendo servía a la corona, mientras que los demás vecinos y residentes tenían sus propiedades agrícolas con seguridad y sin riesgo.84
Esta incipiente tranquilidad que se vivía en Chillán y el Valle del Itata contrastaba con la inseguridad de los caminos y los constantes robos y asesinatos que sufrían las personas en el trayecto desde Chillán hasta Angol. Se caminaba con recelo y peligro, y generalmente tres o cuatro hombres iban juntos como compañía. Para viajar desde Chillán hasta Concepción, era necesario contar con una escolta de soldados para pasar por el camino de la Quebrada Honda, donde Alonso Cid de Maldonado era el capitán de guerra con una guarnición y un presidio de soldados, además de los vecinos y moradores.85
El relato permitió comprender que Chillán cumplía con su doble propósito: “controlar un vasto espacio dedicado a la agricultura, ganadería y minería, actividades que dependían del trabajo de los indios picunches sometidos y de los indios capturados en la frontera”,86 y servir como puente de comunicación entre Concepción y el Maule. Sin embargo, en 1594, este puente de protección y abastecimiento presentaba algunos inconvenientes: Solo servía para obtener recursos a través de la mita y no para extraer oro u otros beneficios. Además, debido al hambre que afectó a la región ese año como consecuencia de la peste, algunos comenzaron a obtener comida y dar un poco a los vecinos. Los vecinos sembraban y pastoreaban en la otra orilla del río Itata, a distancias de nueve, doce y catorce leguas, y traían los productos a través de un arduo trabajo y riego.87
Los problemas de pestes y escasez de alimentos en el valle no afectaron las actividades del gobernador Oñez de Loyola, quien continuó realizando incursiones en territorio araucano y visitas a los diferentes fuertes sin ser molestado por los naturales. Además, fundó el fuerte Santa Cruz en la confluencia de los ríos Biobío y Laja, reanudó las labores en la mina de oro de Quilacoya y estableció cinco fuertes menores en ambas orillas del río Imperial.88
A principios de 1597, el gobernador Oñez de Loyola intentó reiniciar la extracción de oro en las minas de Millapoa y Angol, lo que provocó el quiebre del pacto colonial. Sin embargo, la posibilidad “de volver a los desagradables trabajos mineros fue la causa de que el descontento general entre los indígenas se cristalizara en la organización de una nueva rebelión”.89
Esta rebelión dejó dos lecciones: el pacto colonial fue considerado por las autoridades como un instrumento para regular el comportamiento de los españoles residentes e indígenas. Además, el quiebre del pacto llevó a que los españoles se ubicaran al norte del río Biobío a finales del siglo xvi. Sin embargo, la Guerra de Arauco no llegó a su fin, sino que se mantuvo a lo largo del periodo colonial en diferentes modalidades. Esta situación generó un conflicto entre ambas sociedades en los siglos XVII y XVIII, con un marcado carácter militar, pero también con relaciones fronterizas entre las sociedades españolas-criollas e indígenas.
Conclusión
La fundación de Chillán en 1580 representa un ejemplo de cómo los procesos de interacción cultural y las dinámicas sociales construyen y resignifican el espacio geográfico. Más allá de las características físicas del Valle del Itata, este territorio fue escenario de prácticas indígenas que modelaron el paisaje, y de intervenciones coloniales que buscaron reorganizarlo bajo una lógica de control y explotación. Desde una perspectiva de la geografía cultural, el espacio no puede entenderse como un mero recurso natural, sino como un producto histórico configurado por significados sociales, económicos y simbólicos.
En este contexto, la fundación de Chillán no solo respondió a necesidades estratégicas o militares, sino también a un proceso de adaptación y negociación con las comunidades indígenas que habitaban el valle. Los paisajes híbridos resultantes reflejan la integración de saberes locales e imposiciones coloniales, dando lugar a un territorio en constante transformación. Este análisis permite comprender cómo la relación entre naturaleza, cultura y poder fue clave para el desarrollo de la frontera sur de Chile durante el período colonial, subrayando la importancia de considerar el espacio como una construcción social y simbólica al analizar los procesos históricos.
Fuentes impresas
Amunategui Solar, Domingo, Hijos ilustres de Chillán, Santiago, Universidad de Chile, 1935.
Astrain, Alberto, Historia de la Compañía de Jesús en la asistencia de España, Madrid, Administración de Razón y Fe, 1912.
Barros Arana, Diego, Riquezas de los antiguos de los antiguos jesuitas, Santiago, Librería Imprenta El Mercurio, 1872.
Carvallo Goyeneche, Vicente, “Descripción histórico-geográfica del Reino de Chile”, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, tomo viii, vol. i, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875.
Carvallo Goyeneche, Vicente, “Descripción histórico-geográfica del Reino de Chile”, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, tomo ix, vol. ii, Santiago, Imprenta de la Estrella de Chile, 1875.
Copia del Acta de Fundación de Chillán del año 1580, Archivo Nacional de Chile, Real Audiencia, vol. 1206, pieza 4, fojas 202-207. Bibar, Gerónimo, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reynos de Chile [1558], Santiago, Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, 1966.
Galdámez, Fabio, Historia militar de Chile. Campañas de Arauco (1541-1810), Santiago, Imprenta del Ministerio de Guerra, 1907.
Góngora y Marmolejo, Alonso, “Historia de Chile desde su descubrimiento hasta 1575”, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, tomo ii, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1862.
Gutiérrez Valenzuela, Felipe, 80 años. Iglesia Evangélica pentecostal Chillán, Chillán, s/n, s/f.
López, Tomás, Mapa de una parte de Chile, que comprende el terreno donde pasaron los famosos hechos entre españoles y araucanos, 1777.
Mariño de Lovera, Pedro, “Crónica del reino de Chile”, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, tomo vi, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1862.
Molina, Juan Ignacio, Compendio de la historia geográfica, natural y civil del reyno de Chile, Santiago, Pehuen, 2000.
Muñoz Olave, Reinaldo, Chillán sus fundaciones y destrucciones. 1580-1835, Santiago, Imprenta San José, 1921.
Olivares, Miguel de, “Historia de Compañía de Jesús en Chile (1593-1736)”, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, tomo ix, vol. ii, Santiago, Imprenta de la Estrella de Chile, 1875.
Olivares, Miguel de, “Historia militar, civil y sagrada de Chile”, Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional, tomo iv, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1864.
Qualle, P., Alfonsi de, Tabvla geographica regni Chile, 1645. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile: https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-604858.html. Accedido el 20-12-2023.
Quiroga, Jerónimo, Memoria de los sucesos de la guerra de Chile, trascripción del manuscrito original, propiedad de la Universidad de Indiana. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1979.
Toribio Medina, José, Colección de documentos inéditos para la historia de Chile (1577-1589): Martín Ruíz de Gamboa-Alonso de Sotomayor, Segunda serie, tomo iii, Santiago, Fondo Histórico y Bibliográfico J. Toribio Medina, 1959.
Toribio Medina, José, Colección de documentos inéditos para la historia de Chile: (1590-1594): Alonso Sotomayor-Martín Oñez de Loyola, Segunda serie, tomo iv, Santiago, Fondo Histórico y Bibliográfico J. Toribio Medina, 1960.
Toribio Medina, José, Colección de documentos inéditos para la historia de Chile: (1599-1602): Pedro de Vizcarra-Francisco de Quiñones, Segunda serie, tomo v, Santiago, Fondo Histórico y Bibliográfico J. Toribio Medina, 1961.
Valdivia, Pedro de, Cartas de relación de la conquista de Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 1970.















