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Debate feminista

 ISSN 2594-066X ISSN 0188-9478

Debate fem. vol.70  Ciudad de México  2025   18--2025

https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.2025.70.2560 

Dosier

35 años de debate feminista

Leer, una vez más, a Cecilia Macón

*Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México


Encuentros felices

Cuando Paola Ortega, asistente editorial de Debate Feminista, nos propuso a varias personas un comentario sobre algún artículo publicado en esta revista en los últimos 35 años, no lo dudé. Y estaba difícil porque son muchos los textos que he disfrutado desde que en 1996 hojeé por primera vez un ejemplar de Debate en una librería del sur de la Ciudad de México.

Lo dicho: no dudé. Y elegí “Género, afectos y política: Lauren Berlant y la irrupción de un dilema” de Cecilia Macón 1. Era el año 2014 y desde que había leído en 2004 The Cultural Politics of Emotion de Sara Ahmed me interesaba cómo la dimensión afectiva podía enriquecer los análisis literarios y culturales, en particular aquellos que incorporaban los procesos de memoria con enfoque de género como ruta de investigación. Mi interés se había alimentado desde entonces de bibliografía anglosajona. Así que en 2014 el artículo de Macón me resultó triplemente atractivo: un texto en español que abordaba el tema de las emociones, y estaba escrito por una feminista cuyo trabajo, además, se desarrollaba desde la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y un cuarto motivo a favor: me gustó mucho cómo su autora pensaba. Regresaré sobre este punto.

En algún momento, entre 2015 y 2017, conocí en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM a Nayla Vacarezza. Como dicen las filosofías del devenir, tan importantes justamente para los estudios de la afectividad, conocer a Nayla fue un encuentro feliz. Durante su estancia de investigación en el CIEG tuvimos la enorme fortuna de que nos compartiera, siendo ella también una académica de la UBA, su trabajo sobre las energías emocionales que atraviesan la visualidad de las luchas a favor del aborto en Argentina y Latinoamérica. En ese momento andaba yo a vueltas con la redacción del prólogo a la primera edición en español del libro de Ahmed que acabo de mencionar -La política cultural de las emociones- y las cosas en común entre ambas eran obvias. En julio de 2017, durante una estancia de dos semanas en Buenos Aires, Nayla me invitó a presentar ese libro con motivo de su traducción y publicación en 2015 por parte del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la UNAM, en la sede de Puan de la UBA. Me acompañaban en la mesa, además de Nayla, Nicolás Cuello y Cecilia Macón. Esa fue la primera vez que coincidí con Cecilia en persona, disfruté de su conversación y confirmé lo que había percibido leyéndola: me gusta cómo piensa, cómo funciona una constelación sistemática de conceptos y teorías sin renunciar a su aplicabilidad analítica a través de una potente imaginación crítica. La vida volvió a juntarnos en tres ocasiones más: en agosto de 2017, cuando me pidió que presentara en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM su libro Sexual Violence in the Argentinean Crimes Against Humanity Trials; en mayo de 2021, cuando junto a Cecilia, Nayla y Mariela Peller presenté en una sesión online del Congreso de la Latin American Studies Association (LASA) el volumen colectivo Affect, Gender and Sexuality in Latin America; y en junio de 2023, durante mi participación en Buenos Aires en el VI Simposio “Pensar los afectos”, organizado por la UBA, la Universidad Adolfo Ibáñez y la Universidad de Liverpool.

Quizás este breve relato autobiográfico haya dado cuenta de la importancia intelectual que para mí ha tenido conocer tanto a Cecilia Macón como a otras colegas y amigas -muy especialmente, Nayla Vacarezza- de Buenos Aires. He aprendido muchísimo de la escritura de Cecilia en relación con cómo la afectividad atraviesa la política de los feminismos o las violencias sexistas y nuestras resistencias. Insisto: me resulta muy inspirador cómo su inteligencia e imaginación iluminan zonas de la realidad colectiva y subjetiva a menudo opacadas por análisis más convencionales. En la sección final de referencias incluyo, sin ánimo de exhaustividad, varias de las obras de Macón que he disfrutado particularmente. Durante la escritura de este comentario he querido rastrear sus trabajos más recientes. Sirva como ejemplo de su potencia imaginativa, que articula sofisticación teórica con análisis de caso, “Haunting Voices. Affective Atmospheres as Transtemporal Contact”, un texto incluido en The Affect Theory Reader de 2023, en el que explora la articulación entre sonido, afectividad y memoria en relación con los usos del archivo del terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). También merece la pena mencionar su coordinación, desde 2009, del Seminario sobre Género, Afectos y Política (SEGAP) de la UBA,2 que dinamiza desde hace años los debates y actividades sobre estos temas -no en vano el simposio de 2023, donde coincidí otra vez con Cecilia, fue coorganizado por el SEGAP- y a cuyo equipo de investigadoras pertenece Nayla Vacarezza. Valoro de mis encuentros con Cecilia Macón -el primero de 2014 a través de un artículo publicado en Debate Feminista del que me ocuparé a continuación- el horizonte de posibilidades no solo para energizar mi propio pensamiento a través de su escritura e ideas, sino también para propiciar otros proyectos en colectivo. Mi amistad con Nayla Vacarezza está en el origen de un trabajo sobre afectos que, desde 2019, llevo a cabo con colegas que trabajan en Argentina, Chile, Brasil y México, en el marco del Grupo de Trabajo Clacso sobre Género, Feminismos y Memorias de América Latina y el Caribe.3

“Género, afectos y política: Lauren Berlant y la irrupción de un dilema”: una relectura

Decía más arriba que me gusta cómo piensa Cecilia Macón. Ya desde el propio título de este artículo publicado en Debate Feminista en 2014 me resulta muy estimulante el elemento de intriga que introduce. Se trata de una clave de lectura que nos anima a buscar en el texto respuestas, o al menos pistas, a toda una multiplicación de preguntas: ¿por qué la irrupción de un dilema? Y en todo caso, ¿en el cruce entre género, afectos y política? ¿En qué consistiría ese dilema? ¿Con qué efectos?

La reflexión de Macón se presenta como una reseña crítica del libro de Lauren Berlant El corazón de la nación. Ensayos sobre política y sentimentalismo, publicado en 2011 en México por el Fondo de Cultura Económica, traducido por Victoria Schussheim y prologado por Rossana Reguillo. Lo que me interesa a continuación no es detenerme en el pensamiento de Berlant, sin duda muy fértil en la intersección entre estudios culturales y afectividad. En realidad, me interesa la manera en que, digamos, con la excusa de reseñar los tres artículos que integran El corazón de la nación, piensa Cecilia Macón sobre el impacto del giro afectivo, emergente aún en la segunda década del nuevo milenio, en las humanidades y las ciencias sociales.

El texto de la autora argentina se divide en tres partes. Primeramente, se ocupa de revisar algunos aspectos del giro afectivo con énfasis en su articulación con las teorías de género. En segundo lugar, analiza varias cuestiones del libro de Lauren Berlant. Por último, aborda diferentes áreas de las humanidades y las ciencias sociales en las que el giro afectivo está incidiendo productivamente. En lo que sigue propongo atender la argumentación de Cecilia Macón en cada una de estas tres partes.

Para Macón, los estudios de la afectividad se diferencian, por razones que veremos inmediatamente, de los estudios de las emociones. En todo caso, ambos campos estarían informados por la sociología de las emociones que se ha interrogado sobre los entramados emocionales de la interacción entre sujetos, grupos y estructuras sociales. Como recuerda Macón, esta inquietud existe también en pensadores como Raymond Williams quien, a través de la categoría “estructura de sentimiento”, repiensa la conceptualización marxista de ideología al introducir dimensiones como la experiencia subjetiva: “[estructura de sentimiento] los significados y valores tal como son vividos y sentidos activamente; y las relaciones existentes entre ellos y las creencias sistemáticas o formales, [que] en la práctica son variables” (Williams 1997: 155). Más en concreto, y como significativamente recuerda Sara Ahmed en el epílogo a la segunda edición en inglés de The Cultural Politics of Emotion (Ahmed 2014: 206), el trabajo emocional es de interés principal para el pensamiento feminista de sociólogas como Arlie Hochschild, Viviana Zelizer o Eva Illouz; de la psicóloga Carol Gilligan, que introduce la noción de “ética del cuidado” de acuerdo con una división sexual de la moral; de la fenomenología de Iris Marion Young, la ciencia política de Chantal Mouffe o la teoría queer de Rosi Braidotti o Moira Gatens, o para la filosofía política de Martha Nussbaum. Creo que es muy útil, para la construcción de la genealogía del giro afectivo, la consulta del artículo de Lara y Enciso (2014) donde, además de señalar la crucial importancia tanto del feminismo como de la sociología, indican la influencia de otras tradiciones como la de la psicología social, los estudios culturales o la sociolingüística.

En esta primera parte del texto, Cecilia Macón hace tres cosas más. Por un lado, subraya cómo el giro afectivo es una reacción crítica a lo que podríamos llamar el exceso discursivo promovido por el posestructuralismo. El foco en los afectos no querría eliminar, para la producción de conocimiento social, ni la preeminencia del orden del discurso ni de la epistemología. Se trataría, sin embargo, de complementar las aproximaciones al lenguaje, la cultura y la semiosis con desplazamientos hacia la ontología, la materialidad, el cuerpo y la performatividad. Por otro lado, establece algunos temas que se podrían ver enriquecidos y problematizados en sus conceptualizaciones convencionales al introducir la afectividad como vector de análisis: la acción política colectiva, el testimonio, el trauma, la violencia, la categoría de víctima y el régimen de la representación. Por último, pienso que una de las operaciones más interesantes que lleva a cabo Cecilia Macón es variar los términos de la discusión sobre si merece la pena mantener una diferencia conceptual entre emociones y afectos o entender ambas nociones como equivalentes. Convencionalmente, esta disputa ha girado en torno a su mayor (emociones) o menor (afectos) densidad semiótica. Macón mueve esta tensión a otro lugar, donde lo que importa es la valencia política -progresista o conservadora- de afectos y emociones. La autora habla de dos vertientes del conflicto. A una se refiere como una apuesta por la autenticidad, representada por el comunicólogo Brian Massumi (2002). Para este autor, los afectos emergen siempre con fuerza progresista y revolucionaria en un clima de significación difusa. Este aspecto, según Macón, complica sus usos políticos efectivos. A otra de las vertientes, representada por los trabajos tanto de Ahmed como de Berlant, la escritora argentina la llama crítica o ironista; tanto emociones como afectos -valga decir que sinónimos en Ahmed y solo relativamente equivalentes en Berlant- podrían desplegarse con efectos progresistas o conservadores.

La segunda parte del texto se centra en el libro de Lauren Berlant (2011a). Como adelantaba más arriba, Berlant es un referente inexcusable de los estudios culturales feministas que han incorporado los afectos como herramientas analíticas. En este volumen recurre a varios estudios de caso extraídos de la cultura de masas estadunidense y europea para reflexionar sobre cómo las emociones son instancias constituyentes de las identidades nacionales. Macón se detiene en cómo Berlant, mediante el término “sentimentalidad nacional”, examina una fantasía compartida de cancelación de las desigualdades sociales que, al empatizar con el dolor del otro con efectos de reificación, consigue justamente perpetuar esas mismas desigualdades en la medida en que las energías emocionales en juego -empatía, compasión, dolor o lástima- obturan cambios reales en las estructuras de poder. Una deriva muy inspiradora de esta línea de investigación es la puesta en crisis de la que pareciera una inevitable positividad de los afectos que acabo de mencionar. De la misma manera, nos recuerda Macón, Eve Kosofsky Sedgwick (2003) cuestiona que la vergüenza sea exclusivamente una emoción negativa y reclama también sus efectos transformadores. Si volvemos a Berlant, encontramos este gesto en su expresión “optimismo cruel”, una forma de atar la ideología del progreso capitalista a una promesa de felicidad -en palabras de Ahmed (2010)- que perversamente contiene lo opuesto a aquello que promete. La compulsión consumista, el culto al cuerpo normativamente bello o el éxito laboral serían ejemplos rápidos de esta inquietante paradoja (Berlant 2011b).

En la tercera y última parte de su texto, Cecilia Macón apunta varias cuestiones teóricas que el giro afectivo dinamiza de manera prometedora. Esta dinamización nos invita a repensar profundamente conceptos como “agencia” o “temporalidad” desde la crítica al humanismo que plantea la afectividad entendida como un proceso de ensamblaje de actantes materiales y semióticos muy diversos. Así leo yo a Macón cuando propone teorizar la agencia más allá de la acción racional, el tiempo por fuera de sus interpretaciones lineales y conscientes o la producción de significados desde la movilización de una multiplicidad de ensamblajes, humanos y no humanos, como postulan los nuevos materialismos. Creo que en este punto el cierre de “Género, afectos y política: Lauren Berlant y la irrupción de un dilema” está en sintonía con lo que Katherine Hayles (2024) denomina “lo impensado”, un auténtico reto actualmente para las humanidades y las ciencias sociales en el sentido de que “la mayor parte de la cognición humana se produce fuera del par consciencia/inconsciencia; la cognición se extiende por todo el espectro biológico, incluidos los animales y las plantas; los dispositivos técnicos conocen y, al hacerlo, influyen profundamente en los sistemas complejos humanos” (Hayles 2024: 25).

Leer, una vez más, a Cecilia Macón, en un texto publicado hace más de diez años, nos enfrenta a una imaginación teórica muy inspiradora que nos emplaza a tomar en serio los desafíos de comprometernos en nuestras investigaciones con la noción de “afecto”. Por eso Cecilia habla en el título de su trabajo de “la irrupción de un dilema”. Quizás no para resolverlo, sino para evidenciar las ventajas de sostener la proliferación de sentidos que emergen de la disolución de binarismos históricamente naturalizados: masculino/femenino, discurso/materia, individual/colectivo, razón/emoción, público/privado.

Referencias

Ahmed, Sara. 2015. La política cultural de las emociones, Ciudad de México, Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México. [ Links ]

Ahmed, Sara. 2010. The Promise of Happiness, Durham, Duke University Press. [ Links ]

Ahmed, Sara. 2004 y 2014. The Cultural Politics of Emotion, Edimburgo, Edinburgh University Press. [ Links ]

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Berlant, Lauren. 2011b. Cruel Optimism, Durham, Duke University Press . [ Links ]

Hayles, Katherine. 2024. Lo impensado. Una teoría de la cognición no consciente y los ensamblajes cognitivos humano-técnicos, Buenos Aires, Caja Negra. [ Links ]

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Williams, Raymond. 1997. Marxismo y literatura, Barcelona, Península. [ Links ]

3De las varias actividades y publicaciones llevadas a cabo juntas en el marco de este Grupo de Trabajo Clacso vale la pena señalar la de Peller y Fernández 2025.

CÓMO CITAR ESTE ENSAYO: López, Helena. 2025. “Leer, una vez más, a Cecilia Macón”, Debate Feminista, año 35, vol. 70, pp. 63-71, e2560, https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.2025.70.2560

Autor para correspondencia: helena_lopez@cieg.unam.mx

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