13 2María del Carmen Méndez Santos, No me gusta cómo hablas (o más bien no me gustas tú): crítica a la discriminación lingüística, Madrid, Pie de Página, 2024. 238 pp. ISBN: 978-841-271-589-7.Javier Muñoz-Basols, Mara Fuertes Gutiérrez y Luis Cerezo (eds.), La enseñanza del español mediada por tecnología. De la justicia social a la Inteligencia Artificial (IA),NY, Routledge, 2024, 418 pp. ISBN: 978-0-367-70449-0, DOI: 10.4324/9781003146391 
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Anuario de letras. Lingüística y filología

 ISSN 2448-8224 ISSN 2448-6418

Anu. let. lingüíst. filol. vol.13 no.2 Ciudad de México jul./dic. 2025   17--2025

https://doi.org/10.19130/iifl.adel.2025.13.2/01x225s4w02 

Reseñas

Atanasio Herranz, La lengua española en Honduras, Tegucigalpa, Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 2023. 571 pp. ISBN: 978-999-795-631-6.

José Luis Ramírez Luengo1 
http://orcid.org/0000-0002-5564-2372

1 Instituto de Lengua, Literatura y Antropología, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España. Correo electrónico: joseluis.ramirezluengo@gmail.com.

Herranz, Atanasio. La lengua española en Honduras. Tegucigalpa: Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 2023. 571p. ISBN: 978-999-795-631-6.


Si bien es verdad que en los últimos años ha aparecido una serie de trabajos que arrojan nueva luz sobre la historia y el presente del español de Honduras -a manera de ejemplo, Bentley (2020), Hernández Torres (2010, 2013); Ramírez Luengo (2018, 2022), San Martín Gómez (2021) -, no es menos cierto que es aún mucho lo que queda por estudiar al respecto, de manera que esta variedad lingüística continúa siendo al día de hoy, junto a otras como las de Nicaragua, Panamá o Paraguay, la cenicienta de América, en afortunada denominación de Herranz (1990, p. 82). Precisamente por esto, es siempre de agradecer la aparición de un nuevo trabajo dedicado a profundizar en la descripción de los usos lingüísticos que, dentro del mundo hispánico, identifican a los hondureños, y más aún si viene firmado por el ya mencionado Herranz, sin duda uno de los máximos y más profundos conocedores del español del país.

Este aserto que se acaba de exponer se hace, en efecto, evidente en La lengua española en Honduras, que recopila un total de ocho trabajos de su autoría y de indudable importancia para obtener una descripción más ajustada de la situación que presenta en la actualidad esta variedad diatópica; a este respecto, no cabe duda de que uno de los aciertos del volumen es la presencia no solo de una mayoría de trabajos inéditos -en concreto, los capítulos III, IV, V, VI, VII y VIII-, sino también de otros (capítulos I, II) que, pese a estar ya publicados, no son en ocasiones de fácil consulta, situación que queda ahora satisfactoriamente subsanada por la aparición de esta compilación. Por lo que se refiere a los estudios en sí, es de destacar también la amplitud de sus temáticas, que abarcan desde la zonificación dialectal hasta las actitudes lingüísticas y la formación de palabras, si bien se detecta en todos ellos -sea de manera monográfica o sea en panoramas más amplios- un especial interés por el léxico y por el aporte de los idiomas amerindios a este nivel lingüístico, algo que no puede sorprender si se tiene en cuenta la continuada atención que ha dedicado el autor a estos aspectos, reflejada tanto en su labor de coordinación del Diccionario de americanismos (ASALE, 2010) como en algunas de sus obras, entre las que sin duda destaca su minucioso estudio de los nahuatlismos hondureños (Herranz, 2017).

De este modo, el volumen se abre con un texto (“Formación histórica y zonas dialectales del español en Honduras”, pp. 7-37) publicado hace ya dos décadas, pero que sigue siendo de absoluta actualidad no solo por los datos que aporta, sino también porque evidencia la importancia de los datos históricos a la hora de comprender más profundamente la situación lingüística actual de una zona y, en consecuencia, el interés de superar más pronto que tarde el tradicional abandono en el que todavía hoy se mantienen los estudios diacrónicos sobre el español de la región. Así, si el estudio comienza por apuntar una serie de ideas generales sobre el proceso de creación y configuración histórica de esta variedad diatópica, rápidamente pasa -a partir de unos claros y explícitos principios metodológicos, cabe decir- a la delimitación de sus áreas dialectales, que el autor cifra en cinco (suroriental, costa norte, central, occidental, nororiental o de Olancho) y cuyas principales características fónicas, gramaticales y léxicas se exponen (pp. 20-37); todo esto constituye, por supuesto, una demostración de la relevante fragmentación lingüística que presenta actualmente el país, pero también, y más importante aún, una clara constatación del error que supone reducir el español hondureño a Tegucigalpa y, en consecuencia, de la necesidad de desarrollar más investigaciones sobre otras zonas del territorio nacional que den cuenta de las múltiples variedades que existen en él.

En relación precisamente con esta misma idea, el segundo capítulo (“El español de Honduras a través de su bibliografía”; pp. 38-87) lleva a cabo una cuidadosa revisión bibliográfica de los trabajos publicados en los últimos años sobre el español de Honduras con el propósito de cartografiar la situación que existe a este respecto, describiendo las cuestiones sobre las que la información es más abundante, pero sobre todo apuntando aquellas otras que han quedado más alejadas del interés de los investigadores y que resultan, por ello, prácticamente desconocidas. Así las cosas, una primera conclusión a raíz de la observación de las informaciones que se exponen lo constituye la escasez de estudios dedicados al nivel fónico -habida cuenta de que “está sin estudiar y caracterizar el habla de la costa atlántica (...), de la costa pacífica, Choluteca y del occidente del país”, así como “los elementos suprasegmentales, en especial entonación y cantidad” (p. 52)- y la todavía más alarmante falta de trabajos sobre morfología y especialmente sintaxis (p. 54), nivel en el que el autor señala como prioridades: “el estudio del orden oracional, los periodos de subordinación, la concordancia temporum y la concordancia” (p. 58);1 frente a todo lo expuesto, el conocimiento del léxico parece ser algo mejor, al existir múltiples acercamientos y, sobre todo, un atlas lingüístico (Ventura, 2013) que aporta información sistemática sobre este nivel del sistema, si bien no cabe duda de que la disparidad metodológica con que se han desarrollado estos estudios2 y la distancia cronológica entre ellos obliga a proponer, como bien señala el autor, la tarea urgente de “un estudio global (...) realizado por todo un territorio nacional por un equipo de especialistas” (p. 86), que sin duda puede ofrecer un diagnóstico más claro y más realista del estado en el que se encuentra hoy el vocabulario del español de Honduras.

Pasando ahora al tercero de los capítulos (“Actitudes ante las normas lingüísticas en los departamentos de Intibucá y Lempira”, pp. 88-113), se trata de un artículo que, sin abandonar el ámbito de la dialectología, se acerca a esta cuestión desde la perspectiva de los hablantes y de sus creencias respecto a los usos lingüísticos regionales. De este modo, siguiendo la línea de proyectos internacionales como LIAS y PRECAVES XXI, se interroga sobre esta cuestión a un conjunto de 46 individuos de los departamentos mencionados y a diez docentes de escuelas locales, y a partir de sus respuestas se obtienen informaciones de indudable interés, entre las que destacan que, si bien los entrevistados distinguen claramente entre dos variedades propias de la zona -la del “campesino muy mestizado” y la del “campesino de tradición lenca”-, solo esta última cuenta “con actitudes negativas o de poca estima social, tanto por parte de los propios hablantes como de maestros y profesores” (p. 111), así como que todos los encuestados “reconocen el habla de Tegucigalpa como la de más prestigio y el modelo a imitar”, por lo que el sistema educativo tiene que “enseñar la norma culta escrita y hablada de la capital” (p. 112); este diagnóstico, a su vez, permite al autor propugnar que los docentes “deben enseñar al estudiante la norma culta del español” pero también “la norma regional culta del occidente de Honduras que afianza la identidad local y regional del hablante” (p. 113), en un aserto que se puede entender como una auténtica propuesta de trabajo para mejorar la enseñanza de la lengua en la región y que sin duda constituye -precisamente por su carácter social y por su potencial transformador- en la conclusión más importante que se desprende de un trabajo como este, que será necesario replicar sin tardanza en otras zonas del país.

Por lo que se refiere a los cinco capítulos restantes, todos ellos coinciden en dedicarse a la descripción de determinados rasgos identificadores del español de Honduras, muy especialmente del nivel léxico, pero también de otros como la morfosintaxis. En el caso de esta última, el volumen cuenta con un estudio dedicado a las fórmulas de tratamiento (“Los pronombres de tratamiento y la estratificación social”, pp. 114-164), cuya compleja situación en el área centroamericana es sobradamente conocida; así, el autor se propone comprender cómo se distribuye el uso de vos y usted “tanto en la narrativa (...) como en el habla del hondureño culto de nivel universitario o similar” (p. 115), para lo cual comienza por describir su empleo en un corpus literario de los siglos XIX y XX en el que documenta cómo el proceso de incorporación de vos en estos textos -reflejo al menos parcial de la creciente y progresiva valoración positiva del pronombre en el habla- se produce en las primeras décadas del siglo XX (pp. 137-138); posteriormente, analiza a partir de dieciséis entrevistados la fórmula de tratamiento (vos//usted) que se prefiere en la interacción con diferentes interlocutores, y esto le permite establecer las relaciones o situaciones en las que predomina usted (por ejemplo, los hijos hacia los padres, una situación de enfado, o a la hora de dirigirse a un desconocido) y aquellas que se decantan por vos (entre amigos, novios o compañeros de estudio), así como detectar una incipiente presencia oral de que define como “muy poco frecuente y generalmente en personas de nivel cultural elevado” (p. 162) y cuyo desarrollo futuro -como posible cambio en marcha en este inestable punto de la gramática- será necesario seguir observando con atención.

También resulta de gran interés el más general capítulo cinco (“La lengua española en la prensa hondureña de un día”, pp. 165-237), dedicado a la descripción de algunas de las características que aparecen en la prensa hondureña de un día concreto (el 15 de junio de 2001), pues pone el foco de atención en el registro periodístico, sin duda de relevancia fundamental para los procesos de estandarización y de incorporación de determinados fenómenos del habla a la norma culta del país. Obviamente, para comprender más profundamente tales procesos resulta necesario conocer primero la situación actual de la prensa escrita en Honduras, y por eso constituye todo un acierto la presencia de un apartado (pp. 172-177) en el que se describe esta cuestión, que se acompaña posteriormente del análisis lingüístico de determinados aspectos como la influencia de la lengua inglesa en los diversos niveles del sistema, las fórmulas de tratamiento y ciertos usos verbales, la presencia de voces diatópicamente restringidas en sus páginas o el empleo en ellas de arcaísmos y rasgos innovadores (pp. 178-235); todo esto permite al autor sostener -en línea con lo señalado al comienzo de este párrafo- que este discurso supone un auténtico “instrumento de control, desarrollo y aporte lingüístico para la creación de una norma escrita que cada vez más quiere romper las ‘barreras nacionales’ para hacerse más panhispánica” (p. 236), pero además demuestra con claridad la necesidad de seguir profundizando en esta cuestión, tal vez por medio de un Observatorio lingüístico de la prensa hondureña que pueda ofrecer luz sobre las tendencias de uso que poco a poco se difunden por el país gracias a un registro lingüístico de tanta importancia como es este.

Por su parte, a medio camino entre la gramática y el léxico se encuentra “Variaciones de género y la formación de palabras en el español actual de Honduras” (pp. 238-256), que se dedica a describir y ejemplificar minuciosamente los principales fenómenos morfológicos que, en relación con esta cuestión, se detectan hoy en día en el país. A este respecto, y dadas las escasas diferencias existentes en lo que se refiere al género y al número respecto al español general (pp. 238-241), quizás el aspecto más interesante del texto sea el detallado estudio sobre la afijación y especialmente la sufijación, por cuanto es aquí donde se descubren usos y tendencias que muchas veces identifican al español hondureño y americano, lo que evidencia el valor dialectalizador que en ocasiones encierra la morfología y su trascendencia para la creación de americanismos -tanto puros (-dera) como semánticos (-ada) o de frecuencia (-oso), siguiendo la clasificación de Company (2010, p. XVII) -, cuestión que sin duda merece una atención muy superior a la que por el momento le han dedicado los investigadores.

Dentro ya del vocabulario, el capítulo VII (“El léxico de la lengua española en Honduras”, pp. 257-315) ofrece una completa descripción de la situación que al día de hoy presenta este nivel lingüístico en el español hondureño, así como de los diversos aportes históricos que dan lugar a la potente personalidad que, desde este punto de vista, presenta esta variedad diatópica. De este modo, el autor discute la importancia de tales aportes y presenta en su texto una abundante nómina de americanismos de frecuencia (elevador, enojado, ubicar), arcaísmos (acuerdo, alujar, alzar), marinerismos (chicote, flete, rebenque), dialectalismos hispánicos (pileta, garúa, lama) y vocablos tomados de las lenguas amerindias (jaiba, maní, cabuya; chibola, zompopo; cancha, zapallo; carancho), entre los que sin duda destacan los aportes del náhuatl (chilate, zacate) por su abundancia y aquellos procedentes del lenca y del garífuna (chura, sirigüe; calale, cupita) por su carácter geográficamente restringido y, en consecuencia, por su capacidad de identificar a los hondureños dentro del mundo hispanohablante en general y de Centroamérica en particular; finalmente, el trabajo se cierra con un apartado en el que Herranz ejemplifica la riqueza léxica existente al día de hoy en el habla del país por medio de la presentación de los abundantes sinónimos que registra el DUEH (Diccionario de uso del español de Honduras) para conceptos como borrachera, cabeza, enfadarse, robar o vulva, cuestión que sin duda amerita un acercamiento más profundo que explique, a partir de la semántica cognitiva, los procesos de extensión semántica que dan lugar a tales constelaciones léxicas.

Finalmente, el volumen se cierra con “La toponimia indígena hondureña” (pp. 316-542), trabajo que por su extensión, de más de doscientas páginas, se puede considerar más una monografía que un capítulo de libro. En ella se comienza por analizar la figura de Alberto Membreño y sus aportes al estudio toponímico de Honduras, dentro de lo cual resulta especialmente interesante la revisión crítica y las matizaciones y correcciones que realiza el autor, desde su conocimiento de las lenguas autóctonas, de las propuestas etimológicas del estudioso decimonónico (pp. 326-340); posteriormente, el grueso del artículo se dedica a revisar “un total de 280 étimos de la toponimia que proceden del nahua o nahua-pipil, del lenca de Honduras o del lenca de El Salvador o chilanga, del maya, miskito, matagalpa, cacaopera, chorotega o ulúa” (p. 316) -cuyo significado se facilita, así como el listado de lugares que los incorporan a su denominación-, todo lo cual configura un auténtico diccionario de étimos indígenas que puede ser aprovechado para el análisis de esta cuestión en naciones vecinas como El Salvador o Guatemala, pero que además demuestra el relevante aporte que, más allá del náhuatl, realizan a la configuración de la toponimia del país los restantes idiomas amerindios hablados dentro de sus fronteras.

En definitiva, se puede concluir a la luz de todo lo dicho hasta ahora que no supone ninguna exageración definir La lengua española en Honduras como un libro necesario, y esto por varios motivos que se complementan entre sí: en primer lugar, porque aporta abundante información que contribuye a conocer con mayor rigor el español que en estos momentos se emplea en el país; además, porque apunta valiosas líneas de trabajo que será necesario transitar en el futuro para arrojar nueva luz sobre las muchas cuestiones que por el momento quedan simplemente esbozadas; por último, porque el volumen se transforma desde sus mismos inicios en una clara invitación a seguir profundizando en el estudio de las variedades lingüísticas hondureñas, sumidas aún en un grave desconocimiento que es urgente superar. Así pues, no cabe duda de que, ante tal estado de cosas, es de agradecer que se pueda contar a partir de ahora con una obra como esta, que sin duda constituye una ayuda fundamental para avanzar en este cometido y para conseguir, de este modo, que el español hondureño ocupe por fin el lugar que sin ninguna duda se merece dentro de los estudios hispánicos.

Referencias

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1 Cabe señalar a este respecto, con todo, que la muy reciente aparición de investigaciones centradas en algunas de estas cuestiones arrojan ya algo de luz sobre ellas (Pato Maldonado, 2021; Murillo Lanza, 2021).

2Así como los errores de distinta naturaleza que en ocasiones pueden presentar sus páginas, pues no se debe olvidar que “la mayoría de los estudios publicados hasta 1983 han sido realizados por personas no especializadas” (p. 86).

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