Para Byung-Chul Han -o antes, para Jean-François Lyotard-, las condiciones para concebir y experimentar lo contemporáneo transitan, irremediablemente, por asistir al acto de una pérdida; un tipo de desgaste que adquiere la forma de un acontecimiento post, a saber, el de la evanescencia de las representaciones del mundo.
El tiempo contemporáneo describe un escenario de ruptura -aunque no necesariamente de caducidad- de los grandes metarrelatos (Jean-François Lyotard, La condición postmoderna, 2019), aquellos principios de sustentación y formación del sujeto del conocimiento occidental. Lo contemporáneo sería, entonces, la expresión epocal del paradigma de la globalización: la abismal puesta en paréntesis de lo otro, lo distinto, de todo aquello que se resiste a la mismidad (Byung-Chul Han, La expulsión de lo distinto, 2019).
Cambio de época: la República de Corea y la renovación de sus relaciones con América Latina es una obra de actitud transfronteriza que halla, como su problema, la crisis de los relatos desde un caso particular: la situación contemporánea de Corea del Sur y su nexo con nuestra región. La publicación, editada por los doctores Woo Suk-kyun, Juan José Ramírez y Kim Soon-bae, atiende dos asuntos específicos -pero fundamentales-, en un intento por renovar el paisaje de lo otro como un espacio del pensar: i) la necesidad de asentar los estudios de área (Area Studies) en las universidades latinoamericanas (y coreanas), en tanto exigencia por (re)cobrar una especificidad del conocimiento y sus objetos (la posibilidad de un desmarque desde lo global), y ii) un esfuerzo comparativo de acercamiento entre Corea del Sur y América Latina.
La necesidad de afirmar los estudios de área asoma formalmente en la distribución de las secciones de la obra: “La gran transformación de Corea”, que abarca tres capítulos; “Hacia la superación del diálogo entre mudos y sordos”, cuyo eje se extiende a cinco trabajos y, por último, “La economía de Corea desde la perspectiva de América Latina”, que concluye la obra con dos investigaciones.
Uno de los objetivos del libro se establece en la apertura y obertura para lograr un renovado impulso en torno a los estudios de Corea del Sur, como la puesta en marcha de una nueva historicidad posible: la destitución de la presidenta Park Geun-hye en 2017, proceso que desborda lo penal hacia lo político, lo social y lo nacional, pero que también (re)afirma para sí un nuevo horizonte de atención, de agitación reflexiva, de movilización de ideas:
Este suceso no fue simplemente un cambio del gobierno sino un cambio de la época […] la destitución de la presidenta Park es un indicio del cambio de balance entre el régimen antiguo y las fuerzas democráticas, aunque éstas se enfrentan a su vez al reto de impulsar la sociedad más allá de aquella dicotomía conflictiva (21).
El primer tramo de esta obra, “La gran transformación de Corea”, apunta críticamente a la puesta en valor un cambio de paradigma en tanto interpelación: en términos no sólo del advenimiento o de los efectos de una nueva época política y social en Corea del Sur, sino también de una contingencia que opone resistencia al pensamiento; una coyuntura que exige un relato, una distinción, una signatura.
En esta colocación, la sección abre con el trabajo de Cho Hyo-je, quien desarrolla el proceso de destitución de la presidenta Park Geun-hye. El artículo despliega un barrido histórico-cronológico del suceso a fin de retratar y acusar la magnitud de las debilidades y las particularidades del sistema democrático surcoreano y los roles asumidos por la sociedad civil, así como sus retos y sus repercusiones.
Seguidamente, Ulises Granados, en su artículo “Las cumbres Donald Trump-Kim Jong-Un: oportunidades y retos”, da un vistazo analítico a las reuniones entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte a partir de una lectura de recorrido histórico y alcance geopolítico en torno a sus resultados (efectividades), sus efectos regionales y sus rutas a seguir.
Kim Soon-bae cierra la sección con un estudio sobre el “milagro del río Han” y el concepto “Hell Joseon”, en un intento por evidenciar el problema de la contradicción entre una imagen de la modernización -tecnologización-de Corea del Sur y la propia experiencia que posee su sociedad de aquella retórica, al modo de una conciencia de crisis -o, al menos, de desilusión- del modelo desarrollista.
La segunda parte, “Hacia la superación del diálogo entre mudos y sordos”, condensa, quizás, el nervio crítico que articula esta obra y, al mismo tiempo, busca recobrar el “abismo de la otredad” en la pretensión de encuentro con Corea (y el Asia Oriental); vale decir, se trata de inscribir como problema epistemológico la magnitud entre las relaciones posibles entre Corea del Sur y América Latina.
Primero, John B. Duncan ofrece una descripción sobre los “Estudios coreanos en Estados Unidos: implicaciones para los académicos latinoamericanos”, trabajo que inicia y dispara el problema de la especificidad de la producción del conocimiento acerca de Corea del Sur como lugar fuera de los márgenes del sujeto occidental y, si se me permite esta licencia, en la reserva de la historia universal. El artículo integra en su reflexión la formación del campo de los estudios coreanos en Estados Unidos desde sus primeras posibilidades de acercamiento, a partir de los estudios de japoneses en el contexto del imperialismo del siglo XIX, hasta la coyuntura de la Guerra Fría.
Una remisión similar, aunque con un objeto de estudio distinto, es el ensayo de Woo Suk-kyun. En “Los Andes ante los ojos coreanos: más allá de la cercanía epistemológica”, el autor se introduce en las valoraciones y las omisiones de apreciación de lo andino por parte de la sociedad coreana, en el sentido no de un juego de percepciones sobre la distancia geográfica, sino de sus cercanías representacionales o, mejor dicho, civilizacionales.
Por su parte, Choe Hae-sung realiza un compendio episódico de los 60 años de relaciones entre América Latina y Corea del Sur, y enfatiza un desplazamiento trascendental, a colación de los intentos por constituir un espacio en común de diálogo y conocimiento: una traslación histórica entre tímidos movimientos migratorios hacia la consolidación diplomática y las proyecciones económicas en la globalidad del siglo XXI.
Luego, en lo local y desde una perspectiva de análisis complejo, Choi Ji-ok se propone estudiar el problema de la identidad coreana establecida en la sociedad chilena actual, en términos de visibilizar discursos y actos de interacción, apropiación e integración. En una orilla, la distinción del migrante coreano como un “otro” emplazado en la multiculturalidad chilena, y, en otra, las formas de producción de un sentido de la otredad -distinción- del migrante coreano.
Concluye este segmento con el título “Corea del Sur en las crónicas de Martín Caparrós”, de Axel Gasquet. El autor examina la obra Palipalí: impresiones coreanas (2012) del periodista argentino Martín Caparrós en clave testimonial y, si se quiere, de asimilación y discusión de las innumerables tramas que configuran imágenes sobre lo “otro coreano”, en el contexto de su experiencia de la modernidad coreana, y digo testimonial porque Gasquet estudia este libro como un relato de vivencias en su acepción más lúdica: no como una crónica o un acta, sino como una dispersión de tonos enunciativos.
El último arco de la publicación, “La economía de Corea desde la perspectiva de América Latina”, ahonda en dos capítulos sobre las estrategias de proyección de Corea del Sur en el ámbito latinoamericano. Se formula aquí una pesquisa general de lógica “invertida” a partir de un enfoque geopolítico y económico sobre la visión surcoreana en la otredad local.
Por una parte, Julen Berasaluce y José Romero desarrollan un trabajo de aplicación histórica crítica -en cuya propuesta se patentizan los rasgos complejos y problemáticos- sobre la política exterior surcoreana, respecto a la coyuntura regional económica asiática de la segunda mitad del siglo XX. Por otra, Juan José Ramírez ofrece una visibilización (en términos de rol desempeñado, de los impactos y de los rendimientos transformativos) de la inversión extranjera directa coreana en la economía de México a partir de finales del siglo XX.
Como corolario, Cambio de época: la República de Corea y la renovación de sus relaciones con América Latina no es una obra que incite a una lectura sobre Corea -ya sea de un lector primerizo o especializado- como si se tratase de un“acontecimiento”, es decir, un acto de revelación, inédito, anecdótico, sin principio o fuera de toda posibilidad (Slavoj Žižek, Acontecimiento, 2018). Por el contrario, esta publicación formula a Corea del Sur desde el estatuto de un objeto de estudio; hace suyo el recurso del “cambio de paradigma” no sólo desde la propuesta de una nueva lógica histórica que adviene, sino también para transparentar la conciencia sobre un nuevo lugar y objeto por pensar: el fenómeno coreano y los estudios coreanos en el horizonte latinoamericano del siglo XXI.















