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Estudios de Asia y África

 ISSN 2448-654X ISSN 0185-0164

Estud. Asia Áfr. vol.60 no.3 Ciudad de México sep./dic. 2025   06--2025

https://doi.org/10.24201/eaa.v60i3.e3001 

Artículos

América Latina desde el golfo Arábigo. Prensa y territorio en el sur global (1964-1967)

Latin America from the Arabian Gulf. Press and Territory in the Global South (1964-67)

1Universidad Central de Oklahoma, Departamento de Humanidades y Filosofía (Oklahoma, Estados Unidos) lmduarte2005@gmail.com


Resumen:

El artículo examina las narrativas periodísticas sobre América Latina reproducidas en el golfo Arábigo por el diario en lengua inglesa Kuwait Times durante el periodo posindependencia. Se plantea que, al incorporar la realidad latinoamericana en otro extremo del sur global, el periódico kuwaití, aun sometido a las fuentes metropolitanas, construye un relato arabista usando las noticias sobre el territorio como un espejo de su propia realidad. Esto se demuestra con el énfasis en las noticias de América Latina en el marco de no alineamiento y las dicotomías políticas de la Guerra Fría. Se concluye que los conflictos latinoamericanos acerca del territorio estimulan el imaginario cultural y político en Kuwait. La importancia de este análisis apunta hacia un nuevo campo de investigación que consiste en potenciar fuentes de archivo para elucidar una conciencia acerca de los desafíos poscoloniales del tercer mundo.

Palabras clave: América Latina; Kuwait; territorio; prensa árabe; Kuwait Times; años sesenta globales

Abstract:

This article examines the journalistic narratives about Latin America reproduced in the Arabian Gulf by the English-language newspaper Kuwait Times during the post-independence period. It argues that, by incorporating the Latin American reality at another end of the global south, the newspaper constructs an Arabist narrative using news from the territory as a mirror of its own reality, despite its reliance on metropolitan sources. This is demonstrated by emphasizing the coverage of Latin American news in the context of non-alignment and Cold War political dichotomies. Ultimately, it is concluded that Latin American territorial conflicts stimulate the cultural and political imagination in Kuwait. The importance of this research points toward a new field of study that consists of enhancing archival sources to elucidate an awareness of postcolonial challenges across the Third World.

Keywords: Latin America; Kuwait; territory; Arab press; Kuwait Times; global sixties

Introducción1

Los medios de comunicación con frecuencia trasladan relatos de una geografía a otra y reconfiguran el imaginario colectivo. Esto se agrava cuando los hechos ocurren en territorios considerados erróneamente remotos y violentos. La guerra del Golfo, por ejemplo, se transmitió en directo para América Latina y fijó imágenes de los bombardeos nocturnos. De igual modo, hay otras narrativas que han llevado a América Latina hasta el Golfo y se han anticipado a la televisión trasnacional. Esta investigación rastrea por primera vez esos relatos que construyeron un imaginario latinoamericano a través de la prensa árabe. En particular, se analizan las noticias del periódico en lengua inglesa Kuwait Times2 (en adelante KT) durante la década fundacional de 1960 y se enfatiza el contenido a partir del ingreso de Kuwait al Movimiento de los Países No Alineados (1964) y la guerra de los Seis Días3 (1967). Con este acervo se plantea que el diario, aun sometido a la producción de las agencias internacionales, aprovecha las noticias acerca de América Latina para promover el nacionalismo árabe. Esto se demuestra mediante notas editoriales y artículos relacionados de manera explícita con el “territorio”, entendido primero como una preocupación latinoamericana que luego se cristaliza en la realidad de Kuwait y el mundo árabe. La relevancia de esta investigación radica en estudiar América Latina desde la perspectiva exógena del golfo Arábigo y descubrir sus semejanzas a través de una cultura mediática que con sutileza revela la solidaridad de Kuwait con las causas del tercer mundo. Se incluyen los resultados de un arduo trabajo de archivo en que se recogieron manualmente casi mil artículos dedicados a narrar América Latina. Este trabajo ofrece nuevas líneas de investigación en las relaciones culturales entre América Latina y Asia a través de la prensa árabe.

Antecedentes

El 19 de junio de 1961, Kuwait obtuvo su independencia del Reino Unido al concluir un tratado fechado en 1899. De inmediato, se encontró con los reclamos territoriales de Iraq. Sin embargo, la amenaza terminó con la abrupta caída del general Abd al-Karim Qasim en 1963 (Joyce 1995). Entre tanto, el otrora protectorado buscó el respaldo internacional de las Naciones Unidas (ONU) para garantizar su soberanía. También amplió su diplomacia al incorporar a sus relaciones las regiones de Asia y América Latina. Por una parte, Kuwait se acercó a Myanmar, India, Indonesia, Japón, Malasia, Pakistán, Filipinas y Turquía, y, por otra, envió una misión a América del Sur encabezada por Abdullah Alghanem y Khaled Jafar con destino a Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, México y Venezuela en 1961. En 1963, Kuwait consiguió su membresía en la ONU con apoyo de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela (United Nations 1963). A la par, estableció algunos principios democráticos acordes con la modernización que permitía el petróleo. En este sentido, la Carta Magna firmada el 11 de noviembre de 1962 es significativa, pues instauró una autoridad monárquica parlamentaria sustentada en la justicia, la libertad, la equidad de sus ciudadanos y el derecho a la libertad de prensa (González Echeverry 2019).

Kuwait continuó su campaña internacionalista mediante el apoyo del primer ministro jeque Sabah Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah a las independencias en Asia, África y Medio Oriente. De hecho, Al-Sabah evocó la responsabilidad de Kuwait en un proyecto de mundo basado en la cooperación, la prosperidad, la neutralidad y el nacionalismo (United Nations 1963) y rechazó la discriminación racial, la carrera armamentista y anticolonialista (KT 1963c). Esto mostraba el apoyo kuwaití a la justicia de los “pueblos del mundo” que se ratificaría con su ingreso al Movimiento de los Países No Alineados en 1964. En este grupo compartió intereses con otros miembros permanentes, como Cuba, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, México, Uruguay y Venezuela. Más adelante, en El Cairo, Kuwait confirmó el principio de autodeterminación y señaló al imperialismo y al neocolonialismo como amenazas, interna y externa, para la gran nación árabe. En este devenir se expresó la necesidad de una “comprensión y un aprecio mutuos de las diferentes culturas y formas de vida” (United Nations 1964). Dicho así, el KT sirvió como mediador cultural que subrayó el papel de la diplomacia como eje de estabilidad y seguridad para Medio Oriente.

La década de 1960, a través del KT, estuvo determinada por el compromiso con Palestina. Desde su partición territorial por el mandato británico de 1947, el conflicto árabe-israelí aceleró el deterioro de las condiciones de vida e incluyó pérdidas incontables, “éxodo” y desplazamiento interno (Flapan 1987). Lasreiteradas disputas por el control del afluente del río Jordania erosionaron las relaciones hasta impedir cualquier concertación. Entre tanto, la complejidad de los tratados multilaterales expuso otro vértice del conflicto en Medio Oriente. Esta vez, la batalla involucró el dominio del agua entre Palestina e Israel (Smith 1966; Shemesh 2004), cuyas características transfronterizas y su potencial energético alentaron prevenciones “psicológicas” que bloquearon la cooperación internacional y favorecieron el enfrentamiento bélico (Khouri 1965; Hagopian 2016). De ahí que la Cumbre de la Liga Árabe de 1964 consolidara una política árabe de unidad frente a la agresividad de los “diseños imperiales” según el KT (Shiber 1964b). En cierta medida, esto también incentivó la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) con el objeto de defendery restituir el territorio (KT 1964w).

En Kuwait, el jeque Sabah Al-Salem Al-Sabah ascendió al poder en 1965 en un clima de estabilidad diplomática y liderazgo multilateral. Por un lado, la presencia de Estados Unidos se afianzó gracias al nombramiento del embajador Parker T. Hart en 1962; por otro, se superó el inestable acercamiento soviético -debido a sus frecuentes vetos en la ONU y las acusaciones verbales entre sus líderes- (Melkumyan 2015; KT 1966a). Se dio espacio para movimientos que “desgajaban” ideas dominantes y se optó por alternativas políticas (Hernández y Hosek 2018) que incluían el reconocimiento de China comunista ante la ONU (KT 1966c). Estas noticias internacionales resumían el esfuerzo del sur global contra la opresión y el anticolonialismo en América, Asia y África, mientras rescataban los debates metropolitanos en pro de los derechos civiles, el género y la paz mundial. Asimismo, el diario informaba acerca de la guerra de guerrillas y la radicalización popular y revolucionaria en varios continentes. Aunado a esto, el emir visitó al presidente Lyndon Johnson en 1968, y discutieron sobre la estabilidad árabe vinculada a una quiet diplomacy regional y a la urgencia de estrechar lazos con América Latina y África (Howland 2000). En breve, la cobertura periodística acerca del multilateralismo y la negociación política kuwaití proyectó el esfuerzo deliberado de articular una tercera vía, cuyo propósito era desarrollar el tercer mundo.

En medio de la Guerra Fría, el KT circunscribió las alianzas árabes al territorio comprendido entre el Éufrates y el Nilo. Documentó la Cuarta Cumbre de la Liga Árabe de Jartum (29 de agosto-1 de septiembre de 1967), en la que Gamal Abdel Nasser alentó a otras naciones, incluida Kuwait, a firmar la resolución conocida como de los “tres noes”. Este acuerdo rechazaba la negociación, el reconocimiento y la paz con Israel. Dicha situación forjó entonces un canal económico, logístico y cultural entre Egipto y Kuwait en favor de la unidad árabe que llegó a contemplar el embargo petrolero como defensa (Shaum 2019). En el KT, esta actitud se reflejó en editoriales -algunos ilustrados- de tono visceral que apuntaban cierta esperanza para la región (KT 1967c). Esto resultó en un discurso mediático de resistencia y resentimiento en contra de las potenciasy sus políticas armamentistas.

El KT se convirtió en mediador de las preocupaciones colectivas del sur global. A través de sus editoriales se materializó el deseo de arabizar la región e incorporar políticas de neutralidad y antimperialismo acumuladas durante las conferencias de Bandung (1955), la de la Solidaridad de los Pueblos Afroasiáticos (1960), además de la citada cumbre de no alineamiento (1964) (Peretz 1965, 41). En particular, se denunciaron las “intrigas” de las potencias contra los árabes desde 1948 y se criticó la incapacidad de la ONU para preservar el “derecho a la vida” de una mayoría que reclamaba como suya la tierra palestina (KT 1965f). Al respecto, resultó muy efectiva la noción de un cuerpo árabe desmembrado por un agente exógeno para sugerir un intertexto con la resolución de la Cumbre de Casablanca de 1965. Según informó el diario, la cumbre condenó el esfuerzo “imperialista” de “amputar” el territorio árabe y obligó a una acción definitiva y coordinada en diferentes frentes: uno en favor de la liberación de Palestina y Omán; otro, en relación con la resolución de los conflictos territoriales y acuíferos en Jordania, y un último relacionado con el fin del colonialismo en Angola, Mozambique y Guinea Portuguesa (KT 1965e). Durante este devenir, los editoriales resultaron más contundentes cuando apoyaron a la brigada kuwaití Yarmuk en su partida hacia la República Árabe Unida en junio de 1967. Al respecto, se indicó que era una “marcha sagrada” cuyo objetivo consistía en “limpiar la tierra santa” mediante una batalla por el “honor, la dignidad y el destino” debido al hostigamiento del imperialismo occidental (KT 1967b, 1967a). En suma, el KT puso en contexto las luchas políticas al priorizar el apoyo incondicional a la causa de Palestina.

En este sentido, se ejecutó la misión del KT de construir un periodismo “independiente” que afianzó la profesión junto con publicaciones públicas y privadas, como Kuwait Al-Youm, Weekly News, Al-Sha’ab, Al-Seyassah y Al-Arabi (Al-Najdi y Smith 2012). La prensa aprovechó el marco jurídico otorgado por el Acto dePublicaciones de 1961, la Constitución nacional, la Sociedad de Periodistas de Kuwait creada en 1964 y la primera conferencia de periodistas árabes de 1965 en Kuwait. George Saba Shiber (1965) concluyó, como editor invitado, que el periodismo árabe estaba llamado a ser una herramienta de la guerra cultural en favor de la unidad de África, Asia y América Latina. Y aunque en el transcurso de los años sesenta el KT se encontró con la dificultad de preservar la imparcialidad y la fidelidad a la “verdad” árabe (KT 1961a), se consolidó como bisagra entre la élite local angloparlante y el grupo internacional que demandaba información desde y hacia el Golfo. Así impuso el diario su carácter “liberal” (Rugh 2004) y moderno a través de un periodismo emergente alineado con el nacionalismo kuwaití en el que se encajaban las noticias sobre América Latina.

Dicho así, la propuesta del KT incluyó una cultura política trastocada por extranjeros, como el propio Yasser Arafat, quien trabajó en el sector petrolero. La educación pública, sin duda, es una muestra de la relevancia de los profesores palestinos y egipcios desde la década de 1930. En sus salones de clase se fortaleció la OLP, por ejemplo, mientras se apoyaba al Ejército por la Liberación Palestina (Al-Rashoud 2019; Lesch 1991; Shemesh 1984). A la par, el flujo de trabajadores, estudiantes e intelectuales permitió asentar el Partido Baaz Árabe Socialista, que luego fue opacado por el Movimiento Nacionalista Árabe kuwaití debido a la lucha de clases, al origen extranjero de la mayoría de sus miembros y a las tensiones ideológicas alrededor de Nasser. Entre tanto, los kuwaitíes optaron por el Movimiento Nacionalista enfocado en la unidad árabe y la liberación de Palestina, que se reflejó en la prensa posindependencia (Al-Moudayris 1999, 24-27).

El éxodo de intelectuales a Kuwait incluyó los idearios del partido de liberación argelino, el partido comunista que llegó de Iraq, y el Partido Tudeh de Irán a través de clubes y organizaciones sociales. En 1954, por ejemplo, la presencia comunista en Kuwait llamó la atención cuando aparecieron panfletos firmados por la “Liga democrática kuwaití” en contra del imperialismo, en los que se exigían elecciones y mejores condiciones para los trabajadores petroleros (Al-Moudayris 1999, 30-31). En 1959, el Movimiento Nacionalista Árabe reforzó la línea nasseriana para lanzar una “campaña” en contra del comunismo, en la que acusaban a sus partidarios de agentes del imperialismo. A partir de esta hostilidad, que invitaba a “unirse para destruir la amenaza comunista”, los comerciantes conformaron la Liga de Kuwait y fortalecieron el arabismo en el país y la unidad árabe (31-38). Luego de la guerra de los Seis Días, los seguidores del marxismo-leninismo adquirieron relevancia en virtud de la situación en Yemen, Omán y Palestina. Por esa época, se creó el Frente Popular para la Liberación de Omán y el Golfo Arábigo, que se distanció del movimiento nacionalista. Su objetivo era eliminar el colonialismo británico y la influencia tribal en la región (Shamshiri 2022; Peterson 1977, 281; Al-Moudayris 1999, 52-56). Lo anterior permite entender las incongruencias políticas de un sistema escindido por diversos factores sumados a las tensiones entre los pueblos del desierto y los de la ciudad. De igual forma, la “demagogia nacionalista” se conectó con una “filosofía moral” que si bien demandaba justicia social, no confrontó el autoritarismo, el capitalismo ni la inexistente representación política de las minorías (Molyneux y Halliday 1984, 18-20). De esta manera, el KT circuló en medio de un debate político inestable en el que narraba las luchas regionales e internacionales sin problematizar del todo la realidad kuwaití.

Primeras concordancias

En principio, el KT mantuvo separados los hechos de Palestina y del tercer mundo. Esto se percibe en los primeros relatos cubanos que llegaron al Golfo a propósito de la invasión de la bahía de Cochinos y la crisis de los misiles. Esta desconexión pudo obedecer a la ausencia de reporteros que interpretaran ambas realidades, o también a la cercanía entre Kuwait y Estados Unidos durante la independencia y la crisis con Iraq de 1961, en la cual el presidente John F. Kennedy exigió más que “una presión diplomática” para resolver la situación (Summitt 2002, 84-86). En cualquier caso, las noticias de América Latina no pasaban inadvertidas. De manera sutil, la inclusión de la realidad cubana planteó un debate a priori sobre la soberanía nacional en el continente americano que recordaba la doctrina Monroe y que adelantaba también las reflexiones en referencia a la intervención, la cooperación internacional y la ocupación territorial. Además, la amenaza constante de un ataque nuclear o de una invasión inminente resonó en Kuwait de un modo que sedimentó un imaginario para encuentros políticos posteriores. Según esta mirada, la información acerca de América Latina preparó al lector para que más adelante interpretara el porvenir del mundo árabe.

1. Anuncio publicitario, periódico Kuwait Times

Desde esta perspectiva aparecieron los informes acerca de Cuba en el diario kuwaití, que se limitaron a acentuar la revolución mediante la figura “marxista-leninista” de Fidel Castro que rechazaba a las “potencias extracontinentales” (KT 1961d). Se advirtió de los reclamos cubanos respecto a las actividades “conspirativas” y la interferencia diplomática de Estados Unidos (KT 1961b) y se reportó la liberación de prisioneros capturados en el “último intento de invasión” (KT 1962b), a los que se describía como “cadáveres” o “sombras” de sus propias estampas debido a su frágil condición (KT 1962c). Ya entrado 1962, con la expulsión de Cuba de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se enfatizó una región ya dividida por antagonismos políticos (KT 1962a). Hasta este punto, si bien los asuntos cubanos proyectaban el terror que provocaba el intervencionismo en América Latina, todavía resultaba difícil colegir su importancia respecto a la realidad árabe, lo que explica su cobertura intermitente.

Entre el 20 octubre y el 11 noviembre de 1962, el KT cubrió la crisis de los misiles en Cuba. En un principio se señalaron las evidencias del arsenal ruso aparcado en Cuba y se adelantó un “retiro de los misiles balísticos rusos de la isla caribeña” (KT 1962h). El corresponsal británico Andrew Fyall advirtió que Cuba era un “bastión del comunismo en el Caribe” en cuanto se preparaba junto con los soviéticos para una guerra. El testimonio hablaba de la censura y de las operaciones rusas “observadas” en la isla, en las cuales había una interacción con el personal técnico alrededor del armamento y el transporte terrestre y aéreo (KT 1962e). A las pocas semanas, el periodista George Arfeld corroboró la preparación bélica en La Habana. Describió la instalación de radares y cañones, además de camiones y equipos de detección. Arfeld (1962a) recreó la atmósfera de un ejército -“anclado al símbolo de una metralleta”- que cooperaba con tropas soviéticas. Por otro lado, Fred Hoffman (1962) detalló la vigilancia aérea de Estados Unidos y el marco legal para usar los aviones U-2 en Cuba con el reconocimiento de los límites marítimos de la isla y el espacio aéreo norteamericano. Al escribir desde Guantánamo, Hoffman subrayó que esos operativos respetaban los tratados, pero advirtió que la multiplicidad de opiniones y la estrecha geografía podían conducir a errores tácticos. En efecto, los corresponsales atestiguaron las operaciones logísticas y una agresión velada a propósito de la relación entre Cuba y la Unión Soviética.

Durante la crisis de los misiles, el KT cubrió la visita del primer ministro argelino Ahmed Ben Bella a Cuba (Arfeld 1962b) y aludió a su proceso de independencia (1962) y a la solidaridad kuwaití en relación con la masacre del 17 de octubre de 1961 en París (KT 1961c). Para Ben Bella, el “experimento” cubano era “muy interesante” debido a la relación de “mutuo respeto” con Estados Unidos (KT 1962f). Dicha empatía entre Castro y Ben Bella dio lugar a una posición contundente en contra del colonialismo (Gleijeses 1996) que Arfeld aprovechó para revelar la cooperación médica. Allí se mencionó el servicio cubano a los veteranos argelinos tras su guerra con Francia (Arfeld 1962b) para ejemplificar proyectos comunes. Al final de la crisis fueron frecuentes las referencias al no alineamiento proclamado por Ben Bella. Según esta lógica, Cuba tenía derecho “al gobierno que deseara” (KT 1962g) sin descartar que “puede ser un peligro para Estados Unidos” (KT 1964u). En otras palabras, la relación entre Cuba y Argelia estableció las bases de una correspondencia solidaria cuyo significado dependía estrictamente del lugar desde donde se leyeran esas notas periodísticas. En Kuwait, la masacre de argelinos a manos de la policía francesa generó tal impacto que la cooperación entre Cuba y Argelia era ejemplar.

El contacto entre América Latina y el Medio Oriente de Ben Bella se sumó a la relación que ya existía con Egipto. A través de Nasser y sus demandas de control del canal de Suez durante la década de 1950, se sugerían similitudes con la situación territorial en Panamá. Esto quedó inscrito en una breve pero con-tundente nota fechada en El Cairo que citaba a los periódicos egipcios Al-Ahram y Gazzette, e hilaba la situación en América Latina. La entrada invitaba a la “nacionalización del canal de Panamá” como una “solución justa” frente a Es-tados Unidos, en referencia al canal de Suez respecto a Inglaterra y Francia durante 1956 (KT 1964a, 1964g). Sin embargo, no se mencionaban las reformas nasserianas de la tierra en el marco “socialista, democrático y cooperativo”. Tampoco se destacaron las visitas del Che Guevara a Egipto y a Gaza, ni los encuentros diplomáticos entre Castro y Nasser. Esta propuesta editorial comprueba que Argelia fue el “puente” entre Cuba y el mundo afroasiático que afirmaba la “identificación ideológica” a partir de la lucha libertaria argelina (Vélez 2015, 11-13, 30-58). En este sentido, las notas de prensa formaron vasos comunicantes mediante acontecimientos preliminares que empezaron a instalarse en el imaginario político de Kuwait. Los relatos cubanos, en este caso, en vez de quedar simbólicamente suspendidos en un presente -sin ninguna relación con el devenir kuwaití o con el “contexto global de descolonización” (Hanssen 2020, 225-227)-, se inscribieron en un fluir informativo cuya memoria afectiva se vinculaba con la movilización popular kuwaití frente la guerra argelina.

Por consiguiente, las noticias acerca de la invasión de bahía de Cochinos y la crisis de los misiles publicadas en Kuwait dejaron de ser el telón de fondo de una América Latina remota. El embargo cubano, la parcial alineación de América Latina con Estados Unidos y la crisis de los misiles revindicaron en Kuwait la necesidad de forjar una cooperación con el tercer mundo. A partir del diálogo entre Castro y Ben Bella, la idoneidad del no alineamiento se entendió como instrumento para garantizar la soberanía, la integridad territorial y la mutua cooperación en servicio de la coexistencia. Estas narrativas le anticipaban al lector del KT una política pública de no alineamiento que sólo se materializó cuando Kuwait se integró a dicho movimiento en 1964. Este giro se entiende mejor si se lee al corresponsal Arfeld, quien sintetizó que las demandas castristas tenían un evidente fundamento tripartito. Según su reseña, la “solución definitiva de la crisis” para Cuba dependía de: i) el cese de hostilidades desde Puerto Rico, incluido el desmantelamiento de los campos de entrenamiento para mercenarios; ii) el fin del embargo, ya que “contiene gérmenes de política agresiva y provocadora contra nuestro país”, y iii) la devolución absoluta de Guantánamo por parte de Estados Unidos (Arfeld 1962c). Este apartado confirma que lo escrito por corresponsales internacionales no se insertaba en el contexto kuwaití para cuestionar el régimen castrista, sino que, por el contrario, al ser leído desde el Golfo, incitaba al consenso del tercer mundo alrededor de una inquietud cardinal: la ocupación del territorio.

En busca de un desafío

Al ingresar Kuwait a la ONU (14 de mayo de 1963), el KT reveló opiniones políticas que perfilaban a América Latina en el Golfo (Besser 1963). Así se discutió el nacionalismo árabe, el no alineamiento de Kuwait y la diplomacia para las causas árabes. El imperialismo, la discriminación, la neutralidad, la autodeterminación y la no proliferación nuclear convirtieron la “ocupación” de Palestina y Omán en asuntos propios (KT 1963c). Igualmente, se reseñaban los alcances de la Primera Cumbre de la Liga Árabe en El Cairo, la Segunda Cumbre de la Liga Árabe en Alejandría y la Conferencia de Países No Alineados. Esta última condenó la “neocolonización” en el Caribe y en América Latina, y apoyó los procesos de independencia y autodeterminación. También rechazó el “bloqueo” a Cuba y advirtió el “desafío” que representaba Guantánamo para la soberanía cubana (KT 1964r); además cuestionó la colonia en la “Guayana Británica, Martinica, Guadalupe” (KT 1964s), entre otras islas. En este contexto se impuso como prioridad el control territorial no sólo para los árabes, sino también para América Latina y el Caribe.

Durante esta apertura periodística se cubrieron otras independencias. Aparecieron las luchas de Jamaica y de Trinidad y Tobago (1962), que rechazaban la presencia del Reino Unido en el Caribe. Luego, el desafío se desplazó hasta la península arábiga. Al respecto, el yemení Qahtan Muhammad al-Shaabi decía que el Reino Unido estaba “explotando los recursos y la población de la zona para sus planes imperialistas, sin ningún esfuerzo por elevar el nivel de vida”. Al-Shaabi resulta contundente al declarar al británico como un “enemigo común” (KT 1964q). Por su parte, el régimen francés también fue objeto de críticas. Un titular mencionaba que “muchos latinoamericanos no querían un hermano mayor” y rechazaban la visita del presidente Charles de Gaulle, a pesar de las necesidades económicas (KT 1964k). La visita tasaba la fuerza política de Juan Domingo Perón -en exilio- y el “comunismo” en Argentina y Brasil (KT 1964o). El periódico informó que sólo Guillermo León Valencia, en Colombia, y el general brasileño Humberto Castelo Branco habían recibido con beneplácito a De Gaulle, aunque sin comprometerse (KT 1964r). Por lo tanto, esos artículos describían las resistencias simultáneas en contra del imperialismo bajo una solidaridad internacional.

En esta dirección, la contundencia del no alineamiento dio licencia para cuestionar por primera vez la política norteamericana. Al respecto, se presentó el programa desarrollista Alianza para el Progreso de John F. Kennedy para neutralizar la revolución. A propósito, el diario kuwaití citó fuentes que afirmaban que Estados Unidos había querido resolver las crisis comunistas en Cuba y Panamá sin medir la proyección de su programa (KT 1964e). Este precedente apuntaba a la inconformidad social contra un proyecto de prosperidad sustentado en ayudas económicas externas que perpetuaba la condición colonial de los países luego de sus “independencias”. Esta perspectiva sacó a la luz la “frustración” latinoamericana que contradecía la confianza expresada por Lyndon B. Johnson durante el quinto aniversario de la Alianza. Desde Buenos Aires se informó que los desatinos de ese programa se debían a la situación en Vietnam y daban lugar a “fracturas” en la unidad política que incentivaban “regímenes de facto” en América Latina (KT 1966d). Esto llevaba a pensar que el diario reproducía la incomodidad latinoamericana en relación con la intervención de Estados Unidos y la inestabilidad en el marco de la Guerra Fría.

En consecuencia, el KT afirmó que el fracaso de la Alianza había acelerado los golpes de Estado, como en Guatemala y Bolivia, para salvaguardar al continente del comunismo (KT 1963a, 1964p). En relación con Guatemala, se informó que los derechos humanos habían sido suspendidos y habían forzado al masivo exilio político. También se apuntaron escenas de violencia política y purgas en Bolivia que permitieron al menos un quinquenio de dictaduras. En esta misma línea ya se había reportado el golpe en Ecuador contra Carlos Julio Arosemena y sus “vicios masculinos” (KT 1963b). El caso de la República Dominicana se ilustró con el rechazo popular al intervencionismo. Así se retomó el hilo narrativo que ya había informado sobre la “emergencia nacional” tras el asesinato de su generalísimo (1961) y los subsecuentes golpes anticomunistas (1962-1963). En 1965, el diario incluyó otros relatos acerca de la guerra civil dominicana al mencionar cómo la intervención militar norteamericana había fracturado la isla. Al respecto, se reportó la llegada de 22 000 soldados norteamericanos -apoyados por las fuerzas interamericanas de Brasil, Costa Rica, Honduras y Nicaragua- para evitar rivalidades políticas. Estos relatos advirtieron de un intervencionismo cuya consecuencia desestabilizó social y económicamente el territorio latinoamericano (KT 1965d).

2. “Second Coup Outs 2-Day Old Regime” (KT 1962i). 

En efecto, el KT presentó una América Latina en vilo debido a los gobiernos de facto, los límites de la Alianza para el Progreso y las disputas históricas relacionadas con la soberanía de los pueblos. Al mismo tiempo, se observó la participación de la ONU en los países en “desarrollo” a través de iniciativas de promoción de la no intervención, la equidad y la soberanía de los Estados (KT 1964t). Por otra parte, la realidad histórica parecía sobrepasar el idealismo institucional que pretendía solucionar diplomáticamente las tensiones emergentes del imperialismo en el sur global. Por lo tanto, las noticias de una América Latina inestable se fueron incorporando al imaginario árabe cuando allí también se estaban ponderando las relaciones de poder en busca de la independencia en múltiples frentes. Esto surgió vinculado al trabajo de la Liga Árabe, cuya agenda impulsaba una acción colectiva en contra de las fuerzas “antiárabes” como expresión de resistencia al colonialismo y a la explotación material. A esto se agregaron las discusiones acerca del “neocolonialismo” -en África, América Latina, Asia y el Caribe- dirigidas a garantizar la integridad nacional, el fin de la segregación racial y la ocupación territorial (KT 1964s). Dicho esto, se infiere una agencia política trasnacional que estimuló discusiones ideológicas locales y regionales. Para tal efecto, se presentó un panorama latinoamericano cercano a las intenciones políticas y económicas kuwaitíes.

Territorios en disputa

El periódico kuwaití reprodujo notas acerca de tres contextos de intervención colonial en América Latina: Panamá, Cuba y Argentina, con narrativas territoriales que complicaron el debate de las soberanías nacionales al aparecer en las primeras páginas, con titulares en negritas y mapas que ampliaban los imaginarios sobre el continente americano. En conjunto, esto reafirmaba una causa común que coincidía con la cuestión palestina para cohesionar al sur global.

Las primeras notas se referían al canal de Panamá y su disputa con Estados Unidos. El periódico ofreció un contexto sobre la independencia del país y el papel norteamericano en el canal desde 1903. Se reseñó el acuerdo que otorgóel control a Estados Unidos (KT 1964h) como preámbulo a la querella nacionalista, para más tarde insertar el conflicto detrás del deseo popular de izar la bandera panameña en la zona del canal como señal de soberanía. Según se informaba, ya había víctimas y resentimiento social por un acuerdo inequitativo y detonador de violencias (KT 1964b). Se enunciaban, por una parte, las discrepancias que acusaban la colaboración comunista, y por otra, la desproporcionada fuerza oficial desplegada. El diario ofreció detalles del Día de los Mártires, cuyo resultado fueron “21 víctimas mortales y 200 heridos” en las protestas estudiantiles. El perfil de Panamá se complementó con la referencia a la mediación de la OEA previa a la visita del presidente Johnson a dicha organización para refrendar la Alianza para el Progreso y renegociar las operaciones del canal (KT 1964j). En resumen, Panamá apareció desestabilizado por la presencia de Estados Unidos, lo cual iba en detrimento de su economía y de la confianza en los derechos humanos y en el sistema de justicia panameño.

3. “Panamá U.S. Agreement” (KT 1964b). 

En cuanto a Cuba, el KT concatenó las referencias a Guantánamo a partir de lo publicado en relación con la crisis de los misiles en 1962. Por esa época, el diario kuwaití imprimió un artículo escrito en Rockville, Indiana, que citaba la insistencia del senador Homer Capehart en el derecho estadounidense de “ocupar” Cuba (KT 1962d). A lo anterior se sumó el texto ya referido de F. Hoffman (1962) con las opiniones acerca del espacio aéreo cubano y la legitimidad de Estados Unidos para supervisar el territorio. A propósito apareció un editorial kuwaití titulado “Cuban Sovereignty” que describía la dificultad de alcanzar una solución entre ambos países debido tanto a la agresividad de Castro como a los vuelos de reconocimiento sobre la “diminuta isla”. La columna, si bien reconocía la intención norteamericana de dirimir las diferencias, también admitía que infringir la soberanía era un riesgo para la “paz y el entendimiento” mutuo (KT 1964l). Estos textos dejaron entrever la dificultad de dicha disputa territorial mientras existiera una base militar extranjera en la isla y una vigilancia que sobrepasara las fronteras de la nación.

Durante 1964, el periódico insistió en el desafío cubano en contra de la base de Guantánamo. Se reportó la orden castrista de interrumpir el suministro de agua a los estadounidenses y se recogió la reacción del presidente Johnson, quien exigía la autosuficiencia militar a partir de la desalinización del agua marina y la reducción del personal cubano dentro de la base para restringir los pagos en dólares. Asimismo, se mencionó el uso de Radio Habana para difundir la “campaña” dirigida a expulsar a Estados Unidos de la isla (KT 1964d). El KT argumentó que la verdadera víctima de la intervención era el pueblo cubano, que debía decidir entre la “revolución” y el “imperialismo yanqui” (KT 1970) ante la imperiosa necesidad de escapar de la “opresión” ya fuera política o económica. Según esto, el éxodo exponía a los migrantes a la cárcel y a los disparos desde lados opuestos de la frontera. Este ángulo humanista se repitió al mencionar a los “treinta o cuarenta” cubanos a quienes se les negaba el asilo cada semana (KT 1966b). Asimismo, reportó a los “230” refugiados que ya no podían llegar hasta Miami debido a las inclemencias náuticas y la vigilancia del régimen. Este escenario describía una situación política sin salida ligada al desplazamiento, por los efectos ya fuera del régimen o del bloqueo extranjero.

En efecto, es viable reconocer que a través de las problemáticas territoriales latinoamericanas se tejieron vínculos con otras latitudes. A propósito del caso cubano, algunos artículos se refirieron a la “propaganda de guerra” que culpaba a Estados Unidos por su degradación social. Según se anota, la política pública de Castro y del presidente cubano Osvaldo Dorticós contemplaba “combatir la plaga” moral del capitalismo en suelo cubano. El artículo apunta la idea de realizar una “inmunización” social para alejar a la juventud de la “mentalidad burguesa” y la glorificación de la “violencia” implícita en los medios de comunicación (KT 1965g). Lo dicho surgía en paralelo con los relatos que daban cuenta del dinamismo de la industria y de la producción azucarera revolucionaria (KT 1964i), con lo que se insinuaba que los problemas de la isla estaban próximos a solucionarse (KT 1964c). Este ángulo retomaba las muestras de antiamericanismo en Panamá a propósito del uso “desproporcionado” de fuerza contra la población acusada erróneamente de comunista. El sentimiento antiamericano se lee también en una primera plana en la que se cita al diario libanés Al-Moharer, que invitaba al mundo árabe a alinearse con la Unión Soviética debido a la supuesta influencia presidencial que ejercía la primera dama Claudia Johnson como agente del sionismo (KT 1964f). Además de la situación en Palestina, el conflicto en Vietnam y la precariedad de los derechos civiles y electorales en Estados Unidos revelaban una insatisfacción transcontinental. En referencia a Cuba, estas narrativas se decantaron al final por las agresiones fronterizas en Guantánamo, donde los cubanos reclamaban justicia e increpaban al unísono: “Yanquis asesinos. Fuera yanquis de Guantánamo” (KT 1966b).

En el KT, las narrativas territoriales de América Latina también dieron cobertura a las islas Malvinas, en el sur del continente. El periódico reportó el Operativo Cóndor (28-29 de septiembre de 1966) llevado a cabo por “nacionalistas argentinos” que invadieron las islas en desobediencia frente al “control británico”. Aunque la entrada esquivó mencionar el irrisorio efecto de aquel “torpe” operativo juvenil (Makin 1983), sí habló del regreso de los “invasores” a enfrentar todo el “peso de la ley” del gobierno del general Onganía (KT 1966e). La invasión dio lugar a que se acusara al comunismo y al fascismo de infiltrar la guerrilla de Montoneros y Tacuara que desestabilizó a Argentina (KT 1966g). Estos temas se abandonaron sin ofrecer detalles de un peronismo que congregaba a grupos estudiantiles y gremiales en los que se cruzaron los intereses católicos y militares de una izquierda influida aparentemente por Cuba. Sin embargo, la lucha por las Malvinas se trasladó a la urbe, donde las fuerzas políticas se disputaban el control del campus universitario. En las demostraciones estudiantiles en Buenos Aires se enfrentaron a un “régimen militar” con el objeto de salvaguardar la autonomía universitaria, mientras acechaban a los estudiantes como enemigos internos. El periódico permitió entrever que la intervención militar de la Noche de los Bastones Largos había sido una operación sistemática en cuanto el movimiento estudiantil regional tenía una “causa común” y “realizaba cruzadas” en contra de los gobiernos autoritarios en América Latina. Informó que las voces oficialistas acusaban a Castro de promover el acceso masivo a la educación y a planes de estudios políticos además de técnicos. Esta serie de artículos tomó como punto de partida un caso de intervención imperialista para luego cuestionar el abuso de poder que amenazaba a las ciudades universitarias (KT 1966f).

Por consiguiente, el KT propuso narrativas en las que se discutían paralelamente asuntos críticos de América Latina y el Medio Oriente y se sugerían vasos comunicantes respecto al territorio. Al leerse en conjunto, los textos parecen delatar a un sistema hegemónico que desestabilizaba a los países del sur global a través de múltiples y desproporcionados acuerdos históricos. Los ejemplos citados demuestran tensiones cuyas soluciones diplomáticas parecían inviables. Esta frustración colectiva se reflejaba en el KT por medio de noticias relacionadas con la “tierra y el agua” en Palestina que insinuaban desafíos comunes provenientes de América Latina (Shiber 1964a). Dicho así, las noticias latinoamericanas se convirtieron en un reflejo de la dinámica arabista, que se había comprometido durante la Cumbre de la Liga Árabe a perseguir “la verdad y la justicia” en defensa de la gran nación árabe (KT 1964m).

En este sentido, los editoriales situaban al lector kuwaití dentro del proyecto de unidad árabe en el que radicaba la condición poscolonial. No resulta extraño, entonces, que para el KT la realidad árabe estuviera supeditada a regímenes externos que “dividían para conquistar” y revindicaban el nacionalismo (KT 1964v). Los mismos editoriales defendieron una línea dura de corte “bélico” utilizando la imagen de Castro, a quien, según se anota, Estados Unidos no había podido perturbar por tratarse de un “genio indivisible” (KT 1965a, 1965b). En cuanto a Kuwait, esos editoriales daban por sentada una unidad imperfecta hasta tanto no se diera por liberada la tierra “sagrada” de Palestina (KT 1964t). Al respecto, se incluyeron las conclusiones de la Cumbre Árabe (1964) que describían a las potencias: “los vimos en su desnuda verdad [...] profesando ser nuestros amigos, son en realidad nuestros enemigos” (KT 1964n). A finales de 1965, se insistió de nuevo en la problemática del éxodo palestino en los editoriales, con lo que se demostraba inconformidad ante las “potencias imperialistas” y la incapacidad de las Naciones Unidas para solucionar una injusticia histórica.

En particular se estimaba que se les había negado la dignidad y la oportunidad de volver a “donde realmente pertenecían” a más de dos millones de palestinos (KT 1965f, 1965e). Palestina no sólo había sido ocupada, sino que su población había sido dividida por el éxodo transcontinental que había llevado a Brasil a 5 000 refugiados, descritos como industriosos y organizados en la Sociedad Árabe Palestina Benevolente brasileña, atravesados no obstante por la angustia de querer regresar a su territorio, en contraste con los millones de libaneses y sirios afincados en Suramérica (KT 1965b). Este anhelado retorno abrigaba una discusión tanto del éxodo de palestinos hacia Brasil como del exilio cubano de modo tangencial. La inclusión de la directriz castrista que permitía a los cubanos salir de la isla con la premisa de no llevarse ninguna pertenencia mientras ofrecía ventajas a quienes quisieran regresar al país se presentaba contradictoria. Asimismo, las “lágrimas de felicidad” de los refugiados que salían de Cuba contrastaban con el deseo frustrado de los palestinos de habitar su territorio (KT 1965c). Dicho así, el tema de los refugiados palestinos permitió focalizar los efectos en relación con asuntos de territorio.

Consideraciones finales

El Kuwait Times actuó como mediador cultural entre Kuwait y América Latina. A partir del acercamiento diplomático durante el proceso de posindependencia, el diario ensambló una narrativa acerca de América Latina que sugería conexiones con el nacionalismo árabe y el no alineamiento de Kuwait y que, en principio, dio cuenta de una región latinoamericana problematizada por los proyectos desarrollistas, el impulso revolucionario y la emergencia de gobiernos de facto en el contexto de la Guerra Fría. Igualmente, narró un continente en “revolución” ayudado por Estados Unidos, para luego hablar de una zona en conflicto donde las problemáticas de soberanía territorial estaban a la orden del día. Esta coyuntura le permitió al periódico sedimentar una conciencia acerca de los desafíos del tercer mundo que dio origen a sentimientos y reflexiones de solidaridad.

Sin embargo, las conexiones que sugería el KT luego de insertar a América Latina en el Golfo, sólo empezaron a percibirse a partir de los ecos de la independencia en Argelia y de la ocupación Palestina. En un clima político caracterizado por la resistencia al colonialismo, la discriminación, la no proliferación y las críticas a la intervención extranjera, las narrativas antiimperiales del periódico tomaron una trayectoria más contundente al referirse a casos concretos vinculados al territorio. En este sentido, las influencias de Nasser y Ben Bella permitieron interpretar más ampliamente los paralelos entre los procesos de descolonización en el Caribe y la península arábiga. Asimismo, en medio las premisas del no alineamiento se llamó la atención sobre Panamá, Cuba y Argentina. Estos casos sirvieron para reflejar las conflictivas influencias de las potencias a lo largo y ancho del sur global, y esto se logró al estrechar un lazo humanista -y moral- que describía, a través de los editoriales, la situación de injusticia de las víctimas del control extranjero del territorio. El asesinato, el exilio y la represión primaron entre las noticias publicadas en ese medio informativo. Al final, América Latina, leída en su conjunto, pudo entenderse desde Kuwait como una región promisoria en términos de resistencia y unidad que atravesó las discusiones territoriales como espejos de un desafío colectivo poscolonial.

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1El autor expresa su gratitud a los pares evaluadores, cuyos comentarios y sugerencias contribuyeron a mejorar esta investigación.

2El archivo del periódico Kuwait Times reposa en la Biblioteca Nacional de Kuwait y está en proceso de digitalización. Sus folios no están indexados y la mayoría de sus artículos son anónimos. El autor de este trabajo recolectó los folios y compiló, catalogó y analizó los artículos referentes a América Latina publicados entre 1961 y 1971. El material se clasificó históricamente según tres momentos: i) 1961-1963 (independencia y reconocimiento por la ONU); ii) 1964-1967 (ingreso al movimiento de los no alineados/conflicto por el agua en Jordania y la guerra de los Seis Días), y iii) 1967-1971 (posguerra de los Seis Días hasta 1971). En la primera parte se estudian los iniciales contactos diplomáticos entre Kuwait y América Latina a través de la ONU; en la segunda, se remite al afianzamiento político de Kuwait a partir de la situación en Palestina y la derrota árabe en la guerra de los Seis Días y las conexiones a partir de las notas acerca de América Latina. En la tercera parte se examinan las representaciones de las disidencias latinoamericanas a finales de los años sesenta globales. Este artículo se relaciona con la segunda parte de este proyecto. Al margen hay un extenso conjunto —orientalista— que aprovecha el exotismo natural y de género, la violencia política y el tráfico de estupefacientes en América Latina. Este diario lleva en circulación más de 60 años.

3En la guerra de los Seis Días (1967) confluyeron los conflictos regionales y los fronterizos que impulsaron la frustración árabe ante la presencia de Israel y un nacionalismo casi “místico” y “milenario” relacionado inextricablemente con la tierra y el agua (Oren 2003). Kuwait participó en la alianza árabe y se vinculó a ideas panarabistas que, tras problematizar por dos décadas el colonialismo y la ocupación territorial, permearon el discurso político y periodístico.

Recibido: 29 de Junio de 2023; Aprobado: 22 de Abril de 2024; Publicado: 04 de Agosto de 2025

Mauricio Duarte es maestro por la Universidad Estatal de Arizona y doctor por la Universidad de Pittsburgh. En la actualidad es profesor en el Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Central de Oklahoma. Su campo de investigación son los estudios literarios, mediáticos y visuales, así como las relaciones culturales en el sur global. Sus textos se han publicado en revistas como Latin American Perspectives, Bolivian Studies, Transmodernity y Studies in Latin American Popular Culture, entre otras. Pertenece a la Asociación de Colombianistas.

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