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Estudios de Asia y África

 ISSN 2448-654X ISSN 0185-0164

Estud. Asia Áfr. vol.60 no.1 Ciudad de México ene./abr. 2025   06--2025

https://doi.org/10.24201/eaa.v60i1.e2870 

Artículos

Terminología específica de la vulva en los textos eróticos árabes e islámicos medievales

Specific Terminology of the Vulva in Medieval Arabic and Islamic Erotic Texts

Miguel Ángel Lucena Romero* 
http://orcid.org/0000-0002-6529-6282

*Universidad de Granada, Departamento de Estudios Semíticos (Granada, España). miguelx@ugr.es


Resumen

En este artículo se analizan los sinónimos y las acepciones de la vulva recopilados en la literatura erótica árabe e islámica medieval, desde el advenimiento del islam hasta la llegada del Imperio otomano. En la primera sección se introduce brevemente la justificación de los textos fundacionales del islam en lo relativo al erotismo y al sexo femenino y se sustenta la teoría de esa obsesión de los árabes al clasificar y cosificar el cuerpo femenino; la segunda parte se dedica al análisis terminológico del léxico recogido por los escritores y los cronistas sobre las vulvas ficcionalizadas, y a la función que cada terminología desempeña en las fuentes descritas: sinonímica, metonímica, explicativa, enciclopédica, descriptiva y despectiva.

Palabras clave: sexualidad; literatura; léxico; islam; glosarios

Abstract

This article analyzes the synonyms and meanings of the vulva compiled in Medieval Arab and Islamic erotic literature, from the advent of Islam to the arrival of the Ottoman Empire. In the first section, the justification of the foundational texts of Islam in relation to eroticism and the female sex is briefly introduced, together with support for the theory of this Arab obsession when classifying and reifying the female body. On the other hand, the second part is dedicated to the terminological analysis of the lexicon collected by writers and chroniclers on fictionalized vulvas and to the role that each terminology plays in the sources described: synonymic, metonymic, explanatory, encyclopedic, descriptive, and derogatory.

Keywords: sexuality; literature; lexicon; Islam; glossaries

Desde tiempos pretéritos, la vulva, su descripción e iconografía, se han concebido de múltiples maneras según la sociedad en la que se haya interpretado. Un ejemplo se observa en las famosas Sheelas na Gigs, que, pese a las restricciones sexuales del cristianismo, se instalaron en iglesias románicas entre los siglos XI y XIII (Basilio Santos 2015, 2). Sobre el tema que nos concierne, en la imagen errónea y distorsionada que se tiene hoy en día del mundo femenino en la tradición islámica (Castañeda Reyes 2004, 623-671) debemos incluir, necesariamente, toda esa manifestación social y cultural heredada a lo largo de los siglos: su realidad histórica y literaria.

El presente trabajo tiene como objetivo descubrir las distintas funciones lexicográficas que los sustantivos vulva y vagina, adjetivados y simbolizados, juegan en el amplio repertorio de las obras clásicas árabes e islámicas. En cuanto a las fuentes primarias que nutren esta revisión, se han considerado no sólo las obras de índole erótico, conocidas como kutub al- bāh1 cuya finalidad no es otra que mejorar las relaciones sexuales (al-Qanūŷī 1978, 123),2 sino también otras, como las médicas, satíricas, lexicográficas o jurídicas, que de alguna u otra forma incluyen términos ligados a la vulva. De esta manera, obras como las de al-Kātib, al-Ṯa‘ālabī, al-Tifāšī, al-Šayzarī, al-Tiŷānī, al-Nafzāwī o al-Suyūṭī constituyen la base principal del análisis. Igualmente, el apoyo de la bibliografía secundaria permitió un acercamiento a la temática general de la sexualidad femenina y del léxico empleado en las fuentes, como es el caso del análisis lexicográfico de la obra de Ibn Sīdah realizado por Pedro Buendía (2015). Así pues, una vez sustentada la predisposición de árabes y musulmanes a todo lo referente al sexo femenino a partir de los textos fundacionales del islam -“Os declaro lícito, la noche del ayuno, la visita a vuestras mujeres: ellas son vuestro vestido y vosotros sois su vestido” (Corán 2:183)-, se esclarece su uso en las fuentes clásicas. Con este propósito, se presenta una amplia y sistemática selección de sinónimos, adjetivos y expresiones sobre la vulva, asunto que, sin duda, aportará un rico conocimiento lexicográfico del árabe en lo relativo a la realidad histórica y social de la sexualidad en el mundo árabe e islámico premoderno.

Predisposición islámica a la descripción del sexo femenino

En el islam, al contrario del cristianismo, no hay un contrato de unión con Dios celebrado a través del celibato. Todo lo contrario, la reproducción sexual se considera, incluso, una actividad sagrada: “Casad, de entre vosotros, a los solteros, a vuestros servidores y a vuestras criadas que son justos. Si son pobres, Dios les ayudará mediante su favor. Dios es inmenso, omnipresente” (Corán 24:32). Desde su llegada y su implantación, el islam consagra el acto carnal como un ejercicio vital y en sus textos sagrados se invita de manera reiterada a la cópula, ya que se considera un regalo lícito para el ser humano: “Respondieron: Nuestro Señor es aquel que dio a cada cosa su forma y luego la guio” (20:52). Se entiende, pues, que el dogma islámico apremia la práctica sexual lícita, es decir, aquella que se ha concertado mediante un contrato matrimonial, conocido en árabe como ‘aqd al-nikāḥ (Schacht 1995, 26-29), de manera que la práctica sexual no se asocia al vicio o al pecado, sino más bien a una forma de vida saludable e higiénica (Lucena 2021b, 781-800).

Con todo, los primeros indicios de la predilección androcéntrica por las relaciones sexuales y, sobre todo, por el sexo femenino, se han narrado sin recato alguno ya desde la época preislámica. A la sazón, al-Nābiga (m. 600), poeta preislámico de la tribu de los Banū Ḏubyān, sin duda uno de los poetas con mayor renombre de la época, brinda en su dīwān algunas de las odas más obscenas a la vez que brillantes de la literatura preislámica, cuando versifica de manera manifiesta acerca del vello púbico femenino, negro y ondulado, su tamaño y su olor, y cómo no, cuando retrata la vulva de al-Mutaŷarrida, la esposa del rey Nu‘mān b. al-Munḏir, tan amplia como el tamaño que ocupa una mano, elevada y sobresaliente, y su vagina tan profunda y estrecha como el tránsito de una cuerda a la salida de un pozo:

Cuando lo tocas, tocas algo sólido que permanece en su lugar,

sobresaliendo de manera que ocupa toda una mano.

Cuando la clavas, clavas en algo elevado,

inflándose al palparlo, embadurnado en perfume.

Cuando la sacas, la sacas de algo apretado,

como un joven fuerte, que tira de una cuerda de un pozo.

El que va a beber de ahí, no vuelve a su lugar de origen,

y el que vuelve tras haber bebido de ella,

no volverá al lugar de donde venía (al-Nābiga 1991, 74; Myrne 2020, 122).

Con el modelo de exaltación sexual de la vulva empleado desde tiempos pretéritos, se entienden las alabanzas profusas de los escritores en los primeros siglos del islam. No es de extrañar, por lo tanto, dadas las circunstancias literarias, que en los textos fundacionales del islam se expliciten, como se ha mencionado, las primeras manifestaciones vinculadas al sexo femenino. En dicha línea, según la interpretación de al-Ṯa‘ālabī (m. 1038) en su Al-kināya wa-l-ta‘rīḍ (La metonimia y el eufemismo) sobre la metonimia en el Corán, un ejemplo insólito para entender la dimensión léxico-sociológica de la época, la primera referencia islámica a la vagina se encuentra en la aleya que tanta polémica ha suscitado en el círculo feminista árabe: “Vuestras mujeres son vuestra campiña. Id a vuestra campiña como queráis, pero haceos preceder” (Corán 2:223).3 Aquí, el término “campiña”, en árabe ar, significa arar, cultivar, sembrar o plantar una semilla. El sustantivo “campiña” personifica a la fémina, la vagina y el coito, y simboliza a su vez la zona en la que “se plantan los hijos” (al-Ṯa‘ālabī 1991, 29).

Otra aleya afín interpretada por al-Ṯa‘ālabī es: “Preguntarán a su piel: ¿por qué das testimonio contra nosotros?” (Corán 41:20). Según la interpretación del mismo autor, el término piel, en árabe ŷulūd (pieles), alude a las partes pudendas femeninas. Esta denominación se justifica mediante otra aleya referenciada por al-Ṯa‘ālabī y explicada por al-Ŷāḥiẓ, en la que se enuncia la misma palabra, aunque con un sentido léxico más próximo al de vagina: “Y María, hija de Joaquín, que conservó su virginidad; insuflamos en ella parte de nuestro espíritu, el cual confirmó los decretos y los Libros de su Señor y estuvo entre los que rezan” (Corán 66:12). Aquí, según al-Ṯa‘ālabī (1991, 21), la expresión “conservó su virginidad” (aḥanat farŷa-hā) debería interpretarse también como “sus órganos sexuales”.

Volviendo a la aleya sobre “la campiña”, podría considerarse uno de los puntos de partida para sustentar la teoría de que a los musulmanes se les permite cierto esparcimiento discursivo en este aspecto y, sobre todo, la manipulación de cuestiones relacionadas con el sexo femenino. De hecho, es a través de dicha aleya como se le concede al hombre todo permiso de cohabitar con sus mujeres y esclavas en cualquier momento. Sin embargo, para cimentar esa idea tan insistente de la práctica sexual y el cuerpo femenino, se debería atender a otro tipo de consideraciones igualmente contundentes y no relacionadas en exclusiva con la reproducción sexual.

En este sentido, uno de los sustentos capitales en la vida de los musulmanes trasciende al paraíso. A los musulmanes se les promete una eternidad tras la muerte, en la cual fluyen ríos, crecen árboles frutales y las mujeres vírgenes se exponen a los hombres: “¡Entrad en el paraíso! Vosotros y vuestras esposas seréis honrados. Entre ellos se harán circular platos y tazones de oro; en ellos habrá lo que desean las almas y place a los ojos. Vosotros permaneceréis allí eternamente. Ése es el jardín que habéis heredado en recompensa de lo que hayáis hecho” (Corán 43:70-72). En esta dimensión espiritual prometida a los musulmanes, la figura de las mujeres se contempla y admira al igual que en el mundo terrenal como una recompensa sexual (Valcarcel 2017, 191), lo que a su vez explica la afirmación de Aít Sabbah (2000, 122) de que el paraíso representa para los musulmanes un espejo invertido de la vida terrestre. El pensamiento islámico crea y recrea una necesidad sexual reflejada en la vida paradisiaca y, con ello, los creyentes guían todas sus insistencias, conductas y pensamientos en una dirección sexual única e imaginaria. Esto explicaría, entonces, la simbolización sexualizada, y a veces exagerada, de la figura femenina en los ideales islámicos y en las repetidas descripciones coitocentristas de la literatura erótica.4

Con una vida completa de placeres proyectada en el paraíso, la permisión sexual del harem, la poligamia establecida y la frágil libertad del comercio de esclavas protagonizan igualmente aspectos relevantes para entender esa tendencia masculina a la descripción de las mujeres, sexualizadas desde cualquier punto de vista (Mernissi 2002). Así pues, el concepto del harem implica un ejemplo de categoría y refinamiento en el ámbito áulico; la poligamia, por su parte, una necesidad lícita y, cómo no, el sistema de compra y venta de esclavas, una excusa para conservar el sistema económico de las sociedades islámicas.

Con los fundamentos referidos se podría justificar el interés y la fascinación de los musulmanes por la descripción discursiva de la sexualidad femenina, su erotismo y su placer, como un asunto permitido y sagrado para preservar y mantener el orden social en el mundo árabe e islámico (Valcarcel 2017, 200). De ahí que en las fuentes se reproduzca con flexibilidad lícita una dimensión de la vida sexual lúdica poco habitual en otras literaturas medievales.

Toda esta reciprocidad islam-erotismo señalada se revela incluso en los propios tratados de los alfaquíes y eruditos de la religión sobre la unión sexual. De hecho, son los mismos imames de las mezquitas quienes se encargan de guiar a los creyentes en el mundo del sexo. Éstos elaboran tratados cuya finalidad no es otra que asesorar a los musulmanes acerca del exceso del apetito, del deseo, de la pasión carnal, entre otros. Un claro ejemplo lo observamos en Ḏammu l-hawà, del imán Ibn al-Ŷawzī (m. 1200), obra que trata del deseo, la pasión sexual y los distintos consejos amatorios. En sus 50 capítulos, el autor ofrece diversas explicaciones acerca de la paciencia en el coito, la licitud e ilicitud de la mirada en el ejercicio carnal, el deseo y sus excesos, las ventajas del matrimonio, la homosexualidad y, sobre todo, la necesidad de cohabitación con las féminas: “¡Oh, ‘Akkāf! ¿Acaso dispones de una esposa? Él dijo: No. Y el otro le expuso: ¿Ni tampoco de una esclava? A lo que le respondió: No. Y le repuso: ¿Y eres rico? Y de nuevo ‘Akkāf le respondió: Sí, soy rico. A lo que le dijo: Entonces, tú eres hermano de Satanás. Si fueras cristiano serías uno de sus monjes, pues nuestra ley es el coito”5 (Ibn al-Ŷawzī 1998, 272).

Este género literario, que se podría denominar incluso litúrgico-erótico, en el que se explicitan todas esas vivencias amorosas y sexuales de la época, sirve a los eruditos en cualquier época y contexto islámico y, por ello, ocupa una posición relevante entre los kutub al-bāh (libros eróticos). Por ende, si el pilar fundamental de la sociedad y la economía, es decir, la religión, lo permite, no es de extrañar que en el contexto del gobierno islámico se recojan centenares de obras eróticas, las cuales podrían considerarse como un fenómeno sui generis, con características propias y condicionado por las circunstancias de cada época y geografía.

Ahora bien, en aras de sistematizar el análisis del léxico que trata la genitalidad femenina en las fuentes clásicas, han de distinguirse ciertos planos con base en las distintas funciones del lenguaje. Así, en el caso del léxico empleado en la literatura erótico-médica (tratados ginecológicos, fisiognómicos, de higiene sexual), la función del lenguaje está totalmente ligada a la relación entre los cuidados de la salud sexual, la fecundidad, la reproducción, el apetito y el placer sexual. Este tipo de obras tiene un lenguaje con un carácter más descriptivo, enciclopédico y médico y menos poético y obsceno. Igualmente, el lenguaje de los tratados de índole erótica-jurídica suele ser algo más cuidadoso, comedido y cercano al de la literatura médica. En cambio, cuando nos adentramos en el plano de las fuentes satíricas y humorísticas, el humor en el lenguaje se presenta totalmente obsceno. El objetivo principal en este tipo de relatos no es otro que metaforizar ciertos actos o partes del cuerpo, y por ello se recurre a expresiones más metonímicas, poéticas y malsonantes. De ahí que, a la hora de acotar las distintas funcionalidades del lenguaje en las obras clásicas, debemos tener en cuenta que el uso poético de la metáfora o la metonimia no será lo mismo en la literatura médica que en la humorística. En este sentido, se reitera y subraya que, en la variedad de géneros literarios del islam clásico, como veremos a continuación, hay una riqueza impresionante desde todas sus perspectivas.

La recreación discursiva de las vulvas en el léxico árabe medieval

Sustentada la relación directa de islam y erotismo, obsesión masculina e idealización femenina, a continuación, se analiza la extensa variedad léxica, su diversidad y soez disimulo, concebida por los árabes acerca del universo sinonímico de las vulvas, ya que “tales vocablos nacieron para que de ellos hiciesen uso los hablantes; si desde un primer momento se hubiera decidido que no debían ser utilizados, ¿para qué se forjaron? Tendrían que haber sido taxativamente prohibidos con el fin de preservar la lengua de los árabes de tales nombres y expresiones” (al-Ŷāḥiẓ 2018, 35).

El objetivo en este tipo de fuentes es par: instrucción y solaz. Por ello, los tratadistas árabes conceden una riqueza de argumentos y términos concernientes al erotismo desde distintas perspectivas: científico-médica, humorística, histórica, jurídica, poética, dietética, narrativa, lexicográfica y filológica, entre otras. Así, cualquier excusa se consideraría pertinente para diseñar una imagen sexualizada.

En toda esta literatura, el retrato -indudablemente erótico- del cuerpo femenino ocupa un lugar de relieve: “Quien desee contraer matrimonio con una mujer deberá primero mirar en ella lo que le invita a fornicarla” (Ibn al-Ŷawzī 1998, 275), lo cual se debe quizás a que la representación del cuerpo se ha situado incluso a nivel religioso: “el conocimiento del cuerpo humano suponía, al mismo tiempo, un reconocimiento a la grandeza creadora de Dios (Álvarez de Morales 1998, 129). De capite ad calcem, en cuantiosos textos se describen, por un lado, la forma femenina de ojos, mejillas, nariz, boca, labios, dientes y cuello, y por otro, la apariencia de pechos, vientre, caderas, nalgas, piernas y pies.6

De todas las partes del cuerpo femenino, las partes pudendas, la vulva y la cavidad vaginal son innegablemente de las más descritas e interpretadas por los tratadistas árabes en sus obras. Si bien se han llegado a referenciar centenares -entre medio millar y un millar- de vocablos equivalentes, como se verá de manera pormenorizada en las siguientes páginas, el término principal que alude a la vulva y que se encuentra en distintas narraciones es farŷ. De la raíz f-r-ŷ, “abrir”, “abrir entre dos cosas”, “abrir una grieta”, entre otros, este término se traduce al castellano como “hendidura”, “abertura” o “intersticio”, y no sólo se refiere a la vulva, sino también al pene. De ahí que, cuando se usa este término, se le añade necesariamente un complemento del nombre, farŷ al-marā’a, es decir, la vulva de la mujer, y en el caso del pene, farŷ al-raŷul, es decir, el pene del hombre. El sustantivo farŷ, como recoge Lane (1968, 2360), se refiere igualmente “al espacio que se abre entre las dos piernas” y a “un espacio ancho y abierto”. De ahí que el mismo lexicógrafo conceda a farŷ el significado de vagina. A este tenor, otro término harto común referenciado por los tratadistas árabes es kuss (vulgarmente, coño), vocablo con una connotación más vulgar que el anterior y que se emplea igualmente para referirse a la vulva y a la vagina. Pese a que kuss implica un alto grado de obscenidad y falta de respeto en el discurso árabe, es empleado sin recato alguno, desde el advenimiento del islam, en prosa y en poesía. Si bien farŷ al-marā’a y kuss son apelativos que definen principalmente las partes pudendas femeninas, en la literatura árabe se recurre con asiduidad al término ḥirr, originalmente ḥirḥ, sobre todo en expresiones poéticas. El término ḥirr se refiere de manera específica a la vagina y connota, a su vez, un sentido vulgar y metonímico.7

La terminología de las vulvas en los tratados eróticos árabes e islámicos

En cuanto al estudio que al siguiente apartado corresponde, se ha estructurado, por un lado, desde una perspectiva diacrónica, es decir, se organizan las alusiones seleccionadas de las vulvas según el periodo en el que cada autor las inscribe y, por otro, se asigna la función del lenguaje que a cada obra le atañe y el objetivo que los autores otorgan a dicho vocabulario. Así pues, a aquellas voces que funcionan como sinónimos del término vulva, se le denominará terminología sinonímica o metonímica; en los casos en que el autor aporte cierta elucidación o una definición específica de cada expresión, se le llamará terminología explicativa; aquellos vocablos que impliquen un defecto en la descripción, terminología despectiva; si el autor estructura su discurso mediante el uso del orden alfabético, será terminología enciclopédica; por último, cuando el autor contribuya de manera explícita con una descripción de la vulva en prosa o en poesía, se le denominará descriptiva.

Como es bien sabido, la llegada de los abasíes al poder islámico implicó un giro total en cuanto a la producción de textos eróticos se refiere. En dicha época, que se podría definir incluso como la primera nahḍa islámica, el primer Renacimiento islámico, los tratadistas árabes atienden a todo tipo de temáticas: medicina, astrología, agricultura, magia, derecho, naturaleza, legado árabe precedente, otros legados como el persa y el griego y, cómo no, la imagen femenina. Así, en el siglo X se sitúa uno de los autores de mayor relevancia en el género erótico árabe e islámico, ‘Alī b. Naṣr al-Kātib y su compendio erótico Ŷawāmi‘al-laḏḏa (Enciclopedia de los placeres). Según Myrne (2020, 129), este autor debería considerase el adalid en lo que atañe a la ciencia y la descripción de los genitales femeninos y sus virtudes como vehículo de placer y motivo de adoración. En su tratado, al-Kātib dedica varios capítulos exclusivamente a la descripción metafórica y la alabanza de todas las partes de la vulva: labios vaginales, clítoris y vagina, así como su olor, tamaño y lubricación.

En su capítulo dedicado a la representación de las vulvas, asmā’ al-farŷ (nombres de la vulva), el autor emplea dos tipos de terminología: sinonímica y explicativa. Luego del título del capítulo, al-Kātib dispone de un listado con los sinónimos más característicos de la vulva: al-ḥirr (vagina), al-šakr (hierba, follaje), al-raḥim (útero), al-ŷamīš (el rasurado), al-qibqāb (el hinchado), al-ḥašfal (el mordedor), al-kuss (vulgarmente, coño), entre otros, y en seguida explica otros términos de manera más descriptiva: al-akbaš y al-kibāš (vulvas carnosas), al-ka‘zab (vulva gruesa), al-šafallaŷ y al-miqāb (vulvas muy anchas), entre otros (al-Kātib n.d., 10b). El empleo simultáneo del método explicativo y sinonímico, por un lado, y de la función metafórica y descriptiva en el lenguaje en los capítulos introductorios, por otro, es harto común entre los tratadistas en esta materia, de manera que, desde el inicio, el autor ya advierte a los lectores de los distintos vocablos, la mayoría desconocidos o demasiado arcaicos, que se emplearán a lo largo de la obra.

Si en algo brilla igualmente la compilación lexicográfica de al-Kātib es en sus luengos elogios obscenos de la vulva (32a-33b). En la mayoría de las ocasiones, se prolongan sus alabanzas con expresiones vulgares como: “mi vagina [ḥirr-ī], Dios lo sabe, es enorme al tacto”8 y, a continuación, se despliega todo un repertorio de enardecidos halagos:

Mi vagina [han-ī] está leudada y es masa heñida,

caliente como si ardiera carbón por dentro.

Para el que lo desee,

un poco es suficiente para estar satisfecho

(al-Kātib n.d., 32a; Myrne 2020, 129).

Con tal erudición expuesta en el compendio erótico de al-Kātib, sería verosímil pensar que Ŷawāmi‘ al-laḏḏa marca un antes y un después en lo que al léxico sexual se refiere, y coincide con la Edad de Oro de la civilización islámica. Con todo, cabe mencionar que el autor no sólo aporta un léxico original e inédito en su época, sino que también recopila un gran número de referencias de la literatura preislámica, omeya y abasí, e igualmente pone de manifiesto anécdotas eróticas en las que se le otorga a la voz femenina un papel protagonista.

Por otro lado, el estudio de la terminología metonímica en los tratados eróticos ocupa un lugar relevante en el asunto que nos concierne. Según Ibn Ḥamdūn (siglo XII) (1996, 281), los tratadistas árabes recurrían al léxico metonímico con el fin de expresar palabras transgresivas, malsonantes o con cierto matiz vergonzoso. En el siglo XI despuntan, entre otros, los tratados lexicográficos y enciclopédicos de al-Ṯa‘ālabī y al-Ŷurŷānī, cuyo contenido está ligado a la interpretación de la terminología metonímica.

En cuanto a al-Ṯa‘ālabī (m. 1038) (1991, 19-22), otorga a las vergüenzas femeninas (‘awrat al-nisā’) las siguientes expresiones y apelativos: ṭalab bi-anfi-hi (que busca la nariz), ‘ammā warā’i-hā (lo que hay debajo), taḥta istik (lo de debajo del ano) y al-‘usayla (la mielecita), entre otros. A cada expresión metonímica, el autor le concede una explicación: la primera expresión se refiere al lugar que busca el feto para salir del cuerpo de la mujer, la vagina, y la nariz es la primera parte del cuerpo que asoma por ésta; la segunda alude a lo que se esconde debajo de los zaragüelles femeninos (‘ammā sarāwīlāti-hā); la tercera se concibe así por un relato en el que una prostituta saca su dinero de la vagina: “saca el dinero que está bajo tu ano” (ajraŷī al-māl allaḏī taḥta istik). En cuanto a la metonimia “mielecita”, con un uso más frecuente en las fuentes y aún más versátil y poético, alude tanto al pene como al coito. Así, la palabra ‘usayla, diminutivo de miel (tagīr al-‘asl), según el tratadista, se refiere al esperma femenino, y se emplea normalmente con el verbo saborear: “saborear tu miel” (yaḏūqu ‘usaylata-ki) (22).

En la misma línea, el tratadista al-Ŷurŷānī (m. 1089), en su Kināyāt al-udabā’ wa išārāt al-bulagā’ (Metonimias de los literatos y señales de los elocuentes), obra también dedicada a las metonimias, añade otros términos referidos a las vergüenzas femeninas. A la vagina virgen (bikr), por ejemplo, le asigna la expresión “la joven camella pulida” (al-qalūal-jašīb), es decir, una vagina que aún no ha sido domada por el esposo (2003, 103). Otra terminología metonímica es “el velo” y “la cubierta” (al-izār). Aquí, el autor sugiere que las mujeres castas y virtuosas acostumbran a velar y cubrir sus vulvas con algún ropaje (65).

En el mismo siglo, aunque en zonas geográficas distintas, se inscribe el corpus terminológico enciclopédico de Ibn Sīdah (m. 1066), el Ciego de Murcia, y su conocido tratado al-Mujaṣṣaṣ (Buendía 2015, 328-360). Con el objetivo principal de ofrecer a los poetas y los oradores una herramienta para la mejora expresiva al elaborar sus trabajos, ofrece una amplia terminología sinonímica y explicativa acerca de la vulva. Los términos sinonímicos y metonímicos de la palabra vulva recogidos son: ḥirr (vagina), šakr (follaje, hierba), ẓabya (gacela), ḥayā’ (pudor, vagina), mutā‘ y ŷihāz (aparato), qubūl al-mar’a (parte delantera de la mujer), mašraḥ y šurayḥ (lugar cortado), zarnab (labios de la vulva), saw’a (partes pudendas), šufr al-farŷ (labios vaginales o borde de la vulva), iskatāni (labios mayores), aš‘arāni (los dos peludos, labios mayores), quḏḏatāni (labios de la vagina), buāra (clítoris), ʿunāb (el grano de la uva), raḥim (útero), ʿunuq (cuello del útero), mahbil (vulva), kiāma (meato urinario), ḥuntub, mutk, ʿuḏra, qunb al-mar’a (clítoris), azūm, ḥašanfal, ʿaḍūḍ (el mordedor), luhmūm (el tragador), kawm (vagina grande). En cuanto a los términos con connotación explicativa y descriptiva, se encuentran los siguientes: al-manhūš (vulva de poca carne), al-akbas (vulva hinchada), kaʿṯam (vulva grande), ajzam y aŷamm (vagina ancha), farŷ aflaŷ (vagina de labios separados),ʿaffāq (vulva carnosa), ḥaḍūn (vulva con un labio más grande que el otro), falqam (vagina ancha), al-falham (vagina enorme, fea y de largos labios), ḥirr muḥiqq (vagina que produce ruidos al moverse), laḥw (vulva húmeda), laḥn (vagina hedionda), ʿaflaq, al-ʿafallaq y al-šafallaŷ (vulva herniada, colgante y flácida) (337-339).

Como se observa, algunos de los términos empleados por Ibn Sīdah ya habían sido mencionados un siglo antes en la obra de al-Kātib, como al-ḥirr, al-šakr, al-raḥim o al-šafallaŷ. Así se refleja, pues, la relevante influencia literaria de una época a otra en el uso de la lengua y del género que nos atañe.

Con el advenimiento del siglo XIII se inician las redacciones de los conocidos compendios erótico-médicos y de higiene sexual, en los que destaca la erudición relativa a la descripción del ensanchamiento vaginal. En un modo más explicativo, autores como al-Ṭūsī (m. 1274) y al-Šayzarī (siglo XIII), en sus respectivos recetarios, recogen todo tipo de remedios médicos efectivos para estrechar la vagina y fortalecer la cavidad del cuello uterino (al-Ṭūsī 2014, 122 y 63-64; al-Šayzarī 2020, 106).

El último autor, al-Šayzarī, incluye en su tratado sobre afrodisiacos e higiene sexual terminología médica despectiva respecto de las vulvas defectuosas. Según él, hay ocho tipos de vulvas totalmente desaconsejables para el hombre: la grasienta (al-mutašaḥima), la delgada (al-lazqa), la estéril (al-‘aqrà), la hueca (al-ŷawfā’), la carnosa (al-multaḥima), la de los labios (al-šafrā’), la abotagada (al-mutaḥaqqina) y la profunda (al-qa‘arā’). Una vez dispuesto el elenco de las vulvas menos recomendadas, el autor asocia a cada una distinta explicación: en cuanto a la grasienta, se muestra enorme y no encuentra placer sexual si no es con un pene largo. La delgada es la que tiene los labios tan finos que apenas se distinguen de la vagina, y no encuentra deleite salvo con un pene grueso y corto. La hueca y la de los labios son similares a la anterior. La estéril encubre una excesiva lascivia por la falta de coito y no encuentra placer salvo con un pene largo y grueso. La carnosa, como su nombre indica, es grasienta y de orgasmo rápido. En cuanto a la abotagada, las paredes de su vagina son gruesas a la vista y flácidas en su interior. Por último, la profunda se describe como una vagina dilatada y ensanchada, que no encuentra placer, excepto con el acto lésbico (al-Šayzarī 2020, 78-79).

En esa misma época cabe circunscribir el tratado de corte satírico de al-Tifāšī (m. 1253), Nuzhat al-albāb fī mā lā yūŷad fī kitāb (Esparcimiento de corazones). En dicha obra, más humorística que el resto cuando se refiere a las vulvas, el autor las describe con términos obscenos, casi en exclusiva desde la práctica del acto sexual lésbico y el frotamiento de los dos clítoris. Es decir, si bien el autor traza la forma de la vulva como una horma y la superficie púbica depilada, lisa y suave como la palma de la mano, su connotación léxica refiere al acto sáfico: “Así que la menos corpulenta se tiende boca arriba con una pierna extendida y la otra recogida. Después se descubre la vulva y se gira levemente hacia un costado. La otra se sitúa entonces encima colocando uno de los labios de su vagina entre los de la que está tendida y comienza a frotarla de arriba abajo” (al-Tifāšī 2003, 211).

Asimismo, el autor brinda una de las descripciones lésbicas más sensuales de la literatura árabe e islámica en cuanto a vulvas se refiere, en voz de Warda, famosa amante de las mujeres:

Nos gustan las que tienen boca de margarita, mechones como la seda negra, mejillas como amapolas y manzanas de Líbano, senos que parezcan granadas, vientres ondulados en finos pliegues, vulvas de fuego recóndito con labios más gruesos que la vaca de los hijos de Israel y clítoris tan protuberante como la joroba de la camella de Tamud, y una hendidura tan grande como la de los cuartos traseros del ternero de Ismael, alba como el marfil y tersa como el terciopelo, depilada y perfumada de afeites de azafrán y almizcle como los que usaba Cosroes en mitad de su palacio (al-Tifāšī 2003, 216).

Del siglo XIV es otra obra erótico-jurídica en la que encontramos un léxico relativo a las vulvas: Tuḥfat al-‘arūs wa-mut‘at al-nufūs (El regalo de la amada y el placer de las almas), del tratadista al-Tiŷānī (m. 1311). Se trata de una obra guía del buen matrimonio y de la representación de la belleza femenina, cuyo único propósito es advertir cómo y con quién conseguir la felicidad conyugal. El tratado, al igual que otros de su índole, abre el discurso con una evocación clásica en la que se alude claramente a la castidad en el matrimonio, y afirma, a su vez, que la satisfacción sexual se encuentra siempre y cuando el ejercicio sexual se lleve a cabo de manera lícita. A continuación, al-Tiŷānī describe detalladamente los mejores escenarios para disfrutar del ayuntamiento sexual, los afeites y decoros más recomendados, así como las características del canon de belleza femenina y las acciones preliminares al coito.

Si por algo destaca el tratado de al-Tiŷānī es precisamente por su terminología descriptiva y explicativa.9 Dedica un capítulo completo, el decimoséptimo, a la descripción de la vulva (fī ḏikr al-farŷ). Al inicio, elige como pretexto los versos eróticos ya referenciados del poeta preislámico al-Nābiga y los glosa según los términos relacionados con la vulva: al-ŷāṯim es la parte de la vulva sobresaliente de la mujer cuando se tumba; al-‘abīr (azafrán) al-muqarmad, la fragancia del azafrán que cubre la vulva para aumentar su deleite, y al-mustaḥif es la palabra que describe la estrechez y la lisura de la vagina cuando el hombre retira su pene en el acto de la penetración (al-Tiŷānī 1992, 330). Una vez comentada la extraordinaria exegesis, al-Tiŷānī prosigue con la descripción de las vulvas más elogiadas entre los hombres.

Entre éstas, las primeras palabras referidas a la vulva son markab y rakab. Ambas se refieren a la parte superior de los genitales, es decir, el lugar donde se sitúa el clítoris y donde se unen los labios internos. El término al-arzab, por su parte, define su enorme tamaño y grosor. Una vulva grande y sobresaliente se apoda igualmente con el sintagma nominal al-qa‘b al-makū (copa colmada): “entre sus piernas, una copa colmada” (al-Tiŷānī 1992, 331). Según el grosor de la vagina, se le asigna también el término ŷunbul, cuyo significado es “copa espaciosa” (332). Todos estos apelativos representan el tamaño voluminoso de las vaginas. Sin embargo, cuando se refiere a una cavidad vaginal estrecha, también elogiada en el discurso erótico, se emplea el término qa‘yra, es decir, un espacio cóncavo y profundo, una vagina de poca carne. Por último, otro término mencionado es al-ḥāriqa, es decir, una vagina fogosa y cuya cavidad es estrecha (335).

Un siglo más tarde (XV), al-Nafzāwī nos brinda una de las obras humorísticas con matices médico-eróticos más completas en el ámbito que nos concierne: Rawḍ al-‘āṭir fī nuzhat al-jāṭir (El jardín perfumado). Esta obra de asueto e instrucción solicitada desde el círculo más refinado se justifica, como el resto, desde la perspectiva de la ley islámica: “Alabado sea Dios, el cual dispuso el gozo supremo del hombre en la vulva de la mujer” (al-Nafzāwī 2014, 61). Al-Nafzāwī dedicó a la terminología sinonímica y explicativa de la vulva un capítulo, en que la función principal del lenguaje es la metáfora. Una vez que dispone de un elenco con más de treinta apelativos, le asigna, al igual que los ya mencionados al-Kātib y al-Tiŷānī, una explicación propia a cada uno de ellos sobre la forma, el tamaño, la humedad y la disposición de la vagina. Algunos de los prototipos más aconsejados que se mencionan son: el estornino (al-zarzūr), o vaginas jóvenes y de féminas morenas; la vibrante (al-hizāz), la que se agita y vibra hasta conseguir el orgasmo; la paciente (al-ṣibār), “capaz de acoger a un gran número de vergas”; la frondosa (abū ŷabha), vagina con un nutrido y hermoso vello; la de las fauces (al-‘arīḍ), que destaca por su tamaño, “como si fuera un cetro entre los muslos, de tal modo que quien se halle sentado enfrente lo ve salido hacia fuera” (145-155).

Además de legar tal recopilación de términos, al-Nafzāwī incluye varias descripciones explícitas en las que se puede ver el concepto literario que se tenía a la sazón de las vulvas, a saber: un regalo dispuesto para el placer, sin parangón alguno en la tradición literaria árabe e islámica medieval:

Su vagina seguía crepitando de deseo, y ella, acercándose más a mí. Tan ardorosa la vi que no pude por menos satisfacerla y he aquí que en cuanto la testa de mi verga rozó sus labios de la vulva la mujer alcanzó el éxtasis con gran celeridad, tal y como certificaron sus gemidos, aullidos y lloros convulsos. Su coño era blanco, veteado de un rojo intenso en el centro, carnoso y orondo como una cúpula excelsa. ¡Qué espectáculo tan hermoso! ¡Bendito sea Dios, el sumo Creador! ¡Y qué mujer, no habrá habido en su época otra más diestra y dispuesta! (al-Nafzāwī 2014, 161).

Se ha hablado de toda una terminología variada, sobre todo sinonímica y descriptiva, pero a finales del siglo XV se asiste a una de las aportaciones enciclopédicas más extensas del término que nos atañe. El erudito al-Suyūṭī (m. 1505) juega un papel fundamental en lo que a la descripción de las vulvas se refiere, a través de su compendio al-Wišāḥ fī fawā’id al-nikāḥ (El cinturón sobre los méritos del coito) (2008). En la segunda parte de su obra, titulada “Fann al-luga” (El arte de la lengua), luego de un repertorio de términos que designan el acto coital (fī asmā’ al-ŷimā‘) y el pene (fī asmā’ al-ḏakar), hay un capítulo completo dedicado a los nombres de la vulva (fī asmā’ al-farŷ).

En la exposición enciclopédica de al-Suyūṭī (2008, 173-183), los casi trescientos términos referidos a la vagina se acomodan en orden alfabético de acuerdo con los siguientes rubros: apelativos generales y específicos, metonimias, términos específicos de vaginas grandes, anchas y húmedas, y de vaginas pequeñas y estrechas. En cuanto a los sinónimos generales, están, entre otros: al-azab, al-buḍā‘, al-ŷihāza, al-ḥarnūf, al-rakwa, al-sukkar, al-šazraj, al-ṭabzīz y al-‘anbal. El autor suele añadir, en ciertas ocasiones, una definición explicativa y descriptiva de cada término; por ejemplo: al-ahm (de grandes labios), al-qibqāb (vagina ancha y húmeda), al-šafallaŷ (labios vaginales gruesos), al-āmq (labios vaginales largos y menudos y vagina estrecha), al-muṣūṣ (vagina que se seca cuando se introduce el pene), al-ḥuḍūn (cuando un labio vaginal es más grande que el otro). Al-Suyūṭī concluye su descripción lexicográfica con otros términos más generales, como al-ŷāhūb o al-ḥimšā’, vagina de tamaño grande; al-ḥarīqa o al-‘aḍūḍ, vagina estrecha; de nuevo al-‘aflaq, vagina espaciosa; al-rašūq, vagina suave; al-raūf, vagina pequeña, y al-galfaq, vagina húmeda.

Conclusiones

Como se ha observado a través de la diversidad de expresiones, apelativos y sustantivos recopilados en el presente trabajo, la erudición árabe e islámica, ya desde sus inicios, ha manifestado cierta querencia hacia el universo del erotismo, la alabanza del cuerpo femenino y la descripción de los placeres. Con esto no se pretende poetizar la Edad Media islámica ni definir una sociedad por un único género literario, sino más bien resaltar uno de los elementos más determinantes de la cultura árabe e islámica, su sexualidad, y que en nuestros días se presenta distorsionada, como un asunto limitado o eclipsado por la misma idea de cultura islámica. En este caso, el léxico recopilado en las distintas fuentes ha servido de excusa académica para destabuizar y actualizar la riqueza lexicográfica árabe, sin duda, de un incalculable valor en el ámbito de la literatura. Así pues, la epistemología sexual islámica, en cualesquiera de sus dimensiones (médica, poética, lúdica, cuentística, satírica, litúrgica), de sus épocas y sus geografías, justifica que una terminología erótica y obscena no sólo es lícita, sino que es también una forma expresiva más para transmitir hechos, historias, anécdotas, consejos, sentimientos y placeres. Por lo tanto, se ha considerado necesario hacer visible todo tipo de discurso y toda recuperación de figuras léxicas, como las de las vulvas y las vaginas.

A la vista de la información recabada, resulta más que evidente el atrevimiento y la energía legada por los escritores árabes. De hecho, es incluso difícil para un arabista adentrarse en este léxico tan exagerado y desnivelado, en ocasiones arcaico, como el que acabamos de presentar aquí. Autores como al-Kātib, Ibn Sīdāh, al-Nafzāwī o al-Suyūṭī se desenvuelven de tal manera en el manejo del léxico sexual que otorgan al lector de su época una nomenclatura pura, consciente, codificada y, a la vez, incomparable con la de otras lenguas clásicas. No se considera, pues, a estos tratadistas, representantes de los manuales lexicográficos, autores libertinos ni depravados. De ser así, no recurrirían a metonimias, arcaísmos o sustantivos metafóricos. Esencialmente, vivían en una cultura determinada, con unos estándares de vida únicos, con las preocupaciones naturales de cualquier sociedad, y con ello, disponían en sus obras de un conocimiento aparentemente más arriesgado que en otras literaturas.

En último lugar, cabe argumentar acerca del uso de ciertos recursos léxicos con los que se clasifica, cosifica y sexualiza a las mujeres por la disposición y la forma de su vulva. Si bien el discurso masculino monopoliza en su favor todo lo relativo a la práctica sexual, resulta igualmente relevante incluir aquí la insistente cuestión implantada ya desde los textos fundacionales del islam. Una religión en la que se promete una vida totalmente erotizada tras la muerte, un harem invertido en la tierra, un sistema poligámico permitido y un gobierno central en el que el comercio de esclavos y esclavas supone un incremento más en la economía islámica. Así, después de esta breve revisión, hay que preguntarse de nuevo si se trata de una cosificación androcéntrica y falocrática del mundo femenino o si, más bien, se debería insistir en la idea planteada por Castañeda Reyes (2004, 664-671) de que se trata de una preocupación natural arraigada en la sociedad y que el imaginario misógino popular que se ha difundido a lo largo de los siglos surge del deseo del hombre de controlar la potencialidad femenina y de diseñar estrategias para contener su desarrollo.

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1 Para este artículo se usó el sistema de transcripción de la lengua árabe aceptado por la Escuela de Arabistas Españoles y fijado en la revista al-Andalus.

2En este amplio género literario, la subcategoría médica ha desempeñado un papel harto relevante en la cultura árabe, si bien la higiene sexual resulta una parte esencial en la conducta islámica. Véase Ullman 1997; Cadden 1995; Pormann y Savage-Smith 2007; Myrne 2020.

3Esta aleya determina la inferioridad de las mujeres y, por ende, su sometimiento absoluto al marido. Para más información sobre este tipo de conductas de sumisión femenina en el islam, véase Marín Niño 2003, 5-40.

4Para más información acerca del paraíso en el islam, véase Monferrer Sala 2005, 47-80. Igualmente, debemos señalar que en los textos premodernos se incluyen numerosas referencias al sexo masculino. Un ejemplo es la obra poética de Abū Ḥukayma (1997) dedicada en exclusiva a la descripción de los penes.

5Esta última oración también se podría traducir como “Pues nuestra costumbre es el matrimonio”.

6Un ejemplo de esta literatura se encuentra en los textos fisiognómicos relativos a las mujeres, cuyo objetivo no es otro que explorar el físico para conocer los rasgos no visibles y la conducta a través del análisis de las señales corporales (Lucena 2021a, 165). Para más información sobre esta literatura, véase Ghersetti 2007, 281-308; 2018, 21-45.

7Como nota aclaratoria sobre la influencia del árabe en la lengua española, del término ḥirr proviene la interjección “herre que herre” o “erre que erre”. Véase Corriente 2008, 328b. Curiosamente, en este mismo diccionario se propone una etimología para “gilipollas” y “gilipichi” que está relacionada con el mismo término árabe ḥirr (317a).

8El inicio del poema con la expresión ḥirr-ī es reiterado a lo largo del capítulo.

9Destaca la explicación de los términos al-rahaz y al-irtihāz, referidos ambos a “los movimientos, las palabras y los gemidos que emiten los fornicadores, hombres y mujeres, durante el coito con motivo de su placer y deleite” (al-Tiŷānī 1992, 375).

Recibido: 23 de Marzo de 2022; Aprobado: 23 de Agosto de 2023; Publicado: 20 de Enero de 2025

Miguel Ángel Lucena Romero es doctor en estudios semíticos por la Universidad de Granada, con especialidad en textos eróticos en la época clásica del mundo árabe e islámico. Sus áreas de investigación son la enseñanza del árabe como lengua extranjera, el método lúdico en la enseñanza del árabe y el estudio de la literatura erótica árabe e islámica. Trabajó como profesor interino en la Universidad de Málaga entre 2019 y 2023, y en marzo de 2023 obtuvo su plaza de profesor en la Universidad de Granada, donde imparte asignaturas de lengua árabe y cultura.

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