El 7 de septiembre de 1822, el flamante emperador de Brasil, don Pedro, proclamó la independencia del país sudamericano con el famoso Grito de Ipiranga, en una ceremonia en los márgenes del río homónimo, en la provincia de São Paulo, siendo apoyado por manifestaciones populares generalizadas. El motivo para independizarse se vinculaba directamente con el reclamo de las recientemente estrenadas Cortes liberales en Portugal, que recibieron al rey, João VI, retornado de Brasil, quien tuvo que jurar la nueva Constitución, aunque luego la impugnaría. El monarca había abandonado su país tras la invasión napoleónica de la península Ibérica a fines de 1807 y se instaló con su séquito y su corte en Río de Janeiro, donde gobernó como monarca desde 1808 hasta fines de abril de 1821, cuando regresó a su tierra natal para asumir de nuevo la jefatura del Estado portugués. En su lugar, en Brasil, quedó su hijo, el joven príncipe Pedro, quien en respuesta a las demandas agresivas de las Cortes en Lisboa de que también regresara a Portugal, fue instado por miembros de la élite brasileña a declarar la independencia de Brasil, lo que realizó. Habría de gobernar como soberano y emperador durante un decenio. Por consiguiente, durante la mayor parte del resto del siglo, el gobierno de Brasil habría de autodenominarse como el Império do Brasil, desde septiembre de 1822 hasta el mes de noviembre de 1889, cuando se adoptó la forma republicana de gobierno.
La historia bastante complicada de la independencia del país más extenso de América Latina despierta numerosos interrogantes, muchos de los cuales son analizados en el excelente libro del profesor Jobson de Andrade Arruda que reseñamos. En especial, el autor centra su atención en los años críticos de 1808 a 1810, que permiten ahondar en una coyuntura fascinante de luchas titánicas entre Gran Bretaña y la Francia napoleónica, tomando como perspectiva un ángulo periférico fundamental que consiste en analizar la peculiar evolución de las relaciones entre Portugal y Brasil en lo que puede considerarse la mayor crisis del imperio lusitano. El enfoque de Jobson combina diversas formas de aproximación al tema que incluyen la historia diplomática, la historia económica y la historia política, por lo que, en su conjunto, ofrecen una nueva visión de los antecedentes más importantes del proceso posterior de la independencia de Brasil. Por consiguiente, bien vale la pena que este libro se conozca en México y otros países de lengua española, ya que permite a todo lector adentrarse en la rica historiografía brasileña y portuguesa sobre una temática y un periodo que abre muchas ventanas para la historia comparada.
Una de las mayores aportaciones del libro desde el punto de vista de la historia diplomática consiste en ofrecer una síntesis de varios de los documentos más importantes de las relaciones entre Gran Bretaña y Portugal, sobre todo aquellos que se centraban en Brasil en los años críticos de 1807 a 1810. Éstos incluyen, en primer lugar, el Plan Sabio, que presumiblemente había sido redactado hacia 1801 por el primer ministro de Gran Bretaña, William Pitt, pero puesto en marcha seis años después, el cual abogaba tempranamente por el traslado del rey de Portugal a Brasil para evitar que cayera en manos de Napoleón. Seguidamente, el historiador brasileño analiza la Convención Secreta de 1807, firmada entre los ministerios de Exteriores de Portugal y Gran Bretaña que sirvió de base para el traslado del monarca de Portugal y su Corte a Brasil en plena guerra contra Napoleón. En tercer lugar, se desmenuza el sentido y contexto del proyecto de 1808 titulado “Plan to open new sources of trade”, redactado por George Canning, ministro británico de Exteriores, que fue instrumento clave en promover el libre comercio con Brasil. Finalmente, se cierra este elenco de fascinantes documentos con el análisis del Tratado de Alianza y Amistad entre Gran Bretaña y Portugal de 1810, que en la práctica se refería sobre todo a las relaciones con Brasil.
En primer lugar, en este libro Jobson subraya el interés que tiene el contenido del Plan Sabio del primer ministro de Inglaterra William Pitt en tanto devela metas extremadamente ambiciosas. Su objetivo consistía en promover una estrategia para enfrentar el peligro de la expansión francesa bajo Napoleón que, desde fechas tempranas (circa 1800), amenazó con invadir a Portugal. Para Pitt y los oficiales del almirantazgo británico, era importantísimo evitar que el emperador galo pudiera llegar a tomar el control del conjunto del extenso imperio portugués, que incluía a Brasil, su mayor posesión y la más valiosa, pero que también incluía colonias y factorías en África, India y China, además de la posesión de diversas islas estratégicas en el Atlántico, especialmente las Madeiras. La propuesta de Pitt de fortalecer las relaciones entre Inglaterra y Portugal se basaba en antecedentes antiguos, ya que existía una serie de alianzas desde fines de la época medieval, pero sobre todo a partir de mediados del siglo XVII, que se orientaban al fomento del comercio entre ambos países, aunque también proporcionaban apoyos para posibles confrontaciones con la monarquía española.
No obstante, al iniciarse el siglo XIX, el mayor peligro provenía de Francia, a partir del ascenso de Napoleón. Tanto Pitt como otras figuras destacadas de la política británica promovieron diversos planes para atraer a Portugal a una alianza militar, política y comercial, en gran parte con objeto de promover un imperio informal en América, pero comenzando con el incremento de la influencia británica en Brasil. Inicialmente, ello también coincidió con otros proyectos británicos contemporáneos que se dirigían a tomar el control de determinadas regiones de Hispanoamérica. Políticos y militares de Gran Bretaña propusieron aventuras extremadamente agresivas en diversos documentos y panfletos que son analizadas en el libro que reseñamos. Las más conocidas fueron las expediciones militares británicas para conquistar el puerto de Buenos Aires en 1806 y 1807 que acabaron siendo invasiones fallidas. Más o menos al mismo tiempo, se planearon intervenciones en Venezuela a partir de conversaciones y alianzas con Francisco Miranda, a la vez que incluso se planearon amagos de intromisión en Chile y Perú en esta época.
Para impulsar las estrategias británicas de cariz imperial, sin embargo, era indispensable evitar que Portugal cayera en manos de las tropas francesas, y por ello se propuso el traslado de su monarca a Brasil. La elaboración y puesta en marcha de la Convención Secreta fue el instrumento jurídico/diplomático esencial para llevar a cabo la transferencia de la monarquía portuguesa a Brasil, siendo un acuerdo internacional entre Portugal y Gran Bretaña firmado el 22 de octubre de 1807. Urgía porque la vanguardia del ejército napoleónico ya había entrado en terri to rio español desde octubre de 1807, con base en un acuerdo con el primer ministro español Manuel Godoy, que otorgó un salvoconducto para que las tropas franceses pudieran llegar a Portugal. En efecto, uno de los principales objetivos de Napoleón en ese momento era su deseo de lograr la toma de Lisboa, la captura de la flota portuguesa y el afianzamiento del imperio napoleónico en Brasil como punto de entrada a toda Sudamérica. Las ambiciones de los rivales -Francia y Gran Bretaña- eran enormes, pero fueron los ingleses los que mostraron mayor astucia y habilidad para lograr sus propósitos. Presionaron intensamente al monarca portugués, don João, quien -después de manifestar grandes dudas- aceptó la necesidad de escapar de las tropas francesas y embarcarse para Brasil. La Armada inglesa supervisó el traslado de la Corte portuguesa en 36 navíos un par de días antes de la entrada del primer contingente del ejército napoleónico en Lisboa. El viaje de la Corte portuguesa en alta mar duró más de 50 día. Su primer punto de llegada fue Salvador de Bahía y de allí a Río de Janeiro, donde se instaló don João con su complicada familia y todos sus acompañantes, altos militares y funcionarios, aristócratas, incluyendo numerosas mujeres de la élite portuguesa. Las naves también transportaron el tesoro de la Corona, además de 60 000 volúmenes de la Biblioteca Real en Lisboa, que servirían eventualmente como base de la actual Biblioteca Nacional de Brasil, en Rio de Janeiro. Esta historia apasionante es relatada en el libro de Planos para o Brasil.
Para Gran Bretaña, la meta del traslado de la Corona portuguesa a Brasil era parte de un gran proyecto geopolítico, pero el historiador Jobson sostiene que la mayor apuesta era lograr el control del comercio con Brasil. Por ello fue fundamental la propuesta de abrir los puertos de Brasil al libre comercio, en seguimiento del “Plan to open new sources of trade” de Canning, que se puso en marcha desde 1808 con la ratificación del inicio del comercio directo entre Brasil y Gran Bretaña. En el segundo y tercer capítulos del libro que reseñamos se explican algunos de los motivos por los cuales esta apertura era tan importante para Gran Bretaña. El autor proporciona series estadísticas que demuestran la forma en que el comercio de Brasil destinado a los puertos ingleses aumentó y logró un gran salto desde 1808 en adelante. Entre los productos más importantes exportados se incluían no sólo el café, azúcar y cueros, sino especialmente el algodón, materia prima esencial para las fábricas textiles de Manchester, en plena revolución industrial. Pero, además y a la inversa, los mercados brasileños se convirtieron rápidamente en destinos muy importantes para las telas inglesas, precisamente en una época cuando los mercados europeos se cerraban a consecuencia de la política napoleónica del sistema continental que bloqueaba el comercio con Gran Bretaña. No obstante, Jobson argumenta que el proteccionismo impuesto por el emperador francés tuvo consecuencias nefastas para las flamantes industrias francesas de textiles de algodón en tanto que la Armada británica cerró el paso a las exportaciones del algodón brasileño que anteriormente habían encontrado excelentes mercados en Francia. Las luchas bélicas entre las potencias eran acompañadas, por consiguiente, por intensos conflictos comerciales.
En el tercer capítulo del libro Planos para Brasil se analizan las tendencias políticas y comerciales entre 1808 y 1810 que culminaron en el Tratado de Alianza y Amistad entre Gran Bretaña y Portugal y, por ende, con Brasil, en 1810. Este texto tiene especial interés para los estudios comparados latinoamericanos porque fue el primero de una larga secuencia de acuerdos diplomáticos y comerciales que se ratificarían después de 1820 con los flamantes gobiernos independientes, desde México hasta Gran Colombia, Perú y Chile. Para Gran Bretaña, los tratados de libre comercio se tornaban en una herramienta fundamental para impulsar sus exportaciones de manufacturas. De hecho, para 1820, de acuerdo con las estimaciones de Jobson, Brasil era ya receptor de 15% del total de las exportaciones británicas, lo que colocaba a esta nación como el segundo mercado más importante en el continente americano, casi a la par de Estados Unidos.
En el cuarto capítulo del libro que reseñamos, se presenta un retrato penetrante del rey de Portugal y de Brasil, Don João, que se confronta con las interpretaciones algo superficiales que suelen encontrarse en la historiografía brasileña, que lo califican como un mandatario abúlico y poco culto. El autor revindica al monarca por su buena formación, y sobre todo por sus cualidades de paciencia y equilibrio en las enormes luchas entre Gran Bretaña y Francia en esta época, ambos esenciales para lograr la supervivencia de su gobierno al trasladarse a Brasil. Es más, se sugiere que su ejemplo sería de importancia para su hijo Pedro I, primer gobernante del flamante Imperio de Brasil desde 1822, quien pudo regentear de manera pacífica la independencia de la nueva nación.
El libro se cierra, en el capítulo cinco, con una selección esmerada de los documentos oficiales, planes, convenciones secretas y tratados de la época entre Gran Bretaña y Portugal, que ofrecen un material de enorme interés para cualquier lector interesado en las estrategias de los directivos de ambos países en una época de grandes conflictos en Europa y en el mundo atlántico. Se complementa esta selección documental con una extensa bibliografía tanto de fuentes primarias como de una amplia historiografía nacional e internacional.














