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Historia mexicana

 ISSN 2448-6531 ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.74 no.1 Ciudad de México jul./sep. 2024   23--2024

https://doi.org/10.24201/hm.v74i1.4563 

Reseñas

Sobre Eugenia Allier Montaño, 68 el movimiento que triunfó en el futuro: historias, memorias y presente

Cuauhtémoc Domínguez Nava1 

1Universidad Nacional Autónoma de México

Allier Montaño, Eugenia. 68 el movimiento que triunfó en el futuro: historias, memorias y presente. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Bonilla Artigas Editores, 2021. 624p. ISBN: 9786073047159. ISBN: 9786078781584.


Existe una amplia bibliografía dedicada al movimiento estudiantil de 1968. Libros, artículos, seminarios, mesas redondas, noticieros se han concentrado en la represión a estudiantes del 2 de octubre en Tlate lolco.1 Otros trabajos han analizado el 68 en su conjunto. Algunos más han buscado su raíz histórica vinculada a la represión del movimiento ferrocarrilero de 1958-1959.2

Para entrar al tema que nos ocupa es necesario preguntar ¿por qué es importante leer el libro de Eugenia Allier Montaño, 68 el movimiento que triunfó en el futuro: historias, memorias y presente? Por qué es una aportación fundamental que rompe con la producción bibliográfica tradicional. Su objetivo es recuperar la memoria posterior al 68. La autora afirma que el 68 fue derrotado militarmente; pero triunfó simbólica y políticamente a partir del 3 octubre.

Allier Montaño narra los diferentes significados que adquirió el 68 a lo largo de cinco décadas. Dos aspectos son centrales en su trabajo, el impactó del 68 en la izquierda mexicana y su institucionalización. A lo largo de su investigación consultó las páginas web de Proceso y La Jornada. Nuestra autora afirmó en una primera hipótesis que el movimiento estudiantil de 1968 abrió un espacio importante en el terreno político y se convirtió en un referente histórico esencial en el país, hasta llegar a ser considerado uno de los principales acontecimientos del siglo XX.

La lectura de 68 el movimiento que triunfó en el futuro te lleva por el laberinto de las diferentes coyunturas políticas, sociales, económicas y por los distintos presentes que ha tenido México. El lector puede diferenciar unas de los otros. En otros términos, se puede agregar que no es lo mismo hablar del 68 en los años setenta que recordarlo en 2018. El libro en cuestión permite identificar los cambios, avances y retrocesos que ha tenido el 68 hasta nuestros días.

El 68 el movimiento que triunfó en el futuro es una invitación a la reflexión post 68. A partir de una lectura atenta se pueden generar nuevas preguntas y realizar un trabajo de análisis profundo con el uso de las herramientas de la Historia. En el libro no se agotaron todos los temas, es una guía para continuar indagando y problematizando. La autora nos muestra con claridad la memoria del 68, no debate con los autores, dialoga con ellos y hasta cierto punto plasma directamente lo que le aportaron. Rescató los testimonios, lo dicho por los protagonistas, por los intelectuales, y se reserva sus comentarios para un futuro trabajo, para otras investigaciones y publicaciones.

Hay diferentes rutas a seguir en el libro. Una, la más evidente, es la lineal y cronológica. Otra es la identificación de las décadas históricas. Por ejemplo, la más innegable es la década histórica que inició con la represión al movimiento ferrocarrilero de 1958-1959 y concluyó con la fundación de la Liga Comunista 23 de septiembre en 1973. Otra forma de leer es pensar el 68 por sexenios, como fue el caso de José López Portillo, quien actuó con una doble moral. Por un lado, reconoció al movimiento estudiantil del 68 y por el otro reprimió al movimiento armado, a los guerrilleros, los señaló como delincuentes y provocó el inicio de la guerra sucia. Para suavizar el escenario se creó la Ley de Amnistía con la finalidad de que los guerrilleros fueran puestos en libertad, para después desaparecerlos o asesinarlos. Otra más compleja es la que acompaña a los anteriores periodos: son las coyunturas políticas, sociales y económicas.

Explicar el 68 a partir de los procesos históricos se convierte en una nueva tarea para el estudio de los movimientos estudiantiles. Existen nexos entre el 68 con los movimientos armados, con el terremoto del 85 en la ciudad de México, con la transformación que tuvo la izquierda, con la formación del Consejo Estudiantil Universitario y la huelga de 1987-1988 en la UNAM. Es necesario analizar dichos nexos para lograr su comprensión.

A lo anterior se debe agregar la lectura de las elecciones presidenciales de 1988 y 2018, vistas como un periodo histórico que terminó institucionalizando al 68. La huelga del Consejo General de Huelga de finales del siglo XX generó un obligado cuestionamiento al significado del 68. Los impactos que provocó la fundación de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), por ser considerada una paradoja, por surgir como la ruta para realizar una investigación histórica y resultar ser solamente una pantalla política.

La crítica abierta de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana en contra de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto y de todo lo que representaba como candidato del PRI fue el despertar y la formación de un grupo conocido como el movimiento #Yo soy 132. El sexenio de Peña dejó una huella de terror con la desaparición forzada de los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, marcó su sexenio por la ineficiencia en la investigación y la falta de credibilidad social.

En síntesis, la larga década de los sesenta impuso la agenda social para todo el resto del siglo XX, dejando en un segundo plano a la revolución mexicana. Para ello, los diferentes presentes del 68 se vieron fortalecidos por la producción bibliográfica de Elena Poniatowska,3 Luis González de Alba4 y Ramón Ramírez,5 quienes han sido pioneros y se han convertido en verdaderas hegemonías del tema. En ese sentido, las voces de los líderes, como Raúl Álvarez Garín, Guevara Niebla o el Comité 68 han hecho lo propio para robustecerlo más.

El movimiento estudiantil de 1968 marcó un antes y un después en la historia de México. México era un país de oportunidades y de crecimiento económico, pero al mismo tiempo a la oposición se le reprimía; era muy fuerte el sistema autoritario. El gobierno y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), para limpiar la imagen del ejército mexicano, insistieron en que los soldados asesinados en Tlatelolco el 2 de octubre pasaran a formar parte del panteón de los caídos en 1968. El 68 es un tema del pasado, pero también del presente y su significado ha ido cambiando de acuerdo a las exigencias y cuestionamiento de sus diferentes presentes.

Después de la represión del 2 de octubre en Tlatelolco, Eugenia Allier afirma que inició una lucha entre la memoria de la conjura contra la memoria de la denuncia. Dicha confrontación permitió cambiar el significado del 68: se debilitó sustancialmente la memoria de la conjura; no se eliminó, pero dejó de ser dominante. La memoria de la denuncia se posicionó en los saberes sociales. La verdad sobre el pasado cambió, los medios impresos de comunicación fueron fundamentales para ese cambio: Excelsior, Proceso, La Jornada, Canal 6 de Julio, Comité 68 y el trabajo realizado por los historiadores de forma reiterada.

Allier Montaño insiste en la actuación que tuvo el Estado en contra de los estudiantes durante el 68. Argumenta que se actuó de forma selectiva: se detuvo a los líderes del movimiento, se aprendió a un número determinado de profesores, como Heberto Castillo, Fausto Trejo, José Revueltas. Por otro lado, tuvo poder e impunidad el policía torturador Miguel Nazar Haro.

La detención de los estudiantes los marcó para toda su vida. Los lí de res del 68 estuvieron presos en Lecumberri; pero no todos los que estuvieron en Lecumberri se convirtieron en líderes. Es necesario realizar una investigación seria y profunda referente a lo que marcó la diferencia para explicar por qué unos sí fueron líderes y otros no. Dicha investigación debe efectuarse en el contexto de por qué en 1971 el gobierno tomó la decisión de poner en libertad a los líderes del 68 y a los presos políticos ferrocarrileros: Valentín Campa y Demetrio Vallejo. ¿Por qué los encaminaron de forma inmediata hacia el aeropuerto con rumbo a Santiago de Chile? Para responder existen dos primeras pistas: la presión internacional y la nacional.

Luis Echeverría tuvo durante su administración la presión histórica del 68. Inició su gobierno con apertura política, puso en libertad a los líderes estudiantiles, derogó el artículo 145 y 145 bis, fundo la UAM, los CCH, los CBTIS, la UPIICSA, el Conacyt. Para debilitar al movimiento estudiantil lo dividió, crítico el desarrollo estabilizador, renovó el apoyo a las organizaciones populares, modernizó el corporativismo, los sindicatos cambiaron de dirigentes, independizó las organizaciones oficiales, promovió la apertura democrática, apoyó las persecuciones violentas a los movimientos armados, entre otras medidas, para tener bajo control a la sociedad.

La Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE) fue un rasgo distintivo del gobierno de José López Portillo, abrió el escenario para que los partidos de izquierda tuvieran presencia en la Cámara de Diputados y con ello inició una nueva etapa del 68; hubo debates acalorados en torno a las memorias, los diferentes significados y su importancia para la democracia.

A finales de los años setenta el movimiento del 68 fue elogiado por ser considerado la expresión de la búsqueda por la democracia. José López Portillo reconoció al 68 como un movimiento que transformó a la sociedad porque rompió con la tradición dominante; antes todo se explicaba a partir de la Revolución mexicana, con el 68 se marcó la agenda social, económica, política y cultural nacional. Se empezó a ligar al 68 con la democracia y de ahí se convirtió en la tesis dominante de los siguientes años. Intelectuales como Arnaldo Córdova argumentaron que el objetivo de la lucha estudiantil fue la democratización del país. De esa forma el 68 se empezó a convertir en un hito histórico y en un mito que fortaleció el camino de la izquierda.

Con el 68 la libre expresión y manifestación de las ideas y de las preferencias sexuales se liberaron, tales como: el feminismo, la liberación sexual y la liberación homosexual. Además, se abrieron otros caminos, como la pluralización de la izquierda. Se fundaron diferentes partidos, como el PMT, el PST o el PRT. Los gobiernos priistas convocaron a los estudiantes para ser incorporados en sus fuentes laborales, lo que provocó la crítica de sus compañeros por considerarlos traidores; tales fueron los casos de Sócrates Amado Campos Lemus, Florencio López Osuna, Carlos Sansores Pérez, Gilberto Guevara Niebla, entre otros.

El movimiento estudiantil de 1988 fue transcendental para el significado del 68, porque eran los hijos de la generación del 68 los que ahora se oponían a la reforma que en 1986 el rector Jorge Carpizo implantó en la UNAM. Se propuso eliminar el pase automático de las preparatorias de la UNAM a la licenciatura de la propia Universidad e instituir el cobro de la matrícula universitaria. Como respuesta, el 31 de octubre de aquel año se formó la organización estudiantil el CEU, donde militaron Carlos Ímaz y Claudia Sheinbaum, entre otros. No hubo represión a ese movimiento estudiantil, el fantasma del 68 estuvo presente para impedirlo.

En 1986, la renuncia al PRI de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez cimbró la política nacional. No lograron democratizar la elección interna del partido, criticaron la política económica neoliberal, el abandono del nacionalismo revolucionario y conformaron la Corriente Democrática. Dicha acción impactó en la izquierda mexicana. Cárdenas se convirtió en el candidato a la Presidencia provocando una coyuntura política extraordinaria, que obligó a que los analistas relacionaran el 68 con el 88. En ese año se publicó importante material bibliográfico. En una segunda candidatura a la Presidencia, Cárdenas prometió que si ganaba las elecciones los archivos del 68 serían abiertos y presentaría a los desaparecidos de la guerra sucia.

En 1997, se constituyó la Comisión Especial Investigadora de los Sucesos del 68, la cual demostró que el responsable vivo del 68 era Luis Echeverría. A pesar de eso nunca se buscó enjuiciar a los culpables, la Comisión no alcanzó el rango de investigadora y no tuvo facultades para ello.

En 1998, el periódico El Universal publicó una fotografía donde policías y granaderos golpeaban y perseguían a un joven. El presidente Ernesto Zedillo aceptó ser él y haber participado en el movimiento del 68. Por primera vez en la historia de México, un presidente se hacía eco del 68. Al cumplirse 30 años del 2 de octubre, otro personaje de la izquierda hizo uso de la palabra; fue el subcomandante Marcos, del EZLN. Por medio de sus famosos comunicados se dirigió a la “digna generación de 1968”, y dijo que el 2 de octubre y la matanza en Tlatelolco no era lo único importante del movimiento y agregó que en ese entonces se luchó por la democracia.

Al finalizar el siglo XX, el movimiento estudiantil de 1968 entró en una etapa fundamental, su institucionalización. Eugenia Allier señaló tres políticas públicas centrales para dicha acción, sin embargo, solamente desarrolla dos: el izamiento de la bandera a media asta en el Distrito Federal y la inscripción en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, con letras de oro, de la leyenda: “Mártires del movimiento estudiantil de 1968”.

La democracia adquirió un significado central en el periodo de Vicente Fox. Durante su gobierno se formó la Comisión de la Verdad. El 30 de octubre de 2000, por decreto oficial fue creada la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), que tuvo como objetivo realizar una investigación histórica y documental. La FEMOSPP surgió con muchas limitantes; no tuvo mando temporal y tuvo una duración de cuatro años y medio. Al finalizar el sexenio de Fox, el procurador general de la República, Daniel Cabeza de Vaca, anunció calladamente el cierre de la fiscalía argumentando que “ya cumplió con su objetivo”.

Durante los años de gobierno de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto se mantuvo una política de cierre de archivos, restricción a la libertad de investigación, limitación de la libertad civil, oposición a la democratización del país. Como antítesis de lo anterior, 2018 se convirtió en el año fundamental para la consagración del movimiento estudiantil en el sentido de eje central del pasado reciente de México. Los historiadores coincidieron con que el 68 era un parteaguas con vínculos directos por la lucha por la democracia; se logró su enseñanza en la escuela, fue registrado en los programas de estudio del nivel básico, medio superior y superior. Fueron retiradas todas las placas en las que se mencionaba el nombre de Gustavo Díaz Ordaz. Se presentó una nueva iniciativa en el Palacio Legislativo de San Lázaro para grabar la frase “Al Movimiento Estudiantil de 1968”. Hablar hoy del movimiento estudiantil de 1968 es evitar que regrese el autoritarismo represor, es decirle un no a la matanza de estudiantes del 2 de octubre en Tlatelolco, es un no al Halconazo, a Atenco, a Aguas Blancas, a Nochixtlán, a Ayotzinapa.

1Sergio Aguayo Quezada, 1968. Los archivos de la violencia, México, Grijalbo, 1998.

2Cuauhtémoc Domínguez Nava, El movimiento estudiantil mexicano, 1958-1968. Los estudiantes de la UNAM, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2020.

3Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco, México, Era, 1981.

4Luis González de Alba, Los días y los años, México, Era, 1989.

5Ramón Ramírez, El movimiento estudiantil de México (julio-diciembre de 1968), México, Era, 1998, 2 tomos.

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