Tiempos nihilistas. Pensando con Max Weber de la filósofa política y feminista Wendy Brown (2023), trata de una reinterpretación de las dos conferencias que Weber dic- tó en 1917 y 1919 en la Universidad de Múnich a petición de los estudiantes, mejor conocidas como “La ciencia como vocación” y “La política como vocación”. En esta reseña me concentraré en tres aspectos que detona el libro: a) el potencial de relec- turas críticas de las tradiciones intelectuales, en particular la que propone Brown sobre Weber; b) la posibilidad de lecturas contra-hegemónicas del canon, a propó- sito de la interpretación de Weber desde el marco del nihilismo, según la autora; y, c) el programa de pedagogía crítica con y contra Weber que se desprende del libro.1
Además de la lectura específica sobre Max Weber, Brown plantea una serie de preguntas recurrentes en las ciencias sociales y las humanidades, a saber: ¿cómo volver a la lectura o relectura de las tradiciones intelectuales? pero también, ¿cómo recuperarlas de forma creativa? Es decir, este libro pone sobre la mesa de discusión interrogantes como: ¿de qué manera teorizar creativamente? y ¿por qué volver a los textos clásicos?, si en gran medida sus horizontes analíticos parten de supuestos que son la causa de muchos de nuestros problemas, por ejemplo, el antropocentrismo, el sexismo, el nacionalismo, el colonialismo o planteamientos sobre el trabajo que excluyen los cuidados, entre otros (Brown, 2023, p. 12).
Sin dejar de reconocer lo anterior, Brown destaca que la teorizacion de novo (2023, p. 12) es imposible en tanto toda explicación debe de tener una perspectiva históri- ca. Además, el hecho de que tales horizontes analíticos perduren, se relaciona con que diversos pensadores y pensadoras “lucharon activamente por una cartografía de sus propios tiempos desorientadores” (Brown, 2023, p. 13), de ahí su rendimiento intelectual e imaginativo hasta nuestros días. En ese sentido, es posible pensar y reflexionar con Weber y contra Weber, un aspecto que también desarrolla en una reciente entrevista (Raza & Davison-Vecchione, 2024), donde señala que nunca ha sido pensadora de una sola teoría y que podría considerarse a sí misma como “teó- ricamente poliamorosa” (2024, p. 4), dado que su interés no es la erudición sobre un autor, sino su alcance para iluminar rutas analíticas. En ese sentido, Brown no trata de armonizar a los pensadores; son sus diferencias y contrastes las que le permiten una lectura creativa (Raza & Davison-Vecchione, 2024, p. 4).
La tesis central de Brown en el libro es que Weber enfrentó la crisis de su tiem- po como un efecto del nihilismo, entendido este último como condición históri- co-moderna que arranca con el desmoronamiento de la autoridad religiosa y cuyo impacto conllevaría la devaluación de todos los valores. Siguiendo la tradición de Friedrich Nietzsche, para Brown el nihilismo significa “que los valores supremos se desvalorizan” (Brown, 2023, p. 33). Los valores pierden profundidad y consistencia, e incluso llegan a trivializarse, como sucede con la hiperpolitización, donde todo se convierte en político y, al mismo tiempo, nada sustantivo lo es: una política indi- vidualizada y trivializada, que definitivamente no es una política que construya el mundo (Brown, en Raza & Davison-Vecchione, 2024, p. 6). El gran legado de Weber consiste en haber identificado esta tendencia histórico-cultural tanto en la políti- ca como en la ciencia, así como sus intentos por drenarlas de ese nihilismo. Para Brown, esta vía de intepretación resulta significativa porque, desde su perspectiva, el neoliberalismo ha reforzado y acelerado el nihilismo de nuestros propios tiempos.
Para Weber, la dominación de la racionalización instrumental erosiona los valores al separar los medios de los fines y establecer “la canibalización de los fines por los medios” (Brown, 2023, p. 23).2 En relación con ello, Weber identifica cómo la buro- cracia, ese gran poder de la modernidad, vacía de sentido la vida de las personas. Para Brown (2023, p. 15) esa capacidad de reconocer maquinarias o mecanismos con capacidad de dominación hace de Weber un autor contemporáneo.
En su época, Weber señaló cómo en la política prevalecen la corrupción, la irres- ponsabilidad, el narcisimo y la codicia por el poder; mientras que en la ciencia, la mediocridad, el nepotismo y el culto a la personalidad. A Brown le preocupa cómo el neoliberalismo radicaliza esta degradación de los valores al reducirlos a la lógica del capital, como supone la mercantilización de la educación, de los cuidados e in- cluso de los afectos, así como de la tierra y sus diversas especies. De ahí la necesidad de traer a Weber a nuestras discusiones tardomodernas.
Por otro lado, el libro también invita a una recepción alternativa de las ideas de Max Weber que contraviene las lecturas canónicas. Al adoptar al nihilismo como ángulo de lectura, se pone sobre la mesa de discusión a un Weber que, al mismo tiempo que está preocupado por la razón instrumental, también lo está por el sentido de la exis- tencia, la conducción de la vida, el papel de los valores y su degradación, así como por su diversificación y el conflicto entre las esferas de la vida, ante el cual las personas deben elegir. Si bien la autora señala que su interés no es contribuir al campo de los estudios sobre Weber, sino reflexionar sobre su pensamiento para comprender nuestra época, resulta significativo considerar su propuesta en el marco de algunos debates que sostienen que el tema central de la obra de Weber no es el de la racio- nalización, sino la existencia del individuo y la lucha de valores en la modernidad (Hennis, 2016). Con este ensayo, Brown también nos permite imaginar otro Weber, otra posibilidad de lectura e interpelación que, desde mi perspectiva, resuena con mayor fuerza en nuestro tiempo.
Respecto a La política como vocación, Brown advierte que, para Weber, la democracia se había reducido a su mínima expresión y que, en función de dicho diagnóstico, construyó la figura de su líder político ideal. Para Weber, quienes hacen política deben enfrentar- se a las maquinaciones de los partidos, la burocracia o las masas manipulables. Por lo anterior, el liderazgo político requiere responsabilidad y no dejarse embriagar por la vanidad, el poder y el narcisismo. Frente a la ética de la convicción y la responsabilidad, Brown ofrece una lectura weberiana sumamente sugerente. Weber nos exige tomar conciencia de la contigencia de las convicciones y de las dificultades para realizarlas; al mismo tiempo, nos demanda responsabilidad y compromiso con éstas. En la entrevista ya mencionada, Brown relaciona esta propuesta con la idea de la “tragedia de la acción” o las consecuencias imprevistas de la acción weberiana (Raza & Davison-Vecchione, 2024, p. 7). Es decir, para la autora, esto supone una advertencia respecto a cómo, más allá de los propósitos políticos, es fundamental reconocer que no controlamos el curso de las acciones y que no cualquier fin justifica los medios. De ahí la necesidad de la res- ponsabilidad en la política: “Quien es irresponsable tiene sangre en las manos.” (Raza & Davison-Vecchione, 2024, p. 8).
De acuerdo con Brown, la ética política que Weber prescribe al político profesional o a los líderes políticos para enfrentar el nihilismo, también nos concierne a todas las personas, en tanto somos “políticos [as] ocasionales”, como decía el propio We- ber: “Se trata más bien de una conciencia epistemológico-política sin precedentes, en la que uno sabe que sus valores están situados y son parciales temporal, geográfi- ca y espiritualmente, pero no por ello está menos comprometido con ellos.” (Brown, 2023, p. 58). En ese punto aparece el apartado “Weber a favor de la izquierda”, donde Brown delinea una idea poderosa vinculada con repensar el deseo en la esfera políti- ca. Para la autora, la noción de carisma en Weber nos recuerda que los argumentos racionales no bastan para contrarrestar los miedos, las frustaciones populares o los anhelos en la política. De ahí su aporte al trasladar la atención al deseo político y la necesidad de educar al deseo desde la izquierda.
Respecto a la conferencia La ciencia como vocación, Brown nos recuerda cómo We- ber hace un esfuerzo por explicar las condiciones de la vocación en la vida acadé- mica alemana. Además, en relación con el nihilismo, Brown subraya que Weber se concentra en cómo la ciencia racionaliza todo lo que toca, y ello supone que: “Deja el mundo más lleno de poder y más vacío de sentido de lo que lo encuentra” (Brown, 2023, p. 73). Cabe recordar que es en esta conferencia donde Weber retoma las cé- lebres palabras de Tolstoi, quien sostiene que la ciencia no responde al sentido de la vida ni ofrece respuestas frente a qué debemos hacer y cómo debemos vivir.
Sin embargo, de acuerdo con el diagnóstico de Weber, a pesar de que la autoridad científica desplaza a la autoridad religiosa, la búsqueda por profetas y demagogos que “emocionen e inciten” permanece latente en el aula. Para Weber es fundamen- tal frenar esta tendencia y evitar que “predicadores invadan las aulas disfrazados de profesores” (Brown, 2023, p. 80). Brown advierte que esta problemática se ha radi- calizado en nuestra época debido a la “omnipresente cultura de la celebridad (que se extiende a la vida académica)” (Brown, 2023, p. 80). Para Weber, la cuestión central es decidir si se pretende fomentar la reflexión y curiosidad intelectual o, en cambio, atraer seguidores. Sin desestimar la importancia de que la personalidad no susti- tuya la enseñanza, Brown plantea que, si bien es imposible suprimir por completo las personalidades dentro del aula, es necesario comprometerse con “una ética de la moderación y la responsabilidad” (Brown, 2023, p. 105) también en la docencia.
A pesar de que el objetivo de La ciencia como vocación se centra en el análisis de los hechos, para Brown su principal legado radica en que Weber ofrece claves sobre cómo abordar el análisis de los valores en el aula. Desde la perspectiva de la autora, parece vislumbrarse aquí una suerte de plan programático de pedagogía weberiana, la cual no consistiría en adoptar una postura frente a ciertos valores, sino analizar- los “con lupa” (Brown, 2023, p. 71). Como “maestro de la teoría de los valores”, We- ber sostiene que el sentido de estos no es absoluto, sino que “se reduce a su relación con otros valores” (Brown, 2023, p.86). En otras palabras, para Weber el “requisito ético del pedagogo” (Brown, 2023) es examinar los valores desde un enfoque his- tórico y comparativo, sin posicionarse frente a ellos ni determinar cuáles valores son correctos y cuáles no. El aula tendría que formar personas, no moldearlas; es decir, debe fomentar el pensamiento crítico y enseñar la importancia de “los hechos incómodos”, como señala el propio Weber, incluso aquellos que “desestabilizan las visiones del mundo o las narrativas a las que nos adherimos” (Brown, 2023, p. 81).
Por otro lado, siguiendo a Weber, Brown plantea que la separación entre política y ciencia es fundamental para proteger a ambas esferas de sí mismas. En la tardomo- dernidad esta fina distinción tendría que mantenerse, aunque por razones distintas:
Además de mantener las agendas políticas y el didactismo lejos de los planes de estudio, la erudición requiere hoy protección para no ser adquirida o com- prada por los poderosos, valorada solo por sus aplicaciones comerciales o su formación laboral, ni devaluada por los antidemócratas que pretenden man- tener a las masas atontadas y manipulables. (Brown, 2023, p. 106).
Esta operación también es necesaria para tratar los valores en el aula. No obstante, la autora advierte que una separación demasiado estricta entre ciencia y política limita la posibilidad de una educación orientada a la democracia, incluida la edu- cación del deseo. Al mismo tiempo, restringe el reconocimiento del impacto que las contribuciones académicas pueden tener en la vida política, económica y social (Brown, 2023, p. 67-68). Con esta exigencia ascética, Weber condena al profesorado a convertirse en un “trabajador taylorizado” dentro de la academia, alguien “que permanece en sus propios campos especializados y niega sus propios prejuicios o preocupaciones.” (Brown, 2023, p. 88). En la interpretación de Brown, la paradoja de Weber radica en que, al intentar proteger a la academia del nihilismo, “hizo a la educación en gran medida irrelevante para la transformación política, impidiendo sus sinergias con los movimientos de masas y obstaculizando sus capacidades para desarrollar los deseos y demandas de dichos movimientos.” (Brown, 2023, p. 100).
El principal costo de este enfoque es la renuncia a la formación de una ciudada- nía informada y políticamente comprometida (Brown, 2023, p. 101). En este punto, Brown reconoce cómo Weber no se equivoca en algunos de sus planteamientos, pues responde a un contexto específico y a contrincantes peculiares dentro de la academia alemana (Weber, 2023). No obstante, la autora elabora una serie de ar- gumentos respecto a cómo ir con y más allá de Weber en este plan programático. Así, por ejemplo, Weber acierta al insistir en la necesidad de enseñar los hechos, incluidos los hechos incómodos. Sin embargo, también es fundamental que en el aula se enseñe cómo se producen y legitiman esos hechos. Explicar cómo se cons- tituyen y estabilizan las construcciones humanas es de vital importancia no solo para quienes seguirán una trayectoria académica, sino también para la ciudadanía en general. De este modo, como sostienen Raza & Davison-Vecchione (2024, p. 3), si bien Brown parte de la distinción weberiana, llega a un punto distinto, basado en una “educación de tipo humanista”.
En este punto, Brown plantea un conjunto de preguntas detonantes que pueden ser útiles para diseñar estrategias pedagógicas sin caer en la hiperpolitización en el aula. No se trata de responderlas una por una, sino de incentivar al estudianta- do a formularlas y guiarles en su exploración. Lo anterior implicaría llevar a cabo “prácticas básicas de ciudadanía reflexiva” (Brown, 2023, p.113), para que quienes estudian puedan ser “participantes inteligentes en las democracias y para evitar pensar que el orden existente de valores hegemónicos, o de valores superficiales e hiperpolarizados, es todo lo que hay.” (Brown, 2023, p.113). Esta reorientación de los planes de estudios es “revolucionaria”. “Y, sin embargo, fue el viejo y conservador Weber quien las inspiró.” (Brown, 2023, p. 115).3 El mismo que acuñó esta frase: Lo que es posible nunca podría haberse logrado a menos que la gente hubiera intentado una y otra vez alcanzar lo imposible.
















