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Estudios sociológicos

 ISSN 2448-6442 ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.42  Ciudad de México  2024   19--2025

https://doi.org/10.24201/es.2024v42.e2631 

Artículos

El capital social en los territorios rurales desde la perspectiva de Bourdieu

Social Capital in rural territories from Bourdieu’s perspective

Luciano Martínez Valle1 
http://orcid.org/0000-0001-5536-7756

1Departamento de Economía, Ambiente y Territorio, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Quito, Ecuador, lmartinez@flacso.edu.ec


Resumen:

Se analiza la importancia del concepto de capital social y las posibilidades que ofrece para investigar las dinámicas sociales y económicas de los territorios rurales. Se explora, desde la perspectiva teórica de Bourdieu, la relación entre capital social y espacio social. Asimismo, se examina la importancia del capital social familiar y, finalmente, se plantean algunas potencialidades y limitaciones del concepto para explicar las dinámicas actuales de los territorios rurales. Para ejemplificar la relación entre capital social y capital económico, se utiliza el análisis de correspondencias múltiples (ACM) con base en los datos de una investigación en tres comunidades de la sierra norte de Ecuador.

Palabras clave: capital social; espacio social; capital social familiar; territorios rurales

Abstract:

This article analyzes the importance of the concept of social capital and the possibilities it offers for investigating the social and economic dynamics of rural territories. It explores, from Bourdie’s theoretical perspective, the relationship between social capital and social space. It also examines the importance of family social capital and, finally, it presents some potentialities and limitations of the concept to explain the current dynamics of rural territories. To exemplify the relationship between social capital and economic capital, Multiple Correspondence Analysis (mca) is used based on data from a study conducted in three communities in the northern highlands of Ecuador.

Keywords: social capital; social space; family social capital; rural territories

Introducción

Los estudios sobre el capital social han empezado a cambiar de rumbo. Poco a poco abandonan el enfoque teórico de la sociología norteamericana, condensado principalmente en los trabajos de Putnam (1993) y Coleman (1988), para aproximarse cada vez más a la perspectiva de Bourdieu (2006). El énfasis puesto tanto en los aspectos organizativo-institucionales como en el rol del actor racional que sustentan los planteamientos del primer y segundo autor, respectivamente, conducen a la consolidación de un concepto de carácter instrumental, insuficiente para explicar el surgimiento y la dinámica del capital social en una dimensión territorial. No hay que olvidar que dicho concepto, proveniente de estas vertientes teóricas, fue el que predominó en las décadas de 1980 y 1990, tanto en la academia como en las políticas públicas de los países europeos e incluso de algunos de Latinoamérica (Lutz, 2011).

Sin entrar a discutir los trabajos sobre capital social de Putnam y Coleman, que no es el fondo de este artículo, señalaré sucintamente que representan una visión operativa centrada en la perspectiva del actor racional que permite obtener un provecho individual antes que colectivo. El nivel de participación en las organizaciones sin considerar su calidad lo calificó Putnam (1993) como el cimiento de la democracia, mientras que para Coleman (1988) el capital social es un recurso más que está a disposición del actor y le permite elegir racionalmente el acceso a “redes sociales cerradas” y de esta manera obtener ventajas, por ejemplo, en microespacios educativos. Esta visión de capital social ha sido fuertemente criticada en la academia (Portes, 2000; Fine, 2001; Ponthieux, 2006), no solo por su orientación centrada en el rational choice, sino por su utilización entusiasta en las políticas públicas influidas por el Banco Mundial en la búsqueda de soluciones parches -el capital social como el missing link de las políticas neoliberales en boga desde la década de 1990-, sobre todo en los países de Latinoamérica (Dasgupta, & Serageldin, 2000).

Actualmente se dispone de algunos trabajos sobre capital social desde la perspectiva de Bourdieu que abordan los territorios rurales en el contexto europeo, pero no son muy frecuentes para el caso latinoamericano y los países del sur (Gutiérrez, 2004; Hernández, & Rappo, 2016). Como se verá con mayor detalle, este vacío se debe en gran parte a la complejidad del concepto desde una perspectiva relacional, y también a las dificultades de su medición a través de variables operativas.

En este trabajo se busca reflexionar sobre la importancia del concepto de capital social de Bourdieu y las posibilidades para indagar, desde una perspectiva endógena y relacional, la dinámica social y económica de los territorios rurales en un contexto caracterizado por profundos cambios provenientes tanto del mercado global como de las políticas neoliberales implementadas en los últimos años por los gobiernos de la región. En la primera parte se aborda la perspectiva de Bourdieu del capital social para precisar su alcance y utilidad en el análisis de los territorios rurales. En la segunda, se indaga la relación entre capital social y espacio social, aspecto clave para captar la dinámica del territorio desde una dimensión social. En la tercera, se analiza el capital social familiar, uno de los componentes centrales en Bourdieu. En cuarto lugar, con base en un trabajo de campo realizado en la sierra norte de Ecuador, en tres comunidades indígenas de Cayambe (provincia de Pichincha) en 2017, se indaga, a modo de ejemplo, la disponibilidad de capital social como uno de los elementos centrales para el desarrollo territorial. Finalmente, se plantean algunas limitaciones y potencialidades de dicha perspectiva para explicar la dinámica actual de los territorios rurales.

Los vericuetos de la teoría del capital social según Bourdieu

Como es sabido, en la amplia obra de Bourdieu (2006) no se dispone sino de un corto artículo explícito sobre capital social que muestra la complejidad teórica del concepto, pero que al mismo tiempo revela los elementos básicos en torno a los cuales se construye. A pesar de que su utilización es esporádica en los trabajos tempranos del autor sobre las sociedades campesinas (2002a; 2008), posteriormente adquiere un papel importante en el análisis de las sociedades modernas y complejas, caracterizadas por el predominio del mercado y procesos de diferenciación social. Según el sociólogo, el capital social es el

conjunto de recursos actuales o potenciales vinculados a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de interconocimiento e interreconocimiento o, dicho de otro modo, a la pertenencia a un grupo en cuanto que conjunto de agentes que posee no solo propiedades comunes (capaces de ser percibidas por el observador, por los demás o por sí mismos), sino que también están unidos por vínculos permanentes y útiles (Bourdieu, 2006, p. 31).

En esta primera definición se enfatizan dos elementos constitutivos del capital social: a) la disponibilidad de una red no ocasional sino duradera de relaciones y, b) la pertenencia a un grupo como microespacio que aglutina agentes sociales con alta similitud social. Estas dos características se aplican perfectamente tanto a sociedades capitalistas como no capitalistas o en proceso de transición. No obstante, el capital social no es algo determinado solo por la pertenencia a un grupo y a una red social, es decir, por las relaciones de proximidad en el espacio físico, es también necesario disponer de una “red de vínculos” en la que los agentes sociales deben “invertir” para consolidar y ampliar el capital social y, de esa forma, movilizar otros tipos de capitales (económico, cultural, etc.). El proceso de “inversión o gasto social” es vital para conservar y ampliar la red de “vínculos duraderos y útiles” (Bourdieu, 2006, p. 32). Así, en sus estudios sobre la sociedad cabila en el norte de África destaca este elemento que, aparentemente, puede significar una “pérdida de tiempo”, pero que en la lógica de la reproducción del capital simbólico es pertinente y necesario para la reproducción de la sociedad campesina.

Hay también estrategias de inversión y acumulación de capital social, es decir, estrategias que buscan conservar las relaciones establecidas: por ejemplo, en sociedades como la cabila, una parte muy importante del trabajo que realizan los agentes es conservar las relaciones de parentesco en sentido amplio, tanto si se trata de un parentesco establecido por alianzas como si es uno establecido por sucesión; este trabajo, que consiste en visitas, intercambios de regalos y donaciones, etc., es extremadamente importante en la medida en que, a través de él, se perpetúa el capital simbólico de la familia (Bourdieu, 2012a, p. 37).

El trabajo destinado a conservar y ampliar las relaciones de parentesco lo realizan principalmente las mujeres, que se mueven como peces en el agua en la búsqueda de afianzar estas relaciones familiares en las sociedades campesinas. Pero también es importante en las sociedades capitalistas, donde los grupos dominantes, aparentemente, pierden el tiempo en reuniones sociales familiares, un espacio en el que las mujeres se encargan de ampliar estos vínculos esenciales, o en clubes exclusivos de universidades o de grupos profesionales donde se reproduce el capital social que permite conservar la posición de privilegio de la burguesía o aristocracia de los países desarrollados (Bourdieu, 2012a).

La complejidad del concepto de capital social, según Bourdieu, radica en que se requiere comprender la teoría del campo social para auscultar los vínculos con otros capitales (económico, cultural, político, etc.) y, de esta forma, discernir la dinámica de las estrategias de los agentes sociales en un espacio social determinado. El capital social no explica nada por sí solo, requiere relacionarse con otros tipos de capitales en un campo social determinado para conseguirlo (Bourdieu, 2021).

Tres aspectos cardinales enumera Bourdieu sobre las características del capital social aplicado a sociedades tradicionales o en proceso de transición, es decir, a sociedades rurales actuales: 1) en este tipo de sociedades, el capital social es más importante en el plano familiar, ya que es el microespacio donde se tejen las relaciones de reciprocidad y solidaridad. En su análisis de los campesinos de Béarn, Francia, utiliza el concepto “densidad social” para referirse a la vigencia de estas relaciones en las familias rurales (Bourdieu, 2002a, p. 95). 2) En el contexto de las sociedades campesinas, el capital social tiende a confundirse con el capital simbólico, ya que muchas prácticas de solidaridad se expresan en manifestaciones de prestigio familiar y es más difícil diferenciarlo, mientras que, en las sociedades capitalistas es más fácil caracterizarlo y captar su estrecha relación con el capital económico (Bourdieu, 2021; Lenoir, 2015). 3) El concepto de capital social debe ser analizado en el contexto del espacio social, que no es solo el espacio físico (geográfico), sino, como indica Bourdieu (1993a), “el lugar” donde se cristalizan las relaciones sociales de forma objetiva, de acuerdo con la disponibilidad de capitales y la ubicación respecto a otros agentes o grupos sociales.

El estudio del capital social depende en gran medida de la caracterización del espacio social en que se insertan las familias y comunidades, así como del grado de consolidación de las relaciones de mercado, es decir, de la sociedad capitalista. Esta última observación es importante, pues solo en estas condiciones se puede analizar el capital social en el contexto del campo social, considerando las relaciones de los agentes sociales y su potencialidad como “efecto multiplicador” al vincularse con otros capitales (Bourdieu, 2015; Eloire, 2018). De esta forma adquiere pertinencia el concepto relacional de capital social, pues no solo rescata la dimensión de las redes sociales que se tejen en las familias y en la comunidad insertas en un espacio social determinado, sino que es básico tener en cuenta la disponibilidad de otros capitales (económico, cultural, simbólico, etc.) que puedan ser movilizados y que generen un efecto multiplicador en beneficio de los agentes sociales. Esta potencialidad del capital social, necesariamente requiere de cierta claridad respecto al espacio social y el campo social en el que actúan los agentes sociales, comunidades u organizaciones.

El capital social en el espacio social

Los trabajos desarrollados por Bourdieu luego de la publicación de su obra seminal La distinción (2002b) incluyen constantemente los conceptos de espacio social y campo social, que permiten analizar a los agentes sociales desde una perspectiva relacional que considera como punto de partida su posición en un campo social determinado, de acuerdo con la disponibilidad de diversos capitales (económico y cultural, principalmente). Según esta dimensión “topológica”, los agentes, grupos o clases sociales ocupan una posición dominante cuando disponen de un mayor volumen de capital económico, cultural y social, mientras que otros tienen un lugar subordinado en la medida en que cuentan con menos capital (Bourdieu, 2002b).

El concepto de espacio social en Bourdieu, si bien parte de una dimensión física relacionada con el lugar en que se encuentran los agentes sociales, no se reduce a ella. Según el sociólogo:

El espacio social no es un espacio físico, pero tiende a realizarse de forma más o menos completa y exacta en este espacio. Lo que explica por qué resulta tan difícil pensarlo como tal, en un estado separado. El espacio, tal como lo habitamos y conocemos, está marcado y construido socialmente. El espacio físico solo puede pensarse como tal mediante una abstracción (la geografía física); es decir, ignorando decididamente todo lo que debe al hecho de ser un espacio habitado y apropiado, es decir, una construcción social y una proyección del espacio social, una estructura social en estado objetivado (por ejemplo, la casa cabila o el plano de una ciudad), la objetivación y la naturalización de relaciones sociales pasadas y presentes (Bourdieu, 2013, p. 136).

Los agentes sociales se apropian del espacio físico de acuerdo con la ubicación relacional respecto a otros actores sociales y a la disponibilidad de determinadas especies de capital, elementos centrales del proceso de construcción social. De esta forma, en el espacio social se generan diversos procesos de construcción social que se explican a partir de las estrategias de los agentes sociales y del capital disponible que, a su vez, permiten que se lo apropien.

La utilización del concepto espacio social como categoría más general y la de campo social como un concepto acotado a un espacio más específico, con niveles de autonomía, reglas de ingreso y agentes sociales -que, a partir de sus habitus, desarrollan estrategias que conducen a la formación de “campos de fuerza” o de lucha social- ha sido destacada recientemente por Wacquant (2019). Este autor advierte la necesidad de no generalizar el uso de campo social, especialmente en el contexto de sociedades donde todavía no se han cristalizado las relaciones de producción capitalista y, por lo mismo, “no tienen límites institucionalizados, ni barreras de entrada, ni especialistas en la elaboración de una fuente de autoridad y sociodicea distintiva” (Wacquant, 2019, p. 17). Igualmente menciona que Bourdieu no utiliza el concepto en los trabajos relacionados con sociedades campesinas y sugiere que, para evitar equívocos, es mejor utilizar el concepto de espacio social (Wacquant, 2018). No obstante, el concepto de campo se torna pertinente en investigaciones que abordan sociedades en transición o en aquellas en las que predominan plenamente las relaciones sociales de corte capitalista. En este sentido, Bourdieu señala claramente la diferencia entre los microespacios sociales que se “instalan de manera puntual y circunstancial, y los campos, espacios sociales constituidos e instituidos de manera durable” (Bourdieu, 2021, p. 667).

Desde esta perspectiva teórica, el análisis de capital social se realiza dentro del campo social, siempre y cuando se aborden sociedades “incrustadas” en relaciones de mercado y, sobre todo, que conformen espacios institucionalizados, con barreras de entrada y con claros elementos de organización-autoridad. Por lo tanto, indagar el caso de comunidades indígenas o campesinas ubicadas en “espacios sociales con base local” es completamente viable, sobre todo en territorios donde la lógica de reproducción social predominante proviene del mercado capitalista (Bourdieu, 2011, p. 85). Hay tres argumentos básicos para ello: a) se trata de espacios sociales (comunidades, pueblos) con una base local que proviene de larga data; b) conforman espacios institucionalizados con organizaciones sociales de tipo comunitario u asociativo, con autoridades, reglamentos, etc., y gobiernos locales; c) se encuentran insertos en dinámicas productivas de mercado, por lo tanto, abiertas a la posibilidad de conformación de diversos capitales (económico, cultural, simbólico y social).

De acuerdo con esto, la disponibilidad de capital social es un elemento básico de análisis factible del campo social en la medida en que la presencia de habitus y estrategias vinculadas a relaciones de solidaridad y reciprocidad pueden servir como punto de partida o palanca para la obtención de otros capitales, en especial el económico y cultural. Por supuesto, esta hipótesis plantea una serie de problemas todavía no estudiados empíricamente sobre las sociedades campesinas y rurales. Así, por ejemplo, la transformación del capital social -supuestamente disponible en estas sociedades- en capital económico o cultural, o a la inversa, es un proceso que implica el análisis del peso y la equivalencia de los diversos tipos de capital disponibles, los derechos de entrada, el tiempo, costo y, además, la pertinencia u oportunidad, que depende de las estrategias desplegadas por los agentes sociales en un campo social determinado, asunto que conlleva una compleja investigación concreta más allá de las intenciones de este artículo. Respecto a esta dificultad, Bourdieu señala que “las sociedades precapitalistas son el lugar de un enorme trabajo de sociabilidad, que es un trabajo de transformación del capital económico en capital social, a través del don, del mantenimiento de las relaciones, etc." (Bourdieu, 2015, p. 527).

La paciente inversión en tiempo es requisito fundamental para mantener y reproducir la sociabilidad y adquirir capital social, un tema apasionante, pero como indica el sociólogo, normalmente pasa inadvertido y no se considera un elemento teórico importante. Esta estrategia invisible de inversión se focaliza en la familia, y dentro de ella es primordial el rol de la mujer, normalmente la encargada de esta función básica para ampliar el capital social y abrir la posibilidad de intercambio con otros capitales. Así pues, la relación entre el género y la ampliación del capital social es otra dimensión no estudiada en profundidad ni en el medio rural ni en el urbano de nuestras sociedades.

La reflexión sobre el capital social desde la perspectiva de Bourdieu quedaría trunca si no me refiero brevemente a los procesos de convertibilidad y transformación en otro capital (económico, cultural, simbólico). Las posibilidades de esta convertibilidad dependen en gran medida del factor tiempo, es decir, de lo que se está dispuesto a dedicar a la reproducción de la red de relaciones sociales pertinentes. Como afirma Bourdieu:

La reproducción del capital social exige el esfuerzo incesante de relacionarse en forma de actos permanentes de intercambio, a través de los cuales se reafirma, renovándose, el reconocimiento mutuo. Este trabajo de relacionarse implica un gasto de tiempo y energía y, por lo tanto, directa o indirectamente de capital económico. Un gasto semejante solo es rentable, concebible incluso, si uno invierte en él una competencia específica, a saber: el conocimiento de vínculos genealógicos y de relaciones reales, así como la habilidad para aprovecharlo (2001, p. 153).

No se dispone de estudios concretos de procesos de transformación de capital social en capital económico, menos en sociedades campesinas, donde los esfuerzos de consolidación del capital social conducen sin mayores obstáculos al incremento de capital simbólico. La convertibilidad de capital social en capital económico requiere, según Bourdieu, de un doble trabajo, pues no solo es necesario el esfuerzo para conservar el capital social familiar (que puede tener también una dimensión comunal), sino que además se requiere un trabajo más específico orientado a la transformación en capital económico, que implica asumir un mayor riesgo cuando las relaciones se amplían al campo social.

El principio de conservación de energía social vigente a través de todas las transformaciones de capital, puede verificarse si, para cada caso dado, se toman en cuenta tanto el trabajo acumulado en forma de capital como el trabajo necesario para transformar el capital de un tipo en otro (Bourdieu, 2001, p. 159).

En el caso de comunidades andinas donde, por ejemplo, la migración es una de las estrategias de la reproducción familiar, habría límites para este “doble trabajo” al no disponer de miembros dedicados a esta labor, lo que acarrearía el deterioro de las relaciones de reciprocidad dentro y fuera de las familias, como parece ser la situación en las comunidades indígenas de la sierra ecuatoriana (Martínez Valle, 2017). Sin embargo, hay que considerar también que, si la migración conforma un nexo orientado a la búsqueda de la ampliación de redes sociales hacia afuera, puede compensar la pérdida local de familiares dedicados a la consolidación del capital social.

El capital social familiar

Las reflexiones de Bourdieu sobre el papel de la familia en torno al capital social indican la importancia de esta institución tanto en las sociedades capitalistas como en las no capitalistas. El sociólogo plantea tres aspectos específicos respecto a la función de la familia: a) “lugar por excelencia” de la acumulación de capital bajo sus diferentes especies y de su transmisión entre generaciones; b) sujeto principal de las estrategias de reproducción y transmisión del “nombre de familia”; c) la familia como “sujeto colectivo” especialmente en decisiones económicas importantes (Bourdieu 1993b, p. 35). La familia, desde esta triple perspectiva, adquiere la dimensión de un minicampo social donde se forjan de manera colectiva estrategias para el futuro de sus miembros y la pervivencia de la institución. Es un minicampo en el que sus miembros tratan de consolidar “las fuerzas de fusión” frente a la amenaza permanente de las “fuerzas de fisión”, que provienen, en el caso de las sociedades campesinas, de la progresiva institucionalización del mercado como eje de la reproducción social y económica y del remplazo de la “economía de la buena fe por la moral de los negocios” (Bourdieu, 1993b, p. 35; Bourdieu, 2012b, p. 100).

El capital social unido al tamaño de la familia, sobre todo en los grupos sociales dominantes en el campo social, desempeña además un rol central en la misma gestión de otros capitales, dentro de los cuales cobra importancia, sobre todo, el capital económico.

La reflexión de Bourdieu acerca del capital social en las sociedades campesinas tanto de Cabila (Argelia) como de Béarn (Francia) muestra la importancia de la familia como “sujeto colectivo” que busca asegurar la reproducción utilizando las relaciones de solidaridad-reciprocidad en torno a las actividades agropecuarias. En esta perspectiva es importante considerar, por un lado, la conformación numérica y, por otro, la búsqueda y el mantenimiento de las redes de parentesco. En su reflexión sobre la sociedad cabila, considera que la parentela, la clientela y la red de relaciones conforman un “capital social de relaciones que implica derechos y deberes que, acumulado a lo largo de generaciones sucesivas, es una fuerza de apoyo susceptible de ser movilizada cuando las situaciones extraordinarias vienen a romper la rutina cotidiana” (Bourdieu, 2000, p. 364). De allí la importancia otorgada al rol de la mujer, no solo para asegurar el éxito de los matrimonios y, de esta forma, consolidar una ruta exitosa para la descendencia, sino también en el fortalecimiento de redes sociales que en las sociedades campesinas actuales no se limitan solo a los parientes que se encuentran en el territorio, sino también incluyen a aquellos que se encuentran fuera1.Esta última dimensión la ha subrayado Champagne (2002, p. 307) como el papel de la “familia invisible”, es decir, de los parientes que han salido de la explotación familiar, pero que mantienen vínculos con las familias de origen. Este autor aporta también elementos relacionados con el capital social familiar en el medio campesino, como la proximidad geográfica y social de los parientes, las trayectorias sociales de los miembros de una misma familia y la dimensión social del parentesco, que implica “las relaciones de dones y contradones, la circulación de informaciones, de incitaciones diversas, de visitas obligadas, de intercambio de servicios, a veces de ayudas y de apoyos directos en caso de necesidad, etc.” (Champagne, 2002, p. 300).

La función del capital social familiar en el caso latinoamericano lo han destacado también algunos estudios. Así, por ejemplo, en una investigación realizada sobre los sectores populares urbanos en Argentina, Gutiérrez menciona:

la noción de capital social en su forma familiar o doméstica habilita a reconstruir lo que he llamado redes de intercambio diferido intergeneracional que unen a familias pobres entre sí, de dos generaciones diferentes, en un sistema de dones y contra-dones diferidos, que hace a la mujer-madre la principal productora y distribuidora de diferentes tipos de bienes, y al hijo/hija y su familia los principales receptores (Gutiérrez, 2004, p. 11).

En este caso, el poco capital económico disponible en el grupo familiar de los sectores populares sirve para que las generaciones posteriores dispongan de un pequeño apoyo que les permita salir adelante, en especial cuando se forman nuevas familias. Esta autora recupera el rol del capital social en las estrategias de las familias de los sectores pobres de la sociedad urbana argentina, pero que a todas luces no es suficiente para establecer estrategias de movilidad en el campo social.2

En las sociedades campesinas, y en general en las rurales, la disponibilidad de capital económico dependerá del grado de diferenciación social entre las familias de un territorio determinado, lo que implica un diverso acceso a recursos que puedan ser transmitidos a los hijos. En el caso de las familias campesinas de la sierra ecuatoriana, por ejemplo, donde predomina el minifundio y el patrón de herencia bilateral, el capital social familiar encuentra limitaciones estructurales para ayudar a las nuevas familias debido al exiguo capital económico de que disponen. Una situación parecida a la de la sociedad cabila, donde la estrechez de los medios de producción no provee una base material al capital social, de allí que, con pocos nexos mercantiles, el “honor” se convierte en el capital social más importante, dada la relevancia del capital simbólico (Lahouari, 2004, p. 7).

Así pues, los límites del capital social familiar no se relacionan únicamente con la fortaleza o densidad de prácticas de cooperación y reciprocidad que se dan en la familia -que, además, actualmente puede entrar en crisis debido a la deslocalización de los miembros jóvenes a través de la migración-, sino también con las posibilidades de transformación del capital social en otros tipos de capital (económico, cultural, etc.), en otras palabras, con lo que Bourdieu llama el “efecto multiplicador” del capital social (Bourdieu, 2001, p. 150). Y si bien, como afirma el sociólogo, “el capital simbólico y el capital social solo pueden reproducirse mediante la reproducción de la unidad social elemental que es la familia” (Bourdieu, 2012b, p. 103), los cambios que experimentan las familias rurales y campesinas tanto en su composición demográfica como en sus estrategias económicas y sociales generan importantes fisuras en esta función básica de catalizador del capital social, un tema que merece también ser investigado en profundidad (Déchaux, 2007).

Un ejemplo sobre la relación entre capital social y capital económico en un territorio campesino de los Andes del Ecuador

A continuación, con base en un estudio de 2017 sobre tres comunidades indígenas de un territorio vinculado a la producción de leche en la zona de Cayambe de la sierra norte de Ecuador, se busca mostrar la relación entre capital social y capital económico y su distribución en el espacio social o territorio, tal como se ve en el gráfico 1. La información proviene de encuestas realizadas en las comunidades de La Chimba (49 familias), Moyurco (23 familias) y San Pablo Urco (17 familias). Se seleccionaron estas tres en el contexto de un territorio “aparentemente homogéneo” desde el punto de vista económico y cultural (productores de leche e indígenas organizados en comunas). Se consideró como unidad de análisis a la familia y se aplicaron encuestas multipropósito con variables sociodemográficas, ocupacionales, productivas y de capital social. Las principales variables seleccionadas para caracterizar el capital económico fueron el tamaño de la propiedad, disponibilidad de riego, número de vacas, ingresos, actividad principal y crédito; mientras que las variables para caracterizar el capital social fueron la minga, el prestamanos, la uniguilla o intercambio de productos y cooperación comunal.3

Fuente: Elaboración propia con base en trabajo de campo, 2017.

Gráfico 1 Cayambe. Análisis de correspondencia múltiple 

Es importante decir que en el territorio analizado hay una alta densidad histórica, resultado de luchas y demandas por la tierra, así como niveles importantes de organización formal (comunidades, asociaciones, etc.) que actualmente se encuentran insertas en la arena movediza del mercado y en proceso de restructuración (Martínez Godoy, 2016). Las comunidades estudiadas forman parte de un territorio donde, en la década de 1960, se concretó una reforma agraria que permitió a los campesinos indígenas impulsar, en un primer momento, un proceso de “territorialización” del espacio productivo al ocupar las tierras de la hacienda pertenecientes al Estado e implementar sus estrategias y lógicas productivas (Martínez Valle, 2016). No obstante, esto no conllevó la consolidación de un modelo comunitario de producción, sino de uno familiar en torno al cual se afianzó la diferenciación social que se venía incubando desde la misma época de la hacienda. Es preciso señalar, además, que a partir de la década de 1990, se consolidó también una estrecha vinculación con empresas agroindustriales externas (Nestlé, Rey Leche y Asociación de Ganaderos de la Sierra y el Oriente) que impulsaron un modelo productivo en torno al cultivo de pastos para la ganadería lechera que continúa hasta el día de hoy.

Lo interesante es que esta dinámica del capital económico facilitó la generación e incorporación de nuevos habitus que tienen una base en la historia individual y colectiva de los comuneros y que son también el resultado de nuevas categorías y sistema de valores, es decir, son “el producto de la incorporación de estructuras sociales” (Bourdieu, & Chartier, 2010, p. 74).

Utilizamos el análisis de correspondencias múltiples (ACM) como herramienta metodológica que permite constatar tanto la desigual disponibilidad de capital económico y social entre las familias y las comunidades estudiadas, como su diversa ubicación en el espacio social, relacionada con procesos significativos de diferenciación social. El ACM es una herramienta utilizada por Bourdieu en su trabajo sobre La distinción (2002b), en el cual privilegia la relación entre capital económico y capital cultural. En nuestro estudio de caso destacamos esa relación, pues interesa analizar el papel de esta última variable en el contexto del espacio social o territorio. Las virtudes del ACM en el sentido de que “hace aparecer la estructura de las relaciones entre los agentes estudiados” las han citado varios autores (Rouanet, Ackermann, & Le Roux, 2001; Duval, 2013), lo que permite captar las posiciones a partir de las cuales perciben un espacio social concreto. Según Duval:

Bourdieu, en comparación con otros usuarios del ACM, presta mucha atención a las nubes de individuos en los diseños factoriales; estos gráficos ayudan a aprehender a los individuos por lo que son a sus ojos: no “sustancias” intercambiables, sino agentes socializados situados en relación unos con otros, ocupando posiciones específicas (y portadores de propiedades específicas) (Duval, 2017, pp. 29-30).

El ACM, además de privilegiar este enfoque relacional, tiene la enorme ventaja de ser una herramienta de análisis del espacio social que permite “descubrir, revelar una realidad escondida” de la que, a primera vista, los agentes que participan en un campo social determinado no son conscientes (Lebaron, 2015, p. 51).

En nuestro estudio de caso se detectaron algunas tendencias importantes derivadas del ACM en las comunidades, que por un lado confirman los cambios experimentados en el territorio inmerso en un proceso de modernización económica, y por otro permiten bosquejar nuevas hipótesis sobre la dinámica del capital social.

En primer lugar, hay un importante proceso de diferenciación social tanto dentro de las comunidades como entre ellas, debido principalmente al diverso nivel de acceso al capital económico, concentrado en las familias que poseen agua de riego, lo que les facilita el cultivo de pastos y el desarrollo de la ganadería de leche. El eje x del gráfico 1, indica la importancia del capital económico en el espacio social y se constata que la comunidad La Chimba se ubica más hacia la derecha, donde se sitúan variables económicas importantes, como el acceso a más tierra, agua de riego, mayor número de vacas, mayor producción de leche, crédito productivo y más ingresos. Hacia la izquierda del gráfico 1, se ubican las comunidades de Moyurco y San Pablo Urco, con menos tierra y sin riego, lo que obstaculiza el desarrollo de la ganadería de leche, es decir, tienen poco capital económico, pero también un débil capital social.

En segundo lugar, la distribución y acceso al capital económico tan diversos han llevado a la consolidación de familias de campesinos acomodados o ricos, en especial en la comunidad La Chimba, que pueden implementar estrategias económicas y sociales tendientes a ampliar y consolidar su situación en el espacio social o territorio estudiado. Entre las estrategias económicas están la ganadería de leche articulada con la agroindustria, la presencia de nuevos emprendimientos económicos (florícolas familiares) e importantes cambios de habitus de consumo.4

En tercer lugar, el capital social de que disponen las familias está presente en los campesinos con más capital económico (La Chimba) y no entre aquellas más pobres (San Pablo Urco y Moyurco). Este es un proceso novedoso, en el sentido de que “el capital va al capital” (Bourdieu, 1980, p. 204); en este caso, el capital social va al capital económico y no a la inversa, puesto que son las familias con más poder económico las que tienen mejores posibilidades de implementar el capital social. En el ejemplo, las familias de la comunidad La Chimba con más capital económico conservan el prestamanos, la minga, e incluso la uniguilla, prácticas sociales que han disminuido en el resto de comunidades. Al contrario, las familias con menos capital económico (menos tierra, falta de agua de riego, menos ganado vacuno y escasez de mano de obra familiar) corren el riesgo de perder las relaciones tradicionales de cooperación y reciprocidad. Así, por ejemplo, una familia con poca tierra no puede implementar relaciones de reciprocidad en el trabajo agrícola con otra familia que dispone de mayor extensión, pues no tiene mano de obra suficiente para corresponder al aporte de trabajo en los momentos del ciclo de cultivo en que es demandado. Las familias de menos recursos incluso tienen dificultad para participar en los trabajos colectivos de la minga, ya que los hijos han migrado o trabajan en las plantaciones de flores. Se concluye, pues, que disponer solo de capital social no es condición suficiente para mejorar la posición en el campo social. En este sentido, y contrario a lo que plantean muchos estudios en la región, es importante que las familias pobres accedan a una base de capital económico para lograr que su capital social tenga “efecto multiplicador” en el campo social.

Poseer un mayor capital social significa, además, obtener algunas ventajas adicionales que consolidan su situación en el espacio social. Así, por ejemplo, en la medida en que responden a las demandas de parientes y conocidos para entablar el prestamanos, consolidan también el capital social familiar. De esta forma, aprovechan en su beneficio las relaciones de cooperación tradicionales, aunque orientadas a una lógica que responde a una situación de acumulación económica, lo que Bourdieu (1999, p. 258) menciona como la lógica “del toma y daca”. Además, estas familias también buscan ampliar el capital social fuera del espacio campesino a través de prácticas como el compadrazgo, que permite establecer nuevas redes sociales con personas claves normalmente del mundo urbano (técnicos, profesores, comerciantes, etc.), y de esta forma ampliar las redes sociales más allá del espacio productivo campesino y de la comunidad. Se trata de “relaciones interesadas y orientadas hacia los contactos ricos en capital cultural o económico” (Eloire, 2014, p. 107).5

El territorio campesino -como se ve- no es homogéneo, ni desde el punto de vista productivo ni social, y es el capital económico el que facilita el desarrollo del “efecto multiplicador” del capital social familiar tanto comunal como intercomunalmente, e incluso fuera del territorio. La potencialidad espacial del capital social, a través de la construcción de redes sociales dentro y fuera del territorio, no sería posible sin la consolidación previa del capital económico en las unidades familiares de campesinos ricos. Sobre esta base se han implementado importantes cambios de habitus, así como la búsqueda de prestigio social de nuevo cuño que no depende ya tanto de ser prioste de una fiesta religiosa -que anteriormente lo dotaba de un alto capital simbólico-, sino del grado de acumulación económico-familiar.

Límites y potencialidades de la noción de capital social a nivel del territorio

Uno de los problemas en los territorios rurales del área andina es su alta heterogeneidad, no solo física, sino productiva, demográfica y social. Bajo el aparente inmovilismo u homogeneidad de las comunidades indígenas, por ejemplo, hay muchos cambios y transformaciones familiares y comunales que deben considerarse en una perspectiva dinámica del espacio social. Esta investigación, realizada en el territorio de Cayambe, en la provincia de Pichincha, muestra claramente la presencia de dinámicas productivas disímiles que sustentan un proceso de diferenciación social entre comunidades y dentro de estas. En ese sentido, el espacio social se encuentra atravesado por el proceso de diferenciación social y, por lo mismo, los efectos multiplicadores del capital social no son los mismos para las familias y las comunidades de un idéntico territorio. En este contexto de diferenciación social, la relación entre proximidad y capital social terminaría beneficiando también a las familias que disponen de más capital económico. Los efectos multiplicadores del capital social, en este caso, favorecen a los campesinos consolidados económicamente, quienes, al disponer de más capital social, implementan incluso nuevos emprendimientos económicos a través de sus redes sociales internas y externas, tal como se cita en el ejemplo de Cayambe.

Un segundo aspecto por considerar en el análisis del capital social a nivel territorial es el contenido del capital social familiar que, debido a las transformaciones en la composición y el rol de esta institución rural, afecta seriamente su construcción. Varios estudios apuntan a factores como la disminución del tamaño de la familia y de los patrones de fecundidad, la migración de los miembros jóvenes, la exacerbada minifundización de las tierras que impide la transmisión del poco capital económico disponible, la búsqueda de estrategias de inversión en capital cultural con el horizonte de inserción de los hijos en los espacios urbanos, etc. (Martínez Valle, 1996). La pérdida de la función central de la comunidad como institución que asigna recursos entre las familias ante la dinámica de corte mercantil que privilegia la dimensión familiar, es otro elemento que debilita la cohesión social interna de las comunidades andinas (Malengreau, 2006). De esta forma, el capital social familiar podría perder su potencialidad hacia dentro y hacia fuera del ámbito territorial, lo que implicaría que el punto de partida de la construcción territorial de capital social se vería afectado o al menos debilitado. No se trata en ningún caso de un individualismo exacerbado, como se argumentaba desde el punto de vista culturalista para el caso del sur de Italia (Bucolo, 2020), sino de un desgaste progresivo del denominado capital social familiar. De hecho, la inserción de las familias campesinas en el mercado implica una adaptación progresiva a las nuevas reglas de juego del cálculo o del “toma y daca” de la economía capitalista, que puede significar una crisis de los mecanismos de ayuda familiar (Déchaux, 2007), pero también la utilización “innovadora” de los recursos tradicionales del capital social familiar.6

Un tercer aspecto, cuando se considera la dimensión territorial, es auscultar los límites estructurales en la construcción de redes sociales que vayan más allá de las familiares o de parentesco. En esta dirección, hay que retomar la relación que establece Bourdieu entre situación de los grupos sociales en el campo social y amplitud de las redes sociales: “la miseria merma las tradiciones de ayuda mutua”, o la relación que establece entre subproletarios y redes sociales más restringidas debido a la inestabilidad en el trabajo para el caso de Argelia (Bourdieu, 2006, pp. 77-78). Esta perspectiva permite mirar el papel de las redes sociales a partir de las estrategias de las familias o grupos sociales ubicados en diversa situación en el campo social antes que el resultado de decisiones individuales que conforman el meollo de los estudios sobre networks analysis en la sociología interaccionista norteamericana y que consiste en “construir las redes de relaciones de un conjunto de personas” (Bourdieu, 2015, p. 538). Por lo mismo, es más interesante averiguar la construcción de las redes sociales en el campo social, orientadas al fortalecimiento del capital social hacia dentro, y también hacia fuera de la familia y la comunidad. No obstante, Bourdieu no descarta el análisis de la red de interacciones que “puede ser un canal empírico visible a través del cual se ejercen las relaciones que no son reductibles a esas interacciones”. Esto no quiere decir que esta red sea igual a un campo social, pero sí un elemento empírico que permite comprender el “espacio de interacciones” (Bourdieu, 2015, pp. 539-540; Baranguer, 2004).

Finalmente, considero que los elementos teóricos aducidos por Bourdieu y que han sido sintetizados en este artículo en relación con la importancia del capital social para el análisis de los territorios rurales, inducen a plantear tres aspectos claves que podrían ser líneas de investigación a futuro: a) la calidad del capital social, b) la densificación del capital social y, c) la potencialidad del capital social. El primer elemento se refiere a la necesidad de indagar en los territorios rurales la presencia del capital social familiar y comunal, más allá de la reflexión de sentido común que considera que hay uno por el mero hecho de que existen familias indígenas y organización comunitaria. El segundo elemento apunta a la necesidad de verificar si las relaciones sociales de reciprocidad, cooperación y solidaridad conforman verdaderas redes densas que se han expandido desde la dimensión familiar hacia la comunal e intercomunal, lo que implica una construcción social desde lo micro a lo meso y, probablemente, a lo macrosocial. En este plano se tornan importantes las reflexiones sobre la proximidad geográfica, social y organizacional vinculadas a los análisis sobre el desarrollo territorial (Torre, & Beuret, 2012), pero igualmente el examen de redes sociales hacia dentro y hacia fuera de las familias y comunidades (Mercklé, 2011). El tercer elemento, el más importante desde la perspectiva territorial, se refiere a los diversos procesos de conversión del capital social en otros capitales, principalmente el económico. ¿Hasta qué punto el primero puede ser una palanca para la obtención del segundo? La respuesta solo puede darse a través de estudios concretos sobre el campo social en que los agentes sociales dominados despliegan estrategias para utilizar el capital social disponible en una dinámica de transformación o de lucha social que se extiende en un territorio específico, orientada a superar su posición subordinada.

Algunas conclusiones

El análisis del capital social desde la perspectiva de Bourdieu implica un abordaje diferente que lo aleja de la visión de la mayoría de los trabajos inspirados en la sociología norteamericana, retomados por el Banco Mundial y los policy makers, sobre todo de los países desarrollados. En efecto, más que una visión utilitaria, se trata de un análisis complejo del papel del capital social en el espacio social, lo que necesariamente implica considerar la dimensión relacional de este concepto que hace énfasis no solo en la disponibilidad de las relaciones sociales familiares o de parentesco, sino también en la vinculación con otros tipos de capitales en determinado campo social.

El rol del capital social familiar en el medio rural, como soporte imprescindible del tejido social, permite explicar desde dentro las estrategias de los agentes sociales y las modalidades de apropiación del territorio que dependerán de la disponibilidad de recursos (sobre todo tierra, agua, ganadería, etc.) y del lugar que ocupen en el campo social (posición subordinada, intermedia o dominante). Destaca el papel que desempeña la mujer en la consolidación y ampliación de las redes familiares, un tema que ha sido descuidado y que requiere ser investigado en profundidad en la región. El capital social familiar puede consolidarse o erosionarse, por lo mismo requiere ser analizado en una dimensión micro (familias y grupos de parentesco), pero también meso (relaciones entre comunidades) y macro (relaciones fuera del territorio).

La potencialidad del capital social como recurso que permitiría ser utilizado por los agentes sociales para acumular y cambiar de posición en el campo social depende sobre todo de las posibilidades de transformación en otros capitales, principalmente el capital económico y el cultural. Es en este proceso donde están las mayores dificultades de aprovechamiento del capital social familiar/comunitario del que, supuestamente, disponen los campesinos pobres de los territorios rurales de la región andina. No solo hay un progresivo deterioro del capital social familiar que impide su ampliación hacia contextos más amplios (meso o macrosocial) que hagan viables las transformaciones del campo social, sino que debe enfrentar las estrategias de los grupos dominantes que, con frecuencia, utilizan un capital simbólico adaptado a las prácticas de los grupos subordinados. En esta línea, no hay que descuidar el rol de los grupos sociales en situación intermedia en el campo social (intermediarios, comerciantes, agentes de crédito y de servicios, etc.) que han incrementado su presencia en un medio rural cada vez más diversificado y que utilizan estrategias mayormente vinculadas a los sectores dominantes del campo social.

Finalmente, es importante advertir que la disponibilidad de capital social en un territorio rural no tendría mayor efecto de transformación si no fuera acompañado de políticas públicas proactivas hacia el campo o la ruralidad. En el caso de la sierra ecuatoriana, han sido más bien los gobiernos locales los que han impulsado algunos cambios con potencialidad de activar la proximidad física (vías de comunicación, electricidad, canales de regadío) y que han permitido una mayor articulación campo-ciudad y, seguramente, un mejoramiento del capital económico en algunos sectores de pequeños productores. Desde el Estado, en cambio, se propugnan políticas neoliberales, como la desregulación del mercado de trabajo rural, que incidirán en la merma del ya débil nivel organizativo de los asalariados rurales, actores cada vez más importantes en los territorios. En Ecuador, el capital social es una variable ausente en el diseño de las políticas públicas a pesar de su potencialidad como base estructural para la implementación de redes de proximidad orientadas a la utilización de recursos territoriales altamente diversificados, es decir, a la construcción de un territorio como “espacio práctico” (Rubim Sarate, Macke & Pecqueur, 2020).

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1Bourdieu recuerda que el papel de la mujer en las estrategias familiares también es vital en países como Estados Unidos, donde “las mujeres son grandes utilizadoras del teléfono -lo que les vale la reputación de ser muy habladoras-, puesto que ellas están a cargo de conservar las relaciones de parentesco con su propia familia, pero también con la de su esposo” (Bourdieu, 2008, p. 336).visitas obligadas, de intercambio de servicios, a veces de ayudas y de apoyos directos en caso de necesidad, etc.” (Champagne, 2002, p. 300).

2No obstante, en un reciente estudio sobre la incidencia del capital social en un sector popular urbano de Guayaquil se muestran las estrategias exitosas de apoyo familiar intergeneracional centrado en la educación (Moser, 2020). Igualmente, una investigación realizada en México señala: “en la mayoría de las ocasiones, el apoyo familiar representa el único recurso colectivo al que pueden acceder la mayoría de los hogares rurales” (Custodio González, & Martínez Borrego, 2021).

3La minga es una institución ancestral que implica el trabajo colectivo en obras de beneficio común (conservación de canales de regadío, de caminos, etc.). El prestamanos es una relación de intercambio de mano de obra entre familias que necesitan temporalmente este recurso, sobre todo en actividades de cosecha de cultivos u otras tareas agrícolas. La uniguilla es una práctica tradicional a través la cual se intercambian productos agrícolas entre las familias.

4Estas familias se ubican actualmente en un barrio cercano al pueblo de Olmedo, donde han construido casas modernas de tipo urbano. Ya no viven en las parcelas y se movilizan a diario en sus propios vehículos desde sus viviendas periurbanas a los lugares de trabajo.

5Estudios realizados en zonas andinas de Latinoamérica muestran la importancia que adquiere el compadrazgo como estrategia de ampliación del capital social familiar fuera de las comunidades al eligir personas “respetadas” o profesionales valorados, como los profesores (Fernández, 2018).

6 Murmis (2003, p. 67) destaca no considerar únicamente las situaciones de debilitamiento de los lazos sociales, sino también la necesidad de reconocer “las capacidades creadoras de grupos populares en situación de carencia”.

Recibido: 06 de Abril de 2024

Acerca del autor

Luciano Martínez Valle es profesor-investigador del Departamento de Economía, Ambiente y Territorio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (flacso-Ecuador). Es doctor en Sociología por la Universidad Paris III, Sorbonne Nouvelle, Francia. Editor en jefe de la Revista Eutopía de Desarrollo Económico Territorial de flacso-Ecuador. Sus principales líneas de investigación abarcan las dinámicas territoriales rurales, las relaciones campo-ciudad, el mercado de trabajo rural y el capital social. Publicaciones más recientes:

1. Martínez Valle, Luciano, & Martínez Godoy, Diego (2024). Nuevos “habitus” de consumo entre los jóvenes asalariados rurales: el caso de la sierra ecuatoriana. Civitas. Revista de Ciências Sociais, (24), 1-14.

2. Martínez Valle, Luciano (2021). Rethinking Rural-urban Linkages: Villages and Agribusiness in the Ecuadorian Highlands. Journal of Agrarian Change, 21(4), 854-869.

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