Con atención he revisado el artículo publicado por Jiménez-Lizaola et al.1 referente a biomarcadores predictores de dehiscencia. Los autores presentan un estudio de prueba diagnóstica con 11 pacientes. Describen el manejo estadístico de las variables clínicas y cuantitativas laboratoriales, pero no presentan el cálculo del tamaño de muestra, condición básica para un estudio de esta naturaleza, y este más parece una serie de casos a la que se adapta el diseño de prueba diagnóstica. El trabajo tiene serias deficiencias, ya que desde su título y objetivo busca predictores para dehiscencia de anastomosis en cirugía colorrectal, pero solo seis de sus casos lo fueron, pues cinco fueron ileocólicas. En ningún caso se describe el nivel preciso de las anastomosis, la técnica empleada (manual o mecánica) ni el abordaje (abierto o laparoscópico). Hay una gran variación de los resultados de las variables cuantitativas que se presentan con medias y desviaciones estándar, sin aclarar si se llevó a cabo un análisis para establecer la distribución de los resultados, como la prueba de Kolmogórov-Smirnov. Las variables cuantitativas fueron analizas con prueba t de Student de una muestra o prueba de Wilcoxon. En ambos casos fue incorrecto, pues debió aplicarse prueba t de Student para muestras independientes o prueba U de Mann-Whitney si la distribución de resultados era anormal.
La prevalencia del fenómeno dehiscencia fue del 36.4%, resultado marcadamente alto en pacientes con condiciones de preparación preoperatoria óptima al ser cirugía electiva, y además una paciente murió al undécimo día por un supuesto infarto agudo del miocardio, pero egresó del hospital con proteína C reactiva elevada, y no describen si se mantuvieron vigilancia estrecha y si el diagnóstico de infarto agudo del miocardio se sustentó bajo criterios estrictos o murió por sepsis abdominal. En todo caso, debió contabilizar como mortalidad operatoria. Tampoco los autores describen cuál fue el manejo de los pacientes complicados con dehiscencia (¿nueva ostomía?, ¿drenaje percutáneo?, ¿abdomen abierto?) ni si ayudó en algo la detección temprana. En conclusión este estudio tiene pobre utilidad por la escasa muestra, no presenta valores predictores ni las áreas bajo la curva, y el análisis estadístico es inadecuado. Concuerdo con los autores en que se requieren más estudios con muestras mayores para confirmar o descartar la proteína C reactiva y la procalcitonina como predictores de dehiscencia de anastomosis.














