Introducción
Contexto histórico
Dos hitos históricos de orden bioestadístico-epidemiológico en salud pública constituyen los antecedentes de las tablas de vida.
El primero es el trabajo pionero que el capitán John Graunt publicó en 1662 como Natural and Political Observations Mentioned in a Following Index, and Made Upon the Bills of Mortality, base para el cálculo de las tasas de mortalidad tal como las conocemos actualmente (defunciones de una población en un periodo de tiempo/población a la mitad de ese periodo de tiempo), por una constante poblacional (de 100, 1000 o 10,000) habitantes en ese tiempo y lugar. El trabajo se fundamentó en los registros parroquiales semanales de defunciones y de bautizos habidos de la ciudad de Londres, institucionalizados por la epidemia de la peste bubónica en Inglaterra.
Las defunciones solo se estimaban de forma genérica señalando el lugar y el tiempo, vgr.: «La viruela arribó a la Nueva España por el puerto de Veracruz en la primavera o verano de 1779 y se fue extendiendo a lo largo de los caminos entre los pueblos que conducían a Puebla y la ciudad de México, que fue alcanzada en el otoño de 1779, cuando se registraron al menos 45,000 casos en el último cuatrimestre del año, con más de 14,000 víctimas fatales. Desde la ciudad de México se propagó al occidente, llegando a Toluca en diciembre, a Michoacán al iniciar 1780 y a la Nueva Galicia en febrero, alcanzando la ciudad de Guadalajara, donde fallecieron 1268 habitantes entre marzo y mayo»1.
El otro hito, basado en el cálculo matemático, teniendo como acicate el desarrollo mercantilista europeo, lo logró Edmund Halley (con apoyo de Godofredo Leibnitz y la recomendación de la Royal Society de Inglaterra) al estudiar los registros de nacimientos y muertes de Breslau (ciudad ubicada al suroeste de Polonia), entre 1687 y 1691. Sus resultados fueron publicados en una de las primeras revistas científicas europeas, Philosophical Transactions, en el año 1693, bajo el título An Estimate of the Degrees of the Mortality of Mankind, Drawn from Curious Tables of the Births and Funerals at the City of Breslaw; with an Attempt to Ascertain the Price of Annuities upon Lives («Una estimación de los grados de mortalidad humana, extraídos de las tablas de nacimiento y funerales en la ciudad de Breslavia; con un intento de determinar el precio de las rentas vitalicias»), que indudablemente iba dirigido a las compañías de seguros de ese tiempo para que calculasen el valor de las primas a cobrar y las pensiones individuales y mancomunadas a pagar en función de la edad de los adquirientes2.
Como se puede colegir, el desarrollo del cálculo de las tablas de vida ha pasado del ámbito privado (cálculo de riesgos económicos) al público (cálculo de situaciones sanitarias), y desde el trabajo manual, en las llamadas «sábanas estadísticas», hasta los programas computarizados como Epidat, elaborado y distribuido gratuitamente por la Organización Panamericana de la Salud y la Consejería de Sanidad de la Junta de Galicia (España)3.
Ahora, la tabla de vida es una tecnología de uso común, y de su aplicación destaca que actualmente, entre las naciones del mundo, las mujeres japonesas tienen la esperanza de vida más alta al nacer, por encima de los 87 años. Sin embargo, cabe señalar que hace más de 120 años, en 1840, el récord estaba en manos de las mujeres suecas, cuyo promedio de vida se estimaba en 46 años4.
Contexto aplicativo
Las tablas de vida han ampliado la estrecha métrica de la mortalidad en edades tempranas de la vida, al captar el curso de vida de una población, al señalarnos el promedio de muerte de dicha población, convirtiéndose la esperanza de vida en una clave de la salud poblacional. Así, entonces, en el mundo premoderno de 1800, la esperanza de vida frisaba en los 30 años, y actualmente ningún país del mundo presenta tal expectativa de vida. Sin embargo, aunque la esperanza de vida actual se ha casi triplicado, la desigualdad entre los países sigue siendo importante; por ejemplo, antes de la pandemia en 2019, la República Centroafricana registraba 53 años, mientras que Japón tenía 30 años más5.
Antecedentes técnicos
La tabla de vida es un constructo metodológico estadístico útil para analizar, mediante los datos de mortalidad y de la población respectiva, la probabilidad de sobrevivir de una población específica en un entorno ambiental de tiempo y espacio particularizados, donde se interactúa con ciertos agentes cuya dinámica epidemiológica plantea la salud-enfermedad como proceso grupal.
La tabla de vida también se considera como una medida bioestadística de muerte prematura en una población; o sea, la edad promedio de muerte en la misma colectividad, cuyos resultados de sobrevida se ven obviamente mermados principalmente por las defunciones infantiles y preescolares.
Por su construcción, se consideran dos tipos de tablas de vida:
– De periodos estáticos: muestran la probabilidad actual de muerte año por año de edad o por edades agrupadas.
– De cohortes: muestran la probabilidad de muerte de las personas de una cohorte determinada (por ejemplo, el año de nacimiento) a lo largo de su vida.
Por su agrupación etárea, se tienen dos formas de tablas de vida:
– Año por año: desde el nacimiento hasta la última edad conocida.
– Abreviadas: los valores de los años de la tabla de vida se presentan acomodados por ciertos grupos de edad, en lugar de registrarse para cada año de edad. Por ejemplo, según las divisiones funcionales de la vida humana: menores de 1 año, de 1 a 4 años, de 5 a 9 años, y así de 5 en 5 años hasta 85 y más años.
En este caso usamos tablas de vida estáticas, aplicando el método de abreviado de Reed y Merrell, publicado en la antigua American Journal of Hygiene (actualmente American Journal of Epidemiology) en 1939 por el departamento de biometría y estadísticas vitales de la Universidad Johns Hopkins6.
Las tablas se aplicaron en las personas protegidas por el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores Estado (ISSSTE), población conformada por empleados y familiares de las Secretarías de Estado, que constituyen el aparato operativo del Gobierno Federal en el país7.
Método
El universo de estudio para este trabajo incluyó la población cubierta por el ISSSTE registrada en el Anuario del ISSSTE para 20217, y las defunciones registradas para derechohabientes del ISSSTE también de 2021, incluidas en el cubo dinámico de la Secretaría de Salud8.
Los datos se agruparon por quinquenios de edad, con excepción de las poblaciones de menores de 1 año (población infantil), de 1 a 4 años (población preescolar), y de 85 y más años (población de adultos ancianos)9.
El cálculo de la esperanza de vida se realizó de acuerdo con en el método abreviado de Reed y Merrel6, y con las recomendaciones de Camel10 para tablas de vida abreviadas.
Resultados
La construcción de una tabla de vida es laboriosa y requiere seguir una serie de especificaciones que se enlistan después de las tablas presentadas (Tabla 1), para cada columna, marcadas con una letra del alfabeto en la parte superior de las mismas.
Tabla 1 Especificaciones para la construcción de las tablas de vida
| (a) = grupos de edad |
| (b) = Población ISSSTE Anuario 2021 |
| (c) = Decesos registrados ISSSTE Anuario 2021 |
| (d) = c/b |
| (e) = para -1 año = 2d/2+d; para 1-4 años = 4 (2d/2+d); para 5-9 años a 80-84 años = 5 (2d/2+d); para 85 y más años = 1.00 |
| (f) = para -1 año = 100,000; para 1-4 años: (e -1 año) |
| (f -1 año) – (f -1 año); para 5-14 años: (e 1-4 años) |
| (f 1-4 años) – (f 1-4 años), continuar igual. |
| (g) = para todos los grupos = (e) (f) |
| (h) = para -1 año = [(0,25) (f -1 año) + (0,75) (f 1-4)]; para 1-4 años = [(1.9) (f 1-4 años) + (2.1); para 5-9 años = [(5) (f 5-9 años) + (f 10-14 años)/2 ], y así sucesivamente hasta 80-84 años = [(5) (f 80-84 años) + (5) (f 85 y más años)]/2]; para 85 años y más = [log 85 (f 85 años o más)] |
| (i) = para i 85 años o más = h (85 años o más); para i 80-84 años = (h 80-84 años) + (h 75-79 años); etc.; para i 1-4 años = (i 5-9 años) + (h 1-4 años); para i -1 año = (i 1-4 años) + (h -1 año) |
| (j) = (i) de cada grupo de edad)/(f) del mismo grupo de edad |
Al efecto estimamos una esperanza de vida de 79.51 años para la población de ambos sexos cubierta por el ISSSTE en el país para el año 2021 (Tabla 2); de 81.40 años para las mujeres y de 78.91 años para los hombres (Tablas 3 y 4)
Tabla 2 Tablas de vida ISSSTE 2021, población ambos sexos
| Grupos de edad (a) | Población (1) (b) | Defunciones (2) (c) | Tasas especificas (d) | Probabilidad ajustada (e) | Población estándar (f) | Muertes teóricas (g) | Años de sobrevida a la mitad del periodo (h) | Años de vida restantes (i) | Esperanza de vida (j) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| < 1 año | 67,440 | 304 | 0.0045077 | 0.00449756 | 100,000 | 450 | 99,662 | 7,951,991 | 79,51 |
| 1 a 4 años | 327,779 | 67 | 0.0002044 | 0.0008175 | 99,550 | 81 | 398,029 | 7,852,329 | 78.87 |
| 5 a 9 años | 754,782 | 64 | 0.0000847 | 0.00042348 | 99,469 | 42 | 497,240 | 7,454,300 | 74.94 |
| 10 a 14 años | 913,205 | 74 | 0.0000810 | 0.00040498 | 99,427 | 40 | 497,035 | 6,957,060 | 69.97 |
| 15 a 19 años | 931,580 | 177 | 0.0001899 | 0.0009494 | 99,387 | 94 | 496,700 | 6,460,025 | 64.99 |
| 20-24 años | 613,784 | 184 | 0.0002997 | 0.00149827 | 99,293 | 149 | 496,092 | 5,963,325 | 60.05 |
| 25 a 29 años | 565,326 | 273 | 0.0004829 | 0.00241391 | 99,144 | 239 | 495,122 | 5,467,233 | 55.14 |
| 30 a 34 años | 663,840 | 594 | 0.0008947 | 0.04471499 | 98,905 | 442 | 493,420 | 4,972,111 | 50.27 |
| 35 a 39 años | 822,005 | 925 | 0.0011252 | 0.00562283 | 98,463 | 553 | 490,932 | 4,478,691 | 45.48 |
| 40 a 44 años | 843,293 | 1,462 | 0.0017333 | 0.00865899 | 97,910 | 847 | 487,743 | 3,987,759 | 40.72 |
| 45 a 49 años | 881,095 | 2,413 | 0.0027386 | 0.01367427 | 97,063 | 1,327 | 481,997 | 3,500,016 | 36.05 |
| 50 a 54 años | 918,255 | 3,476 | 0.0037854 | 0.01889124 | 95,736 | 1808 | 474,160 | 3,018,019 | 31.52 |
| 55 a 59 años | 1,067,404 | 6,332 | 0.0059321 | 0.02957278 | 93,928 | 2,778 | 462,695 | 2,543,859 | 27.08 |
| 60 a 64 años | 1,108,627 | 8,383 | 0.0075616 | 0.03766559 | 91,150 | 3,433 | 447,167 | 2,081,164 | 22.83 |
| 65 a 69 años | 936,458 | 9,610 | 0.0126207 | 0.06270779 | 87,717 | 5,500 | 424,835 | 1,633,997 | 18.62 |
| 70 a 74 años | 726,816 | 10,225 | 0.0140682 | 0.06984967 | 82,217 | 5,743 | 396,727 | 1,209,162 | 14.70 |
| 75 a 79 años | 546,759 | 10,043 | 0.0183682 | 0.09100519 | 76,474 | 6,959 | 364,972 | 812,435 | 10.62 |
| 80 a 84 años | 405,867 | 9,127 | 0.0224876 | 0.11187826 | 69,515 | 7,729 | 328,252 | 447,463 | 6.43 |
| 85 y más | 586,759 | 14,668 | 0.0249983 | 1.00000 | 61,786 | 61,786 | 119,211 | 119,211 | 1.92 |
| No edad | 0 | 2 | NC | NC | NC | NC | |||
| Total | 13,681,077 | 78,403 | 0.00573076 |
(1) ISSSTE: Anuarios Estadísticos 2021. Capítulo 1. Estadísticas de población. 1.4. (b) Secretaría de Salud. DGIS. Cubos dinámicos. NC: no calculable.
Tabla 3 Tablas de vida ISSSTE 2021, población nacional mujeres
| Grupos de edad (a) | Población (1) (b) | Defunciones (2) (c) | Tasas especificas (d) | Probabilidad ajustada (e) | Población estándar (f) | Muertes teóricas (f) | Años de sobrevida a la mitad del periodo (h) | Años de vida restantes (i) | Esperanza de vida (j) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| < 1 año | 33,234 | 135 | 0.0040621 | 0.00405386 | 100,000 | 405 | 99,696 | 8,140,043 | 81.40 |
| 1 a 4 años | 159,863 | 33 | 0.0002064 | 0.00082551 | 99,595 | 82 | 398,207 | 8.040,347 | 80.73 |
| 5 a 9 años | 369,495 | 29 | 0.0000784 | 0.00039198 | 99,513 | 39 | 497,467 | 7,642,140 | 76.79 |
| 10 a 14 años | 447,219 | 30 | 0.0000670 | 0.00033498 | 99,474 | 33 | 497,287 | 7,144,673 | 71.82 |
| 15 a 19 años | 456,472 | 62 | 0.0001358 | 0.00067895 | 99,441 | 67 | 497,037 | 6,647,386 | 66.84 |
| 20-24 años | 310,169 | 58 | 0.0001869 | 0.00093441 | 99,374 | 92 | 496,640 | 6,150,349 | 61.89 |
| 25 a 29 años | 332,693 | 97 | 0.0002915 | 0.00145728 | 99,282 | 144 | 496,050 | 5,653,709 | 56.94 |
| 30 a 34 años | 399,509 | 194 | 0.0004855 | 0.00242691 | 99,138 | 240 | 497,590 | 5,157,590 | 52.02 |
| 35 a 39 años | 473,837 | 315 | 0.0006647 | 0.00332239 | 98,898 | 328 | 493,670 | 4,660,069 | 47.11 |
| 40 a 44 años | 468,520 | 542 | 0.0011568 | 0.00578065 | 98,570 | 569 | 491,427 | 4,166,399 | 42.26 |
| 45 a 49 años | 495,645 | 939 | 0.0018945 | 0.00946000 | 98,001 | 927 | 487,687 | 3,674,972 | 37.49 |
| 50 a 54 años | 536,675 | 1418 | 0.0026421 | 0.01319307 | 97,074 | 1280 | 482,170 | 3,187,285 | 32.83 |
| 55 a 59 años | 633,379 | 2707 | 0.0042739 | 0.02132393 | 95,794 | 2,042 | 473,865 | 2,705,115 | 28.23 |
| 60 a 64 años | 640,165 | 3545 | 0.0055376 | 0.02761154 | 93,752 | 2588 | 462,290 | 2,231,250 | 23.79 |
| 65 a 69 años | 527,823 | 4191 | 0.0079401 | 0.03954351 | 91,164 | 3604 | 445,818 | 1,768,960 | 19.40 |
| 70 a 74 años | 406,988 | 4455 | 0.0109462 | 0.05443308 | 87,560 | 4766 | 425,885 | 1,323,142 | 15.11 |
| 75 a 79 años | 312,018 | 4580 | 0.0146786 | 0.07285827 | 82,794 | 6032 | 398,890 | 897,257 | 10.83 |
| 80 a 84 años | 234,796 | 4680 | 0.0199321 | 0.0 986770 | 76,762 | 7,574 | 364,875 | 498,367 | 6.49 |
| 85 y más | 333,157 | 8426 | 0.0252913 | 1.00000 | 69,188 | 69,188 | 133,492 | 133,492 | 1.92 |
| No edad | NA | 2 | NC | ||||||
| Total | 7,571,657 | 36,438 | 0.0048124 |
(1) ISSSTE: Anuarios Estadísticos 2021. Capítulo 1. Estadísticas de población. 1.4. (2) Secretaría de Salud. DGIS. Cubos dinámicos. NA: no aplica; NC: no calculable.
Tabla 4 Tablas de vida ISSTE 2021, población nacional hombres
| Grupos de edad (a) | Población (1) (b) | Defunciones (2) (c) | Tasas especificas (d) | Probabilidad ajustada (e) | Población estándar (f) | Muertes teóricas (f) | Años de sobrevida a la mitad del periodo (h) | Años de vida restantes (i) | Esperanza de vida (j) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| < 1 año | 34,206 | 169 | 0.0049406 | 0.004928425 | 100,000 | 494 | 99,629 | 7,891,349 | 78.91 |
| 1 a 4 años | 167,916 | 34 | 0.0002024 | 0.000809518 | 99,506 | 20 | 397,982 | 7,791,720 | 78.30 |
| 5 a 9 años | 385,287 | 35 | 0.0000908 | 0.000453979 | 99,486 | 45 | 497,317 | 7,393,738 | 74.31 |
| 10 a 14 años | 465,986 | 44 | 0.0000944 | 0.000471978 | 99.441 | 46 | 497,090 | 6,896,421 | 69.35 |
| 15 a 19 años | 475,108 | 115 | 0.0002420 | 0.001209854 | 99,395 | 120 | 496,675 | 6,399,331 | 64.38 |
| 20-24 años | 303,618 | 126 | 0.0004149 | 0.00207407 | 99,275 | 205 | 495,862 | 5,902,656 | 59.45 |
| 25 a 29 años | 232,633 | 176 | 0.0007565 | 0.00378107 | 99,070 | 374 | 494,415 | 5,406,794 | 54.57 |
| 30 a 34 años | 264,331 | 400 | 0.0015132 | 0.00756028 | 98,696 | 746 | 491,615 | 4,912,379 | 49.77 |
| 35 a 39 años | 348,168 | 610 | 0.0017520 | 0.00875233 | 97,950 | 857 | 487,607 | 4,420,764 | 45.13 |
| 40 a 44 años | 374,773 | 920 | 0.0024548 | 0.01225895 | 97,093 | 1,190 | 482,490 | 3,933,157 | 40.50 |
| 45 a 49 años | 385,450 | 1474 | 0.0038241 | 0.01908401 | 95,903 | 1,830 | 474,940 | 3,450,667 | 35.98 |
| 50 a 54 años | 381,580 | 2058 | 0.0053933 | 0.02689397 | 94,073 | 2,529 | 464,042 | 2,975,727 | 31.63 |
| 55 a 59 años | 434,025 | 3625 | 0.0083520 | 0.04158633 | 91,544 | 3,806 | 448,292 | 2,511,685 | 27.43 |
| 60 a 64 años | 468,462 | 4838 | 0.0103274 | 0.05137173 | 87,773 | 4,507 | 427,597 | 2,063,393 | 23.50 |
| 65 a 69 años | 408,635 | 5419 | 0.0132612 | 0.06586936 | 83,266 | 5,484 | 401,620 | 1,635,796 | 19.54 |
| 70 a 74 años | 319,828 | 5770 | 0.0180408 | 0.08939759 | 77,382 | 6,917 | 369,617 | 1,234,176 | 15.94 |
| 75 a 79 años | 234,741 | 5463 | 0.0232724 | 0.11502356 | 70465 | 8,105 | 334,562 | 864,559 | 12.26 |
| 80 a 84 años | 171,071 | 4447 | 0.0259950 | 0.12830732 | 63,360 | 8,129 | 368,132 | 529,997 | 8.36 |
| 85 y más | 253,602 | 6242 | 0.0246133 | 1.00000 | 83,893 | 83,893 | 161,865 | 161,865 | 1.92 |
| Total | 6,109,420 | 41,965 | 0.0068689 |
(1) ISSSTE: Anuarios Estadísticos 2021. Capítulo 1. Estadísticas de población. 1.4. (2) Secretaria de Salud. DGIS. Cubos dinámicos.
Discusión
Los resultados obtenidos en este estudio son válidos para para las tablas de vida de la población usuaria del ISSSTE residente en México, en 2021. No obstante, como cualquier dato poblacional de natalidad y mortalidad, pueden presentar sesgos de registro no cuantificados, que limitan su generalización, ya que en ocasiones no se introduce el carácter de derechohabiente del ISSSTE en las personas que nacen o fallecen fuera del ámbito institucional, situación que no ocurre con los nacimientos y las muertes hospitalarias, y por lo tanto consideramos que la tabla debe tomarse como una aproximación razonable.
En nuestro caso, la esperanza de vida total calculada para ambos sexos fue de 79.51 años en las personas usuarias del ISSSTE de México en 2021, unas décimas menos que la esperanza de vida para el ISSSTE de Jalisco en 2016, que se calculó en 80.81 años11.
La esperanza de vida estimada para el ISSSTE es mayor en relación con la esperanza de vida para el país, que en 2018 registró 75.0 años (72.2 años para los hombres y 77.9 años para las mujeres) y en 2022 fue de 75.32 años (72.62 años para los hombres y 78.38 años para las mujeres), con un leve incremento influido por el impacto de la pandemia de COVID-19 en los años anteriores12.
Es importante señalar que, en nuestro medio, la esperanza de vida ha ido creciendo a través del tiempo, situación que se constata en varios grupos poblacionales, sobre todo donde se goza de seguridad social. Por ejemplo, para la ciudad de Guadalajara, en 1974, la esperanza de vida total era de 67.80 años13, y la de derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco para 1983 era de 74.97 años para ambos sexos (73.38 para los hombres y 76.40 años para las mujeres)14. En 2015, la población de asegurados del IMSS en Jalisco, que incluía al 81% de cobertura de la población laboral del Estado15, registraba una esperanza de vida total de 79.22 años16. Proceso acorde con el aumento general de la esperanza de vida humana moderna, atribuible al paso de una transición demográfica con alta natalidad y alta mortalidad a un régimen transicional de baja natalidad y baja mortalidad, dinámica donde la seguridad social influye en un mejoramiento de la duración de la vida, resultado de salvar vidas y prevenir muertes en edades tempranas, provocando que las poblaciones humanas vivan más tiempo y alcancen altas edades de fallecimiento como sociedades desarrolladas4.
Este incremento de la edad a la muerte es insumo y producto de determinantes sociales que nos obligan a mantener tendencias positivas en la esperanza de vida de la población, en este caso, a incrementar la cobertura y reducir las barreras a la seguridad social poblacional17, por su evidente impacto en la duración de la vida4, pues una población que carece de seguridad social acentúa y evidencia los tipos fundamentales de desigualdad humana (de clase, de género, étnica, urbana, etc.) a lo largo de su trayectoria vital, acortando o lentificando su longitud, o variando la distribución interna de la esperanza de vida humana en la estructura poblacional, desigualdades que no se han observado en los primates no humanos por millones de años4.
En el caso de la seguridad social en México (ISSSTE e IMSS), se ha logrado una trayectoria operativa de tres cuartos de siglo, donde al avanzar, la frontera de la supervivencia hacia edades más avanzadas y la esperanza de vida individual son cada vez menos diferenciales, como se puede observar en nuestros datos, lo cual plantea un escenario optimista que, de fomentarse el actual ritmo de progreso en la esperanza de vida, una buena cantidad de las niñas y los niños nacidos en este milenio podrían celebrar su cumpleaños número 100.
Sin embargo, la incertidumbre ligada a la persistencia de la desigualdad y de la inequidad poblacional en nuestro medio opaca el optimismo, pues en la realidad, la esperanza de vida pudiera aumentar muy poco, a pesar de que en las últimas tres décadas se han logrado avances sustanciales en la profundización de la comprensión de cuánto tiempo han vivido los humanos y cuánto tiempo podrían vivir. Pensar entonces en una esperanza de vida poblacionalmente igualitaria radica en acciones sociales, económicas, de salud, culturales y políticas para aumentar la calidad de vida en la longevidad, requiriendo el desarrollo de métodos sociodemográficos más poderosos para el pronóstico y la evaluación de la vitalidad poblacional18.
Tocante a la metodología, Dowd y Hamoud19 señalan que se pueden prevenir sesgos en el cálculo de la esperanza de vida observando las siguientes precauciones:
– Siempre que sea posible, identificar tendencias mediante el seguimiento de la misma población.
– Cuando se comparen diferentes poblaciones, estratificar las características que han sido estables durante al menos una generación humana que no inciden efectivamente en un punto temprano del curso de la vida. De esta manera es metodológicamente posible calcular medidas de la esperanza de vida a lo largo del tiempo para subgrupos, y aun así, al hacerlo no hay certeza de interpretar válidamente las diferencias observadas.
– Estratificar poblaciones con referencia explícita a su historia social, con un marco teórico-conceptual claro y articulado en ciencias tanto sociales como biológicas.
Si un resultado se mide en poblaciones no comparables, entonces el mero hecho de que las medidas se calculen en dos «circunstancias» diferentes no hace que la discrepancia entre ellas sea una «tendencia», y el uso no responsable de palabras como «caída» o «declive» es probable que haga más daño que bien para el público19.
En lo que toca a la dimensión cualitativa, se continúan encontrando resultados variados en la esperanza de vida. Por ejemplo, la encontrada por nosotros entre sexos, con un diferencial mayor a favor de las mujeres. Aspecto corroborado en el país desde los registros de 1930, que indicaban una esperanza de vida para las mujeres de 34.7 años y para los hombres de 33.0; o la variabilidad espacial evidenciada en 2019, cuando se registraban las mayores esperanzas de vida para la Ciudad de México (antes Distrito Federal), con 76.5 años, y para Baja California, con 75.9 años, mientras que las más bajas eran para Guerrero, 73.2 años, y para Oaxaca, con 74.0 años12.
Otros ejemplos no nacionales de que la esperanza de vida no es pareja para todas las poblaciones, en este caso según la etnia, son los Estados Unidos de América, donde las poblaciones de indios americanos y de nativos de Alaska tienen la esperanza de vida más baja de todas las poblaciones que integran esa nación, además de que experimentaron una reducción de sus indicadores de expectativa de vida en la mayoría de sus condados, con una brecha de más de 21 años20. O como sucede en España, donde la esperanza de vida total aumentó de 2010 a 2018 en 1.17 años, pero proporcionalmente no aumentó igual en los hombres que en las mujeres, pues en los primeros se incrementó en 1.41 años mientras que en las mujeres lo hizo en 0.82 años, con lo que la diferencia relativa en esperanza de vida de las mujeres respecto a los hombres se redujo entre 2010 y 2018 en 0.5 años, aunque de manera absoluta continuó existiendo una mayor esperanza de vida a favor de las mujeres (5.39 años en 2018)21.
La complejidad de la esperanza de vida se observa desde la tasa de mortalidad general (por 1000 habitantes), que puede presentar una gran dispersión, por el mayor envejecimiento poblacional o por una mayor letalidad debida a padecimientos específicos, así como por el descenso de las tasas de mortalidad infantil (que se están igualando entre niños y niñas), hasta los determinantes sociales que hacen los grandes contrastes entre zonas geográficas, grupos étnicos y niveles socioeconómicos22, donde ocupa un lugar destacado la relación entre pobreza y peores indicadores de salud, relación ligada a peores viviendas, problemas de acceso a una dieta saludable, desempleo y subempleo, peores condiciones de trabajo con mayores riesgos para la salud, mayor consumo de sustancias toxicas (alcohol, tabaco, drogas), peor nivel educativo, hábitos menos saludables y problemas de acceso a muchas prestaciones sanitarias.
En cuanto a los cambios en la esperanza de vida en el ISSSTE según los datos de 201611 y los de esta presentación (2021), cuya escasa magnitud puede ser atribuida a la epidemia de COVID-19, su sustentabilidad puede ser también atribuida al amparo que otorga la seguridad social. Aunque consideramos que posiblemente estos aumentos serán cada vez menores en relación con los observados para Guadalajara y el IMSSS de Jalisco en décadas anteriores13,14, que paradójicamente serán provocados por el incremento de la cobertura de la seguridad social y la compensación entre las causas de muerte entre los grupos analizados23, así como el impacto de nuevos eventos epidémicos, merced a la creciente globalización que afecta a nuestro país, sin dejar de considerar la existencia o la permanencia de «archipiélagos o bolsones intrapoblacionales» que pueda sufrir la heterogénea población usuaria de empleados que atiende la seguridad social, en este caso los federales del ISSSTE.
Así pues, el aumento de la longevidad poblacional institucional nos debe hacer pensar:
– Si nuestra esperanza de vida saludable y sin discapacidad podrá realmente aumentar tanto como la esperanza de vida total24.
– Si estos cambios demográficos son fundamentalmente cuantitativos, sin cambios en el contexto social de la longevidad humana, o sea, sin un verdadero florecimiento humano25.
Conclusiones
Aunque la esperanza de vida de un país aumenta con el ingreso nacional, también se ha evidenciado que se hacen indispensables políticas y estrategias fundadas en la comunidad, como igualdad y equidad en el acceso a bienes y servicios, educación (sobre todo a mujeres), empoderamiento de género, asociaciones de desarrollo comunitario real y participación política poblacional, y no con economía de consumo masivo, seguridad social limitada, atención de salud basada en el mercado, promoción y protección de salud limitada, desigualdades de género, etnia, etarias, etc.26.
Desgraciadamente, hay pocos estudios nacionales que permitan evaluar las desigualdades en esperanza de vida y que hagan un análisis según dimensiones sociales, económicas y culturales, para ayudar a desarrollar instrumentos que tengan como eje doctrinal la unidad de servicio, la prevención y un enfoque multidisciplinario en el abordaje de la salud-enfermedad entendida como proceso, que pueden ayudar a reducir diferenciales.
Habrá entonces que destacar que el tener derechohabiencia propicia una mayor esperanza de vida (79.51 años en las personas usuarias del ISSSTE de México para 2021), por lo que es urgente avanzar en materia de seguridad social27, aprovechando los avances teóricos y la evidencia recogida sobre la influencia de la estructura social en el estado de salud de los grupos sociales. El estudio de la esperanza de vida aún es un campo en construcción, todavía no suficientemente delimitado, que no debe revolverse con el tradicional enfoque de factores de riesgo28.














