Dentro de las antropologías sudamericanas, la que se realiza en el Paraguay es quizá una de las menos conocidas. Hasta no hace mucho, la figura de la antropóloga eslovena nacionalizada paraguaya “Branka” Susnik era la referencia principal. Branislava Susnik, nacida en Mevdove, Eslovenia, en 1920, llegó a Paraguay en 1951 convocada por el doctor Andrés Barbero, quien hoy día le da nombre al museo etnológico de Asunción, donde Susnik trabajó toda su vida. Allí, en el museo Barbero, están alojados sus archivos personales donde se guarda el producto de décadas de trabajo histórico y etnográfico en la región, dejó un legado de más de 70 publicaciones escritas con las que impulsó la antropología en el Paraguay. Susnik contribuyó de manera notable, en el siglo XX, a los campos de la lingüística, la etnohistoria y la cultura material de los pueblos que las ciencias antropológicas clasifican como los de las tierras bajas de América del Sur. Inscrito en ese legado podemos ubicar el trabajo de generaciones posteriores de antropólogas y antropólogos, entre ellos, el de Paola Canova Cabañas, autora del libro que origina esta reseña, Intimidades de frontera: mujeres ayoreo y economía sexual en el Chaco Paraguayo, producto de una investigación etnográfica que comenzó en los años 2000 y devino en la tesis de su autora, con la que obtuvo el grado de doctora en Antropología por la Universidad de Arizona. Escrita originalmente en inglés, la versión del libro publicada dentro de la colección Culturalia, de la editorial porteña Biblos en 2023, fue traducida por Silvia Jawerbaum y Julieta Barba. Intimidades es entonces una lectura que vale por sí misma y, a la vez, se convierte en una ocasión privilegiada para hacer un primer acercamiento a la antropología hecha en1 el Paraguay.
Estamos hablando de antropólogas, pero, sobre todo, en el caso de Canova Cabañas, estamos hablando de un trabajo que se relaciona, y mucho, con ciertas temáticas y preocupaciones del campo de los feminismos, por lo que el valor empírico y conceptual del libro en este campo de estudios merece ser destacado. Paola Canova Cabañas, quien se desempeña actualmente como profesora en la Universidad de Texas en Austin, se formó como ingeniera en ecología humana en la Universidad de Asunción. La impronta de sus preocupaciones en esta temática, así como su profundo conocimiento de la historia de la región, de su gente, sus costumbres y sus idiomas (castellano, ayoreo, guaraní y alemán) se trasladaron a la escritura, que invita a conocer, como en las buenas etnografías clásicas, el Chaco Paraguayo: “la segunda zona boscosa de las tierras bajas sudamericanas después de la Amazonia” (2023, p. 15). En el marco de esta impronta holística propia de la etnografía, la autora profundizará en lo que llama “una economía de transformaciones íntimas” (2023, p. 15) para dar cuenta de la mercantilización de la intimidad de las mujeres ayoreo en un contexto de frontera y expansión capitalista. Vale preguntarse, ¿quiénes son las y los ayoreo? Se trata de un pueblo que vive en la región septentrional del Chaco, en la zona de frontera entre Bolivia y Paraguay y cuyos intercambios con la sociedad nacional son muy recientes en términos históricos (según la mencionada Susnik, comienzan en la década de 1960). A partir del estudio de las trayectorias de algunas mujeres ayoreo, Canova Cabañas nos sumerge en la comprensión del funcionamiento de las estructuras patriarcales en un espacio social considerado de “frontera” y en plena transformación.
Intimidades es entonces un texto etnográfico sobre uno de los rincones de Sudamérica donde hoy día se vive el avance de la conquista: no de la corona española, ni siquiera de los Estados nacionales, sino del gran capital transnacional. El contexto que se describe es el de la extensión de la frontera agrícola en un territorio que históricamente se ha presentado como “salvaje”. El desmonte, la expansión del negocio agropecuario para el rentable monocultivo de la soja o la introducción de la ganadería de manos de los menonitas -instalados hace tiempo-, los nuevos inversores extranjeros, el papel del Estado paraguayo que asegura ese enclave productivo con la construcción de una autopista que una el Chaco con el resto del país y su capital, son algunos de los actores e intereses que la autora presenta. En ese contexto complejo, Canova Cabañas (2023) se aleja de un posicionamiento de mera denuncia o de una ingenua antropología del rescate del mundo ayoreo. Por el contrario, la autora va presentando las experiencias situadas de los diferentes actores sociales para destacar “cómo las sexualidades indígenas, las intimidades racializadas y los proyectos de frontera se construyen de manera conjunta y se reproducen en las tierras bajas sudamericanas en la actualidad” (p. 21).
Y si en ese contexto la autora nos instala, lo interesante para las lecturas feministas es cómo las mujeres ayoreo, allí, en el Chaco paraguayo de la actualidad, experimentan esas transformaciones y desarrollan una agencia propia, que es comprendida y analizada en clave etnográfica. Poniendo en relación lo económico y lo sexual, Intimidades describe un ejemplo perfecto de algo que los ecofeminismos insisten: el capitalismo global vulnera al mismo tiempo la tierra y los cuerpos de las mujeres. Pero no se queda allí, porque mientras que el territorio no puede defenderse ni interpelar las prácticas extractivas, las mujeres ayoreo sí subvierten de algún modo ese lugar de mera explotación. Sus voces y experiencia, los relatos que la autora selecciona, las trayectorias que construye para que el lector siga estas historias, dan cuenta del modo en que sus acciones se contraponen con el discurso acerca de las mujeres indígenas, que sólo subrayan su pasividad y sumisión. El primer recurso que usa Canova Cabañas es la entrada en escena de Upusia Picanere, una joven ayoreo que irrumpe en su estancia como irrumpe en el comienzo del libro, y cuyo caso nos permitirá comprender el modo en que jóvenes como ella interpelan los sentidos dominantes de género y sexualidad.
En el capítulo 1 Trazado de límites se narra la historia de esta región desde que fuera colonizada por los menonitas, lo cual nos permite entender las tensiones entre estos pobladores y el Estado paraguayo, a la vez que las formas en que las relaciones patriarcales se viven en esta comunidad -y la mención a la película Ellas hablan basada en el libro de Miriam Toews le pone imagen a lo narrado. Los límites no son los que traza el Estado, sino las jerarquías racializadas que han contribuido a esa economía de frontera. El capítulo 2 Masculinidades liminares nos muestra cómo la región del Chaco, como todo espacio de frontera, se constituye como un lugar habitado por masculinidades hegemónicas, violencia y transgresión. La etnografía muestra cómo se aprende a ser varón en un espacio surcado por las violencias. En el capítulo 3 Exclusión laboral Canova Cabañas nos muestra el modo en que la expansión capitalista incluyó como asalariados a los varones ayoreo y excluyó a las mujeres, las confinó en el espacio doméstico, en un mercado laboral fuertemente segmentado en términos raciales y de género. Sin embargo, la autora se preocupa por mostrar como las mujeres ayoreo han intentado buscar una participación en ese mercado laboral que las excluye. En el capítulo 4 La mercantilización del sexo la autora comienza a delinear el modo en que, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, la mercantilización de las relaciones sociales alcanzó el ámbito de la sexualidad. Es aquí que, como lectores, comenzamos a sumergirnos en el espacio de la intimidad, la autora plantea cómo fue modificándose la ética de la sexualidad de las ayoreo y cómo el dinero “se convirtió en parte central del cortejo” (2023, p. 43). En el capítulo 5 El consumo del deseo vemos el modo en que los varones -los menonitas, los trabajadores paraguayos que vienen desde el Oriente del país, los propios varones ayoreo- consumen e intercambian esa esfera íntima que es la sexualidad de las ayoreo. Empezamos a entender el término nativo curajodie, las jóvenes mujeres que son protagonistas del capítulo 6 Negociar la inclusión, donde Canova Cabañas profundiza en la vivencia de la intimidad sexual y emocional de estas jóvenes ayoreo, ¿cómo abordan y procesan ellas estas relaciones con los varones? y ¿cómo las tramitan sexual y emocionalmente? Desde las propuestas matrimoniales a las violaciones y asesinatos de niñas y jóvenes, Canova Cabañas (2023) concluye que “las curajodie han comenzado a transitar la frontera íntima construyendo un sentido de sí mismas, frente a la violencia y la discriminación continuas” (p. 189). A continuación, quisiera detenerme en dos conceptualizaciones que el libro aporta, a mi juicio, al campo de los estudios de género e interseccionalidad.
La esfera de la Intimidad
“Trabajo íntimo”, “Fronteras íntimas” e “Intimidades” son varios de los usos que esta etnografía utiliza para problematizar un espacio central de la reflexión feminista que es la división público-privado. Si desde el pensamiento feminista ha intentado ponerla en cuestión y visibilizar sus consecuencias en términos de división sexual del trabajo y producción de desigualdades, la antropología ha mostrado el modo diverso en que estas divisiones y sus roles asociados toman cuerpo en los diferentes grupos humanos. Tejiendo estos diálogos y asumiendo el legado de uno de los pioneros en teorizar acerca de la intimidad, como fue el sociólogo británico Anthony Giddens, Canova Cabañas (2023) afirma que el uso de este término le permite describir “las conexiones y los límites difusos que vinculan las experiencias personales y subjetivas con procesos económicos y políticos más amplios” (p. 24). Nos sumergimos, entonces, en el estudio de la intimidad tal como es vivida, negociada y constituida por múltiples relaciones y jerarquías, lo que nos llevará a entender cómo las mujeres ayoreo construyen un “concepto de frontera íntima que funciona según las lógicas en tensión y competencia con el sistema capitalista con sesgo racial” (2023, p. 24). A partir de la historia de unas cuantas mujeres ayoreo -Upusia, Ana, Odie-, la autora da cuenta del proceso de transformación de la autonomía sexual de las mujeres en la cultura de los ayoreo y su reconfiguración en este nuevo contexto. Así, en la senda de antropólogos como Michael Herzfeld (1997), Intimidades muestra el potencial heurístico del estudio de las configuraciones de la intimidad social, como contracara y, al mismo tiempo, clave de análisis del espacio público.
El trabajo sexual
Las curajodie, que describe Canova Cabañas, son las jóvenes ayoreo que en los pueblos y ciudades de origen menonita situadas en el Chaco Paraguayo mantienen contactos sexuales monetizados con varones no indígenas. A cambio del dinero que les dan, ellas compran ropa, maquillaje y otros bienes de consumo no esencial. La autora afirma que sus contactos sexuales se resisten a una categorización rígida. Aunque no exentos de violencia, vemos en esta economía del deseo la agencia de las jóvenes y el modo en que renegocian, incluso al interior de sus comunidades, las relaciones y las jerarquías. Así, en un contexto que la autora propone como poscolonial -aunque bien podríamos describir como neocolonial-, Intimidades aporta un caso empírico que contribuye a la discusión sobre qué es y qué no es trabajo sexual, muestra el dilema de los feminismos al respecto de que, si toda prostitución es explotación o no, un dilema que se da en el plano de las ideas. Es decir, en el terreno, partiendo desde el punto de vista de los actores sociales, los opuestos absolutos y normativos se diluyen en contradicciones y realidades complejas que están en permanente cambio. En una investigación que no pierde de vista la articulación entre las trayectorias individuales y el plano más estructural, podemos ver a las mujeres ayoreo negociando los límites de su agencia en la esfera de la intimidad; al mismo tiempo, podemos encontrar un ejemplo empírico más, que tensiona la noción de que todo comercio sexual debe ser comprendido como mera explotación.
La antropología siempre fue interseccional
Como en todo texto, la autora se posiciona y explicita ciertas interlocuciones teóricas, al tiempo que otras serán el aporte de las múltiples lecturas posteriores y sus contextos de acogida. En este caso, la autora se propone de manera explícita contribuir a un campo de preocupaciones que articula la antropología, la mirada feminista, el ambientalismo y los estudios acerca de la expansión del capitalismo extractivista global en contextos poscoloniales; el desafío es que lo hace desde una de las regiones más estudiadas de la antropología clásica, las tierras bajas de Sudamérica, aunque desde una preocupación totalmente actual. Desde los márgenes del espacio geográfico nacional, pero en el centro del desarrollo capitalista, analizando lo racial, lo patriarcal, lo económico, lo histórico y lo religioso, Canova Cabañas no pierde de vista a las mujeres ayoreo ni ninguno de los ejes que configuran su posición subordinada que es al mismo tiempo de interpelación y agencia. Ella afirma: “El caso de los ayoreo aporta una nueva perspectiva a esos estudios porque pone de relieve un tema que no ha sido suficientemente explorado a saber, cómo actúa la mercantilización de la sexualidad entre las mujeres indígenas en el siglo XXI” (2023, p. 193) y yo me permito agregar, que aporta también al campo de estudios de lo interseccional, sólo que sin declamarlo, haciendo simplemente buena antropología.















