Con motivo del 40º aniversario de la guerra de Malvinas de 1982, Marcos Pablo Moloeznik y José Gabriel Paz coordinaron un esfuerzo colectivo que cristalizó en A 40 años de la Guerra de Malvinas: una mirada diferente, un interesante y reivindicativo libro sobre aquel conflicto que enfrentó, por interés de la junta militar de Argentina y de la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, a argentinos y británicos por unas inhóspitas islas del Atlántico Sur.
Conformado por más de 500 páginas, y como bien se indica en su prólogo, “este libro colectivo invita a echar una mirada diferente sobre la Guerra de Malvinas” (p. 16). El planteamiento inicial que los coordinadores Moloeznik y Paz disponen para inducir al lector a esa “mirada diferente” es la de priorizar el análisis de las dimensiones política-estratégica y estratégica- militar del conflicto armado a través de 25 autores que configuran un prisma sumamente heterogéneo y particular. Y es que, de dichos autores, sólo uno es argentino y otro británico, siendo todos los demás de otros países de Europa, América y Asia. De esta manera, los nueve capítulos de la dimensión política-estratégica y los doce de la estratégica-militar, sumando 21 en total, conforman un caleidoscopio de “miradas diferentes” sobre la guerra de las Malvinas, más allá de las visiones nacionalistas argentina o británica, las cuales han sido tradicionalmente la lente con la que se ha estudiado y analizado este conflicto.
Así, en el libro se puede encontrar una gran diversidad de enfoques de aproximación a la cuestión tratada, abordando cuestiones como el rol de Estados Unidos, Unión Soviética, Chile o Perú, la narrativa del conflicto en los medios de comunicación argentinos, la complejidad geográfica del escenario de combates, la utilización de submarinos y buques de superficie, el desempeño de ambas fuerzas beligerantes, el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, etc. A 40 años de la Guerra de Malvinas: una mirada diferente es un ambicioso libro colectivo que implica tres grandes reivindicaciones.
En primer lugar, es una reivindicación de una forma de investigar. En un tema tremendamente polémico en Argentina y que, periódicamente, genera tensiones con el Reino Unido, de los 25 autores sólo uno —además de los coordinadores— es argentino. Hay autores estadounidenses, españoles, mexicanos, peruanos, un israelí, un ruso, etc., todos ellos provenientes, además, de diferentes formaciones, disciplinas y enfoques. Sin duda, es muy interesante que en este libro pueda observarse de forma adecuada y eficiente la tantas veces demandada visión multidisciplinar y transnacional. Y, verdaderamente, las conclusiones a las que se llegan, los matices, los particu- larismos que comparten tantos autores generan en el lector sensaciones satisfactorias gracias a una forma de investigar que va más allá del ámbito local, de un escenario de confort y que vincula a académicos de diferentes disciplinas y de otras nacionalidades en un objetivo común. No debió ser fácil coordinar el trabajo de tan diversos autores, pero el resultado es una obra colectiva sumamente enriquecedora en aportes al conocimiento y comprensión de la guerra de las Malvinas.
La segunda reivindicación de este libro es visibilizar la periferia. En no pocas ocasiones la historia del mundo solamente es la historia del centro, la historia de las grandes potencias. El conflicto armado de las Malvinas se inserta en un periodo de la historia del siglo XX marcado por la denominada Guerra Fría, caracterizada por el enfrentamiento indirecto entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, en contraposición al nombre del periodo, lamentablemente fue “muy caliente” en muchos lugares de la periferia. Este libro es una reivindicación de esa historia de la periferia, de esos actores de la periferia, de esos dramas de la periferia.
Cuando se habla de periferia es conveniente recordar al politólogo argentino Carlos Escudé. Él planteaba que en el mundo hay Estados forjadores de normas, Estados tomadores de normas —es decir, que obedecen las normas— y los llamados Estados rebeldes. En ocasiones es tentador caer en el planteamiento simplista de que el mundo funciona con base en los poderosos y que los poderosos todo lo pueden y todo lo deciden. Sin embargo, el realismo periférico que propugnó Carlos Escudé señala que las potencias periféricas, como era el caso de Argentina en 1982, pueden tener cierto grado de autonomía, aunque sea en un contexto de Guerra Fría donde se supone que Estados Unidos o la Unión Soviética son los que forjan las normas. Pero, eso sí, ese cierto elemento de autonomía, ese cierto grado de autonomía, conlleva un coste: el coste de la confrontación. ¿Cuánto le cuesta a un Estado periférico enfrentarse a un Estado central?
En el libro se evidencia que Argentina hizo sus cálculos: cómo iba a responder Londres, cómo se iba a llegar a las negociaciones, en qué momento, etc. Es decir, el cómo operar desde la periferia en el orden internacional de la Guerra Fría en beneficio de una reivindicación que Buenos Aires consideraba legítima. Fallaron los cálculos y el coste de la confrontación para los argentinos fue notablemente más alto de lo que habían estimado. De hecho, el libro es tremendamente interesante en el análisis de toda la cuestión referida a los cálculos de Argentina, los propios límites de la Junta Militar Argentina y el interés de países del entorno como Chile y Perú. En esencia, se reconoce el protagonismo de una periferia dinámica en un entorno internacional de superpotencias.
Por último, la tercera reivindicación del libro es la referida al Derecho Internacional Humanitario, el derecho que rige, o debería regir, los conflictos armados. La guerra de las Malvinas es prolífica en hechos donde ambos contendientes, en gran medida, demostraron, a pesar de la situación, su respeto al Derecho Internacional Humanitario. Por ejemplo, los kelpers—la población británica de las Malvinas o Falkland según Reino Unido— no fueron internados y se permitió que siguieran desempeñando libremente sus cometidos y funciones cotidianas.
El mando argentino se mostró muy explícito en referencia a la actitud que sus soldados debían tener con la población británica, castigando severamente cualquier intento de robo o saqueo. De hecho, si bien los soldados argentinos pasaban numerosas penurias ante las inclemencias climáticas del Atlántico Sur, se les impedía comprar en las tiendas de los kelpers para no generar desabastecimiento a la población local. Hasta ese punto se llegó la observancia del Derecho Internacional Humanitario, a pesar de que hubo casos, perfectamente verificados, de que hubo kelpers que colaboraron con la fuerza expedicionaria británica, facilitando información o sirviendo, incluso, de apoyo logístico. Este hecho, abordado en el libro, es algo muy interesante si se considera el artículo 51, párrafo 3, del Protocolo Adicional I de 1977 referido a los convenios de Ginebra de 1949, el cual aborda la cuestión de la protección de la población civil, con la excepción de si esta toma parte activa o directa en las hostilidades, tal y como fue el caso de algunos kelpers. También induce a la reflexión el caso del trasatlántico Canberra, un barco civil requisado por el Reino Unido para su fuerza expedicionaria. Los británicos mantuvieron el color de su uso civil, lo que indujo a confusión entre los pilotos argentinos. Si bien el barco no portaba ningún distintito de la Cruz Roja, los argentinos, ante la duda de que pudiera ser un barco hospital, prefirieron no atacar al Canberra.
Otro de los significativos aportes de esta obra colectiva es la explicación detallada de la creación y funcionamiento de una zona neutral entre ambos contendientes. En dicha zona neutral —denominada “caja de la Cruz Roja”— se posicionaron los seis buques hospitales que estuvieron presentes en el conflicto, cuatro británicos y dos argentinos. Es sumamente destacable que, por encima de que fueran británicos o argentinos, o por encima de que estuvieran luchando, esos seis barcos colaboraron entre sí: médicos argentinos asistieron a soldados británicos, se transfirieron material médico entre ambos bandos, etc. Es decir, el análisis de esta dimensión del conflicto entre Argentina y Reino Unido recuerda al lector que, por encima de banderas y de la guerra, existe un Derecho Internacional Humanitario que salvaguarda la humanidad en los contendientes y en la población civil. Hoy más que nunca es importante reivindicarlo.
En conclusión, A 40 años de la Guerra de Malvinas: una mirada diferente es una aproximación innovadora a un conflicto que parece lejano en el tiempo, pero muy presente todavía en la mente, especialmente, de muchos argentinos, y cuyos hechos y lecciones siguen presentes en la contemporaneidad. Esta obra es una reivindicación del trabajo colectivo, multidisciplinar y transnacional, del interés por la periferia del orden internacional y del Derecho Internacional Humanitario. Sin duda, esta obra es fruto de una convergencia reivindicativa plenamente vigente en la actualidad. Y es que, conforme a lo observado en las últimas cuatro décadas, los coordinadores Moloeznik y Paz no dudan en afirmar que “este conflicto armado se caracterizó por el respeto mutuo de las leyes y costumbres de la guerra; por lo que probablemente pueda ser considerada la última guerra entre caballeros” (p. 73). Así, reivindicar una mirada diferente a la guerra de las Malvinas de 1982 es, entre otros aspectos, reivindicar un presente y un futuro donde los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario no sean una opción, sino que deban ser una obligación para salvaguardar la paz, la seguridad y la humanidad.















