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Norteamérica

 ISSN 2448-7228 ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.19 no.2 Ciudad de México jul./dic. 2024   20--2025

https://doi.org/10.22201/cisan.24487228e.2024.2.648 

Ensayos

La correlación entre el detrimento económico y la radicalización hacia la extrema derecha en Estados Unidos: el caso de los grupos de odio en el Rust Belt

The Correlation between Economic Decline and Radicalization towards the Far Right in the United States: The Case of Hate Groups in the Rust Belt

* Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); <estefania.1616@comunidad.unam.mx>


Resumen

Desde 2017, Estados Unidos está experimentando un auge de la extrema derecha. La narrativa dominante para explicar la indignación social y el revanchismo político que catalizan la radicalización de las comunidades blancas es el detrimento económico. Este estudio contrasta la relación actual entre pauperización y radicalización en el Rust Belt ("Cinturón de Óxido"). A través de la correlación entre la variación de los grupos de odio con un índice multidimensional de pauperización, se encontró una relación positiva entre ambas variables; es decir, definitivamente el detrimento económico genera un incremento en las organizaciones de extrema derecha. Sin embargo, no es el único conjunto de variables explicativas, pues se registraron otros dos ápices relacionados con coyunturas políticas específicas.

Palabras clave: extrema derecha; radicalización social; cambio social; movimientos sociales; detrimento económico

Abstract

Since 2017, the United States has witnessed a notable increase in far-right activity, with economic decline often cited as the primary factor driving the radicalization of white communities. This study investigates the relationship between impoverishment and radicalization in the Rust Belt region. By analyzing the correlation between variations in the number of hate groups and a multidimensional index of impoverishment, we find a positive relationship between economic decline and the rise of far-right organizations. While our results confirm that economic downturns contribute to the growth of far-right movements, they also reveal that this is not the sole explanatory factor. We identify two additional peaks of far-right activity linked to specific political events, suggesting that economic decline is a significant but not exclusive driver of radicalization.

Key words: far right; social radicalization; social change; social movements; economic decline

Introducción

Hubo un tiempo en el que las familias estadounidenses podían tener una casa propia, un auto, cubrir facturas de servicios, salidas a comer y hasta adquirir membresías para lugares de ocio. Todo esto era cubierto con el salario de una sola persona. Los ciudadanos creían fervientemente que vivían en una tierra de abundancia y llena de oportunidades, y que con sólo diligente esfuerzo y arduo trabajo sus sueños se materializarían. El hombre hecho a sí mismo no era una leyenda popular, se escuchaban esas narrativas de la tierra de los sueños por doquier, desde Texas hasta Connecticut. Estados Unidos y sus ciudadanos eran modelos a seguir para Occidente y proclamaban orgullosamente lo mucho que tenían por enseñar al resto del mundo. Los ciudadanos se sentían empoderados en el espacio público; todos parecían conocer las fórmulas de la prosperidad y el país iba por buen camino.

Sin embargo, hoy en día la situación es muy diferente para la clase trabajadora estadounidense, hay una minoría silenciosa que constituye a los nuevos indignados del país. Definitivamente, la crisis de 2008 que dio lugar a la Gran Recesión y la elección del afroamericano Barack Obama ese mismo año, quien estaría en la presidencia entre 2009 y 2016, catalizaron que la frustración colectiva de los indignados blancos fuera canalizada por medio de organizaciones de la derecha radical (Alt-right). Dos episodios que acontecieron durante la presidencia de Donald Trump (2017-2021) evidenciaron que Estados Unidos estaba inmerso en una nueva ola de la extrema derecha: el multitudinario rally Unite the Right de 2017 que se llevó a cabo en Charlottesville, Virginia, y la toma del Capitolio en Washington, D.C., en enero de 2021. Si bien, el crecimiento de la extrema derecha, en menor o mayor medida, se ha dado en todo el país, algunas regiones como los Apalaches y el medio oeste destacan porque la extrema derecha ha ganado mayor espacio en la esfera pública.

La explicación más redundante que los analistas y los políticos dan al crecimiento y empoderamiento de las organizaciones de extrema derecha siempre se remite a la pauperización de la clase trabajadora blanca estadounidense. La hipótesis recurrente es que la desindustrialización tomó por sorpresa a los trabajadores blancos que vieron cómo la restructuración económica se llevaba a sus trabajos con salarios dignos a lugares con mano de obra más barata. Estas dinámicas tuvieron efecto sobre la desinversión en sus comunidades y el detrimento de la calidad de vida que el dinamismo económico del corazón industrial de la economía más grande del mundo tenía. Las continuadas crisis económicas que tuvieron efectos sobre los salarios y sobre el acceso al empleo manufacturero fueron incrementando el desencanto hacia las elites políticas y económicas. Tan sólo un par de generaciones después las ciudades se despoblaron, muchos jóvenes tuvieron que migrar, los salarios bajos disponibles no permitían hacerle frente a la inflación de precios. La clase trabajadora blanca canalizó esta furia contra el gobierno, las élites corporativas y las minorías del país. Estos últimos, según ellos, los sustituyeron como beneficiarios de las políticas públicas y los estaban reemplazando en los corredores de poder.

Esta investigación tiene como principal objetivo estudiar la relación entre el declive socioeconómico y la radicalización en una de las regiones que mayores restructuraciones económicas ha experimentado en las últimas décadas, el llamado Rust Belt (o el Cinturón de Óxido en español). Primeramente se describe cómo el dinamismo económico hace emerger al corazón industrial de Estados Unidos y cómo luego la restructuración económica global tomó por sorpresa a comunidades que habían experimentado un gran progreso social. Posteriormente se explica la relación entre el descontento por la pauperización de las comunidades del Rust Belt y la canalización del sentimiento contra las élites económicas y políticas a través de la conformación de organizaciones de la derecha radical.

La parte nodal de la investigación consiste contrastar empíricamente la relación actual entre pauperización colectiva y radicalización. Con este objetivo se ha generado una base de datos de la variación de las organizaciones de extrema derecha en el Rust Belt entre 2007-2020.1 Posteriormente, se diseñó un índice multidimensional para cuantificar el detrimento económico en el Rust Belt para el mismo periodo. A través de la contrastación de la variación de organizaciones con el índice multidimensional que registra los periodos de declive y recuperación socioeconómica comunitaria, se puede proceder a realizar un balance de la correlación entre ambas variables en el Estados Unidos contemporáneo.

El Rust Belt: auge y decadencia de un sueño americano

Alguna vez Estados Unidos fue la fábrica del mundo y su corazón industrial estaba en el medio oeste industrial, región que hoy conocemos mejor como el Rust Belt o Cinturón de Óxido. Esta región se articula por grandes áreas de los estados de Illinois, Indiana, Michigan, Misuri, Nueva York, Ohio, Pensilvania, Virginia Occidental y Wisconsin.

Entre 1890 y 1950, la privilegiada situación geográfica de estos estados convirtió a esta región en un punto estratégico para la manufactura a nivel global, debido a una combinación de factores como las ágiles conexiones terrestres y marítimas factibles en una geografía dominada por planicies que permitieron el uso expansivo del ferrocarril y amplios ríos y lagos navegables que facilitaban el transporte de grandes volúmenes de insumos y mercancías (Teaford, 1993). La disponibilidad de carbón, metales, la producción acerera y otros recursos facilitaron el proceso de industrialización en la región (Sullivan, 1988). En el medio oeste industrial había infraestructura, había producción, había consumo y había empleo; todo esto, en su conjunto, se cristalizó en un dinamismo económico sin precedentes.

El medio oeste industrial era sinónimo de la creación del valor añadido y de la fabricación de productos duraderos y de calidad. Sus pobladores estaban convencidos de que sus comunidades eran el corazón de los negocios y la fuente de la riqueza en todo el país, y no veían a sus ciudades simplemente como la última frontera de la costa este frente al menos desarrollado lejano oeste (Teaford, 1993). El ideal del sueño americano se cristalizaba y se replicaba en los pequeños y grandes suburbios que rápidamente atrajeron a la población rural de las proximidades para convertirlos en prósperos obreros (Hochschild, 1992).

Probablemente la ciudad más emblemática del viejo medio oeste industrial sea Detroit. En 1986, Henry Ford estableció la primera planta automotriz en la región; para atraer a más fuerza de trabajo se estableció un salario mínimo de cinco dólares diarios en sus fábricas, el cual estaba por encima del promedio nacional. Para 1920, Detroit ya era la ciudad automotriz más importante del mundo y entre las décadas de 1940 y 1950 las tres grandes compañías automotrices del país construyeron veinticinco plantas en la ciudad (Sugrue, 2014). Para ponerlo en perspectiva, a mediados del siglo XX, uno de cada seis trabajos en todo el país estaba relacionado con esta industria automotriz del medio oeste industrial (High y Lewis, 2007). Sin embargo, para finales de 1960, este sector comenzó a mover sus plantas a lugares más rentables como México y unas décadas después a China, con lo que empezaría el gran proceso de desindustrialización y con esto la decadencia económica en muchas ciudades de la región (Broughton, 2016).

Se atribuye el origen del término Rust Belt a un discurso que el candidato presidencial de 1984, Walter Mondale, dio en una planta de acero en Cleveland en el que dijo que "las políticas de Reagan están convirtiendo nuestro medio oeste Industrial en un cuenco oxidado". La prensa fue quién en sus reportes cambió cuenco por cinturón para contraponerlo al dinamismo que estaba experimentando el Sun Belt2 Por lo que la región no fue acuñada por geógrafos o economistas, sino por los medios de comunicación y los políticos de la época, ya que era funcional para describir las dinámicas económicas y las transformaciones sociales que se estaban experimentando en lo que fuera el corazón industrial del país. Entre estas problemáticas destacan la decadencia económica, el declive industrial, comunidades con altas tasas de desempleo y emigraciones, la devaluación de la vivienda, el cierre de pequeños y medianos negocios, el aumento del crimen y el detrimento en la calidad de vida de las ciudades manufactureras de Nueva York, Pensilvania, Ohio y la ribera del Lago Michigan.

Desde Milwaukee hasta Búfalo, a inicios del siglo XX encontrábamos en esta región a diez de las veinte ciudades más grandes del país que estaban articuladas por la carretera interestatal 90. Se dedicaban al sector automovilístico, a la producción de electrónicos, a la extracción y producción de metales y a otras industrias manufactureras que generan una dependencia de grandes empleadores. Estas ciudades empezaron a sentir presión económica desde la década de 1970, que se considera como la primera ola de desindustrialización en la región (Hartley, 2013). Entre 1969 y 1996, el empleo en el sector manufacturero de la región decayó en 32.9 por ciento. En 2018, de entre las ciudades grandes (más de 250 000 habitantes) de Estados Unidos, tres ciudades del Rust Belt fueron las que tuvieron las tasas más altas de pobreza, éstas son Detroit, Búfalo y Cleveland (Hegerty, 2019).

Las personas del medio oeste industrial vieron como sus trabajos, que iban desde la manufactura pesada hasta biotecnología, volaban al sudeste asiático y al sur de la frontera del país. La revolución del transporte internacional hizo que sus puertos se fueran vaciando y la infraestructura se volviera obsoleta. Las instalaciones productivas fueron abandonadas y la inversión pública dejó de llegar. Los jóvenes ya no encontraban empleo y familias completas tuvieron que mudarse a otros estados. Así, el vibrante medio oeste industrial se fue cubriendo de herrumbre y la región pronto sería mejor conocida como "el cinturón de óxido". Se estima que ciudades como Búfalo, Pittsburgh, Detroit y Cleveland actualmente tienen menos de la mitad de su población de mediados del siglo XX (Hackworth, 2015).

De acuerdo con los estudios desarrollados por Hobor (2013), luego del declive económico las ciudades del Rust Belt tuvieron que transformarse económicamente de forma abrupta; con poco tiempo para la planeación, el destino común fue el cambio urbano. Pocos retuvieron su posición en las cadenas de ensamblaje, particularmente para aquellos que se dedicaban a la manufactura pesada que era muy difícil trasladar a otras regiones del mundo.

La segunda vía de transformación por la que optaron otras ciudades fue beneficiar la especialización en bienes y servicios muy específicos que los volvía competentes frente a la inexperiencia en nuevos destinos productivos. La tercera vía, a la que se vieron obligadas algunas de las ciudades fue convertirse en centros de consumo regionales y transformarse en destinos turísticos nostálgicos. Sin embargo, la mayoría de las ciudades del Rust Belt, no pudieron adaptarse y fueron devastadas por la desindustrialización regional.

Si bien los políticos pueden imaginar futuros con planes improvisados de transformación económica y urbana; las familias y los jóvenes difícilmente pueden adaptar sus proyectos a largo y mediano plazo de forma tan abrupta. Es decir, ¿cómo podría un obrero de clase media de pronto emplearse en una granja porque la globalización se llevó su industria a países con mano de obra más barata? O ¿cómo podría enfrentarse al desempleo generalizado un joven que nació y creció en el vibrante corazón industrial de la economía más grande del mundo, toda vez que se ha endeudado para certificarse como técnico o graduarse como ingeniero?; ¿cómo familias que se formaron en la prosperidad económica tienen que enfrentarse a que el proveedor principal sólo tiene dos opciones de vida, subemplearse o migrar? Por estas razones, la historia del Rust Belt es también la historia de los indignados estadounidenses.

Los indignados estadounidenses

Durante el auge industrial y manufacturero de Estados, los trabajos de cuello azul ofrecían un salario lo suficientemente digno para que una familia pudiera cubrir sus necesidades básicas con poca presión económica (Zweig, 2017). Por esta razón, este tipo de trabajos de cuello azul eran un privilegio de la clase trabajadora blanca frente a las minorías negra y latina que tenían que quedarse con los trabajos de baja remuneración y alta presión económica familiar. Precisamente, si analizamos cuidadosamente la intersección entre la raza y la clase podemos ir abordando recursos, riesgos y dinámicas específicas que vistas a detalle explican diversas tensiones de la sociedad estadounidense contemporánea (Aronowitz, 1992; Weis, 2004; Gest, 2016; Walley, 2017). Si bien los blancos no son los más pobres de Estados Unidos, las comunidades blancas sí han experimentado mayor pauperización y menos adaptación a la terciarización de la economía como sucedió en las regiones de los Apalaches y del Cinturón de Óxido.

Como anteriormente se explicó, para los trabajadores del medio oeste la desindustrialización significó la disolución de su sociedad, la pérdida de su cultura, el decaimiento de su modo de vida e inclusive la traición de las élites políticas y económicas que tomaron las decisiones que los llevaron a esta transformación histórica decadente. Sin embargo, la desindustrialización del medio oeste no se refiere sólo la relocalización de plantas de producción y el estrechamiento económico de la región; también hubo efectos sociales, culturales y políticos. Por ejemplo, se debe poner atención a la desesperación y frustración de trabajadores que tuvieron que dejar sus minas, cuyos molinos dejaron de ser rentables y cuyas fábricas cerraron. Estas poblaciones vieron como al paso de unos cuantos años sus lugares de trabajo fueron dinamitados y otros fueron remodelados por hípsters para convertirlos en centros comerciales y espacios vintage de coworking.

Los pobladores de la región expresan que a la perdida de trabajos le siguió la destrucción de lazos comunitarios (Dudley, 1997). Las narrativas de optimismo económico y progreso se sustituyeron por historias de victimización colectiva y oleadas de nostalgia de la era industrial. Para los habitantes del medio oeste industrial, los empresarios y políticos eligieron la rentabilidad de sus empresas, la competitividad, la prosperidad macroeconómica y a los mercados globales sobre las vidas y los proyectos de miles de familias de la clase trabajadora (Cowie y Heathcott, 2003). Todas estas dinámicas en su conjunto son las principales fuentes de indignación social en la región y la falta de atención los ha vuelto blancos perfectos para la radicalización política que recientemente observamos.

La literatura sostiene dos tipos de explicaciones principales a la indignación social persistente entre los hombres blancos de clase trabajadora en la región del Rust Belt (High y Lewis, 2007; Dudley, 1997). El primer tipo tiene que ver con la ansiedad racial y el fervor etnonacionalista. El segundo conjunto insiste en que el neoliberalismo y el declive de los sindicatos sepultaron la economía industrial regional. Estas explicaciones no son excluyentes sino interseccionales, y han sido explotadas por actores y organizaciones constantemente para vincular a la clase trabajadora blanca en movimientos que igualmente van desde las guerras culturales a la rebelión de los grupos antigobierno.

El otro gran frente de los indignados de la clase trabajadora blanca en la región son los pobladores de las zonas rurales adyacentes a las pequeñas y medianas ciudades del Rust Belt (Kimmel y Ferber, 2000). Estos granjeros y agricultores se engancharon al dinamismo económico del boom industrial, y tampoco pudieron anticipar los efectos sobre la demanda, el abastecimiento y la competitividad tras las continuadas olas de desindustrialización. Estos indignados son los hijos del Estados Unidos, nostálgico por un nuevo proyecto jeffersoniano3 que se abandonó por la restructuración económica global que los dejó atrás, a ellos los más fervientes patriotas y los guardianes del sueño americano original.

Uno de los reclamos principales de ambos frentes, el rural y el industrial, es que fueron los hombres blancos quienes construyeron a la nación y que de hecho los hombres blancos los que verdaderamente constituyen a la nación, las premisas básicas del nacionalismo blanco (Durham, 2007; Gest, 2016; Wetts y Willer, 2018). Según estos grupos, los culpables de la erosión de su modo de vida son la acción afirmativa con sus programas para favorecer a las minorías raciales. También culpan a la revolución de Reagan con su neoliberalismo que dio lugar al crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, a la incertidumbre financiera, al estancamiento de la movilidad económica y al declive del sector manufacturero (Weis, 2004).

Algunas comunidades en Estados Unidos se han autoproclamado guardianes del modo de vida de la clase trabajadora blanca rural y urbana. Así, la clase trabajadora blanca quedó cautiva entre el capital corporativo y la inefectividad del gobierno federal; se consideran las víctimas de la política federal y la restructuración económica global.

Las continuadas crisis económicas que tuvieron efectos sobre los salarios y sobre el acceso al empleo manufacturero fueron incrementando el desencanto que, en algunos casos desembocó en furia hacia el gobierno, los sindicatos, los empleadores, los partidos políticos y otros actores a los que acusan de ceñirse más a los intereses económicos que al bienestar de los trabajadores del país.

El miedo y la furia emergen cuando los miembros de la comunidad creen que su modo de vida está siendo amenazado por la inhabilidad del gobierno para proteger sus intereses sociales y económicos. Muchos dentro de la clase trabajadora blanca consideran que el credo estadounidense está en erosión y sufren de una nostalgia hacia los viejos días con un statu quo racial, social y económico muy diferente al de la actualidad.

La extrema derecha como mecanismo de canalización de la frustración colectiva

En la actualidad, los indignados estadounidenses viven menos y con peor calidad de vida que sus semejantes en otros países de renta alta e inclusive que algunos de renta media (Weis, 2004; Gest, 2016). Por ejemplo, si consideramos los países más desarrollados, los estadounidenses tienen tasas más altas de mortalidad en casi todas las principales causas de muerte como son las enfermedades cardiovasculares, las sobredosis, el suicidio, el homicidio, la diabetes, las enfermedades infeccionas, desórdenes mentales y del comportamiento, hasta en mortalidad materna e infantil. La esperanza de vida en Estados Unidos empezó a ralentizarse en 1980 con la desindustrialización y a partir de 2014 empezó a decrecer. Los estadounidenses contemporáneos están más enfermos que nunca si los comparamos con sus semejantes de las economías más grandes del mundo.

En sus estudios, Isom, Mikell y Boehme (2021) encontraron que el tejido social de las comunidades blancas moldea sus ideologías políticas dando lugar a una subcultura del "ellos vs. nosotros" que frecuentemente está imbricada con tintes misóginos y racistas. Según estos autores, la promesa de los políticos de volver a los valores conservadores y cristianos inmediatamente les reditúa en términos electorales. Sin embargo, no todo el conservadurismo es extrema derecha, y aun dentro de todas las organizaciones de la extrema, podemos distinguir claras diferencias en sus bases ideológicas y en su forma de operación.

La derecha alternativa es una tendencia de la extrema derecha, se caracteriza por ser un movimiento desorganizado con diferentes agendas e ideologías, pero cuyos comunes denominadores son el descontento, la indignación, la paranoia política y el ejercicio del discurso de odio. Van desde grupos de estudio de la constitución en pequeñas comunidades hasta milicias armadas que ejercen terrorismo doméstico en zonas urbanas. A pesar de las profundas diferencias en la estructuración de sus organizaciones, la extrema derecha estadounidense tiene grandes ejes articuladores ideológicos en común. La derecha radical defiende a ultranza el orden constitucional y el proyecto originario de los fundadores, es antiglobalista, es nativista, es mayoritariamente antisemita, xenófoba, racista y hasta misógina en diferentes planos y con diferentes proporciones (Hawley, 2017; Main, 2018).

Otra de las características fundamentales de la extrema derecha es la desconfianza generalizada hacia el gobierno (Phillips y Yi, 2018; Stern, 2019). Muchos de sus miembros consideran que el gobierno federal derrocha las arcas nacionales en aventuras militares en países naturalmente antidemocráticos y en acciones afirmativas y servicios sociales dirigidos a las minorías raciales. Según estos grupos, en su lugar se debería procurar el bienestar social y la estabilidad económica que permita el desarrollo de las familias blancas de la clase trabajadora y la clase media que mantienen a flote al país.

Una tercera característica de la extrema derecha es el desarrollo de foros y plataformas de comunicación eficaces a través de las cuales difunden sus manifiestos, sus acciones e inclusive variadas teorías de la conspiración y fakenews. Diversos reportes han probado cómo la sociedad estadounidense se informa principalmente a través de medios que compaginen con su ideología y se tienden a formar guetos intelectuales que aglutinan a personas que piensan de la misma forma (Jurkowitz et al., 2020). Las personas cuyas ideologías caen en el espectro de la derecha radical no se sienten identificados ni con los temas ni con las posturas de la prensa mainstream; consideran que sus preocupaciones específicas o sus comunidades alejadas de las grandes ciudades que ocupan los principales titulares no son cubiertos por los principales medios de comunicación (Neiwert, 2017). En este escenario, se vuelven más susceptibles de creer sin cuestionar lo que los medios de Alt-right reportan, incluidos los virus conspirativos que circulan en sus comunidades virtuales y silos electrónicos.

La nueva ola de la extrema derecha ha bajado los estándares en la política estadounidense en una época donde lo políticamente correcto empezaba a regir las interacciones en la esfera pública. "Alt-right rechaza todos los estándares éticos; sus discursos utilizan lenguaje racial y étnico intemperado, estereotipos perjudiciales, crítica vituperiosa y hacen alarde de símbolos extremistas en los ámbitos públicos y privados" (Cruz Lera, 2021: 196).

Los reportes sugieren que, según las estimaciones, tres de cada cuatro simpatizantes de la extrema derecha son hombres blancos, heterosexuales, políticamente conservadores y son jóvenes entre dieciocho y treinta y cinco años (Zuckerberg, 2018; Stern, 2019). Los participantes de la extrema derecha tienen menor estrés económico que otros miembros de la clase trabajadora, pero sus menores oportunidades profesionales los vuelven blancos perfectos del discurso de odio, de los grupos antigobierno, de las teorías de conspiración y de las organizaciones que se encargan de difundirlas (Silver, 2016).

Por ejemplo, las encuestas en torno a las elecciones de 2016 en Estados Unidos demostraron que en el único grupo en el que había un claro margen de percepción favorable hacia Donald Trump y su retórica incendiaria era entre los trabajadores manufactureros (Drezner, 2019). Cuando analizamos la composición del sector, encontramos que están sobre representadas las siguientes características: blancos, más viejos que el promedio de edad de la fuerza laboral, menores niveles educativos, heterosexuales y cristianos. Dinámica que coincide con las tendencias entre los miembros de la extrema derecha.

Como si esto fuera poco, estas características están sobre representadas también en el Cinturón de Óxido. De allí que, según autores como McQuarrie (2017) la denominada revuelta del Rust Belt contra el Partido Demócrata que llevó a Trump a la presidencia en 2016 no fue algo coyuntural, sino un proceso histórico que debe ser entendido como una forma de "radicalismo reaccionario nostálgico" en contra de nuevas condiciones económicas y sociales que generan ansiedad y revanchismo entre la clase trabajadora blanca en la región.

En un estudio en redes sociales, Jack Thompson y George Hawley (2021) encontraron que las voces líderes de la derecha radical estallaron en celebraciones con la elección de Trump, vieron la victoria de MAGA (make America great again) como un triunfo explícito en la política del nacionalismo nativista blanco. Una cuestión era que los números de personas alineadas con la extrema derecha fluctuara y tuviera números altos, otra muy diferente es la articulación de un movimiento de grupos extremistas que logre tener influencia en la política. En esta investigación se sostiene que para estudiar esta última coyuntura, primero hay que develar las causas y consecuencias que originaron el primer proceso.

Finalmente, la clase trabajadora blanca ha apoyado a candidatos demócratas y muchos dentro de la derecha radical son grupos antigobierno, así que el análisis no puede centrarse en la política electoral federal, sino en las causas de la radicalización de regiones enteras del país.

Propuesta empírica y metodología

Si verdaderamente la pauperización de las comunidades blancas es el principal determinante para explicar el crecimiento de la extrema derecha, los periodos de crisis implicarán un subsecuente florecimiento de estos grupos; sin embargo, si los grupos crecen o decrecen con independencia del detrimento socioeconómico, entonces la economía será principalmente una narrativa política y no la explicación fundamental, por lo que habrá que considerar la influencia de otras variables políticas y sociales. Para probar esta hipótesis, resulta útil analizar estas dinámicas en el Cinturón de Óxido en Estados Unidos. En esta región confluyen de manera muy visible el nuevo auge de organizaciones de la extrema derecha y la pauperización de las comunidades blancas.

La organización Southern Poverty Law Center (SPLC) ha sido la institución que más se ha encargado de monitorear y documentar lo que ellos denominan como grupos de odio y grupos extremistas en Estados Unidos. El SPLC ha conformado bases de datos con los grupos por ideología y su presencia por estado (a veces por condado) que se actualizan anualmente. Esta organización cuenta con series históricas desde 1990.

Usando estas bases de datos, para esta investigación se filtraron las organizaciones presentes en la región del Rust Belt en el periodo 2007-2020. Esta temporalidad fue establecida bajo el criterio de que 2007 es el año anterior al estallido de la crisis económica que daría lugar a la Gran Recesión y que en enero de 2021 aconteció la toma del capitolio, episodio que se convirtió en el hito de mayor visibilidad de la nueva oleada de estas organizaciones. A continuación, se pueden observar los datos obtenidos por estado en dicho periodo:

Cuadro 1 GRUPOS DE EXTREMA DERECHA EN EL RUST BELT 

Año 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Estado
Illinois 23 23 28 29 28 27 23 21 23 32 35 31 26 19 23
Indiana 18 16 17 24 20 20 26 16 16 26 30 24 20 19 14
Michigan 26 23 26 35 26 25 18 15 19 28 29 31 27 25 18
Misuri 29 30 31 26 26 26 21 19 22 24 18 24 21 19 17
NY 26 24 31 31 37 38 42 44 44 47 48 47 44 37 35
Ohio 28 23 27 32 32 36 31 27 34 35 31 36 31 21 20
Pensilvania 33 37 28 36 24 35 41 38 40 40 36 36 36 36 30
Virginia O 8 14 13 13 15 11 10 10 8 4 4 5 4 4 6
Wisconsin 12 10 8 8 8 11 10 10 9 9 11 15 15 13 12

Fuente: Elaboración propia con datos de bases de datos del SPLC, series 2007-2021.

Cuadro 2 VARIACIÓN ANUAL DE LOS GRUPOS DE EXTREMA DERECHA EN EL RUST BELT 

Año 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Total regional

203

200

209

234

216

229

222

200

215

245

242

249

224

193

Tasa de crecimiento 7.4 -1.5 .4.5 12.0 -7.7 6.0 -3.1 -9.9 7.5 14.0 -1.2 2.9 -10.0 -13.8

Fuente: Elaboración propia con datos de bases de datos del SPLC, series 2007-2021.

Para analizar el peso del contexto económico sobre la radicalización, tomaremos en cuenta la pauperización de las comunidades. Los estudios sobre la pobreza en Estados Unidos constituyen actualmente un sólido campo de estudio que, desde hace décadas ya ha superado el debate de que la pauperización no está relacionada únicamente con el ingreso o la capacidad de consumo, y que no tiene componentes exclusivamente económicos (Wagle, 2009). En su lugar, los estudios académicos y las instituciones gubernamentales han transitado hacia aproximaciones multidimensionales de la pobreza que además de evitar aproximaciones individualizadas contemplan una contextualización territorial e incluyen indicadores y variables comunitarias (Reeves et al, , 2016).

Los enfoques multidimensionales nos permiten identificar variaciones en la pobreza que no están asociados únicamente a la deprivación en el ingreso (Alkire y Foster, 2011), igualmente facilitan el estudio de la intensidad de la pobreza e inclusive permiten diferenciar niveles en una misma unidad familiar (Glassman, 2017); asimismo, ayudan a contemplar más variables cuando se estudia el proceso de pauperización a través del tiempo. Todas estas tendencias son particularmente útiles para el estudio de comunidades que consideran que han sufrido transformaciones económicas que han incidido sobre su bienestar y que, además, han visto que estos procesos se han intensificado a través del tiempo. Es decir, utilizando estos enfoques multidimensionales podemos tener una visión más integral que nos permita hacer un balance de la pauperización de las comunidades del viejo cinturón industrial.

Para facilitar esto, la Oficina del Censo de Estados Unidos ha establecido una metodología multidimensional para medir la pobreza usando los datos de las American Community Survey (Glassman, 2017). En esta metodología se sugiere un conjunto de dieciséis indicadores combinables a discreción de la naturaleza de la investigación que son tanto de carácter individual como colectivo. Entre los individuales encontramos algunos como el estado de salud reportado, el número de personas trabajadoras en casa, el número de habitaciones por miembro, acceso a luz natural y espacio suficiente, el consumo de alimentos y bienes, el uso de servicios y hasta el prestigio ocupacional. Todos estos indicadores pueden ser útiles cuando se quiere analizar la incidencia o variación entre grupos particulares con características similares (étnicas, generacionales, de clase, etc.). En cambio, cuando se busca analizar a comunidades, las variables colectivas son más ilustrativas.

En sintonía con lo anterior, la metodología compilada por Glassman (2017) enlista como dimensiones colectivas para medir la pobreza a el acceso a la salud, la educación, el ingreso promedio, la pobreza promedio en el área, el desempleo, el crimen, la contaminación y hasta la participación electoral. De acuerdo con las metodologías sobre pobreza multidimensional, se pueden hacer varias combinaciones y operacionalizar estos indicadores según la naturaleza de la pregunta de investigación.

En este estudio se ha retomado un conjunto de indicadores colectivos a nivel estatal para posteriormente calcular los valores regionales en el Cinturón de Óxido. En el siguiente cuadro se detallan los componentes y su fuente.

Cuadro 3 INDICADORES PARA EL ÍNDICE MULTIDIMENSIONAL DE PAUPERIZACIÓN 

Indicador Descripción/operacionalización Base consultada
Ingreso medio El ingreso medio de los hogares es la variable que se uti- American
liza para cuantificar el conjunto de entradas monetarias a Community
nivel hogar anualmente, independientemente del núme- Survey, U.S.
ro de miembros por unidad. Incluyen salarios y ganancias, Census Bureau.
pensiones, beneficios de seguridad social. Solamente se
excluyen entradas no monetarias como los vales de ali-
mentos y las bonificaciones fiscales.
Pobreza Se toma como referencia el porcentaje de personas vi- American
viendo bajo el nivel de la pobreza federal. Este límite es Community
establecido anualmente por el gobierno estadounidense Survey, U.S.
con base en un cálculo de la cantidad mínima (ajustada Census Bureau.
a la inflación) que una familia necesita para cubrir sus ne-
cesidades de alimentación, vestido, vivienda, transporte y
otros rubros básicos.
Desempleo Porcentaje de personas de la población económicamente Selected
activa que no encuentra trabajo durante doce meses en Economic
promedio. Characteristics, U.S.
Census Bureau.
Salud Se consideró la falta de acceso a la salud, que consiste en American
el porcentaje de personas de cualquier edad sin ningún Community
tipo de seguridad médica pública o privada. Survey, U.S.
Census Bureau.
Educación La educación limitada inhibe las oportunidades y la segu- American
ridad económica. La dinámica económica estadouniden- Community
se requiere de un diploma de educación media superior Survey, U.S.
terminada para poder conseguir un empleo formal; por Census Bureau.
esta razón se reporta el número de personas sin diploma
de bachillerato debido a que difícilmente podrán encon-
trar un empleo regular.
Crimen La tasa de crimen consiste en el número de incidentes Uniform Crime
graves por cada cien mil habitantes al año. Incluye homi- Reporting Program,
cidio, robo, asaltos, violaciones, delitos contra la propie- Federal Bureau of
dad, entre otros considerados como crímenes graves que Investigations (FBI).
son reportados anualmente por dieciocho mil agencias
locales, estatales y federales.

Fuente: Elaboración propia.

A partir de lo anterior se documentaron y sintetizaron los indicadores anteriormente explicados que nos permiten generar un panorama multidimensional sobre el detrimento socioeconómico para los estados de Illinois, Indiana, Michigan, Misuri, Nueva York, Ohio, Pensilvania, Virginia Occidental y Wisconsin. Posteriormente, con esta información se generó un índice compuesto para la región Rust Belt para el periodo de estudio (2007-2020).

Cuadro 4 INDICADORES DE PAUPERIZACIÓN EN EL RUST BELT 

Año Ingreso
(dólares)
Desempleo
(%)
Salud
(%)
Educación
(%)
Pobreza
(%)
Crimen
(tasa)
2007 49 807 4.9 10.9 14.2 13.1 414.4
2008 48 246 5.8 11.4 13.5 13.4 397.9
2009 45 424 9.3 12.2 13.2 14.4 382.3
2010 45 413 4.8 12.4 13.0 15.3 366.5
2011 46 438 5.2 11.9 12.4 16.0 362.4
2012 46 974 5.6 11.5 12.0 15.9 355.5
2013 48 273 5.9 11.0 11.3 15.9 359.6
2014 49 847 5.6 8.6 11.1 15.5 365.3
2015 51 084 5.0 6.5 11.1 14.8 380.4
2016 52 492 4.5 5.6 10.4 14.1 374.6
2017 54 909 4.1 6.0 10.3 13.5 361.2
2018 56 697 3.6 6.4 9.5 13.2 350.8
2019 59 584 4.5 6.6 9.3 12.9 361.0
2020 59 234 5.4 6.2 9.4 13.0 363.8

Fuente: Elaboración propia con datos del U.S. Census Bureau y el FBI.

Para la construcción del índice, primeramente se realizaron las pruebas estadísticas para analizar la estructura y normalidad de los datos de las variables. Se obtuvieron los valores máximos, mínimos y la diferencia de cada una de las variables de estudio. Se procedió a estandarizar las variables a partir de la siguiente formula: Índice compuesto de pauperización = [dato i - Valor mínimo] / [Valor máximo - Valor mínimo]. Se estandarizaron las variables y se establecieron los ponderadores [1/ [Número de variables] que en este caso fue de 0.1666. Luego, se multiplicaron los ponderadores por el valor normalizado de cada variable. Finalmente, se sumaron los resultados de cada variable para obtener el índice por año.

Cuadro 5 ÍNDICE COMPUESTO DE PAUPERIZACIÓN EN EL RUST BELT 

Año Ingreso Desempleo Salud Educación Pobreza Crimen Índice
compuesto
2007 0.052 0.038 0.130 0.167 0.011 0.167 0.564
2008 0.033 0.064 0.142 0.143 0.027 0.123 0.533
2009 0.000 0.167 0.163 0.133 0.081 0.083 0.625
2010 0.000 0.035 0.167 0.126 0.129 0.041 0.498
2011 0.012 0.047 0.154 0.105 0.167 0.030 0.516
2012 0.018 0.058 0.145 0.092 0.161 0.012 0.487
2013 0.034 0.067 0.132 0.068 0.161 0.023 0.486
2014 0.052 0.058 0.074 0.061 0.140 0.038 0.423
2015 0.067 0.041 0.022 0.061 0.102 0.078 0.371
2016 0.083 0.026 0.000 0.037 0.065 0.062 0.274
2017 0.112 0.015 0.010 0.034 0.032 0.027 0.230
2018 0.133 0.000 0.020 0.007 0.016 0.000 0.175
2019 0.167 0.026 0.025 0.000 0.000 0.027 0.244
2020 0.163 0.053 0.015 0.003 0.005 0.034 0.273

Fuente: Elaboración propia con datos del U.S. Census Bureau y el FBI.

La intención principal de articular este índice fue observar la variación en el grado de pauperización en la región, información que fue contrastada con los promedios nacionales. Finalmente, se contrastó la información regional con los datos obtenidos sobre el comportamiento del número de grupos de extrema derecha a través de una correlación simple con el objetivo de comprobar la hipótesis de trabajo.

Discusión y análisis de resultados

La asociación cotidiana que diversos políticos y analistas hacen sobre una dependencia directa entre las condiciones socioeconómicas y el crecimiento de grupos de extrema derecha, usualmente está más basada en la sospecha que en los hechos fácticos. Ante este escenario, resulta urgente innovar en la forma en como analizamos el deterioro que las estructuras económicas nacionales y globales generan sobre regiones y comunidades específicas de Estaos Unidos. En este sentido, analizar el ingreso por sí solo no nos permite entender las condiciones socioeconómicas que contribuyen a construir una relación de presión financiera, de desencanto y desapego con las políticas económicas del país, de frustración individual y colectiva que podría manifestarse en radicalización.

La propuesta de un análisis multidimensional de la pobreza desarrollada para esta investigación resultó útil para ilustrar los efectos económicos, sociales y comunitarios derivados del largo proceso de desindustrialización del Rust Belt en la actualidad. Además de rastrear y recolectar estas dinámicas regionales, también se contrastaron los indicadores a nivel nacional. Se encontró que en todo el periodo de estudio el ingreso medio del Rust Belt siempre estuvo por debajo del promedio nacional y que la pobreza estuvo por arriba del promedio nacional, cuestiones que reflejan una continuidad de la oxidación del corazón industrial de Estados Unidos. Sin embargo, en el periodo de estudio, el desempleo siempre se mantuvo más bajo que el promedio nacional. Una posible explicación podría darse por la migración de la población y por las dinámicas de autoempleo por las que la población económicamente activa optó luego de la relocalización económica. Por otra parte, la educación, la salud y el crimen reflejan que la situación es mejor en estos rubros que el promedio nacional.

En este punto se puede concluir que en promedio los estados del Rust Belt no presentan las condiciones de precariedad más altas del país. Sin embargo, la condición de estrés financiero continuo por estar sujetos a un ingreso más acotado que el nacional, esto a pesar de tener más población económicamente activa, podría contribuir a la sensación colectiva de que la economía no marcha bien y que las decisiones de política económica no hacen más que incrementar la desigualdad y la dependencia.

En el cuadro 6 se exponen los resultados sobre la relación entre la pauperización en el Rust Belt y el crecimiento/decremento de grupos de la extrema derecha.

Cuadro 6 PAUPERIZACIÓN Y VARIACIÓN EN LOS GRUPOS DE ODIO EN EL RUST BELT 

Año Índice de pauperización Grupos de odio Variación
2007 0.564 203 7.4
2008 0.533 200 -1.5
2009 0.625 209 4.5
2010 0.498 234 12.0
2011 0.516 216 -7.7
2012 0.487 229 6.0
2013 0.486 222 -3.1
2014 0.423 200 -9.9
2015 0.371 215 7.5
2016 0.274 245 14.0
2017 0.230 242 -1.2
2018 0.175 249 2.9
2019 0.244 224 -10.0
2020 0.273 193 -13.8

Fuente: Elaboración propia.

Al calcular el coeficiente de correlación encontramos que su valor corresponde a 0.5032. Esto demuestra que efectivamente hay una correlación positiva entre las variables; es decir, en la medida de que el índice multidimensional se ve afectado, se aprecian cambios en los grupos de odio. Por lo que podemos concluir que la hipótesis de investigación se cumple, ya que en la medida que se incrementa la pauperización durante la Gran Recesión, sucede una nueva ola de auge grupos de extrema derecha. Si bien la crisis se origina en 2008, sus mayores efectos sobre el estatus socioeconómico de la región se dan en 2009 y es en el levantamiento de 2010 que se observa el incremento de organizaciones de la extrema derecha. En la misma dirección, durante 2011 volvemos a observar un incremento en la pauperización multidimensional de la región y esto da a lugar a que en el levantamiento de 2012 se haya registrado un nuevo incremento de grupos de Alt-right.

En particular, la crisis económica 2008-2009 impactó de forma más aguda a los estados de la región, particularmente esto se reflejó en una mayor caída del ingreso medio, en un aumento del desempleo y en el aumento de la pobreza como reflejan los datos para esos años de los cuadros 4 y 5. Acorde con esta tendencia, encontramos que en todos los periodos que registraron los niveles más altos de presión socioeconómica de la región se registró un incremento de los grupos de odio. Es decir, los efectos de la economía sí influyen en la radicalización de las comunidades; sin embargo, no son el único elemento que detona el crecimiento de organizaciones de la extrema derecha, ya que en el lapso considerado para este estudio hay otros periodos de auge de estos grupos que no corresponden a cambios en las condiciones socioeconómicas de la región.

El otro gran conjunto de variables a considerar tendría que ser la coyuntura política ya que parece haber una correlación positiva entre periodos electorales y la radicalización. Por ejemplo, el mayor crecimiento de organizaciones de extrema derecha se da entre 2015 y 2016, de hecho entre 2014 y 2018 las condiciones socioeconómicas de la región mejoran pero no se observa una tendencia clara de decremento de los grupos de extrema derecha hasta 2019-2020 que coincide con la pandemia por Covid-19 y las restricciones de movilidad y de reunión impuestas por la autoridad sanitaria del país.

Lo anterior demuestra que la pauperización sí genera un efecto sobre el crecimiento de grupos de extrema derecha, sin embargo, esta no es la única variable que se debe considerar para entender la dinámica de auge de organizaciones de extrema derecha. Si la economía fuera el único determinante, la tendencia sostenida de mejoría en las condiciones socioeconómicas de la región se reflejaría en una tendencia sostenida de decremento de estas organizaciones.

Al analizar los otros dos periodos de auge de grupos de extrema 2015-2016 y 2018 podemos encontrar un común denominador que son periodos de elecciones en el país. Para 2015 la popularidad de Barack Obama ya estaba en niveles muy bajos, y en junio de ese año Donald Trump anunció su candidatura. Posteriormente, durante 2016, que es de hecho, el periodo que registra el incremento más alto de grupos en todo el periodo de estudio, Trump movilizó a la extrema derecha a través de su movimiento MAGA, lo cual incentivó a la formación de estas organizaciones. Algo similar ocurrió en las elecciones intermedias de 2018, en las que se utilizó MAGA para elecciones congresionales y estatales y como resultado apreciamos un subsecuente incremento en los levantamientos de grupos de extrema derecha en la región del Rust Belt.

Conclusiones

El 6 de enero de 2021, el mundo entero presenció como miles de miembros de organizaciones de la extrema derecha se congregaron en el National Mall de Estados Unidos para obstaculizar uno de los procesos fundamentales de la democracia, la transición pacífica del poder gubernamental tras un proceso electoral. Alt-right avanzó sobre el Capitolio, provocando una insurrección que dejó de manifiesto que Estados Unidos estaba experimentando el clímax de una nueva ola de la derecha radical.

El detrimento de la calidad de vida de las comunidades blancas durante el proceso de terciarización económica ha sido la narrativa política principal para explicar el auge de organizaciones de la extrema derecha. Sin embargo, aún no existe suficiente evidencia que sustente una relación fuerte y sostenida entre la pauperización y la radicalización de estas comunidades. En este escenario, este estudio ha contribuido a elucidar la naturaleza de estas dinámicas a través de la documentación de la variación de grupos de odio en el Cinturón de Óxido y la articulación de un índice multidimensional de pauperización durante el periodo 2007-2020.

Al obtener el coeficiente de correlación se encontró que hay una relación positiva entre el índice y el incremento de grupos de odio. Durante cada periodo de estrés económico en la región se observó un aumento de organizaciones de extrema derecha lo que refuerza la hipótesis de que la economía abona a la radicalización. Sin embargo, se registraron otros dos periodos de incremento de grupos de odio en los que las condiciones económicas no empeoraron. Al analizar estas coyunturas se encontró que coincidieron con las elecciones generales de 2016 y las elecciones intermedias de 2018, periodos en los que el movimiento MAGA movilizaba constantemente a estas organizaciones de la extrema derecha.

Por lo tanto, se puede concluir que definitivamente el detrimento económico de las comunidades incentiva la conformación de organizaciones de la extrema derecha; sin embargo, no es el único conjunto de variables a considerarse, ya que otras condiciones políticas y sociales pueden explicar el auge de Alt-right cuando no se registra una pauperización abrupta. Futuros estudios sobre el auge contemporáneo de la derecha radical en Estados Unidos deberán seguir estudiando los efectos de la economía sobre las comunidades blancas, pero también se deberán considerar otras variables de corte sociodemográfico como la inmigración, el cambio generacional, cuestiones de género y también variables de naturaleza política como los discursos inflamatorios y la desconfianza gubernamental. Así, se podrá entender de manera holística a todas las fuentes que incentivan a los nuevos indignados estadounidenses a radicalizarse hacia la extrema derecha.

Fuentes

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1 Como se detallará en la metodología, este corte temporal se basó en que 2007 es el año anterior a la crisis económica de la Gran Recesión y que 2020 es el año antesala de la toma del Capitolio por organizaciones de extrema derecha en los primeros días de enero de 2021.

2 El Sun Belt aglutina a la región sur de Estados Unidos (debajo del paralelo 36) y hace referencia a doce de las quince ciudades con mayor crecimiento en Estados Unidos desde la década de 1970. La fortaleza económica de la región se basó en el auge de la agricultura altamente tecnificada, la industria aeroespacial y de defensa, y naturalmente, los hidrocarburos.

3 En los albores de la invención republicana estadounidense, Thomas Jefferson (en contraposición al proyecto de Hamilton) proyectaba una nación predominantemente rural orientada a la autosuficiencia aislacionista, cohesionada socialmente por la defensa de las libertades individuales y el cultivo de las virtudes morales conservadoras, y con un gobierno limitado que tuviera la mínima interferencia sobre la vida de sus ciudadanos.

Recibido: 29 de Noviembre de 2023; Aprobado: 29 de Abril de 2024

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