Los estudios feministas y de género han contribuido enormemente a visibilizar, cuestionar y modificar las estructuras de desigualdad y dominación que durante mucho tiempo subyugaron a las mujeres y las colocaron en múltiples situaciones de vulnerabilidad y riesgo frente a los hombres, quienes a su vez ostentaban múltiples privilegios y recursos que les habían permitido ejercer el poder en todas sus facetas y expresiones, incluso sobre la vida y el cuerpo de las mujeres (Serret, 2016).
De igual manera, han dado la pauta para problematizar la manera en que los hombres aprenden a ser hombres, comprender la manera en que se construyen las masculinidades, tratar de evitar que ello implique someter o violentar a las mujeres, y fomentar relaciones más equitativas y sanas entre unos y otras (Izquierdo y Zicayo, 2015; Madrid, Valdés y Celedón, 2020; Muñoz, 2020; Pérez, Giraldo y Muñoz, 2022).
Sin embargo, tales esfuerzos han sido insuficientes para eludir el desinterés general -y de los hombres en particular- en fortalecer los cimientos de una sociedad verdaderamente igualitaria, contener la prevalencia, diversificación e incidencia de las expresiones, prácticas y comportamientos de carácter misógino; así como hacerle frente a la desinformación y las opiniones sin fundamento que se esparcen a través de las redes socio-digitales, glorificando las formas hegemónicas de masculinidad y desvirtuando las demandas y movilizaciones feministas, muchas veces a partir de los postulados biologicistas que habían sido desmentidos por los avances logrados en las ciencias sociales y naturales a lo largo de las últimos siete décadas (Cerva, 2020; Engler, 2017; Madrid, Valdés y Celedón, 2020; Martínez y Zurbano, 2019; Muñoz, 2020).
Ante esta situación, resulta necesario redoblar los esfuerzos para hacer que los hombres reconozcan las condiciones de inequidad que afectan a las mujeres y que han sido propiciadas consciente o inconscientemente por sus abuelos, tíos, padres, hermanos, amigos e incluso por uno mismo; así como para promover en ellos la adquisición de nuevas pautas culturales y de comportamiento que propicien la construcción de masculinidades más idóneas para una vida en igualdad. Sin embargo, todo ello implica el involucramiento activo e integral de distintas instituciones y agentes sociales, fundamentalmente de los propios hombres (Bautista, 2020; Marín, 2022).
Las universidades tienen mucho que aportar en este sentido, no sólo por el conocimiento científico que genera, transmite y acumula en torno a las problemáticas sociales emergentes, también por el potencial que poseen para fungir como un espacio abierto de reflexión y discusión y un escenario de confluencia y diálogo entre distintas sociabilidades y experiencias de vida, todo lo cual contribuye a idear las medidas y alternativas más adecuadas para afrontar tales problemas. Es por esto que a finales de 2022 se llevó a cabo en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa (UAMI), el Simposio “Viejas y nuevas masculinidades: una (auto) reflexividad necesariamente política”, del que fueron partícipes investigadores e investigadoras de varias universidades públicas y privadas y distintas ciencias sociales, así como profesionistas del área de la salud mental, quienes compartieron sus estudios y perspectivas acerca del ser y deber ser de los hombres, sus tensiones y ansiedades; las masculinidades hegemónicas y las negativas secuelas que dejan tanto en mujeres como en hombres; y algunas de las formas alternativas de masculinidad que se han puesto en práctica en determinados ámbitos y situaciones, junto con sus logros, limitaciones y desafíos.
La mayoría de las ponencias que formaron parte de aquel simposio integran hoy este número especial sobre masculinidades de la Revista POLIS México, publicación editada por el Departamento de Sociología. Se trata del primer número dedicado a esta temática, en el que concurren artículos escritos desde la sociología, la antropología y la historia, entre otras disciplinas; que se suma a la extensa lista de libros y revistas científicas que se han enfocado en los estudios de género y que han sido editados por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa; y con el que esperamos incitar a la autorreflexividad, la discusión y la toma de posición activa en torno a las implicaciones negativas de los modelos con los que hemos aprendido a ser hombres, y las ventajas y virtudes de promover formas alternativas de masculinidad.















