(…) las mujeres aparecen como la luz
que se filtra entre las hojas de un árbol,
o a través de las cortinas de una ventana,
o entre los juncos de un jacal. Como la luz,
están presentes las mujeres en esta historia,
y no solamente de manera implícita,
pudiendo suponer su presencia,
sino de manera explícita,
en muchas ocasiones con nombre y apellido.
Clara Guadalupe García1
Hoy en día es común hablar de mujeres estudiando y trabajando en cualquier ámbito; ya no existen restricciones en cuanto al género para poder desempeñarse en una u otra profesión o tarea. Sin embargo, a principios del siglo XX aún resultaba difícil pensar en la inclusión de las mujeres en actividades que se consideraban sólo aptas para los hombres, por la ideología de la época que marginaba el quehacer de la mujer a la crianza de los hijos, las labores del hogar y ciertos trabajos como bordar, tejer, el magisterio, entre otros, considerados propios del sexo femenino.
En el presente artículo presentamos a las mujeres dentistas que lograron concluir la carrera en la primera escuela dental del país en sus dos primeras décadas de existencia. Personajes que vale la pena reconocer, pues brillaron con luz propia en un tiempo de marginación y que ahora forman parte de la historia de una disciplina que, en la actualidad, tiene mayoría de mujeres en su matrícula.
ANTECEDENTES
El lunes 18 de enero de 1886 marcó la historia de la profesión dental, pues ese día presentó su examen para acreditarse como Dentista, ante cinco sinodales de la Escuela Nacional de Medicina, Margarita Chorné y Salazar, “la primera que se ha presentado a un examen de este género” 2. Evidentemente, tener la acreditación de Margarita Chorné cambió:
“El pensamiento de los mexicanos respecto a la inclusión femenina en la educación superior; (así) los estudiantes de medicina (comenzaron a ser) partidarios de la presencia de la mujer en el arte dental, aplaudieron la oportunidad que Margarita tuvo para demostrar, no sólo su capacidad, sino la de las mujeres interesadas en la profesión dental, para adquirir los conocimientos anatómicos, técnicos y mecánicos necesarios, así como la habilidad y destreza física indispensables sin menoscabo de su calidad femenina” 2.
Gracias a Margarita, otras mujeres que habían aprendido el arte de manera empírica con algún dentista acreditado de la época pudieron soñar con practicar la dentistería por su cuenta, como Clotilde Leonila Castañeda, certificada en 1890, o como Ángela Roque o Mónica Correa, quienes finalmente no lograron obtener el título, pero dejaron la idea o aspiración latente en otras mujeres que deseaban ejercer el arte dental. La educación empírica que obtenían los dentistas para poder certificarse llegó a su fin con la creación de la primera escuela dental en México que, si bien no es el tema central de este artículo, es importante recordar que su instauración fue fruto de la iniciativa que tuvieron un grupo de Cirujanos Dentistas, preocupados porque el país tuviera una institución educativa que brindar formación formal a los Cirujanos Dentistas, tal como ya se hacía en otros países.
El grupo que finalmente consiguió el establecimiento de la primera escuela estuvo encabezado por Carlos A. Young, quien fundó la “Sociedad Dental Mexicana”, el 16 de julio de 1898, y la Revista Dental Mexicana, una de las primeras publicaciones en el área con apoyo de dentistas como: Ricardo Crombé, Manuel Carmona, Juan Falero, Alfredo Reguera, Pedro C. Hinojosa, entre otros. Este grupo presentó, ante el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, el proyecto para abrir una escuela dental, el cual fue aprobado en noviembre de 1903.
Finalmente, la escuela que estaría anexa a la Escuela de Medicina fue denominada “Consultorio Nacional de Enseñanza Dental” (CNED) e inaugurada el 19 de abril de 1904. La inscripción al CNED estuvo abierta, desde el primer momento, a hombres y mujeres que cumplieran con los requisitos de matricularse, tener la instrucción primaria superior, así como haber cursado las materias preparatorias para el área de las ciencias de la salud: Física, Química, Zoología, Botánica, Lengua nacional, Lógica, Elementos de raíces griegas, francés e inglés2. Así, tras la inauguración del CNED se inscribieron 13 alumnos hombres y a principios del siguiente año, 1905, se matricularía la primera mujer.
LAS MUJERES DEL CONSULTORIO NACIONAL DE ENSEÑANZA DENTAL (1904-1910)
Como se comentó, la presencia de las mujeres como personajes activos dentro del CNED fue inminente desde el segundo año de su creación cuando Carmen Rossi se inscribió, en 1905, para obtener su certificación como Dentista. Carmen argumentó haber estado practicando desde hacía tiempo con el Dr. Adolfo del Valle y, como la costumbre lo dictaba, deseaba acreditarse tras pasar un examen ante la instancia correspondiente. Sin embargo, dicha modalidad de titulación cambió tras la apertura del CNED, por lo que se le invitó a matricularse y así obtener su título al finalizar su instrucción. Los registros de asistencia del CNED develan la incorporación de la señorita Rossi en enero de dicho año, más no su egreso de la institución2.
Meses más tarde, Clara V. Rosas se inscribió en el Consultorio y, a diferencia de su antecesora, su paso por la escuela fue firme, al ser la primera mujer en egresar de la escuela en 1908. Además, por su gran desempeño como estudiante, a Clara se le contrató como jefe de Clínica Operativa dentro del CNED, considerándola con ello como la primera profesora mujer en el ámbito de la dentistería. El trabajo dentro de la institución lo ejerció por poco tiempo pues, en julio de 1910, se le comisionó, por parte de la Secretaría de Instrucción Preparatoria y Profesional, a realizar un estudio sobre la enseñanza que se impartía en la Escuela Dental de Pennsylvania3. Una vez concluida su estancia en Estados Unidos, Clara no regresó a México y decidió mudarse a España donde, según algunas publicaciones, es considerada pionera de la Odontología de aquel país2.
Los documentos señalan que para 1906 se inscribieron en el Consultorio Nacional de Enseñanza Dental tres mujeres: Angélica Avilés, María Luisa Rojo y María Nava y Parra. Tanto Angélica como María Luisa se titularon en 1909, con meses de diferencia entre una y otra2. Cabe destacar que María Luisa Rojo también trabajó dentro del CNED, en 1910, como ayudante del profesor en la asignatura de Prótesis dental y ortodoncia en ausencia de Roberto R. Rojo4. Fueron algunos meses los que cubrió la ausencia del profesor Roberto y posteriormente se dedicó a su práctica privada, de acuerdo con un anuncio en la prensa de la época, cuyo texto era: “La Srita. María Luisa Rojo cambió su Consultorio Dental del 5 de mayo a la Avenida San Francisco 28 donde ofrece sus servicios profesionales”5.
Para 1907, el interés de las jóvenes por la carrera de Cirugía dental fue notorio pues se inscribieron al Consultorio nueve alumnas: Clotilde Villegas Leal, Consuelo Vaca, Cristina Agustina Campa Muñoz, Isabel A. Castillo, Magdalena Urrutia G, Manuela Pintado, María Solís, Rosa María Bernal Parra, Sofía Correa Nieto2. Aunque el interés de matricularse en la escuela fue grande, no así el egreso de las mujeres como dentistas porque sólo una de las inscritas, Clotilde Villegas Leal, logró obtener su certificación muchos años después de su inscripción tras resolver ciertas eventualidades, con el apoyo de las autoridades de la institución.
Dentro de las incidencias que tuvo que sortear Clotilde Villegas, se puede mencionar la omisión de su inscripción en el tiempo designado a la cátedra de Patología dental médica y quirúrgica por: “sufrir su familia trastornos de trascendencia a consecuencia de la grave enfermedad de uno de sus miembros de mayor respeto, la que al fin hubo de sucumbir” 6. Según consta en una carta enviada al director de la Escuela de Medicina para que la dejase inscribirse a la asignatura, su petición fue denegada por no haberse encontrado su registro en las listas de asistencia y suponer la falta de práctica para acreditar la asignatura. Para poder continuar con sus estudios, Clotilde trabajó como profesora de Gimnasia en la Escuela Primaria “Benito Juárez” y tras dos años de haber recibido la negativa de reinscripción en la escuela dental, volvió a solicitar inscripción extraordinaria a las materias que adeudaba del segundo año de la carrera, en mayo de 19126. En esta ocasión logró su reinscripción y posterior acreditación de la asignatura en diciembre de ese mismo año. Clotilde Villegas concluyó sus estudios en 1913 y un año más tarde, se tituló con la tesis: “Generalidades de Antisepsia y Antisépticos en particular”6.
Pese a la intermitencia de sus estudios, la participación dentro de la institución de Clotilde fue activa. Formó parte de la Sociedad de Alumnos de la escuela, fue contratada en el CNED con el cargo de “Meritorio interino” el 27 de noviembre de 1909, rectificando dicho empleo en julio de 19107, mismo que seguramente se vio interrumpido por su ya referida baja del plantel. Además, Clotilde se vio interesada en el ámbito literario y fue considerada como: “una poetisa que goza de las simpatías entre los estudiantes odontologistas” 8, consiguiendo publicar varios de sus textos tanto en periódicos de la época como en boletines de la misma Sociedad de Alumnos de la escuela. Para el año de 1908, sólo se inscribió en el aún CNED la alumna Virginia Manjarrez, quien no obtuvo su certificación9.
LAS MUJERES TITULADAS DE 1910 A 1913
En el año de 1909 se matricularon en al aún Consultorio Nacional de Enseñanza Dental cinco mujeres, según revelan los datos del Archivo Histórico de la Facultad de Odontología: Ana María Leal, María Espinosa, Rosa Liprandri, Sara Zenil y Rello, Dolores Mathus Jácome. En 1910, el Consultorio Nacional de Enseñanza Dental se transformó en Escuela Nacional de Enseñanza Dental y consultorio anexo, siendo aún dependiente de la Escuela de Medicina, situación que cambió un año más tarde.
Al ser nombrado como director el doctor Manuel Carmona, en 1911, se dio: la separación de la ENED de la Escuela de Medicina, el cambio de domicilio a la calle de Mina no. 30 y la incorporación de la escuela, como instancia independiente, a la Universidad Nacional de México10. Los cambios dentro de la institución continuaron para 1912. Tanto el nombre de la escuela como su domicilio fueron nuevamente modificados. A partir de ese año se le conocería como Escuela Odontológica Nacional, con domicilio en la calle de Moneda núm.1411.
Ese mismo año, fue la alumna Ana María Leal la única mujer titulada como dentista, el 13 de junio, defendiendo la tesis: “Vicios de conformación del paladar, de los labios y de la lengua, causas, patogenia, síntomas, diagnóstico, pronóstico y tratamiento quirúrgico”12. Ana María fue contratada al año siguiente de concluir sus estudios, 1913, como Cirujano Dentista del Servicio Odontológico Escolar del consultorio anexo a la escuela13, cargo que desempeñó por más de 40 años14. Asimismo, es importante destacar que Ana María Leal fue una de las primeras mujeres dentistas a quienes le publicaron un texto en una revista de corte médico-dental a principios del siglo XX. Fue en el Boletín de Ciencias Médicas en su “Sección dental” en donde se presentó su tesis15, este hecho resulta significativo, puesto que no había antecedente de otra mujer dentista mexicana publicando en dicho Boletín o en alguna otra revista dental del país.
Un año posterior a la titulación de Ana María, Aurora Heberta Beltrán se certificó con la tesis: “Diversos métodos para construir coronas de oro”, el 19 de mayo de 191316. A los pocos meses de haber concluido sus estudios, en la ahora nombrada Escuela Odontológica Nacional, Aurora Heberta solicitó en dos ocasiones al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes incorporarse a la Clínica dental de niños de las escuelas, pues tenía conocimiento del nombramiento de un jefe y dos ayudantes de los cinco que se habían solicitado previamente y consideraba serían insuficientes para brindar la atención a la elevada población infantil que acudía. Por lo que se ponía a su disposición para ser la nueva ayudante, incluso sin recibir sueldo, para así completar su práctica, adquirir prestigio como Cirujano dentista y poder montar su consultorio dental16. No se tienen información de que Aurora Heberta haya obtenido el puesto como ayudante, pero sí se sabe que, años más tarde, ejerció la profesión en Guerrero, su estado natal17.
LAS MUJERES GRADUADAS DE LA ESCUELA Y FACULTAD ODONTOLÓGICA (1914-1924)
Fue Clotilde Villegas Leal, de quien ya se habló anteriormente, una de las primeras alumnas tituladas de la Escuela el 12 de mayo de 1914. Las hermanas Walda y Clementina Levy, inscritas en la institución en 1913, lograron titularse para 1915. Por su parte, Walda lo hizo el 7 de mayo con la tesis “Enfermedades del seno maxilar. Diagnóstico diferencial, pronóstico y tratamiento”, y Clementina el 26 de mayo, con la tesis “Dientes de pivote”. Cabe señalar que la doctora Walda se casó con el Cirujano Dentista Ángel Zimbrón y fue madre del doctor Antonio Zimbrón Levy, quien fue director y profesor emérito de la actual Facultad de Odontología14. Dos años más tarde, para certificarse como dentista, la alumna María del Carmen Clausse, originaria de San Luis Potosí, presentó un examen general con temas previamente definidos en sorteo. El examen comprendió tres pruebas: escrita, oral y práctica. María fue aprobada por unanimidad el 7 de septiembre de 191718.
Entre 1918 y 1921, se graduaron sólo dos alumnas de la entonces Facultad Odontológica: Rosa Álvarez en 1918 y Estela Pavía Espinosa en 1921, esta última posiblemente hermana del primer dentista egresado del CNED en 1907, Miguel Pavía Espinosa. Por su parte, Estela Pavía cursó sus estudios de 1917 a 1920 y estuvo bajo la tutoría de su hermano Carlos Pavía Espinosa, médico veterinario. Sustentó su examen el 13 de abril de 1921, el cual se dividió en una prueba escrita, una práctica y la defensa de la tesis: “Flora microbiana bucal fisiológica y patológica”, siendo aprobada por mayoría de votos19.
El año 1922 es significativo pues hubo tres egresadas de la carrera de Cirujano Dentista, cifra que no se había observado hasta ese momento. Las alumnas que lograron obtener su certificación fueron: María del Carmen Cejudo, el 15 de agosto con la tesis “La Radiología en los padecimientos Dentarios 20; Celia Pardo, el 19 de agosto con la tesis “Complicaciones de las caries de cuarto grado”21 y Emma Abreu. En 1923 el número de egresadas se reduce a una, siendo Carolina Cuesta la única mujer en obtener el título. Finalmente, y, tras veinte años de fundación de la primera escuela dental del país, se titula solo una mujer: Luisa Ochoa, en 1924, con la tesis “Vegetaciones adenoides”.

Figura 3 Algunas mujeres egresadas entre 1917 y 1922. A. Carolina Cuesta25. B. Celia Prado25. C. Estela Pavía25.
Al igual que años anteriores en el Boletín de Ciencias Médicas, el recién integrado Boletín Odontológico Mexicano (en 1920) publicó, por primera vez, la tesis de una alumna. En las páginas del número 7 del mes de julio de 1924, se puede leer “la tesis presentada por la señorita Luisa Ochoa Díaz, en su examen profesional” 22. En estas primeras décadas de existencia de la escuela dental mexicana es clara la presencia de mujeres “que poco a poco fueron (ganando su lugar) en institutos, escuelas y universidades. Consiguieron obtener, con grandes dificultades, titulaciones y espacios laborales independientes al entorno doméstico” 23, enfrentándose
“(…) a la dificultad de romper los rígidos principios morales y jurídicos de la época, aunada a la incapacidad de superar la presión social existente a la hora de matricularse y/o permanecer involucradas en las llamadas profesiones masculinas” 23.
Por ende, el ánimo de las interesadas en estudiar cirugía dental y la entereza de quienes pudieron concluir sus estudios es digno de reconocerse, y es importante saber que están presentes en las páginas de la historia de la profesión dental en México.
CONCLUSIONES
Es evidente el paso de las mujeres por la carrera de Cirujano Dentista en nuestro país y, aunque fue lento pues en veinte años de instauración de la primera institución educativa reconocida en materia dental egresaron diez y seis mujeres de entre ciento veintiséis hombres. Todas ellas lograron sortear incidentes personales e ideologías de una época en la cual “a las mujeres no se las creía aptas para los estudios científicos” 23.
Así que cada una de ellas tuvo la entereza de continuar con su camino y titularse rompiendo paradigmas, dejando huella, abriendo cada vez más la puerta para todas aquellas que deseaban seguir sus pasos. Reconocer a estas mujeres nos permite entender un trozo de nuestra historia; saber que la presencia femenina dentro de las aulas de la carrera de cirugía dental ha estado más presente de lo que pensamos, recordándonos que:
“Pero ni discursos, obstáculos, enfermedades, burlas, la opinión pública y la pobreza fueron suficientes para apagar el ánimo de estas mujeres, más otras muchas que no se mencionan aquí, que abrieron camino a la mujer creativa y estudiosa del presente” 24.
















