Este artículo tiene el propósito de presentar los resultados del análisis comparativo multidimensional entre México, Ecuador y España sobre la percepción de jóvenes internautas de 17 a 29 años de sus condiciones de vida y expectativas de futuro, así como la relación entre estas últimas, que nos permita acercarnos a la manera en que ven y experimentan su realidad presente y lo que esperan en el futuro cercano en el marco de tres contextos diferenciados tanto objetiva como subjetivamente.
La investigación sobre jóvenes en idioma castellano es relativamente reciente. Los primeros trabajos datan de finales de la década de los 50. Durante las siguientes cuatro décadas del siglo XX se produjeron estudios esporádicos. En las dos décadas de este siglo el estudio acerca de juventudes se realiza de manera más frecuente y sistemática. Este interés académico se explica, en parte, por la irrupción de los jóvenes en la escena política y social a partir de la segunda mitad del siglo XX, mediante la participación masiva de éstos en los procesos de ruptura y contracultura que protagonizaron los movimientos sociales ocurridos en las décadas de los 60 y 70.
La dinámica demográfica también contribuyó a este giro de mirada hacia los jóvenes, puesto que, desde el último tercio del siglo pasado, la proporción de este grupo de edad experimentó un crecimiento acelerado, sobre todo en los países en desarrollo, como México y Ecuador, que transformó las condiciones de crecimiento económico de estos países, caracterizado por una alta relación de dependencia entre la población económicamente no activa (niños y adultos mayores) con respecto de la activa. Según las proyecciones de demógrafos y economistas, se espera que en el año 2030 tal relación de dependencia se invierta de manera progresiva. A este fenómeno, en la dinámica poblacional, Bloom, Canning y Sevilla (2003) lo denominan “bono demográfico”. La idea de bono alude a un período de oportunidad debido al cambio en la proporción de la población económicamente activa (PEA) con respecto de la población económicamente dependiente, lo que promueve un crecimiento económico de los países con población joven en edad productiva (Pinto, 2016).
Este evento demográfico, en su primera etapa, ha significado un reto enorme para los Estados nación en desarrollo, puesto que se incrementaron de modo considerable los gastos de consumo y creció la demanda de los servicios públicos, en especial en salud y educación. La capacidad de los Estados para satisfacer tal demanda se vio rebasada al grado de que aún hoy la población de entre 15 y 29 años afronta múltiples dificultades. Así lo confirma la Encuesta de Jóvenes en México (OIJ, 2019), en la que éstas se atribuyen “a la baja calidad del sistema educativo y su tendencia expulsora, a la escasez y precariedad de los trabajos, a la exposición a ambientes de violencia y a la inseguridad” (2019, p. 7) en la que viven los jóvenes.
En una segunda etapa, los cambios en la estructura poblacional producidos por el bono demográfico sitúan a los jóvenes como protagonistas del crecimiento económico esperable, debido a que disminuye la población económicamente dependiente, en un proceso que concluirá en 2030 en Latinoamérica, pero que en Europa, en particular en España, ya ha llegado a su fin.
Una tercera fuente de interés se puede ubicar en la progresiva consolidación de un campo de conocimiento especializado en el que participan los sectores académico, profesional y gubernamental con el propósito de profundizar en el conocimiento de las juventudes: experiencias, motivaciones, intereses y expectativas de éstas, y todos los elementos que contribuyen a la construcción de su subjetividad social.
En suma, la relevancia de la juventud como objeto de estudio radica en el hecho de que representa una quinta parte del total de la población mundial y en su potencial económico, social, político y cultural para el presente y el futuro. De este modo, es necesario conocer cómo son los jóvenes de hoy no sólo en su diversidad contextual, sino también en el desarrollo de su identidad personal y social. En consecuencia, es preciso identificar los condicionantes adversos que afectan su desarrollo, incluyendo las condiciones objetivas y subjetivas de vida, a través de las percepciones, expectativas y satisfacciones. Se presupone que estos fenómenos, que ocurren en la interacción de los jóvenes con su entorno histórico, cultural, social, político, económico, familiar, escolar, etcétera, podrían comprometer, a través de procesos individuales (motivación, planeación, autoeficacia, bienestar) y sociales (eficacia colectiva, movilizaciones sociales), su futuro y el de las siguientes generaciones.
En tal marco de interés, en este estudio nos preguntamos si los indicadores objetivos y subjetivos de satisfacción y de condiciones de vida se asocian con las expectativas de futuro que construyen los jóvenes, y en qué medida están relacionadas las actuales condiciones de vida de los jóvenes de México, España y Ecuador (indicadores objetivos y subjetivos) con las expectativas de futuro de éstos. Los jóvenes de los tres países participaron en la encuesta de la Red Iberoamericana de Investigación sobre Juventudes (2020), efectuada de octubre a diciembre de 2020.
Los jóvenes de México, España y Ecuador
La situación actual de los jóvenes en el mundo es compleja. Se advierte un aumento de la vulnerabilidad social de la población de entre 15 y 29 años, que contrasta con el desarrollo económico, la tecnologización, la ampliación de los mercados globales, que acercan bienes y servicios a una mayor cantidad de población en el mundo. En general, todo ello supondría la generación de mayores oportunidades de desarrollo social y personal. No obstante, los problemas sociales de siempre persisten y en algunos casos se intensifican; además se suman los nuevos, propios del desarrollo de sociedades tecnologizadas y globalizadas.
La situación de los jóvenes de México, España y Ecuador, si bien no es igual porque sus contextos establecen diferencias relevantes, comparte un conjunto de problemas como la violencia social y de género, la desigualdad, el desempleo, la desconfianza en las instituciones y la precarización de las condiciones de vida. Asimismo, los marcos de construcción identitaria tienden también a globalizarse al incluir entre sus referentes tendencias y problemas más generales, es decir, se aprecia un “aumento de la preocupación por cuestiones sociales mundiales como la guerra, el hambre y la pobreza; y demanda de nuevas formas de participación política” (Tezanos, Villalón y Díaz, 2009, p. 8).
Los jóvenes de la región de Latinoamérica y el Caribe, en los primeros meses del confinamiento, respondieron a un sondeo sobre el impacto del COVID-19 en la salud mental (UNICEF, 2020). Según éste, el 27 por ciento se sintió con ansiedad y el 15 por ciento con depresión, con una mayor incidencia en las mujeres. Además, el 43 por ciento de las jóvenes y el 31 por ciento de los jóvenes expresaron que se sentían pesimistas acerca del futuro. En el mismo período, en España también se reportaron cuadros de depresión en el 5.2 por ciento de los jóvenes mayores de 15 años (INE, 2020).
En México, estudios como la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2018), y la Encuesta de Jóvenes en México (OIJ, 2019) reportan algunos de los principales indicadores de la población de este segmento etario, tales como la composición demográfica de los hogares, cuya mayoría (54 por ciento) está integrada por tres o cuatro miembros. Asimismo, seis de cada 10 hogares tienen ingresos mensuales muy bajos o bajos, y sólo cuatro de cada 10 perciben ingresos mensuales entre medios y altos.
La diferenciación y la segmentación de los grupos de jóvenes empiezan a hacerse notorias en el acceso a bienes como la educación, ya que se estima que sólo la mitad del total de la población de entre 15 y 29 años se encuentra estudiando. La proporción por sexo de quienes estudian es igual para hombres y mujeres. La principal razón de quienes no estudian es la económica, pero también la necesidad de trabajar (los hombres en mayor cuantía) y motivos familiares como el embarazo y el cuidado (las mujeres en mayor proporción), lo que denota la persistencia de diferencias y desigualdades a causa del género.
El mayor porcentaje de quienes tienen como principal actividad el estudio se concentra entre los que tienen de 15 a 22 años y aquellos cuya actividad principal es el trabajo tienen entre 23 y 29 años. El ingreso de los jóvenes al mercado laboral está marcado por la precariedad. La tasa actual de ocupación de la población joven es del 35.8 por ciento con respecto del total de la PEA (INEGI, 2021).
En España, según los indicadores reportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2020), la población de 16 a 29 años representa el 15.3 por ciento de la población total y el 22 por ciento del total de la población de 16 a 64 años. La mayoría de los hogares tiene 2.5 personas. El 55 por ciento de los jóvenes de 25 a 29 años vive con sus padres, y 25 por ciento de los de clase baja cursan la educación superior, a diferencia del 57 por ciento que pertenece a una clase social alta.
La tasa de ocupación de la población de este segmento de edad en España es de 39.4 por ciento, con una tendencia decreciente y con una estratificación que sigue la pauta de menor nivel educativo, menor tasa de empleo, y, al contrario, también se observa una creciente tendencia al abandono de los estudios. Al menos el 30 por ciento lo hace por motivos económicos (INJUVE, 2019). La Encuesta INJUVE (2019) señala también que la precarización del mercado laboral se hace patente en que el 30.8 por ciento de la población trabajaba a tiempo parcial, y aproximadamente el 60 por ciento de los jóvenes lo hacía de forma involuntaria. Las mujeres son las más afectadas, y el 37.9 por ciento desearía trabajar más horas de las que trabaja.
En Ecuador, los indicadores que reportan estudios como el de Jóvenes: una breve mirada a su inclusión social (Cervantes, 2022) y Juventud: su situación en la última década (CNII, 2021) señalan que en el año 2020 la población de jóvenes representaba el 20.3 por ciento de la población total. La proporción de jóvenes que trabajan es del 27 por ciento con respecto del total de la PEA y el mayor porcentaje lo ocupan los hombres. El 18 por ciento de los jóvenes vive en el umbral de pobreza. El 35 por ciento está estudiando la educación superior; la matrícula se caracteriza por ser desigual entre quienes viven en zona urbana y en zona rural, entre los grupos étnicos, e incluso según el sexo; un porcentaje más alto de mujeres está estudiando.
En efecto, como se puede apreciar, las condiciones de vida de los jóvenes mexicanos, españoles y ecuatorianos son distintas, pero comparten el hecho de que se trata de una generación marcada por la conectividad a través del internet y las redes sociales, que permea en las relaciones interpersonales, sociales y las convierte en posibilidades de interacción y acción global. Sin embargo, pocos estudios abordan la interacción entre elementos objetivos, como las condiciones de vida, y subjetivos, como el bienestar, el clima emocional o las expectativas de futuro, desde una perspectiva multicultural.
El presente estudio exploratorio de la Red Iberoamericana de Investigación sobre Juventudes (RIIJU, 2020) ofrece la oportunidad de contar con una visión panorámica de jóvenes de habla castellana de tres países (Ecuador, España y México), con condiciones de vida distintas respecto a sus percepciones, satisfacciones y expectativas.
Percepción del bienestar y satisfacción con la vida
El origen del estudio sobre el bienestar se atribuye a fuentes diversas y se encuentra involucrado en una red semántica complicada en la que se asocian y, a veces, confunden términos como los de bienestar subjetivo, bienestar psicológico, bienestar social, bienestar psicosocial, calidad de vida, desarrollo y florecimiento humanos, entre otros. El origen y el desarrollo de unos y otros los dota de propiedades diferenciadas de acuerdo con la tradición teórica que los nutre. Por ello, es necesario adscribir su uso a la disciplina o perspectiva teórica y disciplinar que los sostiene, de manera que permita diferenciarlos y evitar malentendidos.
En el campo de la psicología, los estudios sobre bienestar, que se registran en la literatura, se han desarrollado principalmente en dos direcciones. Por un lado, la perspectiva hedonista que mide la percepción del bienestar a partir de la evaluación que las personas hacen de su vida, considerando sus experiencias positivas y el grado de satisfacción que sienten respecto a eventos o situaciones específicas que tienen una carga emocional importante (García, 2002; Vinaccia et al., 2019; Zubieta, Muratori y Fernández, 2012).
A esta perspectiva hedonista se asocian los estudios sobre el bienestar subjetivo para los que el componente afectivo es crucial, ya que la percepción de las condiciones de vida suele evaluarse mejor en la medida que las personas se sienten más satisfechas en razón de alguna circunstancia favorable de su propia vida (García, 2002; Vinaccia et al., 2019; Zubieta et al., 2012). La satisfacción con la vida (Diener, Wolsic y Fujita, 1995) es el componente cognitivo-evaluativo de la perspectiva hedonista, que se define como “la percepción personal de bienestar o felicidad; en otras palabras, es la valoración de la vida propia, en relación con los propios objetivos, expectativas o intereses mediados directamente por el contexto socio cultural en el que se habite” (1995, p. 2).
La perspectiva eudaimónica, a diferencia de la hedónica, evalúa la satisfacción de necesidades, la capacidad y la posibilidad de las personas para cumplir sus expectativas y conseguir sus metas. A esta perspectiva se adscriben los trabajos sobre el bienestar psicológico (Ryff, 1989) y el bienestar social (Keyes, 1998). En el primero, la evaluación se desprende de un balance cognitivo de sí mismo, con respecto de las capacidades y de la satisfacción en el desempeño para hacer frente a las circunstancias del mundo; de los logros obtenidos en las relaciones sociales y afectivas (Zubieta et al., 2012). En el caso del segundo, el bienestar social, se miden componentes de carácter social que se derivan de las interacciones y roles sociales, tales como la adaptación, la pertenencia, el reconocimiento y las metas de interés colectivo (por ejemplo, la contribución, la confianza social) (Zubieta et al., 2012).
Los trabajos sobre el bienestar psicológico (que se relacionan con la perspectiva hedonista) incluyen seis dimensiones: autoaceptación, relaciones positivas con otras personas, autonomía, propósito en la vida, dominio del entorno y crecimiento personal. Los que miden el bienestar social, lo hacen a través de cinco dimensiones: integración social, aceptación social, contribución social, actualización social y coherencia social, identificados dentro de la perspectiva eudaimónica (Zubieta et al., 2012).
Asimismo, se han propuesto modelos de medición que incorporan las dos tradiciones (hedónica y eudamónica) y añaden una tercera dimensión compuesta generalmente con indicadores objetivos. Por ejemplo, para Castellanos (2018), el bienestar tiene tres componentes: el afectivo-evaluativo, que involucra la experiencia afectiva en la evaluación cognitiva; el componente hedónico, que tiene como referente la medida en que las personas tienen o no experiencias positivas y satisfactorias, y el componente eudemónico, que evalúa la satisfacción de las necesidades básicas (vitales y psicológicas) con referencia al proyecto de vida.
Rojas (2018), en su propuesta para medir el bienestar, también incluye dimensiones subjetivas y objetivas, pues considera que “el bienestar subjetivo se explica a partir de la satisfacción en ocho dominios de vida: salud, económico, ocupacional, familiar, amistad, tiempo libre, espiritualidad, y colonia donde vive” (2018, pp. 55-56).
Para la medición del bienestar, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) (OECD, 2020) estableció un marco de referencia compuesto de once indicadores que se agrupan en tres dimensiones: 1) condiciones económicas de las personas (ingresos y riqueza, vivienda, empleo y calidad del trabajo); 2) factores de calidad de vida para ver cuánto las personas saben, pueden hacer y se sienten seguras (salud, conocimiento y habilidades, calidad ambiental, bienestar subjetivo, seguridad), y 3) las relaciones y las conexiones que se tienen con otras personas (balance trabajo-vida, conexiones sociales, participación ciudadana).
De acuerdo con este breve repaso de las perspectivas teóricas de los estudios sobre bienestar y satisfacción con la vida, las escalas utilizadas para este trabajo exploran la percepción del bienestar en términos de la evaluación global que hacen las personas de su vida (satisfacción con la vida, satisfacción con las condiciones actuales y clima emocional) a partir de su vivencia mediada por el estado emocional, desde una distinción afectivo-evaluativa que efectúan, en este caso, los jóvenes sobre el grado de satisfacción con la vida propia y de ésta en relación con su contexto y sus expectativas de futuro (evaluación de las condiciones del contexto local, nacional y mundial) (Veenhoven, 1994).
Expectativas de futuro
La construcción de expectativas de futuro ha sido un campo de estudio en el que concurren disciplinas como la psicología, la sociología, la educación, la economía, entre otras. Las expectativas de futuro son una dimensión en la que se ponen en juego operaciones cognitivas como la autopercepción, los recursos culturales de las personas, las condiciones presentes y la capacidad de agencia para discernir entre aquello que se ajusta a los esquemas e ideales propios y satisface las expectativas (Nurmi, 1991, cit. en Omar et al., 2005; Rodríguez, 2009; Verdugo et al., 2018).
En general, el interés principal de este campo de estudio radica en comprender la relación entre las perspectivas forjadas al calor del presente y las aspiraciones de los jóvenes en relación con su futuro, así como los factores involucrados en la formación de esas expectativas.
La investigación reciente ha destacado el papel de las variables personales y contextuales en la construcción de las expectativas de futuro de jóvenes. Por ejemplo, se ha observado en las generaciones recientes una mayor importancia otorgada a la flexibilidad laboral, el equilibrio entre el trabajo y la vida personal y la realización personal en comparación con generaciones anteriores. La desigualdad económica puede influir en las aspiraciones educativas y profesionales de los jóvenes. También se ha observado un aumento en las expectativas relacionadas con el emprendimiento y la innovación tecnológica.
Las expectativas de futuro de los jóvenes incluyen, a menudo, el deseo de tener una huella positiva en la sociedad y de trabajar en áreas relacionadas con la justicia social y el cambio político. Las expectativas parentales, las experiencias de los hermanos mayores y la influencia de los amigos pueden influir en las decisiones y aspiraciones de los jóvenes. Las trayectorias educativas y laborales, así como los proyectos de vida, se están volviendo cada vez más fluidas y diversas. Los problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, pueden tener efectos en la forma en que los jóvenes perciben su futuro (Gómez et al., 2018; Verdugo et al., 2018).
Método
El presente artículo da cuenta de un estudio observacional, retrospectivo con alcance exploratorio, descriptivo y correlacional. Para llevarlo a cabo se aplicó el cuestionario “Condiciones de vida, identidad y expectativas de futuro de jóvenes” (versión 2020-12), elaborado por la Red Iberoamericana de Investigación sobre Juventudes (2020), que integró reactivos y escalas relacionados con la percepción de las condiciones actuales y las expectativas de futuro de la Corporación Latinobarómetro (2020), de la Encuesta Iberoamericana de Juventudes (OIJ, 2013), entre otros instrumentos propuestos por los miembros de la Red, que se describirán adelante.
La hipótesis que pusimos a prueba es que a mayor nivel en las condiciones objetivas de vida y mejor percepción de condiciones de vida en la actualidad, mejores expectativas de progreso y bienestar en el futuro, y que a mejores condiciones de vida objetivas del país, mejor percepción de condiciones de vida en la actualidad, mejores expectativas de progreso y bienestar en el futuro. También supusimos que habría diferencias significativas entre los jóvenes de distintos países en los indicadores propuestos.
El cuestionario se aplicó por conveniencia a una muestra de participantes jóvenes de 17 a 29 años de forma virtual utilizando como principal vía de difusión las redes sociales y contactos personales de los investigadores. Los participantes aceptaron responder el instrumento previa lectura del consentimiento informado.
Instrumentos
Cuestionario de datos sociodemográficos. Se recolectó información acerca del país de residencia, la edad, el sexo, la escolaridad, el nivel socioeconómico utilizando las seis preguntas del índice de la Asociación Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión (AMAI, 2018) y la percepción de la posición social usando un ítem de la Corporación Latinobarómetro (2020).
Satisfacción con la vida. Se utilizó el ítem del Latinobarómetro (2020) que contiene cuatro opciones de respuesta, de 1 = muy insatisfecho a 4 = muy satisfecho.
Cuestionario de satisfacción con condiciones actuales. Elaborado ad hoc con base en el Latinobarómetro (2020), consiste en seis ítems con cuatro opciones de respuesta que van desde 1 = muy insatisfecho a 4 = muy satisfecho tomando en cuenta el grado de satisfacción con las condiciones actuales en relación con la situación personal, familiar, la ciudad, la región, el país y el mundo. El alfa de Cronbach obtenido para la escala fue de .78, considerado adecuado. Se realizó un análisis factorial exploratorio, del que resultaron dos factores que explicaron el 69.7 por ciento de la varianza, que se definieron como (1) satisfacción con condiciones microsociales (personal y familiar) y (2) satisfacción con condiciones macrosociales (país, región, ciudad y mundo), con un alfa = .81.
Escala de clima emocional. Propuesta y adaptada por Páez et al. (1996), consta de 10 ítems con una escala Likert de 1 (nada) a 5 (mucho) para el ambiente o clima emocional. El alfa de Cronbach de la muestra transcultural del estudio original (que incluyó a México) fue de .77. En nuestro estudio se obtuvo un alfa adecuada de .75. La escala cuenta con dos subdimensiones: el clima emocional positivo (alfa de Cronbach = .83) y el clima emocional negativo (alfa de Cronbach = .89).
CORE (10 ítems). La versión corta de 10 ítems de Clinical Outcomes in Routine Evaluation (CORE) fue propuesta por Barkham et al. (2012) y validada en Ecuador para Latinoamérica por Paz, Mascialino y Evans (2020). El alfa de Cronbach obtenido para la muestra de este estudio fue de .87, lo cual fue adecuado.
Expectativas de futuro. Se utilizó el índice de expectativas juveniles de la Encuesta Iberoamericana de Juventudes (OIJ, 2013). Ésta consta de 17 ítems; en escala Likert de 1 = será mala a 10 = será buena. El alfa de Cronbach obtenido en este estudio fue de .96. Se realizó un análisis factorial exploratorio, del que resultaron dos factores que explicaron el 70 por ciento de la varianza, que se definieron como (1) progreso y bienestar, con 11 ítems (educación, vida, participación de la juventud, calidad de salud, calidad de vida en ciudad, empleo estable, conciencia ecológica, cuidado de vulnerables, orgullo del país, derechos de inmigrantes), con un alfa de Cronbach de .95, y (2) problemas sociales (seis ítems: delincuencia, pobreza, violencia, contaminación, corrupción, desigualdad); el alfa de Cronbach de esta dimensión fue de .92.
Cuestionario de percepción de progreso en condiciones futuras. Elaborado ad hoc con fundamento en el Latinobarómetro (2020), consiste en seis ítems con tres opciones de respuesta que van de 1 = está en retroceso a 3 = está progresando, considerando la percepción de condiciones futuras en relación con la situación personal, familiar, la ciudad, la región, el país y el mundo. El alfa de Cronbach obtenido para la escala fue de .77, considerado adecuado. Se realizó un análisis factorial exploratorio, del que resultaron dos factores que explicaron el 66.5 por ciento de la varianza, que se definieron como (1) percepción futura de condiciones microsociales (personal y familiar) y (2) percepción futura de condiciones macrosociales (país, región, ciudad y mundo), con un alfa = .81.
Cuestionario de problemas sociales percibidos. Elaborado ad hoc con base en el Latinobarómetro (2020), consiste en seis ítems de opción múltiple, considerando la percepción de problemas sociales (COVID, violencias, salud y salud mental), políticos y económicos, en el barrio, la ciudad, la región, el país y el mundo, así como para los jóvenes en general. Se incluyeron, además, dos ítems para victimización directa e indirecta y uno para miedo al delito, que no se discuten en este trabajo.
Resultados
Caracterización demográfica de la muestra
Participaron 937 jóvenes de 17 a 29 años (x = 22.38 D.T. = 3.05); 41 por ciento de México (n = 384), 36.9 por ciento de Ecuador (n = 346) y 22.1 por ciento de España (n = 207). El 68.2 por ciento son mujeres (n = 639) y el 30.8 por ciento son hombres (n = 289); nueve personas respondieron no binario o prefirieron no reportar el sexo (.9 por ciento). El 41.6 por ciento refirió estudiar y trabajar; 40.1 por ciento estudia de tiempo completo, 10.5 por ciento trabaja tiempo completo y 4.4 por ciento no estudia ni trabaja. Acerca del nivel educativo, 47.3 por ciento dijo tener licenciatura; 41 por ciento, bachillerato; 7.9 por ciento, posgrado; 3.5 por ciento, secundaria, y .3 por ciento, primaria.
En cuanto al nivel socioeconómico (NSE) medido con el índice AMAI, 3.2 por ciento de los jóvenes se ubica en un nivel bajo o muy bajo; 42.4 por ciento, en un nivel medio (medio bajo, medio y medio alto), y 54.4 por ciento, en un nivel alto o muy alto. En la percepción de posición social, 35.3 por ciento se ubica en un nivel bajo; 61.4 por ciento, en un nivel medio, y 3.3 por ciento, en un nivel alto (véase el cuadro 1).
El 60.1 por ciento de los jóvenes se identifica como mestizos, seguido del 21.3 por ciento como blancos, y el 11.6 dijo no conocer cuál es su raza o etnia; mientras 4.4 por ciento se identifica como indígena y el 2.3 por ciento de otra raza o etnia (afrodescendiente, asiático u otro). Se reconocen como heterosexuales el 74.3 por ciento de los jóvenes, como bisexuales el 11.4 por ciento, como homosexuales (lesbiana o gay) el 4.9 por ciento y 9.4 por ciento refirió que tiene otra orientación o se negó a responder. El 55.5 por ciento dijo ser católicos; 33.4 por ciento, ateos, agnósticos o sin religión; 7.7 por ciento, protestantes, y 3.4 por ciento, de otra religión. En el cuadro 1 se mencionan los descriptivos desagregados por país de origen.
Cuadro 1 Resultados descriptivos por país de origen
| México (n=384) | Ecuador (n= 346) | España (n= 207) | ||
|---|---|---|---|---|
| Media (D.E.) | ||||
| Edad | 21.12 (2.60) | 22.93 (3.18) | 23.78 (2.71) | |
| Sexo (mujeres) | 69.8 | 56.6 | 84.5 | |
| Ocupación | Estudiante tiempo completo | 41.1 | 40.2 | 38.2 |
| Estudia y trabaja | 54.7 | 32.1 | 33.3 | |
| Trabaja tiempo completo | 3.4 | 17.9 | 11.1 | |
| No estudia ni trabaja | 0.5 | 4.3 | 11.6 | |
| Otro | 0.3 | 5.5 | 5.8 | |
| Nivel socioeconómico | Muy bajo | 0.3 | 0 | 0 |
| Bajo | 5.5 | 1.7 | 1 | |
| Medio bajo | 6.3 | 4.3 | 4.3 | |
| Medio | 18.5 | 11.8 | 9.7 | |
| Medio alto | 29.9 | 19.7 | 16.4 | |
| Alto | 22.4 | 26.9 | 38.6 | |
| Muy alto | 17.2 | 35.5 | 30 | |
| Posición social percibida | Bajo | 36.7 | 30.4 | 41.1 |
| Medio | 49.7 | 51.1 | 44.4 | |
| Alto | 13.6 | 18.5 | 14.5 | |
| Escolaridad | Primaria | 0.3 | 0.3 | 0.5 |
| Secundaria | 1 | 2.6 | 9.7 | |
| Bachillerato | 40.1 | 50.6 | 26.6 | |
| Licenciatura | 58.3 | 39.3 | 40.1 | |
| Posgrado | 0.3 | 7.2 | 23.2 | |
| Raza o etnia | Indígena | 8.3 | 2 | 1 |
| Mestizo | 58.1 | 93.1 | 8.7 | |
| Blanco | 6.5 | 2.3 | 80.7 | |
| Otro | 2.6 | 2 | 3.3 | |
| No sabe | 24.5 | 0.6 | 6.3 | |
| Orientación sexual | Heterosexual | 76.8 | 80.3 | 59.4 |
| Lesbiana, gay u homosexual | 4.4 | 4 | 7.2 | |
| Bisexual | 7.6 | 8.4 | 23.7 | |
| Algo distinto | 2.6 | 2.3 | 3.4 | |
| No me interesa ese tema | 4.4 | 2 | 1 | |
| No sé | 1.6 | 1.2 | 3.9 | |
| Me niego a contestar | 2.6 | 1.7 | 1.4 | |
| Identidad de género | Hombre | 28.4 | 42.2 | 13 |
| Mujer | 69 | 55.5 | 84.1 | |
| MTF | 0.3 | 0 | 0.5 | |
| Género no conformista | 1.6 | 1.2 | 1.4 | |
| Me niego a contestar | 0.8 | 1.2 | 1 | |
| Religión | Católica | 80.2 | 43.6 | 29.5 |
| Cristiana, evangélica o protestante | 2.6 | 14.5 | 5.8 | |
| Ateo, agnóstico o sin religión | 15.1 | 38.7 | 58.5 | |
| Otro | 2.1 | 3.2 | 6.3 | |
Fuente: elaboración propia.
En lo relativo a la percepción de problemas sociales, los jóvenes de Ecuador y México coinciden en que la inseguridad es el principal problema en el barrio (en México, también en el municipio y la región); mientras en España, tanto en el barrio, el municipio como en la región, el principal problema es el desempleo. En el caso de Ecuador, en el municipio, la región, el país y el mundo, la corrupción obtuvo una mayor frecuencia, problema que comparte con México, en la esfera del país y del mundo, a diferencia de España, donde el principal problema percibido en la nación y el mundo es la pobreza. Problemas como la migración en México, en el barrio, la región, el país y el mundo; la delincuencia organizada en España, en los ámbitos regional, nacional y mundial; y la violencia doméstica, en el barrio y la ciudad; la discriminación en Ecuador, en el barrio y la ciudad (que comparte con México); el deterioro ambiental, en la región, y la violencia doméstica, en las esferas nacional y mundial, son los problemas percibidos con menos frecuencia. El problema identificado como más importante para los jóvenes en Ecuador y en España es el empleo; en tanto, en México, la mayor frecuencia la obtuvieron los problemas de salud mental.
Para saber si hay diferencias significativas en las variables de satisfacción con las condiciones actuales reportadas por los participantes, dependiendo si pertenecen a un país de origen u otro, se realizó un análisis de ANOVA de una vía, tomando como variables dependientes las dimensiones de satisfacción con la vida, el clima emocional percibido, la satisfacción con las condiciones actuales y los problemas de salud mental (CORE 10) reportadas por el participante, y como variable independiente, los grupos por país de México, España y Ecuador.
En el cuadro 2 se resumen los resultados de este análisis; destaca que no hay diferencias significativas entre países en cuanto a la satisfacción con la vida, problemas de salud mental, ni en la satisfacción con las condiciones actuales, en el ámbito comunitario; mientras se refiere un mayor clima emocional positivo en México con respecto de Ecuador y España; un mayor clima emocional negativo en España ante Ecuador y México; mayor satisfacción con las condiciones actuales en el nivel personal y en la escala total en España con respecto de Ecuador y México, y menor satisfacción en Ecuador en comparación con México y España, en esta variable.
Cuadro 2 ANOVA de un factor para las variables de satisfacción con las condiciones actuales con respecto del país de origen
| Estadístico de contraste | Post-hoc | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| F | p | Bonferroni | p | ||
| Satisfacción con la vida | 2.688 | 0.069 | |||
| Ecuador - España | -0.061 | 0.982 | |||
| Ecuador - México | -0.121 | 0.062 | |||
| España - México | -0.060 | 0.962 | |||
| Clima emocional positivo | 11.235 | 0.000 | |||
| Ecuador - España | 0.092 | 0.313 | |||
| Ecuador - México | -.15607** | 0.003 | |||
| España - México | -.24803** | 0.000 | |||
| Clima emocional negativo | 35.609 | 0.000 | |||
| Ecuador - España | -.55854* | 0.000 | |||
| Ecuador - México | 0.046 | 1.000 | |||
| España - México | .60425** | 0.000 | |||
| Satisfacción condiciones actuales (comunidad) | 1.645 | 0.194 | |||
| Ecuador - España | -0.109 | 0.326 | |||
| Ecuador - México | 0.002 | 1.000 | |||
| España - México | 0.111 | 0.284 | |||
| Satisfacción condiciones actuales (personal) | 28.769 | 0.000 | |||
| Ecuador - España | -.38254** | 0.000 | |||
| Ecuador - México | -.19582** | 0.000 | |||
| España - México | .18673** | 0.001 | |||
| Escala de problemas en salud mental CORE10 | 0.281 | 0.755 | |||
| Ecuador - España | -0.060 | 1.000 | |||
| Ecuador - México | 0.005 | 1.000 | |||
| España - México | 0.065 | 1.000 | |||
Notas: ** p< .01; *p<.05.
Fuente: elaboración propia.
Posteriormente se realizó un análisis de ANOVA de una vía tomando como variables dependientes las dimensiones de expectativas de futuro personal y comunitario, así como en la escala total, las expectativas de futuro en problemas sociales e indicadores de bienestar reportados por el participante, y como variable independiente los grupos por país de México, España y Ecuador. En el cuadro 3 se muestran los resultados de este análisis; destaca que no hay diferencias significativas entre países en las expectativas en el nivel personal; en tanto, se refiere mayor expectativa futura en la esfera comunitaria, en el total de la escala y en los indicadores de bienestar en México con respecto de Ecuador y España. Por otra parte, también el grupo de jóvenes mexicanos prevé más problemas sociales con respecto de los jóvenes de España, pero no de Ecuador.
Cuadro 3 ANOVA de un factor para las variables de expectativas de futuro con respecto del país de origen
| Estadístico de contraste | Post-hoc | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| F | p | Bonferroni | p | ||
| Expectativa futura personal | 2.933 | 0.054 | |||
| Ecuador - España | 0.062 | 0.411 | |||
| Ecuador - México | -0.037 | 0.880 | |||
| España - México | -.09960* | 0.047 | |||
| Expectativa futura comunitaria | 29.561 | 0.000 | |||
| Ecuador - España | 0.012 | 1.000 | |||
| Ecuador - México | -.26731** | 0.000 | |||
| España - México | -.27891** | 0.000 | |||
| Expectativas de futuro 5 años problemas sociales | 4.072 | 0.017 | |||
| Ecuador - España | 0.343 | 0.167 | |||
| Ecuador - México | -0.158 | 0.887 | |||
| España - México | -.50124* | 0.013 | |||
| Expectativas de futuro 5 años indicadores progreso y bienestar | 4.783 | 0.009 | |||
| Ecuador - España | 0.008 | 1.000 | |||
| Ecuador - México | -.42206* | 0.018 | |||
| España - México | -.43044* | 0.048 | |||
Notas: ** p< .01; *p<.05.
Fuente: elaboración propia.
Se efectuaron análisis de correlación para las variables orientadas al bienestar personal actual (satisfacción con la vida, clima emocional, satisfacción con las condiciones actuales y la escala de problemas en salud mental CORE 10). Se obtuvieron relaciones estadísticamente significativas según lo esperado, excepto para la variable de clima emocional negativo, que no se relaciona con ninguna otra variable. Los coeficientes de correlación y significancias se mencionan en el cuadro 4.
Cuadro 4 Correlaciones entre ítems y escalas de bienestar y satisfacción
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | |
|---|---|---|---|---|---|
| Satisfacción con la vida | 1 | ||||
| Clima emocional positivo | .191** | 1 | |||
| Clima emocional negativo | .018 | .054 | 1 | ||
| Satisfacción condiciones actuales (comunidad) | .451** | .177** | .078 | 1 | |
| Satisfacción condiciones actuales (personal) | .249** | .252** | -.073 | .360** | 1 |
| Escala de problemas en salud mental CORE 10 | -.297** | -.310** | .044 | -.232** | -.204** |
Notas: ** p< .01; *p<.05.
Fuente: elaboración propia.
Para conocer si las dimensiones de satisfacción con las condiciones actuales tienen relación con las expectativas de futuro de los jóvenes, se hizo un análisis de correlación, cuyos resultados pueden verse en el cuadro 5. De forma esperada, las variables de satisfacción con la vida, clima emocional positivo, satisfacción con condiciones actuales personales y de comunidad, así como la escala total, tuvieron correlaciones positivas y significativas con las expectativas de futuro; mientras el clima emocional negativo y los problemas de salud mental evaluados por el CORE 10 se relacionaron negativamente con aquéllas. Cabe mencionar que el clima emocional negativo sólo se correlacionó de modo negativo con las expectativas en la esfera comunitaria y en la escala total, mas no con las expectativas personales, ni con los indicadores de bienestar, ni con los problemas sociales. Las correlaciones, en general, fueron bajas o moderadas.
Cuadro 5 Correlaciones entre las escalas de satisfacción actual y las expectativas de futuro de los jóvenes (n = 937)
| Expectativa de futuro (personal) | Expectativa de futuro (comunitaria) | Expectativas de futuro, 5 años, problemas sociales | Expectativas de futuro, 5 años, progreso y bienestar | |
|---|---|---|---|---|
| Satisfacción con la vida | .312** | .174** | .108** | .215** |
| Clima emocional positivo | .169** | .297** | .296** | .395** |
| Clima emocional negativo | -.050 | -.165** | -.022 | .046 |
| Satisfacción condiciones actuales (comunidad) | .421** | .077* | .135** | .239** |
| Satisfacción condiciones actuales (personal) | .131** | .409** | .146** | .192** |
| Escala de problemas en salud mental CORE10 | -.300** | -.130** | -.107* | -.208** |
Notas: ** p< .01; *p<.05.
Fuente: elaboración propia.
Si bien los fines de este estudio fueron exploratorios y relacionales, consideramos relevante analizar si podíamos explicar las expectativas de futuro de los jóvenes partiendo de las variables de satisfacción actuales. Para tal fin, se creó una variable dummy para el país de origen, con México como país de referencia. Realizamos un análisis de regresión lineal múltiple con la escala total de expectativas de futuro (personal y comunitaria) como variable dependiente, y el clima emocional positivo, clima emocional negativo, el país de origen y la escala total de satisfacción con las condiciones actuales como variables predictoras. Los resultados se presentan en el cuadro 6. El modelo fue significativo (F4 = 74.57, p = .000), y el valor del R2 ajustado indicó que las variables incluidas predicen el 24 por ciento de la varianza de la variable dependiente. Los estadísticos de colinealidad fueron adecuados mostrando que no existe multicolinealidad entre las variables independientes.
Cuadro 6 Análisis de regresión para la escala de expectativas de futuro como variable dependiente
| Modelo | Coeficientes estandarizados | Estadísticos de colinealidad | |||
|---|---|---|---|---|---|
| Beta | t | p | Tolerance | VIF | |
| (Constante) | 17.472 | .000 | |||
| Clima emocional positivo | .195 | 6.578 | .000 | .921 | 1.086 |
| Clima emocional negativo | -.124 | -4.295 | .000 | .975 | 1.026 |
| País (dummy México) | .174 | 5.999 | .000 | .961 | 1.040 |
| Satisfacción condiciones actuales total | .329 | 11.194 | .000 | .939 | 1.065 |
Fuente: elaboración propia.
Discusión
Los jóvenes se perciben más pobres de lo que son objetivamente. Esto es, en la percepción de posición social se ubicaron, en su mayoría, en una posición social baja o media. En tanto, con indicadores más “objetivos” sobre las condiciones de vida como el índice AMAI se observó que cerca del 40 por ciento en México, dos terceras partes de la muestra de Ecuador y cerca del 70 por ciento de la muestra de jóvenes españoles se ubicaron, con dicho indicador, en un nivel socioeconómico alto o muy alto. Asimismo, se observó mayor porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan en Ecuador (4.3 por ciento) y España (11.6 por ciento) que en México (0.5 por ciento).
Estos resultados coinciden parcialmente con los indicadores objetivos generales reportados por los organismos oficiales y los estudios referidos anteriormente para estas poblaciones. En particular, se aprecia que la percepción de la posición social de la muestra se ajusta más a estos indicadores generales. Conjeturamos que este ajuste se debe a que los jóvenes que formaron parte de la muestra del presente estudio son un grupo con mejores condiciones económicas, pero también son más conscientes de su realidad, pues se trata de una población mayormente escolarizada.
En lo relativo a la autoadscripción racial o étnica de los jóvenes entrevistados, la mayoría de los ecuatorianos se identifican como mestizos (93.1 por ciento) y blancos (2.3 por ciento). En el caso de los mexicanos, más de la mitad se identifica como mestizos (58.1 por ciento) y, en menores proporciones, como blancos (6.5 por ciento) e indígenas (8.3 por ciento). En España, la mayoría se identifica como blanco (80.7 por ciento) y mestizo (8.7 por ciento). Es de destacar que en México el 24.5 por ciento de los participantes declaró que no sabe a qué raza o etnia pertenece, lo que podría abrir el interés en estudios interseccionales y de memoria histórica e identidad étnica.
Asimismo, en algunos estudios (Espinosa y Tapia, 2011; Espinosa, Beramendi y Zubieta, 2015; Cornejo, Arias y Pérez, 2018; Espinosa et al., 2017) se ha confirmado que la identidad étnica, racial, regional o nacional predice el bienestar subjetivo y social. De tal manera, las proporciones de autoidentificación étnica y racial referida por los jóvenes de este estudio pueden ser un factor que explique la percepción de éstos del bienestar y el clima emocional.
Se reporta mayor nivel de escolaridad en España, seguido de México y, después, Ecuador. En México, el mayor porcentaje de jóvenes tiene o está cursando la licenciatura (58 por ciento); en Ecuador, el 50.6 por ciento tiene o está cursando bachillerato, y en España, el 40.1 por ciento tiene licenciatura y 23.2 por ciento tiene posgrado. La suma de los participantes de los tres países que habían concluido la educación media básica alcanza el 90 por ciento.
Aunque la heterosexualidad es predominante en la población estudiada, se reconoce una diversidad creciente entre los jóvenes de los tres países. En España, el 23.7 por ciento declaró tener una orientación bisexual, lo que, en comparación con el 7.6 por ciento de México y el 8.4 por ciento de Ecuador, parece un fenómeno que podría ser investigado desde la interdisciplinaridad con ramas de sexualidad humana.
Estos resultados son consistentes con los reportados por Santoro et al. (2010) en un estudio cualitativo realizado en 2009 con jóvenes españoles, cuyas conclusiones (entre otras) indican que la generación actual transita de un modelo tradicional de sexo, género y sexualidad hacia uno moderno o contemporáneo. Esta transición ocurre, por un lado, en el plano cognitivo y discursivo y, por el otro, en el plano de las prácticas concretas, pero con un desfase, en el que el primero lleva la delantera. Creemos que los resultados de este estudio muestran la avanzada de la transición en el plano del discurso en los contextos mexicano y ecuatoriano. Esto abre una línea de investigación para analizar esta transición generacional en el contexto latinoamericano.
En cuanto al credo, se desdibuja la homogeneidad que caracterizaba a la población de los tres países comparados. Si bien en México el 80.2 por ciento se declaró católico, en los tres países una proporción importante de jóvenes no se identifica con ninguna religión, o son abiertamente ateos. El deterioro de la confianza en las instituciones, y en particular en la Iglesia católica, podría ser un factor que lo explique, lo que plantea la necesidad de profundizar en las causas de este proceso de secularización, laicización, o si se trata de la adopción de otras formas de sacralidad, como lo ha señalado Santiago (2018) en su trabajo “El proceso de secularización. Apuntes sobre el cambio histórico de la religión a la ciencia”.
En lo tocante a los problemas sociales, políticos y económicos percibidos, nuestros resultados coinciden parcialmente con lo mencionado por Tezanos et al. (2009), al menos en el caso de España, donde la pobreza fue referida como el principal problema en la escala de nación y mundo. Sin embargo, se encontraron diferencias importantes entre los problemas percibidos en España y en los dos países de Latinoamérica; el primero más orientado a problemas económicos y Ecuador y México a problemas sociales y políticos como la corrupción y la inseguridad. En futuros estudios se podría profundizar en las posibles causas de estas diferencias, muy presumiblemente relacionadas con las condiciones de vida. Siendo el deterioro ambiental el mayor problema que enfronta la raza humana en la actualidad, llama la atención que sólo un porcentaje muy pequeño de jóvenes lo reconoce como tal (5.8 por ciento en Ecuador, 11.1 por ciento en España y 10.4 por ciento en México).
En los resultados es notorio que, en la evaluación hecha por los jóvenes de los indicadores subjetivos de satisfacción con la vida y las condiciones actuales de la comunidad, no hay diferencias, con independencia del contexto social (México, España y Ecuador), pero que el clima emocional positivo es mayor en México y el clima emocional negativo es mayor en España. El clima emocional es una variable de interés en estudios interculturales (véase Páez, 1996), que podría mediar entre la satisfacción actual y la expectativa de futuro, dado que también se proyectaron expectativas de progreso y bienestar en los jóvenes mexicanos. En general, estos resultados confirman la manera en que las variables contextuales y de dominios cercanos (personales y comunitarios) explican la percepción del bienestar.
Los hallazgos reportados en otros estudios dejan ver que la convivencia en pareja, las relaciones amistosas, el trabajo y la estabilidad en los ingresos son factores que predicen positivamente el bienestar (Gómez et al., 2007).
Asimismo, indicadores como el nivel educativo (más del 90 por ciento de los participantes de los tres países habían concluido la educación media básica), la raza (predominantemente mestiza y blanca), la orientación sexual e identidad de género (mayoritariamente hereterosexual y sexogenérica) y la homogeneidad religiosa muestran que se trata de una población socialmente favorecida y que pertenece a grupos hegemónicos. Estos resultados podrían dar luz sobre algunos fenómenos sociales como el privilegio, ya que, por ejemplo, 37.5 por ciento de la población mundial aún no cuenta con acceso a internet.
Algunas limitaciones del estudio, que podrían considerarse como recomendaciones para estudios futuros, es la obtención de la muestra, que se restringió a los jóvenes internautas de los tres países (Ecuador, España y México) que participaron en la recolección de datos. Por lo tanto, se sugiere invertir en estudios futuros que tengan alcances y diseños orientados a la ampliación de la muestra a jóvenes de otros estratos sociales, así como de otros países de Iberoamérica, de manera que se llegue a la generalización de los resultados. Sin embargo, consideramos que nuestros resultados dan luz sobre fenómenos como la percepción de las condiciones de vida y satisfacciones de los jóvenes con niveles altos de escolaridad y con acceso a internet; asimismo, que, aparentemente, las expectativas positivas sobre el futuro se ven condicionadas por el clima emocional percibido y por la satisfacción con las condiciones actuales.
Los resultados de nuestro estudio, si bien, en su mayoría, son descriptivos, proporcionan indicios para potenciales líneas de investigación e intervención para atender posibles desigualdades y problemas identificados por los jóvenes y, también, para sensibilizar y concientizar sobre problemas más globales como el cambio climático, la migración y la pobreza.
Conclusiones
En este trabajo nos propusimos presentar los resultados del análisis comparativo multidimensional sobre la percepción de jóvenes internautas de 17 a 29 años de edad acerca de sus condiciones de vida y expectativas de futuro entre México, Ecuador y España.
Para el análisis, nos guiamos por las siguientes hipótesis: (1) suponemos que a mayor nivel en las condiciones objetivas de vida y a mejor percepción de condiciones de vida en la actualidad, mejores expectativas de progreso y bienestar en el futuro. Los resultados confirmaron esta relación.
De forma esperada, las variables de satisfacción con la vida, clima emocional positivo, satisfacción con las condiciones actuales personales y de comunidad, así como la escala total, tuvieron correlaciones positivas y significativas con las expectativas de futuro; mientras el clima emocional negativo y los problemas de salud mental evaluados por el CORE 10 se relacionaron negativamente con aquéllas. Cabe mencionar que el clima emocional negativo sólo se correlacionó de modo negativo con las expectativas en el ámbito comunitario y en la escala total, mas no con las expectativas personales, ni con los indicadores de bienestar, ni con problemas sociales. Las correlaciones, en general, fueron bajas o moderadas.
El análisis de regresión lineal múltiple mostró que el clima emocional positivo, el clima emocional negativo, el país de origen (México) y la satisfacción con las condiciones actuales predicen el 24 por ciento de la varianza de las expectativas de futuro en los jóvenes encuestados.
Respecto a la segunda y la tercera hipótesis, acerca de que (2) a mejores condiciones de vida objetivas del país, mejor percepción de condiciones de vida en la actualidad, predicen mejores expectativas de progreso y bienestar en el futuro, y (3) que habría diferencias significativas entre los jóvenes de distintos países en los indicadores propuestos, los resultados muestran que no hay diferencias significativas entre países en la satisfacción con la vida, los problemas de salud mental, ni en la satisfacción con las condiciones actuales en la esfera comunitaria. Pero se encontró un mayor clima emocional positivo en México con respecto de Ecuador y España; un mayor clima emocional negativo en España en comparación con Ecuador y México; mayor satisfacción con las condiciones actuales en el nivel personal y en la escala total en España con respecto de Ecuador y México y menor satisfacción de Ecuador ante México y España.















