INTRODUCCIÓN
El alemán Eduard Spatz y su esposa peruana, Adriana Cárdenas, fueron atacados por un grupo “subversivo”1 la noche de luna llena del 25 de noviembre de 19822 en su casa. Treinta minutos de fuego cruzado y el grupo se retiró. La prensa presentó a la pareja como emblema de la lucha civil contra Sendero Luminoso.3 La organización maoísta tenía en la mira a los Spatz hacía varios años porque poseían tierras y armas de largo alcance. El medio local El Diario,4 la revista nacional Caretas5 y el Miami Herald (E.E.U.U),6 coincidieron en que la principal sospechosa de dirigir el asalto era Augusta La Torre, la líder senderista. La historia se olvidó a inicios de 1983. Mucho después se dijo otra vez en 1990: “uno de los hechos más anunciados de la guerra, percibido en Huanta como ejecución de sentencia antes que como acción militar”7. Eduard Spatz declaró en diferentes oportunidades que en 1977 su sobrina política, Augusta La Torre, le ofreció perdonarle la vida si él le entregaba su colección de armas. Ante su negativa: el ultimátum y la consecuente acción armada contra su hogar.
En 1993 la autora feminista Robin Kirk escribió que La Torre “sería incapaz de atacar a sus propios tíos”.8 Este trabajo demuestra que Spatz era un símbolo prioritario en la estrategia militar de Sendero Luminoso y Augusta La Torre la más probable responsable de su intento de asesinato. Su tía Adriana murió creyéndolo.9
En 2010, la historiadora Jaymie Patricia Heilman sostuvo a propósito del enfrentamiento: “Si algunos miembros dirigentes de Sendero privilegiaron el compromiso político en la organización por sobre la genealogía, ellos dependían al mismo tiempo de sus parientes”.10 Lo que quiere decir que la moral propuesta por la organización era ambivalente, no era rígida. Asimismo, en un estudio más profundo sobre la violencia en Huanta, Heilman agrega que la visita ofrecida por La Torre a Spatz en 1977 fue una “visita política”.11 La Torre advirtió a su tía Adriana Cárdenas que la atacaría lo cual demuestra que el objetivo no era ella precisamente.
Con respecto al período de violencia, el reflejo de los conflictos intrafamiliares en la sociedad es ciertamente objeto de discusión científica actualmente en Perú. Un ejemplo se encuentra en el retrato que de sus padres senderistas, ambos ejecutados extrajudicialmente durante el primer gobierno del expresidente Alan García (1985 - 1990), hace el historiador José Carlos Agüero.12 Pero la comprensión no es conmiseración,13 es lo que resulta de la discrepancia. Por otro lado, en un texto parricida, el novelista Renato Cisneros14 descubre a un antiguo general torturador (su padre) durante el primer gobierno del expresidente Fernando Belaúnde Terry (1980-1985). Es así que la historia de Spatz se contextualiza forzosamente en los discursos de hoy. Más allá del “silencio en casa”15 y los conflictos16 que produce. Fue la cualidad camaleónica de Spatz la que le permitió sobrevivir treinta años en Perú. Primero fue peón y luego agricultor, pero no dejó nunca de ser soldado nazi en su cabeza, con o sin camuflaje. Quizá una analogía con la obra del escritor Lurgio Gavilán17 sería también interesante para observar su versatilidad secuencial. Gavilán exhibe en una corta biografía haber pertenecido a Sendero Luminoso siendo niño. Emboscado por las fuerzas militares, le perdonaron la vida y fue asimilado como soldado. Al cabo de un tiempo Gavilán se retiró del ejército para ser sacerdote. Lo que tampoco le convenció y hoy es antropólogo. Igualmente, Spatz experimentó cambios importantes durante su vida en Perú. Sus transformaciones caracterizan a épocas distintas y evidencian una capacidad de inmersión impresionante.
La primera parte de este trabajo explora a Spatz desde su llegada al Perú entre 1952 y 1953 hasta su huida en 1983. Un joven exsoldado de gran permeabilidad y gracias a ello su respectivo rol social en los andes peruanos. Se trata de la doble identidad de un agricultor fanático.
Spatz escribió una reseña de su vida profesional. Este documento le sirvió para facilitar su retorno definitivo a Alemania. En el documento incluye declaraciones que sirven para el análisis. Su discurso contiene ciertos “gestos de exclusión”18 que lo enfrentan a una población inmersa en un proceso de violencia incipiente. La relevancia de su enfrentamiento armado y la seguida huida del Perú muestran su afán por mostrarse como víctima, lo cual logró.
La segunda parte del artículo analiza su presencia como presunto nazi en Huanta y el reflejo de esta asumida identidad en las acciones y motivaciones de los jefes senderistas. La complejidad intrafamiliar 19 a la que se expuso al beber con sus sobrinos políticos que condujo a la enemistad en la comunidad. La presencia del nuevo cuñado extranjero arroja un cuadro de posesión de tierra y de armas, en una clara búsqueda de relaciones de dominación y de poder local.20
1. LA POSGUERRA Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA VÍCTIMA
Una hoja de vida escrita por Eduard Spatz en 1983 integra el corpus inicial de este trabajo, el cual es necesario para observar su búsqueda de identidad como víctima. Aunque no se conocen imputaciones legales contra él ni su esposa u otros miembros de su familia, la memoria local indica que el asalto contra su casa en 1982 fue un ajuste de cuentas. El semblante de Spatz fue provocador durante su vida en Huanta. Y lo más importante: el Fundo El Carmen, en el cual vivía, era objeto de disputa y celo en la comunidad. Mucho se insistió durante décadas en la ilegitimidad de su propiedad. Esta hoja de vida o autobiografía de tres páginas fue redactada originalmente en alemán para ser dirigida a las autoridades respectivas, las que accedieron al pedido de su autor por una especial protección para él y su familia.
Antes de 1945, la familia Spatz en Alemania poseía un astillero fundado en 1830, el cual se ocupaba de la construcción y reparación de barcos. Una fotografía panorámica (del álbum familiar) y tomada en 1944, muestra a un soldado con un fusil en la espalda a pie del puerto. La empresa familiar habría estado al servicio del Tercer Reich entre 1939 y 1945.21 Al final de la guerra, el puerto aparece bombardeado, pero en seguida retomaron las actividades y lograron convertirse en uno de los más importantes de la región.22
En 1952, Eduard Spatz sostenía una sólida amistad con el peruano Luis La Torre Cárdenas,23 quien vivía en Alemania desde 1939. Ambos decidieron partir juntos a Perú. Luis La Torre propuso a Spatz instalar turbinas en la hacienda de su familia en Iribamba, en la provincia de Huanta (Ayacucho). A su llegada Spatz se unió de inmediato al “Rotary Club de Huanta”, que acogía a los “notables”24 del pueblo. Se casó con Adriana Cárdenas, sobrina de su amigo Luis La Torre y tuvieron cuatro hijos. Pero la ruina económica no tardó en llegar para el clan Cárdenas/La Torre. Spatz encontró mejor suerte en la ciudad de La Oroya en 1959, donde empezó a trabajar en la minera estadounidense Cerro de Pasco Corporation. Testimonios de viejos familiares persisten en afirmar que Spatz era un desertor de la guerra. “No toleró el trato inhumano a los judíos”, se dijo de él durante décadas.25
El 14 de octubre de 1941 el gobierno alemán ordenó que todas las grandes unidades y edificios portuarios debían contribuir a la guerra.26 De esta forma el astillero de los Spatz debió servir al Tercer Reich. En su texto Spatz declara haber trabajado en el astillero hasta 1951, habiendo renunciado y estando “comprometido” con las fuerzas militares estadounidenses de su ciudad natal, mientras que su ciudad pertenecía a la ocupación francesa. Distintas categorías se establecieron en función de los actos cometidos durante la guerra. El “Consejo de control” de 1946 dispuso que todos los mayores de edad debían llenar formularios para definir su grado de implicación. Culpables y no implicados se solidarizaron en una atmósfera de obediencia e ignorancia de las disposiciones de la ocupación estadounidense, conocida bajo el nombre de “proceso de omisión”. Conforme al “servicio militar obligatorio”, como él mismo escribe, Spatz debió estar obligado a responder cuestionarios y tal vez a evitar o esquivar algunos al punto de no hablar en ciertos casos, como en esta autobiografía que redactó en 1983, cuando huyó del Perú. En este sentido, esta falta de detalles sobre sus actividades antes de 1945 responde en igual cualidad al “proceso de omisión”.27 La oficina militar estadounidense centralizó la administración y al personal alemán asociado a partir del 17 de mayo de 1945, de manera que para Spatz, con su experiencia técnica en el astillero de su familia y pese a su corta edad, debió ser más fácil para él unirse a la armada de Estados Unidos en la región concerniente. Incluso si no concordaba con la zona de ocupación.28
En 1959, luego de dejar Iribamba en Ayacucho, Spatz comenzó a trabajar como encargado de seguridad en Cerro de Pasco Corporation, que estaba instalada en La Oroya desde 1922. Ascendió muy rápido. Escribe que siguió cursos de “reducción de costos y de administración para jefes y puestos superiores”, lo que debió valerle el cargo de director general del “Comité de seguridad y Preparación”, por el que fue condecorado. Spatz ocupaba un puesto de confianza y andaba armado durante el trabajo. En 1959 los obreros no extranjeros enfrentaron históricamente a la empresa en una demanda por mejoras laborales. En su narración, Spatz menciona a “altos funcionarios” trabajando con él y sus colegas “en civil”, luego agrega que un primo de su esposa “se encontraba igualmente presente como coronel”, de lo que resulta que el coronel vestía de civil. El arma que llevaba no servía solamente para defenderse de los manifestantes, sino también para defender al coronel Pedro Richter Prada,29 más tarde general del Ejército y primer ministro durante el gobierno del expresidente Francisco Morales Bermúdez (1975 - 1980). Posteriormente, Richter Prada fue acusado y condenado junto a Bermúdez de formar parte del Plan Cóndor30 en Perú.
Spatz afirma haber dejado la minera el 10 de enero de 1963 y vuelto a Alemania porque su padre agonizaba. A su llegada a Europa afirma haber retomado su trabajo con militares estadounidenses. Pero bajo recomendación de su médico renunció para regresar a Perú en 1967, a razón del “estrés causado por conflictos con sus colegas de trabajo”.
En Perú tuvo la “suerte” de retomar directamente su puesto en Cerro de Pasco Corporation. Pero no pasó mucho tiempo y se quedó otra vez sin trabajo. El gobierno militar de Juan Velasco Alvarado nacionalizó la empresa extranjera. La medida estaba acompañada por la famosa Reforma agraria.31 Entonces Spatz volvió a Huanta con su esposa Adriana Cárdenas y ocupó las doce hectáreas de El Carmen32 en la comunidad de Intay.33 Esta ocupación provocó el celo de la población local. El sitio constituía el anhelo de la comunidad para la construcción de una escuela desde 1930.34 A inicios de 1970 eran un blanco fácil: un “chivo expiatorio”35 del discurso “anti feudal”36 de Sendero Luminoso. Un alemán que asumía el rol de gamonal (feudal), presunto veterano e inexplicablemente holgado, porque su negocio de venta de cerdos no le procuraría la comodidad que alardeaba (dinero, armas y tierra).
Efectivamente, en un documento37 emitido por la embajada de Estados Unidos en Lima en 1982, firmado por el embajador de entonces, Frank V. Ortiz38, éste escribe que Spatz debió dejar la minera (Cerro de Pasco Co.) a fines de los sesenta para trabajar en una granja porque el gobierno militar decidió nacionalizarla. Si su vida estuvo amenazada en la minera el peligro continuó al volver a Huanta. Es en este fragmento del texto que su voz narrativa adquiere mayor importancia según la secuencia de sus elementos. Sus recuerdos lo transportan a la minera en la ciudad de La Oroya donde andaba armado en medio de las protestas. En seguida describe su regreso a Huanta en 1969 y agrega que su familia tuvo “mucha mala suerte”, había “sufrido sabotajes”, “un incendio criminal que destruyó las instalaciones y perdimos ganado”, en Huanta, y “mi mujer Adriana perdió un camión en un deslizamiento en el que salvó su vida”. Se puede pensar que lo siguieron de La Oroya a Huanta. Lo más impresionante es que en 1972 la policía de investigación peruana emitió un documento garantizando el honor de Spatz,39 dirigido a las instituciones que fueran necesarias, y sugiriendo un “apoyo directo al ciudadano alemán”. Esto se traduce por una situación de peligro que debe sobrellevarse con el apoyo policial. En efecto, Spatz ya estaba en peligro a inicios de los setenta en El Carmen según este informe. Entonces el enfrentamiento de 1982 no tiene solamente la amenaza de Augusta La Torre de 1977 como causa principal. Volveremos a este documento para explicar probables relaciones de Spatz con otros famosos alemanes en Perú y acusados de ser nazis entre los años sesenta y setenta.
Según Spatz, los atacantes de 1982 eran una “horda, una banda de extremistas encapuchados, gritando viva la revolución, viva Mao”,40 características que suponen que se trataba de Sendero Luminoso. Entre los detalles que menciona sobre la noche del enfrentamiento, dice que los guardias bebían al exterior y sus hijos no estaban en la casa. Además, declara que siempre fue un “fanático alemán que ha hecho mucho honor a Alemania en el extranjero”. Prueba de su patriotismo, de su alto grado de nacionalismo. Es cierto que tenía una reputación positiva en la comunidad alemana en Perú.
El 22 de diciembre de 1982 dos documentos importantes fueron emitidos el mismo día para beneficiar a Spatz. Uno fue emitido por el embajador alemán en Lima, Hans-Joachim Hille, mientras que el otro por Frank V. Ortiz, embajador de Estados Unidos, también en Lima.41
El embajador Hille escribe: “Eduard Spatz es conocido por la embajada hace varios años por sus actividades administrativas y sociales, su notoriedad y su buena reputación. La embajada aprueba su asistencia”.42 Esta ayuda se sitúa en el contexto del enfrentamiento y apela apoyo administrativo que la víctima necesita para dejar el país lo más rápido posible.
Por su parte, en tres breves párrafos recomendando el profesionalismo del alemán “a quien corresponda”, el embajador Ortiz describe las “circunstancias inhabituales en las cuales Spatz deja el Perú”. Insiste igualmente sobre el hecho de que Spatz trabajaba para la minera Cerro de Pasco Corporation y, como lo publicó el Miami Herald, “una banda de terroristas le ha causado pérdidas y es por eso que deja el país”. Ortiz declara asimismo que Spatz ha trabajado para la “US Army” en Alemania y “le gustaría volver a hacerlo y no veo ninguna razón que impida su excelente desempeño”. En el mismo texto, Ortiz afirma que los hechos de violencia son penosos para un extranjero. A su regreso en Alemania, Spatz trabajó para Estados Unidos. La recomendación de Ortiz fue efectiva. ¿Qué más justificaba la recomendación estadounidense en beneficio de un agricultor alemán?
Ambos embajadores escribieron el mismo día que la notoriedad del enfrentamiento entre Spatz y sus atacantes en la prensa ponía en peligro a su familia. El detalle en la carta de Hille es el error en la fecha del enfrentamiento: 26 de noviembre. Pudo dejarse llevar por lo publicado en la prensa simplemente. La coincidencia en la fecha de emisión de ambos documentos arroja que en efecto todavía hay que investigar la relevancia de Spatz en Perú.
Más adelante, en 1988, el Servicio de Información de Defensa del Perú emitió un documento confidencial43 indicando que en los días que siguieron al enfrentamiento de 1982 una “lista negra” circulaba entre los miembros de Sendero Luminoso. Eduard Spatz a la cabeza. En 1988 Adriana Cárdenas volvió a Perú para visitar a su familia y la policía le advirtió del peligro. El oficial responsable redactó lo previsible. Ella y su esposo aún estaban en la “lista negra”.44 Buscados para ser eliminados “igualmente fuera del Perú”.45 En 1989 la pareja firmó un testimonio46 para presentarlo a las autoridades en Alemania. Declararon que fueron amenazados en abril de 1987 y en mayo de 1988 durante su residencia en Europa y que debieron mudarse varias veces. Desde su partida del Perú en 1983 enfrentaron tribunales de ayuda social con respecto a las deudas por los pasajes aéreos y los gastos de hospitalización de su hijo mayor. La pareja responsabilizaba a la administración de justicia alemana por el grave estado de salud en el que se encontraba. Esta historia también es prueba de las intenciones concretas de Sendero Luminoso en Europa.
Al final de la narración en su hoja de vida, Spatz se culpabiliza de la agresión de la que fue víctima su hijo el 25 de mayo de 1983.47 “Casi ha perdido ambas piernas por culpa de su padre alemán”. Su hijo L.E. contrasta: “en el mercado le decían a mi madre que estábamos vigilados, no podíamos vivir así. Hemos vivido así toda la vida. No nos querían porque mi padre era extranjero”.48 Una vez reinstalado en Alemania en 1983, Spatz tuvo nuevos problemas con sus colegas, “respuestas negativas de políticos y de órganos administrativos que me enfermaron de estrés”. A tal punto que se sometió a una “reanimación” en 1985.
¿Otras posibles relaciones?
¿Pudo Eduard Spatz relacionarse de casualidad con el nazi Federico Schwend, quien vivió en Perú entre 1947 y 1975?, ¿o quizá con Klaus Barbie, quien vivió en Bolivia bajo el nombre de Klaus Altman durante la guerra fría y pasó por Lima a fines de 1972? Respecto a Schwend:
El documento OI-390044818-A emitido por la Policía de Investigaciones del Perú el 21 de marzo de 1972 indica que “las autoridades políticas y policiales deben proporcionarle todo tipo de apoyo” (a Eduard Spatz) en calidad de “persona honorable y virtuosa de confianza moral”. Así es, 1972 fue un año de otras coincidencias.
El 31 de diciembre de 1971 el exitoso empresario peruano, Luis Banchero Rossi, dedicado a la industria de harina de pescado, fue asesinado en su casa en Lima. El escandaloso crimen obligó al juez peruano, José Antonio Santos Chichizola, a detener en su domicilio en Lima a inicios de marzo de 1972 al ciudadano alemán Federico Schwend, de quien no se dudaba que había llegado al Perú luego de la Segunda Guerra Mundial. Y de quien se sabía que tenía influencia en la clase política y militar peruana aun manteniendo el pensamiento nacional socialista de la derrotada Alemania.
En una amplia investigación dedicada a observar la vida de F. Schwend en Perú desde su llegada en 1947 hasta su expulsión en 1975, los autores Carlos Maza y Felipe Burnstein divulgan relaciones impresionantes.49 La más espectacular es la que Schwend mantuvo con Klaus Altman (Barbie), prófugo de la justicia de posguerra quien vivió en Bolivia hasta inicios de 1983. De acuerdo a los archivos del propio Schwend confiscados por la justicia peruana y actualmente puestos a disposición en el Instituto de Investigaciones Sociales de Hamburgo, Barbie se reunió con Schwend en Lima días antes del asesinato de Banchero Rossi. Caretas ya había publicado fotografías de Barbie en Lima, apenas después de que periodistas franceses fueran a buscarlo a La Paz cuando la denuncia internacional en su contra estaba establecida.
Según los documentos analizados en su trabajo, Maza y Burnstein sostienen que la presencia de Barbie en Lima tenía sentido en función del tráfico de armas que mantenía con Schwend y particularmente de algunas escondidas y repartidas en Perú y Bolivia entre 1965 y 1970. Schwend y Barbie habrían intentado extorsionar a Banchero Rossi y éste buscaba delatar la verdadera identidad de Altman: Barbie. De allí la voz de alarma internacional y de la cazadora de nazis Beate Clarzfeld, quien viajó a Sudamérica e inició su cacería contra Altman/Barbie oficialmente el 1 de marzo de 1972. La pregunta previa es cómo Schwend logró obtener la protección de la policía peruana desde inicios de 1960. ¿Es probable que un producto de esas relaciones lo constituya el documento emitido para proteger a Spatz el 21 de marzo de 1972?
Tal como lo sustentan los autores Maza y Burnstein la protección de ciertos elementos ocultos ofrecía una “justificación política” en el “combate contra la subversión” en Perú. De lo que se puede pensar que la presencia de Spatz en Ayacucho fue importante para observar grupos que potencialmente se preparaban para procesos de insurrección. El grupo de su sobrina Augusta para empezar. La presencia de Spatz, armado con metralletas en Ayacucho, ¿habría pasado desapercibida por Schwend? Y sobre una posible relación con Altman/Barbie, solo hay que recordar que éste fue extraditado a Francia en febrero de 1983. El mismo momento en el que Spatz salió del Perú directo a Frankfurt y escoltado por el servicio secreto tal como él mismo declara.
2. SPATZ Y SENDERO LUMINOSO
Otros procesos de posguerra en el mundo también han tenido personajes que han exacerbado o inventado elementos en su trayectoria. Al punto de demostrar el poder de la memoria individual y colectiva en períodos de búsqueda de historias. Por ejemplo, en España el sindicalista Enric Marco50 fingió ser un soldado republicano y al mismo tiempo sobreviviente de la Shoah, buscando inmortalidad. Una comparación entre Marco y Spatz arroja que, en razón de su posición privilegiada, cada cosa que uno diga de sí mismo brindará a la historiografía del conflicto respectivo su acento ineludible. Por su parte, todo evento que pudo generar una confrontación armada en el período inicial del conflicto en Perú (1980 - 1982) fue preponderante para el futuro cuento de los hechos.
Desde mi perspectiva, develar a los ancestros resulta inevitable, podría decirlo también el historiador Javier Cercas, en El monarca de las tinieblas (2017) cuando descubre a un familiar franquista, quien le da vergüenza, sin que ésta impida la publicación de su historia. Este tipo de vergüenza al momento de publicar sobre su propia familia ha sido desarrollado también por la periodista Geraldine Schwarz. La autora alemana se interesa por los Mitläufer, la última de cuatro categorías de incriminación de la población por los nazis durante la guerra. Los Mitläufer, además de aprovecharse de manera pasiva de determinadas situaciones, pretendían no ver ni saber nada sobre los crímenes. En su obra, Schwarz escribe sobre la responsabilidad de la que hizo parte su familia al responder a esta categoría. Situación por la cual ella misma siente vergüenza de denunciar a su abuelo.51
La ciudad natal de Spatz, Speyer, pertenece a la antigua zona de ocupación francesa después de la guerra, con menor presencia que las otras zonas de ocupación. Como lo subraya incluso Schwarz, los franceses eran igualmente conocidos por acusar a todos los alemanes “sin hacer distinción entre ellos y sus responsabilidades individuales”. Aparte, hubo procesos a industriales en la zona americana, los que se reprodujeron en la zona francesa. Había igualmente indemnizaciones para las empresas bombardeadas por los aliados, lo que ubica al astillero de los Spatz en una doble posición. Schwarz muestra claramente que la sociedad alemana en general, lejos de aceptar el genocidio, era más entusiasta por el nacional-socialismo que por la posición antisemita y la imagen de Hitler como respuesta paternalista a sus emociones. Pero, ¿por qué el hecho de observar la trayectoria de Spatz es importante para comprender el conflicto armado interno en Perú? Es su autoproducción como víctima de la posguerra en su país la que movilizó al Perú aun siendo un extranjero solitario al extremo del orgullo nazi. Probablemente pretendió ser el soldado que dejó de ser en su país o aquél que no llegó a ser. Su semblante (botas militares y pistola al cinto) quizá lo delataba.
Para observar esta permeabilidad civil el concepto de “ciudadano macho”, introducido por la antropóloga Caroline Yezer52 propone una mirada basada en la masculinidad de las rondas campesinas en una comunidad determinada de Ayacucho. En el contexto de la ausencia del Estado al inicio de los años 1980, Yezer afirma que en Wiracocha (seudónimo de la comunidad) los pobladores encontraron seguridad e incluso el orgullo en su cooperación con los militares y que “los hombres comenzaron a ponerse machos”. Existe de esta forma un nexo entre la militarización, la ciudadanía y la virilidad. Comprometerse con la armada significaba un medio de reivindicar los derechos familiares. No hay duda de que Spatz bebió con sus amigos policías durante las noches de toque de queda, igualmente para proteger a su familia. Bien que la modelización nacional de “ciudadano-macho” que propone Yezer incluye a los miembros de las rondas, resulta legítimo movilizarlo a Spatz, no para justificar su influencia, sino para constatar que esta noción fue muy itinerante en un valle copado de familias armadas. Spatz se adhirió a la identidad de gamonal tanto como a la de nazi. Estaba solo. Un extranjero blanco en un lugar de mayoría indígena. Se tallaba a sí mismo.
Otra comparación puede ayudarnos a comprender el comportamiento de Spatz. Por ejemplo, el obtenido por el heroico “Zorro”,53 un antiguo jefe de rondas campesinas que enfrentó a Sendero Luminoso y al igual que Spatz, venció a su turno en determinados enfrentamientos. La verdad oficial les brindó el heroísmo. En el caso del “Zorro” su fin fue brutal: sumergido en excrementos y castrado. ¿Qué le hubieran hecho a Spatz? Uno de sus antiguos empleados, “Genaro”, me declaró que lo querían crucificar.54 Una cuestión pone asimismo mayor peso a esta comparación. Quienes hicieron eso al “Zorro” no podían prever que él se convertiría en mártir. Para Spatz se trata de la estrategia identitaria de un alemán que se instaló en los andes y amuralló su casa con cráneos humanos para evitar que cualquiera se acerque. Excepto policías y soldados que venían los fines de semana a comer frejoles con carne de algún burro que asomó el perímetro. Fuentes locales en Huanta declaran que los cráneos eran saqueados de cuevas prehispánicas no estudiadas y ubicadas en la zona.
¿Qué importa entonces que Spatz haya sido un “verdadero” nazi, como decían de él durante su vida en Perú, si la población lo creyó? La presunción es suficiente. Es allí donde se encuentran los límites innecesarios. El historiador José Luis Rénique explica lo plausible de la dependencia entre conjetura y realidad: “El reto es saber cómo insertar esta variedad de exploraciones que permiten recuperar ángulos inéditos de la experiencia humana en su debido contexto histórico, cómo capturar la intensidad de las memorias sin sacrificar criterios de historicidad”.55
La posición de Spatz vuelve la atención a ciertos fenómenos exógenos como la Guerra Fría al punto de estimular procesos endógenos como el conflicto armado interno en Perú. Para Spatz, Huanta era su guerra chica, el escenario donde actuaba como nazi. Bajo “componentes sincréticos”, como dice Réni- que. ¿Y si hubiera prueba de que alguien murió el día del enfrentamiento del 25 de noviembre de 1982 cuál sería el estatus de la víctima de una víctima oficial?
El silencio de los vencidos: la estrategia militar de Sendero Luminoso y sus muertos no habidos
Los testimonios recogidos luego del enfrentamiento afirman haber encontrado sangre y dedos en las proximidades de la casa de Spatz a la mañana siguiente. De personas heridas o de muertos jamás conocidos. Silencio o no, visibiliza lo indecible de sus actores. ¿Por qué en verdad se retiraron? Contrariamente a la “voluntad de triunfo”,56 una manifestación común de los grupos subversivos. ¿Inexperiencia?, ¿conflicto de emociones familiares? El antropólogo José Coronel está persuadido que la acción fue una “estrategia comunitaria” que Spatz esperaba y que la recepción de la historia en la prensa generó un resentimiento suplementario en la comunidad.57
La “transmisión generacional”58 de sentimientos de venganza es igualmente bien estudiada por el antropólogo Carlos Iván Degregori. Las primeras acciones contra los propietarios de fundos se registraron en Huanta a partir de 196359, lo que no absuelve a Spatz, quien en 1962 ya vivía en Iribamba y en 1967 se instaló en “El Carmen”, ya perseguido desde La Oroya. Un testimonio60 escrito en poca empatía con él declara a propósito del enfrentamiento de 1982: “el alemán se dio el placer de matar tres de sus agresores, que fueron llevados luego al cementerio”. Con o sin la población, es claro que Sendero Luminoso dirigió la acción, dejando la responsabilidad histórica al pueblo. El silencio es inevitable. Refiriéndose a una acción armada contra otro fundo igualmente en 1982 y con las mismas características de enfrentar al gamonal, el historiador Igue Tamaki define este silencio posterior como una reacción “sintomática”61 de la población contra sus enemigos.
¿Quién escoge ser sospechoso de terrorismo? ¿No es el miedo producido por las categorías el que disimula las verdades y las entierra? Un silencio producido por la composición de una hegemonía aterradora. Un silencio que beneficia el miedo impuesto por una verdad oficial. En ese sentido, otro concepto desarrollado por la antropóloga Kimberly Theidon puede ser aplicado para definir a la víctima de una víctima: “democracia disyuntiva” o “memoria marginalizada”.62 ¿Cómo puede concebirse a una víctima oficial (Spatz) sin que las víctimas potenciales del enfrentamiento ocupen una posición o categoría? En efecto, es la subalternidad que juega un rol dominante en el período actual de la posguerra en Perú.
Enemigos totales
Eduard Spatz llegó al Perú a inicios de 1950 en medio de un proceso de victimización frente a la derrota de su país en la Segunda Guerra Mundial. Mucho más tarde, Augusta La Torre asumió el rol de su enemiga, enfrentándolo con armas tal como ella misma lo había previsto. ¿Se puede aplicar la noción de víctima - victimario para explicar cierta correspondencia entre los roles de ambos personajes? El sociólogo Iván Orozco63 afirma que en América Latina el caso más cercano al ideal de victimización recíproca es el de la guerra entre el Estado peruano y Sendero Luminoso. Existen situaciones muy específicas de victimización en el seno del conflicto peruano. Algunas que escapan a la categorización de sus actores. Entre Sendero Luminoso y la población, por ejemplo. O entre una fuerza mixta: de Sendero Luminoso y la población. En el caso de esta historia se trata de una fuerza mixta contra un núcleo familiar con un padre de familia de identidad muy ambivalente, de carrera militar extranjera disfrazado de agricultor migrante.
Según Orozco la victimización es posible en dos sentidos. Vertical: por ejemplo, en el cuadro de las ocupaciones aliadas luego de la Segunda Guerra Mundial en Alemania cuando la justicia era unidireccional. Y horizontal: cuando existe un conflicto entre dos partes en la que una ejerce una dominación en función del resultado de una batalla. En razón de las características de la relación entre Eduard Spatz y Augusta La Torre la influencia parece ser horizontal.
“La justa causa de la venganza es, a fin de cuentas, un gran relativizador del valor de la vida humana. Es el honor de la venganza”, no niega Orozco, “bien que rechazarla es una más grande obra de nobleza”, subraya igualmente. Para Augusta La Torre emboscar a Spatz fue una venganza reivindicativa en la cual ella y su grupo se sentían víctimas de él: el victimario. Mientras no hay distinción entre combatientes y no combatientes los ciclos de venganza se alimentan y benefician los espejos de los vengadores. ¿Cuál es la identidad militante y en seguida combatiente de Spatz sino es la de un nazi cazador de comunistas que debían morir? ¿Es un verdadero héroe del conflicto armado interno en Perú por haber vencido terroristas? De la teorización a la realidad concreta en Huanta, ambos militantes y combatientes sin mayor distinción se formaron de acuerdo a roles de guerra que persiguieron con obsesión. De acuerdo a modelos establecidos en el globo fueron detrás de una posición de poder. Desenfundaron desde desayunos familiares de agresivas discusiones intelectuales y así creció la ira hasta arrellanar el fusil.
Orozco expone que no existe una idea precisa para identificar las condiciones sociales en las cuales una víctima no paralizada se convierte en vengador. En los andes peruanos, en respuesta, un cazador experimentado no se paralizó y se convirtió en vengador en beneficio de la literatura hegemónica de un conflicto que necesitaba héroes. La auto producción de Spatz fue posible en función de influencias exógenas iniciales de una guerra mundial y su seguida guerra fría. De esta forma y continuando con la lectura de Orozco, tres son los elementos necesarios para un argumento suplementario a esta relación de víctima - victimario de manera general. Primero: la ausencia del Estado, lo que genera la sed de venganza en una comunidad pequeña. Segundo: la existencia de una cultura fundada sobre la sobrestimación del valor del honor personal y familiar, es decir que los clanes familiares hacían lo que querían en razón de la ausencia del Estado justamente. Y tercero: la presencia de armas en el hogar. Estos tres elementos se reprodujeron milimétricamente en Huanta. Esto comprueba la cientificidad del odio entre un militante (La Torre) y el otro combatiente (Spatz) y lo que su batalla en el tiempo significa para explicar el surgimiento de Sendero Luminoso como fenómeno social. La Torre era una comunista en toda su determinación y Spatz un nacional-socialista en igual medida. Una zona gris da inicio una vez que la confrontación entre ambos se consolida: el ataque contra Spatz y su “traslación cronológica y contextual”.64 Una situación de doble espejo en la que cada uno cambia de rol en determinado momento. Es tal vez lo único que el alemán necesitaba para regresar a Alemania y observar la caída de un muro que lo tuvo prisionero durante treinta años. Y qué mayor comprobación de intercambio de roles con respecto a su sobrina Augusta si ella misma asumió su alias combatiente: la muy conocida “camarada Nora”. Spatz fue la “cuota”65 de La Torre, y ella fracasó; juntos encendieron una de las primeras llamas de la guerra.
CONCLUSIÓN
No solo la fotografía en la que se le ve uniformado a los 14 años con un punto de tinta negra que le esconde el codo donde debía llevar la esvástica nazi lo delata. Lo delata incluso la posibilidad de que detrás de ese punto de tinta no haya habido ninguna esvástica y que luego durante su vida en Perú sí la haya honrado para defenderse. Lo delata su solo anhelo de que pensáramos que sí fue nazi.
En 2023, el gobierno alemán respondió a la solicitud de información que uno de los hijos de Eduard Spatz presentó para conocer un poco más a su padre. Una ficha de ingreso y de salida de la Wehrmacht (institución militar durante la guerra) en 1944 comprueba su formación como constructor naval. Su salida fue en 1948. Entre otras mentiras, jamás desertó.
El enfrentamiento de los esposos Eduard Spatz y Adriana Cárdenas, sin muertos declarados, es el producto de una “guerra no convencional y solitaria de pocos contra muchos”.66 Asimismo el enfrentamiento de 1982 generó un silencio en la memoria colectiva de la comunidad, pese que al recordarse se juzga la ilegitimidad de los Spatz como propietarios del fundo El Carmen. A principios de los años noventa la casa se convirtió finalmente en la escuela planeada desde principios de siglo. Sendero Luminoso quiso asesinar a Spatz también para culminar con una negociación de armas que un día empezó entre discusiones familiares de política. Con la lectura de este hecho, las nociones de combatiente y de militante se vuelven explícitas. ¿Leyó Spatz manuales estadounidenses de contra insurrección publicados en los años sesenta? De ser así, probablemente uno le produjo mayor atención: Guerrilla, de Charles W. Thayer. De acuerdo a esta lectura, Spatz contestó el argumento según el cual un militar posee mayor ventaja que un guerrillero y comprendió bien que “el talón de Aquiles de un guerrillero es su familia y sus bienes”. Augusta La Torre previno a su tía Adriana que la atacaría. De esta forma La Torre desobedeció a su organización.
¿Y cómo se procuró Spatz ciertos manuales? Sus relaciones de amistad. Su presunción de identidad nazi fue quizá halagadora para policías y militares peruanos y extranjeros. Real y sicoanalítica, “doble función”, “fantasmal”, “inadaptada” y temeroso de ser “devorado”.67 ¿Por qué no se ha escrito realmente sobre Spatz? Supo cómo esconderse, siguió siendo protegido. Transportó armas, ideas y decisiones.
Por su parte, Sendero Luminoso no asumió el fracaso de una acción tan premeditada. Al retirarse del enfrentamiento con los Spatz se llevaron los cuerpos heridos, quizá a muerte, pero no fue suficiente. No bastó con recogerlos sobre los hombros. Encubrir los resultados de la acción fallida equivale tanto como abandonar a sus compañeros e impregnarlos a ellos y a sus familias del silencio. Además de excluirlos de una verdad oficial que no los reconoció.
En una autobiografía Spatz brinda el resumen preciso de un agente secreto que vivió en los Andes, observando y defendiéndose de comunistas durante la guerra fría. A partir del enfrentamiento, la herencia inmaterial familiar se quebró para siempre, en silencio y negación. Los descendientes directos de un nazi y los hijos directos del posconflicto en Perú, depositarios de esta simbiosis entre la guerra fría y una de las más violentas insurrecciones en América del Sur.















