25 49Eva Duarte y sus representaciones en el peronismo a comienzos de la década de 1960 en ArgentinaAlejandro Rodríguez Mayoral, La vida cotidiana entre los zapatistas 1910-1920. México: Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa/ Ediciones del Lirio, 2021, Biblioteca de Signos núm. 92, 396 p. 
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Signos históricos

 ISSN 1665-4420

Sig. his vol.25 no.49 México ene./jun. 2023   13--2025

https://doi.org/10.24275/shis.v25n49.15 

Análisis de fuentes

Del estante del Museo Nacional a la biblioteca privada: el libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco (1551-1587)

From the shelf of the National Museum to the private library: The Charge and Discharge Book of the Imperial College of Tlatelolco (1551-1587)

Javier Eduardo Ramírez-López1 
http://orcid.org/0000-0003-0777-2989

1El Colegio de México, jeramirez@colmex.mx


Resumen:

En este acercamiento al Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco muestro la historia y travesía de un manuscrito que se dio a conocer en el siglo xix y después fue sustraído de los estantes del Museo Nacional. A finales del siglo xx, el documento reapareció y trató de venderse, ante lo cual se conserva una fotocopia del mismo que permite estudiar las finanzas del proyecto educativo del Imperial Colegio de Tlatelolco de 1551 a 1587.

Palabras clave: franciscanos; educación; manuscrito perdido; Fray Bernardino de Sahagún; Archivos de Nueva España

Abstract:

In this approach to the Charge and Discharge Book of the Imperial College of Tlatelolco, I show the history and journey of a manuscript that became known in the 19th century and was later stolen from the shelves of the National Museum. It was at the end of the 20th century when the document reappeared and tried to be sold, so a photocopy of it is preserved, which allows us to study the finances of the educational project of the Imperial College of Tlatelolco from 1551 to 1587.

Keywords: Franciscans; education; lost manuscript; Fray Bernardino de Sahagún; New Spain Archives

Para Miguel León-Portilla, in memoriam.1

El bibliógrafo y editor Joaquín García Icazbalceta, en la edición del segundo tomo del Códice Mendieta, publicado en 1892, señaló que en el Museo Nacional se conservaba un manuscrito original referente a las finanzas del Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y lo bautizó con el nombre de Códice de Tlatelolco.2 García Icazbalceta, debido a la importancia de la documentación contenida en el manuscrito, hizo una selección y publicó la transcripción de las primeras fojas: las mercedes del virrey Antonio de Mendoza en las que otorgó ciertas caballerías de tierra para la manutención del recinto, así como algunos extractos de las cuentas y los inventarios de los libros existentes en la biblioteca para 1572, 1574 y 1582.

Según García Icazbalceta, el manuscrito sería útil “para ilustrar la historia del Colegio”. Sin embargo, desde 1892 no se conoce el paradero del códice; asimismo, se desconoce en qué año lo consultó el editor y cuándo desapareció de los estantes del Museo Nacional, para tener un derrotero entre libreros y bibliófilos. Por ello, en este análisis de fuentes haré un breve acercamiento al manuscrito y su historia, puesto que próximamente se publicará la paleografía completa, la cual estará acompañada de un estudio introductorio más detallado.

Tal como lo matizó el célebre bibliógrafo mexicano, dicho manuscrito permite reconstruir las finanzas, vida cotidiana, mejoras materiales en el recinto, adquisiciones de libros, relación de los frailes con los libreros, así como el decaimiento del colegio de educación superior más antiguo de América, uno de los grandes proyectos educativos de la orden franciscana. Por ello, el presente documento tiene la finalidad de acercarnos al manuscrito que García Icazbalceta publicó parcialmente en 1892. Es importante mencionar que, en lugar de llamarlo Códice de Tlatelolco, se tomó la decisión de denominarlo por lo que es: Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco (1551-1587). Esto se debe a que el nombre de Códice de Tlatelolco se ha usado en la historiografía para referirse a una pictografía de tradición mesoamericana3 que se conserva en la bóveda de seguridad de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado.4

En esta sintonía, este primer acercamiento se divide en tres apartados. En el primero, me referiré a los documentos del Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco que se custodiaban entre los estantes del Convento de San Francisco de México desde mediados del siglo xviii. La segunda sección tratará la historiografía en torno al Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco y su importancia para los estudios de la educación en la Nueva España. Por último, se hará el análisis de una anécdota referente a que Pedro Cuadrado, mayordomo del colegio, no pudo encontrar la “cédula” en la que fray Bernardino de Sahagún autorizaba el dinero para adquirir dos libros, lo cual permite conocer la fiscalización de la institución.

En este punto, es importante precisar que, para el siglo xix, los bibliófilos e historiadores llamaban códice a ciertos manuscritos de gran importancia y trascendencia histórica elaborados durante el periodo de la dominación española en la Nueva España, los cuales no contenían escritura pictográfica mesoamericana. Ejemplos de esto son: el Códice Franciscano, el cual contiene una relación de los conventos de la época del visitador Ovando, así como distintas cartas y memoriales;5 el Códice Mendieta, una compilación de copias de misivas de los franciscanos al rey de España que realizó fray Juan de Torquemada;6 el Códice Oroz, una miscelánea compilada por fray Antonio de la Rosa Figueroa, con una Relación de la descripción de la Provincia del Santo Evangelio, de 1585, y varias cartas de los religiosos,7 así como el Códice del Libro de oro y tesoro indico, una copia temprana de varias crónicas sobre los indios de la Nueva España,8 tan sólo por mencionar algunos ejemplos.

En la actual historiografía se ha empleado el término códice para referirse a documentos pictográficos de tradición mesoamericana que se elaboraron antes y después de la llegada de los españoles,9 los cuales son piezas únicas. Además, la Real Academia de la Lengua lo define como un manuscrito confeccionado antes de la invención de la imprenta.

Es así como los documentos mesoamericanos han sido nombrados como códices. Sin embargo, en algunos casos, las obras han sido rebautizadas, y en otras se han conservado los nombres impuestos en el siglo pasado. Por ejemplo, el Códice Grolier, de cuya autenticidad se dudó por muchos años, y fue hasta fechas recientes que diversos estudios demostraron que era el códice más antiguo conservado en México y se le cambió el nombre por Códice Maya de México.10

Un segundo caso fue la reaparición de los dos manuscritos originales de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y uno de Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin, los cuales se encontraban bajo resguardo de la Biblioteca de la Universidad de Cambridge y fueron puestos a la venta pública por su dueño, la British and Foreign Bible Society, en 2014.11 Fue en ese año cuando el gobierno mexicano los adquirió y los puso a resguardo de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. Sin embargo, varios años antes, Arthur J. O. Anderson y Susan Schroeder (1997) publicaron el tercer volumen de la colección de obras históricas y lo bautizaron con el nombre de Codex Chimalpahin.12 Como resultado, a los tres manuscritos se les denominó Códice Chimalpahin, lo cual es un desacierto, pues Chimalpahin es uno de los autores, mas no el compilador de los tres manuscritos.

Entonces, tomando estos dos casos, y puesto que no es conocido el manuscrito aquí estudiado, porque sólo García Icazbalceta y Alfredo Chavero tuvieron acceso a él en el siglo xix -como ya se mencionó-, considero que se debe emplear el nombre correcto y más cercano. Así, en este análisis de fuentes, en lugar de denominarlo Códice de Tlatelolco, se le llamará Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco.

En esta sintonía, fue en 2015 cuando tuve noticias de la existencia de la única fotocopia del Libro, pues un destacado académico tuvo la gentileza de mencionarla en alguna de las pláticas que tuvimos con monseñor Juan Manuel Mancilla Sánchez, en la Casa Episcopal de Texcoco, debido a que para esos años estaba trabajando en el proceso constructivo del Convento de San Antonio de Tezcoco, mediante el análisis de los libros de cargo y data.13

Años después, resultado de mis investigaciones referentes a la venta de documentos mexicanos en Morton Subastas y Swann Galleries, así como de mis estudios de la trayectoria, composición y dispersión del Códice Cardona en 2020,14 nuevamente salió el tema del Libro. En esta ocasión, la viuda del destacado académico tuvo la gentileza de proporcionarme una copia del manuscrito, con la finalidad de que lo estudiara y publicara, por lo cual se pudo cotejar ambos ejemplares y así proceder a la paleografía. Dicha empresa no fue tarea fácil, pues, desde el siglo xviii, había varias páginas que tienen una escritura complicada y no era posible leerlas; sin embargo, con el apoyo de la paleógrafa Mercedes Ortega Cástulo se pudo transcribir todo el manuscrito.

LA DISPERSIÓN DE LOS DOCUMENTOS DEL IMPERIAL COLEGIO DE TLATELOLCO: ALGUNOS APUNTES

Fue fray Francisco Antonio de la Rosa Figueroa quien diseñó, a mediados del siglo xviii, un proyecto archivístico y bibliotecario sin precedentes en la historia de la orden franciscana establecida en la Nueva España desde 1523. A diferencia de sus coetáneos intelectuales novohispanos, este personaje no escribió sus textos para una discusión directa con intelectuales del Viejo Mundo, sino para distintos públicos. Por un lado, para los arzobispos, con sus políticas antilingüísticas de los idiomas de los indios.15 Por el otro, sus grandes obras: el Bezerro menológico, el Bezerro inventarial y el Diccionario bibliographico estuvieron dirigidas a sus hermanos franciscanos, al pensar que serían herramientas útiles durante los grandes procesos de secularización que sufrió la orden en el siglo xviii, probablemente, como monumental enciclopedia de los méritos y servicios de los franciscanos en la Nueva España.

En este sentido, fray De la Rosa Figueroa modificó la estructura de historiar a la orden, pues, para él, ya no era importante la edad dorada de la evangelización y, por lo tanto, mostrar a la Corona española que los franciscanos fueron quienes adoctrinaron más indios. En cambio, llevó a cabo una autocrítica, por el gran descuido de los archivos y bibliotecas en todos los conventos. Además, tenía el objetivo de que se conservaran los papeles que daban fe y testimonio de la importancia de la agrupación religiosa en América, lo cual explica la necesidad de ser muy detallado en sus descripciones documentales.

La historia del archivo del Imperial Colegio de Tlatelolco está por escribirse, pero se sabe que se conservó una cantidad significativa de estos papeles en el recinto; fue hasta 1756, cuando, en presencia de fray Juan José de Moreira, ministro provincial de la orden, fray De la Rosa Figueroa recibió de manos de fray Cristóbal de Castro una serie de “papeles pertenecientes a la fundación del Colegio de San Buenaventura Tlatelolco y [del] Colegio Imperial de la Sta. Cruz”.16 Estos papeles fueron organizados e inventariados por el archivero fray De la Rosa Figueroa, y colocados en la “caxa 61” del recién creado, para entonces, Archivo de la Provincia del Santo Evangelio. En dicha caja se resguardaban dos grupos documentales: el primero era sobre las fundaciones de los conventos existentes en la Provincia del Santo Evangelio, y, el segundo, sobre los “papeles auténticos de[l Imperial Colegio de la] Santa Cruz”.

Ahora bien, fray De la Rosa Figueroa vio y catalogó, en 1756, los documentos del Imperial Colegio de Tlatelolco; después, como resultado de la nacionalización parcial del Convento de San Francisco de México por orden de Ignacio Comonfort, en 1856, y, posteriormente, con la aplicación de la Ley de nacionalización de bienes eclesiásticos, por instrucciones de Benito Juárez en 1860-1861, dichos documentos y otros terminaron en poder de particulares y no en la Biblioteca Nacional de México, como se había proyectado.17 Debido a que la incautación de los libros y documentos no se hizo de manera sistemática y organizada, ello generó una gran dispersión de documentos, manuscritos y libros de los franciscanos, a tal grado que se desconoce dónde puede conservarse la documentación de la primera mitad del siglo xix del Convento de San Francisco de México y de la Provincia del Santo Evangelio.

En esta sintonía, surge una pregunta crucial para la presente investigación: ¿cómo llegó el Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco a los estantes del Museo Nacional? La respuesta es incierta y múltiple. En primer lugar, ello sería resultado de la nacionalización de los acervos del Convento de San Francisco de México, y es probable que entre los pocos papeles revueltos que llegaron estuviera el manuscrito. En segundo lugar, en la portada del Libro se observa la firma autógrafa de Alfredo Chavero, pero no el sello de su biblioteca personal, lo que haría pensar que tal vez ese manuscrito haya pertenecido a la colección del bibliófilo y político José Fernando Ramírez.18 Para este punto, se debe recordar que Chavero adquirió gran parte de la biblioteca de Ramírez; tiempo después, vendió una parte a Manuel Fernández del Castillo, y otras más, como los diarios y copias de documentos elaboradas por Ramírez, fueron adquiridas por el Museo Nacional después de la muerte de Chavero.19

Como puede verse, el tema es ambiguo, pues, si el manuscrito hubiera estado en la biblioteca de Ramírez, necesariamente, García Icazbalceta lo hubiera conocido o habría tenido acceso a él. Se debe recordar, por ejemplo, que en las ediciones que preparó del Códice Franciscano y otros documentos hacía referencias a la rica biblioteca de Ramírez; en el caso del Libro, no proporcionó ninguna referencia a dicha colección. En esta sintonía, en 1857, Ramírez se apropió de la mayoría de los manuscritos del archivo y biblioteca del Convento de San Francisco de México que tuvieran la firma de fray Bernardino de Sahagún, para su biblioteca personal; por ejemplo, el Sermonario de 1540 y los libros del noviciado franciscano, por mencionar algunos. Dichas obras fueron vendidas en subasta pública en Londres, en 1880 (véase figura 1).20

Fuente: Las tres imágenes pertenecen a la biblioteca de Javier Eduardo Ramírez López.

Figura 1 Portada del catálogo de la subasta de la biblioteca de José Fernando Ramírez 

Ahora bien, el Libro, al tener la firma autógrafa de Alfredo Chavero, complica la situación. Tal vez, una tercera posibilidad sería que él compró el manuscrito con algún librero y tiempo después lo donó o vendió al Museo Nacional. Esto demuestra que los documentos franciscanos se dispersaron entre varios particulares cuyos nombres se desconocen. En cambio, los libros sacramentales de la parroquia o iglesia de Santiago Tlatelolco actualmente se conservan, sobre todo, en el Archivo Histórico de la Provincia del Santo Evangelio (Cholula, Puebla), la Biblioteca Newberry y la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

Esta última posibilidad es la que más se acerca a la realidad, pues Chavero publicó su libro Sahagún en 1877.21 En dicha obra hizo alusión a los manuscritos sahagunianos que tuvo en su biblioteca, con lo cual proporcionó un dato interesante para la reconstrucción de la historia del manuscrito en cuestión: “he adquirido un precioso códice, que mucho me servirá para el presente estudio, y que se compone de documentos relativos a Santiago Tlatelolco”. Posteriormente, el autor describió el Libro que García Icazbalceta consultó, tiempo después, en el Museo Nacional, y expresó de dónde sacó los extractos publicados en 1892. Fue así como Chavero, con base en dicho manuscrito, postuló que el Colegio había sido fundado por orden real y no por instrucciones del virrey Mendoza; además, realizó varias descripciones del manuscrito y publicó algunos recibos de pago y solicitudes firmadas por fray Bernardino de Sahagún en la década de 1570, cuando fungía como presidente del Imperial Colegio de Tlatelolco.22

Como ya se mencionó, Chavero, por necesidades económicas, debió vender su colección y lo que había comprado de la biblioteca de José Fernando Ramírez a Manuel Fernández del Castillo, por 18 000 pesos mexicanos, en 1875.23 No obstante, parece que el Libro aún no formaba parte de su colección para esos años, pues en su obra sobre Sahagún refirió cuáles manuscritos había tenido, con las expresiones: fue de mi propiedad o el libro fue mío; en cambio, cuando hizo referencia al manuscrito aquí estudiado, escribió he adquirido, lo cual muestra una distinción de las etapas de lo que conservaba en su biblioteca en el pasado y en el momento de publicar su obra, en 1877, es decir, antes y después de poseer la parte más selecta ―o la predilecta mitad, como se le conocía― de la biblioteca de Ramírez. Esto permite suponer que Chavero adquirió de algún particular el Libro entre 1875 y 1877, pero se desconoce en qué momento lo vendió o donó al Museo Nacional.

Años después, para 1902, se refirió al mismo manuscrito en su artículo sobre el Colegio de Tlatelolco: “un precioso códice manuscrito que llamamos de Santiago de Tlatelolco”.24 Sin embargo, para ese momento, ya no indicó si era de su colección o dónde se localizaba. Es importante señalar que durante ese y el siguiente año fungió como director del Museo Nacional, y en esa época donó las copias de Ramírez referentes a los Anales de Puebla, Tepeaca y Cholula.25

Entonces, se puede suponer que Chavero vendió o donó el manuscrito al Museo Nacional entre 1877 y 1892. Después de 1902, se desconoce la historia del Libro, así como las circunstancias en las que abandonó los estantes del Museo Nacional, para reaparecer un siglo después, pues fue a finales de la década de 1990 cuando unos libreros ofrecieron el manuscrito a un importante bibliófilo mexicano. En el ínter de la compra-pago, la hija del destacado académico se enteró de la transacción y solicitó que su padre consultara el manuscrito. Mientras se consumaba el pago, de varios miles de dólares, el académico pudo tener por algunos días el Libro, y, como gesto de confianza, lo llevó a sus alumnos, para que vieran las firmas de fray Bernardino de Sahagún, fray Alonso de Molina, Antonio Valeriano y otros destacados frailes e indios intelectuales que vivieron en Tlatelolco (véase figura 2). Asimismo, trató de adquirirlo, para donarlo a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, heredera de la biblioteca del Museo Nacional de donde salió, pero no fue posible, pues la compra ya se había realizado.

Figura 2 Firmas de fray bernardino de sahagún y Fray Alonso de Molina en las cuentas de 1573, en el libro de cargo y descargo del imperial colegio de Tlatelolco 

Aunque el manuscrito ya tenía nuevo dueño, los libreros permitieron fotocopiarlo, para que el académico resguardara un testimonio más de fray Bernardino de Sahagún en su biblioteca, fraile al que admiró y dedicó muchos años de su estudio. Ahora, casi 25 años después, el Libro vuelve a salir a la luz, junto con su historia. Desafortunadamente, se desconoce quién es su dueño actual o si se conserva en México o fue sacado de manera ilegal. Por ello, para que no se perdiera su historia e información, se realiza el presente acercamiento y descripción.

EL CÓDICE DE TLATELOLCO O MEJOR LLAMADO LIBRO DE CARGO Y DESCARGO DEL IMPERIAL COLEGIO DE TLATELOLCO EN LA HISTORIOGRAFÍA MEXICANA

El primero que hizo alusión a la existencia de este manuscrito fue fray José de Leyza, guardián del Colegio de San Buenaventura de Tlatelolco, cuando buscó la certificación de los papeles antiguos ante Juan José de Paz, escribano real, en 1756. En ese momento, se hizo una descripción detallada de lo contenido en el códice desde la foja 9 hasta la 264; posteriormente, había otro cuadernillo que continuaba de la foja 265 a la 318, y proseguían diversos cuadernillos menores de las cuentas de cargo y descargo con pocas fojas.26

Es decir, uno de los archiveros de Tlatelolco se ocupó de unir las cuentas de cargo y descargo que se elaboraban cada vez que los virreyes lo solicitaban. Ello explica por qué el manuscrito no estaba encuadernado, sino que eran hojas cosidas. Es importante señalar que, hacia mediados del siglo xviii, se hicieron algunas referencias a las fojas faltantes; posteriormente, tal vez, fray De la Rosa Figueroa unió los dos “cuadernillos antiguos”, para dar origen al Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco, que abarca de las fojas 9 a 319, varias de las cuales no se encuentran. El manuscrito comienza con un traslado de las mercedes de caballerías de tierras de 1551, y siguen las cuentas que cubren de 1567 a 1587. Lamentablemente, como se ha trabajado con la fotocopia, no se pueden ver detalles materiales, filigranas, tintas o tipo de papel que permitan conocer el estado de conservación y de ordenamiento de las fojas.

Fue en 1934 cuando Fernando Ocaranza publicó las descripciones que fray José de Leyza y Juan José de Paz hicieron en 1776, del manuscrito aquí estudiado, pero sin saber el paradero de la obra en el siglo xx. Aspecto inusual, pues Ocaranza mantenía una estrecha y buena amistad con los destacados bibliófilos mexicanos de su época. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en su obra Capítulos franciscanos,27 en la cual cita varios manuscritos, documentos y libros que estaban en colecciones privadas y que debieron formar parte de los acervos existentes en el Convento de San Francisco de México. Así, podemos pensar que el Libro, después de ser sustraído de los estantes del Museo Nacional, pasó a la biblioteca de algún bibliófilo muy reservado, y ello explicaría por qué desapareció de la vista pública por un siglo.

Si bien existen estudios clásicos sobre el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, por Robert Ricard (1933), Fernando Ocaranza (1934) y Francisco Borgia Steck (1934),28 la mayoría de ellos fueron publicados cuarenta años después de que García Icazbalceta diera noticias de que el Libro estaba en un acervo público, pero ninguno supo del manuscrito original ni tuvo acceso a él, por lo cual es necesario estudiarlo y publicarlo.

En este sentido, se ha dedicado mayor atención a los estudios históricos de la parte cultural e intelectual del colegio, pues ha sido objeto de análisis por José María Kobayashi (1974), Elisa Vargas Lugo (1975), Pilar Gonzalbo Aizpuru (1990), Miguel León-Portilla (1991), Leticia Ivonne del Río Hernández (2008), Mercedes de Vega (2009), Esther Hernández y Pilar Máynez (2016), por mencionar sólo unos autores.29 Además, otros aspectos del Colegio de Tlatelolco han sido desarrollados.

Por un lado, encontramos los estudios que han tenido como fuente los extractos del manuscrito publicados por García Icazbalceta: Francisco Borgia Steck (1934) exploró la vida cotidiana del colegio, la nómina de profesores y alumnos, así como el proceso de decaimiento por la falta de dinero; Kobayashi (1974) empleó los “extractos” para analizar las cuestiones económicas de la institución, así como el papel de las donaciones que hacían los indios e indias; Miguel Mathes (1982) realizó la reconstrucción de la biblioteca del colegio con base en los inventarios de 1571, 1574 y 1582, además de los libros existentes de Tlatelolco en la Biblioteca Sutro, y Jesús Bustamante García (1990) los empleó para referirse al papel de fray Bernardino de Sahagún cuando fue nombrado presidente del colegio.30

Por otro lado, Solange Alberro analizó un expediente para la fundación de un colegio de indios, coetáneo a la época en la que fray De la Rosa Figueroa recibió los papeles de Tlatelolco. Dicho expediente se basa en la información contenida en el Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco, y algunas partes fueron copiadas en 1753. Además, la autora examinó el proceso de decaimiento del colegio, con respecto a la cuestión financiera de una estafa ocurrida entre 1555 y 1556, por la venta de unos terrenos que otorgó el virrey Mendoza a la institución y el papel de la familia Villegas en este proceso.31

Este último estudio permite considerar que el Libro era un manuscrito muy útil, por lo cual algunas fojas fueron copiadas y usadas en el siglo xviii, pues se conservan las descripciones en la Biblioteca Nacional de México y en el Archivo General de Indias. Con base en estos documentos, se pueden evidenciar las malas prácticas de los mayordomos, las cuales contribuyeron al declive y colapso del colegio, además de analizar los pocos recursos que tenían los franciscanos para sobrellevar su proyecto educativo.

¿Y EL RECIBO DE LA BIBLIA? SI NO APARECE, NO HAY PAGO: UNA ANÉCDOTA DE FRAY BERNARDINO DE SAHAGÚN

Robert Barlow, entre 1945 y 1948, publicó los resúmenes elaborados en el siglo xviii de los documentos del archivo del Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco conservados en “dos quadernos” que se custodian en la Biblioteca Nacional de México,32 los cuales tienen una relación con el manuscrito aquí estudiado, pues, en su mayoría, son censos, donaciones ―algunas en náhuatl― y contratos que al momento de las visitas del juez fueron registrados en el Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco.

Esto se debe a que el manuscrito que nos atañe es una obra en su versión final, es decir, fue elaborado oficialmente entre el mayordomo del colegio y el representante del Virrey que auditaban las finanzas de la institución. Ello muestra una variedad de información histórica y social, como las descripciones del archivo del colegio, el cual estuvo conformado por distintos documentos y manuscritos. Por ejemplo, el libro de cargo y data donde se registraban detalladamente los movimientos económicos, libros inventarios, los libros de fábrica para la mejora material del recinto y construcciones anexas, por mencionar algunos.

Entonces, cuando el Virrey mandaba que se hiciera la visita al colegio, el mayordomo presentaba los libros de cargo y data o de fábrica, dependiendo el concepto bajo el cual los frailes hayan recibido el dinero; posteriormente, entre el juez (representante del Virrey) y el mayordomo del colegio (nombrado por el Virrey) se verificaban con detalle las cuentas, y, por último, se registraban dichos movimientos en el manuscrito aquí estudiado. Por ello, para este primer acercamiento al Libro, decidí mostrar las revisiones de unas cuentas correspondientes a 1580, lo cual abarca las fojas 238 recto y verso. Esta selección responde a dos motivos: los autores que están involucrados, así como las referencias que se hacen tanto a otros documentos y manuscritos que debieron estar en el archivo del colegio, como a la administración de la institución educativa franciscana.

La cuenta escogida está incompleta, pues, lamentablemente, le hacen falta al Libro las fojas 203 a 237, como ya había dado razón García Icazbalceta.33 Sin embargo, por el contexto, se puede saber que, para enero o febrero de 1582, Pedro Requena, juez mandado por el Virrey y hablante de la lengua mexicana, visitó los libros de cuentas del colegio, los cuales fueron presentados por Pedro Cuadrado, mayordomo del recinto, ante los testigos Lorenzo López de Alistre, Sebastián de Lapazaran y Gaspar Dávila. En esta ocasión, se revisaron las cuentas de 1580 y 1581, en las cuales se habían gastado “4,378 pesos, cinco tomines y nueve granos de oro común”.34

Resulta llamativa la referencia a los 24 pesos de oro común que autorizó fray Bernardino de Sahagún para que se le pagaran a Pedro de Balli, impresor, editor y librero, por la adquisición de dos obras: “Las concordancias de la biblia”, con un costo de 14 pesos de oro, y un ejemplar de la “Biblia”, por 10 pesos oro (véase imagen 9). Lamentablemente, se desconoce qué edición de la Biblia se adquirió para la biblioteca del Colegio de Tlatelolco. En este sentido, Mathes registró al menos cinco ediciones existentes en el Convento de Tlatelolco antes de 1537, así como dos ediciones de 1585 y otra posible de 1590.35

Aunado a esto, se debe considerar que, en 1569, fray Alonso de Escalona, ministro provincial, apoyado en distintos argumentos, mandó recoger los libros y manuscritos de Sahagún y los dispersó entre los conventos de la Provincia del Santo Evangelio de México. Como resultado, se detuvo el proyecto sahaguniano, pues se alegó que era muy costoso pagar a los copistas, pintores y los materiales.36 El fraile fue nombrado presidente del Imperial Colegio de Tlatelolco, y sólo hasta 1575 pudo recuperar sus manuscritos.37 Por esto último, Bustamante García38 consideró que la adquisición de aquella Biblia por parte de Sahagún, en 1581, es de gran interés, pues para 1578 se había expedido la cédula en la que se prohibía a los frailes traducir pasajes bíblicos en lenguas de los indios.39

En esta sintonía, resulta llamativo el precio de una Biblia por 10 pesos en 1581, si comparamos costos con respecto a otras obras. Por ejemplo, en 1572, fray Alonso de Molina, presidente del colegio, mandó comprar los dos volúmenes de su Vocabulario de 1571 por 16 pesos. En cambio, si lo comparamos con respecto a los salarios anuales del personal del Imperial Colegio de Tlatelolco, se puede ver una gran diferencia, pues Martín Jacobita, como rector, ganaba 30 pesos; Antonio Valeriano, como lector, tenía un sueldo de 71 pesos; Gaspar de Torres, como lector de gramática, percibía 100 pesos, y Antonio Tamayo, como mayordomo, recibía 180 pesos.

En este sentido, se debe recordar que Pedro Balli y la viuda de Ocharte fueron los principales impresores y editores de los libros franciscanos a finales del siglo xvi y principios del xvii, aspecto que se tratará en otro artículo. Sin embargo, Pedro de Requena no aceptaba el cargo de 24 pesos para Balli, pues, en ese momento, Pedro Cuadrado no encontraba la “cédula de fray Bernardino de Sahagún” en la que se le autorizaba al mayordomo pagar dicha cantidad. Entonces, fue llamado Sahagún, para que diera testimonio, y hasta ese momento se autorizó el cargo gastado. Esto es una muestra clara de la fiscalización de los ingresos y egresos del Imperial Colegio de Tlatelolco, pues, si bien el propio fraile fue a confesar ante Requena que el pago se había autorizado, éste fue descontado del dinero otorgado al colegio, hasta que apareció la cédula, la cual, lamentablemente, no se conserva en el manuscrito.

Dicha “cédula” a la que Requena hizo referencia consistía en una serie de cartas del presidente del convento en las que se solicitaba que se pagara o cobrara cierto dinero para el colegio. De estas “cédulas” hay varios ejemplos en el Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco, las cuales están firmadas por fray Bernardino de Sahagún. Algunas son llamativas, porque muestran la situación financiera del colegio, al registrar órdenes para comprar o vender cosas, o para recibir dinero.

Regresando al caso de la Biblia, ya que estaban revisadas las cuentas entre el juez y el mayordomo en presencia de los testigos, se devolvían los documentos al colegio, para presentar los resultados ante las autoridades franciscanas, el guardián del convento de Tlatelolco, el presidente del Imperial Colegio de Tlatelolco y, en algunas ocasiones, los rectores indios del colegio, los cuales, como acto protocolario, firmaban el Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco.

DOCUMENTO

Foja 238

[Al margen:] Número 11.

[Al margen y escrito en sentido vertical:] [Dieron otras] escrituras de censo, tocantes a este colegio.

Y luego el dicho Pedro Cuadrado dijo que demás del descargo que tiene dado, había dado otra partida de veinte y cuatro pesos de oro común, que en veinte de octubre de ochenta y uno, había pagado, por cédula de fray Bernardino de Sahagún, a Pedro Valli, librero: los catorce pesos por un libro que se dice Las concordancias de la Biblia, y los diez por la Biblia, los cuales el dicho señor juez no se los quiso pasar en data hasta que trajo la cédula del dicho religioso, o del padre guardián, porque no las hallaba. Y ahora el dicho fray Bernardino confiesa ser verdad lo susodicho, atento a lo cual, se le pasó en data. ……….xxiiii pesos 0 tomines

[Al margen derecho:] 76 4

[Al margen:] […]* Número 33.

De manera que monta el descargo que el dicho Pedro Cuadrado da a esta cuenta, mil y quinientos y treinta y ocho pesos y un tomín y diez granos de oro común……….iudxxxviii pesos i tomín X granos

Y después de lo susodicho, este dicho día, mes y año susodicho, el dicho señor juez hizo resolución de la dicha cuenta de suso contenida, presente el dicho Pedro Cuadrado, y es la siguiente.

[Al margen:] [Car]go.

Monta todo el cargo hecho al dicho Pedro Cuadrado, mayordomo del dicho colegio de Santa Cruz, de lo que ha sido a su cargo los dos años pasados de ochenta y ochenta y uno, cuatro mil y trescientos y sesenta y ocho pesos y cinco tomines y nueve granos de oro común, como parece por las partidas de suso contenidas.…………………………………………... iiiiuccclxviii pesos v tomines ix granos

[Al margen:] [Desc]argo.

Monta el descargo mil y quinientos y treinta y ocho pesos, un tomín y diez granos, como parece por las partidas de suso……….iudxxxviii pesos i tomín x granos

[Al margen:] [Alca]nce.

De manera que por esta cuenta es alcanzado el dicho Pedro Cuadrado hasta fin de diciembre de ochenta y uno, por dos mil y ochocientos y treinta pesos, tres tomines y once granos del

dicho oro común. iiudcccxxx pesos iii tomines xi [granos]

La cual dicha resolución de suso contenida, se hizo por el dicho señor juez [a]l dicho Pedro Cuadrado, el cual la aprobó, y firmaron de sus nombres. Sie[ndo testigos:] Lorenzo López de Alis[t]e y Sebastián de Lapazaran y Gaspar Dávila.

Pedro de Requena [rúbrica].

Pedro Quadrado [rúbrica].

Ante mí Pedro Gómez [Nájera], escribano de [Su Majestad] [rúbrica].

Foja 238v.

Y después de lo susodicho, en la dicha ciudad de México, tres [días] del mes de febrero de mil y quinientos y ochenta y dos años, el dich[o señor] juez dijo al dicho Pedro Cuadrado, que por la cuenta que le tie[ne da]da y resolución hecha en su presencia, le alcanza en dos [mil] y ochocientos y treinta pesos, dos tomines y once granos, que los traiga [para] meter en la caja del dicho colegio, o declare dónde están; el cual d[ijo que] todo lo deben las personas que tienen censos del dicho colegio y que n[o embar]gante que ha hecho y hace sus diligencias, no los ha podido cobrar, po[rque los] herederos de Álvaro de Zamora y los de Pedro de Medinilla deben más [de mil] y quinientos pesos, y lo demás, otras personas, de lo cual dará me[moria], lo cual es verdad para el juramento que tiene hecho, y firmolo de [su nombre]. Siendo testigos: Joan Arias de Saavedra y Lorenzo López de Aliste [y Gas] par Dávila, vecinos de México.

Pedro de Requena [rúbrica].

Pedro Quadrado [rúbrica].

Ante mí Pedro Gómez Nájera, escribano de Su Majestad [rúbrica].

Y después de lo susodicho, estando en el colegio de Santa Cr[uz], del monasterio de Santiago Tlatelulco, en seis d[ías] del mes de febrero de mil y quinientos y ochenta y dos, [el dicho] Pedro de Requena, juez en esta causa, y Pedro Cuadrado, mayordomo del dicho colegio, estando presentes el muy reverendo [padre fray] Pedro Oroz, guardián del convento de Santiago, y el [padre] fray Bernardino de Sahagún, y se leyeron las cuentas, [de suso] contenidas, y se les mostró las cédulas p[or que] se gastó y distribuyó las partidas del descar[go; y ha]biéndolas visto, las reconocieron por suyas [y] que ellos las dieron y se compraron para el dich[o colegio] las cosas que en ellas se declaran y se trajeron, [y] firmaron de sus nombres. Siendo testigos: Lorenzo Lóp[ez de Aliste] y Antonio de Tamayo y Andrés de Porras, es[tantes] en México. Va enmendado: brero; vala.

Fray Pedro Oroz [rúbrica].

Fray Bernardino de Sahagún [rúbrica].

Pedro [de Requena] [rúbrica].

Pedro Quadrado [rúbrica].

Ante mí Alonso Enríquez de Pardeve, escribano de Su Majestad [rúbrica].

Figura 3 Adquisición de una biblia por instrucciones de Fray Bernardino de sahagún, en el Libro de cargo y descargo del imperial colegio de Tlatelolco 

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1 Para este documento, conté con la guía, consejos y ayuda de distintos amigos entre quienes destacan monseñor Juan Manuel Mancilla Sánchez, Ascensión Hernández Triviño, María Luisa León Portilla Hernández, Teresa Rojas Rabiela, Marina Garone Gravier y Andrés Lira González.

2 Joaquín García Icazbalceta (ed.), Códice Mendieta. Documentos franciscanos. Siglos xvi-xvii (Guadalajara: Edmundo Aviña Levy Editor, 1971), 271. Agradezco al editor el obsequio de este libro para mi biblioteca e investigaciones.

3 Véase la edición facsimilar en Heinrich Berlín y Robert Hayward Barlow (eds.), Anales de Tlatelolco: unos anales históricos de la nación mexicana y Códice de Tlatelolco (México: Antigua Librería Robredo de José Porrúa, 1948) y Códice de Tlatelolco, comentarios y estudio de Xavier Noguez y Perla Valle (México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 1989).

4 La Biblioteca del Museo Nacional donde Joaquín García Icazbalceta consultó el manuscrito en cuestión cambió de nombre en 1964 y se llama Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, la cual se localiza en el primer piso del Museo Nacional de Antropología e Historia, en la Ciudad de México.

5 Joaquín García Icazbalceta (ed.), Códice Franciscano, siglo xvi (México: Imprenta de Francisco Díaz de León, 1889).

6 García Icazbalceta, Códice Mendieta.

77 Angélico Chávez (ed.), Códex Oroz (Washington: Academy of American Franciscan History, 1972).

8 Se han publicado distintas partes del manuscrito que actualmente se conserva en la Nettie Lee Benson Collection, en Austin, Estados Unidos.

9 Miguel León-Portilla, Códices. Los antiguos libros del Nuevo Mundo (Madrid: Aguilar, 2003).

10 Sofía Martínez del Campo Lanz (coord.), El Códice Maya de México, antes Grolier (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2018).

11 Clementina Battcock, Rodrigo Martínez Baracs y Salvador Rueda Smithers (comps.), Manuscritos mexicanos perdidos y recuperados (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2019).

12 Arthur J. O. Anderson y Susan Schroeder (eds.), Codex Chimalpahin. Society and Politics in Tenochtitlan, Tlatelolco, Texcoco, Culhuacan, and Other Nahua Altepetl in Central Mexico, 2 vols. (Norman/Londres: University of Oklahoma Press, 1997).

13 Javier Eduardo Ramírez López, El centro del universo: historia económica y social del Conjunto Conventual de Tezcoco (México: Diócesis de Texcoco, 2021).

14 Javier Eduardo Ramírez López, “El caso de los manuscritos robados del Sagrario Metropolitano”, Nexos. Sociedad, Ciencia y Literatura, 13 de agosto de 2020; “El Códice Cardona: un acercamiento a la materialidad y contenido de un documento desconocido”, Palabra Clave (La Plata), vol. xI, núm. 1 (2021) y “El denominado Códice Cardona: un corpus inusual de ‘relaciones geográficas’ del Valle de México”, en La expresión de la cultura indígena en los códices del centro de México, coordinación de Juan José Batalla Rosado, Lisardo Pérez Lugones y Miguel Ángel Ruz Barrio (Varsovia: Instituto de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos-Universidad de Varsovia, 2021), 303-332, y Teresa Rojas Rabiela y Javier Eduardo Ramírez López, “El éxodo documental mexicano en el siglo xvI: Morton Subastas y Swann Galleries”, La Bola. Revista de Divulgación de la Historia, leg. 10, 8 de diciembre de 2020.

15 Dorothy Tanck de Estrada, “Castellanización, política y escuelas de indios en el Arzobispado de México a mediados del siglo xviii”, Historia Mexicana, vol. xxxviii, núm. 4 (1989): 701-742 y Heréndira Téllez Nieto, “Ilustración novohispana y nacionalismo criollo en fray Francisco de la Rosa Figueroa”, Dieciocho. Hispanic Enlightenment, vol. xLi, núm. 2 (2018): 301-326.

16 Fernando Ocaranza, El Imperial Colegio de Indios de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco (México: s.e., 1934), 9.

17 Javier Eduardo Ramírez López, “La Biblioteca John Carter Brown: del éxodo bibliográfico a la conservación del patrimonio mexicano”, Bibliographica, vol. III, núm. 2 (2020): 21-27.

18 Ramírez, “La Biblioteca”.

19 María Teresa Sepúlveda y Herrera, Catálogo de Diarios de José Fernando Ramírez (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1994), 13.

20 Javier Eduardo Ramírez López, “Los Recuerdos del claustro de fray Luis Malo: una crónica franciscana olvidada del siglo xix”, Bibliographica, vol. v, núm. 2 (2022): 225-260.

21 Alfredo Chavero, Sahagún (México: Imprenta de José María Sandoval, 1877).

22 Chavero, Sahagún, 16.

23 Emma Rivas Mata y Edgar O. Gutiérrez L., Libros y exilio. Epistolario de José Fernando Ramírez con Joaquín García Icazbalceta y otros corresponsales, 1838-1870 (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2010).

24 Alfredo Chavero, “Colegio de Tlatelolco”, Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 40 (1902): 519.

25 Sepúlveda y Herrera, Catálogo.

26 Ocaranza, El Imperial, 147.

27 Ocaranza, El Imperial.

28 Robert Ricard, La “conquête spirituelle” du Mexique. Essai sur l’apostolat et les méthodes missionnaires des Ordres Mendiants en Nouvelle-Espagne de 1523-24 à 1572 (París: Institut d’Ethnologie, 1933); Ocaranza, El Imperial, y Francisco Borgia Steck, El primer colegio de América, Santa Cruz de Tlatelolco, con un estudio del Códice de Tlatelolco por R. H. Barlow (México: Centro de Estudios Franciscanos, 1944).

29 José María Kobayashi, La educación como conquista (México: El Colegio de México, 2007), 207-279; Elisa Vargas Lugo, Claustro franciscano de Tlatelolco (México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 1975); Pilar Gonzalbo Aizpuru, Historia de la educación en la época colonial. El mundo indígena (México: El Colegio de México, 1990), 111-128; Miguel León-Portilla, Fray Bernardino de Sahagún en Tlatelolco (México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 1999); Leticia Ivonne del Río Hernández, Humanismo y políticas culturales en Nueva España, siglo xvi (Zacatecas: Universidad Autónoma de Zacatecas, 2008); Mercedes de la Vega, Tlatelolco: afluencia de relaciones (México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 2009), y Esther Hernández y Pilar Máynez (eds.), El colegio de Tlatelolco. Síntesis de historias, lenguas y culturas (México: Destiempo, 2016).

30 Kobayashi, La educación, 207-279; Miguel Mathes, Santa Cruz de Tlatelolco. La primera biblioteca académica de las Américas (México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 1982) -agradezco a la doctora Ascensión Hernández Triviño el obsequio de este libro para la presente investigación-; Jesús Bustamante García, La obra de fray Bernardino de Sahagún. Una revisión crítica de los manuscritos y de su proceso de composición (México: Instituto de Investigaciones Bibliográficas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1990), 463.

31 Solange Alberro, “El Imperial Colegio de Santa Cruz y las aves de rapiña: una modesta contribución a la microfísica del poder a mediados del siglo xvi”, Historia Mexicana, vol. Lxiv, núm. 1 (2014): 7-63.

32 Andrés Lira González (comp.), Tlatelolco a través de los tiempos (México: El Colegio de México/El Colegio Nacional/ Academia Mexicana de la Historia, 2019). Agradezco al compilador el obsequio de este libro que me ha servido para tener un contexto de las fuentes tempranas sobre Tlatelolco.

33 García Icazbalceta, Códice Mendieta, 266.

34Libro de cargo y descargo del Imperial Colegio de Tlatelolco, f. 238 r., fotocopia de la biblioteca personal de Javier Eduardo Ramírez López.

35 Mathes, Santa Cruz, 50.

36 León-Portilla, Fray Bernardino de Sahagún, 1999, 45.

37Ibid., p. 64

38 Bustamante, La obra, 463.

39 Río Hernández, Humanismo, 148-155.

40Javier Eduardo Ramírez López: Es estudiante de doctorado en Historia en El Colegio de México. Sus investigaciones son referentes a la formación de los señoríos prehispánicos del Acolhuacan central, principalmente de Tetzcoco, Huexotla y Coatlincha, y el Códice Cardona, puesto a la venta recientemente; además, se ha enfocado en el análisis del éxodo bibliográfico y documental mexicano desde el siglo xix hasta el xxi. Es autor del Catálogo de fuentes para la historia franciscana en Tezcoco, con prólogo de Miguel León-Portilla (2018) y de El centro del universo: historia económica y social del Conjunto Conventual de Tezcoco (2021).

Recibido: 24 de Enero de 2022; Aprobado: 09 de Febrero de 2022

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