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Tópicos del Seminario

 ISSN 2594-0619 ISSN 1665-1200

Tóp. Sem  no.55 Puebla ene./jun. 2026   26--2026

https://doi.org/10.35494/topsem.2026.1.55.911 

Artículos

El albur: texto catalizador en la cultura popular mexicana

The Wordplay (albur): A Catalytic Text in Mexican Popular Culture

Le jeu de mots (albur) : texte catalytique dans la culture populaire mexicaine

Luis David Meneses Hernández1  *

Saúl Hurtado Mares2  **

1Universidad Veracruzana. lmeneses@uv.mx

2Universidad Veracruzana. saulhmar495@gmail.com


Resumen

El albur mexicano ha sido estudiado desde diversas perspectivas, pero no desde la semiótica de la cultura. En este trabajo lo analizamos mediante la teoría propuesta por Iuri Lotman, haciendo uso de los conceptos de semiosfera, frontera y texto catalizador. Presentamos una noticia de las investigaciones previas sobre el albur, para establecer la necesidad de la aproximación semiótica; posteriormente, integramos una descripción de los problemas que presenta para su ubicación en la semiosfera; los procesos que experimentan los hablantes al acudir mediante su uso a las fronteras de la significación; y la caracterización de su estructura como generadora de nuevas semiosis. Para concluir, señalamos que el albur es un texto catalizador de la cultura popular mexicana, que permite la renovación de su estructura mediante la generación de nuevas posibilidades de semiosis.

Palabras clave: albur; texto catalizador; semiótica de la cultura; semiosfera; frontera

Abstract

Mexican wordplay, albur, has been studied from various perspectives, but not from the Semiotics of Culture. In this work, we analyze it through Iuri Lotman’s theoretical approach, using the concepts of semiosphere, boundary, and catalyst text. We present a review of previous research on albur to establish the need for a semiotic approach; subsequently, a description of the problems it presents on its placement into the semiosphere; the processes that speakers experience when using it at the boundaries of signification it entails; and the characterization of its structure as a generator of new semiosis. We conclude that the albur is a catalyst text of Mexican popular culture that allows for the renewal of its structure through the generation of new possibilities of semiosis.

Keywords: wordplay (albur); catalyst text; semiotics of culture; semiosphere; border

Résumé

Le jeu de mots mexicain (albur) a été étudié sous différentes perspectives, mais pas sous l'angle de la sémiotique de la culture. Dans cet article, nous l'analysons à travers la théorie proposée par Iuri Lotman, en utilisant les concepts de sémiosphère, de frontière et de texte catalytique. Nous présentons un compte rendu des recherches antérieures sur le jeu de mots pour établir la nécessité d'une approche sémiotique ; ensuite, une description des problèmes qu'il pose pour sa localisation dans la sémiosphère ; les processus que les locuteurs expérimentent lorsqu'ils recourent aux frontières de la signification à travers son utilisation ainsi que la caractérisation de sa structure en tant que générateur d'une nouvelle sémiose. En conclusion, l'albur est un texte catalytique de la culture populaire mexicaine qui permet de renouveler sa structure en générant de nouvelles possibilités de sémiose.

Mots-clés: jeu de mots (albur); texte catalytique; sémiotique de la culture; sémiosphère; frontière

Introducción

El albur mexicano es un fenómeno comunicativo típicamente caracterizado como un juego de palabras con doble sentido, generalmente alusivo al acto sexual o a las partes erógenas del cuerpo. En este artículo exploramos la naturaleza dual y ambigua de su expresión, que puede explicarse de manera teórica como un intercambio entre los aspectos sistémicos y extrasistémicos del funcionamiento del mecanismo de su semiosis (Lotman, 1998). Por ello, consideramos que es posible observar que los albures se comportan como textos catalizadores para la semiosfera (Lotman, 1996).

Dado que el albur es un fenómeno semiótico en el que intervienen procesos de creación de sentido, nuestro interés es describir cómo este juego lingüístico genera transformaciones en los mecanismos de formación de textos que tienen lugar, y se verifican, durante el intercambio de albures. Para ello, apelamos a las nociones de centro y periferia provenientes de la semiótica de la cultura, que concibe a la semiosfera como una estructura englobante capaz de contener todo tipo de textos y sufrir toda suerte de modificaciones para expandirse y generar nuevos espacios de significación. A partir de esta concepción, dichas nociones nos permitirán establecer que el albur toma elementos extrasistémicos desde la periferia de la semiosfera para introducirlos en un espacio del sistema que puede considerarse central a cierta forma de cultura.

En el pasado, el albur fue recopilado por Jiménez (1960) y Hernández (2006). Por otro lado, Monsiváis (1984) reflexionó sobre este fenómeno al referir a sus fundamentos, donde referenció a autores que van desde Fernández de Lizardi (1816) hasta Paz (1950), para intentar desentrañar la esencia de un cierto tipo de cultura mexicana. En épocas recientes, el albur ha sido considerado una técnica discursiva que opera en diferentes dimensiones de la lengua (González Rivas, 2020): como lenguaje característico de la cultura mexicana que se evidencia a través de la manifestación de expresiones populares entre interlocutores (Anaya y Cózar, 2014; Gómez Moragas, 2020; Lundqvist, 2021); como fenómeno cultural que se desarrolla mediante el diálogo en doble sentido en comunidades y espacios determinados (Ruiz Zaragoza, 2023), o como manifestación de deseos inconscientes y mecanismo de defensa dentro de la cultura popular mexicana (Ortiz Contreras, 2013; Escandón, 2015).

También ha sido analizado como expresión de los estratos de poder (Martínez García y Erdösová, 2020); desde un énfasis en la moralidad de su composición (Ruiz Zaragoza, 2023, pp. 136-137); como expresión de las culturas populares (Gómez Moragas, 2020, p. 239); e incluso desde la óptica de la crítica psicoanalítica (Ortiz Contreras, 2013, pp. 78-86). Con lo anterior, puede objetarse que existen bases sobre la definición y el estudio del albur, y que no es necesaria una revisión de lo ya dicho.

Sin embargo, la semiótica de la cultura de corte lotmaniano tiene aún algo que aportar. Por lo que proponemos aquí que las estructuras lingüísticas que conforman los albures originan, en su funcionamiento dentro del orden de los juegos del lenguaje, un efecto catalizador que permite distintas interpretaciones semánticas a partir de la selección y estructuración sintáctica de palabras. En este sentido, dejamos de lado las cuestiones sobre su origen y los tipos de albures (Beristáin, 2015), su posible relación con el mundo prehispánico (Anónimo, 1994; Johansson, 2006), su historia y mecanismos de activación (Anaya y Cózar, 2014), las implicaciones culturales a que da lugar o sus particularidades vinculadas con cierto tratamiento de la ambigüedad (González Rivas, 2020), y las visiones moralizantes que se le han querido imprimir (Flores Flores, 2019), las cuales han sido abordadas por otras publicaciones.

1. El albur y los problemas de su ubicación en la semiosfera

En primera instancia, estableceremos que los albures son un juego verbal de la cultura popular mexicana que se nutre de las experiencias de los grupos sociales que los utilizan. La caracterización tradicional hecha sobre los usuarios y productores de albures es que pertenecen a grupos generalmente desprovistos de cierto poder político o carentes de una influencia en el ámbito económico (Ruiz Zaragoza, 2023; p. 136). Así como provenientes o pertenecientes a las clases trabajadoras (Gómez Moragas, 2020).

Pero decir que el albur es un juego verbal sin proveer una definición precisa del ámbito lingüístico al que nos referimos podría considerarse el encubrimiento de un ejercicio tautológico. Por lo que es preciso proveer una definición que permita al lector entender en qué sentido gira esta afirmación. De modo que entenderemos, al menos en el ámbito de la cultura popular mexicana, que

el juego verbal se caracteriza por la manipulación o desautomatización intencionada de los distintos componentes que estructuran un sistema lingüístico, mediante el manejo de una o más técnicas discursivas, dando como resultado una palabra, una frase o un texto breve que trae consigo un efecto humorístico, ingenioso, irónico, irreverente, eufemístico (Franco Trujillo, 2024, p. 16).

Esta definición nos proporciona las herramientas suficientes para indagar en la naturaleza del albur en tanto juego verbal. Enfatizamos, junto con Franco Trujillo (2024), el ejercicio de “desautomatización intencionada”, que se encuentra en una posición central dentro de su definición, y que, en términos lotmanianos, se puede traducir como una de las fuentes fundamentales del dinamismo semiótico: “el constante arrastre de elementos extrasistémicos a la órbita de la sistemicidad y la simultánea expulsión de lo sistémico al dominio de la extrasistemicidad” (Lotman, 1998, pp. 45-46). Es decir, en el instante generativo del albur solemos encontrar una expresión común que tiene un sentido asignado automáticamente. Dicha expresión puede ser considerada portadora de elementos que indican una interpretación sexual. Esta segunda interpretación existe en un espacio extrasistémico debido a los tabúes presentes en la cultura. Posteriormente, dentro de la sistemicidad, se hace evidente el sentido sexual de la expresión, por lo que se desautomatiza la asignación de sentido y se expulsa la expresión hacia el dominio de la extrasistematicidad de la interpretación sexual. De esta forma, se crea, mediante la desautomatización intencionada, una de las formas del dinamismo semiótico. En última instancia, dicho dinamismo produce un efecto humorístico.

En un afán meramente descriptivo, proponemos que, como parte de las tradiciones verbales populares, los albures son un tipo de construcciones lingüísticas ambiguas que operan en dos planos relacionados entre sí: su sentido automatizado y su sentido sexual. Éstos ocupan posiciones sistémicas y extrasistémicas, respectivamente, de manera convencional. Tales expresiones son expulsadas e introducidas de manera consciente al sistema semiótico de los hablantes mediante el ejercicio de una “desautomatización intencionada”, cuya naturaleza requiere una configuración dialógica para su producción. De esta forma, entenderemos que los albures sólo se encontrarán debidamente configurados cuando se desarrollen mediante el diálogo entre dos hablantes que roten los roles de emisor y destinatario, quienes deberán ejercer conscientemente la tarea de acarrear hacia la frontera de la semiosfera elementos que regularmente debían estar en su centro, y viceversa.

Una vez definido el albur como juego verbal, surge el problema de su clasificación dentro de la semiosfera. Mientras que investigaciones previas convergen en la idea de que se trata de un fenómeno multifactorial que desafía el ingenio, no todos los autores están de acuerdo en clasificarlo como perteneciente a la esfera del humor. Sin embargo, considerado desde la semiótica lotmaniana, que defiende “la dimensión fuertemente sistémica y relacional del signo” (Lampis, 2015, p. 398), el albur no solamente se trata de un fenómeno que revela las relaciones de poder o las ideologías machistas que entrecruzan la cultura mexicana, sino que es parte de la semiosfera del humor. Esto en tanto que puede ser explicado con los ejes establecidos entre los binomios humor/ridículo e ingenio/gracia.

Estas coordenadas, establecidas por Attardo (1994, p. 7) para la semántica del humor, pretenden ubicar a partir de oposiciones polares entrecruzadas todos los fenómenos humorísticos que podríamos producir. Es decir, que todo juego del lenguaje que pertenezca a esta semiosfera se moverá entre el humor y el ridículo, el ingenio y la gracia. Así pues, “el chiste” se encuentra más cercano al eje de la gracia que al del ingenio; “la sátira” y “el sarcasmo”, más próximos al ridículo; mientras que “el sinsentido” y “lo cómico” están más cerca de lo humorístico. Por otro lado, podemos establecer que “el albur” se encuentra más cercano al ingenio que a la gracia, y más próximo al ridículo que a lo humorístico.

De este modo, establecer el albur mexicano como parte de la semiosfera del humor consiste en considerar que, en términos de su producción, tiene como rasgo funcional primordial que su enunciación pretende desafiar las concepciones previas con las que un oyente se hace parte de una conversación. Como rasgo estructural, el albur es un texto que prevé la identificación de dos espacios semióticos que se conjugan y se contraponen dentro de su expresión lingüística para provocar al mismo tiempo sorpresa y gracia, admiración y ridículo. En este sentido, definir el albur en tanto texto humorístico requiere que se considere que en él convergen tanto la expresión humorística y graciosa como la intención del ridículo y el ingenio.

De manera aislada, un enunciado que puede ser interpretado como albur tiende automáticamente hacia un sentido convencional, debido a las características semánticas y gramaticales del texto. Por ello, un análisis estructural del texto lo aísla e imposibilita dar cuenta de los sentidos que guarda la ambigüedad presente en su constitución. En cambio, si el albur es considerado a partir de su configuración dialógica y catalizadora, la tendencia de interpretación se vuelve más libre. De tal forma que se abre porque dicho texto es capaz de romper con las convenciones sociales establecidas para la expresión verbal. Estas convenciones son opuestas a la velada temática sexual que se puede percibir en la estructura lingüística del albur.

Con lo anterior, afirmamos que estas expresiones no pertenecen sólo a un ámbito de la semiosfera, puesto que los factores codeterminantes (Lampis, 2015, p. 402) están conformados por aquellos que determinan el comportamiento del sistema lingüístico que permite la existencia de los albures, y los factores que determinan el comportamiento de sus usuarios. Se entiende entonces que el estudio del albur sólo puede ser abordado desde la red de relaciones que sus signos establecen contextual e intertextualmente. Recuérdese también que el propio Lotman (1998) establece que todo “nuevo texto” en el ámbito de la cultura es un texto “no regular” y “desde el punto de vista de las reglas ya existentes, ‘incorrectos’” (p. 15), pero al mismo tiempo “útiles y necesarios” (p. 16) porque sientan las bases para la formulación de nuevos enunciados.

En este sentido, el albur puede ser considerado un “nuevo texto”, debido a que, a través de una desautomatización intencionada, introduce en el cauce de la conversación coloquial un catalizador que dispara una interpretación de tipo sexual. Consideramos que un “nuevo texto” no puede ser un texto unívoco, individuado y aislado de la estructura de la cultura popular mexicana, por más que algunos analistas quieran reducir su uso y construcción a una expresión de la corrupción imperante en la cultura mexicana, argumentando que se revela la corrupción dentro de nosotros mismos si el “juego de palabras con el cual se puede desviar su rumbo, se puede retorcer y querer decir otra cosa distinta a su empleo ordinario” (Flores Flores, 2019, p. 304).

En cambio, desde nuestra perspectiva, el albur es un texto catalizador. Al mismo tiempo, es centro de un quehacer comunicativo pleno de creatividad y periferia de un espacio de significación. Esta condición dinámica nos obliga a considerar los factores que deben imperar para su existencia dentro de la semiosfera. Recordemos lo establecido por Lotman (1998):

Lo extrasistémico puede ser alosistémico, es decir, pertenecer a otro sistema. En la esfera de la cultura tropezamos constantemente con la tendencia a considerar el lenguaje ajeno como un no lenguaje o —en casos menos extremos— a percibir el propio lenguaje como correcto, y el ajeno como incorrecto, y a explicar la diferencia entre ellos con el grado de corrección, es decir, con la medida de ordenación (p. 47).

A partir de su uso, y como ha sido ejercido entre los hablantes, la esencia de este juego verbal es revelar elementos alosistémicos en un sistema semiótico. Por ello, dedicamos el siguiente apartado a reflexionar sobre su naturaleza dialógica y los efectos que ejerce sobre los hablantes en tanto texto catalizador de la cultura popular mexicana.

2. El albur como diálogo entre fronteras

Dado que la naturaleza del albur implica el desafío a las concepciones y prejuicios con los que un oyente se acerca a un espacio comunicativo, es justo pensar desde la semiótica lotmaniana que el albur es un texto catalizador. No se encuentra en el centro del espacio semiótico de la cultura mexicana, ya que ésta está plagada de atavismos y formas moralizantes que inciden en las construcciones lingüísticas del mexicano. Se encuentra en la periferia, y esta condición periférica le imprime dinamismo a las esferas semióticas con las que se toca.

Por otro lado, podríamos ir más lejos y afirmar que ni siquiera en el seno del espacio cultural en donde se ha codificado su origen el albur es un texto nuclear o central. La naturaleza básica del albur lo conmina a existir en los límites culturales. Se requiere una disposición de ánimo específica para ejercerlo. Al mismo tiempo, se debe conocer y respetar el tabú en el que se sustenta: el alburero debe ser capaz de transgredirlo con un giro lingüístico que añada capas de sentido a la expresión, y generar así nuevas posibilidades de semiosis.

Para mostrar esta naturaleza limítrofe, analizamos un conjunto de albures obtenidos de grabaciones que se encuentran disponibles en las redes sociales. Los casos aquí presentados evidencian cómo los albures son textos insertados por parte de un emisor, en determinadas situaciones, para generar cambios en un acto comunicativo. Éstos resultan en textos catalizadores debido a las alteraciones que se generan en la semiosfera. En el mejor de los casos, posibilitan una respuesta por parte de otro participante de la conversación, con las mismas cualidades alosemióticas. En este sentido, los estímulos son perceptibles debido a la catalización que se genera a partir de la cadena sintáctica propuesta por los participantes de este tipo de juegos verbales.

Por tal motivo, los ejemplos que se presentan líneas abajo se encuentran organizados en tablas, donde se busca dar cuenta sistemática de nueve aspectos: el contexto espacial, el contexto situacional, el tipo de acto comunicativo, la cantidad de participantes, los roles de los participantes, el contexto lingüístico, el texto catalizador (albur), el elemento catalizador (gatillo del albur) y la respuesta. Después, se presenta un análisis del texto catalizador, que enfatiza la función del elemento catalizador dentro de éste.

Los ejemplos de albures en uso que a continuación presentamos han sido tomados del material audiovisual producido por el comediante Lalo Elizarrarás (2025), quien es originario de la Ciudad de México y cuenta con un canal de YouTube. Si bien el carácter de dicho contenido es de entretenimiento, que toma como base un guion, se propicia la producción de los albures a través de diversos aspectos particulares: temáticas, situaciones, espacios, intención y participantes. En la Tabla 1 presentamos el primer ejemplo de análisis de un albur, en el que damos cuenta de su condición de texto catalizador:

Tabla 1 

Caso 1: Las micheladas más famosas de Iztapalapa
Contexto espacial Ciudad de México - Comercio de bebidas alcohólicas
Contexto situacional Preparación lúdica de una bebida alcohólica entre amigos
Tipo de acto comunicativo Diálogo
Cantidad de participantes 3
Roles de participantes Rulo (P1): emisor
Gianni (P2): receptor
Lalo (P3): oyente
Contexto lingüístico P3: “Eso cómo lo... ¿así nada más lo pido?
P2: “Así pídalo, jarabe natural. Es una botellita, generalmente es de plástico...”
P1: “¿Qué marca recomienda?”
P2: “Hay una marca nada más en el mercado...”
P1: “Mípalo”
P2: “¿Jarabe de qué?”
P1: “Jarabe de Mípalo”
Texto catalizador (albur) “Jarabe de Mípalo”
Elemento catalizador (gatillo del albur) “Mípalo”
Respuesta “¿Jarabe de qué?”

En este escenario, los dos interlocutores que se mantienen activos son P1 y P2. Antes de la aparición del texto catalizador (albur), “Jarabe de Mípalo”, la conversación gira en torno al jarabe empleado para preparar una cierta bebida alcohólica. P1 pregunta a P2 por la marca de dicho ingrediente, que se caracteriza por ser espeso y de color claro. Todavía sin referir aspectos de carácter sexual, P2 menciona que sólo hay un producto con dichas características en el mercado, a lo que P1 responde con el gatillo “Mípalo” para introducir dos procesos de asignación de sentido en la conversación. Por un lado, pretende referir aparentemente a la única marca mencionada por P2. Por otro, veladamente, hace referencia a que esa sustancia, con consistencia similar al líquido preseminal o al semen, proviene de su pene.

El albur queda debidamente construido y presentado cuando P1 responde a P2 “Jarabe de Mípalo” ante su pregunta titubeante. Dicho albur se articula como generador de semiosis a partir de una ambigüedad estructurada lingüísticamente. Por un lado, en el primer espacio semiótico se produce la ambigüedad tras la conjunción del posesivo “mi” y el sustantivo común “palo” en una sola unidad de significación a la que se le ha cambiado juguetonamente la acentuación para hacerla una palabra esdrújula, ya que dentro de dicho escenario se propone que la palabra inventada “Mípalo” sea el nombre de la marca. Por otro lado, un análisis del juego verbal revela que a través de esta formulación (“Jarabe de Mípalo”) el hablante P1 ha propuesto que el jarabe para la preparación de la bebida proviene de la eyaculación de su miembro, introduciendo así plenamente una interpretación de carácter sexual para la expresión. La selección de palabras hecha por este interlocutor posibilita que en el plano sintáctico se geste una catalización, debido a las lecturas y significados que resultan a partir de la interpretación que se le asigna a la cadena textual.

Dentro de este acto dialógico, el enunciado que inicia el albur toma la cualidad de texto catalizador debido a que cambia el espacio y mecanismo semiótico de P2 tras generar una respuesta relacionada con el juego verbal propuesto por el primer hablante. Si bien la respuesta “¿Jarabe de qué?” no es un texto que busque un efecto catalizador, P1 valida el cambio del espacio semiótico mediante el reconocimiento de la construcción propuesta por P2 en la intervención que lo antecede.

En la Tabla 2 se encuentra otro ejemplo donde se evidencian las características catalizadoras del albur, en donde, tal como se ha previsto, genera una desautomatización intencionada de la conversación entre amigos al inducir la interpretación sexual de una situación que, por lo demás, ocurre en un contexto cotidiano:

Tabla 2 

Caso 2: Las micheladas más famosas de Iztapalapa
Contexto espacial Ciudad de México - Comercio de bebidas alcohólicas
Contexto situacional Preparación lúdica de una bebida alcohólica entre amigos
Tipo de acto comunicativo Diálogo
Cantidad de participantes 3
Roles de participantes Rulo (P1): emisor
Gianni (P2): receptor
Lalo (P3): emisor
Contexto lingüístico P2: “Luego procedemos al limón”
P3: “¿Cuántos limones, jefe?”
P2: “Básicamente... depende qué tan cítrico quieres que sea tu bebida. Yo le voy a poner dos limones”
P1: “A usted le gusta mucho el limón, ¿verdad?”
P3: “Sí, que le dé unos limones, ¿verdad, jefe?
P1: “Que le den unos limones de... ¿chico?... o ¿de grande?, no sé”
P2: “Grande”
P3: “Del limón de sin hueso, ¿no, jefe?, le gusta”
Texto catalizador (albur) “A usted le gusta mucho el limón, ¿verdad?”
Elemento catalizador (gatillo del albur) “limón”
Respuesta “Sí, que le dé unos limones, ¿verdad, jefe?

A diferencia del primer ejemplo, en éste se observa la participación constante de los tres interlocutores y una producción distinta del juego verbal. Previo al gatillo del albur, y dentro del mismo contexto situacional, P2 refiere a un cítrico como ingrediente para la preparación de la bebida alcohólica, el cual veladamente puede ofrecer una interpretación de carácter sexual. Sin referir a aspectos figurativos, P3 pregunta por la cantidad a utilizar y P2 argumenta que la porción depende del nivel de acidez que se prefiera. No obstante, P1 lanza a P2 el gatillo del albur: “A usted le gusta mucho el limón, ¿verdad?”, el cual alude en sentido sexual al roce de un miembro sobre el cuerpo del otro.

En el caso señalado, el albur se abre paso en el plano de la significación tras la utilización del término limón, ya que mediante la selección de dicho sustantivo común se propicia la catalización debido a las lecturas que puede tener tal concepto. No obstante, es en la intervención de P3 donde se evidencia una interpretación de carácter sexual: “Sí, que le dé unos limones, ¿verdad, jefe?”, la cual refiere a proponer el contacto de los genitales de P1 sobre P2. Si bien P2 es el receptor del texto catalizador generado por P1, y éste no produce una respuesta, P3 es el encargado de posibilitar el cambio del espacio semiótico propuesto por P1, el cual se evidencia a través de la producción de albures posteriores que surgen como respuestas.

Posterior a ello, en la Tabla 3 se presenta otro caso en el mismo evento, donde también se produce un cambio en la semiosfera, pues el participante 3 introduce un texto catalizador que hace que la conversación gravite hacia una desautomatización intencionada del sentido de la frase, y se añada a la misma una intención sexual:

Tabla 3 

Caso 3: Las micheladas más famosas de Iztapalapa
Contexto espacial Ciudad de México - Comercio de bebidas alcohólicas
Contexto situacional Presentación de una bebida alcohólica: “leche de burra”
Tipo de acto comunicativo Diálogo
Cantidad de participantes 3
Roles de participantes Rulo (P1): receptor
Gianni (P2): oyente
Lalo (P3): emisor
Contexto lingüístico P2: “No sé qué está tomando, ¿qué es todo esto?”
P1: “Ah, mire, de veras, es una... leche de burra”
P3: “Ájale, sacas cada cosa...”
P1: “No, hombre... café”
P3: “¿Cómo se te ocurre?, jaja”
Texto catalizador (albur) “Ájale, sacas cada cosa...”
Elemento catalizador (gatillo del albur) “sacas”
Respuesta “No, hombre... café”

Similar al primer ejemplo, en este caso los interlocutores activos son P3 y P1 debido a que entre ellos se produce el albur. En este caso, el texto catalizador que da paso al albur es el producido por P3: “Ájale, sacas cada cosa...”, que permite una interpretación desautomatizada de índole sexual. El efecto catalizador surge tras la selección particular de subestructuras sintácticas y semánticas subrepticiamente de referencia sexual, que recupera el doble sentido del sustantivo “leche” del enunciado que lo antecede para su conformación y emplea el verbo “sacar”, conjugado en segunda persona, para la conformación del texto catalizador. De esta forma, se promueve la reestructuración del mecanismo semiótico de P1 y éste, a su vez, lo confirma con otro albur como respuesta: “No, hombre... café”.

Tal como lo hemos presentado en las tablas 1 a 3, como texto doblemente codificado, el albur, cuando se concreta como diálogo entre sus participantes, no suele ser sancionado negativamente. Por el contrario, se hace manifiesta la admiración, sorpresa o gracia debido al ingenio convertido en nuevas semiosis que modifican para siempre el intercambio comunicativo entre sus integrantes. Una muestra de ello son las secuencias en los albures analizados, lo cuales derivaron en la búsqueda de contestaciones por parte de los participantes, así como en la generación de semiosis y el establecimiento de momentos lúdicos de comunión entre los hablantes.

3. La estructura del albur y la generación de semiosis

Toda vez que hemos caracterizado el proceso dialógico que establecen los hablantes para la generación de albures, nos encontramos con la capacidad de generar una reflexión centrada en las características semióticas del albur. Éste es entendido como un texto catalizador de la cultura, productor de nuevas semiosis en los ámbitos en donde se utiliza y develador de los procesos de intercambio intra y extra sistémicos dentro del ámbito de la significación.

En su definición de texto catalizador, Lotman (1996) establece que en el espacio periférico de las formaciones semióticas existen fragmentos de estructuras o textos que funcionan como catalizadores con respecto del mecanismo total de la semiosfera, aunque se requiere que dichos textos puedan “intervenir como «ajenos» para el sistema dado” (p. 17). En este sentido, vale la pena determinar qué significa que un albur pueda intervenir como un texto ajeno en el sistema de la cultura mexicana. Recordemos aquí las recientes reflexiones de Ruiz Zaragoza (2023): “también se explica la estética del albur como un ejercicio de resistencia frente a la cultura dominante en un lenguaje velado, chispeante, de doble sentido, como una forma de desquite, pero también de pertenencia comunal” (p. 142).

Frente a la cultura dominante que se encuentra presente en las convenciones establecidas para la expresión verbal, en los ejemplos propuestos, la resistencia consiste en que el albur, a través del ingenio que lo conforma, cataliza una nueva manera de interpretar las interacciones entre sus participantes. En ella, un maestro o participante experto deja de serlo para convertirse en un jugador que podrá estar en el rango de la debilidad o, cuando mucho, al mismo nivel de ingenio y de conocimiento de las interpretaciones de índole sexual que sus interlocutores han introducido en la conversación como parte de los elementos catalizadores del abur.

Esta resistencia de la que se habla establece una oposición entre el texto del albur y la cultura dominante, a la que se caracteriza llena de tabús relativos al ámbito sexual y subyugada bajo un machismo imperante. Estas dos condiciones no pueden violentarse de manera consciente sin que el hablante que las rompe sea sancionado y excluido del ámbito social en donde perpetró su transgresión. A menos que el ingenio lo lleve a elucubrar un juego verbal que entreteje, en una temática superficial aparentemente inocua o anodina, un mensaje secreto que refiere a la sensualidad corporal o las prácticas sexuales.

En términos lotmanianos, esto significa que el albur es un mensaje nuevo, en tanto que presenta una “diferencia algo estable y sensible en el material extrasemiótico [que] puede hacerse estructural en la siguiente etapa del proceso dinámico” (Lotman, 1998, p. 46), y fronterizo en cuanto a que “la frontera con un texto ajeno siempre es un dominio de una intensiva formación de sentido” (Lotman, 1996, p. 17).

Entendemos aquí que para caracterizar al albur como un mensaje nuevo se precisa de un dispositivo de significación de un tipo especialmente distinto al que es utilizado en la comunicación corriente dentro de la cultura popular mexicana. Llamaremos mensajes nuevos a los albures que no surgen como resultado de transformaciones unívocas, y, por consiguiente, no pueden ser inferidos automáticamente de cierto texto inicial mediante la aplicación al mismo de reglas de transformación establecidas de antemano. (Lotman, 1998, p. 16). Es decir, ante la aparente aversión que la cultura tiene hacia las innovaciones, el albur requiere cierto grado de novedad dentro de su constitución para poder ser aceptado como tal.

De tal modo que, a pesar de toda la libertad que confiere a la expresión, el albur se ciñe estrictamente a un orden, un cierto tipo de combinación o secuencia de palabras que, en caso de sufrir el más mínimo cambio, modifica tanto el significado del enunciado aislado, como el doble sentido del albur. Como muestra de esto se encuentran los gatillos del albur señalados en los casos presentados. En el mostrado en la Tabla 1: “Mípalo”, la subestructura sintáctica requirió de la selección precisa del adjetivo “Mi” y el sustantivo “palo” para posibilitar un efecto catalizador. Por lo que otra selección de palabras, distintas al pronombre “Mío” y el sustantivo “bastón”, hubiese imposibilitado una secuencia sintáctica que propiciara la lectura automatizada como la desautomatizada de índole sexual: “Míobastón”, por ejemplo. De igual manera, aunque se hubiese mantenido alguna de las palabras propuestas y cambiado la otra, los resultados también resultarían en sinsentidos: “Mibastón” o “Míopalo”.

Por su parte, en el mostrado en la Tabla 2: “A usted le gusta mucho el limón, ¿verdad?”, la selección sintáctica del sustantivo “limón” permitió que semánticamente también se generaran dos lecturas. En este sentido, y dentro del mismo gatillo del albur, el empleo de otro término para aludir a dicho concepto de forma como “cítrico”, o concreta como “lima” hubiese perdido, dentro de dichos eventos, tanto el sentido aislado como el ambiguo: “A usted le gusta mucho el cítrico” o “A usted le gusta mucho la lima”.

El último caso, en el ejemplo de la Tabla 3: “Ájale, sacas cada cosa...”, la situación es parecida a las anteriores, aunque comprometería en mayor medida la construcción del mismo gatillo. Esto se debe a que el texto catalizador se encuentra estructurado en la selección del verbo “sacar” y el nombre que se encuentra en el enunciado anterior: “leche de burra”. El emplear una acción distinta afectaría la interpretación convencionalmente automatizada de la respuesta y evitaría la lectura de intención sexual: “Ájale, apareces cada cosa” o “Ájale, ventilas cada cosa”.

Conclusiones

Con lo expuesto hasta ahora concluimos que los albures posibilitan un efecto catalizador, el cual surge tras el empleo de características sintácticas y semánticas para la conformación de la expresión que los conforma. Tras el intercambio de elementos sistémicos y extrasistémicos surgen, a través del diálogo, la posibilidad de dinamismo dentro de la semiosfera y la de catalización producida por los albures. De tal forma que la interacción de elementos sistémicos, entendidos como textos mediados por las convenciones sociales para la expresión verbal; y extrasistémicos, que hemos definido como textos catalizadores con temática sexual velada; modifica la semiosfera a través del diálogo entre los hablantes. En este sentido, la catalización que tiene lugar en un intercambio de albures se evidencia cuando los interlocutores desarrollan de manera continua su intercambio. Lo cual se produce tras el reconocimiento de elementos que se encuentran en la periferia y se integran a la semiosfera para su reestructuración.

El uso de los albures en la conversación genera en los hablantes una habilidad para reconfigurar las relaciones semióticas a las que se encuentran usualmente expuestos. Es decir, genera nuevas semiosis al introducir una interpretación de índole sexual dentro de la estructura de una conversación cotidiana. También, estas semiosis se estructuran y estratifican con la finalidad de integrarlas a nuevos campos semánticos, a través de una revaloración y reestructuración de las posiciones sistémicas y extrasistémicas de las posibles interpretaciones de los elementos de la significación.

En tanto que el albur se presenta como una formación semiótica periférica, se entiende también como una estructura cerrada, puesto que su existencia como texto fronterizo generador de nuevas semiosis en el espacio de la cultura depende de una configuración verbal específica. Toda vez que estos textos pueden ser considerados por los hablantes como “ajenos” a su sistema, en este texto los hemos entendido como portadores de la función de catalización.

De este modo, los albures se convierten en herramientas culturales que convierten en una persona experta en el juego, al hablante que los usa y es capaz de entrar en un diálogo productivo con otro que, en su momento de enunciación, puede estar situado dentro de su mismo sistema dentro de la semiosfera o en un sistema distinto.

El albur, en tanto texto catalizador, es, en términos lotmanianos, “un poderoso medio de autoorganización del sistema” (Lotman, 1998, p. 46). Su persistencia en la cultura popular mexicana lo hace un objeto interesante para los estudios de la significación. En este artículo sólo hemos explorado su definición en tanto texto fronterizo que genera un proceso de reconstrucción en el sistema de la cultura, independientemente de que los miembros de otras esferas culturales lo acepten o no.

Por último, anotamos que, debido a cuestiones de espacio, dejamos para futuras investigaciones la descripción de los mecanismos de significación presentes en el albur que generan ambigüedades desde el ámbito de su expresión lingüística y que tienen repercusiones semióticas en tanto que vuelven al albur un texto con códigos perdidos que conducen a un proceso de creación de nuevos códigos semióticos. También queda la cuestión del problema de la reconstrucción de códigos viejos como “rememoración” y no como construcción de nuevos espacios semióticos, constante temor de los investigadores que han explorado la cuestión de la naturaleza y la historia del albur mexicano.

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Recibido: 13 de Febrero de 2025; Revisado: 12 de Mayo de 2025; Aprobado: 01 de Junio de 2025

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Luis David Meneses Hernández es doctor en Lingüística por El Colegio de México. Desde 2018 se desempeña como profesor de tiempo completo en la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana, y es miembro fundador del Centro de Investigaciones Transdisciplinarias en Humanidades Ambientales, Artes y Literatura (2025). Investiga sobre el desarrollo lingüístico, el humor y la variación sociolingüística del español en México. Publicaciones: “Sistema de demostrativos en el purépecha de Carapan, Michoacán”, en Cuadernos de lingüística de El Colegio de México (2013); “La comprensión del chiste lingüístico en la escuela primaria: observación del desarrollo léxico-semántico”, en Lengua, lenguaje, cultura e interculturalidad (2020); “Diversidades y disidencias en dos revistas culturales mexicanas” en Amoxcalli, Revista de Teoría y Crítica de la Literatura Hispanoamericana (2024); “Desarrollo de las habilidades discursivas de una estudiante de licenciatura con discapacidad visual” en RECIE. Revista Electrónica Científica de Investigación Educativa(2025).

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Saúl Hurtado Mares es egresado de la Especialización en Promoción de la Lectura (Universidad Veracruzana). Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas (Universidad Veracruzana), con la tesisLa producción de albures orales en la actualidad como acto comunicativo y por medio de procesos cognitivos(2023). Sus intereses de investigación se orientan hacia la lingüística del humor, los estudios de literacidad y los estudios culturales. Ha sido docente, promotor cultural y colaborador en proyectos de difusión y análisis del futbol femenil.

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