Victoria Novelo Oppenheim vivió en Yucatán de 2005 a 2013, tiempo durante el cual tuvimos la oportunidad de conocer su vida, su obra, y sobre todo, a la mujer extraordinaria que fue: imponente, inteligente, crítica, simpática y alegre.
Esta semblanza comienza cuando una fría mañana de enero de 2013, por mera casualidad, nos encontramos en el Café La Selva, en Tlalpan, Ciudad de México, las investigadoras del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Daniela Spencer y Patricia Fortuny Loret de Mola. Para aprovechar esta oportunidad, Spencer sugirió que, dado que Fortuny radicaba en Yucatán, podría encargarse de hacer los trámites para lanzar la candidatura de Victoria Novelo Oppenheim para la distinción del emeritazgo que otorga nuestra institución. Gracias a la preparación del dossier para solicitar la candidatura, afloraron los detalles de su impresionante trayectoria intelectual. Recibimos innumerables cartas de apoyo de colegas nacionales e internacionales, que llegaron con una velocidad sorprendente y fueron una prueba fehaciente de que Victoria había alcanzado un lugar importante entre las grandes antropólogas de México y el mundo. Por ejemplo, en una de ellas Gilberto Giménez subrayó lo siguiente: “en México, la obra de la doctora Novelo ha sido una de las contribuciones importantes -sin que ella quizá lo sepa- al movimiento contemporáneo de ‘retorno de las culturas populares en las ciencias sociales latinoamericanas’, particularmente visible en América del Sur, en países como Argentina y Brasil”.
Juan Luis Sariego, su gran amigo, escribió:
En mi opinión, las virtudes académicas más destacadas de Victoria estriban en sus capacidades de innovación teórica y temática, así como su liderazgo intelectual dentro de la antropología nacional. A ella debemos, entre otras cosas, la puesta en debate, a nivel nacional e internacional desde la década de 1970 hasta la fecha, del papel que juega el arte popular mexicano en el contexto de la expansión de la economía capitalista y la globalización, así como las implicaciones que de ello derivan en términos de las políticas públicas en materia de cultura y patrimonio nacional.1
Por su parte, Carlos Marichal Salinas, de El Colegio de México, expresó lo siguiente:
Conozco a la doctora Novelo desde hace 20 años y soy testigo de su gran aportación al estudio, difusión y defensa del patrimonio cultural mexicano, especialmente en sus vertientes populares. A lo largo de más de 35 años, ella ha sido, en mi opinión, una de las mayores promotoras del conocimiento y la valoración de la cultura producida por artesanos, campesinos indígenas y trabajadores de México.
En el Diccionario temático CIESAS se la describe así: “mexicana, mestiza yucateco-alemana. Antes de estudiar antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de 1967 a 1972, había sido cantante en un grupo de música folclórica y había estudiado dibujo, pintura y un año de arquitectura. Su doctorado lo recibió en el CIESAS, en 1988” (Von Mentz, 2006).
Por otros medios nos enteramos de que cantaba boleros desde los 14 años de edad, también tocaba la guitarra y bailaba danzón. Ella misma apuntaba: “mi pareja de baile durante mi carrera de antropología fue Pepe Lameiras. También hacía artesanías textiles desde que tenía 18 años. Empecé con el cine, di clases en la escuela de cine, hice investigación para cine documental”. De hecho, en su currículum consignaba que en su experiencia no académica había sido artesana y diseñadora -Bazar Sábado (1966-1971)-, miembro de un grupo musical folclórico (1965-1971) e integrante de Cine Códice (1978-1985).
Victoria tenía un especial talento literario para escribir, que convierte en un verdadero placer la lectura de sus textos. En el fragmento que reproducimos abajo describe el tema con un ritmo suave, como si fuera un bolero, con un lenguaje atractivo, llano y preciso, que a la vez detalla, explica y profundiza, sin recurrir a esos vocablos impronunciables que suelen abundar en los textos que hoy se producen:
Todavía se nace y se yace en petates; se celebra un acontecimiento compartiendo alimentos cocinados en enormes cazuelas de barro ricamente ornamentadas; se pasa la noche de bodas en una hamaca especialmente tejida para la ocasión; se pintan sobre láminas los agradecimientos por los favores que los santos tuvieron a bien otorgar; se llenan las iglesias con la luz de velas excelsamente barrocas; se cuelgan de las orejas femeninas los aretes que el novio regaló como prueba de amor; […] se tallan máscaras con desbordante imaginación para producir rasgos inmóviles que esconden el sudor provocado por la desenfrenada danza ritual de Semana Santa (Novelo, 2007: 14).
Victoria fue una de las fundadoras del CIESAS, cuando éste se llamaba Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (CIS-INAH), en 1973. Fue pionera en al menos tres líneas de trabajo dentro de la antropología social: artesanos, obreros y antropología visual.
En 1974 recibió el grado de maestría en ciencias antropológicas por la ENAH, con la tesis Artesanías y capitalismo en México (Novelo, 1976), que se hizo un libro clásico de la antropología en este país. Don Rodolfo Stavenhagen fue quien la dirigió. Como ella platicaba, el trabajo del artesano se minimizaba en aras de las ganancias; el cuento “Canastitas en serie” de Bruno Traven (2002) se había hecho una realidad cotidiana. Para Victoria, era muy importante reivindicar el oficio y que los productores recibieran un pago justo; ella misma tenía un guardarropa exuberante, con textiles de diferentes grupos étnicos. Además, guardaba en vitrinas, muebles y paredes de su casa objetos de todas partes de México y el mundo.
Después de trabajar con los artesanos, puso su atención e interés en la clase obrera y presentó, en 1988, su tesis doctoral, titulada La difícil democracia de los petroleros: historia de un proyecto sindical, que se publicaría como libro tres años después (Novelo, 1991). Sus tutores fueron Francisco Zapata y John Womack. De esta manera, perteneció a la primera generación del posgrado del CIESAS. Un día nos contó que ella quería estudiar con Eric Hobsbawm y ya había hecho todos los trámites para materializarlo, pero por motivos personales desistió.
Desde su incorporación al CIESAS hizo equipo con Sariego, y los dos se abocaron a los estudios de antropología industrial. Ambos fueron pioneros en una importante línea de investigación en México: la cultura obrera, con lo cual generaron “un conocimiento gracias al cual disponemos de una mejor comprensión de las visiones del mundo y de las actitudes de los obreros mexicanos”.2 Más que a las estructuras o la organización laboral, Novelo apuntaba al concepto de cultura obrera, que permitía aprehender…

Laura Machuca Victoria Novelo con la escritora maya Patricia Martínez Huchim en un jetzmek o "bautizo" maya en 2012.
una dimensión de la vida obrera que se expresa en formas de ser, de vivir, de crear y transformar instituciones, normas, valores, tradiciones políticas, asociacionistas, organizativas, de entretenimiento, de educación y estéticas que conforman una multiplicidad de prácticas sociales y rituales distintivas que han tenido su origen real y mítico en la esfera del trabajo, de donde surge la identidad primaria y central. Se la considera como una cultura propia que en su desarrollo ha creado espacios y tradiciones, en algunos casos todavía propios… y en otros han pasado a formar parte de un patrimonio cultural más amplio, en ocasiones, nacional (Novelo, 1999: 17).
Victoria comentaba que gracias al profesor Womack, quien fuera investigador invitado en el CIS-INAH entre 1978 y 1980, pudo leer casi toda la historia social inglesa, no sólo a Thompson. Según sus propias palabras:
Me parece que fui la primera en CIESAS y otros centros, que luego de leer a los maravillosos autores, y en inglés, los empecé a dar a mis alumnos y mis colegas de los proyectos de historia de la clase obrera que entonces hacíamos y los discutíamos en nuestros seminarios interdisciplinarios e interinstitucionales -entonces con el INAH, la Universidad Veracruzana y el Colmex [El Colegio de México]-. Estoy hablando de principios de la década de los años ochenta del siglo XX. Una época de intensa actividad de discusión y de fecunda interrelación entre la antropología y la historia.3
En muchas ocasiones, Victoria afirmó que entre la historia y la antropología no debería marcarse ninguna separación porque son disciplinas complementarias. En sus estudios como antropóloga, no se limitaba a la dimensión sincrónica de la realidad sino que trabajaba siempre a partir de la historia, tanto para analizar a la clase obrera como a los artesanos.
También fue fundadora del Museo Nacional de Culturas Populares (1982) y jefa del área de investigación de este mismo museo (1982-1985). Fue coordinadora del Programa Nacional de Arte Popular de la Dirección General de Culturas Populares -después Consejo Nacional para la Cultura y las Artes- de 1993 a 1997; subdirectora de Difusión y Publicaciones del CIESAS (1998-1999); fundadora del Centro Nacional de Capacitación y Diseño Artesanal de la Universidad de Colima, y su directora, de junio de 1999 a enero de 2005.
Al mismo tiempo, otra importante fase de su creatividad comenzó con la serie Antropo-visiones.4 Explicaba que desde joven estuvo muy interesada en lo visual, y más aún cuando había estado muy cerca del trabajo de LeobardoLópez, director de El Grito (1968). Antropo-visiones consta de nueve videos que ella ideó, pensó y dirigió, sobre nueve temas de investigación del CIESAS. Isaac García Venegas hizo una bella reseña acerca de esta serie. Él se preguntaba cómo Victoria había podido tener la voluntad para trabajar durante 12 años en la producción de estos videos, en un medio realmente adverso, en el que lo audiovisual todavía no ocupa el lugar que le corresponde:
Se trata de un conjunto de visiones sobre el ser humano, ya sea inmerso en diversas problemáticas: el alcoholismo (El secreto del alcohol), la marginación (La calle de los niños), la migración (El yalalteco nunca se acaba), la vejez (Historias de gente grande); o bien, realizando diversos trabajos (Artes y oficios mexicanos; Camaristas, autorretratos indígenas); sea historiando temas ricos y complejos (Lacandona, medio siglo de sueños;Mexicanerías.La construcción del México típico), o reflexionando sobre el propio hacer del antropólogo en una época signada por la barbarie (Trabajo de campo en tiempos violentos) (García, 2015: 188).
Estos videos le dieron grandes satisfacciones, además de premios nacionales e internacionales. Victoria relataba, con mucho entusiasmo, su experiencia en el festival de Cannes. El video Lacandona, medio siglo de sueños obtuvo el reconocimiento de “Mejor programa de TV iberoamericano” en el XXII Certamen Unicaja de cine científico, en Ronda, España (2002). Camaristas, autorretratos indígenas obtuvo mención honorífica por la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México, Canal 22 (2003). Historias de gente grande fue reconocido con el Premio especial por rescate de historias de vida en el Festival Pantalla de Cristal, Ciudad de México (2004).
Victoria trabajó durante algunos años en colaboración con instituciones cubanas, razón por la cual viajó en numerosas ocasiones a Cuba. En la década de 1980, en una de esas visitas, conoció a un descendiente de yucatecos y su curiosidad fue en aumento; mucho más porque su padre era de Progreso, Yucatán. En busca de estas raíces, y para terminar la investigación que había empezado años atrás, se fue a vivir a Yucatán, desde siempre muy querido porque significaba su origen paterno y ahí había hecho amistades estrechas.
Durante su estancia en el CIESAS Peninsular, finalmente escribió su libro Yucatecos en Cuba. Etnografía de una migración (2009). Para ello, no sólo hizo una etnografía activa, como el título reza, sino también una rigurosa investigación histórica, para documentar los diferentes tipos de migración a lo largo de la historia, interesada en los destinos personales y las posibilidades que se crean con esta clase de movimientos de personas.
Otro de sus proyectos de importancia fue el de la memoria visual de Yucatán, cuyo objetivo principal era reunir un acervo de imágenes históricas y antropológicas del estado, principalmente fotografía y cine. Entre los resultados de este esfuerzo figura el libro Estudiando imágenes, miradas múltiples (2011), sobre el que abundaremos en la segunda parte de este artículo.5
Una de sus últimas iniciativas fue la creación de la Red Antropología en las Orillas. Ella Fanny Quintal cuenta que la primera reunión fue convocada como simposio por Victoria y Juan Luis Sariego, como parte del Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología. Participaron la misma Quintal, Séverine Durin, Everardo Garduño y Andrés Fábregas. Éste fue el principio de un proyecto que devino en la Red Antropología en las Orillas. Varias publicaciones fueron fruto de estos encuentros.6 Victoria todavía acudió a la séptima reunión de la red, en Mérida, del 27 al 29 de febrero de 2020.7
Deseamos mencionar que en el marco del homenaje y despedida que organizamos los amigos que trabajamos con ella durante su estancia de casi ocho años en la sede del CIESAS en Mérida, el auditorio no fue suficiente para acomodar a los amigos y admiradores de la homenajeada, cosa que no habíamos visto en ocasiones anteriores. Para el evento, invitamos a tres expositores -Ella Fanny Quintal, Judith Ortega y Enrique Martín Briceño-. Aquí reproducimos unas cuantas líneas que reflejan la impresión que dejó en Quintal la lectura de uno de los numerosos libros de Novelo Oppenheim:
En 2005, me invitó para que presentara […] la segunda edición de su libro Artesanos, artesanías y arte popular de México. Una historia ilustrada. Se trata de una compilación de textos e imágenes pertinentemente entrelazados, que nos llevan de la época prehispánica a nuestros días. Un trabajo increíble no sólo por la selección de textos sino también por la elección de las imágenes que los acompañan. Una obra informativa y bella, imposible de lograr sin un gran conocimiento del tema, de la historia del país, del arte y de los artistas mexicanos de diferentes épocas. Me imagino la labor, la dedicación y la paciencia que la preparación de este libro significó […]. El sentimiento que a mí me produce hojear, leer, mirar y admirar el libro es, sin lugar a dudas, reconocimiento por una obra cuya permanencia en la antropología está asegurada […]. Si bien podría entenderse a este increíble libro como un trabajo de divulgación científica [...], se muestra de manera clara la forma en la que Vicky hace investigación en antropología, una antropología donde la historia juega un papel clave no sólo en la explicación sino también en el entendimiento e interpretación de los hechos culturales.
Más allá de la profesión y el trabajo intelectual, Vicky era una excelente persona; una mujer cuya pícara sonrisa recordaba ese retrato de Picasso que tanto le gustaba, en el que parecía que el artista la había pintado a ella. Disfrutaba y conocía la buena literatura, el cine, el arte en general. Tenía un paladar exigente para la comida y gozaba de los retos de la cocina. Su único hijo, Andrés, era su gran amor; y cuando su nieto Matías nació, el mundo fue otro para ella, se convirtió en una abuela feliz y orgullosa, y decidió dejar Yucatán para acercarse a su familia.

Laura Machuca Rosa María Osorio, Luz María Mohar y Victoria Novelo en el 40 aniversario del CIESAS, Cuernavaca, Morelos, 25 de septiembre de 2013.
En lo personal, sentimos una gran tristeza cuando abandonó la península, porque con ella manteníamos reuniones académicas y sociales tan alentadoras como entretenidas. Vicky nos acompañaba con su siempre alegre presencia y su encantadora conversación. Nos sentimos tristes, pues además de ser una fiel y solidaria aliada en nuestros diversos proyectos docentes, seminarios en línea o preocupaciones particulares de otro orden, era una colega cercana y entrañable. Sus intervenciones certeras, inteligentes, agudas y críticas, sin dejar de ser por ello prudentes y propositivas, fueron de gran ayuda en muchas coyunturas. Su larga experiencia en estos delicados andares reforzaba nuestra esperanza para que se produjera algún cambio en el status quo. Este rasgo caracterizó a Vicky desde siempre, pues sabía muy bien cómo hacerse visible en los momentos oportunos, poseía esa poco común valentía y coraje de decir en voz alta las cosas que no le parecían y articulaba críticas con el objetivo de corregir la burocracia de la sociedad en la que vivimos, del propio CIESAS. Expresaba también, constantemente, su preocupación por alcanzar un mundo mejor para todos. Gracias, Vicky, por todo lo que nos enseñaste.
En palabras de Victoria Novelo
A continuación reproducimos algunos párrafos representativos de uno de los muchos textos que escribió la doctora Novelo Oppenheim. Escogimos éste en particular porque es el que nos une a ella. La vida nos juntó en Yucatán y tuvimos oportunidad de convivir, de conocerla mejor.
“Memoria visual de Yucatán” fue uno de sus proyectos más preciados mientras estuvo en la península y con gran dedicación lo fue enriqueciendo poco a poco. Organizó varios eventos académicos y reunió diligentemente material que alimentó su archivo. Gracias a ella, también nació un interés en nosotras por las cuestiones visuales.
El libro Estudiando imágenes, miradas múltiples (2011) es uno de los frutos de sus iniciativas, y en la introducción Victoria demuestra una vez más su pericia y fluidez para explicar aquellos temas que le eran cercanos y que respetaba. Creemos que esta lectura despertará el interés en el tema de las imágenes:
En Yucatán hay un ambiente y unos antecedentes muy propicios para investigar con imágenes la historia antigua y la más reciente. Yucatán tiene una larga historia de presencia de estudios fotográficos y una filmografía que se remonta a principios del siglo XX, la cual se considera la primera hecha en el territorio nacional.8 Existe un importante acervo fotográfico, el Archivo Guerra, a cargo de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, con suficientes tesoros inexplorados. Asimismo, se conoce la existencia de imágenes antiguas en acervos extranjeros como producto de las visitas de exploradores, comerciantes y fotógrafos, así como de espías disfrazados de cónsules, y también hay indicios de fotografías guardadas en cajones de antiguas casonas y haciendas yucatecas esperando ser encontradas antes de desaparecer o llenarse completamente de los hongos propios de la humedad yucateca. A esto se suman otros acervos históricos, hemerográficos y de artes plásticas, así como nuevos intereses académicos en el estudio y la producción de imágenes. Pero además hay una cierta tradición, digamos de atracción de los productores y consumidores de imagen por “lo maya”, que brota a la menor provocación y ha motivado una vasta producción de imágenes: “las ruinas que hoy conocemos como mayas atrajeron a un gran número de exploradores a partir de las noticias que se difundieron en Europa en 1822, con la publicación, acompañada de litografías, del reporte sobre Palenque del capitán Antonio del Río” (Casanova et al., 2005: 4).9 La racha no se ha detenido; lo maya antiguo y moderno es dibujado, fotografiado y filmado por millones de turistas aficionados y por profesionales que encuentran en la península el escenario de una civilización que no deja de sorprender, pero también “una bonita locación”, como dijo el cineasta yucateco Mario Helguera (Novelo, 2011: 4-5).
Victoria era una orgullosa antropóloga, convencida de la utilidad de su oficio, y sin negar el gran papel que juega la historia, sino incorporándola a sus propios trabajos, le encantaba subrayar que los antropólogos tenían más experiencia en el estudio de las imágenes. Los historiadores, por mucho tiempo, se mostraron reticentes. Todavía en la actualidad, para algunos, el arte de leer imágenes corresponde más a la comunicación que a la antropología o la historia. No obstante, al igual que Victoria, estamos convencidas de las posibilidades que ofrece el documento visual en nuestros campos de estudio:
Imágenes y antropología
Para la antropología, y específicamente para la etnografía, la concepción de la imagen como documento no ha resultado ajena pues ha formado parte del bagaje metodológico de los investigadores desde tempranas épocas, cuando se comenzó a conceder importancia tanto al registro del ambiente social y cultural bajo estudio y el proceso mismo de investigación por medio de la fotografía, el cine y más recientemente el video, como a la lectura de documentos visuales. Desde fines del siglo XIX y principios del XX pueden encontrarse fotografías y películas etnográficas realizadas por los antropólogos en exóticos parajes del mundo a donde se dirigían las expediciones científicas; esa producción se hizo con la idea de recabar datos para su posterior análisis y también para “rescatar” tradiciones que se perdían […].10
En México, el descubrimiento académico de las potencialidades documentales de las imágenes por los historiadores es mucho más reciente que entre los antropólogos por la familiaridad de éstos con quienes los primeros han llamado pueblos “sin historia” -por carecer de escritura-, además de que la antropología ha utilizado la fotografía y el cine como documentos o “informantes”, como registro y representación documental del trabajo de investigación de campo y como herramienta de investigación (Novelo, 2011: 8).
Sea cual fuere el acercamiento a las imágenes, cuando se les utiliza como documentos será ineludible someterlos a la crítica, como se hace con cualquier fuente de información que se pretenda usar con fines científicos, lo cual implica buscar y conocer las condiciones concretas en que se produjo la imagen, el autor y su contexto. Sólo así podremos calificar a las imágenes como representaciones que se vinculan con ciertos consumos políticos o ideológicos -como cuando las etnias se califican automáticamente como “primitivas” o atrasadas, exóticas y folclóricas, además de la apropiación que señala S. Robinson-, como reflejos de una realidad perdida que se añora, como estereotipos de una época, etcétera, para ubicarlas y desentrañar lo que podemos indagar (Novelo, 2011: 10).
















