Haití: Semblanza histórica y causas de la migración
Si bien la revolución haitiana, consumada en 1804, fue la única de esclavos triunfante en toda la historia de la humanidad y la que permitió la primera nación independiente de América Latina (Dubois and Garrigus, 2016; Romero, 2003), no generó las condiciones para el desarrollo de una nación próspera y pacífica, dado que el resto del siglo XIX se caracterizó por conflictos políticos y armados que incluyeron la división y reunificación del país; en el siglo XX se destaca la ocupación militar de Estados Unidos (1915-1934) y la dictadura de François y Jean-Claude Duvalier, padre e hijo que durante 30 años (de 1957 a1986) impusieron un régimen que se destacó por altos niveles de corrupción y por la creación de organismos paramilitares que se encargaron de la desaparición de más de 60 mil opositores y que llevó al país a una inestabilidad política y económica, generando altos índices de pobreza.
Las revueltas populares que generaron la salida de Jean Claude Duvalier dieron paso a una serie de golpes de Estado encabezados por militares, hasta que en 1990 llega por medios democráticos Jean-Bertrand Aristide, quien es depuesto nuevamente por un golpe organizado por militares, pero que, con la intervención de Estados Unidos, es reinstalado cuatro años después.
Aristide gobernó en varias ocasiones, sin embargo, su acercamiento a los regímenes procomunistas (Cuba y Venezuela) le hicieron perder el apoyo estadounidense, por lo que en 2004 fue nuevamente derrocado. Hasta la fecha Haití se ha mantenido en una vorágine de ingobernabilidad y golpes de Estado, el más reciente fue el asesinato de Jovenel Moïse, quien fue presidente de 2017 hasta julio de 2021; actualmente Ariel Henry preside el gobierno de Haití con muchas dudas de legitimidad.
La inestabilidad política y social, no han sido las únicas adversidades a las que se han tenido que enfrentar los haitianos, los desastres naturales y las enfermedades han sido una constante a lo largo de su historia, entre los acontecimientos más recientes se encuentra el sismo de agosto de 2021, en el que, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 2022), murieron unas 2,200 personas y un aproximado de 13 mil resultaron lesionadas, además del daño en la infraestructura, principalmente en escuelas, hospitales y vías de comunicación.
No obstante, el sismo más catastrófico fue el que se registró en enero de 2010, dado que, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2021), cobró la vida de unas 250 mil personas y derrumbó gran parte de la infraestructura pública y privada, ocasionando daños que superaron 100 por ciento del Producto Interno Bruto Haitiano. La destrucción, la falta de servicios y la precaria situación sanitaria, provocaron unos meses después un brote de cólera que mató a 9,792 personas y afectó a más de 820 mil.
Aunque menos devastadores, los fenómenos meteorológicos también han dejado su huella de destrucción en Haití, en 2016 el huracán Matthew causó daños por 2,700 millones de dólares y causó la muerte de más de 600 personas (ONU, 2017a).
Así pues, la historia de Haití es casi un recuento de inestabilidad política, social y económica, además de grandes desastres naturales y enfermedades, no es de extrañar que esta nación ocupe el primer lugar entre los países más pobres del continente americano. En el año 2020, según señala el Banco Mundial (2020), Haití contaba con 11.5 millones de habitantes, de los cuales 60 por ciento vivía en situación de pobreza y 44 por ciento sufría inseguridad alimentaria aguda; esta situación explica en gran parte la migración originada en este país, una migración que, en términos de Betts (2013), independientemente de cómo se clasifique, es de supervivencia, dado que, cuando un país no ofrece las condiciones mínimas para desarrollar la vida, las personas se ven forzadas a cruzar fronteras internacionales.
Migración haitiana
Hasta el año 2020 había en total 1,770,000 haitianos viviendo fuera de su país, dicho fenómeno inició desde la década de 1960 cuando muchos haitianos huyeron de la dictadura de los Duvalier (1957-1986). Desde hace mucho tiempo Estados Unidos ha sido principal destino de esta migración; en el año de 1980 se encontraban 92 mil haitianos viviendo en el citado país, en 1990 ya eran 225 mil y en el año 2000 la cifra alcanzó los 587 mil; el terremoto de 2010 y las facilidades que Estados Unidos otorgó para la migración de haitianos, generaron que para el año 2020 la cifra llegara a 705 mil (U.S. Census Bureau, 2020; Migration Policy Institute, 2020).
En los últimos años los flujos migratorios de haitianos hacia Estados Unidos se han incrementado como consecuencia de una combinación de factores, entre los que destacan las crisis económicas de algunas naciones sudamericanas que en años anteriores fueron receptoras de una cantidad importante de estos migrantes.
El segundo país receptor es la República Dominicana, con la que Haití comparte la misma isla que es su territorio, por la misma razón la relación migratoria es histórica, sin embargo, el desarrollo y la estabilidad política no han sido los mismos en ambos países, la República Dominicana ha tenido mejor desempeño económico y social, lo que ha generado, a lo largo del tiempo, un flujo importante de migrantes haitianos; hasta 2020 en ese país se encontraban unos 496 mil migrantes procedentes de Haití.
En el tercer sitio se encuentra Chile, país que en 2020 contaba con 237 mil migrantes haitianos. La migración hacia este país pudo haber sido incentivada, según señala Montes (2018), por las relaciones sociales que se desarrollaron a partir de la estadía de unos 12 mil soldados chilenos que, durante tres años (2014 a 2017), formaron parte de las fuerzas internacionales encabezadas por la ONU y que tenían como misión la estabilización política de Haití.
Canadá y Francia constituyen el cuarto y quinto lugar en cuanto al destino de la migración haitiana, con 101 mil y 85 mil, respectivamente. Brasil constituye el sexto país contando hasta 2022 con 33 mil (Migration Policy Institute, 2020), es importante destacar que a este país llegaron a radicar más de 67 mil haitianos entre 2014 y 2016 (ONU, 2017b). La migración hacia Brasil inició desde el año 2010, teniendo como factor de expulsión el terremoto que devastó la capital de Haití en el mes de enero de ese año y, como factor de atracción, la época de bonanza económica que en ese periodo vivía Brasil y la necesidad de mano de obra que demandaba la construcción de la infraestructura para el mundial de fútbol 2014 y los juegos olímpicos de 2016.
Sin embargo, la economía brasileña que en 2010 había presentado un crecimiento de 7.2 por ciento en su Producto Interno Bruto, empezó un descenso gradual hasta presentar números negativos de -3.8 en 2015 y -3.0 en 2016 (Statista Research Department, 2022). Como normalmente ocurre, ante las crisis económicas los primeros en perder su empleo son los migrantes, de esta manera, más de 34 mil migrantes haitianos abandonaron Brasil, fijando como su próximo destino Estados Unidos, animados, según señalan Chishti y Pierce (2016), por la posibilidad de ampararse al Estatuto de Protección Temporal que ese país había establecido como respuesta al terremoto de enero 2010 y que culminaba en julio de 2017.
El resto de migrantes haitianos se encuentran distribuidos principalmente entre los países que integran el archipiélago de las islas Antillas, excepto por los que se encuentran en la Guayana Francesa, México, Venezuela y Panamá (Tabla 1).
Tabla 1 Migrantes haitianos internacionales, 2020. (Principales países)
| País | Población | País | Población | |||
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Estados Unidos | 705,000 | 10 | Guadalupe | 14,000 | |
| 2 | Rep. Dominicana | 496,000 | 11 | México* | 6,000 | |
| 3 | Chile | 237,000 | 12 | San Martin | 3,000 | |
| 4 | Canadá | 101,000 | 13 | Venezuela | 2,000 | |
| 5 | Francia | 85,000 | 14 | Curazao | 2,000 | |
| 6 | Brasil | 33,000 | 15 | Martinica | 2,000 | |
| 7 | Bahamas | 30,000 | 16 | Aruba | 2,000 | |
| 8 | Guayana Francesa | 22,000 | 17 | Panamá | 1,000 | |
| 9 | Islas Turcas y Caicos | 16,000 | 18 | Islas Vírgenes | 1,000 | |
* En el año 2022 las cifras para México ascendieron y se calculan en más de 68,000, según explicación expuesta en el siguiente apartado.
Fuente: elaboración propia con datos de Migration Policy Institute, 2020.
Migración haitiana a México
Los rumores de que Estados Unidos estaba otorgando facilidades a los nacionales de Haití para ingresar a su territorio, como parte de un programa de protección humanitaria para extranjeros cuyos países de origen habían sido afectados por alguna catástrofe, y que dicho programa finalizaría en el año 2017, animó a una gran cantidad de haitianos a organizarse con la intención de arribar a hacia ese país. Algunos de ellos se encontraban radicando en otros países de la región sudamericana, sin embargo, en 2016 los países de esa región enfrentaban desaceleraciones o recesiones en sus economías, afectando principalmente a los migrantes, muchos de los cuales perdieron su empleo y enfrentaron el rechazo social y la discriminación.
De esta manera, en los primeros meses de 2016, los medios de comunicación daban cuenta de caravanas de migrantes que atravesaban por tierra la región de Centroamérica (Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Guatemala), hasta ingresar a México por la localidad de Ciudad Hidalgo en Tapachula, Chiapas, desde ahí algunos continuaban por su cuenta y otros eran transportados por traficantes de personas en camiones y camionetas por Oaxaca, Puebla y la Ciudad de México (Aguirre, 2023).
Si bien el cruce por varios países del sur y centro de América, enfrentó a los migrantes a grandes desafíos, a fin de cuentas les permitió avanzar hasta llegar a la frontera norte de México; los principales destinos fueron Tijuana y en menor medida Mexicali. Los haitianos eligieron estas ciudades para iniciar su solicitud de ingreso ante las autoridades estadounidenses, probablemente por ser las fronteras más dinámicas del noroeste del país.
No obstante, las agencias migratorias de Estados Unidos atendían solamente a 110 solicitantes por día, pero a la región llegaban diariamente 300 nuevos migrantes haitianos en promedio (Juárez, 2016), razón por la que miles tuvieron que esperar en Tijuana, provocando que en pocos días los albergues tuvieran que incrementarse de 32 a 50 en la ciudad y que el gobierno federal activara un fondo de emergencia para atender lo que llamaron “situación extraordinaria de migrantes” (Moreno, 2019). Se calculaba que para octubre de 2016 había unos tres mil haitianos en Tijuana (Vargas, 2021), un mes después el número había ascendió a 4,500 migrantes (ONU, 2016a).
La anterior situación provocó que la espera forzada en Tijuana se hiciera más prolongada, esto los obligó a que buscaran trabajo y la industria maquiladora fue, desde un principio, un refugio laboral que contribuyó para que los haitianos obtuvieran empleo y visas laborales (Coulange y Castillo, 2020; Martínez, 2018). Por otro lado, a pesar de que los solicitantes iniciaban el trámite estando en México, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos empezó a repatriar a los solicitantes no admitidos a Haití (París, 2018), este fue el caso de 20,354 migrantes haitianos hasta el año 2021 (Human Rights Watch, 2022).
El miedo a la deportación contribuyó a que miles de migrantes haitianos decidieran quedarse en territorio mexicano y no buscar el acceso a los Estados Unidos, y a pesar de que el “sueño americano” era cada vez más difícil de conseguir, esto no frenó la llegada constante de migrantes haitianos, probablemente porque ciudades fronterizas como Tijuana mantienen una constante oferta de empleo y ofrecen la posibilidad de desarrollo que, si bien no se compara con el estadounidense, sí ofrece mayores ventajas respecto a Haití y otros países del sur y centro de América. De este modo, pronto los haitianos se incorporaron a los diversos sectores productivos de la ciudad, incluso trabajando por su cuenta en el comercio informal y con negocios propios, principalmente restaurantes de comida típica haitiana (Robles, 2023).
En resumen, ya sea por las circunstancias o por una decisión planeada, México (particularmente la ciudad de Tijuana) se ha convertido en un destino importante de la migración haitiana; hasta el 2022 las autoridades mexicanas habían otorgado a los nacionales de Haití un total de 68,575 Tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias (Secretaría de Gobernación, 2022), aunque la cifra podría ser más grande, dado que muchos de ellos ingresan al país irregularmente debido al poco control de la frontera sur.
Migración y procesos de integración social
La integración social es un concepto que se ha discutido mucho desde las ciencias sociales; en su texto La división del trabajo social publicado por primera vez a finales del siglo XIX, Durkheim (1987) argumentaba la necesidad de establecer vínculos para integrar a las distintas clases sociales y, sobre todo, a los grupos minoritarios para hacerlos participes del desarrollo.
En las últimas décadas del siglo XX, las grandes migraciones, según Castles y Miller (2004), características del fenómeno de la globalización y del capitalismo, llamaron la atención de algunos científicos sociales; en este periodo se desarrolló un número importante de investigaciones y de teorías sobre el impacto social, cultural, económico y político, tanto en las sociedades expulsoras como en las receptoras. De acuerdo con Tedesco (2006), se pensaba que el capitalismo tenía una fuerte vocación inclusiva, ya que permitía una incorporación política y económica de los migrantes mediante su participación en los mercados de trabajo y en los asuntos de la nación.
La asimilación, en los albores de las teorías integracionistas, señalaba la necesidad de que los migrantes adoptaran los elementos culturales y los arquetipos sociales de la sociedad hacia donde migraban y se establecían (Gordon, 1964); si bien estas ideas señalaban que la asimilación era la vía más efectiva de integración y de desarrollo social y económico, tenía de trasfondo la protección de la cultura local que podría verse amenazada frente a los nuevos elementos culturales de los migrantes, en el mismo sentido, buscaba erosionar a la cultura “invasora” mediante un proceso de aculturación, producto de la asimilación de la cultura dominante (Méndez, Pérez y Uceda, 2013). Por otro lado, quedaba claro que la asimilación no era un proceso único, sino que tenía variaciones en las distintas generaciones de migrantes y la integración ocurría generalmente con las clases bajas o sectores marginados (Portes y Rumbaut, 2011; Rumbaut, 2015).
En las décadas recientes las reivindicaciones culturales de los migrantes han generado una transformación en los procesos de integración, ahora desde la diversidad y no desde la asimilación; las sociedades de acogida y los gobiernos también han cambiado (en algunos casos) su perspectiva frente a los migrantes; de acuerdo con Bel “la integración social del migrante será resultado de un proceso gradual y armonioso, no de hechos puntuales” (1994, p. 22); en el mismo sentido, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2019) sostiene que la integración debe ser un proceso de adaptación bidireccional, no solo de los migrantes con la sociedad de acogida, sino también las sociedades que reciben migrantes, las cuales deben mostrar apertura a otras expresiones, principalmente culturales; en este punto es importante subrayar que existen ciudades muy poco receptivas a la migración y ciudades que están muy habituadas a la migración y a la diversidad cultural que esto conlleva (como Tijuana), lo que facilita el proceso de integración mutua.
En el mismo sentido, en el estado del arte hay diversos estudios que demuestran la existencia de beneficios mutuos entre los migrantes y las sociedades a donde emigran (OCDE, 2018; ONU, 2016b); en los países receptores la migración ha resuelto problemas como la necesidad de mano de obra, reducción de la población en edad de trabajar y el incremento de impuestos para el desarrollo de obra pública, entre otros; en tanto que, para los migrantes, la decisión de integrarse a una nueva sociedad y de arraigarse en un nuevo territorio se deriva, en la mayoría de los casos, de la percepción de mejores condiciones para el desarrollo de una vida de calidad; el anterior concepto es de suma importancia, dado que no solo se trata de un incremento en los ingresos, ya que por sí solos no implican mejores condiciones de vida; es necesaria la integración social con todo lo que ello implica.
La calidad de vida suele evaluarse en dos áreas a las que se les puede llamar objetivas y subjetivas (Schalock, 2004); en el caso de las comunidades migrantes, en la primera de ellas se agrupan las condiciones sociales, económicas y legales, en tanto que en la segunda se considera el bienestar emocional, este tiene que ver con la construcción de una identidad hibrida basada en la permanencia de su cultura y en la apropiación simbólica e identificación con el nuevo territorio y con las personas que lo habitan.
En la Tabla 2 se presenta la relación del sistema de calidad de vida y los procesos de integración social de los migrantes.
Tabla 2 Sistema de integración de migrantes
| Subsistema | Área | Acciones de integración |
|---|---|---|
| Objetivo | Social | -Establecer relaciones sociales con la comunidad local. -Mantener convivencia con la familia. -Incentivar un trato igualitario en el empleo y en la vida social. |
| Económica | -Acceder a las fuentes de empleo. -Generar un ingreso suficiente al menos para cubrir las necesidades básicas. |
|
| Legal | -Regularización de la situación migratoria. | |
| Subjetivo | Cultural | -Ejercer libremente la cultura propia. -Incorporar y adoptar libremente los elementos de la cultura local. -Identificarse con el territorio y apropiarse simbólicamente del mismo y de la comunidad que lo habita. |
Fuente: elaboración propia.
La integración y el arraigo suelen consolidarse por acontecimientos como matrimonios mixtos (entre migrantes y locales) y nacimiento de hijos, adquisición de bienes, integración a grupos sociales (religiosos, deportivos, recreativos, políticos, etc.) y, desde luego, la identificación con el territorio y la apropiación de los nuevos referentes culturales (Barja-Coria, Carreño-Nigenda y Peña-Rodríguez, 2011).
Diseño metodológico
El objetivo de la investigación fue dar evidencia de estrategias de integración de la comunidad migrante haitiana en Tijuana, tales como la intención de hacer amigos e incorporar elementos culturales con la comunidad local, matrimonios mixtos (haitianos-mexicanos), nacimiento de hijos y asistencia de los mismos a la escuela; por otro lado, conocer la intención de adquirir bienes muebles e inmuebles, el establecimiento de negocios y de traer a otros familiares, sin soslayar la posibilidad de recrear la cultura y tradiciones propias que permitan conservar y ejercer la identidad.
Para tal efecto se utilizó una metodología mixta basada en una encuesta aplicada a 167 migrantes haitianos de ambos sexos, mayores de 18 años, con al menos un año de residencia en la ciudad de Tijuana. La encuesta no es estadísticamente representativa y no se consideraron estratos ni conglomerados, su tamaño está determinado por la disposición de participación que tuvieron los informantes, adicionalmente se realizaron ocho entrevistas a personas con los mismos criterios de inclusión.
El grupo encuestado está conformado por 60 por ciento hombres y 40 por ciento mujeres. Algunas de las preguntas de las encuestas fueron cerradas con escalas de Likert para permitir agilidad en las respuestas y agrupamientos más precisos de estas. Los instrumentos se aplicaron entre febrero de 2021 y octubre de 2022, principalmente en las calles del centro de la ciudad y espacios turísticos donde esta comunidad suele presentarse, muchos de ellos para vender sus productos. Se utilizó la técnica de bola de nieve para abarcar a más integrantes de la comunidad. En varias ocasiones se contó con la ayuda de un inmigrante haitiano que hablaba español, para efecto de traducir algunas palabras e ideas.
Para analizar las estrategias de integración de la comunidad, la encuesta y entrevistas tuvieron diversos ítems (Tabla 3), partiendo de datos sociodemográficos, después información de los cónyuges, tiempo de residencia en la ciudad, tiempo que han tardado para encontrar su primer empleo, satisfacción con el salario percibido, trato recibido por la población local y nivel de convivencia con la misma. Asimismo, se les cuestionó sobre la nacionalidad de sus hijos y de su asistencia a la escuela y la identificación y apropiación que han desarrollado sobre el territorio como espacio simbólico y con la sociedad que lo habita.
Tabla 3 Elementos para la composición del cuestionario y las entrevistas para conocer los procesos de integración social de la comunidad haitiana en Tijuana, Baja California 2022
| Área de integración | Indicador |
|---|---|
| Social | Cantidad de amigos cercanos y de confianza. Cantidad de matrimonios mixtos (haitianos-mexicanos). Asistencia de los hijos a las escuelas. Nivel de comunicación con la familia situada en diferentes países. |
| Económica | Tiempo y acceso a las fuentes de empleo. Ingresos por trabajo (formal o informal). Adquisición o intención de adquirir bienes. |
| Legal | Tramitación o renovación de Tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias. Regularización por vínculo familiar. |
| Cultural | Bienestar emocional basado en: La capacidad para ejercer la cultura haitiana (como prácticas y creencias religiosas, tradiciones y celebraciones, bailes, comida, etcétera). Interés por incorporar elementos de la cultura mexicana/tijuanense y sentirse parte de ella. |
Fuente: elaboración propia.
Resultados
El trabajo de campo de la presente investigación se enfocó en recabar información respecto a las acciones y condiciones concretas que conllevan a la integración social de la comunidad haitiana en Tijuana, Baja California.
En lo que corresponde a los procesos objetivos, una primera condición relevante es la edad, ya que se trata de una población migrante joven; 52 por ciento tiene entre 21 y 30 años. Algunos estudios han demostrado que, cuando se emigra a menor edad, existe una mayor facilidad de integrarse a las nuevas sociedades, incluso de mantener los elementos culturales nativos y dominar los de la nueva cultura, en tanto que la integración en adultos, y sobre todo en adultos mayores, es un proceso mucho más complicado y, en muchos casos, muy limitado (Berry, Phinney, Sam and Vedder, 2006; Ebrahim, 2006; Ebrahim, 1992).
Respecto a la capacidad para relacionarse socialmente con la comunidad local, la gran mayoría de las y los informantes (82 por ciento) manifestó intentar con frecuencia hacer amigos de la comunidad local, dado que lo consideran muy importante para su persona; como consecuencia de lo anterior, 43 por ciento dijo tener entre uno y tres amigos o amigas de la comunidad local, a quienes consideran cercanos o de confianza (Figura 1).

Fuente: elaboración propia.
Figura 1 Migrantes haitianos en Tijuana (Importancia de tener amigos locales, y número de ellos)
En el mismo tenor, la importancia de relacionarse socialmente con miembros de la comunidad local se puede verificar en los siguientes fragmentos de las entrevistas realizadas con migrantes haitianos con cinco y tres años de residencia en Tijuana, respectivamente.
En Tijuana cuando llegué a vivir…estaban dando trabajo en una llantera (reparación de llantas), aunque tenía miedo por ser extranjero y negro, fui a solicitar y el dueño me dijo que sí me daba trabajo, los otros (trabajadores mexicanos) me enseñaron cómo se quita, se repara la ponchadura y se vuelve a poner una llanta, soy muy amigo de ellos y me han invitado a sus casas cuando tienen ‘party’ (sic), en veces yo llevo comida haitiana y les gusta… (Fidele, Claude, comunicación personal, 9 de julio de 2021).
… no quiero regresar a Haití, tampoco a Dominicana donde estuve antes, cuando decidí que me quedaría en México, también pensé en hacer amigos, este será mi lugar, ya tengo una hija mexicana y mi esposa también es mexicana, de un lugar que se llama Culiacán, pero ellas viven aquí en Tijuana, su familia y sus hermanos son como mi familia, y en el trabajo trato de que todos piensen bien de mí, que no soy un migrante malo… (Desrosiers, Jean, comunicación personal, 13 de julio de 2021).
La asistencia a instituciones educativas de los integrantes menores (y, en algunos casos, de los adultos) de la comunidad haitiana, ha sido otra importante y contundente estrategia de integración social, ya que, según Fermoso (1994), la escuela ha sido a lo largo de la historia y en todas las sociedades el principal agente socializador, dado que es ahí donde, de manera formal e informal, se adquieren los conocimientos, creencias, tradiciones y costumbres que permiten el desarrollo de las habilidades sociales para la interacción; en el caso de los niños y jóvenes haitianos, también una adquisición acelerada del lenguaje. En el mismo sentido, los padres se ven en la necesidad de interactuar con otros padres de familia en las juntas y festivales escolares, entre otros.
Mediante solicitud de información, se lograron obtener datos sobre alumnos de nacionalidad haitiana inscritos en escuelas públicas de Tijuana; es importante señalar que los datos siguientes, específicamente los de educación básica y media básica, se refieren solamente a los menores de nacionalidad haitiana, pero algunos migrantes ya traían hijos con otras nacionalidades y otros tuvieron hijos mexicanos, de los cuales no fue posible obtener información, no obstante, el dato permite deducir que el número de niños inscritos, pertenecientes a la comunidad haitiana sin importar nacionalidad, es más grande (Figura 2).

Fuente: elaboración propia con datos del Gobierno de Baja California (2022) y Universidad Autónoma de Baja California, 2022.
Figura 2 Nacionalidad de los hijos y cantidad de alumnos con nacionalidad haitiana inscritos en escuelas públicas de Tijuana (cohorte al mes de septiembre, 2022)
Respecto a la relación y convivencia con la familia; ninguno de los informantes manifestó sentirse ausente, desconectado o aislado de su familia, ya que independientemente de las fronteras mantienen estrecha relación debido a los medios de comunicación; además, hay un indicio de reunificación familiar, ya que, como es común en las migraciones laborales, al principio son preponderantemente masculinas e inician, conforme se perciben condiciones para el desarrollo social, los procesos de reunificación familiar, al respecto, la población migrante haitiana encuestada se conformó por 60 por ciento hombres y 40 por ciento mujeres. En el siguiente fragmento de entrevista se puede constatar un referente de la convivencia familiar.
… sí he podido hacer muchas cosas de cultura haitiana, algunas veces reunimos amigos y familias de Haití, ponemos música haitiana para bailar y compramos cosas para cocinar (sic)… (Blanchard, Jean Louis, comunicación personal, 21 de junio de 2021).
En el tema del acceso al trabajo, 85 por ciento señaló que tardó menos de un mes en encontrar empleo, en tanto que 15 por ciento tardó más de un mes y en ningún caso algún migrante señaló que no ha podido encontrar empleo. En lo correspondiente a la satisfacción con el salario, 45 por ciento manifestó que este era apenas suficiente (alcanza para cubrir necesidades básicas como alimento, vestido, calzado, vivienda, salud, educación y recreación), 33 por ciento dijo que era insuficiente; a pesar de lo anterior, 60 por ciento manifestó que, desde su establecimiento en Tijuana, su situación económica ha mejorado, 30 por ciento dijo que su situación sigue siendo la misma y solamente diez por ciento señaló que ha empeorado.
Otro dato importante respecto al empleo se refiere a que, a pesar de que 30 por ciento considera que hay preferencia por los trabajadores locales, 70 por ciento percibe que en su lugar de trabajo le tratan igual que a todos los demás; los siguientes fragmentos de entrevistas con migrantes haitianos con cinco y tres años de residencia en Tijuana, respectivamente, son congruentes con los datos recabados:
…yo trabajo en una taquería, desde que entré a trabajar todos me trataron bien, igual que a todos los demás… son mis amigos, me han enseñado cómo se prepara la carne y cómo se hacen los tacos… (Saintilus, Rigueur, comunicación personal, 21 de mayo de 2021).
…la vida en México es difícil, el salario no alcanza, pero en Haití es más difícil, allá no había para comer, después me fui a Chile, pero también se puso muy difícil, además allá sí me discriminaron por ser extranjero y también por ser negro, en México al menos tengo para comer y vestir bien, puedo llevar a mi familia al cine y hasta le mando dinero a mi madre… (Desrosiers, Henry, comunicación personal, 9 de junio de 2021).
En lo correspondiente a la adquisición de bienes (muebles e inmuebles), 82 por ciento de migrantes haitianos dijo haber adquirido o estar en proceso de adquirirlos, los más mencionados fueron la adquisición de vivienda en 80 por ciento de los casos, con la misma frecuencia la adquisición de muebles y enseres del hogar, 60 por ciento automóviles y 35 por ciento terreno para construcción de vivienda.
En el tema de la regularización, los migrantes haitianos manifestaron que, a pesar de los prolongados tiempos de espera que variaron de entre cinco días y un mes, no tuvieron mayores problemas para tramitar y obtener al principio Tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias; posteriormente han accedido a otras formas, incluyendo la regularización por vínculo familiar que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración (2024), puede tramitarse si se es cónyuge o concubino/a de alguna persona de nacionalidad mexicana o ser hijo, padre o madre de alguna persona con nacionalidad mexicana. Al respecto, en la anterior Figura 2 se indica que 31 por ciento de los encuestados manifestaron tener hijos de nacionalidad mexicana. En lo que se refiere a la relación conyugal o de concubinato, 39 por ciento de ellos dijeron encontrarse en esa situación, de ese total, 35 por ciento dijo que su relación era con alguna persona de nacionalidad mexicana.
Otro elemento importante, señalado en las teorías de integración descritas con anterioridad, es la incorporación sutil, gradual, armoniosa, consensuada, adaptada y resignificada de algunos elementos culturales de la sociedad local, sin que esto conlleve a una aculturación; en este tema, se cuestionó a los migrantes haitianos sobre su interés por conocer e incorporar elementos culturales de México y particularmente de Tijuana (como bailes, ceremonias religiosas, música, comida, etc.); los resultados no solo evidencian que existe un gran interés, sino que, además, dan cuenta de que la mayoría de los migrantes en cuestión (95 por ciento) ya incorporaron elementos culturales locales a su vida cotidiana.
En el mismo tema cultural y área subjetiva, los resultados del trabajo de campo dan evidencia de que en los migrantes haitianos existe la capacidad para recrear la cultura propia, estando en Tijuana, 65 por ciento de ellos manifestó haber podido practicar su religión y tradiciones, destaca también que 30 por ciento no ha podido recrear su cultura y cinco por ciento que no tiene interés en hacerlo; en este punto es importante señalar que las limitaciones no son por un impedimento de la sociedad local, los migrantes señalaron que, en algunos casos, es la ausencia de productos tradicionales de Haití que se utilizan en bailes, ceremonias religiosas, música y comida y, en otros casos, también de una autocensura, como se ejemplifica en el siguiente fragmento de entrevista
… lo único que la gente (migrantes haitianos) preocupa mucho no hacer cosas de santería, porque gente de México puede espantar y vernos mal (sic)… (Blanchard, Jean Louis, comunicación personal, 21 de junio de 2021).
En el mismo tema cultural, los informantes dieron referencia de la asistencia a iglesias católicas y protestantes, y a la existencia de una estación de radio digital llamada Radio de Haití en Tijuana que, además de transmitir música de su país, funge como medio de información para dar cuenta de noticias de importancia para dicha comunidad.
En conclusión, el trabajo de campo permitió conocer y documentar algunos de los procesos de integración de los migrantes haitianos, incluyendo la parte social, cultural y laboral, es importante destacar la disposición y amabilidad con la que los informantes participaron tanto en las entrevistas como en la encuesta, lo que en sí mismo refiere a una disposición de integración.
Conclusiones
Aunque, como ya se ha mencionado, llegar a Estados Unidos y buscar alguna figura legal que les permitiera permanecer y laborar ahí, fue la meta original de los primeros migrantes haitianos que arribaron a Tijuana durante el año 2016, las circunstancias que implicaban las largas esperas y la posibilidad de ser deportados a Haití, obligaron a muchos de ellos, en un principio, a buscar empleo en Tijuana y posteriormente a tomar la decisión de establecerse, dado que, si el ingreso a Estados Unidos no era posible, tampoco era una mejor opción regresar a Haití o a otros países de centro y Sudamérica.
La situación geoeconómica de Tijuana y su necesidad constante de mano de obra en todos los sectores productivos, además de su sociedad acostumbrada a la migración y a la diversidad cultural, permitieron las condiciones para el establecimiento y desarrollo de una comunidad haitiana que, hasta el momento de esta investigación, no ha cesado en su crecimiento.
Es importante resaltar la resiliencia que han mostrado las y los migrantes haitianos, quienes desde su llegada se emplearon en el comercio informal y paulatinamente se fueron incorporando en todo tipo de establecimientos en el sector formal; en la actualidad es común verles empleados y empleadas en maquilas, supermercados, tiendas departamentales, tiendas de conveniencia y en pequeños comercios como restaurantes, taquerías, fruterías, carnicerías y lavados de automóviles, entre otros. También es destacable el establecimiento de negocios propios entre los que resaltan varios restaurantes de comida haitiana y peluquerías, hay también referencias a la apropiación cultural de migrantes haitianos que elaboran o preparan por cuenta propia artesanías o comida mexicana (como “burritos” y tamales).
El trabajo de campo evidenció con claridad que existe mucho interés en integrarse a la comunidad local, tanto en la vida social, económica y cultural, prueba de lo anterior es la existencia de matrimonios entre personas de Haití y de México, el nacimiento de hijos con al menos uno de los padres de nacionalidad haitiana, la adquisición de bienes como automóviles, terrenos y casas; y la intención de reunificar a la familia ayudando a que otros integrantes emigren hacia Tijuana, además de que en todos los casos los informantes señalaron que se encontraban en situación regular en cuanto a la documentación, lo que les permite no solo vivir y trabajar en Tijuana, sino también desplazarse con confianza sin temor a las autoridades y acceder a créditos y servicios financieros.
En conclusión, existe evidencia del desarrollo de estrategias de integración social por parte de la comunidad haitiana en Tijuana, mismas que les han permitido integrarse a la sociedad local y apropiarse simbólicamente del territorio, con la intención de desarrollar una vida de calidad con las condiciones que Tijuana ofrece.















