Las campañas electorales 2024 en la Ciudad de México (CDMX), se caracterizaron por consignas como “Tiempo de mujeres”, “Las Mujeres con Claudia”, “Llegamos todas”, “República de y para las Muje res”, “Es tiempo de mujeres transformadoras”, entre otras. Los discursos y prácticas políticas reproducidas durante los procesos electorales abordaron el asunto de las mujeres de manera particular tanto en escalas amplias como en escenarios más locales. A partir de ello, este artículo se ubica en el campo de la reflexión generada por las campañas en la Ciudad de México. Nos interesa profundizar en tres temas entrelazados: 1) la diferencia entre las agendas de candidatos y candidatas, así como las estrategias de comunicación en respuesta a los estereotipos del electorado sobre la presencia de las mujeres en la política; 2) la reacción del electorado que asistió a mítines y reuniones; 3) la experiencia vivida por las mujeres en el contexto de las campañas electorales. Lo anterior con base en el trabajo etnográfico realizado en tres alcaldías de la CDMX: Tlalpan, Iztacalco y La Magdalena Contreras.1
Se ha sostenido que las campañas de las mujeres tienden a enfocarse más en temas como derechos sociales, salud, educación e igualdad, en contraste con las de los hombres, que suelen centrarse en liderazgo fuerte, economía y seguridad.2 También se afirma que aquellas mujeres capaces de construir una narrativa sólida pueden aprovechar el voto femenino y el respaldo de movimientos progresistas (Fulton y Dhima 2021). No obstante, sería un guiño a los esencialismos asumir que naturalmente las mujeres en la política deben cumplir con una especie de inclinación por las temáticas relacionadas con el género, o que existe un “punto de vista de las mujeres”, como suele pensarse en nuestras sociedades (Perini 2016). Incluso, como sugieren Cornwall y Goetz (2005), la idea de que mujeres con liderazgo político deben representar los intereses de las mujeres (sin importar su afiliación partidaria) y tener una tarea adicional de rendición de cuentas ante un electorado femenino, además de bastante extendida en la percepción pública, quizá sirve para socavar su legitimidad ante algunos de sus colegas masculinos, a la vez que les plantea retos y exigencias diferenciados, lo que perpetúa que el género y los intereses de las mujeres se consideren como asuntos típica y exclusivamente femeninos. No todas las mujeres que ocupan cargos públicos (o los pretenden) defienden una postura feminista, o parten de la perspectiva de género. De hecho, para algunas, ganar y mantenerse en un cargo depende de minimizar las simpatías feministas, sus opiniones más críticas y hasta su condición de género. Las autoras recién referenciadas advierten que concluir que la democracia es más inclusiva por la incorporación de mujeres tiende a privilegiar la diferencia de género frente a otros factores que configuran los intereses, las habilidades políticas y las relaciones de rendición de cuentas, patentes en la afiliación a un partido o proyecto político. La identidad sexogenérica puede resultar menos determinante de los intereses y aptitudes políticas de un representante que su aprendizaje político, entendido como “las vías por las que los representantes entran y participan en la actividad política, y que influyen en cómo definen y adquieren las artes y actividades de la política, y negocian los límites de lo político” (Cornwall y Goetz 2005, 784).3
Las acciones afirmativas para incorporar mujeres a la política formal no guardan una relación con la receptividad de los partidos a la igualdad de género, o a la construcción de agendas políticas interesadas en ella. El incremento de la representación femenina no es factor determinante, ni suficiente, para asegurar la implementación de políticas públicas con perspectiva de género (Gilas 2018 y 2024; Beer 2024), como tampoco se traduce por fuerza en la conformación de una “masa crítica”.4 Las votaciones de 2024 fueron las más numerosas y complejas en la historia de México, tanto por el número de cargos en disputa como por la conformación de las candidaturas bajo el principio de paridad. Nunca había competido esa cantidad de mujeres, lo que resultó en un mayor número de mujeres electas (Espinosa Torres 2024).5 Durante estos últimos años, la cada vez más palpable participación femenina en los mosaicos sociopolíticos nacionales crea nuevas representaciones de lo femenino en el imaginario colectivo, donde se abre la posibilidad de dis cutir, de renegociar los papeles tradicionales (Massolo 2007), pero también se validan, naturalizan y privilegian otros roles, otras presencias y ausencias. Las campañas electorales son terreno fértil para observar estos procesos, la participación política y los discursos de campaña respecto de la configuración de las relaciones de poder entre géneros se antojan ámbitos en disputa, complejos, prestos a la investigación.
El discurso de la candidata a alcaldesa en Tlalpan 2021 y 2024
En el estudio de las campañas 2021 (Tejera Gaona 2022) y 2024 en la alcaldía Tlalpan se analizó el contenido discursivo de la misma candidata a alcaldesa por Morena mediante un análisis comparativo del contenido del discurso, y se profundizó en los cambios en las estructuras semánticas y en los patrones discursivos empleados en ambos contextos, utilizando nubes de palabras que sintetizan de manera visual cómo ciertos términos, ideas o temas cobraron mayor importancia para sustentar una agenda política con base en ciertas propuestas y valores. En 2021 la candidata perdió con un 38.9 por ciento de los votos frente al 41.5 por ciento de su contrincante; y, en 2024 triunfó con un 52.7 por ciento frente al 38.9 por ciento de su adversaria.
Durante sus recorridos en 2021, la candidata abordó seis temas centrales que su equipo de cam paña presentó como resultado de una encuesta en las 179 colonias y los doce pueblos y barrios originarios de Tlalpan: abasto de agua, reactivación económica mediante cooperativas y bolsas de trabajo (enfocadas en mujeres), mejoramiento de la infraestructura urbana, seguridad y prevención del delito, además de la idea de “un buen gobierno”. Con menos frecuencia, propuso ampliar la infraestructura cultural, educativa y deportiva de la alcaldía. Con el lema “Esperanza hecha acción”, señaló que pretendía dar continuidad al trabajo iniciado por la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum (2018-2024). Su campaña se en fo có en secciones electorales ganadas por Morena en 2015 y en aquellas catalogadas como de “indecisos”.
En términos generales, el discurso no fue específico, pues la candidata insistía en un “programa integral” y se centraba en los servicios urbanos y la seguridad, vinculándolos sólo en ocasiones con cuestiones de género. Esta aproximación propició una limitada interacción con el electorado en torno a problemas particulares; se adoptó más bien una estructura de intercambio fundamentada en transacciones políticas de carácter difuso, con discursos que planteaban acuerdos generales y presuponían cierta confluencia de intereses entre la candidata y la ciudadanía. En la nube de palabras de 2021 fue recurrente el compromiso de “trabajar intensamente”, con el lema “Alcaldesa 24/7”, mientras que a los asistentes se les mencionaba siempre como “vecinos”.6
En la siguiente nube de palabras (fig. 1) aquellas predominantes indican cuáles significados políticoculturales se convirtieron en temas recurrentes.

Fuente: Compilación de dos discursos realizados por la candidata a alcaldesa por Morena en reuniones vecinales y mítines. Mayo de 2021.
Figura 1
En algunas colonias, la aspirante abordó asuntos específicos, aunque la tendencia fue exponer los seis temas de su plataforma. Pese a que durante los recorridos y mítines se percibía descontento por la gestión morenista en la alcaldía (2018-2021), su estrategia no se modificó en lo esencial.
Yo sé que voy a trabajar el doble, lo digo aquí en Arboledas del Sur. La presente administración pudo realizar algunas cuestiones, pero en general falló en la alcaldía de Tlalpan, y lo digo públicamente, no quiero cometer los mismos errores. La gente me dice: “Nosotros la queremos ver caminando las calles a usted y a su gabinete”.7
Estas ofertas usualmente dejaron de lado las transacciones específicas de bienes y servicios por votos para audiencias concretas. En síntesis, las y los vecinos no mostraron entusiasmo con las reuniones vecinales y mítines, lo cual se reflejó en las urnas:
Debimos haber escuchado las problemáticas que no habían sido atendidas durante estos tres años [por el gobierno morenista en la alcaldía] porque muchos [vecinos] dicen “vienen cada tres años” [en periodo electoral].8
Los desencuentros entre las expectativas ciudadanas y la estrategia de campaña, más la erosión política de Morena en Tlalpan y el hecho de competir contra otra mujer (lo que diluyó el factor de género como ventaja), se unieron a la crisis económica por la Covid, al desgaste de la figura presidencial -a la que la aspirante y otros candidatos apelaron-, y a la movilización de sectores conservadores en la capital.
En 2024 la estrategia no varió de manera radical, aunque la candidata mostró mayor integración con el proyecto de la 4T en la CDMX, articulándose con las campañas de Clara Brugada (Jefatura de Gobierno) y Claudia Sheinbaum (Presidencia de la República). Su narrativa se entrelazó con la continuidad de proyectos sociales y de infraestructura, pero su discurso siguió subrayando el compromiso de “gobernar la alcaldía más grande de la CDMX” como “alcaldesa de territorio que camine las calles ensuciándose las botas, tocando en las casas y trabajando con la gente”. Sin embargo, la nube de palabras de 2024 (fig. 2) revela algunos cambios colaterales: la atención a demandas puntuales de las colonias se incrementó y se reforzó la cercanía con el electorado al centrarse en palabras como “vecino”, “colonia” y “comunidad”.

Fuente: Compilación de cinco discursos realizados por la candidata a alcaldesa por Morena en reuniones vecinales y mítines. Mayo de 2024.
Figura 2
La gráfica 1 muestra el desplazamiento de algunas palabras en el discurso de 2021 a 2024.

Fuente: Gráfica elaborada con la comparación de los discursos de 2021 y 2024 de la candidata de Morena a la alcaldía de Tlalpan.
Gráfica 1 Comparación de frecuencia de palabras en el discurso de la candidata 2021-2024
En 2021 el énfasis en mencionar “gobernar” es indicativo de lo observado en el trabajo etnográfico, donde el discurso en reuniones y mítines estaba más centrado en el programa y acción de gobierno propuesto por la candidata, mientras que en 2024, dicha palabra, en conjunto con “vecino”, indica que el foco se ha trasladado hacia los ciudadanos. El acento puesto en trabajar para la comunidad que ocupa un lugar importante en 2021, continua en 2024, pero se conjunta con atender las colonias, los pueblos y la alcaldía en su conjunto.
Si bien las mujeres activas en la política tienden a conectarse con los sectores populares haciendo hincapié en su rol como gestoras de servicios básicos, educación y apoyo social, éstos no fueron los temas de la candidata a alcaldesa en Tlalpan en 2021; aunque sí promovió una imagen de cercanía y sensibilidad ante los problemas de los vecinos.
Las campañas electorales en Iztacalco
En esta alcaldía se examinó el tema de la agenda política de las y los aspirantes, para subrayar las ofertas específicas de las candidatas frente a los candidatos. Se compararon las propuestas de dos candidatas (a alcaldesa y a diputación local por el Distrito 11) con las de dos candidatos (a diputado federal por el Distrito 13 y a diputado local por el Distrito 15), profundizando en la agenda política asociada a la oferta de campaña (Dorantes 2008 y 2013).9
Ofertas de campaña: “Si llega una, llegamos todas”
La atención a las peticiones de la ciudadanía fue desigual; hubo quejas de que el candidato a diputado federal (Distrito 13) mantenía cierta distancia con las personas que se acercaban a pedirle algún “apoyo”, remitiéndolas con su secretaria particular para que tomara nota de las solicitudes, mientras aseguraba: “las ayudas no se irán, se quedarán y cada vez serán más, una vez que ganemos”. En contraste, la candidata a alcaldesa por Iztacalco “era amable, carismática”10 y mostraba mayor interés en las demandas vecinales.11 Una mujer mayor, en un mitin del candidato a diputado local (Distrito 15) comentó: “vine a apoyar porque necesito mi trabajo, y si gana la candidata mi empleo está prácticamente garantizado”.12 Este testimonio se repitió en reuniones, asambleas y eventos, entre otras actividades proselitistas.
El cuadro 1 resume las ofertas de campaña en siete categorías, resaltando similitudes y diferencias entre las y los candidatos. Las tres primeras categorías (1. Propuesta de Morena/4T; 2. Apoyos sociales y, 3. Combate a la inseguridad) revelan coincidencias, mientras que a partir de la cuarta (4. Erradicación de desigualdades por cuestión de género) se observan divergencias claras.
Cuadro 1 Ofertas de campaña en la Alcaldía Iztacalco en 2024
| Categoría | Mujeres | Hombres | ||
| Candidata a diputación local del Distrito 11 | Candidata a alcaldesa | Candidato a diputación federal del distrito 13 | Candidato a diputación local del Distrito 15 | |
| 1. Propuesta de MORENA/4T | • Continuidad de la Cuarta Transformación. Combate a la corrupción.
• Expansión y ampliación de los programas sociales. |
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| 2. Apoyos sociales | • Expansión de programas sociales para la juventud. Ampliación del programa Escuela Segura.
• Respaldo a pequeñas y medianas empresas. • Mantenimiento de la pensión para el bienestar de las personas con discapacidad permanente. • Sostenibilidad del programa pensión para el bienestar para las personas adultas mayores. • Prolongación y expansión el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. |
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| 3. Combate a la inseguridad | • Aumento del cuerpo de seguridad pública. Optimización de alumbrado público.
• Extensión del programa Senderos Seguros. |
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| 4. Erradicación de desigual - dades por cuestión de género | No hubo propuestas. | • Promoción de programas sociales para erradicar las adicciones.
• Incremento de los Senderos Seguros. • Desarrollo de unidades de inclusión social. • Apoyo para refugios especializados para mujeres víctimas de violencia de género, sus hijas e hijos. • Aumento de microcréditos para el bienestar. • Apoyo para el bienestar de las niñas y niños, hijos de madres trabajadoras. • Promoción de Mujeres por la Paz. |
Difusa: se mencionó apoyo a mujeres en situaciones vulnerables, pero no se especificó de qué forma se implementaría. | Prolongación de los Senderos Seguros. |
| 5. Cercanía con la ciudadanía | Difuso: se expresó un interés por acercarse a la ciudadanía, pero no se propuso programa o acciones específicas. | Juntas y juntos Mejorando Iztacalco. | Difuso: se manifestó un interés por acercarse a la ciudadanía, pero no se propuso alguna forma de hacerlo pese a la existencia de tarjetas de contacto. | Difuso: se habló de un interés por acercarse a la ciudadanía, pero no se propuso programa ni procedimientos. |
| 6. Espacios públicos e infraestructura | Desarrollo y optimización de espacios públicos para las mascotas. | • Fomento a la cultura y deporte.
• Apertura de clínicas de primer contacto. • Balizaje e implementación del Bachetón (tapar baches). • Ampliación de espacios recreativos. • Implementación de talleres en Pilares. • Optimización de parques públicos. |
Ampliación de espacios recreativos. | Desarrollo de parques públicos. |
| 7. Elevar la competitividad económica de las mujeres | Difusa: se hizo referencia al apoyo a mujeres en situaciones vulnerables, pero no se especificó de qué forma se implementaría. | • Abasto social de leche Liconsa.
• Capacitación y empleo. • Apoyo a emprendedoras. • Estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras. • Empleo temporal. • Fomento a la economía social: Seguro de vida para jefas de familia. • Mejora de mercados públicos. |
Difusa: se mencionó apoyo a mujeres en situaciones vulnerables, pero no se especificó de qué forma se pondría en práctica. | Difusa: se hizo alusión a apoyo a mujeres en situaciones vulnerables, pero no se precisó de qué forma se llevaría a cabo. |
Fuente: Elaboración con información etnográfica y hemerográfica del periodo de precampañas y campañas electorales 2023-2024 en Iztacalco.
En diversos actos proselitistas las y los candidatos presentaron como principal propuesta la continuidad de la 4T y de las políticas públicas impulsadas por el presidente López Obrador, cuestión que la mayoría de los entrevistados en el trabajo etnográfico respaldaron, “pues nos ha brindado ayuda”.
Respecto a los apoyos sociales (categoría dos), todos coincidieron en continuar proporcionando beneficios a grupos en situación de vulnerabilidad, como personas en condición de pobreza, adultos mayores, mujeres en riesgo y personas con discapacidad; ponien do como ejemplo el programa “Juntas y Juntos Mejorando Iztacalco 2024” que ha otorgado apoyo económico a personas de 18 a 64 años interesadas en participar como facilitadoras en servicios de mejoramiento y embellecimiento urbano en la alcaldía.13
La tercera categoría es la oferta de combate a la inseguridad. Se ofreció incrementar el cuerpo de seguridad pública, así como la continuidad del programa Senderos Seguros en Iztacalco, para contrarrestar la violencia contra las mujeres. Este problema fue un tema central en los discursos de campaña y también en las demandas ciudadanas porque, al ser un punto de paso hacia el Estado de México, Iztacalco se “prestaba para el resguardo de delincuentes”.
A partir de la cuarta categoría, “Erradicación de desigualdades por cuestión de género”, surgen diferencias notables: la candidata a diputada local por el PVEM (Distrito 11), no hizo ofertas en materia de género, y solía repetir frases como: “Por mi parte, apoyo y concuerdo con lo que comenta nuestra próxima alcaldesa”.14 La candidata a alcaldesa presentó de manera recurrente ocho propuestas expresamente en relación con la igualdad de género. En cambio, las del candidato a diputado federal (Distrito 13) fueron difusas, puesto que mencionó la necesidad de apoyar a mujeres en situación de vulnerabilidad, pero sin especificar qué entendía por ese término y cómo se implementaría dicho apoyo. Por último, el candidato a diputado local (Distrito 15) sólo propuso la ampliación de los Senderos Seguros.
La quinta categoría “Cercanía con la ciudadanía”, también mostró diferencias. La oferta de la candidata a la diputación local (Distrito 11) fue difusa, pues no presentó programa específico. Aunque, como afirmó un hombre de mediana edad, no era muy conocida, y “ni siquiera es de la alcaldía Iztacalco, pero a ver qué hace”. Se comentó que la candidata a alcaldesa, a pesar de su parentesco (sobrina) con el exalcalde, se interesaba por la gente: tenía “carisma”, saludaba a sus seguidores, se tomaba fotos y las subía a sus redes sociales, además afirmaba que su trabajo como diputada local “me respalda ante la comunidad”.15 La propuesta del candidato por la diputación federal (Distrito 13) fue ambigua, pues afirmó que tendría un teléfono y una oficina de contacto abierta al público, pero sólo asistió a dos reuniones. El candidato a la diputación local (Distrito 15) no formuló ninguna propuesta y, aunque estuvo abierto a las demandas de la ciudadanía, se reportaron quejas de vecinos sobre la falta de atención a sus peticiones.16
Por su parte, en la séptima categoría, correspondiente a “Elevar la competitividad económica de las mujeres”, tanto los candidatos como la candidata a diputada ofrecieron propuestas poco claras, mencio naban apoyo a mujeres en situación de vulnerabili dad, pero sin especificar cómo se implementaría éste. En contraste, la candidata a alcaldesa presentó siete propuestas más detalladas para incrementar la competitividad de las mujeres. En el cuadro 1 se presentan con detalle las agendas de las y los contendientes.
El cuadro muestra diferencias en las propuestas de candidatas y candidatos, a la vez que indica que el tipo de cargo al que se compite influye en la estructura y los contenidos del discurso político. El discurso de la candidata a la alcaldía tiene un enfo que territorial con propuestas dirigidas a infraestructura, programas sociales y seguridad pública. Su agenda incluye programas de apoyo a sectores vulnerables como mujeres, jóvenes y pequeños comerciantes; subraya la cercanía con la ciudadanía, aunque sin estrategias particulares para lograrlo. Los candidatos abordaron el tema de los Senderos Seguros como eje de la oferta de seguridad, además de programas sociales; además, y siguiendo la tradición mexicana de presentarse como gestores y no como legisladores, ninguno plantea propuestas legislativas específicas.
“Tiempo de mujeres”: el discurso vs. la práctica de y sobre las mujeres en La Magdalena Contreras
La primera vez que durante nuestro trabajo de campo en la alcaldía La Magdalena Contreras17 se escuchó una de las consignas a las que se alude al principio del texto fue durante una “plática sobre seguridad”, donde únicamente había varones al frente.
Debemos acabar con las prácticas de esta alcaldía machista […] vamos a castigar a los feminicidas y [a] quienes maltraten a las mujeres dentro o fuera de las casas. Esta ciudad y país lo van a gobernar mujeres, por eso estamos al borde del verdadero cambio […] vamos a ser una alcaldía segura para las mujeres.18
Después de tal aseveración, el candidato a alcalde procedió a intercambiar apretones de manos y posar para una fotografía con los candidatos por las diputaciones y el candidato federal invitado Omar García Harfuch. Irónicamente, aunque la mayoría del auditorio eran mujeres, se escucharon pocos aplausos a comparación de la estruendosa ovación que acompañó a sus propuestas anteriores sobre “poner policías en los puntos rojos”, Senderos Seguros, “atender las causas”, “patrullaje permanente en la alcaldía”. Con anterioridad, el candidato a diputado (Distrito 33) había tocado el tema señalando que la “violencia familiar” era la más recurrente en la alcaldía, seguido por “el asalto a mano armada” y “la violencia hacia las muje res”; e invitaba al público a tomar conciencia de la importancia del problema que tenía un origen “ahí donde el gobierno no puede llegar”. Con esto, aunque los candidatos admitían una pequeña parte de la responsabilidad, en la práctica se deslindaban del tema, y se resguardaron bajo el ala de las propuestas en materia de seguridad sin un destinatario especifico.19
Sólo dos o tres veces más salió a la luz algún tema concerniente a las mujeres o a la violencia de género, y esto por lo general ocurrió en los eventos con “invitados especiales”20 y con asistencia masiva, en los que además se les escuchaba declarar abiertamente a los candidatos locales que la Magdalena C. sería “una alcaldía feminista”. En cambio, en las reuniones vecinales (y por tanto en ocasiones más confrontativas y participativas) los candidatos rehuían las preguntas sobre las mujeres o los feminicidios. Las reuniones y mítines con vecinos, organizaciones “civiles” y simpatizantes estaban dedicados a temas como las obras públicas y apoyos gubernamentales para los sectores más desfavorecidos de la población, la seguridad, el agua, la falta de participación vecinal y la necesidad de trabajar en coordinación con los demás niveles de gobierno para lograr resultados en la Magdalena. Daba la impresión de que el tema de las mujeres era más bien una cuota que cubrir. Eso sí, el lema preferido de los candidatos locales fue “es tiempo de mujeres transformadoras” y, claro, en las visitas de Brugada y Sheinbaum, los candidatos locales se jactaban de que “será la primera vez que la ciudad y el país sean dirigidos por mujeres al mismo tiempo”. De ahí en fuera, nada. Los candidatos esquivaban las dudas que abordaban problemáticas específicas de las mujeres o los feminicidios. Un silencio tácito sobre cualquier asunto que estuviera fuera de las ofertas políticas acordadas inundaba los mítines y las reuniones vecinales. Las preguntas ciudadanas o algunas afirmaciones de la candidata a concejal más joven de la planilla, que tendían a mostrar un corte más feminista y crítico, eran despachadas por los candidatos con las respuestas habituales: la pensión universal para mujeres de 60 a 64 años, apoyos a madres solteras, los senderos seguros, y el impenetrable silencio. No tenían más que decir. Después de cuestionamientos así, no les quedaba más remedio que volver a los tópicos recurrentes para no evidenciar la carencia de propuestas puntuales.
La recuperación del nombre de las candidatas a la Presidencia y Jefatura de Gobierno fue estratégica. La coordinación fue el argumento predilecto del candi dato a alcalde para legitimar la valía de su elección. La categoría adquirió casi una dimensión emic o bien, de categoría nativa.21 Esto debido a que su uso no sólo hacía referencia a la acción o resultado de coordinar, de hacer que diferentes personas o elementos funcionen en armonía hacia un fin o acción, sino que aludía además a la idoneidad de tener tres niveles de gobierno (Presidencia, Jefatura de Gobierno y alcaldía) pertenecientes a un mismo partido, a un “mismo proyecto trasformador”; así como también era evocada para dotar de certidumbre a los ciudadanos sobre la capacidad de acción, de respuesta a sus necesidades y de la factibilidad de los proyectos propuestos en su administración.
con el apoyo de la ciudad y la Presidencia, es más probable que nuestros proyectos no se queden en promesas, por ejemplo, el hospital que vamos a tener en Contreras sólo será posible de la mano de Clara [Brugada] y de su servidor, pues, como bien sabemos, aunque no debería ser así, cuando alcaldía y gobierno central no se llevan, no se entienden, las cosas no prosperan. Eso fue exactamente lo que pasó con nuestra querida alcaldía en la administración de este cuate.22
La mención de las candidatas no sólo le era útil para colocarse como el aspirante indicado, dadas las tendencias electorales, y con ello valerse del “efecto cascada”; de igual modo, le permitía efectuar un acto de dramatización, un performance23 para mostrarse como uno de los verdaderos continuadores de la 4T que, en coordinación con Claudia Sheinbaum, han de seguir los pasos de aquel que no es necesario nombrar para saber que hablamos de él, de aquel al que se dedicaba sin excepción la porra final de todo evento “¡Viva nuestro presidente!, ¡Viva!, ¡Viva Andrés Manuel López Obrador!, ¡Viva!”. Al contrario del imaginario en el que Claudia Sheinbaum y Clara Brugada arroparon las candidaturas a otros niveles de gobierno, o que fueron exclusivamente por sí mismas movilizadoras del voto de la ciudanía; el trabajo de campo demostró que, por encima de las orientaciones partidarias o la preferencia por los candidatos locales, lo que impulsó al electorado a llevar de nuevo a Morena a un triunfo contundente fue la omnipresencia política del presidente y la promesa de mantener la línea de su gobierno y los programas sociales, la oferta de consagrarse en la continuidad como el “segundo piso de la transformación”.
Las mujeres realmente existentes y el discurso de campaña
Del equipo postulado para concejales la mitad fueron mujeres. La organización y planeación de la campaña fue presidida por una mujer, las militantes, juventudes morenistas, asesoras y toda esa amplia gama de “trabajadoras de territorio”,24 fueron las mujeres realmente existentes en la campaña. Realmente existentes en dos sentidos, retomando la idea de Bueno (2004): el primero, referente a la experiencia de las mujeres que participaron de manera activa en la campaña; el segundo, el políticamente correcto, expresado en buenos deseos, eslóganes y propuestas carentes de contenido, de argumentos y políticas públicas que respaldaran lo dicho. En la campaña encontramos rupturas entre discurso y práctica, bifurcaciones entre lo que se dice sobre las mujeres y lo que viven, observan y experimentan aquellas implicadas en la campaña. Ahondemos en ello.
Varias mujeres con las que tuvimos oportunidad de hablar tienen años de militancia en los partidos políticos y algunas planean integrar a las generaciones más jóvenes de sus redes de parentesco a esta tarea. La colocación, mantenimiento y defensa de las lonas, el reparto del “material” (panfletos, camisetas, gorras, etcétera), el “levantamiento de información en las colonias” (es decir, de las filiaciones y orientaciones políticas de los ciudadanos en las secciones electorales), la difusión de información sobre los programas sociales, las propuestas de los candidatos y la cooptación de simpatizantes para el partido, no sería posible sin ellas. Como destaca Barrera Bassols (1998; 2002), “la falta o ausencia de participación femenina en la esfera político-pública” son aseveraciones matizables, sujetas a debate; si hacemos a un lado la división entre política “formal” e “informal”, sin limitarse a la obtención de puestos gubernamentales o la pertenencia a las elites políticas, la participación de las mujeres en la vida política se manifiesta más activa y compleja de lo que a simple vista parece. Las mujeres constituyen la espina dorsal de varios movimientos urbano-populares y sindicales, son un elemento central en los movimientos en defensa del voto, en los procesos de consulta popular y, además, como fue evidente en campo, representan buena parte de las bases militantes de los partidos políticos. Las mujeres han cola borado activamente en los esfuerzos para la construcción de un sistema electoral y de partidos; su participación en los procesos electorales (como votantes, observadoras, defensoras y promotoras del voto, candidatas, etcétera) es relevante para cimentar las bases de la legitimidad de la presencia de las mujeres en la política (Massolo 2007).
Visto así, en las campañas electorales, las mujeres desempeñaron papeles diferenciados, pero casi siempre relacionados con el reforzamiento y mantenimiento de las alianzas con organizaciones político-territoriales y vecinales, la organización interna de la campaña y las actividades proselitistas “en territorio” con la ciudadanía. Además de las bases militantes, tenemos a las aspirantes a las concejalías, con carreras políticas en ascenso y que, en algunos casos, tienen vínculos con personajes políticos más influyentes. A diferencia del grupo anterior, su presencia es reducida. En la Magdalena C. las candidatas a los puestos más altos eran las integrantes de la planilla de concejales por mayoría relativa de Morena: dos eran de los partidos en coalición (Partido Verde Ecologista de México [PVEM] y Partido del Trabajo [PT]), así como compañeras de un miembro destacado de su partido; mientras tanto, las dos de Morena eran una líder popular de una zona precarizada y una líder estudiantil que, dicho en sus términos, representaba “el cumplimiento de la cuota de participación electoral juvenil”. El nivel de participación de dichas candidatas tenía mucho que ver con las actividades de los contendientes por la alcaldía o las diputaciones, incluso con la de los aspirantes a concejales. En ausencia de éstos, ellas dirigían los recorridos barriales (algunas de manera activa, otras no) y tenían mayor protagonismo e interacción con los ciudadanos. Al contrario, si se apersonaba un candidato varón y en especial a un puesto más alto, su papel se limitaba a hacerle compañía, presentarlo a los ciudadanos, enunciar de modo breve las propuestas de sus partidos de procedencia (PVEM o PT), o dar a conocer tanto las ofertas de campaña de Clara y Claudia, como las propias, que solían estar dirigidas a grupos en específico como, por ejemplo, las juventudes o las personas que vivían en las colonias de las partes “altas”25 de la alcaldía. Entre mítines y eventos proselitistas con reuniones vecina les y recorridos, es más notorio el contraste de su participación. En los primeros, ante la presencia obligada de los candidatos, sus intervenciones eran cortas, superficiales e inclusive con la visita de “invita dos especiales” no tenían posibilidad de hablar al público y raras veces se les reconocía por su nombre, pasaban a formar parte de “el equipo de concejales” y de ese agregado de personas que ocupaba un lugar en la “zona VIP” a un lado u ocasionalmente sobre el templete, que sólo se levantaba de su lugar para saludar y posar para las fotografías. En los segundos, podían articular discursos un tanto extensos y sostener conversaciones (individuales o grupales) con la ciudadanía para responder sus preguntas, escuchar sus problemáticas, sugerir soluciones o prometer socorrerles, pues se ponían a disposición de atender sus demandas “una vez que entremos a gobierno”.
Estás mujeres realmente existentes vivieron las rupturas, las bifurcaciones mencionadas antes. En los barrios y colonias, pero también sobre los templetes, experimentaron en carne propia “un tiempo de mujeres” que, por lo menos en la campaña, se quedó en un discurso carente de contenido. Esto, como parte de lo que Freidenberg, Guadarrama y Gilas (2022), en concordancia con otras autoras, identifican como los efectos de la actuación de los partidos políticos en cuanto “organizaciones internamente generizadas”, lo que permite evidenciar que se valen de las ventajas y desventajas, de las desigualdades, exclusiones, opresiones, emociones y más, producidas (y movilizadas) a partir de la distinción entre “lo femenino” y “lo masculino” (Gaba 2010); que en los discursos políticos y las campañas electorales operan sobre estereotipos, mandatos de género, crean y reproducen patrones de comportamiento de los grupos que representan (Weber 1944). Las personas que participan en el proceso de construcción de la representación política tienen un sexo y un género, la representación no es inmune a estar estructurada por relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres (Freidenberg 2021). Empleando las palabras de Massolo (2007), hay tensiones y diferencias entre “hombres públicos” y “mujeres públicas”, lo cual abona a las dificultades que enfrentan las mujeres en la participación política; existen distinciones históricas y estructuralmente construidas a partir del género, que no pueden obviarse, que merecen ser discutidas de manera pública “porque son de naturaleza política y porque tienen implicaciones en el acceso y en la distribución del poder entre hombres y mujeres” (p. 16). Una estrategia de campaña que no problematice esto, que asuma un progresismo hacia el igualitarismo como inmanente por el simple hecho de incluir en el repertorio de ofertas políticas las palabras “mujer”, “igualdad”, “feminismo”, etcétera, resulta en la contradicción, en la separación entre la práctica y lo verbalizado. La campaña se configuró sin tomar en serio lo que implica una identidad femenina o, bien, constantemente feminizada y, por lo tanto, sin prestar atención a las diferentes formas de acoso y violencia de las que pueden ser víctimas las mujeres que pusieron sus cuerpos en la campaña como candidatas, brigadistas, militantes, entre otros casos.
Uno de los episodios más ilustrativos al respecto ocurrió durante un recorrido en las “zonas altas”26 al que sólo asistieron dos candidatos a concejales: la representante del PVEM y el de una organización político-territorial con presencia en toda la CDMX que recientemente se incorporó a las filas de Morena. A lo largo de la actividad, ambos candidatos recibieron comentarios sobre su aspecto físico y edad, pero sólo la candidata fue agredida por un hombre de la tercera edad que después de varias insinuaciones y “piropos”, que rayaban en acoso sexual, frente a un equipo de casi 30 personas, sin pena alguna aseguró que la candidata había obtenido su puesto gracias a su físico. La reacción de la mayor parte del equipo fue ignorar el hecho, entregarle una gorra y seguir avanzando, a excepción de doña Rebe, quien lo increpó: “es usted un viejo grosero y abusador”, lo que le borró la sonrisa y lo llevó a cerrar indignado la puerta de su casa. Después, doña Rebe fue sentenciada por otro brigadista: “no haga eso, usted dígale que sí y ya, al final es un votante”. Lo sucedido nos llevó a reexaminar las notas de campo para advertir que en la campaña ocurren diferentes formas de violencia hacia las mujeres, sean explícitas o no, sean por parte de ciudadanos o de candidatos: hacerlas callar ante un dicho incómodo, invalidar la participación de las ciudadanas ante la premura por terminar una reunión, no hacer o decir absolutamente nada frente a las intimidaciones, el acoso.
Lo expuesto no pretende quitar peso al papel de las mujeres como actoras políticas, ni colocarlas como víctimas o subjetividades vulnerables por naturaleza. Las mujeres que ponen el cuerpo en las campañas no cuentan con un respaldo real, deben atravesar obstáculos, recibir opiniones que ponen en juicio su capacidad, ser receptáculos de estereotipos y mandatos asociados a su género. Pero ello no implica que dejen de hacer política o que simplemente ocupen un espacio para llenar la cuota de paridad. Hidalgo Ramírez (2005) habla de “estrategias de ascenso” utilizadas por las mujeres para integrarse en los grupos de las elites políticas mexicanas y de su propio partido; nosotros, en otro sector, identificamos que nuestras interlocutoras crean sus propias estrategias de permanencia y de cuidado. Por ejemplo, las brigadistas con las que estuvimos trabajando, han tejido redes de cuidado y acompañamiento informales, o sea, no previstas por el ordenamiento jurídico o normativo del partido, para poder abrirse un lugar en la campaña, para disputar la legitimidad que tiene la presencia de un cuerpo femenino y constantemente feminizado en el espacio “publico”. Nunca moverse solas, ir por lo general en compañía de varones, no entrar a las casas de la ciudadanía solas o sin avisar a alguien, informar sus actividades y horas de salida y llegada a los chats grupales, etcétera.27
Conclusiones
Las campañas electorales de 2024 en la Ciudad de México marcaron un punto de inflexión en la representación política femenina, no sólo por el número sin precedentes de candidatas, sino por la forma en que el género fue utilizado como un recurso discursi vo y estratégico. En Tlalpan, Iztacalco y La Magdalena Contreras, aunque la paridad formal avanzó, la agenda sobre el tema sigue siendo difusa y a veces instrumentalizada. La campaña política en Tlalpan muestra cómo una candidata transitó de un enfoque más institucional a otro con sesgo comunitario buscando consolidar su respaldo electoral. En Iztacalco se expresaron los estereotipos de género, mientras que, en La Magdalena Contreras, el “Tiempo de mujeres” contrastó con la exclusión de las candidatas en espa cios clave de decisión y un limitado compromiso real con la agenda de género. Las campañas revelan que, si bien la participación política de las mujeres se insertó en un contexto de movilización partidaria y competencia electoral, no se modificaron sustancialmente las formas tradicionales de dominio y ejercicio del poder.
Retomando lo argumentado por Espinosa Damián (2005), la irrupción femenina en los espacios públicos es ya una primera subversión de lo social y lo político que súbitamente aparece en la asignación convencional de los espacios privado (femenino) y público (masculino) reconfigurándolos y “pese a todo, la acción modifica simultáneamente la distribución gené rica de los espacios y la distribución genérica de poderes y funciones, modifica la cultura y la vida cotidiana” (p. 88). Las mujeres en la política no buscan todas lo mismo, no persiguen ideales similares o les apetecen intereses o metas generalizables; al fin de cuentas, “las mujeres en la política y en las campañas” son una ficción analítica de la que nos valemos en este artículo para entrar en la discusión teórico-política sobre “la política” y las mujeres; pero no por ello pretendemos mostrarlas como subjetividades unitarias o esenciales, tampoco demeritarlas o ponerlas en tela de juicio. “La formalización de la acción política no anula otras prácticas y espacios de participación femenina”, sostiene Espinosa Damián (2005, 93), así pues, la participación femenina es diversa y situada, se da en varias escalas, no es una experiencia presta a universalizar, de ahí la trascendencia, la riqueza de aproximarnos a partir de la etnografía, de un enfoque que nos permita asir la particularidad sin sacarla de contexto, abrir una ventana a los universos culturales y sociales para aprender la realidad en términos que no sean los propios del investigador (Guber 2011), pero eso sí, siempre contando con la grata compañía de la duda metódica y la perspectiva crítica.















