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Tópicos (México)

 ISSN 0188-6649

Tópicos (México)  no.71 México ene./abr. 2025   13--2025

https://doi.org/10.21555/top.v710.2687 

Artículos

La felicidad como configuración del cuerpo humano en Julien Offray de La Mettrie

Happiness as a Configuration of the Human Body in Julien Offray de la Mettrie

Cristiam Fernando Cajicá Zambrano1 
http://orcid.org/0000-0002-8683-9485

Jennifer Johanna Peñuela Pinzón2 
http://orcid.org/0000-0003-2870-597X

Milton Fernando Dionicio Lozano3 
http://orcid.org/0000-0001-6031-8588

1 Universidad Industrial de Santander. Colombia. cristiam2208179@correo.uis.edu.co

2 Universidad Industrial de Santander. Colombia. jennifer.9611@hotmail.com

3 Universidad Industrial de Santander. Colombia. mfdioloz@uis.edu.co


Resumen

Este artículo rastrea el concepto de "felicidad" en la obra Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad de Julien Offray de La Mettrie (2010). Antes de explorar el término "felicidad", es indispensable responder la pregunta: ¿qué entiende La Mettrie por "ser humano"? Para ello, en la primera sección se analiza la idea de "cuerpo humano", entendido como máquina orgánica. En la segunda sección discutimos los daños físicos o enfermedades que pueden afectar la máquina o cuerpo humano. En la tercera parte exploramos la concepción de "felicidad" entendida como placer carnal, voluptuosidad y felicidad orgánica o arterial. En la cuarta sección examinamos los diferentes caminos para alcanzar la vida feliz. Concluimos que la felicidad, para La Mettrie, es el resultado de la organización o composición del cuerpo humano; por lo tanto, el individuo, al actuar según su naturaleza, debe quedar exento de recriminación o juicios éticos.

Palabras claves: La Metrie; hombre máquina; líquidos nerviosos; placer carnal; voluptuosidad

Abstract

This paper traces the concept of happiness in the work of Julien Offray de La Mettrie Anti-Seneca or Discourse on Happiness (2010). Before exploring the term happiness, it is essential to answer the question: what does the French philosopher understand by being human? To fulfill this purpose, in the first chapter, the idea of the human body, understood as an organic machine, will be analyzed. In the second chapter, we will investigate the physical damage or diseases that can affect the machine or human body. In the third part, we will explore the concept of happiness, understood as carnal pleasure, voluptuousness and organic or arterial happiness. In the fourth chapter, the different ways to achieve a happy life will be examined. As a conclusion, it can be affirmed that happiness is, according to La Mettrie, the result of the organization or composition of the human body; therefore, the individual, when acting according to his nature, must be exempt from recrimination or ethical judgments.

Keywords: La Mettrie; man as a machine; nerve fluids; bodily pleasure; voluptuousness

Introducción1

Al incursionar en la obra de Julien Offray de La Mettrie, es importante mencionar el documento publicado por Lucilio Anneo Séneca, en el año 58 d. C., titulado Sobre la felicidad (1943). En este escrito, Séneca entiende la felicidad como el estado de tranquilidad que disfruta el alma que es dueña de sí, es decir, el alma que es causa de sus pensamientos, acciones y sentimientos, porque hace uso de la facultad racional, la cual permite contemplar y cuestionar la realidad antes de aceptarla de manera acrítica. No obstante, Séneca aclara que, para alcanzar aquel estado de imperturbabilidad, donde el alma se declara en libertad, es indispensable tomar consciencia de las pasiones y deseos, los cuales dominan el alma y nublan la razón y la toma de decisiones. De modo que -siguiendo en este punto a Epicuro- Séneca explica qué es lo necesario y natural, lo no necesario y natural y lo no necesario ni natural. Esto con la finalidad de controlar los deseos y pasiones que impiden la libertad y tranquilidad del alma.

Además de esta referencia al texto de Séneca, es adecuado hacer un breve recuento histórico de la gestación de las ideas fundamentales de La Metrie con respecto al concepto de "felicidad". En el año 1748, bajo el amparo de Federico II el Grande, rey de Prusia, el médico y filósofo francés Julien Offray de La Mettrie publica la obra Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad (2010), documento, como su nombre lo indica, antisenequista, ya que, según afirma La Mettrie (2010), la concepción de "vida buena" de Séneca se fundamenta en la eliminación del cuerpo y del deseo, pues Séneca exhorta a controlar los deseos cuando estos involucran la salud del alma. En contra de esta concepción filosófica, La Metrie propone un nuevo concepto de "felicidad", según el cual el placer y la destrucción del alma son la meta del individuo. La Metrie expresa, así, su rechazo hacia la concepción de alma como motor del individuo: "Toda alma, ellos hacen abstracción de su cuerpo; todo cuerpo, nosotros haremos abstracción de nuestra alma" (La Metrie, 2010, pp. 28-29).

Ahora bien, para llegar a esta definición de "felicidad", La Mettrie tuvo que redefinir el concepto de "ser humano", esto es, encontrar una definición de "hombre" en la que este fuese entendido no como un compuesto de cuerpo-alma, sino como una materia orgánica carente de hálito vital. Así, en 1745, después de haber estado enfermo en campaña militar (donde ejercía como médico) y reflexionar acerca de la influencia del cuerpo sobre los pensamientos, redactó el Tratado del alma (1983). Este libro explica médicamente de dónde proceden y cómo funcionan los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones, la voluntad y la imaginación. Por otro lado, en 1747 escribió El hombre máquina (1962). En esta obra compara al individuo con una máquina orgánica capaz de responder a estímulos y no a motivaciones. La Metrie describe qué factores afectan positiva o negativamente el comportamiento y la psique del individuo. En palabras de La Metrie: "Los diversos estados del alma son, pues, siempre correlativos a los del cuerpo" (La Metrie, 1962, p. 44). La publicación del Tratado del alma y El hombre máquina trajeron como consecuencia el destierro de La Metrie de Francia y de Países Bajos, pues estas obras representaban un fuerte conflicto con el contexto histórico-religioso del siglo XVIII europeo. Afortunadamente para La Mettrie, el rey Federico el Grande lo acogió en su corte, nombrándolo lector y abriéndole las puertas de la Academia de las Ciencias de Berlín gracias a las recomendaciones de Louis Maupertuis. Con la ayuda brindada por el monarca, La Metrie publicó en 1748 el Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad (2010), al que nos hemos referido.

Después de este breve excursus histórico, es necesario exponer el objetivo fundamental del presente artículo. Nuestro propósito principal es rastrear el concepto de "felicidad" en la obra Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad de Julien Offray de La Mettrie (2010). Antes de explorar el término "felicidad", es indispensable responder la pregunta: ¿qué entiende La Metrie por "ser humano"? Para cumplir con este propósito, en la primera sección se analizará la idea de "cuerpo humano", entendido como máquina orgánica. En la segunda sección investigaremos los daños físicos o enfermedades que pueden afectar la máquina o cuerpo humano. En la tercera parte exploraremos la concepción de "felicidad" entendida como placer carnal, voluptuosidad y felicidad orgánica o arterial. En la cuarto sección se examinarán los diferentes caminos para alcanzar la vida feliz, según La Mettrie. Afirmamos que la felicidad es, según La Metrie, el resultado de la organización o composición del cuerpo humano; por lo tanto, el individuo, al actuar según su naturaleza, debe estar exento de recriminación o juicios éticos.

1. El cuerpo humano entendido como máquina orgánica

Desde el siglo XVI, la ciencia, interesada por descubrir aquello que impulsa el movimiento del cuerpo, hace incisiones en animales, para conocer la conexión entre las partes del organismo que dan lugar al desplazamiento. "La anatomía, la medicina y la fisiología aportan un extraordinario conocimiento del cuerpo humano, de sus distintos órganos y partes, hasta lograr explicar todos los procesos fisiológicos que tienen lugar en el hombre" (La Metrie, 1983, p. 20). Algunos filósofos, como Descartes (2011), maravillados por este proyecto llevado a cabo por la ciencia, deciden dirigir este estudio fisiológico al análisis del movimiento psíquico (alma), idea que se puede rastrear en la quinta parte del Tratado del hombre (titulada: "La estructura del cerebro en esta máquina y cómo desde allí se distribuye en los espíritus para producir movimientos y sensaciones"). A partir de estas ideas se puede contemplar cómo el movimiento interior del hombre se fundamenta en los estímulos, que son percibidos a través de los sentidos externos. Descartes, por temor a las represalias religiosas, conserva el vínculo entre alma, dios y libertad, pero, relaciona el cuerpo y su forma de funcionar con el proceso realizado por la máquina (cfr. Luna, 2011, p. 57).

Ahora bien, La Mettrie, enemigo de afirmar que el cuerpo, el alma y sus respectivas funciones son dos sustancias distintas, describe al individuo en El hombre máquina (1962) y en el Tratado del alma (1983) como una máquina orgánica compleja, carente de alma, cuyo movimiento se deriva de la sincronía entre el motor y sus partes, elemento que permite recibir y transformar la energía en una acción. Para que esto ocurra, se precisa de cables y resortes que transporten e impulsen la energía de un lugar a otro. Así, en el individuo, el motor es contrastado con el cerebro, los cables con los nervios y las arterias, las venas y los resortes con los sentidos internos (imaginación, memoria, instinto, inclinaciones, apetitos y pasiones). A partir de esto, La Metrie señala: "El cuerpo humano es una máquina que pone en marcha sus propios mecanismos: viva imagen del movimiento perpetuo" (1962, p. 39).

Unos años más adelante, al igual que La Mettrie, filósofos como el barón de Holbach en Sistema de la Naturaleza (1982) y Cabanis en Relaciones de lo físico y lo moral del hombre(1826) definen al individuo como máquina orgánica compleja, pues, como se lee en el Tratado del alma de La Metrie, cada parte del organismo humano se entrelazan para dar lugar al movimiento.

En efecto, los nervios ubicados en los órganos internos (vísceras) y órganos externos (sentidos) comunican al cerebro mediante la modificación de los espíritus animales (fluido imperceptible que corre en el interior de los nervios), las necesidades biológicas del cuerpo, las sensaciones agradables y desagradables y los acontecimientos del exterior. Esta información que se transmite mediante los espíritus animales viaja hasta el cerebro, específicamente hasta el sensorio común o principio del nervio afectado. Allí, en el sensorio común, la información es recibida por los sentidos internos. Una vez ahí, la imaginación, la memoria, las pasiones, el instinto, las inclinaciones y los apetitos interpretan la información, la ordenan y la comparan con otros estímulos anteriormente experimentados y guardados en el cerebro. Finalmente, es almacenada hasta que llega otro dato con el que es comparada. Una vez realizado esto, el cerebro envía una respuesta idónea ante las circunstancias a los órganos internos y externos, así como a los músculos y líquidos nerviosos (bilis amarilla, bilis negra, flema y sangre).

Varios son los ejemplos de movimiento mecánico que efectúa el organismo humano y que demuestran que, ciertamente, el hombre es una máquina orgánica compleja. Cuando el individuo vive una situación que los órganos externos (sentidos) y el instinto interpretan como peligrosa para la sobrevivencia, el cerebro prepara al cuerpo para la defensa. Los mecanismos de protección que toma el cerebro pueden variar según la acción vivenciada, el recuerdo de anteriores experiencias y el placer o displacer que determinada acción originó en el organismo.

Si la reacción es correr, porque la pasión que genera la circunstancia es temor, y los datos guardados en la memoria de las anteriores vivencias afirman que la huida es la correcta ejecución cuando se está delante de determinado peligro, el hígado libera bilis y las arterias se contraen, haciendo lento el paso del flujo sanguíneo. Estos efectos en el organismo humano tienen la intención de impulsar al hombre al movimiento, en este caso, al escape. Por otro lado, cuando la respuesta no es huir, sino atacar, las arterias en el individuo se dilatan, permitiendo un aumento de la presión sanguínea. De modo que el sujeto, de manera valiente, enfrentará la batalla. En el Tratado del alma, La Mettrie afirma: "Los nervios, que contienen las arterias, a modo de hilillos, en la cólera y en la alegría parecen excitarla la circulación de la sangre, animando el resorte de las arterias, mientras que en el temor y el pesar, pasión que parece diminutiva del temor (al menos por cuanto a los efectos), las arterias contraídas y ocluidas tienen dificultad para hacer fluir su sangre" (La Metrie, 1983, p. 125).

En presencia de un objeto que resulta agradable a los sentidos, la pasión que brota es alegría. El corazón y las arterias reciben orden de dilatarse para permitir el flujo sanguíneo y, con ello, impulsar al sujeto hacia el objeto de deseo, con la finalidad de consumirlo. Enseguida, el sentido interno -la memoria, concretamente- guarda el recuerdo esperando retornar imaginativamente o carnalmente al objeto cuántas veces le plazca.

Si la voluntad que se desprende de la idea trazada en el cerebro, se complace en contemplar y conservar esta idea, como cuando piensa en una mujer hermosa, en cierto éxito, etc., se produce lo que se llama alegría, voluptuosidad, placer [...]. Ante una alegría muy grande, se produce una gran dilatación del corazón: el pulso aumenta, el corazón palpita hasta hacer oír algunas veces sus palpitaciones, y en ocasiones se produce también una transpiración tal, que a menudo se llega al desfallecimiento e incluso a la muerte súbita (La Metrie, 1983, p. 124).

Cuando el estómago da la orden al cerebro de ingerir prontamente alimento para cumplir con la función natural de preservación, y por alguna razón no se lleva a cabo el requerimiento solicitado por este órgano, en el sujeto se suscita la pasión de la cólera. En consecuencia, el hígado segrega bilis amarilla, las arterias se estrechan y el corazón aumenta el ritmo cardiaco. Esto ocurre con el objetivo de llevar al ser humano a la búsqueda de alimento que le garantice la existencia (cfr. Cordero, 2001, pp. 283-284). De suerte que si el hombre, impulsado por su conservación, se dispone a emprender acciones que son consideradas criminales e inmorales, como robar o asesinar a otro para recibir alimento, la naturaleza lo respalda, pues la decisión tomada no es arbitraria, sino acorde a los sentidos internos: al instinto, a las inclinaciones y a los apetitos; es decir, acorde a la organización de su máquina.

Hay mil movimientos en el cuerpo, de los que el alma no es ni la causa condicional. La misma causa que hace huir o acercarse a un cuerpo ante la presencia de ciertos objetos, o cuando oye algún ruido, vela a su vez incesantemente, sin que lo sepa para la conservación de su ser. Pero este mismo cuerpo, como esos pájaros de gran tamaño que recorren los aires, tiene el sentimiento que corresponde a su instinto. Concluyamos pues, que cada animal tiene su propio sentimiento y su manera de exprésalo, y que ésta siempre coincide con el sentido más predominante, con un instinto, con una mecánica que puede omitir toda inteligencia, pero no engañarle (La Metrie, 1983, p. 130).

Como permiten observar los análisis realizados por La Metrie en El hombre máquina y el Tratado del alma, cada parte del cuerpo humano tiene una función que es efectuada correctamente, y está conectada con otras partes del cuerpo humano, de tal forma que la consonancia entre estas partes da lugar al movimiento o a la acción. No obstante, La Metrie observa que existen cuerpos cuyas partes no cumplen con su función específica, debido a determinados daños en su naturaleza, lo que impide una perfecta sintonía con los otros componentes del cuerpo y, con ello, el movimiento. A estos cuerpos cuyas partes sufren daños en su naturaleza, que les dificultan realizar plenamente sus funciones y coordinar con otras partes, La Metrie les da el nombre de "máquinas orgánicas imperfectas" o "hijastras de la naturaleza" (La Metrie, 1962, p. 100). Como máquinas imperfectas o hijastras de la naturaleza, el filósofo francés explica que, por causa de su deficiencia, deben permitir que otras máquinas mejor organizadas o mejor compuestas les orienten acerca del modo como deben actuar, pues su sistema fisiológico presenta fallas que hace irrealizable la acción. En El hombre máquina, escribe La Mettrie: "Pero, excusando los defectos de conformación del espíritu y del cuerpo, no ha de admirar menos sus bellezas y sus virtudes. Aquellos a quienes la Naturaleza hubiere favorecido le parecerán más dignos de ser contemplados que aquellos a los que hubiere tratado como madrastra" (La Metrie, 1962, p. 101).

2. Análisis de los daños físicos o enfermedades que pueden afectar la imposibilidad de un movimiento o acción

Con el fin de comprender el concepto de "felicidad" propuesto por La Metrie, es de vital importancia profundizar en las enfermedades cerebrales, las lesiones de los nervios y los trastornos de los órganos, responsables de la producción de los líquidos nerviosos, así como en las afecciones en las venas o arterias. Estas son las clases de daños físicos o enfermedades que pueden afectar la máquina o cuerpo humano, impidiéndole actuar o moverse por sí mismo. En La moral universal o Los deberes del hombre fundados en su naturaleza (1835), el importante pensador para la discusión de la época, Holbach, mantiene una tesis similar a la de La Mettrie: "P. ¿Puede el hombre padecer error o equivocación en sus juicios?" R. Puede, y así se verifica muchísimas veces, ya porque sus órganos están desarreglados y no en el debido orden, ya porque no ha hecho experiencias bastantes, o porque éstas son falsas o insignificantes; todo lo cual le conduce al error" (Holbach, 1835, pp. 21-22).

El cerebro es el motor de la máquina, encargado de recibir, analizar, comparar, organizar y almacenar la información proveniente de los nervios distribuidos en los sentidos y órganos, igualmente, de enviar a estos una respectiva respuesta acerca del modo correcto de actuar respecto a un estímulo. Por tal motivo, cualquier enfermedad que lo ataque obstaculiza la capacidad de movimiento del sujeto; debido a que el cerebro tergiversa el estímulo y envía a los nervios, a las venas y a las arterias una respuesta incorrecta. En otras palabras, el movimiento o la acción se ve impedida cuando no hay coordinación entre quien envía el estímulo (nervios) y quien lo recibe (cerebro). Al respecto, es interesante mirar lo que afirma D' Holbach: "La experiencia nos demuestra que el hombre cesa de sentir en las partes de su cuerpo cuya comunicación con el cerebro se encuentra interceptada y siente imperfectamente, o no siente en absoluto, tan pronto como este órgano es perturbado o afectado con exceso" (Holbach, 1835, p. 49).

Un ejemplo de lo dicho anteriormente lo ofrece el sujeto que después de padecer una enfermedad cerebral, que afecta la capacidad de este de comprender las diferentes señales emitidas por los sentidos, es incapaz de construir ideas, examinarlas y retenerlas, así como de hablar con fluidez o tener sentimientos acordes a las experiencias, pues, como se ha dicho, quien recibe los datos no está en condiciones óptimas de generar una respuesta idónea a los estímulos. Al respecto, afirma La Mettrie en el Tratado del alma: "Muchas experiencias nos han dado a conocer que efectivamente es en el cerebro, donde el alma es afectada por las sensaciones propias del animal, pues cuando esta parte recibe una herida considerable, el animal deja de tener sentimientos, discernimiento y conocimiento" (La Metrie, 1983, p. 103).

Los nervios son algunos de los cables de la máquina que tienen la tarea de informar al cerebro, a través de la modificación de los espíritus animales, acerca de los acontecimientos internos y externos que influyen en los estados anímicos o necesidades biológicas de toda la máquina. Del mismo modo, los nervios tienen la función de recibir y cumplir las órdenes que envía el cerebro una vez haya captado y analizado las sensaciones.

Las enfermedades modifican las órdenes que el cerebro envía, o son las causantes de que la información que este manda a los nervios sea tergiversada y no pueda cumplir enteramente con lo ordenado. Las enfermedades de la visión son un ejemplo de lo dicho. La miopía hace que una persona, aunque posea un cerebro en buen estado, capaz de captar y analizar estímulos, sea incapaz de percibir con claridad un objeto ubicado a cierta distancia. Así, se contemplan individuos que, al caminar por las calles, por error saludan a personas que le son desconocidas, pero que el cerebro cree conocer, pues en su sistema están almacenados ciertos rasgos que le son similares a alguien que le es conocido. Con respecto a este punto, sostiene Holbach:

P. ¿Pueden engañarnos los sentidos? R. Engañarnos siempre que está en desorden nuestra máquina o cuando nuestros órganos no llenan fielmente las funciones a que están destinados: lo que proviene o de algún defecto natural en ellos, o de alguna alteración permanente o pasajera que les ha sobrevenido. P. Explicadme con algún ejemplo. R. Un hombre que tiene debilitada o cansada la vista no hará con este sentido más que experiencias sospechosas y falsas; el que está embriagado, no ve los objetos como verdaderamente son, no se halla capaz de juzgar mientras en tal estado permanece: el que está perturbado por pasiones violentas, no puede discurrir rectamente acerca de las cosas, ni conocer la verdad: y así de otros muchos casos análogos (Holbach, 1835, p. 22).

Un ejemplo para mostrar cuánto alteran las fallas de la máquina al actuar del ser humano se ve expresado en el caso de quienes, a causa de la miopía, creen ver a lo lejos la escena de un animal siendo pateado por un sujeto. Posibles reacciones que el cerebro impone en un caso de este tipo son correr y socorrer al animal o cubrir sus ojos ante tal acto. Sin embargo, las dos reacciones no son exactas. El cerebro no posee, debido a la enfermedad visual, un dato preciso para poder actuar frente a tal hecho, por lo que su interpretación no es conforme con lo visto o experimentado.

Además, se afirma que de las sensaciones placenteras o displacenteras emergen distintas pasiones correspondientes a esos estímulos. Las pasiones correspondientes al placer son: felicidad, tranquilidad y valentía. Y las concernientes al displacer son: ira, temor, cobardía e infelicidad. Cuando esas pasiones brotan, el cerebro da la orden a distintos órganos de segregar sustancias nerviosas: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. A cada pasión le corresponde una sustancia específica que viaja por algunos cables como las arterias y venas a cierta velocidad, con cierta densidad y una presión específica. A partir de esto, La Mettrie afirma: "Así, es evidente que las pasiones no deben confundirse con las demás facultades evocadoras, tales como la memoria y la imaginación, de las que se distinguen por la impresión agradable o desagradable de las sensaciones del alma" (1983, p. 123).

No obstante, algunos acontecimientos, como la obstrucción de las venas y arterias, o alguna afección en los órganos que producen los líquidos nerviosos y que son los responsables de las pasiones, impiden los sentimientos en los sujetos o hacen que estos sean defectuosos, es decir, no acordes a los estímulos percibidos por los nervios. Este punto es tratado también por Spector (2016, pp. 283-285), por ejemplo. Aunque la señal que emiten los nervios al cerebro, respecto a una sensación, sea placentera, al haber algún problema en los canales (venas o arterias) o en los órganos que liberan las sustancias encargadas de las pasiones, estas serán erróneas, es decir, displacenteras. Así se lee en El hombre máquina: "¿Qué hacía falta para que la intrepidez de Cayo Julio, de Séneca, de Petronio se cambiara en pusilanimidad o en cobardía? Una obstrucción en el bazo, en el hígado, una obstrucción en la vena porta. ¿Por qué? Porque la imaginación se cierra junto con las vísceras y de allí nacen todos esos singulares fenómenos de la afección histérica e hipocondríaca" (La Mettrie, 1962, p. 37).

Las causas por las que las máquinas orgánicas o cuerpos humanos presentan daños que les impiden actuar o ejecutar los movimientos adecuadamente siguiendo el estímulo nervioso captado son, por ejemplo, la herencia genética, la edad avanzada, el cambio climático y una alimentación deficiente. A continuación, se procederá a explicar cada uno de los factores mencionados.

La Metrie explica que los padres pueden padecer graves enfermedades que dan lugar a vicios y, a través de los genes, posiblemente se los hereden a los hijos. De tal forma que aquella herencia genética impide a los descendientes actuar libremente, pues están sujetos a factores sanguíneos imposibles de erradicar y que condicionan su conducta o forma de vivir. Un ejemplo que aporta La Mettrie (1962, p. 38) es el de una mujer que durante el embarazo quedó sujeta a un vicio, el cual transmitió a sus descendientes.

Ahora bien, la edad avanzada debilita el cuerpo, le arrebata la sensibilidad y funcionalidad de sus partes. Por este motivo, en El hombre máquina se afirma que en la vejez no se es apto para dar ni recibir placer a causa de que los nervios han perdido su sensibilidad o su capacidad de captar sensaciones. El único placer que se puede encontrar se halla en aquello que no exige esfuerzo físico, esto es, en la meditación (cfr. La Metrie, 1962, p. 39).

Otro factor responsable de la alteración o modificación de los jugos o sustancias nerviosas, y con ello de los estados anímicos, es el drástico cambio climático al que un cuerpo se ve expuesto. Es decir, el paso de un clima cálido a uno frío o viceversa. El ejemplo aportado por La Mettrie se remonta a la experiencia que vivió el duque de Guisa con el rey Enrique III de Inglaterra. El duque comenta que el monarca, antes de estar expuesto al frío, era un hombre cálido o amable; pero, después de mudarse a un clima frío, su estado de ánimo y actuar se tornaron hostiles, violentos o impacientes: "Hace veinte años -dijo- que conozco al rey; es de natural bondadoso y hasta débil, pero he observado que una nadería lo impacienta y lo enfurece cuando hace frío" (La Metrie, 1962, p. 43).

La defectuosa alimentación, de igual forma, trastorna el estado anímico; los alimentos altos en colesterol tapan las arterias y venas, por lo cual los líquidos encuentran impedimentos para movilizarse. Es así que la presión arterial presenta cambios y, al mismo tiempo, estas acciones afectan el equilibrio emocional. Asimismo, la carne cruda altera la paz del sujeto, creando en él sentimientos de ira. Con respecto a este punto, sostiene La Mettrie: "Tal pueblo tiene el espíritu pesado y estúpido, tal otro lo tiene vivo, ligero, penetrante. ¿De dónde proviene esto sino en parte de los alimentos que toma y de la simiente de sus padres y de ese caos de diversos elementos que nadan en la inmensidad del aire? El espíritu tiene, como el cuerpo, sus enfermedades epidémicas y su escorbuto" (1962, p. 43).

3. Felicidad entendida como placer carnal, voluptuosidad y felicidad orgánica o arterial

Después de redactar los textos científicos Tratado del alma y El hombre máquina, donde La Metrie cuestiona el concepto de "ser humano" y defiende, en su lugar, una definición naturalista y moderna de lo que significa el término "hombre", publica Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad. En este libro intenta incorporar una moral y una ética acordes a su filosofía mecanicista, la cual llamará "moral natural". Esta moral tiene como objetivo respaldar la idea de que todas las personas actúan conforme a las necesidades y estructuras de sus cuerpos ya maquinizados. Por este motivo, los sujetos no son responsables de las implicaciones sociales de su actuar (cfr. Thompson, 2014, p. 244). A partir de estas acciones, la ética es definida desde el gusto por los placeres. Estos son los que otorgan un sentido de realización a cada ser vivo. Los placeres son los que mueven a los seres vivientes. Lo que quiere decir que estos libros tratan de responder a la pregunta filosófica: ¿en qué consiste una vida feliz o bien vivida? A partir de estas ideas, Gras Balaguer afirma:

El Anti-Séneca y el Sistema de Epicuro, [...] pretenden ser sistemas de moral práctica para el Hombre máquina, el cual, recíprocamente, sólo puede ser concebido en el seno de las costumbres que favorece una ética hedonista. La moral que se defiende es la llamada moral natural o una interpretación de ésta fundada asimismo en una concepción de la naturaleza que deriva determinismo intrínseco a la filosofía que le sirve de soporte. Ésta, por lo tanto, se corresponde con la invocada ley natural, la cual es la misma para unos y otros (Gras Balaguer, 1983, p. 33).

La felicidad, expresa La Metrie en Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad, es una pasión que tiene su origen en la percepción de estímulos agradables que hacen al sujeto amar la vida o aferrarse a ella. Sostiene además que la felicidad puede manifestarse de varias maneras, que dependen de la intensidad y prolongación de las sensaciones placenteras. Al referirse al placer, La Metrie piensa en aquellos cuerpos cuyas partes poseen un buen funcionamiento.

Por otro lado, la voluptuosidad es algo que experimentan aquellos que tienen un cuerpo sano para percibir los estímulos agradables y una imaginación intensa que, según La Metrie, permite obtener el objeto de deseo, incrementarlo o crear nuevas fantasías a través del examen de aquel placer. De ahí que La Mettrie (2015) manifieste que la voluptuosidad es el arte de engañarse a sí mismo, pues se deleita con imágenes creadas por su propia mente.

Por último, la felicidad es algo que experimentan aquellas personas que presentan una alteración en los líquidos nerviosos. Es decir, los órganos internos encargados de producir la sustancia nerviosa concerniente al gozo, los cables por donde las sustancias se transportan, o los nervios, sufren una lesión que los llevan a segregar en exceso aquella sustancia correspondiente a la alegría, pese a que la sensación experimentada no procede de un estímulo agradable y por ende no debe haber segregación de aquel líquido, pero el daño presentado hace que se libere aquel jugo nervioso y dé como resultado el sentimiento o pasión denominada "felicidad". Por esto, en Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad se afirma: "¡Feliz aquél que lleva la felicidad en sus venas! Lleva todo consigo y casi no tiene necesidad de nada. Para un hombre tan bien organizado, jamás un día entero será triste y neblinoso; todos se alzarán claros y serenos" (La Metrie, 2010, p. 35).

La Metrie argumenta que, a diferencia de la máquina que experimenta placer y de la que se complace en la voluptuosidad, la máquinas que experimentan la felicidad son llamadas "venturosas" porque, incluso cuando las sensaciones experimentadas por las personas son desagradables, la alteración en los líquidos nerviosos les hace desconocer la realidad y sentir que toda situación es dichosa o feliz, en razón de que el líquido segregado concierne erróneamente a una sensación agradable.

¡Pero qué asombrosa variedad de dicha hay por todas partes! Recuerda la de los espíritus y la de los rostros: así como no hay dos semejantes, no hay dos hombres que sean igualmente felices y por los mismos medios. ¿De dónde viene esto? Es el organismo el que por sí solo da razón de todo, pues gracias a él, gracias a todas sus variaciones -sin entrar en ningún detalle anatómico que sería aquí superficial y desubicado- se concibe por qué tal nación siente mejor el placer, ama más la voluptuosidad, y es en general más feliz o está más dispuesta serlo y más dispuesta a reír, que otra. Esta misma variedad de estructura y de circulación de la sangre, de la linfa y de los espíritus es la causa de la diferente aptitud para la felicidad, que se advierte no solamente entre los diferentes pueblos, como se acaba de mencionar, sino también entre los diferentes individuos de una misma nación, de un mismo clima, de una misma provincia, de una misma ciudad (La Metrie, 2010, p. 125).

La diferencia entre el placer y la voluptuosidad, dos de las manifestaciones de la felicidad, radica en la estimulación del sentido interno de la imaginación. Cuando este sentido no tiene la capacidad de ser estimulado, el gozo se manifiesta en forma de placer, ya que el cerebro, al no poder retener las impresiones agradables que los sentidos dejan en él luego de entrar en contacto con los objetos, siente la necesidad de consumir los objetos totalmente hasta agotar los sentidos. Por esta razón, se dice que la felicidad es intensa pero fugaz: intensa porque el objeto es consumido completamente, pero fugaz debido a que los sentidos son saturados con facilidad. El voluptuoso, cuyo sentido interno puede ser estimulado, retiene las impresiones agradables que los objetos dejan en el cerebro, regocijándose con el recuerdo de los estímulos agradables, sin consumir absolutamente el objeto y agotar los sentidos. Las impresiones agradables que quedan impregnadas en el cerebro permiten al voluptuoso fantasear con la idea de consumir enteramente el objeto de deseo. El deseo aumenta con la curiosidad que se despierta en el hombre de tener aquella experiencia de devorar el objeto de su deseo. Por esta razón, se dice que el gozo experimentado no es intenso, al no ser consumido el deseo, pero sí es duradero, al tener la oportunidad de deleitarse con el recuerdo de lo amado mediante fantasías que en él se despiertan.

El gusto por el placer ha sido dado a todos los animales como un atributo principal; aman el placer en sí mismo sin llevar más lejos sus ideas. Sólo el hombre, este ser razonable, puede elevarse hasta la voluptuosidad; porque, ¿qué más hermoso y más extraordinario atributo de la razón? El hombre se distingue en el universo por su inteligencia. Una elección delicada, un gusto depurado, un refinamiento de sus sensaciones, multiplicándolas de alguna manera mediante la reflexión, ha hecho de él el más perfecto, es decir, el más feliz de los seres (La Metrie, 2015, p. 35).

4. Los diferentes caminos para alcanzar la vida feliz o buena

Teniendo en cuenta que la felicidad tiene distintas manifestaciones y que los cuerpos humanos están configurados de diferentes maneras, el camino hacia la vida feliz varía según esta constitución u organización corporal. En el presente apartado se explicará, primero, el sendero que sigue el hombre cuyo sentido de vida radica en el placer sensorial y voluptuosidad o placer espiritual. Segundo, se aclarará qué cosas aportan a la alegría de un hombre la organización de cuya máquina o cuerpo tiene defectos e impide que goce de aquel placer voluptuoso.

Las máquinas carnales o que consumen el deseo hasta complacer plenamente los sentidos, o, en su defecto, agotarlos, así como las máquinas voluptuosas que en lugar de consumir completamente el objeto acuden a los recuerdos o impresiones que este deja en la mente y que pueden ser deleitados por medio de la fantasía, encuentran en la literatura, cuya función es estimular la imaginación, un impulso hacia su plenitud. La Mettrie (2015) explica en La voluptuosidad que las novelas deben, mediante las narraciones, exagerar la realidad y las sensaciones, con el objetivo de desarrollar la imaginación, y, de este modo, incitar el consumo de nuevos placeres y nuevas experiencias. Así lo expone La Mettrie: "Pero, más poeta que Fontenelle, sé tan filósofo como él, derrite el hielo de sus ideas sin que pierdan nada de su precisión. Anima, en fin, da vida a los objetos, incluso a los más fantásticos: la imaginación voluptuosa espera su triunfo de ti" (2015, p. 10).

Para La Mettrie, la felicidad se deriva de la alteración de las sustancias nerviosas. En otros términos, el hecho de que la felicidad esté sujeta a la expulsión de determinados líquidos se fundamenta en el caso de una persona cuyo cuerpo segrega mayor líquido concerniente al gozo. Se trata de disfrutar la vida, teniendo presente que los infortunios que giren a su alrededor no deben afectar su estado anímico: la estructura del cuerpo está hecha para sentir felicidad, para segregar la sustancia de la felicidad. A partir de lo anterior, La Mettrie afirma que "[q]uien, dormido o despierto, sólo encuentra y recoge rosas sin espinas, recibió el mayor presente de los Cielos: la felicidad orgánica, de la que hemos hablado ya" (2010, p. 131).

En cambio, dice La Metrie (1962), quienes secretan mayor líquido nervioso relativo a la infelicidad, aun cuando su vida es venturosa, están rodeados de sensaciones desagradables; tal defecto en sus líquidos les acarrea un estado de ánimo melancólico, lúgubre. Pese a esto, La Metrie dice que existen algunos remedios que ayudan a que los líquidos y los estados anímicos se equilibren. Estos remedios son: opio, vino, café, baños en agua fría o agua caliente, y alimentos livianos y saludables para el vientre. ¿Cómo actúan estos posibles remedios en el organismo? El opio y el vino funcionan como calmantes. Durante un ataque de ira, el sujeto presenta un aumento considerable en la circulación de la sangre. Para recuperar la calma, es fundamental recuperar el ritmo natural de aquel líquido. Para esto, se consumen sustancias como opio y vino, que tienen la función de dormir el cuerpo y con ello dominar los estados anímicos. El café se recomienda a individuos de estado anímico pasivo o melancólico. En ellos, la velocidad con la que deben viajar las sustancias responsables de estos estados -bilis negra, flema y sangre- es tardía. De suerte que la cafeína aumenta la velocidad, la energía y alegría, porque actúa como estimulante.

Otro incitante para el cuerpo y que acelera la velocidad de los fluidos nerviosos son los baños en agua caliente. Estos baños son tomados por sujetos temerosos que necesitan un impulso para actuar. Por otro lado, los baños en agua fría, de igual manera que el opio y el vino, se recomiendan para calmar la circulación de la sangre y el sentimiento de ira. La Mettrie argumenta que no todos los fluidos de las máquinas reaccionan correctamente a los baños de agua caliente o fría. Unas máquinas están adaptadas a una u otra temperatura; un cambio en ella afecta a los líquidos y, por ende, a sus estados anímicos. Así, lo que para unos cuerpos es recomendable, para otros es perjudicial. Párrafos arriba se dio el ejemplo del rey Enrique III de Inglaterra, que experimentó cómo su humor mudaba: pasó de ser alegre a ser airado al entrar en contacto con el clima frío. Por este motivo, el filósofo dice que estos remedios son inciertos. Además, están limitados por el tiempo; pasado el efecto, el probable equilibrio que se adquiere con estos remedios desaparece y retorna el desnivel natural de los fluidos de las máquinas y sus respectivos humores.

Los alimentos sostienen lo que la fiebre excita. Sin ellos el alma languidece, se enciende en furor y muere abatida. Es una bujía cuya luz se reanima en el momento de extinguirse. Pero alimentad el cuerpo, verted en sus canales jugos vigorosos, licores fuertes; entonces el alma, generosa como éstos, se arma de un altivo coraje y el soldado a quien el agua hace huir, vuelto feroz, corre alegremente hacia la muerte al son de los tambores. De este modo el agua caliente agita la sangre que el agua fría hubiera calmado (La Mettrie, 1962, pp. 39-40).

Finalmente, el hambre, la indigestión o la deficiente alimentación modifican la segregación de los jugos nerviosos. Durante las horas en que no se alimenta al cuerpo, el hígado segrega en exceso bilis; ello hace que brote la pasión melancólica. El consumo de carne cruda genera un temperamento airado, ya que la sangre hace violentos a los seres humanos. El colesterol tapa las arterias y venas; al suceder esto, la sangre viaja con menor velocidad y presión, por lo que surgen los sentimientos de pesar y temor, contrarios a los de alegría, que son las pasiones que brotan en el organismo cuando la sangre posee libertad de movimiento. Dicho esto, La Metrie sugiere alimentar el cuerpo moderadamente y con alimentos altamente nutritivos para que los humores encuentren momentáneamente el equilibrio del que naturalmente carecen. "¡A qué excesos puede conducirnos el hambre cruel! No hay ya respeto por las entrañas a las cuales se debe o se ha dado la vida; se las desgarra a dentelladas, se celebran con ellas horribles festines, y en los arrebatos de ese furor el más débil resulta siempre la presa del más fuerte" (La Metrie, 1962, p. 41).

En definitiva, los hombres son máquinas orgánicas reguladas por el cerebro, los órganos internos y externos, los líquidos nerviosos, los músculos y los huesos. La armonía y la discordia entre estas partes modifican el actuar, el sentir, el pensar y el desear. De ahí que La Mettrie (2010) invite a la filosofía a cuestionar los conceptos de "vicio" y "virtud" que están vinculados con la expresión "vida feliz". Estos conceptos han sido tergiversados por la religión y han sido identificados equivocadamente con el bien y el mal. El Estado y la religión, junto con la filosofía antigua, aceptan este error sin considerar que la felicidad de cada ser está sometida a factores biológicos, científicamente comprobados. Además, sostiene La Metrie, no procede, de ningún modo, del examen que la recta razón realiza de los deseos, como Séneca afirma en Sobre la felicidad. Para La Metrie, los conceptos de "bien" y "mal" deben ser eliminados si se comprende la verdadera naturaleza del hombre. Así, los seres humanos no pueden ser catalogados como virtuosos o buenos ni viciosos o malos.

Ahora bien, en el texto Anti-Séneca o Discurso sobre la felicidad, La Metrie declara que la creación de los términos "bien" y "mal" al interior de la filosofía clásica y del cristianismo tiene la finalidad de destruir la naturaleza biológica de los seres vivos para someter al pueblo a la tiranía y los intereses de la clase dominante. De modo que, eliminando aquellas ideas, los castigos propinados por la espada de un rey, así como los remordimientos que suscita la religión, quedan suprimidos, pues "[e]l remordimiento no es sino una reminiscencia penosa, un antiguo hábito de sentir que vuelve a surgir. Es, si se quiere, una huella que se renueva, y por consiguiente un viejo prejuicio que la voluptuosidad y las pasiones no adormecen tanto como para que casi siempre, tarde o temprano, no vuelva a despertarse. Así, el hombre lleva dentro de sí el mayor enemigo" (La Metrie, 2010, p. 65).

5. Conclusión

La Mettrie afirmó que la vida buena y la felicidad para el ser humano, concebido como materia orgánica o máquina, consisten en proporcionar al cuerpo sensaciones placenteras, aun cuando satisfacer estos placeres implique realizar acciones consideradas pecaminosas por la sociedad y la moral, así como criminales por la ley. Según La Metrie, la naturaleza es la que guía al individuo hacia un camino donde predominan los estímulos agradables: "Si la naturaleza determina nuestros actos, no somos libres, en absoluto, de contravenir una norma moral relativa, aun cuando la sociedad pueda, y deba, en su defensa, sancionarnos con toda su fuerza. Pero no tiene sentido privar al delincuente de su inclinación natural al reposo interior, introduciendo en él remordimientos por la conculcación de una supuesta norma 'natural'" (Cordero, 2002, p. 225).

Es por ello que, pensando en una filosofía más simpática con el sujeto, en la que la superstición y las leyes tiránicas no opriman física, pasional y racionalmente al ciudadano, La Metrie exhorta a conocer la naturaleza del hombre desde el campo médico y la ciencia natural, desde una perspectiva materialista y sensorial. A partir de estas ideas, La Mettrie sostiene: "Comprendo todo lo que exige el interés de la sociedad. Pero sería de desear, sin duda, que entre los jueces sólo hubiera médicos excelentes. Únicamente éstos podrían distinguir al criminal inocente del culpable" (La Mettrie, 1962, p. 68).

Asimismo, La Mettrie señala que al expresar aquellos pensamientos no tiene intención de romper la tranquilidad del gobierno, sino buscar la verdad sin temor a ser acallado. Además, exhorta a otros filósofos de su época a que manifiesten de igual forma sus pensamientos de forma libre y valiente: "Vosotros, filósofos, secundadme: atreveos a decir la verdad y que la infancia deje de ser la edad eterna del hombre. No tengamos miedo del odio de los hombres, tengamos miedo de merecerlo. He aquí nuestra virtud; lo que es útil a la sociedad la constituye, el resto es su fantasma" (La Metrie, 1983, p. 64).

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1 Este artículo recupera directamente ideas y pasajes de Peñuela Pinzón (2022).

Cómo citar este artículo: Cajicá Zambrano, C. F., Peñuela Pinzón, J. J. y Dionicio Lozano, M. F. (2025). La felicidad como configuración del cuerpo humano en Julien Offray de La Mettrie. Tópicos, Revista de Filosofía, 71, 385-405. DOI: http://doi.org/10.21555/top.v710.2687.

Recibido: 08 de Noviembre de 2022; Aprobado: 15 de Marzo de 2023; Publicado: 23 de Diciembre de 2024

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