Tras un sistemático proceso de reforma a los estudios de posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el nuevo Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de nuestra universidad fue aprobado por el Consejo Técnico de la Facultad el 30 de octubre de 1998, por el Consejo Técnico de Humanidades el 3 de diciembre del mismo año y por el Consejo Académico del Área de Ciencias Sociales el 29 de enero de 1999. Celebramos hoy sus 25 años, y hacerlo desde las páginas de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales es reconocer y reafirmar la larga trayectoria conjunta en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Esta ha sido hogar histórico de ambos desde su creación: de la Revista desde 1955 y de los estudios de posgrado desde 1967.
En junio de 1968, icónico año de experimentos y tragedias, es que, a raíz de haberse creado el nivel doctoral en el Posgrado, la entonces Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales recibió el rango de Facultad. Una realidad social demandante significó que nuestra joven institución redoblara sus esfuerzos, lo que logró a través de la generación de conocimiento de alto nivel y su difusión por medio de la actividad editorial. Ambas dimensiones estrecharon sus lazos con mayor fuerza durante la década de los años noventa, ya que las dos instancias cohabitaron en la División de Estudios de Posgrado desde 1992 con el objetivo de consolidar su carácter de instrumento especializado de investigación, asociado a la formación de las nuevas generaciones de científicos sociales. A partir de su Quinta Época (iniciada con el número 159, enero-marzo de 1995), la política editorial de la Revista se relacionó estrechamente con la reforma académica del Programa, que culminó en enero de 1999.
Consolidados ambos, los estudios de posgrado devinieron en un Programa Universitario ofrecido conjuntamente por varias unidades académicas -inicialmente, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPYS) y el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), a las que se sumaron el Centro de Investigaciones Sobre América del Norte (CISAN), el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM), la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán y la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón. Frente al desafío de construir un posgrado que conjuntase diversas entidades académicas y reuniese en un programa universitario a las cinco disciplinas ofrecidas por la FCPyS -acorde al espíritu de la nueva normatividad- la opción fue, precisamente, la articulación e incorporación progresiva de las instancias concurrentes en el área.
La reforma académica fundacional, que tuve el privilegio y responsabilidad de liderar e implementar, se ha visto nutrida por sistemáticos esfuerzos para garantizar su excelencia. Así, junto con la novedosa estructura que permitió potenciar de manera vanguardista el perfil de los estudios a este nivel, se han alentado de manera permanente nuevas propuestas temáticas y se han afirmado sus logros.
El proceso de configuración de nuevos conocimientos y el de formación de generaciones de científicos y profesionales, refleja una labor continua de especialización e interacción disciplinaria. El cruce de facto entre las disciplinas, las modificaciones en los perfiles académicos y profesionales y en la práctica laboral han alentado y convalidado la tendencia hacia la convergencias disciplinarias. La situación y expectativa laboral de los estudiantes y la vinculación del grado cursado con su ámbito de trabajo apuntan hacia marcadas transformaciones en el horizonte laboral. De esta manera, se construyó una estructura con base en los campos de conocimiento constituidos a partir de la afinidad de los objetos de estudio y del entrecruzamiento de diferentes perspectivas teóricas y disciplinarias; aquellos conocimientos de vanguardia han permitido combinar saberes disciplinarios con temáticas específicas y conjuntar la especialización disciplinaria con la convergencia entre disciplinas. Generar conocimiento mediante el encuentro disciplinario nos permite a su vez reafirmar los límites de nuestras respectivas disciplinas, al aprender(nos) a través de los otros. Además, los campos ordenan y articulan las líneas de investigación, las materias y los seminarios.
Los insumos responden tanto a las transformaciones globales del mundo social como a los avances de las diversas disciplinas que lo conforman, tal como se expresan en contenidos, así como en estrategias de formación y graduación. Los cambios que acompañaron su creación y posterior crecimiento reflejan las concepciones y compromiso de los distintos actores involucrados: comunidades académicas, instancias colegiadas, autoridades y comunidad estudiantil.1 Su desarrollo es producto de una rigurosa coordinación entre las entidades y disciplinas participantes en el seno del Comité Académico. De igual forma quiero destacar a los sucesivos coordinadores del Programa: la Dra. Cristina Puga, el Dr. Khemvirg Puente, la Dra. Rosa María Mirón y la Dra. Karla Valverde, actual responsable del Programa.
Entre los rasgos distintivos que caracterizan al Posgrado destaca la estructuración de un programa amplio que ofrece, de manera conjunta y especializada, cinco maestrías: Estudios Políticos y Sociales, Gobierno y Asuntos Públicos, Comunicación, Estudios en Relaciones Internacionales, Demografía Social y Estudios México-Estados Unidos y un Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales con cinco campos disciplinarios: ciencia política, administración pública, ciencias de la comunicación, sociología y relaciones internacionales. Es también uno de los tres Programas de Posgrado que integran la Orientación Interdisciplinaria de Posgrado en Estudios Socio-Discursivos (OIP-ESD).
La contribución de este programa académico de alta calidad al desarrollo de las ciencias sociales y la formación de nuevas generaciones a nivel nacional e internacional se refleja en este contundente dato: desde su constitución, se han graduado 1 561 estudiantes de maestría y 804 de doctorado, es decir, un total de 2 365 estudiantes.
El Posgrado ha seguido los trazos de una política global encaminada a desarrollar la capacidad de investigación en ciencias sociales, ofreciendo a sus alumnos una amplia y diversificada planta de 423 tutores y tutoras, así como un sistema de becas que le permite a los alumnos dedicación de tiempo completo. Este Posgrado ha fomentado y enriquecido -y se ha enriquecido él mismo- de las colaboraciones interinstitucionales. Solo a título ejemplar, ha aportado al diseño e implementación de maestrías en universidades nacionales como la Universidad de Sonora y la de Oaxaca, y de programas de colaboración internacional como el de titulación conjunta con la Universidad de Gröningen. Su internacionalización se ha expresado en la presencia de profesores visitantes, en el apoyo a alumnos para estancias y asistencia a congresos en el extranjero y en la construcción de redes intelectuales a través de proyectos realizados por los propios investigadores o por iniciativa del Programa en su conjunto. Alienta, de manera simultánea, una mayor vinculación de las ciencias sociales a nivel internacional y una vinculación más estrecha con los actores, organizaciones y ámbitos de la realidad social que cada vez requieren más de sus avances en el conocimiento.
Las ciencias sociales, tanto en el imaginario colectivo como en el seno mismo de las instituciones generadoras de investigación, han sido ubicadas, históricamente, en el papel de observadores críticos y relectores de lo acontecido a posteriori. Actualmente, la sociedad, con sus diferentes actores institucionales y colectivos, interroga a las ciencias sociales exigiendo de ella una adecuación temporal y sustantiva de sus intervenciones y aportaciones que, sin pedir una renuncia al momento autorreflexivo del conocimiento, se traduce en una demanda de mayor inserción de dichas ciencias en la realidad, a través de la definición de nuevos compromisos que puedan ayudar a incidir en la generación de propuestas para una mejor comprensión de -y acción sobre- la realidad. Entre la generación de preguntas, el análisis y la concreción de propuestas de soluciones, se delinea un perfil de las ciencias sociales que conjuga las características clásicas de investigación sobre la realidad con las competencias específicas de mediaciones entre el ámbito de la cognición y un ámbito más pragmático de acción, a través de procesos metacognitivos y creativos que permiten tejer los puentes necesarios para una ciencia social vinculada a la realidad.
Convergente con lo afirmado en el diagnóstico realizado en seno de la Academia Mexicana de Ciencias (2001),2 en el cual se conceptualizó la realidad social del siglo XXI como “sociedad del conocimiento”, el Programa ha asumido el nuevo lugar que el saber le ha conferido a las disciplinas sociales y las humanidades, reconociendo la existencia de los nuevos núcleos temáticos que ocupan el centro de su discusión teórica y de sus desarrollos prácticos. De esta forma, al tiempo que se ha insertado en los debates teóricos nacionales, regionales y globales, busca estrechar su relación con el sector público, las organizaciones no gubernamentales y demás sectores sociales, brindándoles los recursos intelectuales necesarios para el diseño de políticas y programas que tiendan al desarrollo de la comunidad. El conocimiento es visto como valor y genera valor.
Así, ante los cambios que experimenta el país, la investigación en humanidades y ciencias sociales que se lleva a cabo en el Programa y en las universidades y centros de investigación de México constituye, también, una reflexión sistemática sobre los grandes problemas nacionales y aporta una crítica constructiva de la sociedad actual. Esta edificación de la investigación contribuye a conocer mejor los rasgos que perfilan la raigambre histórica del México de hoy y las posibilidades, retos y horizontes que tiene el país en el orden internacional. Asimismo, ayuda a entender la pluralidad cultural, las dimensiones, tendencias y cambios demográficos, la pobreza y las desigualdades sociales, las características y limitaciones del sistema educativo, jurídico, político y económico, el legado artístico, lingüístico, documental, cultural, conceptual y simbólico, las normas y valores que nos rigen, y los procesos de transición y cambio, entre otras muchas dimensiones de la realidad social; contribuye simultáneamente al conocimiento científico y a la intelección de opciones de cambio que impactan en la organización social, en la participación ciudadana, en la opinión pública informada y en los procesos de democratización.
Las dinámicas que han guiado el desarrollo del Programa a lo largo de estas décadas han sido la conjunción y consolidación de la sinergia institucional, la incorporación de nuevas concepciones teóricas y metodológicas y de nuevos núcleos temáticos, la ampliación y diversificación de la comunidad académica, la profundización del compromiso por parte de la población estudiantil, la ampliación de la población de becarios, la renovada orientación académica y profesional, una constante gestión de orientación y seguimiento académico, y una creciente participación de los cuerpos colegiados; por otra parte, define su misión en los siguientes términos:
El Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en su calidad de institución del más alto nivel, es responsable de la formación plural e integral de científicos, intelectuales y expertos capacitados para el desempeño académico y profesional, éticamente comprometidos con la realidad social y la diversidad humana, dispuestos a promover las condiciones necesarias para el desarrollo y progreso, el alcance de niveles de bienestar y convivencia satisfactorios y el logro de mayores niveles de justicia y equidad. Ello mediante la generación de conocimiento de punta y capacidades innovadoras, académicamente relevantes y socialmente significativos, acordes con los desarrollos del saber y las transformaciones y desafíos del entorno social. (Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales, s.f.)
Por lo tanto, celebramos ahora 25 años del Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales como una instancia de excelencia académica que constituye un espacio estratégico de vinculación directa entre la investigación y los procesos de formación académica y profesional avanzada que conlleva al establecimiento de futuras generaciones de científicos sociales y profesionales de primera línea.
Fronteras disciplinarias: entre la división y la convergencia
Desde una visión compartida de las ciencias sociales y en consonancia con la doble tendencia que caracteriza a nuestro saber, el Programa ha buscado siempre conjugar el conocimiento disciplinar con la interdisciplina. Por una parte, la especialización y diversificación de las ramas de conocimiento que se manifiestan en una permanente depuración teórica y analítica, en una mayor especificidad en los instrumentos y técnicas de investigación y en un análisis y perfil determinado más definido. Por la otra, una creciente interacción entre dichas disciplinas, e intensas convergencias y cruces derivados de la revisión de las fronteras del saber. Si bien el conocimiento social transita con éxito en los ámbitos disciplinarios, son también los encuentros en las fronteras del conocimiento los que alientan hoy nuevas formulaciones; consecuentemente, la posibilidad de potenciar la convivencia entre disciplinas ha facilitado dicho proceso. Con ello, la idea de un solo universo cognoscitivo ha quedado superada, por lo que se hace necesario pensar en una diversidad de mundos que afloran y cuyas interacciones y convergencias se ven crecientemente reforzadas.
La diversificación de las ciencias sociales es un fenómeno que corre paralelo al intercambio cada vez mayor entre disciplinas. Cuando no amplían sus horizontes a interacciones corren el riesgo de estancarse y debilitarse. La acelerada modificación de fronteras, tanto materiales como culturales, externas como internas, ha incidido, con diferentes ritmos e intensidades, en la exploración de las propias fronteras que perfilan las trayectorias de conocimiento. A la luz de entornos crecientemente complejos y en permanente proceso de transformación, las ciencias sociales han asumido un renovado compromiso de autorreflexión para dar cuenta de un mejor y más cabal entendimiento de los nuevos tiempos y circunstancias. La inusitada suma de tendencias, acontecimientos y coyunturas -a la vez novedosas e inciertas- han propiciado interrogantes y respuestas de diferentes comunidades científicas no sólo en la evaluación de los cambios y sus consecuencias, sino en los métodos y los conceptos y las categorías empleadas para su comprensión.
Así, en vista de estas nuevas realidades, las ciencias sociales se ven confrontadas al imperativo de reflexionar en torno a lo que ha sido su bagaje conceptual y su actualidad frente a los escenarios contemporáneos, así como en torno a su tradición epistemológica, a sus paradigmas dominantes y los emergentes. Hoy, la sociedad se articula simultáneamente en diversas dimensiones. Para las ciencias sociales, esto significa no sólo nuevos niveles de agregación analítica sino la interacción entre ellos y las configuraciones, estructuras y momentos sociales que dichas interacciones arrojan.
Es pertinente señalar que el proceso de delimitación y diferenciación interna de áreas disciplinarias, al tiempo que aportó riqueza y potencial heurístico, resultó en aislamientos y fragmentaciones. Esto ha merecido, en años recientes, sostenidos esfuerzos de construcción de nuevos diseños de estudio e investigación así como es organización, como es el caso del Programa.
Los márgenes ampliados de encuentros e interacciones globales han conducido necesariamente a repensar el carácter histórico y, por ende, modificable de las fronteras que delimitan la diferenciación cognoscitiva y disciplinaria. Al igual que las divisiones geopolíticas y materiales han dejado de verse como datos inamovibles, las cognoscitivas deben ser sometidas a cuestionamiento, no en términos de su núcleo teórico específico sino en su condición científica y de potencialidad heurística (Bokser Liwerant, 2009; Waldman, 2003).
Uno de los aportes que en esta línea marcó un parteaguas: el Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales (Wallerstein, 1996), buscó dar cuenta de la historicidad de la especialización y división disciplinaria del conocimiento, resultado de la acumulación del saber. A pesar de que, al igual que todo modelo de diferenciación, las fronteras del conocimiento son vistas como un dato natural, autoevidente o bien inherente a la naturaleza misma de las cosas o del saber, su creación ha sido una decisión social llena de consecuencias en lo concerniente a la asignación de poder y recursos (Bokser Liwerant, 2003).
La historicidad de las fronteras ha sido abordada desde diversas perspectivas teóricas. De este modo, al enfatizar la primacía de las propias fronteras, se ha destacado su importancia toral en la estructuración del conocimiento, abordándose desde una ontología procesual que analiza la relación e interacción entre fronteras y el surgimiento y desaparición de entidades sociales (Abbot, 1995). Así, entendidas inicialmente como espacios de diferencia, permiten analizar el surgimiento de entidades sociales a partir de la delimitación de las mismas por los actores sociales, por lo que las fronteras han jugado un papel central en la configuración histórica de campos profesionales. Concebida toda organización como un conjunto de transacciones ligadas a una unidad funcional que las alberga, las fronteras pueden ser vistas como espacios fundacionales de la diferencia, en un momento inicial, y en su carácter topográfico explícito, posteriormente, a través de la construcción, perdurabilidad y estructuración de su diferenciación constitutiva. Esta visión aporta elementos interesantes para la comprensión de los campos de conocimiento y de las disciplinas, y a la vez que contribuye a ampliar las perspectivas analíticas de los procesos de diferenciación, minimiza cualquier tenor voluntarista en la reflexión contemporánea acerca de las ciencias sociales.
Otras líneas de pensamiento se suman a esta reflexión. Analizando los procesos de construcción de áreas del conocimiento y campos científicos y profesionales, la construcción de fronteras/identidades es un proceso creativo que activamente esculpe diferentes campos mentales más que identificar pasivamente los naturales ya existentes. Desde esta óptica, se ha estudiado el mapeo espacial de diferenciación del conocimiento en disciplinas, campos y áreas rodeadas por murallas mentales, mismas que acentúan su distancia y las convierte a nuestros ojos en islotes aislados (Zerubavel, 1995). Se construye una identidad disciplinaria a partir del ejercicio de unidades, objetos, conceptos que no sólo son propios de una comunidad académica, sino que le son exclusivos y excluyentes de otras. Esta visión, sostenida por una “mente rígida”, refuerza los campos delimitados y aislados por sobre los encuentros y las interacciones, y privilegia la compartamentalización del mundo y de los saberes por sobre los acercamientos.
Existe un amplio espectro de trabajos autorreflexivos generados por las ciencias sociales en este momento en que la intensidad y celeridad de los cambios conducen a la necesidad de atender tanto las nuevas manifestaciones de la compleja vida social como los instrumentos conceptuales con los que deberán abordarse. La pluralidad de enfoques denota la madurez alcanzada por un saber que se asume a sí mismo como objeto de reflexión y que encuentra en este ejercicio un prerrequisito para su desarrollo ulterior.
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Para la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, resulta fundamental articular un espacio de discusión sobre investigaciones actuales tan necesarias de temas actuales de diversa índole. Por ello, en los artículos que componen la sección de artículos misceláneos de este número 252 se conjuntan temáticas multi e interdisciplinarias que rearticulan las discusiones sobre el panorama de las diversas facetas del mundo social.
Nuestra sección de Varia comienza con el artículo Politics as Sacralization en el cual Aarón Attias Basso argumenta que lo sagrado es una dimensión esencial de la política. Se rechaza una visión que restringe lo sagrado a lo religioso, proponiendo en cambio una concepción más amplia inspirada en Durkheim y Bataille, en la que lo sagrado actúa como un núcleo omnipresente en la sociedad, tanto en su esplendor como en su degradación. En lugar de entender la “sacralización de la política” como una separación entre política y sacralidad, se sugiere que la política es en sí misma una práctica de sacralización que estabiliza significados centrales en un colectivo social.
Posteriormente, Khemvirg Puente Martínez explora en su artículo Origen y desarrollo de los estudios legislativos: temas, escuelas y tendencias los estudios legislativos, como subdisciplina de las ciencias sociales. En este texto, el autor busca analizar y comprender el comportamiento parlamentario a través de diversas metodologías y enfoques. Se expone una visión general de los orígenes, el desarrollo y los debates actuales en torno a la representación política y el desempeño legislativo, así como de los espacios académicos que han fortalecido esta área de investigación. También se identifican los principales desafíos que enfrenta este campo, tales como las limitaciones teóricas y metodológicas, la estrechez disciplinaria, su limitada influencia en la reforma institucional y en la toma de decisiones, además de la necesidad de comparaciones entre casos.
Reflexionando sobre una problemática actual, el artículo Obstáculos hacia otras formas de paternidad y maternidad: la vigencia de los roles de género de Livia García-Faroldi y José María García de Diego nos plantean nuevos discursos que cuestionan los roles de género tradicionales en la maternidad y paternidad, los cuales subrayan el declive del padre como proveedor y la demanda de una paternidad más involucrada. Los autores revelan que, a pesar de las nuevas facetas, las percepciones tradicionales persisten: el padre es visto como proveedor y la madre sigue siendo la principal responsable de las tareas rutinarias. Estas representaciones varían según religiosidad, género, educación e ingresos, sugiriendo implicaciones políticas para una mayor corresponsabilidad en los cuidados.
Finalmente, Héctor Eduardo Soto Guerrero y Ricardo Uvalle Berrones, en su artículo El ejercicio de la transparencia en Guanajuato y Jalisco en los marcos de la gobernanza democrática exploran la política pública de transparencia en Guanajuato y Jalisco como casos de innovación en la gobernanza de sistemas democráticos contemporáneos. Analizan el grado de cumplimiento de la transparencia por parte de los poderes en ambos estados, con el objetivo de proponer mejoras en los mecanismos de monitoreo y vigilancia para optimizar la calidad y colaboración social en la transparencia. La conclusión a la que llegan los autores es que ambos estados cumplen con la transparencia activa, sin embargo, persisten limitaciones, especialmente en la falta de transparencia proactiva y en el uso de un lenguaje accesible que facilite el acceso a la información pública.
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Para completar nuestro número 252, en nuestra sección de Notas de Investigación presentamos el texto de Francisco Salvador Gutiérrez Cruz y Juan Carlos Moreno Brid, Teoría de juegos y elección racional: selección de candidatos en México en 2021. En nuestra sección de Reseñas, por su parte, Jacqueline Peschard nos presenta Theoretical and Historical Trajectory of Sociology in Mexico, sobre la novedad editorial de 2024 de la socióloga Gina Zabludovsky, Sociology in Mexico. An Intellectual and Institutional History.
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De parte del equipo de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, deseamos que este nuevo número continúe estimulando ejercicios de reflexividad y de discusión en los múltiples espacios académicos nacionales e internacionales a los que llega y que nos ayude a comprender de mejor manera los fenómenos sociales que apremian a nuestras sociedades.














