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 ISSN 2594-178X ISSN 2683-2232

Bibliographica vol.8 no.1 Ciudad de México ene./jun. 2025   08--2025

https://doi.org/10.22201/iib.2594178xe.2025.1.504 

Bibliographia

Historia de una minucia: Irma Sabina Sepúlveda versus el periódico Vida Universitaria

Story of a Trifle: Irma Sabina Sepúlveda against Vida Universitaria Newspaper

Susana Julieth Acosta Badillo* 
http://orcid.org/0000-0003-0238-9294

* Universidad Autónoma de Nuevo León, Preparatoria No. 3, Monterrey, Nuevo León. México. susana.acostabd@uanl.edu.mx.


Resumen

En 1968 el semanario Vida Universitaria, medio informativo de la Universidad Autónoma de Nuevo León, le prohibió la publicación de un cuento a Irma Sabina Sepúlveda, escritora galardonada a nivel nacional y asidua colaboradora del semanal en cuestión. El motivo es que el texto de ficción indagaba en un episodio de la vida de Gregorio Lemercier, pionero del psicoanálisis en México, cuando éste se encontraba de visita en la ciudad de Monterrey. El presente artículo reconstruye la trayectoria profesional de Sepúlveda y pormenoriza en su relación con esta publicación. Así, explora este hecho de censura en la historia cultural de la Universidad que, no obstante su aparente insignificancia, contribuye a comprender el retiro público de Sepúlveda durante la década de 1970, tras haber sido una de las escritoras más prominentes de la segunda mitad del siglo XX mexicano.

Palabras clave: Irma Sabina Sepúlveda; Vida Universitaria; Universidad Autónoma de Nuevo León; censura; prensa universitaria

Abstract

In 1968 the weekly Vida Universitaria [University Life], a news outlet of the Universidad Autónoma de Nuevo León, banned the publication of a short story written by Irma Sabina Sepúlveda, a nationally awarded writer and regular columnist of the weekly. The reason for this was the fictional story explored an episode in Gregorio Lemercier’s life, a pioneer in psychoanalysis in Mexico, when he was visiting the city of Monterrey. This article reconstructs Sepúlveda’s professional career and examines her relationship with this publication in detail. Thus, it explores this apparently insignificant act of censorship in the cultural history of the university contributing to an understanding of Sepúlveda’s public retirement in the 1970s, after having been one of the most prominent writers of the second half of the twentieth century in Mexico.

Keywords: Irma Sabina Sepúlveda; Vida Universitaria; Universidad Autónoma de Nuevo León; censorship; university press

Introducción

Desde la invención de la escritura, la censura previa o posterior de un escrito ha sido parte de su proceso de creación, edición y publicación, en atención a intereses políticos, religiosos, morales o de buenas costumbres. El control establecido sobre lo escrito por instituciones públicas o privadas es tal que en este siglo XXI continúan las controversias en torno a la censura de todo aquello que no se alinee o cumpla con una agenda institucional o gubernamental. Si en el México colonial el Santo Oficio y el Consejo Real eran los organismos de control de todo el pensamiento impreso, en el México independiente la censura se ha ejercido desde los diferentes centros de poder, llámense gobiernos locales o central, empresas públicas o privadas y/o universidades, tanto en sus publicaciones oficiales como en periódicos, libros y revistas que perpetúan la visión del gobierno en turno.

Este artículo presenta el estudio de un caso de censura muy particular ocurrido en 1968, cuando el periódico Vida Universitaria, medio informativo de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) prohibió la publicación de un cuento de la escritora Irma Sabina Sepúlveda, galardonada a nivel nacional y asidua colaboradora del semanal en cuestión; ¿la razón? porque versaba en torno al exmonje Gregorio Lemercier, pionero del psicoanálisis en México, cuando éste se encontraba de visita en la ciudad de Monterrey. La censura previa aplicada a Sepúlveda, de reconocido y elogiado talento, por responder a apariencias y buenas relaciones por parte del órgano universitario, provocó que la escritora cortara de tajo toda relación con el periódico y que éste la sustituyera en su espacio literario no sin antes una breve disputa privada que finalmente proyectó la moralidad del medio que, después de todo, no dejaba de estar adscrito a una institución pública.

Como línea metodológica, esta investigación es un estudio sobre medios impresos, particularmente Vida Universitaria, por lo cual se recurrió a fuentes hemerográficas mediante el gran apoyo que la Hemeroteca Digital de la UANL proporciona. Por otro lado, este trabajo se alinea a las virtudes de la microhistoria o, como Sepúlveda le denominaría, una minucia,1 es decir, un hecho minúsculo en la historia del periodismo universitario que, no obstante, ayuda a entender el misterio detrás del retiro de la escritora de la esfera pública regiomontana, donde hasta entonces era sumamente activa. Contribuye a entender, también, las relaciones culturales de la época, según lo estipulado por Carlo Ginzburg al decir que a partir de la historia de un individuo (en este caso, Sepúlveda) “pueden escrutarse, como en un microcosmos, las características de todo un estrato social en un determinado período histórico [en este caso, la sociedad cultural regiomontana de mitad del siglo XX]”.2 Como se leerá, Sepúlveda era un personaje singular del círculo cultural regiomontano, laureada, elogiada y publicada, sin embargo, entrada la década de 1970 su participación pública descendió drásticamente y en este sentido me pregunto ¿acaso tuvo algo que ver su rompimiento con el periódico universitario?

El periódico

Vida Universitaria es el medio informativo de la UANL y se dice que “es” porque aún se publica; su primera época fue de 1951 a 1987 y la segunda de 1997 a la actualidad.3 El periódico nació como un medio semanal para informar a la comunidad universitaria sobre los trabajos elaborados en la Universidad, especialmente de las gestiones del Patronato Universitario en su cruzada por la Ciudad Universitaria de Nuevo León, proyecto que buscaba otorgar espacio práctico a las escuelas superiores de la Universidad e igualar la obra urbana de la Universidad Nacional con su Ciudad Universitaria del Pedregal. El primer número se publicó el 28 de marzo de 1951 y se presentó como el “periódico pro-cultura auspiciado por el Patronato Universitario de Nuevo León”, organismo creado en diciembre de 1950 para reunir fondos para la construcción del anhelado campus.

Editado en formato tabloide, el periódico inició con ocho páginas que después pasaron a 12 y luego a 16. Su primer tiraje fue de 10 mil ejemplares, pues la empresa de difusión era ambiciosa, distribuyéndose gratuitamente entre maestros y estudiantes universitarios, empresas, comercios e instituciones del Estado, así como bibliotecas y universidades del país, y después de América Latina.4 Aunque fue dirigido inicialmente por Jesús C. Treviño, el editorial inaugural fue escrito por Manuel L. Barragán, vicepresidente del Patronato e importante industrial refresquero de la región, a quien, además, se le atribuye la iniciativa de editar el periódico informativo por su amplia experiencia periodística como exdirector de Excélsior, de 1929 a 1931, y editor de los medios regionales Actividad, Solidaridad y Previsión y Seguridad, todos publicaciones de corte informativo con larga tradición, que perduraron por más de tres décadas en circulación.5

Horacio Tarcus, historiador de la cultura escrita, identifica en los medios impresos de publicación regular -periódicos, gacetas, revistas, folletos- una vía funcional para legitimar el poder o superioridad política, económica o cultural de un grupo sobre otros.6 Tanto las élites como los grupos populares necesitan de medios de divulgación, de un mecanismo de difusión de ideales, logros, fracasos, modas, objetivos, entretenimiento y, por supuesto, su forma de pensamiento. Vida Universitaria se encuadra en el primer grupo, el de las élites, pues surgió como un periódico informativo de una institución de educación superior que, al momento, buscaba legitimar su estatus como la Universidad del Norte -no sólo de Nuevo León-, discurso con el que pretendía posicionarse como la segunda universidad más importante del país, sólo por detrás de la nacional.7 Esta estrategia identitaria tenía, además, el objetivo de atraer el apoyo de la sociedad nuevoleonesa para la construcción de Ciudad Universitaria:

Esta publicación puede hacer mucho bien a la Universidad. Alzar el temple de su existencia cotidiana en aulas, laboratorios, campos deportivos. Dar el santo y seña entre estudiantes, para hacerse fuertes en defensa de la Casa común. Allegar simpatías del exterior y con ellas, recursos morales y económicos. Enlazar voluntades, conocimientos, corazones para que una Universidad, la de Nuevo León, se ofrezca al testimonio de la historia como ejemplo de lo que pueden, deben y están por tanto obligados a hacer los hombres bajo el signo de la sabiduría.8

Vida Universitaria no fue el primer medio de difusión de la Universidad, pero sí el más completo e importante. Antes de este periódico, la institución editó otros periódicos y revistas, algunos producidos por grupos concentrados de estudiantes como El Estudiante (1933), Ciencia (1934) o La Lechuza (1950), y otros por la administración universitaria, como la Gaceta Universitaria (1934), el anuario Universidad (1942) o el boletín mensual Armas y Letras (1944).9

Sobre los medios estudiantiles, tenían un perfil ideológico si el contexto así lo ameritaba, como El Estudiante, que se publicó durante el año de organización de la Universidad y difundió escritos que respaldaron la creación de una institución de enseñanza superior en Nuevo León; o también solían tener un perfil informativo, con datos de interés para la comunidad estudiantil productora del periódico, como lo era el caso de La Lechuza, órgano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Aunado a esto, muchos de los periódicos estudiantiles de los que se tenga registro publicaban, con mucha frecuencia, textos de corte literario, cuentos, ensayos, poemas y hasta chistes.10

Por su parte, las producciones de la Universidad como institución tenían un doble perfil bien delimitado: informativo y literario. La Gaceta Universitaria, por ejemplo, publicó listas de personal docente, leyes, reglamentos y bases orgánicas de la Universidad, al igual que efemérides del año escolar en curso; mientras que Universidad, anuario de gran formato (100 a 120 páginas), publicaba ensayos largos de corte político, filosófico, histórico y literario, además de ser el medio de difusión de las conferencias que formaban parte de las Jornadas Universitarias, organizadas por el Departamento de Extensión Universitaria. Como cierre de cada número, Universidad solía publicar el informe anual de actividades, lo que le otorgaba, definitivamente, el sello institucional. Por último, el boletín Armas y Letras nació como una alternativa de Universidad, es decir, una publicación periódica en lugar de anual que difundía textos cortos distribuidos en escasas ocho páginas, fáciles de leer y atractivos para todo público, además de breves notas informativas dentro de la columna Notas Universitarias, que desapareció gradualmente una vez que Vida Universitaria se consolidó como el medio informativo en el transcurso de los años 50.

Cuando Vida Universitaria surgió, su contenido giraba casi exclusivamente en torno a las noticias de las diferentes escuelas y facultades de la Universidad, especialmente en las tareas de planeación y construcción de Ciudad Universitaria, con algunos artículos de fondo; pero una vez materializado el campus, a partir de 1962, el corte del periódico comenzó a cambiar. Sin dejar de publicar notas informativas sobre la institución, Vida Universitaria empezó a incluir cada vez más textos de corte literario y, sobre todo, ensayos de opinión política, económica, filosófica, histórica y literaria, en una forma de compensar la desaparición de la revista anual Universidad hacia principios de la década. De esta manera, Vida Universitaria se consolidó como un periódico de variedades en los años 60 y es en esta temporalidad cuando la escritora nuevoleonesa Irma Sabina Sepúlveda hizo su debut en sus páginas.

La escritora

Irma Sabina Sepúlveda González nació el 28 de marzo de 1933 en la Hacienda San Isidro del Potrero, Villaldama, Nuevo León (actualmente El Potrero, Villaldama).11 Fue la undécima de 13 hijos del matrimonio conformado por José Sepúlveda Gutiérrez y Josefa González Santos Coy, una familia tal vez no de abolengo, pero sí bien asentada. Como toda familia mexicana tradicional de aquellos años, la responsabilidad económica recaía en el padre, quien antes del arribo de Irma a la vida familiar se dedicaba a la actividad minera y después a la agrícola, como un exitoso cultivador de maíz, trigo y caña de azúcar, propietario de sus tierras y premiado agricultor en los concursos de la Secretaría de Agricultura.12 Esta situación de estabilidad económica para la familia Sepúlveda González terminó con el reparto de tierras del cardenismo. Tras perder sus tierras, los hijos mayores migraron a Monterrey en busca de empleo y “los mayores jalaron a los menores, y poco a poco nos fuimos todos a Monterrey […] los tres menores llegamos a Monterrey en 1939”.13 En la capital, Sepúlveda hizo toda su trayectoria educativa: primaria, comercial e incluso clases de piano.

Figura 1  Irma Sabina Sepúlveda, Interfolia. Órgano Mensual de la Biblioteca Universitaria “Alfonso Reyes”, núm. 112 (31 de octubre de 1963). https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/17679. 

Con formación comercial, Sepúlveda laboró en el Banco Mercantil y en una compañía de seguros, además de ser profesora certificada de piano, llegando a ser presidenta de la Sociedad Musical “Manuel Ponce”. Después de 10 años como empleada, renunció en 1961 y a partir de ese año se dedicó a la escritura, talento nato que había desempeñado más como un pasatiempo de juventud que otra cosa. El punto decisivo para la carrera de escritora de Sepúlveda, según sus propias memorias, fue la lectura de un poema de la peruana Esther M. Allison en la revista cultural mexicana Ábside (1937-1979),14 que le impresionó tanto que decidió escribirle, acción que propició el nacimiento de una amistad epistolar.15 Allison visitó Monterrey en el decisivo 1961 y personalmente animó a Sepúlveda a escribir, pues en sus cartas distinguía cierto talento. Con el ánimo de su amiga, buscó cursos de literatura en la ciudad y ese mismo año entró a uno impartido por el Instituto Tecnológico de Monterrey, donde sería estudiante de Pedro Reyes Velázquez,16 maestro decano de literatura y otro distinguido escritor regiomontano. Reyes fue clave para su formación como escritora, pues le recomendó libros, lecturas, escritores y la guio hacia la escritura de obras teatrales, donde Sepúlveda haría su laureado debut; aunque, por otro lado, su influencia quedó en ello, recomendaciones, pues la asesoría crítica de un personaje de la talla literaria de Reyes en realidad nunca se manifestó, por lo menos en la experiencia de Sepúlveda:

Al salir [después de una visita domiciliaria a Reyes para que leyera su obra teatral en construcción] me despedí afectuosamente de la familia, para mí tan querida, y subiendo al coche pisé el acelerador y tomé el rumbo de mi casa sintiendo un nudo en la garganta. Yo quería críticas suyas, opiniones llanas, estímulo necesario para seguir adelante, y él no lo entendió así. Creía tal vez que si me daba la contraria dejaría de escribir.17

Años más tarde, Sepúlveda agradeció la actitud “seca” de Reyes, pues su propia “soledad intelectual” fue lo que marcó el rumbo de su carrera como escritora.18 Aquella ausencia de crítica local la motivó a tomar otro curso, en esta ocasión de teatro y, además, foráneo, pues ya no buscaría las opiniones de sus coterráneos. Así, tomó un curso de teatro en Ciudad de México, donde conoció a personalidades de la pluma como Emilio Carballido y Jorge Ibargüengoitia, aunque, según su propio testimonio, fue la lectura de Juan Rulfo lo que convenció a Sepúlveda de que su camino era el cuento: “Las ‘llamas de su llano’ me llevaron al camino que me correspondía”.19

En 1962 participó en el Concurso Latinoamericano convocado por la revista HOY y obtuvo el primer lugar con el cuento “El pajarito triste” (adaptado de su obra de teatro), y también ganó la Flor Natural en los XI Juegos Florales de San Luis Potosí, con su cuento “Agua de las verdes matas”, sin duda el más afamado y el que da título a su primera antología, publicada por Editorial Vallarta en 1963.20 Estos dos galardones colocaron a Sepúlveda en el panorama nacional de la literatura mexicana de mediados del siglo XX, lo cual le permitió relacionarse con otras personalidades no sólo del ámbito literario, sino también político.

Al ganar un concurso en tierras potosinas atrajo la atención del sacerdote, poeta y editor potosino Joaquín Antonio Peñalosa, en palabras de Sepúlveda: “el hombre a quien más debe mi carrera de escritora”.21 El año en que Peñalosa y Sepúlveda cruzaron destinos, el primero ya era un reconocido escritor polifacético que había cultivado poesía, cuento, novela, ensayo y narrativa, y que gozaba de buena fama lírica en su tierra natal, por lo que su padrinazgo no era poca cosa, ofreciéndole primero publicar sus cuentos en la revista que él editaba, Estilo, y después en formato de libro, edición que él mismo financió y prologó: “Pocos meses después de mi visita a San Luis por motivo del premio, Monseñor [Peñalosa] me decía en una de sus cartas: ‘Es tiempo ya, Irma Sabina, de hacer las gavillas de sus cuentos. Piense en un libro para que dé a conocer a esos personajes tan recios y profundos que con tanta naturalidad describe’”.22

Publicado el libro, Sepúlveda lo envió a la lista de personas que Peñalosa le indicó y es aquí donde la escritora comenzó a construir su propia red de amistades culturales e intelectuales. Envío el libro a Ángel María Garibay (1892-1967), Antonio Acevedo Escobedo (1909-1985), Rafael Solana (1915-1992), Javier Peñalosa (1921-1977), Alfonso Junco (1896-1974), José Rojas Carcidueñas (1912-1981), Ernesto Cardenal (1925-2020), Pablo Antonio Cuadra (1912-2002), Dora Isella Russel (1925-1990) y Rodolfo M. Ragucci (1887-1973), entre otros. Todos los personajes mencionados son escritores de renombre en la literatura mexicana y latinoamericana que, además, se correlacionan no sólo en estilo -pues la gran mayoría eran poetas-, sino también en la formación religiosa; Garibay, Cardenal y Ragucci eran sacerdotes, como Peñalosa. Es importante referir esta construcción de amistades porque la propia Sepúlveda reconoció que antes de Peñalosa, ella no conocía a nadie y nadie la conocía, y fue Peñalosa quien la introdujo en los círculos intelectuales de México, entre sus colegas escritores, periodistas y editores, importante aclarar, pues entre los mencionados está Junco, editor de Ábiside.23 Sobre el estilo de Sepúlveda, Peñalosa llegó a escribir:

Irma Sabina pertenece a esa cada vez más rara estirpe de escritores carismáticos, que acaso sean los únicos y verdaderos, porque cuanto fluye de su estilo, fluye sin esfuerzo ni jadeo, con espontánea naturalidad, autentica frescura, innata lozanía […] Irma Sabina sabe su cuento, el suyo, el que nace de su voz, de su vida, de su experiencia […] Y todo ello expresado con fácil desparpajo y gracia socarrona. Tal vez el mejor logro de los cuentos de Irma Sabina sea el lenguaje, el amor y la felicidad con que sabe recoger el habla del pueblo.24

Además de la cálida bienvenida entre los círculos literarios de México, los galardones obtenidos en 1962 también le abrieron puertas en la ciudad de Monterrey, otorgándole la atención que buscaba desde su primera formación como escritora. Fue objeto de banquetes en su honor, organizados por personajes del círculo social de la ciudad, y si en 1961 no logró que alguna de sus obras teatrales se publicara o escenificara, en 1963 se produjeron, por lo menos, cinco de ellas, siendo su debut la obra “El príncipe feo”, que estrenó el 12 de enero de 1963 en el Teatro del Maestro.25 Las otras obras fueron “El agiotista”, “La luna buena”, “Hay sombras que secan nopaleras” y “El hambre”, actuadas por diferentes compañías teatrales de la ciudad.26

Con un libro de cuentos publicado y prologado por un escritor de renombre nacional, obras de teatro de su autoría puestas en escena y dos galardones en su haber, Sepúlveda se sintió lo suficientemente segura para postularse por segunda ocasión a la beca del Centro Mexicano de Escritores (CME), tras una primera experiencia amarga de rechazo; pero, a pesar de su elogiado debut como cuentista, la solicitud de la novel escritora fue declinada por segunda ocasión. Tras la noticia, Sepúlveda preguntó quién era el presidente del CME o con quien se podía dirigir y, al ser originaria de Nuevo León, el contacto más directo era uno de los asesores financieros del Comité Ejecutivo: Carlos Prieto, presidente de la Compañía Fundidora de Fierro y Acero Monterrey, la acerera más grande no sólo de México, sino de Latinoamérica.27 Prieto es, en definitiva, otra figura clave en el despegue de Sepúlveda como escritora, pues si Peñalosa la ayudó a establecer una red primaria de colegas escritores a través del financiamiento de su primer libro, Prieto le facilitó su introducción en el grupo central de la literatura mexicana por medio de la beca para el CME, institución de formación literaria y en la cual Sepúlveda fue la primera escritora regiomontana en ingresar.28

El CME se inauguró en 1951 por iniciativa de la estadounidense Margaret Shedd quien, durante la actuación de su esposo Oliver Kisich en la Embajada de México, logró tejer una red de contactos con la élite intelectual y cultural de México que le ayudó cuando decidió fundar un centro de escritores, para retroalimentación y asesoría en la creación literaria.29 El CME, como organización promotora de la cultura escrita, contaba con un comité ejecutivo integrado por personalidades de la pluma en los cargos de presidente, dirección, codirección, secretario y asesores; en este último cargo estaban los asesores literarios, como Rulfo o Juan José Arreola, y los asesores financieros como Prieto, que influían en la aprobación o no de solicitudes de ingreso pues, al final de cuentas, eran los asesores financieros quienes invertían su dinero en la carrera de algún aspirante a escritor. Así fue como Sepúlveda entabló relación con Prieto: “A él dirigí una larga carta donde explicaba los motivos que me hacían molestarlo y necesitar esa anhelada beca que me haría salir de Monterrey, donde nunca podría conocer el ambiente de la verdadera literatura. En dicha carta iba una breve historia de mi vida y un ejemplar de mi pequeño libro de cuentos”.30

La respuesta de Prieto fue entusiasta: “Irma, me interesa su caso, y me honraré en ayudarla. Dígame usted cuándo necesita mensualmente para dedicarse a la escritura”.31 De esta manera, Sepúlveda trabajó durante un año bajo el mecenazgo de Prieto y después ingresó al CME en la generación 1964-1965, donde conoció a grandes escritores, el más importante para su formación, Rulfo, quien no sólo fue su maestro y un estimado amigo, sino también su más grande fuente de inspiración en estilo narrativo, pues ambos escribieron desde el escenario rural; Sepúlveda, a partir de una narración dedicada a “recuperar la oralidad de los habitantes del Nuevo León rural y a dibujar el paisaje que los rodea”.32 Como parte de su experiencia en el CME, el 21 de octubre de 1965 se presentó en el ciclo “Los narradores ante al público”, coordinado por Antonio Acevedo Escobedo, entonces director del Departamento de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y quien también se convertiría en un entrañable amigo. Esta participación la consagró como la más importante escritora regiomontana de aquel momento, pues fue la única autora nuevoleonesa que se presentó entre nombres como Juan Rulfo, Rosario Castellanos, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Rafael Solana, Amparo Dávila y José Revueltas.

A su regreso a Monterrey, Sepúlveda se dedicó a consolidar su presencia literaria en los medios locales y, de esta manera, entabló su relación con Vida Universitaria. Antes de escribir para el periódico universitario, había colaborado con los periódicos El Porvenir y El Norte, en Monterrey; La Tribuna y El Sol, en San Luis Potosí; y México en la Cultura, Novedades y la revista Única, en Ciudad de México.33 En cuanto a publicaciones universitarias, colaboró previamente en Armas y Letras, con el cuento “El quebradero”.34 De acuerdo con el registro que se logró recopilar, tras una exhaustiva búsqueda entre los números de Vida Universitaria de 1963 a 1970 -años en que publica su primer libro y el tercero y último, respectivamente-, la primera publicación que el semanario hizo de Sepúlveda fue su cuento “La cruz de Jacinto Rocha”, en el número 668 del 12 de enero de 1964. Aun así, no se le considera una primera colaboración pues, a nuestro parecer, fue más el detalle de difundir uno de los cuentos que conformaban la antología Agua de las verdes matas, libro que el periódico reseñó en dos ocasiones posteriores.35 Por esto, a nuestro criterio, la primera colaboración para el semanario fue “Martín Cuervo”, cuento publicado en el número 764 del 14 de noviembre de 1965. “Martín Cuervo” fue escrito durante su estancia en el CME y hasta entonces permanecía inédito, según el alcance de esta investigación. Años después, fue integrado en el segundo libro de la autora: Los cañones de Pancho Villa (1968).

La figura de Sepúlveda en Vida Universitaria refrescó la cuota de autores, además de representar la única presencia femenina. Hasta Sepúlveda, los autores más recurrentes eran profesores de la propia Universidad, como Alfonso Rangel Guerra, Óscar F. Castillón (columna deportiva), Agustín Basave Fernández del Valle, Genaro Salinas Quiroga y ocasionalmente José Alvarado, Raúl Rangel Frías (exrector y exgobernador) y Nemesio García Naranjo, este último sin ser profesor, pero sí respetado escritor y cercano amigo de Manuel L. Barragán. Todos los nombres mencionados tenían reputación en el ámbito cultural de Nuevo León y se movían en los círculos literarios de mayor prestigio.36

A partir de “Martín Cuervo”, Irma Sabina Sepúlveda publicó en prácticamente todos los números consecuentes de Vida Universitaria hasta el 11 de agosto de 1968, que corresponde al número 907. Fueron 134 colaboraciones las que se identificaron, entre reseñas, ensayos de opinión y, por supuesto, cuentos, muchos de ellos inéditos fuera de las páginas de Vida Universitaria y otros tantos publicados primero en el semanario antes de integrarse en alguna de las antologías posteriores, Los cañones o El agiotista (1970) (véase Anexo). Esta estrecha relación entre la colaboradora y la publicación demuestra que Sepúlveda le dedicó más que una sencilla colaboración al periódico, pues escribió para éste cuentos exclusivos, una acción que no cualquier escritor hace.37

El pleito

Irma Sabina Sepúlveda tiene un cuento que se titula “El pleito” y aunque versa en torno al cobro de viejas deudas entre dos vecinas del campo, Nicolasa y Tilana, bien podemos tomarlo como referencia para el título de este apartado, pues la ruptura entre el periódico y una de sus autoras más asiduas -y seguramente leídas- fue sin duda alguna un pleito de personalidades “gallonas”, como las protagonistas del cuento.

El 17 de junio de 1969, Manuel L. Barragán, entonces expresidente del Patronato Universitario -organismo que, si se recuerda, dio luz a Vida Universitaria-, escribió al director del periódico en turno, Gregorio Salazar Leyva, para preguntar los motivos detrás de la ausencia de escritos de Irma Sabina Sepúlveda en los últimos números, cuando ella era una colaboradora por demás habitual. 38 La respuesta de Salazar fue tajante:

La Srita. Sepúlveda, colaboradora de Vida Universitaria, en materia de cuentos, se molestó el día 15 de agosto de 1968, porque no se le publicó un artículo que trataba del monje Gregorio Lemercier, que abandonó el convento para casarse con una dama de Saltillo, y se encontraba entonces en Monterrey, invitado a dar una conferencia en la Escuela Municipal de Verano que dirige Pedro Reyes Velázquez, de lo cual la prensa local hizo poco caso.39

Gregorio Lemercier fue, en efecto, un monje benedictino que recientemente (en 1967) había abandonado sus hábitos por la inconformidad de la Iglesia católica con sus experimentos en torno al psicoanálisis en el Convento de Nuestra Señora de la Resurrección, en Cuernavaca.40 Tras dejar el sacerdocio, Lemercier prosiguió, ahora en estado laico, con su comunidad de psicoanálisis Emaús y un año después contrajo matrimonio con la saltillense Graciela Rumayor. Bajo su nombre laico, José Lemercier, visitó la ciudad de Monterrey el 8 de agosto de 1968, hecho que al parecer atrajo especialmente la atención de Sepúlveda como escritora.

La última publicación de Sepúlveda en Vida Universitaria fue el 11 de agosto de 1968, con el texto “Los alumnos que se van”, dedicado a sus estudiantes de la Preparatoria No. 2, donde era profesora de literatura universal. Lamentablemente, se desconoce el contenido del cuento que originó la disputa, pero debió ser crítico, chabacano y burlesco, como la característica escritura de Sepúlveda o así se da a entender en la respuesta que Salazar Leyva le mandó a Barragán:

Ese artículo lo puse a la distinguida consideración de usted, y de Don Ramón [Cárdenas, entonces presidente del Patronato], para que me dieran su punto de vista, ya que era el primer caso en que como Director de VIDA UNIVERSITARIA, tenía que aplicar mi juicio y criterio, habiendo coincidido ustedes, en que no era material de publicación para nuestro semanario, eso fue todo, la Srita. Sepúlveda no volvió a enviar colaboraciones y sí en cambio ví alguna suya en el Porvenir [periódico] pero sin continuidad.41

A pesar de que Barragán coincidió con Salazar en que el contenido del cuento era inadecuado, censurable ante la moralidad, ideología o prestigio del semanario, ello no impidió que abogara por el regreso de Sepúlveda a las páginas de Vida Universitaria, pues como él mismo expresó: “No una, sino infinidad de veces, en mi larga experiencia periodística, he creído prudente rechazar escritos de colaboradores […] pero de eso a suspender totalmente la publicación del mismo autor, existe una distancia enorme”.42 En este sentido, resulta claro que Salazar no armonizó con Barragán y que, al parecer, existió una discusión verbal o, tal vez, escrita entre Sepúlveda y Salazar, a juzgar por las palabras de este último:

Posiblemente ahora la Srita. Sepúlveda que ha visto que VIDA UNIVERSITARIA, pudo salir adelante, pese a sus augurios de fracaso personal y de grupo; contando al presente con una planta de 15 colaboradores, ha cambiado de opinión y desea volver a la revista, haciendo gestiones ante Don Ramón Cárdenas Coronado, desafortunadas porque en ellas reúne la imploración y el ruego, que troca después por la amenaza y el insulto, lo que tiene que serle reprochado.

Todo esto en sí no hubiera ocurrido si la Srita. Sepúlveda se mantiene ecuánime y serena, pero incurriendo en la mentira, en sus arrebatos personales, en su invocación de amistad con distinguidas personalidades, nos pone a meditar sobre sus intenciones de regreso que considero sumamente problemático. Es por tanto que con todo cuidado y sentido formulo para usted estimado Don Manuel este memorándum que pongo a su distinguida consideración.43

Resulta claro que Salazar Leyva, como editor, intentó negociar el contenido del cuento con la autora o que ella proporcionara otra colaboración, por cuestiones principalmente morales, pero también es claro que Sepúlveda no accedió;44 una lucha de egos que también muestra la lucha de fuerzas dentro del microcosmos del campo literario45 nuevoleonés, donde Salazar, como editor de un periódico institucional de la universidad más importante del noreste mexicano, se impuso en poder político sobre Sepúlveda, justificado por el cuidado del prestigio del semanario, más relevante, en aquel contexto, que el talento y la libertad creativa de una escritora galardonada.

Irma Sabina era practicante de la religión católica y de acuerdo con una de sus hermanas, “muy persignada, siempre asistía a misa con el Padre Cervantes”.46 Esto, sumando a su “actitud denunciadora”,47 su tendencia a decir las cosas tal cual las pensaba, sin tapujos, hacen deducir que el cuento contenía una crítica burlona al abandono de hábitos por parte de Lemercier y de su inmediato matrimonio, libertad creativa que al periódico no le pareció, en atención a intereses de prestigio institucional y evasión de controversia. Años más tarde, su hermano Aquiles Sepúlveda, distinguido artista plástico, dijo en una entrevista que “el mayor error de su hermana fue no limitarse a la representación literaria de su pueblo, El Potrero, y comenzar a escribir sobre la gente de Monterrey, lo cual le acarreó críticas a finales de la década de 1960”.48

El estilo crítico de Sepúlveda se puede leer en varios de sus escritos, sobre todo en reseñas de otras obras o en torno a otras personalidades. Por ejemplo, cuando reseñó la novela Unos cuantos días más, del periodista Armando Ayala Anguiano, dijo: “Dada la pésima calidad literaria de esta serie de escenas hilvanadas ‘a machetazos’, pensamos que el señor Ayala Anguiano no debió salir nunca del periodismo”.49 O, en otro caso, cuando escribió sobre su experiencia en el CME y comentó sobre el codirector, Francisco Monterde: “Sufrí mucho con esta verdad y cuando yo les alegué que no podía vivir con esa cantidad [tras un recorte en su beca], el codirector, que es un señor demasiado blandengue de aspecto, pero duro corazonalmente, me lanzó esta pulla: ‘Para usted no había presupuesto. Si se le dio la beca fue por don Carlos. Ahora bien, si se le hace poca la beca, pídale a él, al fin que tiene bastante’”.50

Como se observa, Sepúlveda no se “andaba por las ramas” cuando de expresar su opinión se trataba y esto, tal y como expresó su hermano Aquiles, le atrajo problemas ante la sensibilidad regiomontana, una sensibilidad que ella misma reconoció en 1962: “Vivo en una familia llena de prejuicios y en una ciudad donde las gentes son sumamente hipócritas […] Viviendo en Monterrey me siento amordazada, no puedo escribir lo que realmente siento por temor a lastimar los prejuicios de mis gentes”.51

Tras su rompimiento con Vida Universitaria su espacio fue ocupado por los profesores José Navarro y Humberto Buentello Chapa, prioritariamente con reseñas literarias, y después por Alicia Reyes, nieta del “Regiomontano Universal” Alfonso Reyes, quien hizo su debut en páginas del periódico el 27 de abril de 1969 con el texto “Matices Alfonsinos”. Las colaboraciones de Reyes no fueron tan regulares como las de Sepúlveda, pues su segunda participación fue hasta el 16 de noviembre del mismo año, con el escrito “La Flor Roja”.

Sepúlveda siguió publicando, aunque no con la misma regularidad y, de hecho, su producción literaria bajó drásticamente tras la publicación de El agiotista en 1970, su tercer y último libro. Es importante aclarar que este libro también fue impreso por Sistemas y Servicios Técnicos -al igual que Los cañones de Pancho Villa (1968)-, imprenta que era propiedad de Manuel L. Barragán,52 lo cual determina que su relación cordial no se perjudicó del todo por el problema con Salazar Leyva, quien en definitiva obstaculizó el retorno de Sepúlveda al semanario, y más si se considera lo dicho por Sepúlveda a su amigo Antonio Acevedo en una carta fechada el 23 de marzo de 1975,53 donde le anunciaba que próximamente adquiriría la dirección de Vida Universitaria, hecho que no sucedió, pues Salazar fue director hasta 1978 cuando fue sucedido por Raúl Hinojosa Vallejo, con quien terminó el periódico su primera época en 1987.54 Aquí también es importante comentar que no se descarta que, bajo la nueva dirección, Sepúlveda tal vez haya regresado como colaboradora del semanario, pero hasta el alcance de esta investigación mediante la consulta de varios ejemplares entre 1978 y 1987, se puede asegurar que ello no sucedió.

La obra de Sepúlveda fue en descenso, en cuanto a popularidad se refiere, pues el primer libro, Agua de las verdes matas (1963), fue objeto de todo tipo de reconocimientos, entre premios, banquetes, reseñas elogiadoras y reproducción de los cuentos en medios locales, como ocurrió en El Porvenir y Vida Universitaria. Después, Los cañones de Pancho Villa (1968), aunque sí fue un libro de éxito pues se agotó en su primera edición y se reimprimió inmediatamente en 1969, su popularidad no es comparable con el primero. Finalmente, El agiotista pasó casi desapercibido entre la crítica literaria y, según estudiosos de la literatura regional, fue su libro menos afortunado:

El agiotista parece tener, en ocasiones, cierto trabajo de estructuración, pero no es fácil de apreciar ya que el producto final no cumple con las exigencias del primer libro [Aguas de las verdes matas]. Los brincos espacio-temporales son realmente drásticos, del Distrito Federal brinca a Villaldama y de la cartomanciana a Rosaura Mondragón […] Aunque haya intentado escribir un libro a manera de secuela, el producto final no se consolidó como tal. Los cuentos que tienen algún vínculo con los libros anteriores no mantienen relación entre sí. El trabajo de selección de material se descuidó en El agiotista y su trabajo de estructuración fue muy pobre…55

En sus últimos años, Sepúlveda dejó de publicar escritos inéditos y, por el contrario, replicó algunos en El Porvenir -reproducidos anteriormente en Vida Universitaria-, como el cuento “El Heredero” o el texto homenaje “Manuel L. Barragán, Regiomontano Ejemplar”, y en 1975 sólo publicó una nota original sobre el aniversario de la panadería La Superior.56 Por otro lado, regresó a la escritura teatral y estrenó “Escándalo en Piedras Negras”, obra que logró mantenerse en producción continua durante el primer lustro de 1980. También en 1984 formó parte del Comité Editorial de la revista cultural Estaciones, publicada por la Dirección de Cultura de la Secretaría de Educación de Nuevo León.57 Finalmente, la escritora falleció en abril de 1988 y como coda de este apartado, más no del artículo, reescribimos la despedida de su amiga y colega, Adriana García Roel, la otra gran escritora regiomontana:

Verás, Irma Sabina, no voy a contar la perfección de tus trabajos ni a enumerar los muchos premios que por ellos, justificadamente, recibiste. No, no voy a repetirte lo que en vida te dije. No tendría caso, puesto que bien sabes que tus cuentos me encantan, y que algunos de ellos me llegan hasta el fondo del alma. Sin ir más lejos, el del niño a quien su madre, la bruja Gabriela, le había enseñado a hacer la gallinita. Con haber escrito tan sólo ese cuento lo habrías alcanzado todo. De veras. Es un cuento blanco, blanquísimo, como los pollitos, como el alma del niño. Es un relato que se mete hasta las entrevistas del corazón. En serio, Irma Sabina, tu cuento es todo esto y aún más.58

Consideraciones finales

Reflexionar sobre este peculiar hecho presentado permite la elaboración de dos conclusiones particulares. En primer lugar, la discordia entre el periódico universitario e Irma Sabina Sepúlveda resulta interesante para el estudio de la cultura literaria nuevoleonesa y mexicana, pues Sepúlveda no era una escritora aficionada en 1968, por el contrario, era una autora laureada, publicada y de reconocido talento, por lo que el rechazo de su cuento por parte del editor de Vida Universitaria expone un caso de censura que nos habla de los estándares ideológicos, morales y políticos del periódico universitario, como medio de una institución educativa y, también, de las posiciones de poder dentro del medio literario local, pues la postura de Salazar Leyva, como editor, se impuso sobre la de Sepúlveda, pese a la amistad de ésta con Manuel L. Barragán, fundador del periódico, y a su prestigio literario como autora. Por escribir sobre un personaje polémico con escandalosa vida pública y privada -un exsacerdote que contrajo matrimonio y además era psicoanalista, ciencia aún cuestionada en aquel entonces-, el talento de Sepúlveda pasó a segundo plano y fue objeto de la censura moralista, que atendió a la conservación de las buenas maneras del semanario. Además, los dimes y diretes posteriores entre Sepúlveda y Salazar justificaron al segundo para una franca expulsión de la primera de la lista de colaboradores, acción que no sólo mermó la actividad pública de Irma Sabina como escritora, sino que también -se intuye, a juzgar por su drástica disminución productiva en la década siguiente- ocasionó en ella una profunda desilusión del medio literario nuevoleonés.

En segundo lugar, en el proceso de esta investigación resultó notoria la ausencia de reconocimiento hacia la obra de Sepúlveda,59 por lo menos el tipo de reconocimiento que mereciera la primera mujer regiomontana que se formó en el CME, de gran prestigio en el pasado siglo, y quien recibiera múltiples reconocimientos, así como elogiadores comentarios por parte de autores de la talla de Rulfo, Arreola, Salvador Novo, Jaime Torres Bodet, su paisana Adriana García Roel y muchos escritores más. En este sentido, retomamos las palabras de Irma Sabina, quien no tendía a reconocerse como una gran escritora: “A muchos escritores el cuento les ha servido de escalón para llegar a la novela. Mi caso no es éste. No intentaré mayores empresas porque conozco mis limitaciones. Ambiciono llegar a ser una buena cuentista, y como no es cosa fácil, tal vez no me alcance la vida para lograrlo”.60

Anexo

Publicaciones de Irma Sabina Sepúlveda en Vida Universitaria

  • 1964

  • “La cruz de Jacinto Rocha”, núm. 668, 12 de enero: 6.

  • 1965

  • “Martín Cuervo”, núm. 764, 14 de noviembre: 2.

  • “Hombre en la oscuridad” (reseña del libro de Juan Tovar), núm. 765, 21 de noviembre: 3.

  • “Unos cuantos días” (reseña de la novela de Armando Ayala Anguiano), núm. 766, 28 de noviembre: 3.

  • “Pepe Prida” (reseña del libro de Jorge López Páez), núm. 767, 5 de diciembre: 3.

  • “Beber un cáliz” (reseña del libro de Ricardo Garibay), núm. 768, 12 de diciembre: 6.

  • “El oso” (dedicado a Olga Lozano de Fernández), núm. 769, 19 de diciembre: 3.

  • “Antología de la novela corta norteamericana I” (reseña del libro de Mary y Wallace Stegner), núm. 770, 26 de diciembre: 3.

  • 1966

  • “Antología de la novela corta norteamericana II”, núm. 771, 2 de enero: 3.

  • “Recordando a Chejov” (ensayo), núm. 772, 9 de enero: 3.

  • “Los otros días” (reseña del libro de Rubén Marín), núm. 773, 16 de enero: 3.

  • “Tenazas”, núm. 774, 23 de enero: 3.

  • “Mi hermano Carlos”, núm. 775, 30 de enero: 9.

  • “Novelistas y cuentistas de la Revolución” (ensayo), núm. 776, 6 de febrero: 3.

  • “Últimos puntos de vista” (reseña sobre libro de William Somerset Maugham), núm. 777, 13 de febrero: 8.

  • “Brujería” (con dedicatoria a Juan Rulfo), núm. 778, 20 de febrero: 3.

  • “Secretos y sorpresas del idioma” (reseña del libro de Luis Canossa), núm. 779, 27 de febrero: 3.

  • “Manuel Durón” (homenaje al ilustrador de su libro Aguas de las verdes matas, fallecido el 26 de febrero de 1966), núm. 780, 6 de marzo: 6.

  • “Variaciones métricas” (reseña del libro de Carlos Barrera), núm. 781, 13 de marzo: 3.

  • “¿Quiere ser escritor?” (reseña del libro de Alberto Valenzuela Rodarte), núm. 782, 20 de marzo: 3.

  • “La nuera de don Filemón”, núm. 783, 27 de marzo: 3.

  • “No falta mucho para que oscurezca”, núm. 784, 3 de abril: 3.

  • “Trigo verde” (reseña del libro de Miguel Aguayo), núm. 785, 10 de abril: 3.

  • “La novela realista mexicana” (reseña de la tesis doctoral de Joaquina Navarro), núm. 786, 17 de abril: 3.

  • “Cuentos y narraciones” (reseña de antología), núm. 787, 24 de abril: 3.

  • “Historia de una nuez”, núm. 788, 1o. de mayo: 6.

  • “Antonio Acevedo Escobedo”, núm. 789, 8 de mayo: 3.

  • “Miércoles Santo” (reseña del libro de Manuel Gálvez), núm. 790, 15 de mayo: 3.

  • “Marcela” (reseña del libro de Esteban Durán Rosado), núm. 791, 22 de mayo: 3.

  • “El agiotista”, núm. 792, 29 de mayo: 7.

  • “El santo y el arzobispo” (reseña de dos ensayos de William Somerset Maugham), núm. 793, 5 de junio: 3.

  • “Muerte por agua” (reseña de la novela de Julieta Campos), núm. 794, 12 de junio: 3.

  • “Consejos a los autores noveles” (reseña sobre Antón Chéjov), núm. 795, 19 de junio: 3.

  • “Un asunto federal”, núm. 796, 26 de junio: 8.

  • “Cuentos norteamericanos” (reseña de antología), núm. 797, 3 de julio: 3.

  • “El arte de Juan Rulfo” (ensayo), núm. 798, 10 de julio: 3.

  • “El retorno de los brujos” (reseña del libro de Louis Pauwels y Jacques Bergier), núm. 804, 21 de agosto: 3.

  • “El trato de Pedro León”, núm. 805, 28 de agosto: 10.

  • “Tristes jardines”, núm. 806, 4 de septiembre: 3.

  • “Tuétano con albahaca”, núm. 807, 11 de septiembre: 8.

  • “Tortillas”, núm. 808, 18 de septiembre: 6.

  • “La burlona” (cuento que obtuvo el segundo lugar en Premio Somonte), núm. 809, 25 de septiembre: 11.

  • “El quebradero” (primera parte), núm. 810, 2 de octubre: 6.

  • “El quebradero” (segunda parte), núm. 811, 9 de octubre: 3.

  • “El quebradero” (tercera parte), núm. 812, 16 de octubre: 6.

  • “El quebradero” (última parte), núm. 813, 23 de octubre: 7.

  • “La rata”, núm. 814, 30 de octubre: 7.

  • “Dos amigos literatos” (reseña del poemario Una historia de septiembre, de Horacio Salazar, y La iniciación, novela de Rubén Salazar Mallén), núm. 815, 6 de noviembre: 3.

  • “Secreto eterno”, núm. 816, 13 de noviembre: 9.

  • “Chicharrones”, núm. 817, 20 de noviembre: 2.

  • “Las cabras mancas”, núm. 818, 27 de noviembre: 10.

  • “El martillo”, núm. 822, 25 de diciembre: 2.

  • 1967

  • “El pajarito triste”, núm. 823, 1o. de enero: 5.

  • “Como los troncos del puente”, núm. 824, 8 de enero: 7.

  • “Agua de las verdes matas”, núm. 825, 15 de enero: 10.

  • “El hambre”, núm. 826, 27 de enero: 3.

  • “El funcionario ejecutivo”, núm. 827, 29 de enero: 2.

  • “Las sacerdotisas del signo de pesos”, núm. 828, 5 de febrero: 2.

  • “La cruz de Jacinto Rocha”, núm. 829, 12 de febrero: 6.

  • “Los monos de arcilla”, núm. 830, 19 de febrero: 2.

  • “El complejo de cenicienta”, núm. 831, 26 de febrero: 10.

  • “Los cartabones”, núm. 832, 5 de marzo: 11.

  • “El honesto caballero”, núm. 833, 12 de marzo: 5.

  • “En mangas de camisa” (segunda parte de “El honesto caballero”), núm. 834, 19 de marzo: 5.

  • “Los médicos de guardia”, núm. 835, 26 de marzo: 5.

  • “Con la ayuda de San Juan”, núm. 836, 2 de abril: 7.

  • “Un buen consejo”, núm. 837, 9 de abril: 7.

  • “La buena hermana”, núm. 838, 16 de abril: 10.

  • “La Cartomanciana”, núm. 839, 23 de abril: 2.

  • “La Cartomanciana: cuatro de copas”, núm. 840, 30 de abril: 12.

  • “La Cartomanciana: cuatro de espadas”, núm. 841, 7 de mayo: 6.

  • “La Cartomanciana: seis de oros”, núm. 842, 14 de mayo: 6.

  • “Mis alumnos opinan” (sobre reseñas de sus estudiantes de la Preparatoria No. 2), núm. 843, 21 de mayo: 6.

  • “La Cartomanciana: as de espadas”, núm. 844, 28 de mayo: 5.

  • “La Cartomanciana: la sota de oros”, núm. 845, 4 de junio: 7.

  • “El testigo”, núm. 847, 18 de junio: 6.

  • “Liborio”, núm. 848, 25 de junio: 6.

  • “El Rey de Copas”, núm. 849, 2 de julio: 6.

  • “Las condiciones de doña Ramona”, núm. 850, 9 de julio: 6.

  • “El heredero”, núm. 851, 16 de julio: 7.

  • “Sota de bastos”, núm. 852, 23 de julio: 6.

  • “La ilustre visitante”, núm. 853, 30 de julio: 8

  • “El almizclero”, núm. 854, 6 de agosto: 5

  • “La gata de angora”, núm. 855, 13 de agosto: 10.

  • “La huerfanita”, núm. 856, 20 de agosto: 3.

  • “Una dama caritativa”, núm. 857, 27 de agosto: 8.

  • “Don Carlos Prieto”, núm. 858, 3 de septiembre: 6.

  • “Un lunes triste”, núm. 859, 10 de septiembre: 12.

  • “La insula barataria”, núm. 860, 17 de septiembre: 6.

  • “El tesoro”, núm. 861, 24 de septiembre: 5.

  • “El pizarrón”, núm. 862, 1o. de octubre: 8.

  • “Nunca en domingo”, núm. 863, 8 de octubre: 2.

  • “Un regiomontano ilustre” (sobre Manuel L. Barragán), núm. 864, 15 de octubre: 16.

  • “La traviata”, núm. 865, 22 de octubre: 6.

  • “El esperanto”, núm. 866, 29 de octubre: 9.

  • “El Berbiquí”, núm. 867, 5 de noviembre: 7.

  • “La Pifia”, núm. 868, 12 de noviembre: 3.

  • “Los tres reyes”, núm. 869, 19 de noviembre: 10.

  • “El primer viaje”, núm. 870, 26 de noviembre: 3.

  • “Aquellos días”, núm. 871, 3 de diciembre: 2.

  • “El Caporal”, núm. 872, 10 de diciembre: 3.

  • “Otra vez don Leandro”, núm. 873, 17 de diciembre: 5.

  • “Los verdaderos amigos”, núm. 874, 24 de diciembre: 6.

  • “El caso de la azucena envenenada”, núm. 875, 31 de diciembre: 7.

  • 1968

  • “De todo un poco”, núm. 877, 14 de enero: 6.

  • “Los delicados”, núm. 878, 21 de enero: 11

  • “Un católico ferviente”, núm. 879, 28 de enero: 7.

  • “Tres mentiras”, núm. 880, 4 de febrero: 6,

  • “Alejandro”, núm. 881, 11 de febrero: 6.

  • “El gallo zancón”, núm. 882, 18 de febrero: 7.

  • “Los cañones de Pancho Villa”, núm. 883, 25 de febrero: 6.

  • “Trilogía de poemas de Irma Sabina Sepúlveda”, núm. 884, 3 de marzo: 2.

  • “El visitante”, núm. 885, 10 de marzo: 6.

  • “Don Ángel María Garibay”, núm. 886, 17 de marzo: 5.

  • “La tía”, núm. 887, 24 de marzo: 7.

  • “Una mujer indefensa”, núm. 888, 31 de marzo: 2.

  • “Mi estudio”, núm. 889, 7 de abril: 16.

  • “Camino de riel”, núm. 890, 14 de abril: 8,

  • “La leona”, núm. 891, 21 de abril: 9.

  • “El genio de Ibsen”, núm. 892, 28 de abril: 12.

  • “El tímido Rafael”, núm. 893, 5 de mayo: 7.

  • “Nicolasa”, núm. 894, 12 de mayo: 6.

  • “Entre prensas anda el juego”, núm. 895, 19 de mayo: 2.

  • “Los timologicos”, núm. 896, 26 de mayo: 3.

  • “Cuatro tiempos”, núm. 897, 2 de junio: 5.

  • “Final feliz”, núm. 898, 9 de junio: 7.

  • “La esposa”, núm. 899, 16 de junio: 7.

  • “La esposa” (continuación), núm. 900, 23 de junio: 7.

  • “Los héroes del corazón”, núm. 901, 30 de junio: 7.

  • “Primera ilusión”, núm. 902, 7 de julio: 3.

  • “Joaquín Antonio Peñalosa”, núm. 903, 14 de julio: 2.

  • “Los cañones de Pancho Villa”, núm. 904, 21 de julio: 3.

  • “La ingenuidad”, núm. 906, 4 de agosto: 2.

  • “Los alumnos que se van”, núm. 907, 11 de agosto: 6.

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1Término que Sepúlveda utilizó en su presentación en Bellas Artes, en 1965, dentro del ciclo “Los narradores ante el público”: “Un crítico dijo que yo forjaba mis cuentos con minucias, y no se equivocó. Esta predilección mía por los asuntos sin importancia se debe tal vez a que en la vida no he encontrado más que eso: minucias”, Irma Sabina Sepúlveda, “Irma Sabina Sepúlveda”, en Los narradores ante el público, t. 2, comp. de Antonio Acevedo Escobedo (México: Ficticia Editorial / INBA / UANL, 2012), 215.

3El periódico se encuentra completo en la Hemeroteca Digital de la UANL, Fondo Universitario, y puede consultarse de manera libre en el siguiente enlace: https://hemerotecadigital.uanl.mx/.

9Todos los medios mencionados están disponibles para consulta libre en el mismo Fondo Universitario de la Hemeroteca Digital de la UANL.

10José Ángel Rendón Hernández, estudiante de la Escuela Nocturna de Bachilleres (Preparatoria No. 3), que fue responsable del periódico estudiantil El Tecolote y, años después, de Armas y Letras, fue el primero en hacer un registro histórico de las publicaciones universitarias. Véase Carlos Ruiz Cabrera, La misma oportunidad para todos, 3a. ed. (Monterrey: UANL, 2022), 97-112.

11Se toma como referente su expediente en el Centro Mexicano de Escritores (CME), archivo resguardado en la Biblioteca Nacional de México, UNAM. En otras fuentes su año de nacimiento se ha estipulado tanto en 1930 como en 1935, pero si consideramos que su expediente en el CME lo debió proporcionar ella misma, resulta la fuente más confiable. El expediente fue mostrado durante la presentación “Narrar el norte: la escritura de Irma Sabina Sepúlveda”, a cargo de Michelle Monter Arauz, como parte del ciclo Club de Lectura, del Museo de Historia Mexicana, el 13 de abril de 2024.

12El único trabajo biográfico en torno a Irma Sabina Sepúlveda es el elaborado por María Luisa Santos Escobedo, cronista del municipio de Villaldama, Nuevo León, lugar de origen de Sepúlveda. Véase María Luisa Santos Escobedo, Irma Sabina Sepúlveda: escritora villaldamense (Villaldama: UANL, 1998).

16Para un primer acercamiento a la figura y obra de este personaje se recomienda Homenaje a Pedro Reyes Velázquez, ed. de la Capilla Alfonsina, Biblioteca Universitaria, en 2001. http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020141692/1020141692.html.

23Ibid.

29El primer comité del CME estuvo presidido por Alfonso Reyes, escritor, intelectual y diplomático regiomontano que en aquellos años era la personalidad cultural de mayor proyección en el país. Para profundizar en la historia del CME, véase Michael K. Schuessler, “Margaret Shedd y el Centro Mexicano de Escritores: el extraño caso de Juan Rulfo y la CIA”, Nexos (4 de marzo de 2017), https://cultura.nexos.com.mx/margaret-shedd-y-el-centro-mexicano-de-escritores-el-extrano-caso-de-juan-rulfo-y-la-cia/.

31Ibid.

37Se desconoce si Sepúlveda recibía recompensa monetaria por sus colaboraciones, pero no se descarta, si recordamos la relación de mecenazgo con Carlos Prieto.

41AMLB, PU, “Memorándum…”. Lamentablemente, en el archivo de donde proviene este documento no se localizó la carta que refiere Salazar, donde tanto Cárdenas como Barragán aprueban el rechazo del cuento de Sepúlveda.

44Sobre la labor censora de los editores en la historia del libro universal, véase Robert Darnton, Censores trabajando. De cómo los Estados dieron forma a la literatura (México: FCE, 2014).

45Concepto del sociólogo Pierre Bourdieu, quien propone el “medio literario” como un campo donde reaccionan y se relacionan diferentes agentes e instituciones en atención a diferentes intereses, tanto económicos y políticos como culturales; una red de posiciones donde el autor no actúa solo, sino que depende de otros múltiples factores para que su obra persista, se consolide o se olvide. Esto es aplicable al caso de Sepúlveda, a quien afectó “culturalmente” su disputa con el periódico Vida Universitaria, para que su producción disminuyera y, sobre todo, no fuera recordada posteriormente. Véase Pierre Bourdieu, “El campo literario. Prerrequisitos críticos y principios de método”, Criterios, núms. 25-28 (enero de 1989 - diciembre de 1990): 20-42.

51Como se citó en Monter, Narradoras del norte, 58.

58Adriana García Roel, “¡Adiós Irma Sabina!”, El Porvenir, 3 de abril de 1988: 6-A. El cuento al que se refiere García es “Brujería”, publicado en la antología Los cañones de Pancho Villa (1968).

59Los únicos trabajos en torno a la figura de Sepúlveda son el biográfico de Santos Escobedo (1998) y los de análisis literario de su obra, de Díaz (1998) y Monter (2021). Por otro lado, en 2017 la UANL reeditó su libro Agua de las verdes matas, con anexo de cuentos de sus otras dos antologías, siendo éste el único y más reciente “homenaje” de la Universidad a Sepúlveda, escritora destacada de su publicación periódica más importante, Vida Universitaria, y profesora de una de sus preparatorias.

Recibido: 22 de Julio de 2024; Aprobado: 15 de Noviembre de 2024

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