El libro de Christina Karageorgou-Bastea ofrece una reflexión profunda y necesaria sobre la interrelación entre poesía y justicia. ¿Cómo puede contribuir la poesía a conceptualizar y materializar la justicia? ¿Cuáles son la estrategias formales y filosóficas que la poesía puede esgrimir para defender la posibilidad de la justicia? ¿Qué concepto de justicia se hace posible cuando observamos el mundo por medio del discurso poético? Éstas son algunas de las preguntas centrales que guían la reflexión de este libro anclado en análisis textuales sumamente complejos y discusiones teóricas estimulantes. Beyond intimacy plantea preguntas teóricas y políticas que son cruciales en un momento histórico en el que se pone en duda la pertinencia social de la poesía y se perpetúan las disparidades por motivos de género, sexualidad o etnicidad. Las respuestas que ofrece este libro sugieren un modelo ético y estético que puede orientar futuros estudios sobre la poesía escrita en México y a través del mundo.
Beyond intimacy se centra en el análisis de tres obras poéticas: Poesida (1996) de Abigael Bohórquez, Ansina (2015) de Myriam Moscona y Migraciones (1976-2020) de Gloria Gervitz. El marco de lectura propuesto por Karageorgou-Bastea permite entender que estas obras comparten ciertos rasgos formales y filosóficos que las hermanan en un corpus singular. En primer lugar, se trata de obras escritas por autores pertenecientes a comunidades históricamente marginadas en la repartición de poder político y cultural en México y en la concepción hegemónica de la “identidad mexicana”. Por consiguiente, es natural que se trate de obras fundamentalmente políticas, pero no siempre en el sentido tradicional del término; es decir, no todos los casos se presentan como “poesía comprometida” con ideales o proclamas ideológicas. Al mismo tiempo, estas obras son profundamente íntimas sin llegar a ser intimistas; esto es, no formulan un yo poético inalterable y aislado del mundo exterior. De hecho, las obras de Bohórquez, Moscona y Gervitz son fundamentalmente políticas porque reformulan el espacio de lo íntimo como un espacio poroso, siempre en contacto con la alteridad. Esta “proximidad radical” define la apuesta estética y política de estas tres obras y hace posible una nueva concepción de la relación entre lo privado y lo público, lo individual y lo social, la poesía y la justicia.
Los capítulos de Beyond intimacy exploran los modos particulares en que la proximidad radical se manifiesta en cada uno de los tres proyectos poéticos. El primer capítulo, “The case for Abigael Bohórquez: Against injury” (pp. 29-63), estudia Poesida como un alegato a favor de la proximidad radical en el contexto de la epidemia del VIH/sida. Mientras que, desde la perspectiva de la higiene pública y la homofobia, esta epidemia debía ser controlada por medio de la estigmatización y la restricción del deseo homoerótico, la obra de Bohórquez pone en escena un yo poético que asume el deber ético de intimar con los “promiscuos homosexuales”, los parias sociales, los muertos ultrajados. El deber ético no surge de una máxima moral trascendente, sino de un deseo irrefrenable que es al mismo tiempo el deseo homoerótico hacia otros cuerpos y el deseo de justicia social. Este impulso incontenible se manifiesta en encuentros íntimos que a veces son actos sexuales; otras, manifestaciones de duelo ante la pérdida de un amante; otras, diálogos imposibles con los muertos denigrados para revivir su memoria. En todos estos encuentros, a pesar de la enfermedad acechante y de la marginación, la proximidad radical orienta el comportamiento ético y abre la posibilidad de una colectividad justa. En Poesida, la justicia tiene un nombre claro: deseo de libertad, libertad de deseo. El análisis de Karageorgou-Bastea enfatiza las maneras en que la poesía como modo de enunciación puede contribuir a liberar y prolongar este deseo de justicia y proximidad radical. La estrategia poética fundamental de Bohórquez reside en el dialogismo con la alteridad social y sexual, pero también con otros textos de la vanguardia literaria (Vallejo, Neruda, Cernuda) y otras lenguas (inglés, seri, yaqui). El resultado es una composición coral y plurivalente que extiende la mano para facilitar una diversidad de encuentros sociales, sexuales y lingüísticos.
El segundo capítulo, “Enladinar. Intimating with history” (pp. 64102), examina Ansina de Myriam Moscona como un anhelo de intimidad radical con la historia y la lengua denigrada de los ancestros. Ansina es una colección de poemas escrita en su totalidad en ladino/ djudezmo, la lengua judeoespañola que hablaban los ancestros de Moscona en su diáspora desde la península ibérica. En contraste con los juicios históricos que desestimaban la potencialidad estética o filosófica del ladino, injuriándola como una lengua de segunda clase y relegándola al olvido, Moscona retoma esta lengua que resulta al mismo tiempo familiar y extraña para un hablante de castellano. Ansina establece una relación íntima con el djudezmo no como una forma anquilosada y estable, sino como una lengua viva que combina la propagación de costumbres ancestrales y la exploración creativa de temas ajenos a la tradición. Por su carácter diaspórico, el djudezmo es esencialmente una lengua polifónica y versátil que ofrece una diversidad de posibilidades expresivas. Karageorgou-Bastea muestra cómo Ansina hace uso de esta versatilidad para favorecer diálogos sugerentes entre lo privado y lo público, el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo, el pasado y el presente, lo secular y lo religioso, el castellano y el djudezmo. Además, Moscona pone énfasis en la posibilidad de encuentros con aquellos sujetos (mujeres, niños, personas menesterosas y discriminadas) que han sufrido la marginación por motivos étnicos, lingüísticos, religiosos, económicos o políticos a lo largo de la diáspora judía. De este modo, alejada de una tentativa puramente nostálgica, Moscona esgrime el djudezmo como una herramienta para buscar justicia social y epistémica.
El tercer capítulo, “Breach of intimacy” (pp. 103-140), se enfoca en la proximidad radical entre una madre y su hija explorada poéticamente en Migraciones de Gloria Gervitz. La relación entre madre e hija es quizás el espacio fundacional de la intimidad, “la relación íntima por excelencia”, pues constituye el origen de toda relación del yo con los otros, con el mundo y con el yo mismo. La madre no es solamente el primer objeto de deseo, sino también la base de la adquisición del lenguaje y de la formación de la intersubjetividad social. Antes que presentar una relación idealizada o perfecta, Migraciones indaga en los aspectos omitidos o ignorados de la relación madre-hija: los motivos de fracaso o queja, las promesas incumplidas, los debates internos, los mandatos patriarcales, las expectativas intergeneracionales, el desafío de la autoridad maternal e incluso el deseo incestuoso u homoerótico. A pesar de (o quizás, debido a) esta condición agonística, Gervitz identifica la relación entre madre e hija como el locus fundamental desde donde puede hacerse posible la pregunta por la justicia social. El estudio de Karageorgou-Bastea sugiere que reformular la relación íntima entre madre e hija llevaría a una refundación de la sociedad con base en supuestos igualitarios que destruyen las jerarquías tradicionales entre niños y adultos, mujeres y varones, débiles y poderosos. Crucialmente, la poesía ofrece un modo dialógico de enunciación que, al mismo tiempo que rechaza los patrones tradicionales o normativos de maternidad, genera la posibilidad de entender la proximidad radical entre madre e hija como un modelo erótico-ético de total apertura y vulnerabilidad entre el yo y los otros.
En conjunto, los tres capítulos de Beyond intimacy teorizan los modos en que la poesía y la justicia son aventuras análogas: son procesos siempre en marcha guiados por el deseo de libertad, diálogo y horizontalidad. Las obras de Bohórquez, Moscona y Gervitz modelan una sociabilidad esencialmente dialógica y relacional en la que las jerarquías y normativas dejan de tener sentido. Esta sociabilidad abre paso a una concepción de justicia que no puede reducirse a la justicia impartida por la ley y las instituciones, las cuales responden necesariamente a estructuras de poder establecidas. Tampoco se trata, en definitiva, de una responsabilidad ética circunscrita a los miembros del propio género, clase social, etnicidad, orientación sexual o nacionalidad. La justicia anhelada por Bohórquez, Moscona y Gervitz es un impulso radical que excede todos los límites institucionales, geográficos o históricos: es la justicia para las refugiadas, los homosexuales, las mujeres, los niños, todas las que ni siquiera tienen “el derecho a tener derechos” (Hannah Arendt), porque ante las instituciones no son reconocidas como sujetos viables; es la justicia para las generaciones pasadas, los ancestros, las muertas que sufrieron opresión y marginación; es la justicia, también, para las generaciones futuras que no han llegado al mundo. En la poesía de Bohórquez, Moscona y Gervitz, este deseo radical de justicia no se presenta como consigna ideológica expresada por un “nosotros” (una voz monolítica que hablaría en lugar de todas las personas que han sufrido algún tipo de injusticia), sino como el deseo esencial que constituye el yo como sujeto, siempre en proximidad radical con una diversidad de otros y otras que aparecen dentro del texto y fuera de él (lectoras).
Al reformular la pregunta por la relación entre poesía y justicia, Beyond intimacy hace una contribución de vital importancia a los estudios de la poesía mexicana contemporánea. En este campo de estudio, una de las intervenciones críticas más influyentes ha sido el concepto de necroescrituras formulado por Cristina Rivera Garza en su libro Los muertos indóciles (2013). Ante la brutal violencia desatada por la llamada “guerra contra el narcotráfico”, Rivera Garza analiza obras mexicanas que responden críticamente a este contexto por medio de una poética que resalta la condición comunal e intersubjetiva del lenguaje y del texto. Esta poética es capaz de criticar la violencia necropolítica y honrar a las víctimas sin reproducir la instrumentalización de la palabra y de los cuerpos generada por las estructuras de poder. La formulación crítica de Rivera Garza comparte varios rasgos con el libro que aquí se reseña: ambas teorizaciones destacan el carácter fundamentalmente dialógico de la enunciación poética y ponen en relación este dialogismo con la posibilidad de la justicia social. La contribución singular de Beyond intimacy reside quizás en que trabaja con un corpus de poesía esencialmente íntima que lleva la discusión a la frontera entre lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo. A primera vista, la pregunta por la justicia social no concerniría a la relación entre madre e hija, por ejemplo, pero es precisamente en este terreno íntimo en donde el libro de Karageorgou-Bastea hace su intervención. Al mismo tiempo, a diferencia del contexto específico de la “guerra contra el narcotráfico”, la poesía analizada en Beyond intimacy responde críticamente a un contexto más amplio de injusticias perpetradas en el pasado, el presente y, potencialmente, en el futuro por motivos de género, sexualidad y etnicidad.
El libro de Karageorgou-Bastea teoriza con extraordinaria profundidad y sensibilidad un modo poético de relación coconstitutiva con el lenguaje, con la alteridad y con el mundo. La teorización ética, poética y política de la “proximidad radical” prepara el terreno para nuevas contribuciones en el estudio de la poesía escrita en México y más allá del país. Quizás aún más importante es el hecho de que Beyond intimacy sugiere formas en las que el análisis de la poesía lírica puede insertarse en la vida pública para ofrecer modelos de justicia social. Esta tarea resulta fundamental e imperiosa si queremos vivir en sociedades cada vez más justas e igualitarias.














