Objetos en tránsito, objetos en disputa ofrece una compilación fascinante de nueve ensayos que profundizan en el análisis de algunas colecciones del Museo Nacional de México, una de las instituciones más intrigantes de las Américas. A través de diversos estudios de caso, un destacado grupo de autores examina el proceso de formación y exhibición de estas colecciones, arrojando luz sobre su papel en la construcción de narrativas nacionales y su relación con los cambios sociales y políticos que ha experimentado la República Mexicana a lo largo del tiempo.
¿Qué sabemos sobre el proceso de selección de los objetos que observamos en el museo? Como nos recuerda Sandra Rozental, si el reemplazo del antiguo Museo Nacional, el icónico Museo Nacional de Antropología de 1964, fue concebido por un gobierno centralista y autoritario, no debería sorprendernos que la manera en que ha adquirido y exhibido objetos refleje este paradigma político. La influencia política y social inherente al proceso de coleccionar es tema recurrente en los ensayos, donde se documentan varios casos de desposesión de objetos culturales, principalmente de los pueblos originarios. La memoria selectiva institucional y la opacidad en la gestión de las colecciones son temas que también reciben escrutinio de los autores. Por lo tanto, se valora la postura crítica en este libro que invita a reflexionar sobre la ética y la responsabilidad de los museos en la adquisición, preservación y exhibición del patrimonio cultural.
En la introducción, los editores nos recuerdan que este libro se centra en “cosas”, pero no de manera aleatoria; se refieren a objetos de museo, artefactos meticulosamente seleccionados para representar un pasado, una cultura, una obra de arte, entre otros. Este proceso de selección y etiquetado es crucial para la misión declarada del museo: conservar y educar con sus colecciones, que son apreciadas por miles de visitantes, incluyendo niños en edad escolar que recorren las galerías con pluma y papel para copiar como bots las cédulas. Sin embargo, un viaje al museo, especialmente para la mente tierna de un niño, implica mucho más. Como señaló el historiador Benedict Anderson, los museos desempeñan un papel crucial en la formación de “comunidades imaginadas”, donde los individuos se conectan a través del conocimiento, la autopercepción y los valores compartidos, así como por la memoria de un pasado en conjunto. Por tanto, los museos moldean nuestra idea de nosotros mismos y de cómo pensamos colectivamente. Este proceso crea una representación del pasado que es a la vez imaginada y continuamente reconfigurada, pero no necesariamente en sintonía con los cambios y desafíos trascendentales que ha enfrentado la República y la sociedad.
Los editores de este volumen sabiamente advierten que nada de esto está escrito en piedra; no hay nada intrínseco en los significados, valores y usos que se han dado a estos objetos en la construcción de la nación u otras narrativas, ni el museo está destinado a seguir una versión inmutable de la historia. En cambio, argumentan que, si nada está fijo o intrínseco en las cosas que se han recolectado, entonces no hay mejor momento como el presente para tener una conversación sobre estas colecciones y reflexionar sobre su papel en relación con las diversas culturas que buscan representar y el espacio público que habitan.
Después de leer estos ensayos, queda la impresión de que, desde tiempos pretéritos, el Museo Nacional está envuelto en hermetismo y ha sido en gran medida insensible a las mareas de cambio social. Un paseo por las galerías del museo hoy ilustra esto: podemos observar los objetos y reflexionar sobre sus significados, pero las historias de cómo estos objetos llegaron a ocupar sus posiciones privilegiadas detrás del cristal son completamente opacas. También tenemos la sensación de que las exhibiciones cuidadosamente curadas e iluminadas teatralmente no son más que una fachada que oculta el caos persistente en las entrañas del museo. Los diversos capítulos de este libro nos informan de múltiples detalles de este desorden: detrás de bastidores y viejas exhibiciones, fotografías yacen en el olvido (López Hernández), las falsificaciones están ocultas a la vista (Achim y Bertina Olmedo), objetos han desaparecido sin dejar rastro (Gorbach) y extrañas colecciones que no parecen encajar en ninguna narrativa oficial terminan acumulando polvo (Mondragón). Al final, el Museo Nacional y sus apéndices (como el Museo Nacional de las Culturas o el Museo de Anatomía Patológica) actúan como un cruel orfanato que elimina las evidencias de los orígenes de sus colecciones.
Los ensayos, divididos en tres secciones temáticas: “Cánones”, “Fragmentos” y “Disturbios”, exploran la complejidad de los procesos de selección y exhibición de objetos en el museo, revelando las tensiones inherentes a la interpretación y representación del patrimonio cultural mexicano.
La primera sección del libro examina la colección de antigüedades en el contexto del Imperio español y el papel de la Real Academia de San Carlos en la ciudad de México. Susan Deans-Smith analiza las disputas que se generaron en la valorización del pasado mexicano y la categorización de sus artefactos. Destaca el traslado de objetos prehispánicos resguardados en la Real Academia, al recién creado Museo Nacional en 1825, posiblemente porque no fueron considerados dignos de su colección. Miruna Achim y Bertina Olmedo Vera exploran la adquisición, pérdida, destrucción o eliminación de falsificaciones arqueológicas en el Museo Nacional. Resaltan cómo las falsificaciones reflejan las expectativas influenciadas por diferentes ideales estéticos a lo largo del tiempo. Laura Cházaro analiza la circulación de objetos médicos entre el Museo Nacional y museos de anatomía en la capital, destacando cómo estos objetos adquirieron nuevos significados como objetos antropológicos.
En la segunda sección, “Fragmentos”, Christina Bueno rastrea la historia de la separación, saqueo y reensamblaje de la Cruz de Palenque, una intrigante historia de diplomacia cultural internacional. Al centrarse en el proceso de retorno y reintegración de este artefacto, Bueno proporciona un contraste para otros casos de fragmentación que implican desposesión y pérdida intrínseca a la transformación del museo. Frida Gorbach examina en detalle una pequeña colección de objetos en el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México que sobrevivieron a una larga historia de pérdida y destrucción. Su interés radica menos en la reconstrucción de los itinerarios de estos objetos que en cómo evocan esta pérdida. Haydeé López Hernández se centra en el Archivo Fotográfico de Etnografía del Museo Nacional de Antropología, catalogado entre 1963 y 1964, justo cuando el nuevo museo de Chapultepec estaba arrancando. Ella examina los fundamentos de la creciente inclusión de la fotografía como parte de las herramientas de trabajo de la etnografía y hace un excelente recuento de la historia de las salas etnográficas del museo. A continuación, Carlos Mondragón se enfoca en una colección del Pacífico olvidada en los almacenes del Museo Nacional y explora la rica historia de cómo se recolectaron, interpretaron y exhibieron estos objetos en el tiempo. Tristemente, la colección del Pacífico terminó olvidada en los almacenes porque no encajó en ninguna narrativa oficial.
En la sección final, “Disturbios”, Miruna Achim relata la historia de una comisión científica en 1843 que descubrió una colección de piezas arqueológicas en la isla de Manopostiac. Ella explora las formas en que esta colección fue adquirida y a su vez sustentó narrativas positivistas basadas en la supuesta oposición entre barbarie y civilización, superstición y ciencia, ociosidad y utilidad, que eran integrales a la visión de un México moderno en el siglo XIX. Mario Rufer cuestiona la preservación y exposición de un emblema purépecha en el museo. Rufer plantea una serie de preguntas que cuestionan la relación entre cultura y violencia, soberanía y dominación. Sugiere que la preservación y exposición del emblema en las salas del museo no sólo ha dejado atrás la historia del objeto, sino que también ha silenciado el contexto de su creación y ha ignorado los significados purépechas que aún persisten hoy en día. En el último capítulo del libro, Sandra Rozental sintetiza las reflexiones sobre la naturaleza de las colecciones y el papel de los museos en la construcción de narrativas nacionales, centrando su análisis en la piedra de Coatlinchan. La autora sostiene que los objetos en los museos son “cosas en tránsito”, ya que su significado y valor cambian con el tiempo y el contexto. Ella hace un llamado a los museos a asumir la responsabilidad de la violencia histórica inherente a la formación de sus colecciones y a reconocer las múltiples perspectivas y voces silenciadas.
En conjunto, Objetos en tránsito, objetos en disputa ofrece una reflexión profunda y crítica sobre las colecciones del Museo Nacional de México y su papel en la construcción de narrativas nacionales. Los ensayos proporcionan una perspectiva importante sobre las complejidades de la museología pasada y presente. Asimismo, plantean pregun tas fundamentales sobre la ética y la responsabilidad de los museos en la concepción del patrimonio cultural. Por ende, los interesados en la historia cultural, la antropología y la museología, obtienen en este texto una contribución valiosa al debate sobre las representaciones y significados de las colecciones de museos en el tiempo.














