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Estudios sociológicos

 ISSN 2448-6442 ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.42  Ciudad de México  2024   19--2025

https://doi.org/10.24201/es.2024v42.e2754 

Artículos

Contribuciones de Max Neef et al. a la teoría de las necesidades humanas

On the contributions of Max-Neef et al. to the theory of human needs

1Centro de Estudios Sociológicos El Colegio de México Ciudad de México, México jbolt@colmex.mx


Resumen:

Este trabajo tiene como propósito valorar críticamente las contribuciones de Max-Neef et al. a las teorías relacionadas con las necesidades humanas. En primer lugar, se describen quince postulados propuestos por los autores, destacándose como principales aportes la definición de necesidades, satisfactores y bienes, así como sus ritmos de cambio. Además, se califica su matriz de necesidades y satisfactores como atractiva y sugerente, aunque insuficientemente elaborada; en particular, la distinción entre satisfactores y bienes resulta funcional únicamente cuando el satisfactor es una actividad humana. Por otra parte, se señala que, cuando los bienes se convierten en fines en sí mismos, la supuesta satisfacción de necesidades obstaculiza las posibilidades de vivirlas plenamente, lo que da lugar a una sociedad alienada. Asimismo, se describe su tipología de satisfactores y se realiza una comparación entre su esquema de necesidades y otros ocho modelos teóricos.

Palabras clave: necesidades; satisfactores; bienes; sociedad alienada; satisfactores destructivos; satisfactores sinérgicos

Abstract:

This paper aims to critically assess Max-Neef et al.'s contributions to human needs theories. First, it examines fifteen postulates proposed by the authors, highlighting as primary contributions their definition of needs, satisfiers, and goods, as well as their rates of change. Furthermore, their matrix of needs and satisfiers is characterized as compelling and thoughtprovoking, albeit insufficiently developed; specifically, the distinction between satisfiers and goods proves functional only when the satisfier constitutes a human activity. Moreover, it is noted that when goods become ends in themselves, the presumed satisfaction of needs impedes the possibilities of fully experiencing them, resulting in an alienated society. Additionally, the paper describes their typology of satisfiers and presents a comparative analysis between their needs framework and eight other theoretical models.

Keywords: needs; satisfiers; goods; alienated society; destructive satisfiers; synergic satisfiers

1. Concepción de necesidades, satisfactores y bienes. Postulados básicos.

En la segunda parte, titulada “Desarrollo y necesidades humanas”, de su innovador y creativo libro Desarrollo a Escala Humana, Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn (1986) 1 señalan que los aportes presentados en dicha obra buscan “hacer entendible y operativa una teoría de las necesidades humanas para el desarrollo”. Estos aportes se inician con los siguientes postulados:2

  1. El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos. Este es considerado el postulado básico de Desarrollo a Escala Humana, la propuesta central de su obra. A partir de este postulado surgen las siguientes preguntas y respuestas: “¿Cómo puede establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor que otro?”. Los autores rechazan los indicadores basados en el crecimiento cuantitativo de los objetos, como el PIB, y señalan que se requiere un indicador que mida el crecimiento cualitativo de las personas. Frente a la pregunta “¿Cuál podría ser?”, responden que “el mejor proceso de desarrollo será aquel que permita elevar más la calidad de vida de las personas”, lo cual, a su vez, “dependerá de las posibilidades que tengan las personas de satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales”. Por último, plantean dos cuestiones adicionales, una de las cuales queda sin respuesta: “¿Cuáles son las necesidades humanas fundamentales?” (cuya respuesta se abordará más adelante) y “¿Quién decide cuáles son?”.

  2. Es indispensable distinguir entre necesidades y satisfactores. Por ejemplo, la alimentación y el albergue no deben considerarse necesidades, sino satisfactores de la necesidad fundamental de subsistencia. Del mismo modo, la educación (formal o informal), el estudio, la investigación, la estimulación precoz y la meditación son satisfactores de la necesidad de entendimiento. La creencia tradicional de que las necesidades humanas tienden a ser infinitas, que están en constante cambio, que varían de una cultura a otra y que son diferentes en cada período histórico es incorrecta, pues se trata de un error conceptual que radica en no explicitar la diferencia fundamental entre lo que son propiamente necesidades y lo que son satisfactores de esas necesidades (Max-Neef, et al., pp. 25-26).

  3. La persona es un ser de necesidades múltiples e interdependientes que funcionan como un sistema. Las necesidades deben entenderse como un sistema en el que estas se interrelacionan e interactúan. Simultaneidades, complementariedades y compensaciones (trade-offs) son características de la dinámica del proceso de satisfacción de las necesidades (Max-Neef et al., p. 26).

  4. Existe un umbral presistema en cada necesidad. Aunque entre las necesidades no es posible establecer linealidades jerárquicas (como hizo Maslow en su jerarquía de prepotencia), es preciso reconocer un umbral presistema para cada necesidad, por debajo del cual la urgencia por satisfacerla asume características de urgencia absoluta. El caso de la subsistencia es el más claro: cuando esa necesidad está infra-satisfecha, toda otra necesidad queda bloqueada y prevalece un único impulso. Sin embargo, este fenómeno también es pertinente para otras necesidades: la ausencia total de afecto o la pérdida de identidad puede llevar a las personas, incluso, a la autoaniquilación (Max-Neef et al., p. 50).

  5. Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables y son las mismas en todas las culturas y en todos los periodos históricos.

  6. Las necesidades patentizan la tensión constante de los seres humanos entre carencia y potencia. Las necesidades revelan el ser de la persona de la manera más apremiante: como carencia y potencia. Concebir las necesidades tan sólo como carencia implica restringir su espectro a lo puramente fisiológico, que es precisamente el ámbito en que una necesidad asume con mayor fuerza y claridad la sensación de falta de algo. “En la medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las personas, son también potencialidad y, más aún, pueden llegar a ser recursos. La necesidad de participar es potencial de participación, tal como la necesidad de afecto es potencial de afecto”. “Así entendidas, las necesidades -como carencia y potencia- resulta impropio hablar de necesidades que se ‘satisfacen’ o ‘se colman’. En cuanto revelan un proceso dialéctico constituyen un movimiento incesante. De allí que quizás sea más apropiado hablar de vivir y realizar las necesidades… de manera continua y renovada” (Max-Neef et al., 1986), p. 34).

  7. Lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades. Cada sistema económico, social y político adopta diferentes estilos para la satisfacción de las mismas necesidades humanas fundamentales. En cada sistema, éstas se satisfacen (o no se satisfacen) a través de la generación (o no generación) de diferentes tipos de satisfactores.

  8. Definición de satisfactores. “Los satisfactores no son los bienes económicos disponibles sino todo aquello que, por representar formas de ser, tener, hacer y estar, contribuye a la realización de necesidades humanas”. Aquí especifican qué tipo de elementos pueden ser los satisfactores: “entre otras, formas de organización, estructuras políticas, prácticas sociales, condiciones subjetivas, valores y normas, espacios, contextos, comportamientos y actitudes”. “La alimentación es un satisfactor, como también puede serlo una estructura familiar (de la necesidad de protección, por ejemplo) o un orden político (de la necesidad de participación, por ejemplo).” También puede definirse un satisfactor, en sentido último, como el “modo por el cual se expresa una necesidad”.

  9. La introducción de satisfactores distingue la economía humanista de la mecanicista. La construcción de una economía humanista exige, en este marco, un importante desafío teórico, a saber: entender y desentrañar la dialéctica entre necesidades, satisfactores y bienes económicos. Es necesario rastrear el proceso de creación, mediación y condicionamiento entre necesidades, satisfactores y bienes económicos. Suponer una relación directa entre necesidades y bienes económicos permite la construcción de una disciplina objetiva, mecanicista, en que el supuesto central es que las necesidades se manifiestan a través de la demanda que, a su vez, está determinada por las preferencias individuales en relación con los bienes producidos. Aunque en esta última frase sobran las necesidades, a partir de aquí establecen que “la inclusión de satisfactores como parte del proceso económico implica reivindicar lo subjetivo más allá de las puras preferencias respecto de objetos y artefactos (Max-Neef, et al., p.36). Ello implica entender cómo se viven las necesidades, cómo se relacionan los satisfactores y bienes económicos con las formas de sentir, expresar y actuar nuestras necesidades, cómo los satisfactores y bienes limitan, condicionan, desvirtúan o estimulan nuestras posibilidades de vivir nuestras necesidades. Puesto que las formas en que vivimos nuestras necesidades son, en último término, subjetivas, el positivismo concluiría que todo juicio universalizador sería arbitrario. Sin embargo, nuestros autores rechazan la identificación que el positivismo hace de lo subjetivo con lo particular y señalan que, cuando el objeto de estudio es la relación entre seres humanos y sociedad, la universalidad de lo subjetivo no se puede soslayar. (Aquí parecerían dar a entender que la inclusión de los satisfactores introduce la sociedad en la relación, de otra manera individual, entre preferencias y bienes). Por ello continúan argumentando que el carácter social de la subjetividad es uno de los ejes de la reflexión sobre el ser humano concreto. Por tanto, lo subjetivo sí puede juzgarse, concluyen. Ubican las preferencias en el plano de lo subjetivo-particular y las necesidades en el de lo subjetivo-universal.

  10. Definiciones de bienes. “Los bienes son en sentido estricto el medio por el cual el sujeto potencia los satisfactores para vivir sus necesidades”. Previamente han identificado los bienes como objetos y artefactos que permiten incrementar o mermar la eficiencia de un satisfactor, (y más adelante, Max-Neef et al., p.41) añaden: “alterando así el umbral de actualización de una necesidad”.

  11. Cada necesidad puede satisfacerse a niveles diferentes y con distintas intensidades. Más aún, se satisface en tres contextos: a) en relación con uno mismo (Eigenwelt); b) en relación con el grupo social (Mitwelt); y c) en relación con el medio ambiente (Umwelt).

  12. Las necesidades cambian con la evolución de la especie y tienen una trayectoria única. De las nueve necesidades postuladas, con base en el sentido común y algún conocimiento antropológico, se puede sostener que las siguientes siete estuvieron presentes desde los orígenes del ‘Homo habilis’ y, sin duda, desde la aparición del ‘Homo sapiens’: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio y creación. Y que probablemente en un estadio evolutivo posterior surgió la de identidad y, mucho más tarde, la de libertad. La necesidad de trascendencia no la incluyeron por no considerarla todavía “suficientemente universal”, aunque dicen que llegará a serlo. En conclusión, las necesidades humanas cambian al ritmo de la evolución de la especie, tienen una trayectoria única y son universales. Los satisfactores evolucionan con la historia y tienen “una doble trayectoria”. “La doble trayectoria consiste en que se “modifican al ritmo de la historia y, por la otra, se diversifican de acuerdo con las culturas y las circunstancias, es decir, de acuerdo al ritmo de las distintas historias”. Probablemente la frase anterior quedaría más clara de la siguiente manera: “al ritmo de la historia universal y de la historia local”.

  13. Los bienes económicos (artefactos, tecnologías) tienen una triple trayectoria: “se modifican a ritmos coyunturales”, se diversifican con las culturas y, dentro de éstas, con los estratos sociales. Actualmente, sostienen, es tal la velocidad de producción y diversificación de los artefactos, que las personas aumentan su dependencia y crece su alienación a tal punto, que es cada vez más frecuente encontrar bienes económicos (artefactos) que ya no potencian la satisfacción de necesidad alguna, sino que se transforman en fines en sí mismos.

  14. Cualquier necesidad humana insatisfecha revela una pobreza humana. El concepto tradicional de pobreza es limitado y restringido, puesto que se refiere exclusivamente a la situación de aquellas personas que pueden clasificarse por debajo de un determinado umbral de ingreso. La noción es estrictamente economicista. Sugerimos no hablar de pobreza sino de pobrezas. De hecho, cualquier necesidad humana fundamental que no es adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana. La pobreza de subsistencia (debido a alimentación y albergue insuficientes); de protección (debido a sistemas de salud ineficientes, a la violencia, a la carrera armamentista); de afecto… y así sucesivamente. (pp.27-28).

  15. Las pobrezas una vez que rebasan límites críticos de intensidad y duración generan patologías tanto individuales como colectivas. Las patologías las ilustran con las situaciones generadas por el desempleo, la deuda externa y la inflación. Comentan que es necesario desarrollar indicadores para estas patologías.

Las aportaciones de los autores son múltiples. En general, manifiesto mi acuerdo con el conjunto de los postulados, aunque señalaré mi desacuerdo, en algunos casos solo de matiz, con ciertos aspectos de ellos. Aunque pocos postulados son individualmente originales, el conjunto presenta una propuesta que sí puede considerarse original. El hecho de que las únicas menciones a otros autores -de carácter general, por lo demás, en un texto que se distancia del estilo académico al carecer prácticamente de referencias bibliográficas- sean a Marx y Maslow, ayuda a desentrañar el origen de muchas de las ideas.

De alguna manera, los autores lograron una síntesis entre Marx y Maslow, lo cual también constituye una de las tareas que he intentado en mi tesis doctoral (Boltvinik, 2005). No obstante, su apoyo en Maslow resulta más evidente que en Marx.

Adoptan, como Maslow, la visión del conjunto de necesidades como sistema (postulado 3). Este es un rasgo positivo que está presente en muy pocos autores. Sin embargo, entre las posibles relaciones entre las necesidades, eliminan la de precondición, un rasgo esencial en la teoría de Maslow, aunque ampliamente controversial y matizado por el propio autor de diversas maneras. Al hacerlo, descartan la idea de jerarquía o escala de prepotencia, respaldada por algunas evidencias empíricas significativas. En cambio, mantienen las relaciones de simultaneidades, complementariedades y compensaciones (trade-offs), que son más débiles y menos definidas. Adoptan una versión modificada de la jerarquía de necesidades de Maslow al rechazar las "linealidades jerárquicas", en una crítica implícita a la teoría de este autor, y proponen como alternativa la idea del umbral presistema previamente explicada (postulados 3 y 4). Como se mencionó en una nota al pie, su planteamiento resulta interesante, pero no puede explicar lo que ocurriría a un individuo con todas sus necesidades insatisfechas, lo que, en mi opinión, constituye la mejor prueba de la riqueza explicativa de las ideas de Maslow.

El vínculo con Marx es más implícito y menos desarrollado. De este autor no se retoman dos de sus líneas principales: la dinámica de las relaciones entre producción y necesidades, y la visión de la esencia humana, en la cual se enraíza dicha dinámica. Sin embargo, su concepción de necesidad (postulado 6) debe entenderse como una unidad compuesta por dos elementos: carencia y potencia. Esta idea es muy cercana al concepto de fuerzas esenciales humanas (capacidades y necesidades) expresado en la lectura que György Márkus (1973/1985; 1978/1988) hace de la obra de Marx. Como se mencionó en una nota al pie, si se equipara potencialidad con capacidad, lo cual es perfectamente válido,6 la cercanía se hace aún más evidente. Cuando los autores afirman que las necesidades, “en cuanto revelan un proceso dialéctico, constituyen un movimiento incesante” (p. 34), se evidencia la profunda coincidencia con el concepto de fuerzas esenciales humanas de Marx y Márkus. No obstante, también queda claro que Max-Neef et al. se quedan cortos, ya que no incorporan en sus desarrollos la concepción de la esencia humana asociada al trabajo y a la producción; las potencialidades permanecen en un plano abstracto, mientras que las capacidades, en el uso que hacen Marx y Márkus, aluden directamente a la producción y al trabajo (aunque no exclusivamente a ellos).

El conjunto de postulados relacionados con lo que Sen ha denominado espacios de análisis constituye, sin duda, su mayor aportación. Su posición básica se sintetiza en el Cuadro 1. Dentro de este amplio conjunto pueden distinguirse varias contribuciones: (1) la distinción entre necesidades, satisfactores y bienes, así como la definición de cada uno de ellos; (2) los ritmos de cambio de cada uno y sus trayectorias; y (3) el interés por comprender la dialéctica entre necesidades, satisfactores y bienes, que, aun- que no se desarrolla, abre una línea de investigación prometedora.

Cuadro 1 Espacios de análisis en Max Neef y coautores. 

Espacios analíticos Definición o concepto Carácter absoluto o relativo y variabilidad temporal Clasificación, listado o ejemplos Esquema de evaluación y espacio en el que ocurre
Necesidades (N) Las N son carencia y potencia (comprometen, motivan y movilizan). Constituyen un sistema en movimiento incesante (simultaneidades, complementariedades, compensaciones). Rechazan la jerarquía lineal pero aceptan la existencia de umbrales preexistentes. Absoluto. Son las mismas en todas las culturas. Evolucionan con la especie. Clasificación axiológica: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Clasificación existencial: ser, estar, tener, hacer. Aunque las posibilidades de realización de las N son indispensables para evaluar un medio social, esto no basta. La modalidad dominante que una cultura imprime a las N está definida al nivel de los S. La relación entre N, S y B. En la sociedad industrial los S se han constituido en fines en sí mismos. La vida al servicio de los artefactos.
Satisfactores (S) 1. El modo por el cual se expresa una necesidad. 2. Formas de ser, tener, hacer y estar que contribuyen a la realización de necesidades. Relativo. Se modifican con la historia y la cultura. Son (como los B) productos históricamente constituidos que pueden ser modificados. Ejemplos: Alimentación, educación, orden político, ley, condiciones subjetivas. Clasificación: violadores o destructores, pseudo-S, inhibidores, singulares y sinérgicos.
Bienes (B) 1. El medio por el cual el sujeto potencia los S para vivir sus N. 2. Objetos y artefactos que incrementan o merman la eficiencia de un S. Relativo. Se modifican con la coyuntura, las culturas y los estratos sociales. Libros, alimentos.

Fuente: elaboración propia.

En relación con el primer punto, la evaluación más sistemática será presentada en la siguiente sección, al abordar la matriz de necesidades y satisfactores. Por otro lado, su postura, escasamente argumentada (postulados 12 a 14) sobre los ritmos de evolución y las trayectorias de necesidades, satisfactores y bienes, parece muy débil. En primer lugar, asociar la evolución de las necesidades a la evolución de la especie, si bien es consistente con una teoría universalista, implica un reduccionismo biológico altamente cuestionable. La tesis de Max-Neef y sus coautores podría estar inspirada en Maslow. No obstante, he sostenido que la transformación de los instintos en impulsos instintoides en el ser humano convierte al ser humano en un ser histórico-social y ya no meramente biológico, lo cual permite una convergencia entre el pensamiento de Maslow y el de Marx. En el contexto de las demás tesis de Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn, considero que habría sido suficiente señalar que la evolución de las necesidades ha sido muy lenta, posiblemente similar en velocidad a la evolución biológica, sin recurrir a una perspectiva biologicista que, además, no está presente en el resto de la obra.

Respecto al postulado 13, que hemos reformulado para que la doble trayectoria de los satisfactores se lea “al ritmo de la historia universal y de la historia local”, la tesis enfrenta el problema de que solo en una pequeña parte de la historia humana es posible hablar de historia universal. Por último, en cuanto a la dinámica de interrelación entre necesidades, satisfactores y bienes, se trata de un tema muy prometedor que se discute en la sección 5.3 de mi tesis doctoral (Boltvinik, 2005).

2. Matriz de necesidades y satisfactores

El punto culminante de esta compleja definición de espacios es la matriz de necesidades y satisfactores que presentan. Aunque advierten que no es una matriz normativa y que solo proporciona ejemplos de satisfactores posibles, puede ayudar a entender su esquema. En los renglones de la matriz están las “necesidades según categorías axiológicas” (subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad) y en las columnas las “necesidades según categorías existenciales” (ser, tener, hacer y estar). Se sugiere interpretar las dimensiones existenciales (ser, tener, hacer y estar) como dimensiones de las necesidades categorizadas como axiológicas,7 más que como necesidades en sí mismas. En todo caso, esto permite hacer inteligible la matriz que los autores presentan con ambas dimensiones y en la que ubican, en cada celda, los satisfactores correspondientes a la dimensión existencial de cada una de las necesidades axiológicas.

Los autores ponen como ejemplo que la alimentación y el albergue no deben considerarse como necesidades, sino como satisfactores de la necesidad fundamental de subsistencia. De igual modo, la educación (formal o informal), el estudio y la investigación son satisfactores de la necesidad de entendimiento. Los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud en general, así como los seguros, la legislación (incluidos los derechos), son satisfactores de la necesidad de protección.

En cada celda, los autores enumeran algunos satisfactores pertinentes al cruce en cuestión. Por ejemplo, en la dimensión ser de la subsistencia encontramos salud física y salud mental (que son condiciones de la persona), así como humor (condición transitoria), adaptabilidad (una virtud o rasgo de carácter) y solidaridad (que puede ser una virtud colectiva o un rasgo de las relaciones sociales). Al leer verticalmente la columna “ser” de la matriz, destaca que casi todos los satisfactores incluidos son virtudes, emociones, cualidades personales o rasgos de carácter. Si leemos horizontalmente el renglón subsistencia, encontramos en la columna tener alimentación y albergue (que son formulaciones abstractas de bienes necesarios) y trabajo (que no es un satisfactor directo ni universalmente requerido), los cuales se transforman en alimentar y trabajar en la columna hacer, junto con procrear y descansar, mientras que no se incluye ninguna dimensión del hacer correspondiente al albergue (podría ser albergarse). En la columna estar aparecen entorno vital y entorno social, donde se introducen la naturaleza y la sociedad, aunque de una manera demasiado general. Al leer horizontalmente el primer renglón, resalta la naturaleza diversa de los satisfactores. En conjunto, los satisfactores de carácter social están relativamente ausentes.

Cuadro 2 Matriz de necesidades y satisfactores de Max Neef et al. 

Necesidades según categorías axiológicas Necesidades según categorías existenciales
1. SER 2. TENER 3. HACER 4. ESTAR
1. Subsistencia Salud física, salud mental, equilibrio, solidaridad, humor, adaptabilidad. Alimentación, abrigo, trabajo. Alimentar, procrear, descansar, trabajar. Entorno vital, entorno social.
2. Protección Cuidado, adaptabilidad, autonomía, equilibrio, solidaridad. Sistemas de seguros, ahorro, seguridad social, sistemas de salud, legislaciones, derechos, familia, trabajo. Cooperar, prevenir, planificar, cuidar, curar, defender. Contorno vital, contorno social, morada.
3. Afecto Autoestima, solidaridad, respeto, tolerancia, generosidad, receptividad, pasión, voluntad, sensualidad, humor. Amistades, parejas, familia, animales domésticos, plantas, jardines. Hacer el amor, acariciar, expresar emociones, compartir, cuidar, cultivar, apreciar. Privacidad, intimidad, hogar, espacios de encuentro.
4. Entendimiento Conciencia crítica, receptividad, curiosidad, asombro, disciplina, intuición, racionalidad. Literatura, maestros, método, políticas educacionales, políticas comunicacionales. Investigar, estudiar, experimentar, educar, analizar, meditar, interpretar. Ámbitos de interacción formativa, escuelas, universidades, academias, agrupaciones, comunidades, familia.
5. Participación Adaptabilidad, receptividad, solidaridad, disposición, convicción, entrega, respeto, pasión, humor. Derechos, responsabilidades, obligaciones, trabajo. Afiliarse, cooperar, proponer, compartir, discrepar, actuar, dialogar, acordar, opinar. Ámbitos de interacción participativa, partidos, asociaciones, iglesias, comunidades, vecindarios, familias.
6. Ocio Curiosidad, receptividad, imaginación, despreocupación, humor, tranquilidad, sensualidad. Juegos, espectáculos, fiestas, calma. Divagar, abstraerse, soñar, añorar, fantasear, evocar, relajarse, divertirse, jugar. Privacidad, intimidad, espacios de encuentro, tiempo libre, ambientes, paisajes.
7. Creación Pasión, voluntad, intuición, imaginación, audacia, racionalidad, autonomía, inventiva, curiosidad. Habilidades, destrezas, método, trabajo. Trabajar, inventar, construir, idear, componer, diseñar, interpretar. Ámbitos de producción y retroalimentación, talleres, ateneos, agrupaciones, audiencias, espacios de expresión, libertad temporal.
8. Identidad Pertenencia, coherencia, diferenciación, autoestima, asertividad. Símbolos, lenguajes, hábitos, costumbres, grupos de referencia, sexualidad, valores, normas, roles, memoria histórica, trabajo. Comprometerse, integrarse, confrontarse, definirse, conocerse, reconocerse, actualizarse, crecer. Socio-ritmos, entornos de la cotidianidad, ámbitos de pertenencia, etapas madurativas.
9. Libertad Autonomía, autoestima, voluntad, pasión, asertividad, apertura, determinación, audacia, rebeldía, tolerancia. Igualdad de derechos. Discrepar, optar, diferenciarse, arriesgar, conocerse, asumirse, desobedecer, meditar. Plasticidad espacio-temporal.

Fuente: tomado de Max Neef et al. (1986), Desarrollo a escala humana, p.42.

Si observamos el segundo renglón, protección, encontramos nuevamente virtudes o cualidades en la primera columna (ser). Sin embargo, en la segunda columna, a diferencia de lo encontrado en subsistencia, aparecen elementos esencialmente sociales, referidos tanto a la organización social de la producción para satisfacer la necesidad (sistemas de seguros, seguridad social, sistemas de salud), como a la normatividad vigente (legislaciones, derechos) o a instituciones (familia) o una condición laboral (trabajo). En la columna hacer aparecen actividades, algunas de las cuales son sociales, como cooperar o planificar, mientras que otras parecen más propias del ámbito familiar.

Leyendo la columna tener, podemos concluir que los contenidos se refieren, predominantemente, a posesiones formuladas de manera general para que no suenen como la posesión de bienes (por ejemplo, tener: alimentación, albergue, juegos, espectáculos, fiestas),8 o se refieren a derechos y a relaciones. Observemos el renglón de entendimiento.9 Nuevamente encontramos virtudes en la columna del ser. En la de tener aparecen literatura, maestros y método, tres elementos de naturaleza diversa. El primero está muy próximo a los bienes en los cuales este concepto se concreta (libros, revistas, etc.). El segundo puede interpretarse como una relación, y el tercero como una habilidad (por fin aparece una, diría Sen, aunque debería estar en ser). Después de estos elementos encontramos, en la misma celda (el tener del entendimiento), elementos del aparato estatal: las políticas educativas y de comunicación. Nuevamente, los satisfactores sociales aparecen en el tener. En la columna hacer se observan actividades humanas, mientras que en el estar aparece un único tipo de satisfactor, al que los autores denominan “ámbitos de interacción formativa”, donde se enumeran las escuelas y universidades. Sin embargo, no es el estar lo relevante aquí, sino el interactuar y el participar. Aquí vuelve a destacar lo social.

En la presentación de esta matriz, los autores son muy escuetos. Se limitan a advertir que no es normativa, que los satisfactores son ejemplos y que cada grupo humano puede construir y llenar su propia matriz. Además, incluyen, con un único y muy afortunado ejemplo, la forma en que de los satisfactores de cada celda pueden derivarse diversos bienes económicos. Eligen la celda que “indica formas del hacer para satisfacer la necesidad de entendimiento”. Señalan algunas de las actividades anotadas como satisfactores: investigar, estudiar, experimentar, educar, analizar, meditar e interpretar, y aclaran que estas actividades dan origen a bienes económicos, según sea la cultura y sus recursos, tales como libros, instrumentos de laboratorio y computadoras. Comentan acertadamente, dejando claro que la definición de bienes funciona adecuadamente en este caso: “la función de éstos (bienes) es, ciertamente, la de potenciar el hacer del entendimiento” (Max-Neef, et al., p. 43).

Intentemos ahora proponer otros ejemplos para evaluar si esta definición funciona de manera general. Empecemos con el hacer de la subsistencia, donde aparecen alimentar, procrear, descansar y trabajar. (No está claro por qué trabajar es un satisfactor únicamente de subsistencia y no también de protección, por ejemplo). Pensemos, principalmente, en alimentar. De aquí podrían derivarse bienes como los mismos que se obtienen del satisfactor alimentación, ubicado en el tener de la subsistencia: alimentos y bienes para preparar, consumir y conservar los alimentos. Si añadiéramos a la columna hacer de la subsistencia el acto de cocinar, quedaría evidente que bienes como la estufa o el refrigerador potencian el hacer de la subsistencia. Pero, nuevamente, nos referimos a bienes que apoyan una actividad, como ocurre con las computadoras o los libros en el caso del entendimiento.

Cuando derivamos los alimentos de la celda del tener de la subsistencia, estos aparecen como un simple cambio de nombre de la alimentación, lo que diluye la distinción entre satisfactores y bienes. Lo mismo ocurre si, de literatura en el tener del entendimiento, derivamos libros y revistas. En el caso del estar de la protección, uno de los satisfactores anotados (morada) es directamente un bien. Hay bienes que, sin necesidad de una actividad humana intermedia, satisfacen necesidades humanas. El mejor ejemplo de esto es la vivienda: basta con estar pasivamente en ella para recibir la protección que brinda. Por esta razón, en el hacer de la protección no se registra ninguna actividad humana relacionada con las múltiples protecciones (pasivas) que proporciona la vivienda.10

Derivo algunas conclusiones del complejo mundo, semiconstruido, de los espacios de análisis en MaxNeef y sus coautores. En primer lugar, el esquema es muy atractivo y sugerente, pero deja la percepción de estar insuficientemente trabajado. Además, el concepto vago de satisfactor, que en los ejemplos prácticos de la matriz parece exceder las definiciones del texto referidas exclusivamente a la dimensión individual (aunque no el enfoque que reivindica lo subjetivo universal), incorpora algunos elementos de lo social. Lamentablemente, estos se presentan en un formato de lo existencial individual, de tal manera que los sistemas de salud, por ejemplo, aparecen como algo que el individuo “tiene”. Este concepto se relaciona con otros constructos importantes, como los conceptos de capabilities y functionings de Sen, y con la interpretación que Martha Nussbaum realiza de la visión aristotélica de las virtudes desde la perspectiva de la calidad de vida.11 Asimismo, encuentra conexiones con las nociones de fuentes de bienestar y formas de acceso a los satisfactores que he desarrollado en diversos textos incluyendo mi tesis doctoral (Boltvinik, 2005). Más adelante, volveremos la mirada nuevamente sobre este texto de Max-Neef.

Por otro lado, la distinción entre satisfactores y bienes funciona en algunos casos, especialmente cuando el satisfactor es una actividad humana que se apoya en bienes para potenciarse, pero en muchas ocasiones resulta artificial, ya que lo incluido como satisfactor es, simplemente, una variación gramatical de lo incluido como bien. Además, la idea de las dimensiones existenciales resulta fructífera en muchos sentidos. Por ejemplo, permite relativizar y criticar los functionings de Sen por estar unilateralmente concentrados en la dimensión “hacer”, otorgando poca o nula atención a las demás. Sin embargo, estas categorías existenciales conforman un esquema rígido que, por ejemplo, sitúa de manera cuestionable las relaciones humanas en la dimensión tener.

3. Las interrelaciones dinámicas entre necesidades, satisfactores y bienes

Otra aportación importante, apenas esbozada pero no desarrollada por los autores, es la dinámica entre las necesidades, los satisfactores y los bienes. Al definir bienes, Max-Neef et al. (p. 35) añaden: “los bienes se han convertido en elementos determinantes dentro de la civilización industrial”. Esta idea se complementa con la siguiente frase, en la cual se esboza la relación entre los bienes y los satisfactores: “la forma como se ha organizado la producción y la apropiación de bienes económicos a lo largo del capitalismo industrial ha condicionado de manera abrumadora el tipo de satisfactores dominantes” (Max-Neef et al., 1986. p. 35). A continuación, en el mismo texto, señalan:

“Cuando la forma de producción y consumo de bienes conduce a erigir los bienes en fines en sí mismos, entonces la presunta satisfacción de una necesidad empaña las potencialidades de vivirla en toda su amplitud. Queda, allí, abonado el terreno para la conformación de una sociedad alienada que se embarca en una carrera productivista sin sentido. La vida se pone, entonces, al servicio de los artefactos en vez de los artefactos al servicio de la vida. La pregunta por la calidad de la vida queda recubierta por la obsesión de incrementar la productividad de los medios”.

Aquí introducen el concepto de alienación, que, como se observa, parece derivarse más de la lógica del consumo (necesidades) que de la lógica de la producción. En este punto esbozan un reto cognitivo importante para lo que denominan la “construcción de una economía humanista”: “entender y desentrañar la dialéctica entre necesidades, satisfactores y bienes económicos”. Señalan además: “es necesario rastrear el proceso de creación, mediación y condicionamiento entre necesidades, satisfactores y bienes económicos”. Una teoría crítica debe presentar a los satisfactores y los bienes económicos como históricamente constituidos y, por lo tanto, susceptibles de ser modificados. La economía humanista supondría “formas de organización económica en que los bienes potencien satisfactores para vivir las necesidades de manera coherente, sana y plena”. En este modelo, ya no se trataría únicamente de relacionar necesidades con bienes y servicios que presuntamente las satisfacen, sino también con prácticas sociales, formas de organización y modelos políticos.

Este es un texto importante que uno esperaría ver respaldado con ejemplos históricos. Considérese la necesidad humana de transporte (que, por cierto, no suele aparecer en los listados habituales de necesidades, en gran medida porque se trata de una necesidad instrumental, algo que necesitamos para poder satisfacer prácticamente todas las demás necesidades). Definamos los sistemas de transporte como el principal satisfactor de esta necesidad. Reflexionemos sobre la dinámica entre la necesidad de transporte, los bienes específicos y los “sistemas de transporte”. Resulta evidente que el elemento dinámico siempre ha sido, mucho antes del capitalismo industrial, el desarrollo de nuevos medios de transporte (la carreta con ruedas, el barco de vela, el barco de vapor, el ferrocarril, el automóvil, el avión). La necesidad misma de viajar ha sido producida por los medios que hacen posible viajar. En su momento, cada uno de esos medios de transporte transformó el mundo. Es claro, por ejemplo, que la realización de congresos científicos mundiales se hizo posible únicamente con el desarrollo del transporte aéreo. Este ejemplo parece demostrar que no solo en el capitalismo industrial, como sugieren Max-Neef et al., los bienes desempeñan un rol dominante.

Sin embargo, es fácil pensar en un contraejemplo. A pesar del desarrollo de una gran cantidad de bienes que potencian los satisfactores del entendimiento humano, como computadoras e internet, la educación escolarizada sigue siendo, en esencia, igual a la de hace dos siglos. En este caso, la escuela, un satisfactor, parece ser el elemento dominante, independientemente del modo de producción o sistema económico.

4. Una tipología de satisfactores: desde los destructores hasta los sinérgicos

Max-Neef et al. presentan, además, una clasificación de satisfactores en cinco tipos: violadores o destructores, pseudo- satisfactores, inhibidores, singulares y sinérgicos.

Los satisfactores violadores o destructores son definidos por los autores como aquellos que, aplicados con el pretexto de satisfacer la necesidad de protección, no solo aniquilan la posibilidad de su satisfacción, sino que además imposibilitan la satisfacción adecuada de otras necesidades. Los ejemplos presentados por los autores son variados. Por una parte, incluyen el armamentismo, la doctrina de seguridad nacional, el autoritarismo o la censura, que claramente no logran satisfacer la necesidad de protección, o lo hacen de manera ambigua, y que pueden limitar la satisfacción de otras necesidades. Por otra parte, mencionan el caso del exilio, que puede ser eficaz en brindar protección (a veces es la única opción), aunque con altos costos en términos de otros satisfactores. Finalmente, la burocracia, también considerada como un satisfactor destructor, parece difícil de asociar únicamente con la necesidad de protección.

Los pseudo- satisfactores son aquellos que estimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada y que, en ocasiones, aniquilan, a mediano o largo plazo, la posibilidad de satisfacer dicha necesidad. Los ejemplos provistos incluyen una amplia variedad de casos, dirigidos a casi todas las necesidades: la “medicina mecanicista” (“a pill for every ill”), el “nacionalismo chauvinista”, la democracia formal, la prostitución, las limosnas y las modas. Si bien son elementos criticables, no está claro que en todos los casos impidan de manera definitiva la satisfacción de la necesidad correspondiente.

Los satisfactores inhibidores son aquellos que, debido al modo en que satisfacen (generalmente sobresatisfacen) una necesidad específica, dificultan seriamente la posibilidad de satisfacer otras necesidades. Suelen originarse en hábitos profundamente arraigados. Entre los ejemplos citados se encuentran el paternalismo, la familia sobreprotectora, la producción tipo taylorista, el aula autoritaria y la televisión comercial. En estos casos, es evidente cómo limitan la satisfacción de otras necesidades. Sin embargo, el aula autoritaria, en mi opinión, ni siquiera satisface adecuadamente la necesidad de entendimiento a la que está dirigida, por lo que debería pertenecer al grupo de los pseudo- satisfactores. De hecho, resulta un caso más problemático que la medicina mecanicista, que los autores también incluyen en este grupo.

Los satisfactores singulares son aquellos que apuntan a la satisfacción de una sola necesidad, siendo neutros respecto de la satisfacción de otras. Generalmente están institucionalizados y son característicos de los planes y programas de desarrollo. Entre los ejemplos se incluyen la medicina curativa, los programas asistenciales de vivienda, los programas de suministro de alimentos, los sistemas de seguros, el voto, los ejércitos profesionales y los regalos. Aunque algunos de estos ejemplos son discutibles, como el de los ejércitos profesionales, la idea general es clara.

Por último, los satisfactores sinérgicos son aquellos que, por la forma en que satisfacen una necesidad específica, estimulan y contribuyen a la satisfacción de otras necesidades. Entre los ejemplos se encuentran la televisión cultural, la lactancia materna y la producción autogestionada.

Según los autores, los cuatro primeros grupos de satisfactores son exógenos a las comunidades de personas libres y capaces, potencialmente o en la práctica, de diseñar sus propios proyectos de vida en común. Se trata de satisfactores impuestos, inducidos, ritualizados o institucionalizados, generalmente impulsados desde arriba hacia abajo. En cambio, los satisfactores sinérgicos son endógenos y, en muchos casos, contrahegemónicos, aunque también pueden ser impulsados por el Estado.

A pesar de sus limitaciones, el intento de clasificación es muy sugerente y potencialmente útil para proyectos de desarrollo.

5. Un análisis comparativo del esquema de necesidades de Max-Neef et al. con otros esquemas de necesidades

Lo que sigue es una comparación del esquema de necesidades de Max-Neef et al. con los esquemas de necesidades de Maslow, Fromm, Maccoby, Doyal-Gough, Nussbaum, Heller, Malinowski y DeciRyan. Aunque la concepción de necesidades en Marx (incluyendo las interpretaciones de Márkus y Heller) no está incluida en el cuadro comparativo, porque no hay una lista o esquema definido de necesidades en Marx, su punto de vista es el adoptado para el análisis comparativo. El esquema de Heller incluido refleja su visión más que la concepción de Marx y proviene de un artículo que escribió en 1961 (13 años antes de la edición original en alemán de su libro Teoría de las necesidades en Marx), que, hasta donde yo sé, no ha sido publicado en inglés, pero se incluye como apéndice en la edición en español del citado libro de Heller.

He organizado los elementos enumerados (principalmente necesidades, pero también capabilities e impulsos-valor) en el Cuadro 3, que se divide en dos partes. En la primera, comparo el esquema de necesidades de Max-Neef y coautores con los de Maslow, Doyal y Gough, Malinowski y Heller, y con las capabilities de Nussbaum. De ellos, sólo Malinowski deriva su esquema de una concepción de la "esencia humana", en la que las necesidades juegan un papel esencial, aunque es una concepción biologicista limitada de la esencia humana, en la cual las dimensiones cognitivas y emocionales están ausentes.

Cuadro 3, primera parte. Análisis comparativo de esquemas de necesidades: Max Neef et al.; Maslow; Doyal-Gough; Nussbaum; Malinowsky; Heller. 

Max Neef et al. (necesidades) Maslow (necesidades) Doyal-Gough (necesidades básicas e intermedias) Nussbaum (capabilities) Malinowsky (necesidades básicas biológicas) Agnes Heller (necesidades existenciales y propiamente humanas)
1. Subsistencia 1. Fisiológicas Nutrición; vivienda; entornos físicos/laborales no peligrosos; atención médica; control natal; maternidad segura; salud física 1. Vida 2. Salud corporal 1. Metabolismo 3. Confort corporal y control de temperatura 6. Crecimiento (cuidado) 7. Cuidado de salud (higiene) 1. Nutrición
2. Protección 2. Seguridad (protección) Seguridad en la infancia; seguridad física y económica; salud física 3. Integridad corporal 4. Seguridad (protección)
3. Afecto 3. Amor, afecto Relaciones primarias 5. Emociones 10. Control ambiental 9. Amistad 10. Amor
4. Entendimiento 6. Cognitivas (saber y entender) Educación básica 4. Sentidos, imaginación y pensamiento (D) 6. Razón práctica 5. Crecimiento (educación) 8. Reflexión
5. Participación 3. Pertenencia 7. Afiliación A (sociabilidad) 2. Reproducción (parentesco) 3. Contacto social y cooperación
6. Ocio (ocio) 9. Jugar 5. Tiempo libre 7. Juego (en adultos)
7. Creación (D) 7. Estéticas 4. Sentidos, imaginación y pensamiento 8. Reflexión 6. Actividad cultural
8. Identidad
9. Libertad
10.Sin asociación clara con las necesidades de Max-Neef 4. Estima (bases de la autoestima; reputación, estima por otros) 5. Autorrealización Autonomía; Autonomía crítica 7. Afiliación B (bases sociales del respeto) 10. Control ambiental 8. Otras especies 6. Crecimiento (socialización) 5. Movimiento; actividad 2. Satisfacción sexual 4. Actividad 11. Autorrealización en la objetivación 12. Actividad moral 13. Necesidades enajenadas: dinero, poder, posesión de más bienes

Fuente: elaboración propia.

Todos los autores de ambas partes del cuadro consideran que las necesidades identificadas (o capabilities o impulsos-valor) son universales, aunque existe cierto grado de ambigüedad en Maccoby y Maslow, quienes evitan postular una universalidad total, mientras que Doyal-Gough y Nussbaum la afirman con fuerza. Doyal-Gough basan su concepto de necesidad universal en la idea de que se produce un daño grave cuando no se satisface una necesidad.

Martha Nussbaum (2000, pp.71-72) expresa así su enfoque de las capabilities:

"La idea intuitiva que subyace a este enfoque es que ciertas funciones son particularmente centrales en la vida humana, en el sentido de que su presencia o ausencia se entiende típicamente como una marca de la presencia o ausencia de vida humana; y que hay algo que es hacer estas funciones de una manera verdaderamente humana, no de una manera meramente animal. La idea central es la del ser humano como un ser libre y digno que configura su propia vida en cooperación y reciprocidad con los demás, en lugar de ser moldeado pasivamente. Una vida que es realmente humana es aquella que está moldeada por estos poderes humanos de razón práctica y sociabilidad. La idea de dignidad humana tiene una amplia resonancia intercultural y un poder intuitivo".

La idea de valores universales transculturales es la base de la lista de capabilities de Nussbaum. Sobre la estructura de necesidades postulada por cada autor, los esquemas de Max-Neef y Maslow son los dos que postulan más explícitamente un sistema de necesidades.

Hay un consenso muy amplio en el Cuadro 3, primera parte: todos los autores reconocen (en la mayoría de los casos en varios rubros) elementos asociados a la necesidad de subsistencia; Max-Neef et al., Malinowski y Doyal-Gough tienen el mayor nivel de detalle al respecto. Malinowski, porque su concepción se centra en las necesidades biológicas, lo que contrasta fuertemente con la ausencia, en su esquema, de cualquier necesidad relacionada con las numeradas 3, 6, 7, 8 y 9 en el esquema de Max-Neef et al). En el caso de Doyal-Gough (1991, la razón del detalle radica en que he incluido en el cuadro lo que ellos llaman "necesidades intermedias", que, como ellos mismos explican, es un nombre menos torpe para las características universales de los satisfactores (que, a su vez, son "aquellas propiedades de bienes, servicios, actividades y relaciones que mejoran la salud física y la autonomía [las dos únicas necesidades básicas en su esquema] en todas las culturas"). (p. 157). Todos los esquemas de esta primera parte (excepto el de Heller) también incluyen algún elemento relacionado con la necesidad de protección.

En el caso del entendimiento también hay un consenso, aunque formulado en términos muy diferentes, desde la visión convencional de la educación hasta la formulación más profunda de Nussbaum (2000: 78-79): "Ser capaz de usar los sentidos, imaginar, pensar y razonar de una manera verdaderamente humana, de una manera informada por una educación adecuada". Esto se conecta también con la "reflexión" de Heller.

La necesidad con el menor nivel de consenso en el esquema de Max-Neef et al. es la libertad, que está totalmente ausente en ambas partes del cuadro, e identidad, que sólo aparece en el esquema de Fromm (segunda parte del cuadro). Aunque la autonomía, forzando un poco su significado, presente en los esquemas de Doyal-Gough y Deci-Ryan, podría asociarse a libertad, la he clasificado, en ambas partes del cuadro, como no asociada a ninguna necesidad del esquema de Max-Neef (última línea). También con un nivel de consenso muy bajo está el ocio, que equiparo con el juego en Maccoby y con el juego en adultos y el tiempo libre en Heller.

Heller clasifica las necesidades en tres grupos (Cuadro 3, primera parte):

  1. Necesidades existenciales (números 1, 2, 3, 4: nutrición, satisfacción sexual, contacto y cooperación social, y actividad).

  2. Necesidades propiamente humanas no alienadas (números 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12: tiempo libre, actividad cultural, juego [en adultos], reflexión o meditación, amistad, amor, autorrealización en la objetivación y actividad moral).

  3. Necesidades propiamente humanas alienadas (número 13: dinero, poder, posesión de más y más bienes).

Heller hace algunas observaciones interesantes en referencia a cada grupo. Afirma que las necesidades existenciales son ontológicamente primarias, ya que se basan en el instinto de conservación. Las necesidades no alienadas propiamente humanas tienen un carácter cualitativo y "se distinguen por el hecho de que en los deseos, en las intencionalidades dirigidas a sus objetos, el impulso natural no desempeña ningún papel". Su desarrollo no se caracteriza por una acumulación prácticamente infinita de objetos útiles, sino por la evolución de su multilateralidad, a la que Marx se refería como "riqueza". Por el contrario, añade que las necesidades alienadas tienen un carácter cuantitativo, donde el proceso de acumulación es prácticamente infinito. Finalmente, señala un elemento muy importante: "la acumulación infinita inducida por necesidades cuantitativas (alienadas) sólo puede ser obstaculizada por el desarrollo de las necesidades cualitativas, por su dominio progresivo" (Heller, 1978, pp. 170-172).

Por último, la línea inferior del Cuadro 3, primera parte, que contiene las necesidades no asociadas al esquema de Max-Neef, incluye a todos los autores, y el número de rubros es considerable. Por un lado, podemos identificar la autonomía, que también se incluye en la segunda parte del cuadro, y la autonomía crítica, presente solo en el esquema de DoyalGough. Lo mismo sucede con las necesidades de autorrealización y estima de Maslow y la capability de Nussbaum, Afiliación B (bases sociales del respeto). La satisfacción sexual en Heller en esta primera parte y el placer en Maccoby, claramente relacionado, no tienen equivalente en la lista de Max-Neef et al. Nussbaum incluye el placer en su capability sentidos, imaginación y pensamiento: "Ser capaz de tener experiencias placenteras y evitar el dolor innecesario" (Nussbaum, 2000, p. 79).

La lista de necesidades sin equivalente en la primera parte del Cuadro 3 también incluye dos capabilities: el control ambiental (político y material) -que se refiere a la participación en decisiones políticas, derechos de propiedad y la libertad de buscar empleo- y otras especies. Esta última capability está ausente en todos los demás esquemas.

Del esquema de Malinowski no pude hacer coincidir dos rubros con la lista de Max-Neef: el crecimiento (socialización) y el movimiento o actividad. Este último también está presente en la lista de Heller. Para Marx, la actividad, en forma de trabajo, entendida como actividad dirigida a la satisfacción de necesidades a través de mediaciones, es la necesidad humana más importante: el ser humano es un ser activo que satisface sus necesidades mediante el despliegue activo de sus capacidades (véaseMárkus, 1973/1985).

La reproducción en Malinowski es un elemento sorprendentemente ausente en todos los demás esquemas. Malinowski lo establece como necesidad de la especie, una condición inevitable para la existencia de la misma ([1944] 1960: p. 92). Nussbaum incluye la "elección en materia de reproducción" bajo la capability integridad corporal. Maccoby (1988: 243) reconoce la ausencia de este elemento en su lista, y Doyal-Gough postulan la "maternidad segura" como una necesidad intermedia, aunque la reproducción/ maternidad está ausente de su lista.

Malinowski también incluye el crecimiento como una necesidad referida a las condiciones impuestas por el ciclo de vida de los seres humanos (crecimiento, madurez y decadencia) en la cultura, lo que no coincide con ningún rubro en el esquema de MaxNeef. En particular, afirma que "ningún grupo podría sobrevivir, ni su cultura perdurar, si el niño, inmediatamente después de nacer, fuera abandonado a su suerte, como es el caso de muchas especies animales" (Malinowsky [1944] 1960, p. 93).

La única referencia adicional a una necesidad en un grupo de edad es la seguridad en la infancia postulada por Doyal-Gough.

Heller incluye el juego, presente también en las listas de Nussbaum y Maccoby, que es una forma específica de actividad y que, según Fromm, manifiesta la presencia de energía excedente ([1947] 1990a: 186-187). El juego se asocia con el movimiento o la actividad en la lista de Malinowski.

No pude hacer coincidir cinco rubros de la lista de Heller (1978) con ninguno del esquema de Max-Neef: satisfacción sexual, actividad, dos necesidades no alienadas propiamente humanas -la autorrealización en la objetivación y la actividad moral- y tampoco sus necesidades alienadas propiamente humanas: dinero, poder y posesión de más bienes. Ella considera la satisfacción sexual como una necesidad existencial, asociada al instinto de supervivencia. En Heller (1976: 91), argumenta que el tiempo libre, aunque originalmente es una necesidad elemental, se convierte en el capitalismo, según la visión de Marx, en una necesidad radical:

"Marx está convencido de que, a partir de cierto momento, el capitalismo es incapaz de acortar más el tiempo de trabajo: la necesidad de tiempo libre se convierte entonces en principio en una necesidad radical, que sólo puede satisfacerse con la trascendencia del capitalismo".

Esta necesidad está relacionada con la ociosidad de Max-Neef y coautores.

En el Cuadro 3, segunda parte, he comparado las necesidades incluidas en los esquemas de Fromm y Ryan-Deci, así como lo que Maccoby denomina impulsos-valores, con la lista de Max-Neef et al. Entre las diferencias importantes en sus teorías de las necesidades se encuentran las siguientes:

1. Fromm es el único que, como Marx-Márkus, deriva su visión de las necesidades humanas de su concepción de la esencia humana, caracterizada por las dicotomías existenciales. De una manera extremadamente sintética, se podría expresar la concepción de Fromm sobre la esencia humana diciendo que, habiendo sido expulsado de la naturaleza, el ser humano se queda sin hogar y se enfrenta a una dicotomía existencial central: quiere vivir, pero sabe que va a morir. Su única salida, por lo tanto, es tratar de construir un nuevo hogar, un mundo humano que reemplace el hogar natural que ha perdido, para lo cual tiene que satisfacer no sólo sus necesidades fisiológicas o instintivas (animales), sino también las necesidades específicamente humanas que se derivan de esa dicotomía.

Cuadro 4, segunda parte. Análisis comparativo de esquemas de necesidades: Max Neef et al., Fromm, Maccoby y Deci-Ryan. 

Max Neef et al. (necesidades) Fromm (necesidades) Maccoby (impulsos-valores) Deci y Ryan (necesidades sicológicas)
1. Subsistencia A. Necesidades instintivas (animales) Supervivencia Necesidades biológicas (o no psicológicas)
2. Protección A. Necesidades instintivas*;C. Pertenencia* Supervivencia
3. Afecto B. Sociabilidad (relaciones íntimas)C. Pertenencia* Sociabilidad Sociabilidad
4. Entendimiento E. Marco de orientación/devoción Maestría, Información;Significado Competencia*
5. Participación Sociabilidad Sociabilidad Sociabilidad
6. Ociosidad (ocio) Jugar (7) Competencia*
7. Creación* (D) Maestría
8. Identidad F. Sentido de identidad
9. Libertad
10. Sin asociación clara con las necesidades de Max-Neef D. Trascendencia PlacerDignidad (F) Autonomía

Fuente: elaboración propia.

Maccoby no formula una concepción de la esencia humana. Sus impulsos-valores pueden ser reinterpretados como necesidades, entendidas como fuerzas que nos impulsan y como el daño que queremos evitar. Ryan y Deci (2017) han desarrollado la Teoría de la Autodeterminación, descrita como "una perspectiva empírica sobre el desarrollo y el bienestar". Su enfoque es un intento muy interesante de reunir aspectos importantes de la psicología humanista y la teoría conductista. Su lista de necesidades psicológicas sólo incluye aquellas que pueden ser consideradas como universales y no está vinculada a una concepción de la esencia humana.

2. En cuanto a la estructura del conjunto de necesidades, Fromm considera que las cinco necesidades (no instintivas) (véase Cuadro 3, segunda parte) son igualmente cruciales, ya que la insatisfacción total en cualquiera de ellas significa locura. Se podría decir que, para Fromm, estas cinco necesidades son correalizables, dado que el costo de la insatisfacción total de cualquiera de ellas es la locura.

Maccoby acepta con reticencia una jerarquía entre la supervivencia y el resto de los impulsos-valores, al reconocer que la supervivencia puede convertirse en dominante cuando prevalece el miedo a los despidos y al desempleo. Tanto Fromm como Maccoby parecen aceptar, al menos, una jerarquía de necesidades de dos niveles, reduciendo así sus diferencias con respecto a Maslow.

Ryan and Deci (1996) parecen mantener (dentro de sus necesidades psicológicas) una posición similar a la de Fromm dentro de las necesidades existenciales, ya que señalan que la privación de cualquiera de estas tres [necesidades] conduce a disminuciones en el crecimiento, la integridad y el bienestar, independientemente de los valores individuales o culturales sobre ellas .

Sin embargo, al menos en el caso de la autonomía y la competencia, van más allá y postulan la interacción mutua (o complementariedad) entre ellas:

"La competencia percibida, o maestría, sin autonomía percibida no es suficiente porque ser un títere competente no nutre su humanidad. En tal competencia, está ausente la esencia de la vida. Por lo tanto, la búsqueda conjunta de competencia y autonomía son fuerzas de crecimiento complementarias" (Deci y Flaste, 1996, p.71)

En el Cuadro 3, segunda parte, se observa cierto consenso entre nuestros cuatro autores. En primer lugar, todos identifican las necesidades fisiológicas, aunque las denominan con diferentes nombres (supervivencia, instintivas y biológicas). Ninguno de ellos reconoce lo que Marx-Márkus ha denominado la humanización de las necesidades animales.12 Aunque ninguno de los otros tres (aparte de Maslow) menciona específicamente la necesidad de protección, en Fromm aparece implícitamente dentro de las necesidades instintivas (el instinto de supervivencia que nos hace correr o luchar ante el peligro) y explícitamente en la necesidad de pertenencia. Maccoby la menciona explícitamente bajo el impulso-valor de supervivencia. Deci y Ryan excluyen esta dimensión, lo que podría representar una brecha importante en su teoría de las necesidades psicológicas.

En segundo lugar, existe consenso en torno a la necesidad de relaciones con otras personas (que Max-Neef y compañía incluyen en dos necesidades: afecto y participación) y que compartimos con los animales. Este rubro refleja el mayor nivel de consenso, ya que los cuatro autores lo incluyen, tres de ellos utilizando la misma palabra: sociabilidad. El hecho de que compartamos esta necesidad con los animales podría ser problemático para la división de Fromm entre necesidades instintivas y existenciales (estas últimas asumidas como exclusivamente humanas).

En tercer lugar, identifico un cierto consenso en torno a la necesidad de entendimiento, aunque formulada de maneras muy diferentes. La formulación más débil en este caso es la de Deci y Ryan, quienes no la incluyen explícitamente, pero he interpretado que su necesidad de competencia abarca el entendimiento. En el caso de Maccoby, he clasificado tres impulsos-valor bajo este título: dominio (sinónimo cercano de competencia), información y significado, estrechamente asociados con el entendimiento.

Existen rubros sin consenso o con consenso parcial. En Fromm no hay nada que pueda asociarse claramente con ocio, creación o libertad. Sin embargo, Fromm describe la necesidad de trascendencia como: "El hombre es impulsado por el impulso de trascender el papel de la criatura... convirtiéndose en un 'creador'. (Fromm, 1955, p.36).

Parece que Fromm debería haber incluido creación como una necesidad en su esquema. Por otro lado, no hay ningún ítem en el esquema de Max-Neef y compañía que se acerque a la trascendencia de Fromm, la cual ellos discutieron pero excluyeron argumentando que aún no es una necesidad universal. He asociado la creación de Max-Neef con la maestría de Maccoby, que es equivalente a la competencia de Deci y Ryan. Sin embargo, no he encontrado nada en el esquema de Max-Neef que se corresponda con placer y dignidad de Maccoby. Maccoby (1988: 64) afirma que "el placer también se desarrolla estéticamente como buen gusto, amor por la belleza y sentido de la armonía". Tampoco he encontrado ningún elemento en el esquema de Max-Neef que coincida con la autonomía de Deci y Ryan.

En Maccoby (1988) encontramos una necesidad casi enteramente solitaria: el juego (solo igualado por Heller), aunque el juego encuentra claramente una contraparte en el ocio de Max-Neef y compañía. Aparentemente, ni Fromm ni Deci y Ryan otorgan suficiente importancia a la dimensión lúdica de la vida como para clasificarla como una necesidad humana. Maccoby (1988, p.68) destaca la relevancia del juego, señalando que en sus "formas más desarrolladas, el juego se funde con la maestría para convertirse en trabajo creativo...". Al separar el placer como una necesidad independiente, Maccoby le otorga una importancia que está ausente en los otros esquemas.13

Argumento final

El texto precedente muestra que Max-Neef y compañía han realizado contribuciones muy importantes al entendimiento de las necesidades humanas y abren posibilidades para utilizar este mejor conocimiento con el fin de mejorar el bienestar humano a través de políticas progresistas. El propósito principal del texto, analizar críticamente estas contribuciones, también podría ser de ayuda para quienes deseen apoyarse en los hombros de Max-Neef y compañía y continuar avanzando en nuestra comprensión de las necesidades humanas como parte del trabajo necesario para lograr el florecimiento humano para todos.

Referencias

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1Con la colaboración de Felipe Herrera, Hugo Zemelman, Jorge Jatobá y Luis Weinstein. Este artículo es mi traducción de un texto ya publicado como capítulo de un libro en inglés (Boltvinik, 2024).

2Los autores no presentan la mayor parte de lo que sigue como postulados explícitos. Sin embargo, dado que el texto tiene una estructura poco sistemática, me ha parecido necesario ordenar el material siguiendo otra lógica aunque respetando rigurosamente las ideas de los autores.

6El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española incluye, entre los significados de potencia: a) capacidad para ejecutar algo o producir un efecto; b) en filosofía, capacidad pasiva para recibir el acto, capacidad de llegar a ser. Potencialidad en una de sus dos acepciones, es “capacidad de la potencia, independiente del acto”. Capacidad, por su parte, es “aptitud, talento, cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo”. Queda claro, pues, que cuando hablamos de potencialidad y de capacidad de una persona estamos hablando de cuestiones muy parecidas, aunque potencia es más amplio, más vigoroso, ya que significa no solo lo que puede hacer una persona, sino lo que puede llegar a ser. Al examinar la concepción de las capabilities/functionings de Sen, se aprecia que el campo semántico de la palabra capacidad se ha complicado muchísimo, ya que se ha traducido capabilities como capacidad. Sin embargo, en inglés, una de las acepciones de la palabra capability, particularmente cuando se usa en plural (capabilities) significa, según el diccionario Collins de inglés, “una característica que puede ser desarrollada”, “una aptitud potencial”. Este sentido de capabilities me lleva a sugerir que una mejor traducción de este término al español podría ser el de potencialidad, lo cual acercaría enormemente a Max Neef y a Amartya Sen.

7Al llamarles axiológicas, ponen el énfasis en los valores o propósitos que se persiguen al satisfacer las necesidades, más que en los impulsos. Lamentablemente, los autores no discuten su concepción al respecto.

8En algunos casos evidentemente participar es un mejor verbo que tener. La camisa de fuerza de las cuatro dimensiones existenciales parece demasiado rígida.

9Otra vez el esquema suena demasiado rígido: las relaciones humanas quedan con la formulación posesiva de tener. Las relaciones son una dimensión propia de los S, tal como lo definen Doyal y Gough (1991).

10En su evaluación crítica de la visión de Sen, G. A. Cohen distingue tres cuestiones: 1) lo que los bienes hacen por la gente; 2) lo que la gente es capaz de hacer con los bienes (capacidad en el sentido llano del término); y 3) lo que la gente realmente hace con los bienes (ejercicio de la capacidad). Independientemente de la crítica a Sen, que Cohen dirige en el sentido que de los tres elementos el primero no es capturado por la palabra capability, en el contexto de Max Neef queda claro que la definición de bienes como objetos y artefactos que potencian un satisfactor, tiene mucho sentido cuando el satisfactor es una actividad (las cuestiones 2 y 3 de Cohen), como lo muestran los ejemplos del texto. En cambio, la definición de bienes cuando nos situamos en la primera condición marcada por Cohen, no funciona, como se muestra también en el texto. En este caso, los bienes son satisfactores directos de la necesidad. Véase G. A. Cohen, “¿Igualdad de qué? Sobre el bienestar, los bienes y las capacidades”, Comercio Exterior, vol. 53, N° 5, mayo de 2003, pp. 427-433.

11Cuando pensamos en necesidad sólo como carencia, suena un poco extraño el postulado que las virtudes pueden ser satisfactores de las necesidades humanas. Sin embargo, al pensar en necesidad-potencialidad, es muy claro que las virtudes son un elemento fundamental de lo que la persona puede llegar a ser, de su potencial. En la matriz, en la columna del ser, además de virtudes se incluyen algunas cuestiones que son más bien condiciones (salud) y otras que son necesidades (autoestima, autonomía) al menos en los planteamientos de otros autores. En este último caso, lo que aparece como satisfactor resulta más general que la necesidad misma. Esto ocurre con autoestima. En algunos casos, sin embargo, las virtudes incluidas parecen funcionar bien. Por ejemplo, es claro en el renglón de creación que, para alcanzar la creatividad, las virtudes anotadas forman un síndrome adecuado de características conducentes a la creatividad. Lo mismo ocurre con las virtudes incluidas en la columna del ser del entendimiento.

12Sin embargo, Maccoby separa el comer en dos partes, una incluida en supervivencia y la otra, a la que llama comida sabrosa (y bebidas) en placer. La comida sabrosa o comer por placer es una forma de humanización de la necesidad alimentaria.

13Sin embargo, Fromm sí presta atención al placer y ha escrito un maravilloso texto sobre el placer y la felicidad (Fromm [1947] 1990: 172-197). En este texto, Fromm desarrolla la diferencia entre placer de abundancia y placer de escasez. Mientras este último placer es principalmente alivio de la tensión, se asocia con la satisfacción de las necesidades fisiológicas y es una condición para la felicidad, el primero se asocia con el reino de la abundancia, que es esencialmente un fenómeno humano y se asocia directamente con la felicidad, con la alegría. Es "el reino de la productividad, de la actividad interior", dice Fromm (p.187). "La felicidad (alegría) es prueba del éxito parcial o total en el arte de vivir" (p. 191).

16Desde 1995 publica semanalmente en La Jornada la columna Economía Moral.

3Es evidente que Max Neef et al. adoptan aquí una versión modificada de la jerarquía de necesidades de Maslow. El elemento “nuevo” que introducen es el de umbral presistema. Sin embargo, la afirmación de que no cabe establecer linealidades jerárquicas parecería una crítica a Maslow. La versión que esbozan es la de un sistema de necesidades sin jerarquía entre ellas, en las que, sin embargo, cualquier necesidad insatisfecha adquiere urgencia absoluta. Es una idea interesante. Sin embargo, no puede contestar las siguientes preguntas: cuando una persona tiene todas las necesidades insatisfechas, ¿dominará alguna de ellas su organismo, su pensamiento, su motivación, su acción? ¿si así fuera, cuál de ellas sería la dominante?

4Si en el texto anterior se cambia el término potencialidad por capacidad (que son muy cercanos), las semejanzas con la concepción de Marx tal como la interpreta Márkus (1973/1985; 1978), se resalta. Los autores presentan aquí las únicas (o casi únicas) referencias a otros autores en esta parte de su obra, pero lo hacen de manera muy general: “Acceder al ser humano a través de las necesidades permite tender el puente entre una antropología filosófica y una opción de política y políticas; tal parecía ser la voluntad que animó los esfuerzos intelectuales tanto de Karl Marx como de Abraham Maslow” (Ibid.). Dado que estos dos respaldos intelectuales son también centrales en mi tesis doctoral, no son de extrañar las enormes coincidencias entre los planteamientos de Max-Neef et al. (1986) y los míos.

5En efecto, más adelante (Max-Neef, et al., p.37) señalan que la teoría económica, desde los neoclásicos hasta los monetaristas, para no hablar de necesidades hablan de preferencias. Como las preferencias se definen en el ámbito de lo subjetivo-particular no amenazan, sostienen nuestros autores, los supuestos de la racionalidad del mercado.

Recibido: 21 de Febrero de 2024; Aprobado: 07 de Noviembre de 2024; Publicado: 01 de Diciembre de 2024

Acerca del autor

Julio Boltvinik es doctor en ciencias sociales por el CIESAS-Occidente. Profesor-investigador de El Colegio de México. Investigador nacional emérito del SNII. Consejero Ciudadano del Evalúa DF (20082012). Coordinador técnico/director del Proyecto Regional para la Superación de la Pobreza en América Latina,del PNUD (1988-1991). Director de Necesidades Esenciales, en Coplamar (1980-1982). Ha dedicado 40 años a estudiar y a combatir la pobreza. Ha publicado numerosos libros, artículos y capítulos de libro. Sus cuatro libros más recientes son:

1. From Poverty to Well-Being and Human Flourishing. Volume 1. Integrated Conceptualisation and Measurement of Poverty. (Policy Press, Bristol University: Gran Bretaña, 2024).

2. Pobreza y florecimiento humano. Una perspectiva radical. (Ítaca-UAZ, 2020). 3. Pobreza y Persistencia Campesina en el Siglo XXI (co-coordinador, Siglo XXI editores, 2020). 4.Con Araceli Damián, Medición de la pobreza de México: análisis crítico comparativo de los diferentes métodos aplicados (Cepal, 2019).

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