Introducción
La lengua totonaca es una lengua nacional mexicana que se habla en los estados de Puebla y Veracruz (México), en las regiones conocidas como Totonacapan, Sierra Norte y Sierra Nororiental (Instituto Nacional de Lenguas Indígenas [INALI] 2009). Según datos del INALI y del Instituto Nación de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) (figura 1), la población totonacohablante ronda los 250 000 hablantes con cinco o más años de edad.

Fuente: Estas cifras se basan en datos del INEGI: XII Censo General de Población y Vivienda 2000; II Conteo de Población y Vivienda 2005; Censo de Población y Vivienda 2010; Encuesta intercensal 2015; Censo de Población y Vivienda 2020.
Figura 1 Evolución del número de totonaco hablantes (≥5 años), 2000-2020.
Ante una aparente recuperación a finales de la década de 2000, en 2020 empezó a notarse un descenso en el número de hablantes como el registrado a principios del siglo. Al margen de otros factores metodológicos en la confección de las encuestas del INEGI que afecten a esta oscilación de datos, el crecimiento de la población totonacohablante no se corresponde con la tasa de crecimiento de la población nacional y en sí muestra una disminución de -2 % (figura 2). Si bien es cierto que en los últimos veinte años se vive un enlentecimiento del crecimiento poblacional nacional, pero en el caso de la población declarada totonacohablante llama la atención que la tasa de crecimiento no describa una proporción o tendencia semejante.

Fuente: elaborado a partir de datos del INEGI.
Figura 2 Porcentajes de crecimiento poblacional (población nacional hispanohablante y población totonacohablantes).
Existen otras causas no sociodemográficas que explican que en la actualidad haya menos totonacos que se declaran totonacohablantes y son razones sociolingüísticas. Así, la disminución no puede achacarse a que las familias totonacas no crezcan en número de miembros, sino que sus integrantes cada vez hablan menos la lengua materna y se declaran exclusivamente hispanohablantes. Es cierto que puede haber otros fenómenos añadidos, como la migración, por motivos económicos o por inseguridad; sin embargo, al margen de la precisión de los datos es notorio que la aparente recuperación, apreciable en 2010, no se consolida aún en una situación de sustentabilidad lingüística. Por lo tanto, se nos devela un problema sobre cómo los procesos que culturalmente establecen la adquisición de la lengua materna en la familia no se estén generando.
Esto hace que nos preguntemos si las razones estarán tanto en las presiones y condiciones sociales que desde hace 200 años han ido conformando un contexto monolinguizador y minorizador de las lenguas indígenas nacionales a través de la promoción de políticas lingüísticas en favor del español como lengua nacional exclusiva, como en la propias prácticas comunicativas y socializadoras en las familias totonacas que afectan a la adquisición del totonaco.
Transmisión y adquisición de la lengua en la familia totonaca
Para ver esta dimensión del problema es importante entender cómo es la familia totonaca. Esta tradicionalmente es extensa, aunque puede limitarse a un modelo nuclear. El núcleo familiar se constituye por la madre, naana', y el padre, teku', la abuela, taqo, el abuelo, papa, y los hijos (hija, hijo), incluyendo en algún caso a la nuera, kintaski'ni'. El que sea la familia extensa depende de la condición y dependencia económica de sus integrantes y en sí pueden considerarse fases de un patrón cultural. Fundada en la herencia patrilineal y un modelo de residencia virilocal, la formación de una nueva familia se inicia a medida que el varón va dejando de depender económicamente de su hogar paterno.
Así con el casamiento del joven, éste lleva a la esposa a casa de los padres de él hasta que pueda mantener un hogar y constituir una nueva familia (Ángel y Mendoza 2002, 103-104). De esta manera se considera ya a la nuera parte de la familia virilineal y reconoce a sus suegros como nuevos padres, nombrándolos respetuosamente nana', "madre", y teku', "padre". Por lo tanto, se reconoce la autoridad de los padres, a quienes los hijos se dirigen con el tratamiento señalado y nunca les nombrarían por sus nombres, pues sería mal visto. De no hacerlo así o de sentir los padres que su hijo o hija están rebasando su autoridad les dicen: tsaj mintaa'la' ikit, '¿qué?, ¿soy tu hermano?', recalcando una jerarquía parental. Lo mismo se puede decir de los abuelos. Aunque varía cómo se relaciona cada persona con los abuelos, en general existe mucho respeto hacia las personas mayores. Se les considera que saben más por su edad. En algún ritual se acude a ellos para saber qué hacer. Un modo de expresarles respeto es decirles luutsee kwesa tiiwatsa mimaqpalha, tiiwatsa milhtululh, 'Qué bien que ya comiste tus tortillas duras, tus tortillas gordas', para resaltar que ya es mayor y se conserva bien. En Filomeno Mata, localidad de la que uno de nosotros es originario, es común que los abuelos de la casa se encargan de ayudar en las labores domésticas si aún tienen posibilidades de hacerlo. Por ejemplo, desgranan y deshojan maíz, barren... si no hay alguien que lo haga por ellos, hacen todo. Muchas veces los abuelos ayudan a los padres a cuidar de los nietos y si estos faltan se hacen cargo de ellos (figura 3). Lo que ocurre con frecuencia si los padres emigran a Estados Unidos, aunque también se cuenta con el apoyo de los padrinos del infante o los tíos u otras personas a las que se busca para que cuide de sus hijos hasta que regresan.
La familia totonaca comparte características con otras tradiciones mexicanas y mesoamericanas como señala Robichaux (1997, cit. en Ángel y Mendoza 2002, 104): residencia virilocal inicial de la pareja, papel del varón ultimogénito como cuidador de los padres en su ancianidad y herencia de la casa paterna, y presencia de hogares contiguos encabezados predominantemente por varones emparentados por vínculos patrilineal.
Sobre el problema que planteábamos antes, podríamos pensar que las decisiones que toman los miembros de la familia sobre qué lenguas transmitir a sus hijos y cómo hacerlo de alguna manera se relaciona con el modelo familiar. Podría considerarse, así, que también existe una transmisión patrilineal o una autoridad paterna en la decisión de conservar la lengua totonaca o conferirle valor. Debido a que, como ya sabemos, dentro de las familias totonacas se ha producido un quiebre en la transmisión de la lengua totonaca en favor de la española, deberíamos identificar hasta qué punto se refleja en el uso percibido de éstas y si eso es resultado de una decisión consensuada y compartida por los miembros, o supone un cambio social que acaba estableciendo una brecha comunicativa y lingüística entre las diferentes generaciones. Este quiebre es más evidente si parte de la familia emigra a la ciudad. Así, los niños totonacos que nacen y permanecen en la ciudad no tienen comunicación con sus abuelos, si éstos son monolingües en totonaco. En tal circunstancia el padre que conoce el idioma de los abuelos tiene la función de intérprete, por lo que hemos observado.
Es un hecho recurrente que en muchas familias los abuelos sean totonacohablantes monolingües, los hijos totonacohablantes bilingües y los nietos hispanohablantes monolingües. En tal situación, si los hijos no median, nietos y abuelos no pueden comunicarse entre sí, generándose un aislamiento relacional e interrumpiendo la transmisión de experiencias, conocimientos y creencias. También se impide la generación de vínculos afectivos, de aprecio personal y la expresión emocional. Surgen en cambio situaciones donde hijos y nietos se avergüenzan de sus madres y padres, abuelas y abuelos, siendo incluso objetualizados.1
La decisión familiar de transmitir una lengua
Esta situación es resultado de decisiones que se explican y justifican sobre una lógica del beneficio familiar. Suele justificarse por una estigmatización, devaluación y desafecto hacia la lengua totonaca, cargada de valores negativos. En ese sentido, ser hablante les convierte en portadores de un elemento que se considera perjudicial, dañino, pues es devaluada como lengua de pensamiento y conocimiento y, por tanto, no se la ve con la capacidad, el poder y la presencia que tiene el español. No se usa como lengua vehicular en la escuela, no se escucha en los medios de comunicación, no se lee en textos ni recursos digitales, no se usa en los actos de habla que confieren estatus y prestigio, no se ve empleada por autoridades y profesionistas, etcétera. Por tanto, su uso es objeto de menosprecio, burla o incluso sanción y castigo (Neri 2018, McGraw 2019). Por otra parte, no se ve realmente solicitada para desempeñar un trabajo ni se pone atención a su cuidado y perfeccionamiento. Además, los intentos por conservarla y usarla en combinación con el español generalmente se ven contestados por el imaginario de que hablar totonaco dificulta que un totonaco pueda llegar a hablar adecuadamente el español. Por ellos, no se sienten conciliables, pues se cree que el español proporciona todas las ventajas y beneficios (tener estudios, trabajo, ser escuchado, poder comunicarse por escrito, poder viajar y emigrar, evitar el engaño...) y el totonaco no puede dar nada de eso.
Conlleva desplazar su uso funcional tanto en el espacio público y social como en el espacio privado, adoptándose como primera lengua o lengua de uso familiar. Esto dibuja una situación donde se tiende a que el conocimiento y uso de la lengua totonaca se vaya quedando en las generaciones mayores, mientras los jóvenes van abandonando su uso y trasmisión (Neri 2011), aunque la prevalencia y ritmo de esta situación puede variar entre las diferentes comunidades. En tal situación, decidir conservar el totonaco no puede más que verse como un perjuicio para los vástagos, a la familia como unidad productiva, cooperativa y reproductiva, y es esa lógica la que justifica el lingüicidio y con ello incluso el culturicidio. Así, en las familias parece haber cierta discusión, un acuerdo implícito, sobre la lengua que se transmitirá a los hijos, prefiriéndose que esa sea el español. A veces eso no es tan unánime ni comunitaria ni familiarmente (Lam 2009) y no se puede sostener una afirmación según la cual son siempre las generaciones mayores (abuelos) quienes apelan a la conservación de la lengua materna y a las generaciones jóvenes (hijos) lo contrario, ni tampoco que, aunque las madres y abuelas se puedan considerar conservadoras o empleadoras mayoritarias de la lengua materna ante los niños, más allá de que su decisión y acción incentive el uso cuidadoso de la lengua totonaca (Figueroa y Santiago 2020), e inculque en el niño un aprecio por la lengua, sobre todo si pensamos en la autoridad que culturalmente detentan los varones o los ancianos y ancianas.
Un ejemplo lo vemos en familias de Filomeno Mata, cercanas a uno de nosotros, sobre cómo concilian las preferencias lingüísticas y las necesidades comunicativas entre miembros varones y femeninos, precisamente por la idea de que el uso de las dos lenguas no es conciliable. Es frecuente en ellas que se haga una queja continua por no conocer la lengua que usan los unos y otros en un sentido exclusivo y mutuamente excluyente. Así, una abuela se quejaba de que sus hijos no enseñaran a los nietos a hablar totonaco para poder entenderse con ellos y el abuelo se quejaba de que sus hijos que saben español no le hayan enseñado español para lo mismo. En este punto se advierte una cierta pasividad y falta de acuerdo común donde lo que se genera es una brecha generacional lingüística y donde no se concibe un bilingüismo sostenible. Esto significa, además, que se prefiere el qué se habla al cómo se habla. Existen abuelos que, aunque su español sea muy elemental, socializan a sus hijos y nietos en esa lengua, quedando a la luz el prestigio que confiere su presencia y uso hasta llegar a pensar que más vale hablar mal el español que hablar un excelente totonaco. Sin embargo, no siempre es así.
Una madre nos explicaba cómo era la configuración de su familia multilingüe: "Mi mamá hablaba tres idiomas: náhuatl, totonaco y español. A mí no me enseñaron náhuatl, sí lo entiendo, pero no puedo hablarlo. Mi esposo y yo dijimos que les íbamos a hablar en los dos idiomas: totonaco y español. Los dos sabemos ambas lenguas". En este caso, la pareja parental decidió combinar las dos lenguas, pero, como vemos, la madre provenía de un contexto donde se decidió que la lengua náhuatl no se conservara, quizás estableciendo un criterio patrilineal, pues su padre y esposo son totonacohablantes. En este peso sancionador de las decisiones particulares por parte del padre, vemos también este otro comentario: "Mi esposa, sólo se estaba dirigiendo en español a su nuestro hijo, le dije que también le hable en totonaco, pero que lo hayamos discutido, no".
Vemos tendencias contrapuestas de propiciar o no la conservación de la lengua materna, que muestran el peso que tienen los miembros varones y las generaciones mayores por dotar de sanción y valorar la decisión de permitir el uso exclusivo o integrado de las lenguas de uso en la comunidad. Sin embargo, en las familias no necesariamente se advierte un consenso sobre la adopción de una política doméstica monolinguizadora y castellanizadora, o, en su puesta en práctica, las conductas y actos de habla no necesariamente reflejan las intenciones. Así hay situaciones que pueden dibujar disensiones o falta de unanimidad en las decisiones adoptadas, paradójicamente, por no implicar un acuerdo en común y no reflejarse en las conductas de los cuidadores de los niños. Abuelas, abuelos, madres y padres toman decisiones al respecto y eso se refleja en la lengua o lenguas de uso preferente con el niño, lo que puede condicionar un input para que adquiera y desarrolle una lengua desde un concepto de "herencia" que ambivalentemente se expresa como perjuicio o beneficio.
A tal propósito, la comunidad totonaca dispone de narrativas de socialización, de teorías parentales que guían a los adultos sobre cómo proceder en la crianza para asegurar el desarrollo pleno, físico, mental, espiritual o social del infante. Estas concepciones pueden agruparse entre las que procuran modelos para el desarrollo pleno y sano del niño (takúchun, 'curación') puesto que al nacer se le considera un ser incompleto, tierno, inmaduro (sqata); y las concepciones para prevenir que adquieran cualidades negativas heredadas de entidades o parientes (talhqámin, 'herencia') (Montes 2019, 166-167, 186; Santiago 2020 92-93). En muchos casos estas concepciones y su traducción a prácticas se controlan o mantienen por las abuelas y abuelos y el padre y la madre como agentes socializadores. En este cometido, una preocupación patente tiene que ver con el posible retraso en la adquisición del habla cuando no se aprecia que los niños, de entre dos y tres años, estén hablando o logrando hablar. Esta preocupación por la mudez, que se manifiesta en diversos rituales para remediar la dificultad del habla (Santiago 2020, 114-115; Montes 2019, 179), nos muestra cómo la adquisición del lenguaje es un aspecto central en el cuidado del niño y por tanto la significación social que tiene para que el niño sea persona, sea qalhsqalalh, 'boca sabia' (Santiago 2020, 100).
La socialización totonaca en el lenguaje dispone de su propia didáctica como un proceso gradual y dirigido. Se considera que el niño, desde el llanto, quiere comunicarse como respuesta a algún estímulo externo. En algún momento empieza a considerarse que tiene algún entendimiento y se le comienza a hablar. Esto se hace, aunque aún no articule sonidos, para advertir que ya oye, qaxmatatsa. A tal respecto y a diferencia de otros pueblos (De León, 2000) se le da mucha importancia para que los adultos estimulen el lenguaje en los niños hablándoles. Una mujer totonaca opinaba sobre esta comunicación incipiente que: Kumu naaxaqatlii'paa't pus naanaqalhtiyaan. U xa para lhaanalhaxqatlii'y'a misqa'ta, naalhaakatichiwiina ('Como le hablas, te contesta. Si no le hablas, no va a hablar'), y, en otras palabras: "Si nada más le ves la cara, sólo te ve la cara también. Tienes que hablarle para que aprenda a hablar". Otra madre igualmente decía, recordando cómo le habían enseñado a hablar:
Kumu nuntsa xwani naana', naanuntsa noo ikit xakkaaxaqatlii’ parayaan, kumu nawaniyaani xa', chi noo ama nataa'tawilay'a, para sqa’ta: chíi noo xa naliichiwiinan misqa’ta para lhaanaxaqatli'y'a, tsajmaan taa'aklhtatawilay'a, latiyá xa tu kawan'i maski lhaanaj qalhtimaan, kumu latiya tuu nawaniyatsa, wan noo xa' (Santiago 2020, 118)
Como decía mamá [la abuela], yo también les hablaba así a ustedes, como te decía ella: "Cuando te sientas con él, con tu bebé, ¿cómo va a hablar tu bebé si no le hablas, si sólo estás sentada y cabeceando? Dile cualquier cosa, aunque aún no te esté contestando, pero ya le debes hablar de cualquier cosa". Decía ella.2
Ante el patrón tradicional de configuración familiar, la madre suele establecerse como cuidadora principal (Santiago 2020, 56, 114) y puede considerarse una first language teacher como define Moerk (1983). Ella empleará para "despertar el habla" el qalhsqa'tatachiwiin, 'habla dirigida a niños' (Santiago y Figueroa 2019) para la socialización temprana del lenguaje y, posteriormente, el padre será el modelo para el uso de formas adultas de expresión (Figueroa y Santiago 2020, 144).
En todo este proceso, hay que advertir que estamos en un contexto de contacto de lenguas español-totonaco y de desplazamiento lingüístico. Esto se traslapa a las políticas del lenguaje que cada hogar totonaco desarrolla ante este contexto multilingüe y el papel que los cuidadores asumen en la transmisión o no de la lengua materna. Aun sin ser acciones planificadas, como se advierte en otros contextos (Crago et al. 2010), configuran el input que va estimulando el uso cada vez más complejo y completo de la lengua. A tal respecto, consideramos que la declaración de los niños sobre en qué lengua se dirigen a él nos permite establecer ese probable input en cuanto a la frecuencia subjetiva establecida por el infante, considerando que puede variar el carácter del contenido de ese input. En todo caso es una exposición y familiarización que estimula a aprender y manejar de modo más amplio y complejo dicha lengua, percibida como lengua familiar. Por ello, este trabajo trata de detectar esta variabilidad como un factor que explique o contextualice el mantenimiento de la lengua desde la familia.
Metodología
Un estudio que aclare este complejo proceso implica un enfoque inter y multidisciplinar, además de conjugar acercamientos particulares y generales sobre la comunidad hablante, creemos que un acercamiento mixto, complementando un estudio estadístico con un trabajo etnográfico, además de un diálogo entre investigadores totonacos y no totonacos, ayudará a tener una visión de conjunto más amplia sobre cómo las familias totonacas viven y gestionan la diversidad lingüística. De esta forma, queremos aportar, a la discusión y al acervo de datos, una descripción del uso del totonaco con la niñez totonaca, especialmente con sus abuelos, lo cual nos permite complementar otros trabajos centrados en otros cuidadores, con sus limitaciones y posibilidades interpretativas.
Este amplio marco nos lleva a la cuestión del papel que juegan los miembros de la familia en el uso, transmisión y conservación de la lengua totonaca como lengua familiar. Implica diseñar investigaciones que conjuguen diferentes acercamientos al fenómeno. Ya en otros trabajos mostramos la utilidad de un acercamiento cuantitativo para identificar rasgos y fenómenos sobre una población amplia que permite una significatividad y representatividad estadística que rara vez se consigue en este tipo de estudios sobre adquisición. Por otra parte, siempre serán necesarios los estudios cualitativos y los estudios de campo, pues permiten que las encuestas sean aprovechables a priori o a posteriori para disponer de una interpretación en profundidad de los datos que se recaban. Así, algunos indicadores que se pueden crear acaban teniendo una capacidad diagnóstica o descriptiva que ayuda a entender procesos e identificar factores.
En nuestro caso aprovechamos la base de datos creada entre 2015 y 2016 a partir de la información proporcionada por 1 337 entrevistas a niños de primaria hasta media superior, estudiantes de todas las escuelas de la cabecera municipal de Filomeno Mata, centrándonos aquí solo en aquellos con 11 años o más (n=1 081), y la información presentada sobre sus abuelos, en cuanto a en qué lengua les hablan y la competencia en el manejo de la lengua que muestran en el uso de elementos complejos de la misma. La valoración interpretativa de este acto deriva de la experiencia e implicación de uno de nosotros como miembro totonaco de la comunidad y de la información contextualizada obtenida en campo en 2022, a través de la observación y la conversación con personas sobre las dinámicas familiares en torno al uso de las lenguas. Así, proporcionamos análisis descriptivos y correlacionales de corte estadístico mostrados a través de gráficas y cuadros junto a análisis interpretativos que permiten entender lo que los datos cualitativos muestran, los cuales esperamos sirvan para completar, a grandes rasgos, el registro de características y dinámicas asociadas a la transmisión de la lengua materna.
El uso de la lengua por los abuelos como parte o contraparte del uso paterno de la lengua
Ya en trabajos previos (Figueroa y Santiago 2020) observamos cómo el input parental afectaba en cierto grado al uso de la lengua entre los niños y niñas, y al desarrollo de su habla hacia un manejo que puede considerarse adulto y complejo. Además que ambos progenitores le hablen en totonaco al infante o que solo lo haga la madre es un input suficiente para tener una mejor competencia. No obstante, cerrar el estímulo proporcionado por los cuidadores únicamente al padre y a la madre, a partir de un modelo nuclear reducido, omite la presencia en la unidad familiar de otros parientes, en este caso: las abuelas y los abuelos. Ellos cumplen también una función de cuidadores, incluso con mayor frecuencia (figura 4), ya que al ser una sociedad que da primacía al trabajo adulto frente a las atenciones a los niños -al margen de que eso supone que el niño asuma en ocasiones un papel de observador o escuchador- implica que los abuelos, quienes ya no tienen una participación continua en las labores cotidianas dentro y fuera de la casa, asumen el cuidado -y por tanto estimulen de modo diádico el habla- de los niños.
Al hacer un análisis comparativo de los datos recogidos entre jóvenes y niños hablantes de totonaco apreciamos valores significativos en esa participación en la conformación de un hogar totonacohablante. A partir del dato de en qué lengua se habla a los niños (cuadro 1), podemos ver su proporción de casos3 según cada familiar directo y si el niño es varón o mujer.
Cuadro 1 Frecuencia y proporción de uso de lenguas de cada familiar con los niños
| Sexo del niño |
Familiar | En totonaco | En ambas lenguas |
En español | |||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Mujer | Madre | 346 | 62% | 99 | 18% | 110 | 20% |
| Abuela materna | 375 | 89% | 12 | 3% | 32 | 8% | |
| Abuela paterna | 340 | 85% | 12 | 3% | 47 | 12% | |
| Padre | 267 | 51% | 151 | 29% | 110 | 21% | |
| Abuelo materno | 291 | 79% | 15 | 4% | 64 | 17% | |
| Abuelo paterno | 227 | 75% | 22 | 7% | 53 | 18% | |
| Varón | Madre | 297 | 58% | 109 | 21% | 107 | 21% |
| Abuela materna | 344 | 87% | 4 | 1% | 49 | 12% | |
| Abuela paterna | 340 | 85% | 12 | 3% | 47 | 12% | |
| Padre | 251 | 49% | 176 | 34% | 86 | 17% | |
| Abuelo materno | 297 | 80% | 16 | 4% | 60 | 16% | |
| Abuelo paterno | 254 | 76% | 17 | 5% | 65 | 19% | |
A partir de la información, nos damos cuenta inmediatamente de que existen diferencias establecidas según sexo y generación en el uso de la lengua totonaca. Respecto a las niñas, los abuelos y, más aún, las abuelas usan el totonaco con ellas, siendo su uso un poco más frecuente por la línea materna. En cuanto a los niños, también se tiende a usar más el totonaco por los abuelos, pero un poco más por las abuelas y también, ligeramente mayor, por la línea materna. La proporción es muy similar sea niña o niño. Sin embargo, la diferencia es más notoria cuando vemos a los padres, pues las madres y padres hacen un uso del totonaco mucho menor al de los abuelos y más con los hijos varones que con las hijas. En todos los casos se evidencia que no es nada habitual usar las dos lenguas -o se les habla en totonaco o en español-, pero de usarlas esto se da más por los padres que por los abuelos y un poco más por los padres que por las madres.
Lo que nos remite a las actitudes y prejuicios lingüísticos. En principio, se diría que el padre y la madre se plantean la posibilidad, no tan predominante, de que el niño maneje las dos lenguas, y no tanto los abuelos. En este caso, se puede considerar que las generaciones mayores no ven el uso combinado como una opción, y de por sí es una situación minoritaria, esta afirmación responde a que no se piensa en un bilingüismo aditivo, sino de pasar a dominar español. Los totonacos bilingües piensan de sus propios paisanos como "seres retrasados" si no saben español y peor es cuando no tienen dinero ni saben español, adjudicando un estigma de pobreza a la lengua señalándolos como "pobrecitos, que se han quedado hasta atrás". En este contexto, la comunidad de Filomeno Mata es predominantemente totonaco hablante en el ámbito familiar, aunque con situaciones de desplazamiento o de uso exclusivo del español que, aunque represente un porcentaje pequeño, es notorio por el estatus y prestigio que se le otorga. Ya hemos visto que esta situación de uso no combinado genera, entre los abuelos, un malestar por no ser entendidos o no entender y esto afecta las relaciones con los nietos. Esto nos plantea cuestiones relacionadas con la política del lenguaje en el seno familiar y los acuerdos tácitos o explícitos sobre qué lenguas enseñar y fomentar en el niño, lo cual es algo general en otras comunidades etnolingüísticas (King et al. 2008, Messing 2007).
Es indudable que el panorama es más complejo si pensamos en la posibilidad en que no necesariamente la actitud y práctica lingüística en el fomento de una lengua u otra de los abuelos deba coincidir con la de los padres. Esto conlleva analizar con detenimiento todos los casos combinatorios posibles. Así, una primera pregunta sería si existe variabilidad y discrepancia dentro de las familias y cómo se distribuye, para saber de dónde partimos.
Una forma de ir tanteando este asunto es cruzar los datos de la lengua usada por los padres con el infante con la que usa cada abuelo (cuadro 2). Aquí percibimos que hay diferentes situaciones donde los padres, o uno de ellos, deciden optar por el uso del totonaco o no, pero también vemos esas mismas opciones entre los diferentes abuelos, lo que nos da un espectro muy variopinto de situaciones de exposición de los niños a la lengua.
Cuadro 2 Casos según lenguas de uso con el niño por la familia y proporción con n muestral
| Padre y madre sólo en totonaco |
Madre sólo en totonaco |
Padre sólo en totonaco |
Padre y madre sólo en español |
||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Abuela materna | Sólo en totonaco | 338 | 31.3% | 40 | 3.7% | 6 | 0.6% | 92 | 8.5% |
| Sólo en español | 1 | 0.1% | 2 | 0.2% | -- | 0% | 53 | 4.9% | |
| En ambas | -- | 0% | -- | 0% | 1 | 0.1% | 6 | 0.6% | |
| Abuelo materno | Sólo en totonaco | 300 | 27.8% | 40 | 3.7% | 6 | 0.6% | 64 | 5.9% |
| Sólo en español | 7 | 0.6% | 3 | 0.3% | 2 | 0.2% | 68 | 6.3% | |
| En ambas | 3 | 0.3% | -- | 0% | -- | 0% | 8 | 0.7% | |
| Abuela paterna | Sólo en totonaco | 329 | 30.4% | 40 | 3.7% | 5 | 0.5% | 82 | 7.6% |
| Sólo en español | 1 | 0.1% | 8 | 0.7% | 1 | 0.1% | 56 | 5.2% | |
| En ambas | 2 | 0.2% | 1 | 0.1% | -- | 0% | 8 | 0.7% | |
| Abuelo paterno | Sólo en totonaco | 254 | 23.5% | 31 | 2.9% | 4 | 0.4% | 47 | 4.3% |
| Sólo en español | 5 | 0.5% | 9 | 0.8% | 1 | 0.1% | 62 | 5.7% | |
| En ambas | 3 | 0.3% | 2 | 0.2% | -- | 0% | 6 | 0.6% | |
Aquí se advierte que es más frecuente que los abuelos usen solo la lengua totonaca en familias donde ambos padres la emplean. Eso no implica que no haya casos donde, aunque ambos padres solo usen el español con el niño, algún abuelo le hable solo en totonaco. También hay casos donde esto ocurre si solo uno de los padres, la madre o el padre, usan sólo el totonaco. Sí es menos frecuente que los abuelos combinen totonaco y español, más aún si la madre solo habla en español. Esto puede indicar posturas más reticentes a crear un espacio bilingüe coordinado con tendencia a favorecer al totonaco, aunque en los testimonios se afirma que también los abuelos pueden carecer de un manejo adecuado de español como para sumarse activamente a la castellanización de los nietos. Así, vemos que donde ambos padres usan el español en exclusiva, también los abuelos solo hablan a los nietos en español o lo combinan con el totonaco.
Estas situaciones generan espacios donde la exposición a la lengua totonaca, el probable input para animar al niño a emplear el totonaco, a su vez pueden estar sujeta a múltiples factores que modulan el efecto como estímulo para el desarrollo de la lengua en un nivel proficiente en el niño. Por ello, nos plantemos otras dos preguntas más: ¿Se puede considerar que esta acción en favor del uso de la lengua totonaca, por parte de los abuelos, refuerza la trasmisión de la lengua por los padres o contrarresta su decisión de no transmitirla a través del uso? ¿Hasta qué punto el input de los abuelos puede relacionarse con el uso y desarrollo de la lengua totonaca en el niño?
El papel de los abuelos en el input familiar en los hogares totonacos
Para responder a estas preguntas vamos a analizar, como casos extremos, aquellas familias donde tanto la madre como el padre comparten el mismo acuerdo de uso exclusivo, ya sea en favor del totonaco como en favor del español. La razón es identificar hogares donde la presencia de la lengua es dominante, continua y consensuada. Así, partimos de hogares donde el totonaco probablemente va a recibir input y otros donde no, como punto de partida para una transmisión o no de esa lengua y eso nos permitiría considerar que la práctica lingüística de todos o algún abuelo afecta, reforzando o contradiciendo, dicho consenso.
Casos diferenciados de input de los abuelos entre familias totonacas
Considerando los hogares donde ambos padres usan sólo español es una familia hispanohablante y donde sólo es totonaco: totonaco hablante, encontramos que sí hay casos donde hay cierta discrepancia. Si bien encontramos 438 casos de familias totonaco hablantes donde alguno de los abuelos usa solo el totonaco, encontramos 141 casos de familias hispanohablantes donde algún abuelo usa solo totonaco con el niño. Esto supone que 92 % de las familias totonacas totonaco hablantes recibe el apoyo de alguno de los abuelos en el uso exclusivo de la lengua y que 79 % de las familias totonacas hispanohablantes se encuentran con que alguno de los abuelos solo habla en totonaco al nieto.
Este último dato tiene diferentes interpretaciones pues depende de la cantidad de abuelos. No necesariamente implica una contrapresión, pues depende del tipo, frecuencia y carácter de la relación y su uso comunicativo. Si solo un abuelo hace uso de esa lengua podemos considerar que la comunicación de él con los padres no implica que los padres le hablen en totonaco -como bien sabemos que ocurre en nuestros contextos familiares totonacos- por lo que, aunque se le hable en totonaco al niño, este no vive los eventos comunicativos en la familia como que le ayuden a entender y manejar la lengua de modo interactivo y regulado. Este dato resulta interesante para apreciar lo reciente y gradual que es el proceso de desplazamiento lingüístico dentro de las familias, pero como nos interesa ver hasta dónde el uso y práctica lingüística de los abuelos se manifiesta como un posible input en el desarrollo de la lengua, necesitamos atisbar a través de los datos obtenidos, aunque sea de modo indirecto e hipotético, esa posibilidad.
Desde el presupuesto de que la participación de los abuelos en el aprendizaje del totonaco por el niño se hace más notorio y significativo si el niño advierte tal uso en un mayor número de ellos, tanto como oportunidades de interacción como de modelización, hemos establecido cuatro grados de situación de input, alto cuando cuatro o tres abuelos emplean exclusivamente el totonaco con los nietos, medio cuando solo dos de ellos, bajo cuando solo uno y nulo cuando ninguno de ellos lo usan (figura 3).
Desde esta consideración podemos apreciar que en el caso de las familias totonacohablantes predomina un input alto (62 %) por parte de los abuelos, siendo el input nulo muy minoritario (9 %) como se esperaría. Sin embargo, en el caso de las familias hispanohablantes el input tiende a homogenizarse, siendo menor. Así predomina un input medio-bajo y el input nulo representa más del 25 %. Este aumento del input nulo era esperable, pero es significativo como muestra del cambio de las políticas del lenguaje generacionales donde aún hay abuelos que siguen queriendo hablar a sus nietos en totonaco. Esto es algo que ya se intuía en el cuadro 1 y que está más marcado en los abuelos maternos, aunque no excesivamente distanciado de los paternos. Esto puede suponer que en los hogares totonacohablantes se dan todavía esfuerzos en conservar la lengua, mientras que en los hispanohablantes aún no se logra un consenso, manifestando ciertas resistencias a la hora de establecer en qué lengua el niño debe ser socializado en edades tempranas. También puede pesar que muchos abuelos aún se consideran monolingües y no tienen otro modo de interactuar lingüísticamente con el infante, aun compartiendo el parecer de favorecer el uso del español. En cualquier caso, se nos plantea la cuestión de hasta qué grado los abuelos pueden influir en el aprendizaje y manejo del totonaco por el niño; y si su asociación con el logro de una adecuada competencia difiere en relación con los padres.
Efecto del input de los abuelos en el uso y desarrollo de la lengua totonaca en los niños
Para establecer si hay una asociación o no entre el input y el grado de competencia, realizamos un análisis de tablas de contingencia con el fin de establecer si hay asociación o no. Por tanto, presentamos un contraste de hipótesis entre estas variables a partir de la H1: hay asociación entre el input familiar y el grado de competencia compleja, y la H0: no hay asociación entre el input familiar y el grado de competencia compleja. Para a su vez establecer la fuerza de esta asociación se aplicó el estadístico de χ2 (Chi-cuadrado) puesto que se trata de un análisis bivariable de variables categóricas. Los resultados arrojados (cuadro 3) son interpretados a partir de que para todos los datos tenemos 6 grados de libertad, con una significación asintótica de 0.000<0.05, y con un valor crítico de 12.59 para un nivel de significación de 0.05. A partir de estos valores, todos los casos tienen un valor crítico mucho menor al valor de χ2, lo cual junto con el valor de la significación asintótica nos permite rechazar la H0, identificando que en todos los casos existe asociación con un error alfa menor a 0.05. Por otra parte, los coeficientes de contingencia muestran que esta asociación significativa es moderadamente fuerte, mucho más destacada en el caso del input de la madre, del padre y de la abuela paterna.
Cuadro 3 Resultados de análisis Chi-cuadrado según input familiar
| Casos válidos |
Valor Chi- cuadrado |
Sig. asintónica |
Coef. de contingen- cia |
|
|---|---|---|---|---|
| Input materno | 1068 | 325.690 | .000 | 0.483 |
| Input paterno | 1041 | 188.966 | .000 | 0.392 |
| Input abuela materna | 816 | 116.215 | .000 | 0.353 |
| Input abuelo materno | 743 | 111.152 | .000 | 0.361 |
| Input abuela paterna | 778 | 141.212 | .000 | 0.392 |
| Input abuelo paterno | 638 | 98.647 | .000 | 0.366 |
En cuanto al impacto de este input, podemos observar en los cuadros 4, 5, 6 el porcentaje de casos según la lengua de input y el grado de competencia desarrollado,4 que muestran un contraste marcado entre los padres y los abuelos. Es evidente que la acción de los padres tendría una mayor incidencia para la adquisición de una competencia alta en el uso del totonaco, teniendo menos competencia en cuanto que está más presente el uso del español o de ambas lenguas en los padres. Por tanto, no se advierte que sea determinante el carácter patrilocal y virilineal del hogar totonaco (Melgarejo, 1985: 95-96; Ángel y Mendoza, 2002: 103-104) en la transmisión de la lengua, aunque la actitud y práctica del padre y la madre tiene un valor referencial y modélico muy marcado para asentar ciertas pautas.
Cuadro 4 Impacto del input materno y paterno
| Grado de competencia |
Input materno | Input paterno | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| En totonaco |
En español |
En ambas |
En totonaco |
En español |
En ambas |
|
| Alto | 22.0 | 0.9 | 3.9 | 18.9 | 2.9 | 4.9 |
| Medio | 15.4 | 1.5 | 5.2 | 12.0 | 5.5 | 5.1 |
| Bajo | 19.1 | 5.9 | 8.1 | 15.3 | 11.1 | 7.0 |
| No significativo | 3.7 | 11.1 | 3.0 | 3.6 | 11.9 | 1.8 |
Cuadro 5 Impacto del input de abuelos maternos
| Grado de competencia |
Input abuela materna | Input abuelo materno | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| En totonaco |
En español |
En ambas |
En totonaco |
En español |
En ambas |
|
| Alto | 23.3 | 0.9 | 0 | 22.1 | 1.9 | 0.9 |
| Medio | 20.7 | 0.6 | 0.4 | 19.8 | 1.1 | 0.8 |
| Bajo | 31.0 | 2.2 | 1.2 | 27.9 | 5.2 | 1.6 |
| No significativo | 13.1 | 6.3 | 0.4 | 9.4 | 8.5 | 0.8 |
Cuadro 6 Impacto del input de abuelos paternos
| Grado de competencia |
Input abuela paterna | Input abuelo paterno | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| En totonaco |
En español |
En ambas |
En totonaco |
En español |
En ambas |
|
| Alto | 23.5 | 1.3 | 0.5 | 21.2 | 1.1 | 0.9 |
| Medio | 18.8 | 0.9 | 1.0 | 17.6 | 2.8 | 1.3 |
| Bajo | 32.1 | 2.1 | 1.0 | 28.2 | 5.5 | 2.7 |
| No significativo | 10.5 | 7.5 | 0.8 | 8.5 | 9.1 | 1.3 |
Esto parece corresponderse con el hecho de que el papel de los abuelos no está tan vinculado con el grado de competencia, aunque ciertamente es necesario, pues vemos como en todos los grados de competencia está presente su input, lo cual en algunos casos puede pensarse que refuerza y en otros modera, introduciendo el uso de la lengua totonaca con más frecuencia que del español. Podemos sospechar que su autoridad moral se contrapone a la autoridad efectiva de los padres como modelo. Igualmente, observamos que, como en el caso de la madre, las abuelas tienen una mayor frecuencia de uso incidiendo en el desarrollo competencial al transmitir usos de la lengua. Esto implica un valor de modelización dentro de la familia totonaca que, si bien se reparte entre todos los miembros, descansa ligeramente más en las figuras femeninas y en su dominio lingüístico como patrón para mejorar sus competencias de manejo.
Incluso aunque no haya estímulo o sea menor en el uso del totonaco por parte de estas figuras en dicha lengua, el grado de desarrollo se manifiesta de algún modo. Esto puede estar respondiendo a otras situaciones y acontecimientos que se relacionan no tanto con un input directo-activo sino indirecto-pasivo, es decir, en cómo el niño ve interactuar en totonaco a los padres y abuelos cuando asume una función de espectador en las situaciones comunicativas. En todo caso, es el papel de los padres o la línea paterna el que parece actuar más en el dominio de la lengua, mientras que el papel de los abuelos parece asegurar al menos un manejo limitado, quizá porque al final la interacción con ellos se dificulta por un mayor desarrollo cotidiano del uso del español.
Conclusiones
El manejo competente de la lengua que pueda adquirir el niño responde a la actuación de sus cuidadores, sean sus progenitores en un modelo de familia nuclear o el resto de parientes en un modelo extenso. Entre estos cuidadores, también los abuelos tienen un papel en la transmisión de la lengua totonaca. Ya en otros trabajos apreciábamos un efecto positivo en el mantenimiento y cultivo de la lengua a partir del input de la madre y del padre (Figueroa y Santiago 2020, 152). En estos casos, su acción conjunta, o únicamente de la madre, parecía una garantía para el desarrollo funcional de la lengua en el niño frente a la acción única del padre. Sin embargo, al relacionar este input con el papel de los abuelos, se advierten comportamientos semejantes, aunque no con tanta incidencia como el de las madres y los padres.
En otros análisis habíamos observado la tendencia de los varones totonacos, en un contexto de desplazamiento lingüístico, a favorecer el uso exclusivo del español, generando un efecto de modelización entre niñas y niños para restarle valor y uso al totonaco, si éstos deciden hacer uso del totonaco con ellos se logra al menos que se le dé valor al uso de esa lengua, aunque no tenga un efecto inmediato en el cuidado de su manejo (Figueroa y Santiago 2020, 146). En este contexto, el papel de la madre sería al menos de compensar esa otorgación de estatus y prestigio al español, con la dotación de valor funcional y emocional a la lengua totonaca, favoreciendo su conservación y uso en el entorno familiar y comunitario.
Si vemos tal cuestión en los abuelos, bien pudiera considerarse que el input de los abuelos y abuelas, con una ligera mayor incidencia de la línea paterna, genera valor para hacer uso del totonaco, como referencia de autoridad. Sin duda, aunque las mujeres y los miembros asociados al progenitor mujer -como first language teacher- facilite el uso temprano, doméstico y cuidado de la lengua totonaca, sin el apoyo de los varones miembros de la familia y del progenitor varón es difícil que se asegure un uso continuo y público por el niño, al ser el padre y la línea parental la detentadora de la propiedad y la productividad familiar. Esto no es determinante, pero nos muestra que de alguna manera hay factores que afectan, en una situación sociolingüística asimétrica y desvalorativa del uso del totonaco, a la conservación de la lengua familiar y a la concepción del bilingüismo como una ampliación de lenguas de uso familiar o como una gradual sustitución de la lengua materna.
Desde el punto de vista de las teorías parentales e ideologías lingüísticas y lo que hemos observado en las relaciones, consideramos que pueden estar jugando un papel significativo los conceptos de takúchun y talhqámin. Según el concepto de curación (takúchun) en los hogares donde se opta por la castellanización se trataría con el input en español de mejorar el desarrollo del niño con la idea de que fortalece más las capacidades comunicativas (a modo de profecía autocumplida) y que el hablar totonaco es un factor que perjudica este desarrollo. Desde el concepto de herencia (talhqámin) se trataría de evitar la transmisión del totonaco, precisamente por el mismo motivo, por considerar que transfiere los males y carencias sufridas en anteriores generaciones. Así, reducir o anular este input no se concibe como un perjuicio para el niño ni para la cohesión familiar, aunque suponga contradecir la acción de los abuelos o incluso estos, sacrificar su relación afectiva y cognitiva con sus nietos, pues no les importa que se genere una barrera lingüística si eso es garantía de las mejoras de las condiciones de existencia de sus nietos y el capital cultural de la familia.
Por el contrario, en las familias que optan por hablar totonaco, se seguiría la lógica que tradicionalmente establecen el desarrollo de la persona ligado a la adquisición adecuada de la lengua totonaca. En estos casos, los abuelos tienen un papel marcado, pues facilitan la interacción y el cuidado familiar, pero también la transmisión cultural en apoyo a la madre y al padre. Además, también se persigue la eficacia en un proceso de takúchun y en relación con el concepto de talhqámin no se vería la transmisión del totonaco como un mal a evitar, sino que incluso se concibe debe sumarse al uso del español, más bien visto como una lengua de uso público y fuera de la familia o la comunidad. En todo caso, el tema exige seguir profundizando en las razones y condiciones que abocan a las familias a favorecer unas lenguas sobre otras a través del input como lengua primera del infante, sobre todo para develar las presiones que dejan ver las desigualdades, hegemonías e ideologías reacias al bilingüismo sustentable y aditivo y a la vitalidad de la lengua totonaca.


















